Uf...semana pesada, con un dia de asuelto y gracias a Jashin-sama por las horas extra de sueño xD. En fin, pude hacerme un tiempo y como siempre (creo que mas temprano) aqui tienen la entrega de esta semana. ^^

Muchos preguntaban...¿y Naruto? bueno, aqui hay algo y no odien a esta autora. Por cierto, si son un poquito fanaticos o les agrada el base-ball, creo ke este capitulo complementará un poco mas el aspecto "extra" de la trama...jeje

A Leer!!


El Vuelo de la Cigüeña

Sexto Capitulo

En aras del destino

Cerca….

No. No cerca…ahí estaba. Y Naruto Uzumaki nunca fallaba. Tres entradas, cinco carreras ganadas y el marcador a punto de revelar la definitiva resolución.

Konoha con un resultante de veinticinco. Suna con un déficit de cinco.

Ahora o nunca. Ahora o nunca…

—¡Naruto! —la voz sonó desde el punto más alejado de la cancha y Naruto volvió de nuevo a la realidad.

La diminuta esférica de caucho se proyectaba hacia él. El joven rubio la tenía fija en el campo visual y sus manos se afianzaron con seguridad total al mango de madera del bate. Concentración. Él estuvo concentrado todo el tiempo, a pesar de su muy personal "simulación de la realidad". Un ángulo similar a un abanicazo arremetieron contra la pelota y ésta fue a dar hacia más allá de la cancha. Un golpe perfecto y en una trayectoria impecable.

— ¡Dattebayó! ¡Segundo cuadrangular! —Vitoreó el chico rubio de nombre Naruto Uzumaki, arrojando eufóricamente el bate hacia un lado — ¡Sé lo dije, "Ero-senin"! ¡Pude hacer una segunda anotación! ¡Lo hice! ¡Lo hice! ¡Dattebayó!

Al barullo se le unió Rock Lee; un chico de veinticinco años, cabello negro cortado estilo cazuela y densas cejas, apostado en la ubicación del jardinero central. Chouji Akimishi, el rollizo lanzador se sumó también al descanso improvisado por Naruto, seguido por Shikamaru Nara. Éste miró con aire de desenfado hacia la dirección que en que había sido arrojada la pelota.

— …hum, menudo lío para el tipo que recoge las pelotas fuera del campo –dijo exhalando un bostezo—. Que problemático.

—¡Como sea! ¡Con un tiro así, nos bastarían dos carreras para patear el trasero de los pedantes de Suna! ¡Dattebayó!

—¡Si! —Rock Lee alzó ambos brazos, en una vaga pose de victoria— ¡Los aplastaremos con el poder de nuestro ardiente empuje de juventud! ¡Yosh!

Un hombre de cabellera platinada y desordenada, enfundado en chaqueta y pantalones deportivos con el emblema de Konoha se acercó al entusiasta equipo.

— Creo que fue suficiente por ahora —dijo mientras releía los apuntes en su tableta y apagaba el cronómetro— Pueden tomarse un descanso, chicos.

— Naaah…pero Jiraya oji-san, aun me queda energía suficiente como para practicar mi "rasengan" ¡Apuesto a que si lo uso en el partido de mañana, los de Suna no sabrán ni qué les pegó! —Naruto espetó una mueca inconforme hacia el entrenador.

— No gastes energía de más, muchacho –Jiraya sonrió con mustio orgullo y de nuevo volvió su atención a las notas — Podrías aprovechar para almorzar algo, he oído de un buen restaurante de ramen por aquí. –Se dirigió de nuevo al resto del equipo — Reanudamos la práctica hasta las cinco. Lleguen temprano.

— Esta bien…—suspiró Naruto con resignación y de repente levantó el rostro —Eh ¡y de paso podría ir a buscar alguna caseta de teléfono!

— Si aún insistes en eso. —Dijo Jiraya—Pero recuerda llegar temprano esta vez.

Aquel hombre de rostro despreocupado y mirada sosegada pero inexorable era el legendario entrenador Jiraya. El nombre resultaba reconocido al menos en más de las tres cuartas partes del País del Fuego debido al último y mejor elemento de las ligas profesionales de baseball de Konoha que estuvo a su cargo; Minato "el Relámpago" Namikase.

Y era nada más y nada menos que el progenitor de aquel muchachito de hiperactiva actitud y desbordada energía.

Vaya que vuela el tiempo, pensó Jiraya viendo a Naruto tomar la gorra del suelo y dirigirse corriendo hacia los vestidores. De tal palo, tal astilla…es igualito a ti, Minato.

Había aceptado entrenarlo, debido a las constantes peticiones de un asesor de la escuela preparatoria. Y con el potencial de Naruto, no había mejor actividad que ésta. Enérgico, desatento en cuestiones meramente intelectuales y con una resistencia física difícil de declinar, obvio de alguien que había crecido en calidad de huérfano.

La tragedia que procedió al incidente del vuelo que Namikase y su esposa abordaban de Iwagakure a Konoha aun estaba en la mente de muchos, sobretodo en la de Jiraya. El último deseo, arrancado de los labios del moribundo Minato fue que la tutela de Naruto quedara a manos de su mejor amigo; Umino Iruka, y el apellido se conservase en memoria de Kushina Uzumaki. El peso del título Namikase era una carga que no quería que el pequeño Naruto tuviese que afrontar, pero Jiraya sabía que el momento de encarar el destino llegaría.

Quizá mas pronto, ahora que el equipo comenzaba a levantarse y el llamado "kyuubi" Uzumaki comenzaba a avecinarse a la recta que diferenciaba a un jugador amateur de un profesional. Tiros y batazos realmente incomparables y el lanzamiento patentado como "rasengan"; una ráfaga semi-curva que a ojos vista parecía impostar hasta fuego en la pelota. Buenas técnicas que contrarrestaban la torpeza de sus atrapadas en el campo.

Y el mismo Naruto lo sabía, incluso ahora, que había estado yendo de un lado a otro de la concurrida acera. Tenía hambre y aun estaba algo agotado, pero había algo más importante que todo eso. Más importante que toda la gloria que según términos eufóricos de Rock Lee, ocurriría si ganaban el campeonato de verano. Llegaron a las finales, y el decisivo sería mañana por la noche…y lo más que deseaba, era que ella lo supiese.

— ¿Sakura-chan? –Dijo en cuanto consiguió obtener tono de marcado en aquella caseta telefónica de llamada por cobrar. Alguien contestó la bocina y por fortuna esta vez no se topó con la iracunda voz de Ino, sino con…—¿Tenten-chan?

— Ah, Naruto…—la chica se escuchó tranquila y eso despertó un brillo en la mirada del rubio.—¿Cómo va todo por allá? ¿Nervioso? Oí que el estadio estará a reventar para mañana y dicen muchas cosas del equipo de Suna, ése lanzador que traen parece que les dará mucho problema, ¿no?

Naruto se permitió una risa de orgullo.

— Jeje…no lo creo. ¡Vamos a ganar, dattebayó! Les daremos una paliza, sobretodo al pelirrojo ése –hizo una pausa, pasándose una mano por la nuca y ocultando un suspiro de incertidumbre—Ne, ¿está Sakura-chan?

Y Tenten parecía que también se había quedado sin palabras.

— Eh…no. –dijo sonando tremendamente nerviosa —. No está, tuvo que salir a… bueno, no sé. Salió y ya.

El chico revisó su reloj. En Sunagakure eran las doce y la diferencia de horario dejaba a notar que allá eran las diez de la mañana, según se lo había explicado Shikamaru. ¿No debería estar Sakura aun en casa?

— Huuum…creí que estaba todavía en el apartamento. He llamado toda la semana.

— Ino y Hinata ya están en el consultorio, creo que Sakura salió a comprar algunos de los faltantes —explicó superficialmente Tenten— Y yo vine solo por mi maletín de revisión, lo olvidé y fue una suerte que haya escuchado el teléfono, estaba a punto de irme. –cortó el comentario escuchando un suspiro por parte de Naruto — Pero esta bien, no te preocupes, Naruto.

— De acuerdo…veré si puedo llamarla en la noche.

Se despidió y colgó, esperando a que la máquina le devolviese el cambio. Y los tres ryo faltantes no salieron para nada.

Se alejó, ahora si dispuesto a una buena y bien merecida comida. Y una idea ferviente se abatía en su mente. Clara y concisa.

Ganarían el campeonato, él daría el máximo rendimiento…y finalmente se lo diría a ella. Habían pasado ya casi dos meses desde que se lo mencionó, pero Naruto estaba seguro de algo ahora.

La amaba. La amaba y se lo diría.

Y nada podía fallar.

0—

Diez con veinte minutos, y tratándose de un lunes por la mañana, el área destinada a sala de espera estaba medianamente concurrida. Peculiar y aterradoramente concurrida.

Itachi veía distraídamente hacia un lado, y desde la perspectiva de la incómoda silla sobre la cual estaba, el mundo parecía ir demasiado lento. Con pesadumbre dirigió una mano, colocándola sobre el mentón. Movió la pierna derecha hacia un costado, en busca de una postura más cómoda. Volvió a estirar la espalda y se tomó el rostro con las manos. De nuevo se inclinó hacia adelante...y se quedó quieto hasta que la joven de cabellos rosados le dio un discreto golpecito con el codo.

Casi las diez y media. No había pedido permiso ni siquiera mencionado el asunto y en lugar de estar en la mullida silla alta de su restirador escuchando el parloteo incesante de Deidara o las quejas de Sasori, ahora estaba allí, en medio de una sala de consultoría ginecológica en compañía de la chica con la que había pasado una noche.

Una completa desconocida de la cual apenas y recordaba su nombre y… ¿y que esperaba un hijo de él?

¡Rayos! ¿Sakura había dicho hijo?

Si, lo había dicho, lo había oído claramente...

Suposiciones, se recordó Itachi, como si la palabra pudiese aliviar un poco la tensión.

Sakura no estaba segura y por eso estaban ahí. Era demasiado pronto acudir al pánico y el declive de la realidad. Y sin embargo, el asunto le había quitado el sueño durante el transcurso de todo el domingo, haciendo que sus ojeras se viesen más marcadas.

Ciertamente había dejado a Sakura a solas durante todo el domingo porque no quería hablar de más de momento. Muchas cosas revoloteaban en su mente pero no pensaba vocalizarlas aún, no antes de organizar sus ideas. Itachi siempre había sido de mente fría y necesitaba ser objetivo, aún cuando las cosas le afectasen sobremanera.

La cara de preocupación de Sakura era innegable y contrastaba en gran manera con la seriedad de Itachi. Podría suponerse que no se encontraba ni siquiera mejor que éste, de hecho parecía estar gritando mentalmente.

—Haruno, Sakura. –la voz de la recepcionista irrumpió su remolino mental, haciéndole que casi tire el bolso al piso.

La joven asintió y se levantó. El Uchiha parecía tan distante como si estuviese en algún punto alejado del universo. Sakura le tomó de la muñeca y éste apenas reaccionó.

—Ven —musitó ella y sin soltarle.

Itachi se levantó sintiendo un peso de plomo en sus pies, profiriendo un gemido bajo el apremiante apretón de la joven.

Cualquiera diría que la tensión que conllevaba una simple cita de ésa índole se aminoraba si conocías al médico con anterioridad. Esto tal vez fue lo que incrementó el nerviosismo de Sakura, apenas al abrir la puerta del consultorio.

—Haruno Sa…—la mujer detrás del cuidado escritorio de caoba alzó la vista al instante, con una expresión de entero asombro en su rostro—¡¿Sakura-san?! ¡Que sorpresa! Supe que estabas trabajando en un consultorio cerca del centro, ¿Cómo va todo por allá?

—Bien…Buenos días, Shizune-sensei…—Sakura interrumpió con un tímido saludo y el resto de lo que trataba de idear para contrarrestar la euforia de Shizune murió en su garganta ante la expectativa mirada de ésta.—…yo…ehm…nosotros…

— No sabía que te habías casado – Shizune cortó el comentario en cuanto entró aquel joven que parecía ir forzosamente arrastrado por Sakura y la frase dio la impresión de escucharse con un doble eco— ¿Y ya esperando familia?

—No estamos casados…

La aludida médico y anteriormente uno de los sinodales de carrera de la joven Haruno parecía no notar en absoluto en nerviosismo de Sakura, hasta la cortante respuesta que más bien podía tomarse como un suspiro. Shizune, aquella mujer de edad entrada a la mediana juventud, cabello negro y corto, y expresión pasible sólo arqueó una ceja en réplica a la respuesta de Sakura.

El silencio afloró en la estancia. La joven de cabellos rosas no atinó a decir nada más y la pared podía verse más expresiva de lo que Itachi Uchiha en ese momento.

—Ah…entiendo –Shizune posó su vista en Sakura, luego en Itachi y de nuevo en la joven, y de la nada, volvió a esbozar una sonrisa tranquila —¿Cuándo fue la última fecha de tu período?

—Un…mes —Sakura se encogió de hombros, volvió la vista al piso luego de reojo hacia Itachi, sin que éste se diese cuenta—…me practiqué una prueba casera, dio positivo y…—una prueba más siete más, se recordó sintiendo el labio temblar—…y aquí estamos.

Shizune asintió, sin que la mueca de calma desapareciese de su semblante.

—Bien, veamos entonces.

Los verdes orbes de la "paciente" se enfocaron en el aparato junto a la mesa de auscultación.

0—

El sonido mecánico de la silla alta al esquinarse en su necesaria inclinación espetó un leve clic, luego de que Tenten aseguró cuidadosamente la palanca. El ruido de fondo del lejano y tranquilo estéreo se seguía escuchando desde la sala de espera.

Todo tan calmado como cualquier día. Una simple revisión de rutina y todo continuaría su ritmo habitual, eso pensaba aquella joven de veinticuatro años y cabellos castaños. Enfundada en su debida bata médica y con los guantes de látex prestos para su higiénico uso. Todo podía haber seguido bien, hasta que los ojos de su joven e impresionable "victima" aclamaron a voz en grito:

—¡Kyaaa! ¡Alejate de miiii! ¡Me lastimas! ¡Me lastimaaaaas!

Tan aterradores alaridos prevenían de la voz de un pequeño mozalbete no mayor a ocho años, sentado –y amordazado, según él- en el sillón de revisión dental, jadeando y pataleando como un sentenciado a muerte injustamente sobre la silla eléctrica.

Inmóvil e indefenso delante del aterrador verdugo de bata blanca y peinado de chonguitos.

—¡Vas a matarme! ¡Vas a matarmeee! ¡Aaaahhhh!

—Konohamaru…—Tenten miró con tedio al escandaloso niño, rebatiéndose sobre la silla como un poseso, mientras ella sólo sostenía el succionador de saliva y un abatelengua, tal y como debería ser al tratarse de una simple revisión molar—…¿Quisieras dejar de gritar?

—¡Si me callo me matarás! –El niño alzó aun más la voz—¡Lo vi en una película! ¡Siempre se aprovechan de los inocentes! ¡Si me callo me cortarás la garganta con eso! –Señaló hacia el abatelenguas y volvió a revolverse sobre la silla—¡Aaahhh!

Ino asomó la cabeza por el vértice de la puerta.

—Adoro tus ideas de propaganda –Tenten le dedicó una mirada fulminante ante la rubia y su incómoda sonrisilla—¡Bien hecho, Yamanaka! Antes no nos caía clientela y ahora tenemos al pequeño sobreviviente de "Nightmare on Elm Street", ¿Qué mas podría pedir?

— Es el sobrino de Asuma-sensei, el profesor de álgebra en la preparatoria, ¿recuerdas? —Ino se pasó una mano por detrás de la nuca— Le debía un favor.

— ¡Y el nieto del Hokkage! –Tenten elevó un poco más la voz, luciendo como un grito ahogado a comparación de los estridentes pataleos de Konohamaru —Y si sigue gritando así cuando vengan por él, no me quiero ni imaginar que pensarán de nosotras.

— Exagerada, sólo es un niño

— ¡Es un monstruo!

La rubia se cruzó de brazos y asintió divertida.

— Acostúmbrate, al paso que vamos deberíamos hacernos a la idea…—suspiró largo y tendido—…por nuestro futuro "sobrino".

— ¡Suéltenme! ¡En cuanto le diga a mi tío van a…! —El último alarido de tortura del indefenso Konohamaru se cortó cuando su boca se llenó con el dorso del abatelenguas.—¡Ghhfkhfff !

— Si, lo olvidaba –musitó Tenten —¿Crees que Sakura esté bien?

— Hum, mejor de lo que estamos nosotras ahora si, te lo aseguro.

0—

—Muy bien, relájate y así no te molestará mucho.

—Si…

El dudoso tono en la voz de Sakura no dejaba lugar a dudas del nerviosismo que estaba sintiendo la chica. El hecho de que fuese médico, con experiencia basada en libros y escasas practicas por ahora, no aseguraban que tuviese el control completo de una simple examinación de rutina. El ángulo siempre variaba al pasar al plano de paciente.

Desde su lugar en la camilla, Sakura suspiró abruptamente ante la renuente idea de lo que podía –y lo que sabía- que iba a pasar. Se había mostrado peculiarmente retraída al tener que despojarse de sus prendas inferiores y colocarse aquella bata. Se quedó inmersa en silencio al tener que subir a la camilla para ser cubierta por una simple sábana, con el objetivo de preservar en algo su modestia y quedarse en la posición que sabía que debía tener durante el examen. Piernas flexionadas con las plantas de los pies apoyadas en la camilla.

En silencio, mustio e inútil, Itachi tenía la vista fija en la pantalla del aparato, evitando mirar a la joven. Después de ver el tamaño de la sonda todo comentario e inclusive monosílabo quedó corto en su garganta…

Eso no tenía el tamaño de un lápiz precisamente.

— Podemos empezar ahora.

Shizune se inclinó hacia el extremo de la manta que cubría a Sakura para permitirse visibilidad al momento de introducir el aparato. Ésta asintió desde su posición y volvió a respirar lentamente. Shizune sonrió a Sakura, ya sólo la mano que sostenía la sonda se encontraba bajo la sábana, la vista de la profesional fija en la pantalla del ecógrafo.

—Muy bien, vamos a ver…—Movió un poco la sonda, provocando una ligera incomodidad en Sakura, quien apremió a sujetar por reflejo uno de los nudillos de Itachi.—Espera un poco, muy pronto podremos… ¡Allí está!- exclamó Shizune mientras los ojos del sujeto de profundas ojeras y los de su compañera se disparaban hacia la casi borrosa forma en la pantalla del televisor que tenían a la vista.

El tenue volumen remarcaba un tic constante. Rítmico.

—Bien…ése es el cuello del útero…—la sonda avanzaba hacia uno de los límites de aquella silueta amorfa—…la pequeña bolsa de allí es el líquido amniótico y…

El eco, aquel tic se oía un poco más fuerte.

¿Un latido? Los ojos de Sakura estaban fijos en la imagen que se proyectaba en la pantalla y en el sonido proveniente de ésta.

— Ése ruido…ése ruido es…

— Si –Shizune mostró una sonrisa tranquilizadora. Volvió su atención a la pantalla, hacia "aquello" que reposaba en medio de la delimitada mancha— Y ahí esta… ¿Esta…?

Ella hizo una pausa, y la mano libre presionaba el botón de enfoque del monitor, tratando de ubicar la imagen en un punto más nítido.

El eco volvió a aparecer. Más fuerte. La imagen se congeló mostrando lo que era un círculo y luego dio paso a otra en la que se veía una imagen difusa que mostraba pequeñas onditas.

—…el sonido… –Sakura seguía perdida en el intervalo anterior. –Sensei…

Shizune subió el volumen y la sonda se mantenía fija. La escrutaba con minuciosidad. La imagen volvió a congelarse.

—Kami…—Shizune amplió aun más la sonrisa—Je…son…

Itachi tragó hondo y sintió cómo Sakura oprimió un poco más su mano. Exhaló, con el aliento entrecortado.

¿Son? …Había algo, pero… ¿Algo más de uno? ¿En plural? ¡¿ESA MIJER ESTABA HABLANDO EN PLURAL?!

— ¿Qué? —y finalmente las palabras brotaron de las cuerdas vocales temblorosas del Uchiha

Un latido. Sakura lo había notado y pese a la poca aseveración de aquellos aparatos seguía escuchándose el mismo eco. No, no era uno. Eran…

— Dos –Shizune asintió. El aparato marcaba el ritmo cardiaco. El margen de error aun tenía cabida en el diagnóstico pero el sonido ahí estaba, sin desaparecer o menguar. Ella sonrió aun más ampliamente, constatando el porqué del tamborileo intrauterino— Son gemelos.

La imagen estaba allí. Dos vagas y aparentemente difusas siluetas…Ciento ochenta y seis latidos por minutos. Shizune los contó y lo dijo, pero el dato parecía haber pasado desapercibido en medio del mar de ideas que rebatían a Sakura.

—¿…yo…?

— Si, estás embarazada. —Shizune dio un último escrutinio a la zona enfocada en la pantalla— Y diría que son cuarenta o cuarenta y cinco días de gestación. No de un mes, como decías. —mesuradamente y con escrupuloso cuidado retiró la sonda. Volvió su atención a Sakura y al joven— Felicidades, van a ser padres.

Sakura no podía contestar, las palabras estaban atoradas en su garganta. Quería llorar, hablar, gritar… hacer mil cosas a la vez. Soltó el contacto de la mano de Itachi. Éste, sintiéndose con el aliento agitado y un sudor frío cruzando por su frente, intentó tomar la mano de Sakura de nuevo.

Ella le apartó.

No…¡No!

Veintitrés años, con menos de seis meses de que salió de la universidad. Estaba lista y preparada para enfrentarse al mundo por sí misma. No quería compromisos sentimentales, ni siquiera con aquel que había sido su mejor amigo…y ahora.

¡No!

Embarazada. Y de un completo desconocido con el que sólo había pasado una noche.

Shizune entendió el silencio, que caía a plomo sobre el ambiente del consultorio. No era la primera vez que percibía el lejano aire de estar como una presciencia "extra" en el lugar menos propicio. Líos de pareja, probablemente.

— Les dejaré a solas —dijo sin que nadie le respondiera y salió del cubículo de revisión hacia el escritorio ubicado a un metro de éste.

Un sigilo profundo y pesado. Itachi exhaló y aun así el peso que abatía sus pulmones no aminoró. Sakura volteó por reflejo tras el audible jadeo.

— ¿Itachi-kun?

Esta vez sólo trató de asirle la mano y de nuevo apartó la suya en cuanto le vio. Estaba pálido. Demasiado pálido.

— V…vo…Voy…a ser…¿Padre?

— ¿Itachi?

— …Y de…¡¿DOS?!

Shizune estaba reacomodando la carpeta de historial clínico, firmando cuidadosamente la obligada forma de datos del paciente con toda la tranquilidad del mundo cuando alzó la vista, en respuesta a un golpe sordo ocurrido en el área de revisión.

— ¿Sakura-san, pasa alg…? —Shizune se quedó de pie cerca del margen de la cortinilla que separaba el cubículo.

La joven le devolvió la mirada, contrariada al inicio y luego con un dejo de aquella furia frustrante que Shizune recordaba de sus años de estudiante de medicina. Sakura señaló hacia el "bulto" desplomado de espaldas junto a la camilla.

— Se desmayó.

0—

— ¡Tres barridas! ¡Cinco carreras anotadas y el marcador se empareja! ¡Público espectador! ¡Konoha y Suna…Konoha y Suna a la par! ¡A pocos minutos del final de la entrada! ¡Un movimiento decisivo! ¡Uno sólo y todo terminará!—la voz del locutor enunciaba el aguerrido resultado obtenido entre ambos equipos: los Zorros de Konoha y los apodados Demonios de la Arena de Suna.

El anuncio se oía con un estremecedor eco en medio del barullo armado en el estadio principal de Suna, en aquella calurosa noche de octubre. Sunagakure siempre se destacaba por un clima árido, a pesar de la marcha de los meses.

—Una entrada más, relegamos todo al último cuarto del partido —Jiraya mentalizó en voz alta la mencionada estrategia, meticulosamente meditada durante todo el fin de semana y ahora, el plan había marchado a la mitad de bien de lo que tenía estimado. Los últimos cuatro lanzamientos de Akimishi fueron evadidos, Nara contribuyó con dos atrapadas justo antes de la anotación de Suna y la eficaz velocidad de carrera de Lee junto con la fría delimitante de bateos de Hyuuga Neji equilibraron el marcador…el resto dependía de la llamada "jugada maestra" —…una entrada más…y resta Naruto.

Pero Suna también tenía un as en el bolsillo; un lanzador cuya fuerza en el brazo podía equipararse con una bazooka militar. Certero y hábil. Había dos artículos –y cinco o seis notas más- en que le mencionaban como uno de los jugadores más prometedores del año, incluso con una oferta para dos reconocidos equipos occidentales. Digno rival para el descendiente del "Relámpago" Namikase, y con un historial de outs invictos desde hacía tres años.

Y un nombre que parecía enmarcar el aire siniestro de aquel rostro más blanco que la cera, contrastante con una melena rojiza como el fuego y un sombreado particular en el contorno de sus ojos.

— Sabaku No Gaara…—Jiraya releyó el nombre en el tablero sobre el marcados. Chasqueó la lengua, preocupado— ¡Rayos!...¡Justo cuando tenía el plan perfecto y ahora nos vienen a echar todo a perder!

Miró de reojo hacia la banca, mientras se hacía el cambio de bateo y de lanzador, en busca del hiperactivo rubio que ante los medios se había dado a conocer como "Kyuubi" Uzumaki.

Y Naruto no estaba.

—¿Naruto?... ¿Dónde rayos se habrá metido ahora? —el entrenador de Konoha se giró hacia uno de los muchachos en la banca.

Rock Lee respondió al instante.

—Salió a hablar por teléfono…hay unas casetas cerca del área de los vestidores y…

— ¡Y me lleva! —Jiraya se puso de pie al momento— ¡Estamos justo al final del partido y se le ocurre largarse!

Sin decir nada más, aprestó a ir en su búsqueda, mientras el locutor voceaba por primera vez el cambio de línea de Konoha.

No tienes remedio, Naruto. Jiraya al fin encontró al muchacho, parecía tenso y sabía que era por algo más que el partido. No se acercó, sino que espero a que terminase la dichosa llamada que para colmo era por cobrar, hacia Konoha.

Naruto estaba ahí, efectivamente delante de una de las casetas telefónicas y sus dedos tamborileaban nerviosos por el auricular. Le había estado tratando de llamar después de que Tenten contestara. Había hecho cuanto podía por procurarse un tiempo después de los entrenamientos y seguía sin encontrarla.

No, no importaba cual fastidioso pudiese ser, se lo diría y había reservado el momento cumbre para la noticia. Una entrada más y ganarían gracias a él, pero para Naruto no había otra cosa más importante que…

— ¡Sakura-chan! —Naruto alzó la voz apenas y la línea permitió la llamada. Oyó su timbre de voz— ¡Sakuraaa! ¡Te he estado buscando! ¡Hay tantas cosas que…! ¡¿Has visto el marcador?! ¡Vamos a ganar!

Había tensión en el eco que invadía el otro lado de la línea. Identificó la voz de Ino y unos murmullos tal vez del televisor a la lejanía.

— Si, lo he visto pero…—se le oía ¿cansada? No, Naruto sabía que ese tono se debía a otro motivo. Lo escuchó antes. Parecía que había estado llorando…o al menos algo asi dejaba entrever en el temblor de las últimas sílabas. No prestó atención—…Naruto, ¿no podrías…?

— ¡Estamos a una carrera de ganar la final! ¡Yo anotaré el último hit! ¡¿Y sabes que?! ¡En cuanto vuelva a Konoha lo primero que haré es ir a verte! ¡Te he echado mucho de menos, dattebayó! ¡Y quiero decirte que…!

— Naruto…tenemos que hablar, no ahora pero…

La tensión se incrementaba en la voz de Sakura, pero Naruto no escuchó. Simplemente estaba demasiado emocionado como para comprender y sus palabras simplemente brotaron, saliendo disparadas como el gas que sale de una soda al ser agitada repetidas veces.

— ¡Volveré y compraré el anillo! ¡Ya lo pensé, Sakura-chan!...¡¿Quieres casarte conmigo?! ¡Te...!

— Naruto, yo…

— ¡TE AMO, SAKURA CHAN! ¡Te amo! ¡Te am..!

—¡Naruto! ¡No!

Y la voz, aquellos últimos vocablos cayeron con el peso atronador de un disparo en medio de un silencio sepulcral.

— Pe…perdón…—el chico rubio exhaló, retomando poco a poco su respiración habitual luego de la euforia interrumpida—…yo, creo que me emocioné. —tomó aire de nuevo—No quería gritar…perdón. Es que no te he visto en mucho tiempo, pero he estado pensando en ti. A todas horas…y…—Naruto hizo otro esfuerzo por no despotricar en otra fastidiosa lluvia de palabras—Te amo, Sakura-chan. ¿Quieres casarte conmigo?

El silencio secundó a la pregunta. Oyó un gemido…o un sollozo. No estaba seguro.

— No…yo…—Sakura, trataba de acomodar las palabras y solidificar la idea como lo había estado tratando de hacer después del diluvio interno de ideas que habían colapsado su mente desde que llegó de la consulta. No podía, simplemente no podía encontrar algún otro acomodo que no fuese mas que la verdad, cruda y sin "arreglos"—No puedo Naruto…no.

—¿Qué?

—Yo…—ella no pudo evitar de nuevo otro suspiro. Apesadumbrado y largo. Hablar y decirlo de una vez, aunque doliera e hiriera por el hecho de aquella propuesta espetada por Naruto—…estoy embarazada…de otro hombre, Naruto…lo siento pero…

—¿ Sa…Sakura?

La línea se perdía a causa de la mala recepción, pero podía escucharla. ¿Ella estaba llorando?

— No quiero hablar de esto por teléfono…Yo no lo planeé. Fue un error pero…Naruto, tenemos que hab….

Él dejó caer la bocina. Su gorra, anteriormente sujeta en su mano izquierda y apretada todo el tiempo entre sus nudillos debido a la euforia, también cayó.

Al igual que todo su ánimo.

—¡Naruto!

Una tensa nube de desconcierto se había cernido sobre Naruto Uzumaki y un brillo transparente comenzó a cubrir sus azules pupilas.

— ¡Naruto! –Quien llamaba era Jiraya y ante la muda respuesta del muchacho, sólo atinó a correr hacia él—¡Muchacho, es tu turno! ¡No tenemos todo el día! —le alcanzó el bate y el chico lo tomó como lo haría un autómata. Caminaba a la par del entrenador y su vista estaba perdida en algún punto muerto—¿Naruto?

Éste sólo asintió. Sus pasos se movían por reflejo y sus dedos asían el bate con la suficiente fuerza como para qué éste no resbalara. La multitud gritaba en cuanto Naruto entró a la cancha, con andar trémulo y lento.

—¡…Y finalmente, la segunda figura mas prometedora que el País del Fuego haya tenido en la última temporada…Uzumaki Naruto…quien toma posición al bate…!—resolló el cronista, totalmente ajeno al clima personal del propio Naruto.

Sus dedos acomodaron el mango, su vista tratando de encontrar algún punto que lo conectase con la realidad. La gente gritaba más y él…simplemente no podía moverse más allá de sostener el bate y percibiendo sus brazos igual de rígidos que la madera.

A metros –kilómetros desde la apabullada perspectiva de Naruto— el pelirrojo jugador de Suna se enzarzaba en su posición de lanzamiento desde el montículo. Sus ojos fríos estaban clavados en el bateador de cabellos rubios, parado allí casi inerte como una estatua.

El barullo se elevó y luego menguó poco a poco. El cronómetro corría. Sabaku No Gaara tenía el brazo en alto y la pauta marcó el delimitante entre el decisivo punto…en un inicio.

Sakura.

Naruto la recordaba y recalcaba el peso de su última frase.

Ella dijo un "no" y ¿era ésa respuesta lo malo? Naruto ya le había oído decir aquello; cuando le fastidiaba, cuando le hartaban sus constantes comentarios, cuando llegaba con horas de retraso a una cita, cuando…

— ¡Strike Uno! –el ampáyer contó el primer tiro perdido y la bola surcó con una ráfaga de aire el lado derecho de Naruto.

Y éste apenas pestañeó.

No era la negativa…era el porqué de la negativa. Dijo que no, porque…

— ¡Strike Dos!

¿Ella estaba saliendo con alguien mas?...No. pero todo este tiempo, sin verle y…¿había dicho que era "un error"? Si, eso dijo. Eso y que…

Abrió los ojos tan ampliamente como pudo y notó que Gaara estaba a punto de arrojar la bola. Dos segundos en los que el mismo Naruto vio como ésta se proyectaba ahora hacia él con la velocidad de un proyectil mortal.

Dijo que…que estaba…

La pelota iba directo al acolchado punto del guante del réferi, como las dos anteriores.

Sakura estaba embarazada…y de…

Sus dedos se aferraron inconscientemente al bate. Lo apretaron tanto que sus nudillos se enrojecieron. Tres segundos preciosos en los que pareció verlo todo en cámara lenta.

Embarazada …de otro hombre.

— ¡DATEBAYÓO!

Apenas y sintió el grito salir de su garganta en el momento en que el bate se impactó, con una ira casi asesina, furiosa y caótica. Y "algo" tronó, en medio de un estruendo monumental.

— ¡Es un hit! ¡Konoha ha anotado un cuadrangular extraordinario! ¡La bola se va…se va…se fue! –aclamaba el cronista, casi desgañitándose las cuerdas vocales— ¡LOS ZORROS DE KONOHA GANAN LA FINAL!

Pero así como el resentimiento había acudido en el momento final, así se había ido de los poros y pensamientos de Naruto Uzumaki. El joven, el apodado "Kyuubi", la estrella del equipo, seguía desplomado de rodillas sobre el cuadril de la base y su mano ahora sostenía un muñón de madera.

El tronido fue producido por el propio bate al romperse con el tremendo golpe hacia la pelota de caucho y al mismo tiempo, en que una imprevista llovizna comenzó a caer.

Sendas gotas comenzaban a impregnar su rostro, difuminando dos lágrimas de arrebato que caían por su mejilla derecha. Y no eran por el juego.

— ¡Ganamos! ¡Jiraya-samaaa! –Rock Lee alzaba los brazos enérgicamente, corriendo en busca del entrenador.—¿Jiraya-sama?

Tanto él como Shikamaru Nara se quedaron congelados mirando al sujeto de cabellera blanca, desplomado detrás de la banca y con el faltante del bate justo sobre la frente.

— ¿Entrenador?

Jiraya alzó una mano, señalando con el dedo índice hacia el techo.

— Sólo…llamen un médico…


CONTINUARÁ...

NOTAS DE LA AUTORA:

Jo...y la cosa cayó. Pobre Naruto, la verdad me siento un poco injusta con esto (véase a Pao chan fumar tranquilamente un habano) pero ni hablar, el destino llega y tarde o temprano arrastra sus consecuencias.

¿Gemelos? Vaya...más mala suerte no le podría tocar a la pobre comadreja. Si, de seguro pensarán que fue un diagnósatico anticipado, pero tomando de referencia los primeros análisis ecosonográficos si era posible, por lo menos por el tipo de aparatos de aquel entonces y segun el período de gestación...bueno, para que me extiendo con los términos médicos (que aun veremos algunos a lo largo de la trama xD). El punto es...ir de mal en peor, en cuestión del pobre Uchiha.

¿A donde ira a parar esto?...jeje...averiguenlo en la próxima entrega.

Como siempre, Pao chan recomienda un review para una vida saludable.

Nos leemos.