El Vuelo de la Cigüeña

Tercer capitulo

Los días…son números.

N/A: La lírica mencionada en (2) pertenece a la canción "Days are Numbers" del grupo Alan Parsons Project (y cómo no hacer un fic ubicado en lso 80´s sin mencionar este grupo xD). La letra y música son propiedad de su respectiva disquera y es mencionada sin fines de lucro.

A LEER!!

—Sempai…¿ es rojo o rosa?

La pregunta volvió a aparecer. Él apenas escuchaba.

—¿Rojo o rosa?

No, no escuchaba. A pesar de estar bajo el mismo techo, de la húmeda bodega que ocupaban para el área de plegado, foliado y corte, Itachi sentía que estaba a kilómetros o millas de distancia de allí.

Hasta que una mano, pesada y tosca dio un golpe extremadamente aturdidor contra la mesa de corte.

Itachi Uchiha apenas alzó el rostro.

—¿Eh?

Delante de él, un hombre de ralas facciones y piel ensombrecida, casi viéndose azulada bajo la escueta iluminación del cuarto, miraba al Uchiha con la expresión desaliñada de un capataz más digno de una mina que de una oficina metropolitana.

—¡Que si las jodidas plecas son en rojo o rosa!—quien apremió con la voz en grito no fue éste, sino Hidan, irrumpiendo en la bodega con su habitual mesura—¡Carajo, ¿Pues dónde mierda tienes la puta cabeza, eh, Uchiha?!

—…Buenos días, Hidan—Kisame ni siquiera se volvió para verle—Yo me encargo del resto, así que lárgate a joder a otro lado.

El aludido dio una patada furiosa contra el piso.

—¡Mierda! Pein esta presionando con esto y si llegamos a perder de nuevo a otra maldita compañía nos fusilará a todos —dijo con una ronca voz, bajo el impulso de una de sus típicas rabietas—Y éste imbécil se la pasa mirando la máquina como si…

—El imbécil tiene nombre –sin miramientos, Itachi se dirigió al ofuscado Hidan, con una de aquellas señas de absoluta inflexibilidad, visible en el ceño apenas fruncido. Un rictus demasiado difícil de ignorar o tomar tan a la ligera.—Dos horas y esto estará listo. Lárgate.

—¡Tenemos el tiempo encima!—Hidan estaba cruzado de brazos. Un poco más aplacado—Y tú…

—Dos horas –repitió Kisame, mientras sacaba una resma de papel atascado en la contraparte de la plecadora.

Ni éste, ni Itachi ni Tobi, quien estaba sentado desmañadamente en una de las sillas cerca del generador de electricidad, se percataron de la salida de Hidan. Ni siquiera cuando éste azotó abruptamente la puerta.

El sonido constante del aparato, al exhalar y expulsar la tinta necesaria en la cavidad de los textos a imprimir, evocaba al de una locomotora de vapor; en un vaivén lento y preciso, opacando cualquier otro ruido del exterior.

—Ya era hora de que alguien callara al fanático religioso, je—rió toscamente Kisame, alzando un poco más la voz en medio del rumor de la máquina.—Aunque dudo que un par de horas basten.

Itachi tenía todavía la mano derecha ejerciendo fuerza en el botón de eyección de la maltrecha máquina comprada a segunda mano. "Escatimar gastos era una medida de precaución, si se empezaba un negocio", claro ésa era la recurrente frase de Kakuzu para solventar cualquier excusa referente al cambio o actualización de mobiliario, e Itachi la venía escuchando desde un año…y la maldita plecadora que estuvo a punto de trozarle dos dedos hacía meses atrás, estalló tres veces consecutivas por culpa de Deidara y casi arrebata el brazo del distraído Tobi, seguía estando allí. Y seguiría allí quizá hasta que la década terminara.

—Dos horas o tres, como sea. El proyecto se entrega en la tarde, de todas maneras –musitó Itachi, tratando de no expeler otro bostezo; el quinto en la mañana— Además, esto es asunto de Deidara, no mío. ¿Dónde rayos está?

—Haciendo lo que tú deberías hacer. –Masculló Kisame—Trabajar…y no dormir sobre el restirador durante la hora del almuerzo.

Tobi alzó efusivamente una mano.

—Si, Deidara-sempai fue a entregar el último pedido a Suna, junto con Sasori-sempai—dijo sumándose a la conversación. Señaló a Itachi—Y tú debiste de haber ido, Itachi-sempai, pero estabas tan profundamente dormido que parecía que habías muerto sobre la mesa de trabajo…así que Pein-sama mandó a Deidara-sempai y dijo que…

—Ya entendí, Tobi, cállate.

—¡Si, Itachi-sempai!—Tobi, aquel muchacho medio año mayor que Itachi y contrastantemente de carácter efusivo e infantil, se limitó a quedarse en un obligado silencio mientras balanceaba los pies que colgaban de la silla alta.

Facciones similares a los rasgos habituales de los Uchiha, era el primo en tercer grado de Itachi.

"Y entre más alejado mejor", pensaba arteramente éste.

Tobi era de carácter casi siempre ingenuo y fastidioso, sobretodo hacia Deidara. Solía llevar todo el tiempo una raída gorra naranja, portada hacia abajo y cargada a un lado, de manera que la visera siempre cubría la parte izquierda de su cara, sobretodo el ojo. Intacto, pero la mayor parte del tiempo entrecerrado. Cicatriz a causa del incidente recurrente a tres años atrás, cuando un derrumbe en una carretera arrebató la vida de Madara Uchiha, el tutor de Obito –la mayor parte del tiempo llamado por su apodo: "Tobi"). Iban en el mismo vehículo cuando la carretera malamente reparada de Kumogakure se colapsó ante un desmoronamiento de una de las laderas todavía en mantenimiento. Tobi sobrevivió de milagro, tras haberle encontrado bajo un denso cúmulo de rocas.

Y las secuelas aparte del ojo era su carácter. El tipo era un completo caos a veces. Otras, parecía estar tan distante y callado como el perchero de la entrada, y la única constante era su vocabulario torpe y el hecho de que siempre hablaba en tercera persona.

Continuaba escrutando a Itachi con la minuciosidad de quien trata de hacer un diagnóstico visual

—Eh, Itachi-sempai…se ve terriblemente desvelado.—dijo.—Se parece a ésos muertos vivientes de la película que Tobi vio el otro día en televisión.

Kisame asintió, aun detrás de la mullida maquinaria.

—Je, cierto –miró al Uchiha, espetando una mueca de sorna—Usualmente no te toma más de dos horas recuperarte de una juerga, Itachi…a menos de que el asunto se haya puesto interesante, eeh…

—¡Oh si, la chica pelirrosa!—acusó Tobi.

—Bah, eso no tuvo importancia.—arguyó Itachi. Pasó la mano libre por detrás de la nuca, tensando un poco el cuello y éste tronó por reflejo—Y deja de usar palabras estúpidas que no existen, Tobi.

—Aja, hubo algo y dices que no tuvo importancia—completó Kisame, sumado a la risilla de Tobi—Una anotación siempre cuenta, además, ya era hora, hombre. Un poco de interacción nunca viene a mal.

—Si, Tobi ya comenzaba a pensar que Itachi-sempai era de los que bateaban a la otra cancha y…

—Cállate, Tobi.

—¡Si, Itachi-sempai!

—¿Saldrás de nuevo con ésa?—inquirió Kisame.

Como si fuese un reflejo condicionado –aunque Itachi seguía sintiéndose más dormido que nada—el Uchiha simplemente negó con la cabeza.

—No. –Respondió, casi escupiendo la palabra a la fuerza—. No me gustan tan niñas. Sólo pasó…y ya.

Sutil mentira, quizá. ¿Por qué era una mentira, no? Aquel Itachi con horas de desvelo y una resaca del tamaño de un rascacielos lo creía de esa manera. No estaba pensando en ella, y lo sabía. No en Sakura, precisamente…sino en los estragos provocados por ella. La recordaba, pero de la misma manera en que se puede recordar un huracán luego de una horda de catástrofes e inconvenientes.

—Ni hablar, no era nada fea, aunque mejoraría mucho si tuviese algo más de carne en la delantera—Kisame esbozó una mueca perversa, casi sombría en conjunto con la sonrisa que proyectaba la hilera de serrados dientes—. Debió de haberse sentido genial el descubrir dónde terminaban esas piernas.

—Hmp…si —con un fútil intento de exhalación de cansancio, Itachi asintió—. Interesante, pero es una chiquilla.

Un desliz a cualquiera le pasa, aunque Itachi, consciente y abnegado a admitir aquello que debatía mentalmente, continuaba repasando la secuencia de los hechos. Si, la chica era linda y claro que se sintió tremendamente placentero haberse hundido en aquella cálida y suave carne, dejarse estremecer bajo el ritmo de sus estrechas caderas y perderse en ése torbellino incandescente.

Un respiro al fin y al cabo; todo hombre tiene necesidades y sopesando las cosas, su hermano menor no era el único con derecho a una vida libre en el factor personal. Un deguste de esos placeres oníricos no sentaban mal de vez en cuando, aunque en un sentido más propio de él, Itachi seguía sintiéndose tenuemente rebajado.

Vergonzoso…totalmente vergonzoso…y no sólo por haber permitido semejante ridiculez en cuestión de bebidas alcohólicas. Estaba aburrido, le habían llevado a regañadientes y su garganta –y la conciencia mental- habían pagado los platos rotos.

Siete cervezas…vaya que estaba aburrido

Y luego…

Y luego lo que tal vez valía la pena seguir vedando a todo conocido o individuo. El temblor de aquella noche y el incidente con los preservativos a causa de su total torpeza no era algo digno de siquiera mencionar.

Impropio. Absolutamente impropio.

Itachi trató no pensar más en ello. Ni en el transcurso de lo que quedó de la mañana, ni a mediodía ni en la tarde, cuando tras una apabullante y tediosa queja proveniente de Pein. La secuencia de carteles quedó lista un par de minutos antes de la entrega –hubiera sido antes a no ser por la abrupta intervención a último momento de Deidara.

Y las condenadas plecas del margen eran rojas…no rosas.

Rosa como su cabello…¿era rosa natural, verdad?

Concentración…¡Rayos!. Concentración…

Itachi pasaba una mano nerviosa por su sien izquierda. El enojo de Pein y el ininterrumpido discurso remitía no al error de color –Kakuzu se podría encargar del "re-embolso" a su diestra maña—sino al faltante de unas carpetas de planeación. Mera logística y algunas cosillas referentes a una campaña sin extrema prioridad.

Un detalle a cualquiera se le pasa. Estaba desvelado, cansado, con la cabeza a punto de partírsele en dos a causa de la resaca y…

Eso no era pretexto. Pero por lo menos había tenido por consecuente ganarse una hora extra de trabajo, después de su turno de salida.

Un tanto mejor…lo último que necesitaba ahora era volver a casa y oír uno de los escasos pero arteros comentarios de Sasuke. El mocoso nunca decía nada, pero estaba seguro de que lo haría. Después de todo, la chica con la que se había acostado fue compañera de Sasuke en la preparatoria, ¿verdad?

¿Y a mi que carajos me importa?

Itachi tamborileaba los dedos sobre la descardada mesa de trabajo. Releía y terminaba de corregir unos planos. La carpeta con las áreas de planeación faltantes estaba a su derecha, ordenada y cerrada debidamente con un clip. Vio la hora en su reloj de pulso; las siete en punto.

El almuerzo le había sentado fatal, aun para ser un simple emparedado sin queso y sin condimento. La cruda menguaba pero de alguna manera amenazaba con recordarle su presencia por lo menos hasta el sábado en la tarde.

Viernes, siete de la noche y mañana solo vendría un par de horas. Y el mundo que girase como le viniese en gana.

Se levantó, apagando la luz de la lámpara de mesa y tomó la chaqueta, dejada resueltamente en el respaldo de la silla. Las llaves cayeron al piso, junto con un papel doblado descuidadamente.

"Tal vez luego podríamos vernos…", recordó la voz de Sakura, con la misma soltura del momento real de la mañana. Los números estaban escritos con caligrafía curvilínea. Acercó más la hoja, tratando de descifrar los dígitos sobre el nombre.

Tiene letra de doctor…que fastidio.

Volvió a doblar el papel, estando a punto de volver a guardarlo en el bolsillo.

"Lo pasamos bien juntos"

Hmp…No, no recuerdo. Estaba demasiado ebrio y…y no me acuerdo siquiera algo más allá de lo que pasó.

Demasiado desinhibida, hablaba mucho…era una niña.

Vaya equivocación.

Y sin más, Itachi arrugó el papel y éste fue a dar al fondo del cesto de basura, junto con las formas mal llenadas de Tobi y unos bocetos tachoneados por Sasori.

Al olvido, como todo. Así se vivía más y se preocupaba menos.

De cualquier manera, no tendremos nada en común…

Quizá, no vuelva a verla…nunca.

0—

El barullo exiguo del restaurante se perdía ante un estruendo un poco mayor. La voz de Naruto Uzumaki, quien atizaba cada comentario con su repetitiva frase, irrumpía sus pensamientos.

La visita había caído tan repentinamente que en un factor muy personal, Sakura sintió la tentativa de fingir que no estaba en casa y aprovechar el tiempo para hundirse en el silencio de su alcoba.

Plan relegado a la nada, con Ino y Tenten de inquilinas, cualquier intento de descanso era sólo eso, un intento. Y como si no fuese suficiente con los constantes comentarios de Ino, el interrogatorio que exigía lujo de detalle por parte de Tenten e inclusive la mirada silenciosa, ruborizada pero atenta de Hinata, ahora tenía la obligada visita del hiperactivo chico rubio, anteriormente su compañero y mejor amigo desde primaria y ahora…

Ahora un molesto dolor de cabeza. Ya estaba acostumbrada a sus constantes y efusivos diálogos e inclusive la manera en que Naruto siempre atribuía cada frase, en que dejaba un instante de pausa y le miraba expectante.

Como ahora.

—Entonces, Jiraya oji-san dijo que podría reducir el horario de las prácticas. ¿Has visto lo mucho que ha avanzado el equipo? ¡Calificamos a primera división, dattebayó!—hizo una obligada pausa sólo para tomar un bocado más de ramen, y siguió hablando, a pesar de tener aun el caldillo del platillo a equilibrio en su boca—Hmpofh…

—Naruto, no hables con la boca llena, te ahogarás de nuevo.

El rubio tragó de un solo intento.

—Perdón, je je…es que han pasado muchas cosas…El equipo esta en primeras y si sigo llevando el mismo ritmo de entrenamiento, ¡podría tener tiempo de verte por las tardes!...claro que mientras no se alarguen las prácticas…—exhaló Naruto. Y apareció el usual silencio de espera cuando sus ojos tan azules como el cielo se prendaron en sus facciones—…ne, ¿qué opinas, Sakura-chan?

Y ella devolvió la mirada, casi obligadamente. Tras una escasa e incompleta hora de sueño reparador a mediodía y un ánimo un poco más repuesto, podía decirse que estaba levemente menos incómoda de lo que supuso al inicio. Naruto era agradable cuando quería y no se la pasaba repitiendo el mismo argumento una y otra vez. Aunque esos lápsos de paz eran tan escasos y raros como un eclipse de sol.

—Supongo que esta bien—dijo con una sonrisa escueta—Yo no sé si tenga tiempo la semana entrante, Ino aun insiste en alquilar uno de esos locales en los suburbios, y si podemos instalar el consultorio quizá nos lleve dos o tres días terminar el inventario.

—Si, Ino-chan me lo dijo. Ne, y que viste al "Teme"—Naruto amplió la sonrisa en una mueca de intriga extrañada.

Sakura tragó hondo. Y la sorpresa en mezcla de contrariedad apareció en su semblante tan obvia como un anuncio de neón.

—Ah…si.

—¿Dónde, dattebayó?

Hum…en casa de su hermano, después de haberme emborrachado hasta la médula y terminar en la cama de éste… ¡Vamos, díselo Sakura!...sinceridad ante todo ¿no?

¡De ninguna manera!

—Cerca del centro comercial –Sakura contestó tan rápidamente que parecía que le habían pinchado las costillas—Fue algo rápido, llevaba prisa y yo también.

Y el rostro de Naruto no demostró más curiosidad, por lo menos no de una índole más allá de lo que Sakura dijo. Ella agradecía la conciencia ingenua del chico, a pesar de sus veinticuatro años y según éste, su "amplia" experiencia en el mundo real.

—Vaya…ne, no creí que volvería a Konoha —resolló Naruto, con una mueca pícara similar a la de un zorro y como era de esperarse, su mente cambió de dirección y temática—aun es temprano, ¿Quieres ir a algún lado?

Ella negó, con una sonrisa superflua.

—Creo que no. Ha sido una semana agitada.

—Dattebayó, esta bien –Naruto correspondió la sonrisa con una auténtica.

Terminó su tercer plato de miso ramen, mientras Sakura comentaba acerca de lo acontecido en la semana. Todo excepto lo de anoche. La improvisada ida al "Rakuen", la velada con un completo desconocido y…y ya no había más. Supuso que no debería ni era correcto ocultárselo, aun a pesar de que Naruto y ella no eran nada más allá que buenos amigos, pero sabía que quizá tarde o temprano el hiperactivo muchacho podría darse enterarse. Y conociendo los posibles ataques histéricos o por lo menos infantiles que solía espetar con situaciones similares.

Ya se lo diría, en cuanto tuviese la mente más despejada, las palabras más fluidas y dejase de dolerle la cintura, en silenciosa protesta a la actividad de la noche anterior.

Pagaron la cuenta, cada quien su pedido, aunque Naruto insistió repetidamente en pagar la cena de ambos. Formalismo externo o quizá su simple manera llevadera hacia ella.

"Su mejor amigo", ese era el término con que había encasillado siempre a Naruto. Y no negaba, que bajo las enérgicas frases y la desenvuelta personalidad del rubio, existía un aspecto de profundo e incondicional que no era fácil de encontrar en alguien más. Podía ser sincero y tierno cuando se lo proponía, habían pasado muchas cosas juntos y años anteriores, la propuesta de formalizar un poco más –o establecer una relación, mejor dicho- fue planteada por el mismo Naruto. Sakura estuvo de acuerdo entonces; tenían diecisiete años y toda una vida por delante. Luego vino el fin del bachillerato, caminos separados y la antesala a una separación nada dolorosa. Hubo situaciones un poco comprometedoras resultantes de una tarde en que el alcohol no tuvo nada que ver, sólo un escueto diálogo turbado por caricias que se salieron de control y el vacío apartamento de Naruto.

Pero era y seguiría siendo su mejor amigo. Cuatro años lo continuaban diciendo, aun después del viaje tomado por éste al pasar como simple jugador de re-emplazo en uno de los equipos locales de baseball; "los Zorros de Konoha". Y el desempeño de Uzumaki Naruto, su terco carácter y determinación coordinaron a llevarle al actual título como jugador del año a nivel amateur y a escasos pasos de figurar como profesional en las ligas.

La gira se alargó en la última temporada debido a la prosperidad del equipo, al igual que los entrenamientos teniendo a Jiraya como el coach oficial. Año y medio, hasta ahora y la perspectiva de Sakura hacia Naruto no cambió en absoluto. Ni siquiera en el momento actual, cuando al salir del Ichiraku´s Naruto simplemente le tomó de la mano.

Como solía hacerlo sin permitirse alguna formalidad o algo. Sólo lo hizo.

—Sabes, una vez que terminen las preliminares de temporada y termine de liquidar todas las deudas, creo que podríamos comenzar a pensar en algo más serio, eh, Sakura-chan.

Sakura detuvo el paso por un instante.

— ¿Serio? —Ella se permitió un gesto de complicidad—Tú nunca has sido serio, Naruto —sonrió sin soltarle de la mano—Y aun es algo pronto, bueno…sabes que tu y yo…

Naruto le interrumpió, quedándose inmóvil y pasando de su lado derecho a estar frente a ella. Su otra mano se aprestó a asirse con la de la joven.

—Ne, te he echado mucho de menos, Sakura-chan –sus ojos brillaban, bajo el farolillo de la esquina. Tampoco podía ignorarse la mesura de sus rasgos, aun con el dejo de aquella ingenuidad infantil. —…y yo…

Y de milagro no apareció el tan odiado "dattebayó". Entonces la cosa si iba en serio. Sintió sus labios rozar los de Naruto, y aun podía percibirse lo suficientemente somnolienta como para no frenar abruptamente el contacto. Fue quizás el beso más corto y permisivo que había tenido de su parte. Y del peculiar humor en que estaba, no podía esperarse algo más.

Muy distinto a lo de anoche, Itachi no… ¡Kami, y justo ahora se me ocurre acordarme de eso…!

—Aun es algo pronto, podríamos esperar un mes más—consiguió decir ella, a modo de acallar la molesta voz interna que seguía recriminándole con justa razón.

Naruto parecía ni siquiera darse por enterado de la razón del comentario. Proyectó una amplia e inocente sonrisa.

—Esta bien, pero prométeme que lo pensarás, dattebayó.

Sakura asintió y éste soltó casi renuente su mano. Un foco, perteneciente al interior de la ventana que daba a la calle se encendió.

Un mes.

Y las cosas siempre cambiaban, de un modo u otro en un mes. Podía seguir relegando el incidente referente a Itachi por un tiempo. Dejarlo todo al recuerdo y nada más. Al fin y al cabo, no era nada importante.

Un resbalón cualquiera lo tiene. Habían tomado sus precauciones, según ella. Y también según Sakura, no había futuro en aquello; era obvio que ella a él no le había interesado en lo más mínimo. Y el que a ella si le hubiese parecido un tanto atractivo e interesante, no cambiaría en absoluto las cosas. Dio su teléfono y sus datos, pero hasta allí.

Y de allí no pasó. Itachi no llamó, ni ése viernes en la noche, ni el sábado.

Ni en lo que restaba del mes.

0—

Los días eran números…mirando las estrellas…que sólo podemos ver hasta ahora…
…Algún día, sabrás dónde estás…(
2)

Las notas se elevaron tenuemente, haciéndole cobrar conciencia poco a poco y despertándole del sopor del sueño.

—Ey, "frentona" —Ino había subido el volumen del estéreo de la sala, casi al nivel de que parecía que los acordes estremecían el ambiente de la sala. No hubo respuesta.—¡Sakura!

Bajo el mullido cobijo de las sábanas y aun abrazando una de sus almohadas, la aludida sólo atinó a exhalar un desinhibido bostezo.

—…cinco minutos más…

Volvió a hundir el rostro en la almohada y se cubrió hasta las orejas con la sábana.

Una sonrisa de malicia se perfiló en el rostro de Ino Yamanaka. Tomó uno de los cojines que había sobre la silla junto a la puerta y con certero tino fue a dar hacia la cabeza de Sakura, ahora visible solamente por unos cuantos mechones rosados asomados entre las cobijas. Ésta protestó, arrojando las sabanas con un pie hacia un lado.

—Ya voy…¡que escandalosa eres, Ino-cerda!

—Oye, llevo tratando de despertarse desde hace hora y media, como si no hubieses estado durmiendo lo suficiente en toda la semana—enunció Ino, con los brazos cruzados en supuesto ademán de reprimenda—. Además, es impropio llegar tarde al primer día de trabajo.

Sakura estiró la espalda y se levantó, reacomodándose el tirante del pijama. Anduvo con pasos bamboleantes hasta el baño, escuchando a Ino en otra de sus diletantes batallas contra la secadora de pelo, delante del espejo del tocador.

—Sabes, Naruto fue muy amable en ayudarnos a instalar el mobiliario –dijo ésta, alzando la voz sobre el resoplido del aparato—…aunque me sigue intrigando que ustedes ya no se vean tan seguido. ¿Esta todo bien?

El agua fría del lavabo le devolvió la enteresa de la realidad a Sakura. Oyó la pregunta de Ino, y después de enjuagarse el rostro, la escuchó y la respondió.

—Si, esta todo bien. Pero eso no quiere decir que esté sobre de él todo el tiempo.

—Claro…—Ino le contemplaba desde el pasillo, todavía con el tubo para el pelo enroscando las hebras del fleco que decoraba el lado derecho de su rostro—. Has estado demasiado pensativa las últimas tres semanas.

— Han pasado muchas cosas, sólo eso. Y nuestro primer trabajo y…

—Y el "sujeto de una sola noche", ¿verdad, "frentona"?

La joven Haruno abrió intempestivamente los ojos. Un rubor involuntario afloró en sus mejillas.

—¡Claro que no!—Sakura casi tira el dentífrico en respuesta al inhóspito comentario. Agitó la cabeza repetidas veces y el rubor…seguía sin desaparecer—¡¿Cómo se te ocurre pensar semejante cosa?! ---¡No, no tiene que ver con Itachi o como sea que se llame!

Su amiga no aprestó argumento alguno. Sólo miraba, como lo hacía un juez en el estrado, justo en el momento en que la evidencia aparecía a ojos vista.

—…y ya han pasado semanas de eso. Casi un mes —continuó diciendo Sakura e inútilmente fingiendo el haber sido descubierta—. Sólo fue un error y ya.

Claro que Ino no iba a confiarse a las excusas forzadas.

—Hum…veamos, te la llevas evitando a Naruto—Ino empezó a enumerar, con los dedos—, soñando despierta o por lo menos parece que estas a millas de aquí y vaya que me asustaste ayer cuando te desmayaste en el sofá.

—Me quedé dormida, no me desmayé, Ino…—Sakura negó de nuevo. Emuló una expresión serena y tranquila—cielos, y ¿asi piensas dar consulta?

—Eh, yo obtuve mejores créditos que tú, y sin saltarme las prácticas de verano…—increpó Ino con una sonrisa porfiada—En fin, error o no, obsesionarte te sienta de pesadilla. Por lo menos parece que has bajado de peso y te ves realmente mal. ¿Segura que estas bien?

—Si, sólo dejaré de desvelarme.

—Tú no te desvelas. Últimamente eres la primera en irte a dormir.

—Tus ronquidos estereofónicos me despiertan, "cerda"—Sakura rió con soltura.

—Ja, ja…que graciosa—Ino miró el reloj de pared—Ya es hora.

Sakura asintió y volvió su atención al espejo.

—Te alcanzo allá. ¿Y Hinata y Tenten?

—Llegaron a abrir, y más nos vale llegar antes de que caigan pacientes. Yo sólo volví por la libreta del inventario y el juego de llaves extra.

La chica de cabellos rosas se dio un último acomodo rápido al flequillo y se dirigió a su habitación. Diez y media de la mañana y aun estaba en pijama.

—Casi son las once…¿dormí toda la mañana? —la pregunta timbraba un poco en su boca. Cerca de una duda que venía dándole vueltas en la mente hacía dos días—¿A que estamos hoy?

— ¿Ves? Estas tan distraída que ni cuenta te das del día en que vives—arguyó Ino, ya casi desde el exterior del edificio—Estamos a veinticinco de octubre, y si no busca en el calendario…¡Ya muévete, "frentona"!

Cerró la puerta, dejando a Sakura a solas en el apartamento, delante de una pila de ropa y con dudosa decisión a usar.

La mente y el cuerpo le apremiaban a volver al cobijo de la cama, casi como si se lo gritasen en los tímpanos. Octubre era un mes meramente templado y el otoño estaba en salida a sólo unas semanas. El invierno se acercaba y…

Veinticinco, sostuvo mentalmente la fecha y tras optar por unos pantalones negros de corte ceñido y una blusa plisada, abrió la gaceta de la mesita de noche.

¿Veinticinco ya?…que raro…

Su mirada deparó en el empaque completamente nuevo de toallas sanitarias. Recapituló la cuenta mentalmente, luego en voz alta.

Debería haber pasado el día veinte.

Un par de días…o cinco días de retraso.

Nah, la media normal siempre son siete como máximo, y puede que haya afectado la dosis de paracetamol de ayer por el dolor de cabeza

¿Preocuparse?

Cambios hormonales, es normal desde los veinte. Sí, cambios hormonales, el estrés del viaje, el trabajo…además no soy un cronómetro…hacía un año se me retrasó por tres días.

Tres días, no cinco.

Sakura abrió el paquete y tomó dos diminutos empaques, doblados cuidadosamente. Los guardó en el bolso y cerró de nuevo la gaveta.

Cinco o seis días. La máxima se extensa a siete u ocho, según un concepto más general del biorritmo femenino. Cualquiera que hubiese pasado por la materia básica de ginecología lo sabía bastante bien.

Nada de qué alarmarse.

Nada sin importancia…¿verdad?

____________________________________________________

CONTINUARÁ


NOTAS DE LA AUTORA:

Bien, no hay plazo que no se llegue ni fecha que no se cumpla...las consecuencias siempre aparecen aun cuando uno tiene conciencia a medias de la situación...ah, pero como dijo Kristanza-chan...¿qué seria de la humanidad sin los errores?

Ok, aqui tenemos un marco mas amplio de la vida de Itachi y de Sakura...¿Y con el lio que se les viene encima como demonios solventarán eso? ´Ta dificil, ¿verdad?

Bien, se los dejo de tarea y nos leemos en el siguiente capítulo...

Cualquier duda, tomatazo, aplausos, quejas etc...para eso esta el review.

Nos leemos.