El Vuelo de la Cigüeña
Noveno Capitulo
La Furia de Fuego…apagada en un chubasco
Kyuubi: término meramente mitológico que hacía alusión a una temible bestia similar a un zorro de nueve colas y cuya destrucción abarcaba poblados inmensos.
Kyuubi: apodo denominativo adquirido por el llamado jugador estrella del equipo local de Konohagakure. Un mote muy acorde a su intempestiva actuación en el campo de juego; rápido, tenaz y demasiado enérgico…
…y Kyuubi era la mejor característica de Naruto en este preciso momento; poco le faltaba para haber colapsado el resto del pasillo arrojando al propio Itachi como proyectil.
— ¡Naruto! –Ino Yamanaka alzó la voz lo más que podía en medio de las estridentes acusaciones del muchacho rubio— ¡Ya déjalo! ¡NARUTO UZUMAKI!
— ¡Itachi! ¡Naruto! –secundó Sakura.
Como para probar la poca cabalidad que quedaba en su mente, el aludido se había lanzado sobre Itachi y una mano se aprestó a acomodarle un certero puñetazo en el pómulo derecho a Itachi. Un punto a favor de Uzumaki gracias al movimiento preventivo del Uchiha, tratando de poner ambas manos como barrera.
Una estrategia pacifica y que había funcionado, hasta que tropezó con una maceta cerca de la escalera. Y la trifulca se había trasladado al piso inferior. Un Naruto estrujando y pateando a un desorientado Itachi, el cual había caído –rodado "elegantemente", claro, si podía decirse "elegancia" al caer cual costal de patatas- por las escaleras y chocado con una puerta.
Sakura bajó al instante, seguida de Ino quien apremiaba a las mismas llamadas de atención hacia ambos y Tenten, sólo se quedó en silencio mientras sus manos se movían haciéndole muecas mudas de defensa hacia el furioso Naruto, como lo haría cualquier efusivo fanático a las peleas de box.
La respetable señora Chiyo, una modesta ancianita que vivía en uno de los apartamentos de la planta baja y precisamente la que vivía en el módulo cuya puerta fue golpeada por Itachi accidentalmente; salió bien armada de su bastón para caminata y se había sumado al barullo con tal de separar a ambos escandalosos e impropios jovencillos.
— ¡¿Pero qué esta pasando aquí?! –gritó alarmada la anciana, aferrándose a su bastón.
— ¡Naruto! –Ino se aprestó a levantar a Naruto de un brazo y éste continuaba profiriendo toda clase de incoherencias que ni colocándolas juntas podían formar una oración en total—¡Ya levántate! ¡Qué impropio!
— ¡Naruto, ya déjalo! –Sakura también intentó poner un poco de paz, sujetando a Naruto de un codo e interponiéndose entre éste e Itachi— ¡Detente!
— ¡TE VOY A MATAAAR! ¡TEEEMEE!
— ¡LLAMARÉ A LA POLICÍA! –la anciana rompió el porte de miedo que expresaba su rostro, y alzó el bastón, propinándole un buen estoque al histérico rubio, al instante en que este cayó a causa de un empujón cortesía de la agredida comadreja.
— Chiyo obba-sama…cálmese, por favor…—Tenten por fin hizo acto de presencia, bajando las escaleras y quedando delante de la escena del crimen. Trató de poner su mejor cara de "no pasa nada", aun teniendo una gotita de sudor corriendo por su frente a causa de los nervios y la denominada "pena ajena"
Y Naruto, ya de pie, seguía tratando de acertar algún golpe de más hacia el Uchiha. Alzó su llamado "brazo de la suerte" hacia el costado de Itachi cuando éste le detuvo, a punto de darle de recto en el costado derecho.
— ¡¿Quieres callarte de una vez?! ¡Naruto Uzumaki!—la pauta que detuvo todo fue el estridente y último decibel en la represiva de Haruno Sakura. Casi con el eco de un trueno en medio de la nada.
Naruto se quedó helado y sus ojos azules y aun brillosos detuvieron el iracundo contacto con Itachi, volviéndolo a la joven y de nuevo a éste.
Su mano libre estaba entrelazada con la de ella mientras se incorporaba.
— ¿Se puede saber…que demonios traes?...niño. –Itachi había quedado aturdido y no sabía bien cómo reaccionar. Las palabras salieron con torpes jadeos.
Se limpiaba el leve rastro de sangre de su nariz con el dorso de la otra mano. El semblante de Naruto seguía sin presagiar nada bueno. Éste dio un paso al frente.
— ¡¿Cómo te atreves a estar aquí luego de lo que has hecho?! ¡Dattebayó!
— No tengo idea de qué hablas…—Itachi se apresuró a decir, después de todo, ¿Qué podía haber hecho y qué tenía que ver con ése endemoniado tipo que…?
Naruto…¿ése era el amigo de Sakura?
— ¡Tú deshonraste a Sakura-chan…!
— ¿Llamo a la policía? –insistió la anciana en un tercer plano de la escena.
Tenten se encogió de hombros.
— No es necesario, señora. –Suspiró la joven de los chonguitos— Disculpe las molestias…sólo es cuestión de que éstos dos se arreglen como es debido…supongo.
—0—
¿La deshonró? Si…Eso era lo que había pasado, ¿verdad? Entonces, ¿por qué Sakura-chan seguía junto a él? ¿Porqué le ayudó a ponerse en pie? ¡¿Por qué le defendía?! ¡Dattebayó!
Y de pronto todo quedó en un segundo plano; los gritos, las acusaciones y los mil y un improperios que eran gritados a su alrededor…
Sakura…no…ella nunca sería capaz de...
Naruto sacudió la cabeza como espantando esos pensamientos.
¡No! Sakura nunca hubiese permitido semejante barbaridad.
Pero… ¿así eran las cosas?
— Itachi y yo, salimos sólo una noche…hace como dos meses—Sakura intentó apaciguar el temblor de su voz, resultante no del miedo, sino de la incertidumbre con la que reaccionaría el susceptible kyuubi. Aspiró hondo, y soltó el resto— Y, cuando me llamaste, sé que tenía que decírtelo en persona. Si me hubieras dejado explicártelo en vez de gritar como lo haces siempre...
— ¿Él…él te…obligó a…?—interrumpió el chico rubio, sosteniendo con pulso trémulo una taza llena a la mitad de té de manzanilla.
— No, Naruto…—suspiró Sakura, tratando de explicarse por enésima vez. Su mano derecha se afianzaba al contacto del antebrazo de Itachi—…no me obligó a nada. Lo que pasó fue un descuido.
Sin esperar comentario o queja alguna. Naruto volvió a ponerse de pie. Hinata estaba junto a él, en el mismo sofá de la sala al igual que Ino, y de la misma manera que éstas, tenía la atención como un hilo bamboleante, fijo en la joven que estaba al frente, en la mesa del comedor…junto con ése…ése tipo.
— ¿Estuviste saliendo con él? –inquirió Naruto, dudoso pero no al borde de la histeria como hacía una hora— ¿Todo este tiempo?... ¿Y no me dijiste nada?
— ¿Porqué habría de decírtelo todo?—ella resolló. Su voz era seria y el brillo de sus ojos…se veía tan distante— Naruto, siempre has sido sólo mi mejor amigo, y ya. No tenía porque darte explicaciones. Y yo no salía con Itachi entonces, sólo pasó una noche y…
Sus palabras lo trajeron de vuelta y toda la rabia retornó a él en un instante, molesto por este momento de debilidad ante ella. De pronto recordó todo lo pasado, la charla escueta por teléfono…la traición. Naruto abrió los ojos, posando su fiera mirada en la chica y luego en el sujeto de profundas ojeras, ahora con el ojo derecho decorado por un moretón y una gasa en el puente de la nariz. Ése mismo sujeto que lo veía con gesto de incomprensión, lo que no hizo más que azuzar el fuego que aun consumía al chico Uzumaki.
Verlo allí tan tranquilo y aparentemente inocente cuando él había pasado por todo un infierno… y sólo por su culpa. El fuego se avivaba y si no hacía algo, la perdería. La perdería como una hoja arrastrada por el viento. A ella…a su Sakura…
— Sakura…—Naruto sintió su voz fluctuar, muy baja al inicio y luego muy alta. No consiguió el balance, no podía hacer nada mas… salvo sacarlo—…yo te amo…
Congelado. Todo se había congelado para él. La voz pendía en un vacío que se detuvo cuando ella se adelantó. Habló, pero Naruto estaba tan mentalmente obstruido por la urgencia de sus palabras que apenas y le escuchó.
— Naruto, entiéndelo…yo…
—… te amo…
—… he decidido salir con Itachi.
Y entonces llegó aquella tremebunda visión. Ella, la misma Sakura desde un primer plano de su propia perspectiva, acercándose a él…arrancándole el corazón.
"Ya no necesitas esto, Naruto"—expresó ella y seguida de una sombra –la de aquel tipo— que tomó el palpitante órgano entre sus nudosos dedos.
"Yo me ocupo de esta basura…Sakura-chan"—dijo esa voz…esa repugnante voz que…
— ¿Naruto?—Sakura trató de volverlo a la realidad. Y el chico asintió como si fuese un autómata, con la vista aun perdida en algún punto alejado del universo.
— ¿Porqué?
— Lo he decidido. Quiero hacerlo porque…
— ¡¿Por qué ése idiota te embarazó?! ¡¿Por qué te ató a él?! –y la compostura, el desvelo y la distracción desaparecieron de Naruto– ¡¿Por qué te esta obligando?!
Itachi se puso en pie al instante en que el rubio hizo la finta de dirigirse sin miramientos hasta éste. Itachi se levantó aun a pesar de que la rodilla derecha temblaba a causa del tropiezo contra la inocente maceta del pasillo y el pómulo noqueado le seguía punzando.
—…Porque quiere. –Dijo el Uchiha, enfocando el único ojo que podía abrir con totalidad—. Nadie la esta obligando, y yo no voy a dejarla sola.
Naruto no refutó nada más. Podía haberlo hecho; era el gran Naruto Uzumaki, el jugador del año, el record inigualable de quince hits en una temporada. Podía haber agarrado el bate y correr a garrotazos a la mezquina comadreja que había osado con usurpar su lugar. O inclusive molerlo a patadas como una lata vacía. Eso y mas, pero…ahora no podía.
Simplemente no podía.
El gran Naruto Uzumaki, se sentía pequeño. Mísero e insignificante ante lo que dijo ella. Sí, sólo ella. Lo que emergiera del "teme-subdesarrollado" no importaba.
Las miradas según fijas, pero el fuego de la de Naruto se había apagado…como un chubasco. Un incendio agotado en medio de una lluvia torrencial.
— Entiendo.
El chico rubio espetó un suspiro cansado y largo. Se dio la vuelta sin musitar ni un gemido. Totalmente abstraído de dónde se encontraba, miró de reojo el escueto ramillete artificial, traído de la estación y ahora reposante en la mesita junto al sofá.
Intentó alzar la mano hacia él, sus dedos rozaron el envoltorio pero apartó la mano al instante, dejando el cuidado ramillete allí.
Se acercó a la puerta y sus pasos se arrastraban aun cuando salió por completo del edificio. Sakura le contempló en silencio. Tenten salió de la cocina, luego de haber estado mirando atentamente todo aquello como si viese un fragmento de aquellos novelones occidentales y haló a Itachi por un brazo, obligándolo a sentarse y éste lo hizo por reflejo, para luego dejar caer sin la más mínima precaución, el bistec semi congelado sobre el área del golpe.
— Hum, vaya lío…—exhaló Ino, yendo hacia el pasillo, miró a Sakura, sin esperar respuesta de ésta—pero tenía que saberlo tarde o temprano— volvió su atención a la ventana de la sala—Le acompañaré hasta la entrada.
— ¿Crees…que hice lo correcto?—eso fue todo lo que pudo expresar la joven de cabellos rosas, mientras su mente indecisa seguía debatiéndose en lo que había dicho antes.
Ino se encogió de hombros. Hinata se había adelantado, sin siquiera mirarle y Tenten hizo la mueca de decir algo, justo en cuanto ellas desaparecieron del umbral.
— Ino tenía razón, dejar el asunto a después no era una opción—la chica de ojos castaños asintió, y su codo se apoyó en "algo"— Creo que esta de mas explicarte que se adelant+o la entrevista ésa que tenía y llegó antes.
— Ya me di cuenta.
Hmpffhg…
— ¿Cómo lo tomaron en casa? —Tenten ignoró el sonido que provenía de debajo de su codo y emuló una sonrisa mas tranquila, pasando a otro plano de la conversación.
Hmmpfhg…
— La opinión de papá no varió mucho de lo que pensaba —Sakura se encogió de hombros.—…mi madre no estaba.
— Menos mal. Je…supondría que te pegarían una reprimenda como la de aquella vez que casi incendiamos el granero en aquella pijamada, ne, ¿te acuerdas? —ahora no era sólo el codo izquierdo de la joven de peinado de chonguitos el que estaba descansado sobre aquel rostro semi cubierto, sino que también había dejado la taza de té hirviendo y recién servido—…o la vez en que tomaste la camioneta o cuando…
—¡Hmpfgghh!
—¿Qué demo…? ¡Ay, Kami! —Tenten alzó el brazo y la taza al mismo tiempo, encontrándose con el rostro fastidiado de Itachi, ahora con un círculo perfectamente marcado, menos mal, sobre el trozo amorfo de carne cruda, reposante sobre su pómulo lesionado—…¡Perdón! …Ay…¡Perdón, Itachi-kun!
—…mi cuello…
—¡Perdón!...no me acordaba de que estabas allí…
Mientras una ruborizada y apenada Tenten trataba de enderezar el cuello torcido del Uchiha y el vacío consumía el ambiente del pasillo, Sakura continuaba con la mirada distraída, fija en el inerte ramillete artificial de cerezos que había dejado Naruto.
Tenía que decirlo…y la verdad nunca peca, pero la incomodad que siempre expresaba iba más allá de una simple desilusión.
Era lo correcto, al fin de cuentas.
Lo correcto…hice lo correcto, entonces ¿porqué me siento mal?
—0—
¿Por qué, Sakura, porqué?
Naruto caminaba lentamente con la mirada fija en el suelo y arrastrando pesadamente los pies
¿Qué sería ahora de su vida?
Se sentía derrotado, como si el peso de toda una vida de sufrimiento le estuviera cobrando factura y con creces
No tenía que ser así. No debía de ser así.
—Sakura...
Maldición, su primer impulso había sido encontrar a aquel profanador desvergonzado y destrozarle por lo que le había hecho al honor de Sakura, pero, luego de la improvisada y obligada charla, ya no estaba seguro de que sentir, o de si envidiarle su posición al tal Itachi. Vistas las cosas desde otro ángulo no parecían tan buenas, de hecho, no era algo que desease para si mismo.
¿Por qué?
Dolor, un gran dolor le acompañaba y la humillación de sentirse derrotado. Ese sujeto miserable había ganado y, por la mirada que había visto en Sakura, sabía que ya no tenía nada que hacer allí.
Eso era lo que le molestaba…su respuesta…sus palabras…
Y todo se había ido al demonio.
— Naruto-kun –la voz surgió a sus espaldas.
Éste no se volvió hacia ella. Dio una última patada a la pobre y abollada lata a la que venía recriminando como si con eso pudiese aliviar el sumido y abatido latir de su corazón.
Se detuvo, dándole tiempo a la chica de alcanzarle.
— …fue todo…—dijo, dejando su voz salir como un resoplido apabullado.—…todo.
Una mano se posó en su brazo, bajando y deteniéndose en su muñeca.
Naruto tenía la cabeza hacia abajo, contemplando el rodar errático de la lata, hasta desaparecer de su campo visual. Sin pensarlo, sin mirarle, sólo se afianzó al contacto de aquella mano, como lo haría un náufrago con su único remo.
Finalmente se giró, enfocando su vista en Ino Yamanaka…y Hinata Hyuuga, quien le sostenía con pulso inseguro de la mano. La rubia correspondió la mirada, son una expresión de súbita congoja.
— Fue nuestra culpa, debimos decírtelo antes—explicó parsimoniosamente—…aunque lo lógico era que lo escuchases por parte de Sakura. –Ino se cruzó de brazos, bajando la vista por un momento y volviendo a fijarla en Naruto—…lo siento, Naruto.
— Esta…bien—el muchacho interrumpió su meditabundo silencio—…pero no quiero hablar de eso, Ino-chan.
En parte se sentía aliviado, con esto se cerraba un capítulo muy doloroso en su vida y, aunque no se sentía muy satisfecho con el resultado, sabía que ya no podía hacer nada al respecto. Había perdido y tenía que aceptarlo.
Si tan solo fuera fácil asimilarlo...
Pero la vida es así, el tiempo de los juegos y persecuciones había terminado y Sakura no podría ya ser más que una amiga.
— ¿Acaso alguna vez pudo ser algo más?—dijo, irrumpiendo el silencio formado en la calle.
Esa pregunta había rondado su mente miles de veces desde que se había reencontrado con ella, con una respuesta siempre incierta. Durante años se había dicho a si mismo que 'si', que podría hacer que Sakura se enamorase de él, que sería su pareja ideal y que vivirían felices por siempre. Ahora no había caso responder a esa pregunta pues sea cual fuese la respuesta de nada valdría.
Nadie respondió. Ni Ino…ni Hinata.
Le había perdido, simplemente era así. Nada de lo que hiciera podía cambiar los hechos, nada de lo que hiciera podía cambiar el hecho de que Sakura estaba embarazada y que ése odioso hombre era el padre…y con el cual quería estar.
Uzumaki a la banca. Adiós a sus sueños con ella, adiós a las ilusiones de ser su esposo, adiós a las fantasías que había sostenido por el transcurso de los últimos años. Adiós a la idea de comprarle el anillo que había visto en esa carísima tienda de la plaza central de Konoha.
— Naruto…
Su mano apremió al mismo contacto. A Naruto le costaba mantenerse con la mirada distante, finalmente fijó sus vidriosos ojos en la chica de ojos perlados y luego en la rubia y sonrió tontamente
— Gracias…
Las palabras salieron entrecortadas y rasposas. No había sido un tono monótono y formal, ni uno amistoso…sólo un muy intimo "gracias".
Ino suspiró, pero luego se recompuso.
—Lo que sea, de nada, baka—resolló la rubia.
Hinata asintió, con aquel tenue sonrojo asomándose por sus mejillas. El contacto visual seguía firme.
— ¿Naruto-kun?
— Gracias...
—0—
Las luces del barrio central estaban ya apagadas, a excepción de las del alumbrado público y el resplandor de las estrellas y la luna eran la única compañía para Itachi Uchiha que se encontraba de pie, frente al umbral del complejo de apartamentos.
Silencioso y cavilando. Había querido volver e ir a hablar con Sakura y de ser necesario disculparse, pero ¿qué había de redimirle? No era su culpa de que el enfurecido muchacho -y que resultaba ser nada mas y nada menos que el laureado jugador de Konoha-, le hubiese saltado encima como una fiera embravecida.
Volver…claro, fastidia más de lo que ya lo has hecho, se dijo mentalmente. Ahora no se sentía con fuerzas para hacerlo. En realidad estaba más que agotado, sentía como si el peso del mundo hubiera caído sobre sus hombros y no era para menos.
Una culpa que iba más allá de la estupidez de aquella noche. Era el lío y la barrera que había franqueado en el mundo de Sakura, lo que había suscitado con aquel pobre chico que no tenía ni una carta en el juego del destino forjado por ambos. Eso era un caos y añadiendo el hecho de que sin desearlo ni planearlo, también había inmiscuido a dos inocentes vidas más al ruedo.
A pesar de que casi llegaba a la barrera de los treinta y su vida era un hastiado infierno existencial, jamás había considerado la posibilidad de convertirse en padre... No propiamente pensarlo como tal; si llegó a pensarlo, pero con un itinerario saturado en la rutina de trabajo-casa-trabajo, sus posibilidades de vida íntima o conyugal quedaron en el tercer plano, junto con el área de descanso y sueño.
Maldita sea...
Elevó la vista al cielo. Estar solo era bueno, en soledad podía ser él mismo, sin necesidad de aparentar ser la fatídica imagen de hermano mayor o el repuesto de cordura que tanto exigían en Akatsuki. Y sin embargo...esta vez la había hecho buena y no sabía que hacer.
Finalmente entró en el apartamento, silencioso afortunadamente.
No era la primera vez que lo pensaba –y sobraba con las estruendosas acusaciones de Tobi, Deidara y Hidan- y aun así se estremeció y se dio cuenta que el pensamiento no le desagradaba y aún así le aterrorizaba. Aun en las burlas laborales y en los escasos comentarios que pudiesen tomarse como serios, había oído repetidas veces la palabra 'responsabilidad'.
Responsabilidad. Bien, había pasado casi su primer año viviendo por su cuenta y aun no había acabado en la cárcel o en un albergue o acusado de faltas a la moral ni nada parecido. El edificio seguía intacto pese a tener al "lastre" de su hermano.
Una familia es distinto…¿Acaso puedo ser responsable?
A su mente acudió la imagen de su padre y se dejó caer de espaldas en el mullido sofá, con la vista fija en el techo.
¿Qué clase de padre voy a ser...?
Y así fue como le encontró Sasuke. Obviamente la atención no deparó en la silueta desfalleciente sobre el sofá, sino en la curiosa marca que adornaba el lado izquierdo del rostro de Itachi.
— Bonita mancha.—dijo, ahogando un bostezo.
El Uchiha mayor ni se inmutó ante su presencia, siguió perdido en su propio mundo. Sasuke pasó de largo hacia el grifo del agua, se sirvió un vaso, sin prestar atención al breve desborde y volvió a la sala. Itachi seguía allí, tan tieso como una estatua y tan distante que ni siquiera le había recriminado el hecho de dejar la luz de la cocina encendida.
Hermano mayor, verdugo o torturador personal; daba lo mismo. De cualquier manera, él ya no era el chiquillo de cinco años al que podía encerrar en el armario y dejar allí hasta que se le diese la gana. Sin embargo la barrera jerárquica fraternal siempre estaría presente…y ahora había algo que a Sasuke simplemente le pareció totalmente ajeno al habitual Itachi.
— ¿Te asaltaron? – Sasuke inquirió desenfadadamente y con la boca medio llena de un bocado de la bolsa de frituras sobre la mesa.
—…No tienes tanta suerte.
Itachi ladeó la cabeza y fijó su vista en Sasuke y al chico se le desvaneció todo intento de burla. No le había visto esa mirada a Itachi desde la última discusión en casa, y de eso hacía más de un año.
— Hmp…por la mierda ésa –resolló Sasuke señalando el hinchado moretón de su hermano—…cualquiera diría que ni siquiera puedes defenderte…nii-san.—finalizó pronunciando el término con un dejo de sorna.
Itachi volvió a fijar su vista en el techo.
—…hum…fue una linda bienvenida de parte de tu amigo. —Suspiró—…Naruto.
— ¿Qué tiene que ver Naruto con…?
— Sakura –Itachi cerró los ojos.
La mirada de Sasuke se volvió glacial. Un silencio demasiado culposo por parte de Itachi.
—…lo de esa noche –enunció el mayor, su voz sonaba fatigada, perdida.—…accidente o no, ya no hay marcha atrás. Tendré familia con ella.
Sasuke lo miró en silencio, por varios segundos, luego dejó escapar una leve sonrisa.
— Idiota.
Itachi gruñó y Sasuke pudo ver un leve brillo en sus ojos.
— Por lo menos tengo empleo
— Da lo mismo…con una carga encima.
— ¿Aparte de ti, hermanito?
Los dos se miraron fieramente, retadoramente durante varios momentos, pero luego algo en Itachi se apagó y desvió la mirada.
— ¿Me ves como padre?
Pregunta hecha al azahar o no. Sasuke sólo soltó una risilla disimulada.
— Pues como hermano mayor eres una mierda.
— Hmp…si. Debí haberte echado hace un mes.
Se hizo un silencio abrupto. Pena o no, desfalleciente comentario o simple suspiro que parecía mas proveniente de un desahuciado que de su hermano mayor; el momento era demasiado delicioso como para dejarlo pasar. Aquella fugaz sonrisa maliciosa no desapareció de los labios del Uchiha menor.
— Ahora si la has hecho. Apuesto a que papá te fusilará en cuanto se entere.
Bien pudo haberle arrojado la lámpara de mesa, el vaso medio lleno sobre ésta o un zapato. Total, un pequeño desquite no venía a mal, pero Itachi simplemente se quedó allí, sin decir o mirarle. Sólo atinó a dejar caer la nuca sobre el respaldo del mueble.
Exhalando profundamente.
—….Carajo…no lo saben.
Y la media sonrisa del menor se ladeó hasta parecer una mueca de soberbia felicidad que de seguro envidiaría uno de los más temidos psicópatas de las películas clasificación B.
—0—
Kouji Haruno seguía con la mirada perdida en el exterior de la ventana, mientras la noche caía a plomo sobre la recién cosechada parcela familiar.
Suspiró con aire ausente, sintiendo aquella misma extrañeza que acostumbraba aflorar en su mente cada verano, cuando el clima y la tierra siempre brindaban los mejores cultivos de la estación, dejando el campo que había heredado por generaciones, completamente vasto y rebosante de una cosecha de la cual siempre se sentía orgulloso…hasta que las malditas comadrejas venían a mancillar mas de media hectárea de ésta.
Y ahí estaba el sentimiento, aunque el mismo Kouji no se sintiese tan óptimo en admitirlo. Ése pequeño encono que surgía cada vez que se percataba de que el fruto de su esfuerzo terminaba en garras de las odiosas plagas que como buen hortelano debía mantener a raya.
¿Y qué tenía que ver esto con la llamada de su pequeña y única hija?...ah, claro. La buena noticia y que desde su perspectiva de cabeza de familia y hombre de campo, era tan aceptable como las primeras lluvias de abril. Si, no había nada de malo, después de todo ¿no era ése el ciclo de la vida? Crecer y multiplicaos…
…pero con un hombre de bien y que le asegurase la estabilidad de un compromiso…¡no uno de esos peleles citadinos!, recriminó aquella vocecilla interna, que usualmente alegaba en factores ciertos.
Claro, ahora sería abuelo, aunque el respectivo culpable fuese uno de esos tipejos de ciudad que parecían hacer mofa del porte educado del que seguramente carecían todos los pueblerinos. Y de colmo con aquel nombre tan…bizarro.
Comadreja.
Itachi.
Ahí estaba el mal augurio. Bueno, un Haruno siempre estaba prevenido para todo y la confianza de esto se respaldaba en el espacio sobre la chimenea, casi tapizado en su totalidad por más de media docena de pieles de aquellos roñosos animales. Y el imponente rifle familiar se alzaba en medio, como un escudo de armas.
Ya vería que hacer, pero por si acaso, el rifle nunca fallaba…aunque fuese para pegarle uno de esos sustos, como lo hacía con los depredadores. Y con esta idea, no se percató de la entrecortada carcajada hasta que Hanako abrió el portón y entró, dejando caer una pesada bolsa de víveres sobre la mesa del comedor.
—¿Y ahora a ti que te pasa? –preguntó notando la sonrisa de oreja a oreja en el rostro de su marido.
Koiji no apartó el gesto de su rostro.
—Sakura-chan llamó.
—¿Qué? …oh, Kami, y yo acá en la junta del distrito…¿cómo esta? ¿Finalmente se ha acordado que tiene familia y vendrá a visitarnos?, desde que se fue para allá parece que no le importamos…¡ya era hora de que…!
—Mujer, siéntate.
Hanako no entendió.
—¿Porqué?
—Tu siéntate –indicó Kouiji.
—¿Por qu…? ¡No me digas que le pasó algo! ¡Ay, no! De seguro fue ese trabajo. Le dije que eso de la medicina no es para mujeres, ¿Cuándo demonios entenderá que..?
—Vamos a ser abuelos.
Y el pulso de Hanako Haruno casi se detiene por completo.
—¡¿Quéeee?!
NOTAS DE LA AUTORA:
Bien, espero que no haya quedado demasiado "apresurado". Como muchos saben. el original se me borró (maldigo a Word y todos sus implementos!!-/w\-)y pues debí improvisar.
Si, la familia de SAkura son una horda de campesinos...y vaya que habrá mucho que decir al respecto. Por un lado esta la gente de pueblo (los Haruno) y...¿que hay de los Uchiha? Jaja, ahi se viene lo mejor de la trama. Y vaya conversación la de los hermanitos teme...
Aun resta...un largo camino por recorrer (y ese es el nombre del cap venidero)
REcuerden, un fic con reviews es un fic feliz, y un fic feliz hace a una autora feliz. Vamos, como regalo de bodas por parte de mi amado público lector, no pido nada mas que un bien entendido comentario.
Cuidense y nos leemos la semana entrante. Ja ne.
