El Vuelo de la Cigüeña

Décimo Capitulo

Un largo camino por recorrer

— Ne, Sakura-chan…—llamó Ino desde la sala.

Sakura no le respondió. Su mente y lo poco que restaba de concentración matutina seguían distantes de allí.

Hacer o no lo correcto.

Una semana había pasado desde entonces, el dilema flotaba en su mente y sabía que no se apartaría tan fácilmente. La sutil promesa de que el tiempo siempre curaba todo era algo que no quería siquiera considerar. Y era precisamente el tiempo lo que le recordaba su obvia vulnerabilidad, ya no con los achaques físicos…sino con aquella sección de su fisionomía en la cual Sakura tenía enfocada su atención.

De pie frente a la cómoda desorganizada que tenía y con el empañado espejo que pendía de la pared, la joven de cabellos rosa contemplaba el espacio de seis centímetros de piel que se interponía en el camino del broche del pantalón.

Una tenue elevación en el vientre, justamente bajo el área del ombligo y que a simple vista podía pasar inadvertida, y sin embargo, para recién haber cumplido el tercer mes, sentía que era demasiado exagerado.

Las nauseas ahora sólo se le presentaban en la mañana y su apetito había aumentado considerablemente. Estaba ya casi a mitad del tercer mes de embarazo y tal y como le había predicho la obstetra y anteriormente su maestra Shizune, estaba aumentando de peso.

Suspiró hastiada, despojándose de la prenda y dejándola sobre la cama, junto con los otros cinco pantalones que habían corrido con la misma suerte. Se sentó en el borde de ésta, con ambas manos apoyadas en su mentón. Se quedó allí aun cuando Ino entreabrió la puerta.

— Eh, "frentuda"…—Ino detuvo lo que podía tomarse como uno de sus acostumbradas y "propias" burlas—…¿Aun no estas lista?, pero si llevas toda la mañana aquí.

Sakura se encogió de hombros y le dirigió una sonrisa de complicidad.

— …en cuanto encuentre algo que sí me quede.

— Bueno, llevas dos a bordo ¿qué esperabas? –resolvió la rubia pasando la mirada rápidamente en el tumulto de prendas sobre la cama. Sin esperar contestación de su amiga, abrió una de las gavetas del armario, hurgando en el interior— Deberías de comprar aunque sea un par de blusas o pantalones que…

— ¿No crees que es demasiado pronto como para que se note? –Sakura irrumpió el comentario, irguiéndose y quedando de nuevo su atención deparada en el reflejo del espejo de pared—…digo, apenas son tres meses y sé que es normal pero…

— Bah, te mortificas más que una solterona –se mofó Ino. Mientras desdoblaba una prenda, contempló de reojo a Sakura, de pie y escrutando minuciosamente su figura de perfil, de frente y la caída de la blusa halter color rojo.— Toma y date prisa. ¿No debería haber llegado ya el susodicho?

Dejó sobre el altero de pantalones, una discreta y presentable falda corte de tres cuartos y que venía a juego con la blusa. Sakura se limitó a tomar la pregunta como una mera duda a fin de iniciar algún otro término de la conversación y terminó de vestirse.

— A las doce. –dijo finalmente y ante el expectante silencio de Ino.—ésa es su hora que sale del trabajo.

La rubia miró de reojo su reloj de pulsera.

— Doce quince…vaya que es puntual.

La joven Haruno eludió la mirada.

— Debe de haber mucho tráfico a esta hora.

o al menos eso espero.

0—

Veinte minutos para las doce era el tiempo perfecto para terminar de engomar y enumerar el último block de facturas. Y lo hizo, aun dejando cinco minutos de ventaja para terminar lo poco que quedaba de su café servido desde las ocho.

Consiguió entregar los bocetos faltantes al quejumbroso de Deidara y salir ileso del cubículo de proyectos de Sasori. Todo bien…hasta hacía medio minuto, cuando el rostro extrañamente alterado de Konan se asomó por la puerta entreabierta del despacho.

— Uchiha-san…te..—las suaves facciones de aquella mujer de quizás un par de años de ventaja sobre él, le dirigieron una expresión seca en un inicio y luego extrañada al notar que éste tomaba su chaqueta del perchero—…aun faltan quince minutos para la hora de salida.

Itachi asintió con la cabeza.

— Dejé el trabajo adelantado –explicó—Los remanentes con Hoshigaki y del resto se encargan Deidara y Sasori.

— Te buscan –completó ella, señalando con la cabeza hacia el teléfono de disco sobre su pulcro escritorio.

Con una mecánica digna de un autómata. Itachi se dirigió al aparato y tomó el auricular. Levemente extrañado al principio; la idea de una llamada de improviso podía recaer en dos cosas: problemas…o problemas. Podría tratarse de Sakura, o de algún cliente molesto que quisiese ajustar cuentas enteramente con el responsable de los impresos o quizá Sasuke al fin terminó derrumbando el techo del apartamento o…

— ¿Itachi?...¡Ita-chan! –la voz de su madre, en un tono más propicio de una tragedia que de una llamada improvisada, le hizo sentir más tenso de lo que estaba.

El tono no era el acostumbrado y notorio sentido de preocupación maternal. Dos decibeles más y podía equipararse con un nivel de histeria.

— Madre…buenos días. ¿Ocurre alg…?

— ¡¿Cómo pudiste?! –y ahí estaba, si no comenzó la frase con un grito buen pudo recurrir a su tan sutil acento de alarma.– ¡¿Qué has hecho, Ita-chan?! ¡¿Por qué no nos lo dijiste…?!

La sarta de acusaciones inquisitorias quedó suspendida en el aliento congelado del Uchiha.

Éste le había escuchado así sólo dos veces en su vida; cuando tenía siete años y a causa de una de tantas riñas fraternales enfrascadas en el "es-mío-no-tuyo" terminó empujando por accidente a un emberrinchado Sasuke de dos años por las escaleras, y cuando nuevamente gracias a su "adorado" hermanito, la legendaria vajilla familiar pasó a ser parte del contenido del cesto de basura.

El mismo decibel, el mismo alargamiento de las vocales; sólo significaban una cosa e Itachi, con la prisa del trabajo y la mente debatiéndose en varias rectas a la vez, tardó en descifrarlo.

— ¿Qué…?

No, aunque lo hubiese deseado mas de una vez, no había arrojado a Sasuke por las escaleras ni había roto siquiera una taza. ¿Qué era lo que había hecho mal? Aguantaba la carga familiar, la carga laboral, pagaba la renta por lo menos dentro del límite de la decencia estipulada en el contrato y…

…y había embarazado a una chica.

Bingo. La pieza embonó perfectamente allí.

— ¡¿Por qué no lo dijiste, Ita-chan?! –y la repetida pregunta de su madre lo volvió a la realidad.

Itachi tragó duro y adivinando mentalmente la continuación de aquella letanía de mortificaciones sólo pudo exhalar una escueta y cierta frase.

— Llamé la semana pasada…nadie contestó.

— Tu padre tuvo mucho trabajo, la línea estaba ocupada y eso no es pretexto, Uchiha Itachi. Quiero saber la verdad…¿Qué hiciste, hijo?

¿Qué hizo ahora? La pregunta debería ser "¿Había hecho algo reprochable?" y aun así le parecía fuera de lugar, una acusación con esas textuales palabras era siempre para su irreverente hermano y no para él.

— Yo…—dudó una fracción de segundo. Carraspeó y se aclaró la garganta, tratando de retomar el hilo de la frase que casi moría en un torbellino mental—…estuve… –error, tiempo pasado no, sino presente— estoy saliendo con una chica, y…

— Eso lo sé…¡¿Cómo pudiste deshonrar el apellido de la familia de ése modo?!

Pero el tono de la afable matriarca Uchiha distaba de la amabilidad que siempre le caracterizaba, al menos en este momento. Y aunque Itachi tenía encima la mirada de Konan y de dos diletantes más –podía sentir el peso de más de un par de ojos sobre él- éste seguía sin atinar enteramente al porqué de la intempestiva llamada.

El asunto de su estrenada paternidad…¿ése era el motivo, no? Sin embargo había algo que no cuadraba. La noticia no venía a menos e Itachi lo sabía, y era comprensible que semejante asunto no se pasase desapercibido. En cierto punto hasta le sorprendió que su padre no fuese quien encabezase la inquisitoria letanía, y tratándose de ser Itachi el acusado, eso era tan irregular y raro como un rayo de sol en medio de un cielo apabullado de nubes. Si Fugaku Uchiha no era quien estaba a punto de empujarlo a la hoguera -vía telefónica, claro- y relegando tal tarea a su esposa, significaba que…

…se había descubierto todo, y de mala manera. Brillante, tal vez ahora si se cumplieron los sueños de su padre por visitar el área de terapia intensiva del hospital General de Konoha.

Bien hecho, Itachi.

— ¡¿Cómo pudiste ocultarnos algo así, Itachi?! –seco y certero sonó el comentario, más parecido a una acusación que otra cosa—¿Esa mujer te esta obligando? ¿Realmente ese hijo es tuyo? ¿Por qué no dijiste que tenías novia? ¿Quién es ella…q..?

Mikoto pudo seguir hablando una hora más, pero la atención de su primogénito había ido a parar hacia el cable telefónico, contemplándolo con el ceño fruncido y sosteniendo el auricular a una distancia de diez centímetros de su oreja derecha.

Bien, es cierto que a una madre nunca se le podía esconder ni un plato roto, y literalmente el hecho ya estaba comprobado. Ya fuese una vajilla aniquilada, un hermano en el suelo al pie de las escaleras o la rutilante novedad de una familia en camino…nada quedaba oculto a la siempre atenta mirada de Mikoto Uchiha, pero esto ya era demasiado. Con una distancia de casi media Konoha y una temporada de más de cinco meses sin verles, la posibilidad de que se enterasen del hecho por mera cuenta era prácticamente imposible.

¿Cómo demonios lo supo?

Itachi no había llamado desde la semana pasada, no tenía teléfono en casa y la única línea de contacto era la caseta a tres cuadras abajo.

Y si él mismo no dijo nada…

— ¿Quién…?

— Sasu-chan llamó hoy en la mañana. –Irrumpió su madre, con un tono mas calmado pero no menos severo— A tu padre casi le da un infarto, sabes lo mal que le caen estas noticias.

Y apareció el gato en la bolsa…o en el sentido personal de Itachi; el buen Sasuke, como siempre.

Ese pedazo de idiota…

— Lo siento, no he tenido tiempo como para explicarles…

— ¿Quién es esa chica? –Reiteró Mikoto— Sasuke dijo que se trataba de una compañera suya de la preparatoria…no te habrás metido en un lío ilegal, ¿o sí?...—se oyó una pausa proveniente de la sala, para luego retomar la conversación—…Si es así, podríamos pedir asesoría a Aburame-san para…

— Madre, todo esta bien…

— ¡Voy a ser abuela y no me lo dijiste! ¡¿Itachi Uchiha, cómo pudiste ocu…?!

Itachi se quedó callado repentinamente, con el peso del envolvente silencio a su alrededor. Y para variar o aumentar el desasosiego de su "tranquila" mañana, el indicio de las miradas a sus espaldas aumentó. Percibió con el rabillo del ojo la severa sombra de Pein, junto a Konan y delante de un silencioso pero burlesco Deidara y Tobi, quien pasaba por allí, sólo se le quedó contemplando con una expresión boba en su rostro semi cubierto por la gorra. Hidan masculló algo entre dientes, siendo silenciado por un codazo de parte de Sasori.

Lindo espectáculo…

— Llamaré en la tarde, debo colgar—suspiró el Uchiha, volviendo su atención al aparato y bajando la voz a un ritmo casi inaudible— Hasta luego.

La respuesta o reclamo no apareció en la voz de su madre, sólo un calmo pero inexpresivo "esta bien." y ya. Itachi dejó la bocina acomodada debidamente, apenas se dio la vuelta cuando le encontraron las férreas facciones de aquel sujeto de cabello rojizo anaranjado y cuidado traje sastre.

Indignado no era un sustantivo acercado para la expresión de Pein en ese momento. No, era algo que aterradoramente iba más allá.

—Uchiha-san –enunció, siguiendo con ambas manos en el interior de los bolsillos de su saco— Esta no es una cabina de larga distancia, espero que recuerde que el teléfono no es de cuenta personal.

Mantener un perfil bajo era la alternativa más certera, e Itachi apremió a esto. No por miedo –vaya que conocía las escrupulosas y directas frases del pelirrojo jefe- sino porque acarrearse otro despido innecesario de dos días no era precisamente un panorama de su agrado.

— Era una llamada de emergencia. –La mirada de Itachi no decayó. Aspiró hondamente y se apresto a pasar por un lado de Pein— Ya pasan de las doce, mi turno terminó. Con permiso.

El reloj digital junto al teléfono marcaba una hora que él no quería ni ver y su mano buscaba torpemente las llaves del auto en el interior del bolsillo de su chaqueta. Apenas asió el arillo de éstas, cuando la profunda voz de Pein, en un ahogado murmullo le detuvo.

— Uchiha-san

— ¿Que?

— Las facturas están mal –dijo Pein tan solemnemente como lo haría un verdugo al pronunciar la sentencia.

— Esta mal el número, unh…y el color. El tipo no se las quiso llevar así… –Deidara intervino. La sala estaba casi sola a excepción del acorralado Itachi, Pein y el rubio sujeto a cargo de los proyectos impresos, mirándole con aire ufano y estando de brazos cruzados. —¡Ni siquiera las pagó!

Itachi se quedó silencioso, con los puños apretados y el labio inferior temblando mientras Deidara le increpaba. Las palabras carecían de sentido ya y finalmente Itachi se dignó a mirar su reloj de pulso.

Una de la tarde en punto. En sábado y por ende la hora de salida ya había sobrepasado más de treinta minutos.

Adiós a la cita para comer, y la idea de masacrar a su impertinente hermano también constató como parte del pasado. Todo por un insignificante medio millar de facturas mal notariadas. Un error suyo, si…¡pero era sábado! ¿No podían relegarlo de una bendita vez hasta el lunes? El tipo no iba a volver y las facturas no iban a terminarse por arte de magia en hora y media.

Y Deidara no se callaba.

— Eh, ¿me estás oyendo, Uchiha?

Itachi sólo asintió por reflejo, pero su atención deparó en el desgarbado sujeto de gorra naranja.

Tobi.

Y tiempos desesperados exigían medidas desesperadas.

0—

"Empleo de medio tiempo…servicio postal…dos horas."

Aburrido.

"Asistente de taller. Turno completo. Lunes a sábado."

Hmp…Son muchas horas.

"Guardia de Seguridad, prestaciones de ley, disponibilidad de horario para rolar turnos."

Que fastidio, no voy a pasarme más de ocho horas cada vez que se les pegue la gana…

—Hmph, como sea –espetó Sasuke ahora dejando en voz leve sus pensamientos.—Ni que tuviera tanta prisa.

Enrolló el raído periódico y lo dejó caer sobre la mesita de centro de la sala, ahora atascada de cinco latas de soda, dos de cerveza, un montículo de cenizas y colillas de cigarro barato y la caja entreabierta de la pizza ordenada del día anterior.

El televisor mantenía un volumen medio pero él no prestaba atención a las imágenes ni al sonido. Simplemente seguía allí, en el mismo sofá y con la misma rutina que había seguido desde los últimos dos meses. ¿Preocupado?

¿Para qué? No era su culpa que la mayoría de los trabajos solicitados tuviesen más confianza en los llamados egresados de la universidad que en un estudiante "por correo".

Burócratas, simples y corruptos burócratas a fin de cuentas. Y a él le daba igual. Lo único que tenía seguro y decidido era que no terminaría de empleado de más de doce horas como el demacrado de su hermano o el hipocondríaco de su padre; por eso desistió de la condena de encerrarse tras los agobiantes muros de una escuela.

Con la secundaria fue más que suficiente. Y Sasuke era aun demasiado joven como para encadenarse a una carrera que sabía que tarde o temprano le abrumaría. ¡Que estudiasen los que no tenían vida.!

Sasuke Uchiha no era así. ¿Porqué darle gusto a otros si él no sería ni un ápice feliz consigo mismo? Y después de todo, el que debería de haberle dado gusto a la familia era Itachi. Oh si, el prodigio de la familia, la prioridad de su padre…y el idiota que había hecho la peor estupidez de su vida. Bueno, ése no era su problema.

Itachi que hiciese de su vida lo que le viniese en gana. Sasuke sólo disfrutaría del evento como un espectador desde la primera fila sin preocuparse de nada en absoluto salvo de un pequeño e insignificante detalle; el dinero se le estaba yendo de las manos.

…y había perdido el doble de lo poco que consiguió de la austera arca familiar en una pésima partida de cartas. Malamente constató que Juugo, de idiota sólo tenía la cara y Suigetsu…Bah, daba igual lo poco que ayudaba. Quince ryo y sus estúpidos intentos de falsificar valían lo mismo. Al menos tenía algo de respaldo monetario con Karin y lo poco que podía conseguir de ésta, siempre y cuando el negocio improvisado marchase como Kamisama permitiese.

Y tratándose de que los eventuales trabajos de oficinista de la joven no distaban mas allá de dos o tres horas, no podía exigirse una paga ni medianamente decente. Poco o nada, aprovechar la oportunidad no era una opción nada rechazable. Era cómodo quedarse a expensas de los demás. ¿Para qué invertir esfuerzo y sudor si se podía guarecer bajo el techo de otro? Y si se trataba de su hermano mayor, ¿no podía echarle así nada más, verdad?

Por si las dudas, poner al tanto a la chequera de emergencia…mejor dicho familia, no estaba de más. Y de paso pedir un par de ryo para el sustento de la semana.

El "perfecto genio" metió la pata, recordó mientras abría una tercera lata de cerveza. Tamborileó los dedos sobre el envase. ¿Quién lo diría? El perfecto Itachi…padre por error. Vaya idiota.

Queriendo o no, esto también podía afectarle. Valiendo un bledo el hecho de que la chica afectada fuese su ex compañera de escuela, la llegada de un estorbo más a la casa sería sinónimo de tres cosas: menos comida, menos dinero…y menos espacio. Y si había menos espacio, lo lógico de la ecuación implicaba a echarle a él y a Karin.

Necesitaba dinero. No empleo.

Dinero.

Pero el maldito papel moneda sólo se conseguía de un modo: trabajando.

— Itachi imbécil…—enunció, dando el último sorbo de licor. Sonrió de medio lado, recordando la breve conversación de la mañana.

Si los altos mandos Uchiha cumplían su cometido y mandaban a su hermano a la horca, a él como sobreviviente no le esperaba algo mucho más optimista.

"¿Aun sigues con esa…joven?" fue la interrogante tan sutil de su madre en la llamada de la mañana y conservaba en pie su hipótesis personal; Itachi pagaría y en consecuencia o efecto dominó…Sasuke tampoco saldría tan bien librado.

Veinticuatro años, soltero, con novia "impropia" –según el reluctante término de su madre- y sin empleo aun. Tal y como estaba hacía cuatro meses, cuando desistió de las quejas de su padre y atinó a venir y asobronarse un tiempo en el recién alquilado apartamento de su hermano mayor.

Y ahora también parecía que la cosa se tambalearía allí. Quizá era momento de mover un poco los engranes. Y necesitaba el dinero.

Volvió a tomar el arrugado papel, repasando los recuadros vagamente redondeados con un lápiz.

lo que sea mientras no fuesen menos de seis horas ni más de ocho.

0—

Cayó la una de la tarde y con quince minutos. No le apuraba el ritmo relámpago del tiempo, sino el motivo de la demora. No solía ser quisquillosa en aspectos de puntualidad, pero había admitido que comenzaba a sentirse levemente preocupada.

Hasta que la puerta de la entrada del consultorio se abrió. Tanto Sakura como Ino e inclusive Hinata miraron al unísono a la sombra emergente detrás del umbral. La joven de cabellera rosa atinó a una sonrisa que ocultaba la emergente mortificación…y tan pronto sus labios comenzaron a curvearse en el intento optimista, éste se desvaneció en cuestión de segundos.

— ¡Saaakura-chaaaan! –enunció a voz en grito aquella "sombra", rompiendo todo el encanto del momento como quien arroja un espejo al suelo.

Y de todas las alternativas que había considerado mentalmente, ésta era la menos acertada. Pudo esperar una llamada por parte de Itachi, diciendo que llegaría tarde, pudo quizás hacerse a la idea de que sería ella quien llamase si él no podía, pero haber visto el efusivo rostro de aquel "chico", agitando efusivamente el brazo sano –el otro seguía pendiendo del cabestrillo, ahora decorado de garabatos probablemente hechos por él mismo- y gritando una y otra vez su nombre hizo que simplemente todo se fuera directo al olvido.

— Tobi…—suspiró ella, y toda idea enteramente positivista se desvaneció— ¿Qué haces aquí?

El aludido se quedó quieto repentinamente, sin apartar aquella mueca estúpidamente alegre en su rostro. Tal vez lo único bueno era que parecía que no eran malas noticias…¿o realmente el tal Tobi había quedado tan descerebrado después del dichoso accidente que ya ni diferenciaba lo bueno de lo malo?

— Ne, Itachi-sempai esta encadenado al trabajo…una hora mas. –dijo éste, siguiendo estando tan inmóvil como la puerta. La sonrisa se amplió— Y envió a Tobi…—su atención deparó en el exterior, como si alguien le hubiese llamado y en menos de un segundo, retomó la conversación—…ne, Itachi-sempai no quería que Tobi se llevase el auto, así que caminaremos hasta allá. No esta lejos, Tobi va y viene todo el tiempo.

Como quien mira una mancha amorfa en la pared, así se le quedaron viendo no sólo Sakura sino las otras tres chicas. La Haruno exhaló una afirmación superficial, y volvió a la "realidad" solo para acallar el comentario de Ino.

— Linda familia…—murmuró la rubia ahogando una risa.—…y si así van los genes…

— Cállate –Sakura pasó detrás de esta, tomando su suéter del respaldo de la silla.

Y Tobi ni siquiera se dio por enterado del comentario. Ni de ése ni de las mustias risillas de Tenten en cuanto salieron hacia la acera de enfrente.

Ah, que buen cambio de aire. Nada como una caminata por medio Konoha durante una nublada tarde de noviembre. Si, y habría sido buena idea…si no hubiesen tenido que dar un rodeo extra por el barrio central, tomar la ruta alterna hacia los suburbios y subir de nuevo un par de calles hacia la avenida treinta. Lo único que podía agradecer era que el "experimentado" guía había dejado de hacer comentarios y se mantenía a un margen de monosílabos y repetitivos "casi llegamos" o "una calle más".

Y una calle más y me largo, pensó Sakura, andando detrás del supuestamente concentrado Tobi.

Éste se detuvo de pronto, pasándose una mano por el cabello y bajo la gorra. Avistó la calle, la de atrás y la de enfrente. La misma tienda de abarrotes, la cafetería junto a la lavandería en la esquina y al mismo chico de bandana atigrada y sombrilla roja que habían visto una cuadra atrás, preguntando por un tal barrio llamado Nerima.

— Ne, Tobi se equivocó –rió como si se hubiese contado un chiste a sí mismo— Era la calle anterior. Todos los edificios se parecen y a veces Tobi se confunde. Jejeje

Sakura se llevó una mano a la sien.

definitivamente me largo.

0—

— ¿También vas de salida? –inquirió Tenten mirando a Ino tomar su abrigo y su bolso.

La rubia asintió dándole la espalda. Una desinteresada mueca de complicidad emergía en sus azules ojos.

— Bueno, no estoy atada al trabajo. Iré a curiosear aunque sea un rato al centro comercial.

La idea era mas una salida hacia cualquier lugar ventilado y/o con gente que fuese más allá de la que abarrotaba las mañanas en el consultorio. Habiendo algo de verdad en lo dicho, en los últimos meses su círculo social se había reducido a trabajo-casa-trabajo. Y más desde la noticia de su mejor amiga.

Conociendo a Sakura y sus ideáticas manías, no podía relegarse a que la torpe "frentuda" resolviese sus problemas y ella ni se enterase. Ino Yamanaka no era así, y menos si tenía la oportunidad de que le tomasen en cuenta de vez en cuando.

Un respaldo, más allá de la amiga fisgona como le conocían en preparatoria.

Aunque a menos de la mitad de la temporada de espera de su amiga y a una estadía más larga en el campo laboral; la joven Yamanaka comenzaba a sofocarse. Estaba a cargo principalmente de los pedidos, envíos, desgloses y endoses del expendio farmacéutico, junto con Hinata. Sakura se encargaba de consulta general y todo el lio bucal y sus consecuentes era exclusivamente territorio de Tenten.

Y aun siendo un equipo de cuatro, siempre la carga mayoritaria recaía en Ino, de una u otra manera. Era la voz de razón y tenía actitud de líder, pero eso no significaba que tenía que aguantar todo el estrés mientras una se largaba a quien sabe donde con el tipo que la había embarazado, otra a sus cotidianas lecciones de aeróbicos y la sobrante –Tenten-, simplemente acaparaba el televisor y no había fuerza inhumana en la tierra que la moviese. Menos si se pillaba alguna película occidental.

"Vive y deja vivir", fue lo que dijo la rubia al salir casi a paso relámpago, dejando a Tenten con la palabra en la boca.

—De hecho… ¿el refrán no era vive y deja morir? –dijo la chica de los chonguitos al aire.

0—

Lo que pensó que serían quince minutos desde el consultorio hasta la derruida construcción de Akatsuki se convirtieron en una hora casi eterna.

Con los achaques ocasionales, la humedad del invierno venidero flotando en el ambiente y el hambre recriminándole desde que salió, el improvisado turismo por los desolados barrios de Konoha sólo le hicieron arrepentirse de no haber arrojado a Tobi hacia la abarrotada avenida en dirección contraria al arrollo vial.

Ahora entendía porqué no llevaba el desmoronado Datsun. De haber conducido él de seguro habrían probado la resistencia de aquellas bardas de contención. Al menos llegaron y en una sola pieza, a pesar de adentrarse en aquellas zonas en las ni en un desesperado intento suicida Sakura se hubiese inmiscuido. Llegaron y el interior del desgarbado edificio parecía estar vacío.

Un poco de calma era el pensamiento recurrente de la chica, mientras se dejaba caer en el sillón del recibidor. La sala era pequeña, había pilas de papeles en una esquina, cerca de un pasillo que quien sabe a dónde llevase. Un modesto dispensador de agua, un escritorio, tres botes de pintura cerca de la puerta y más papeles.

Silencio y calma. Pero el suplicio no terminó.

Una puerta se abrió, proveniente de quizá aquel pasillo y Sakura alzó la mirada hacia lo poco que se podía ver hacia aquella dirección. La pronunciación del nombre del Uchiha murió en su garganta, cuando en lugar de éste, emergió un sujeto de cabello blanco y ropas negras como las de los ministros de ésas sospechosas sectas que aparecían en los noticieros amarillistas.

Acarreaba un altero de carpetas. Pasó de largo sin siquiera mirarla, de hecho parecía no percatarse de la presencia de la joven. Dejó los folder sobre el escritorio, mascullaba palabras inentendibles mientras escudriñaba uno, lo cerraba y pasaba al siguiente. Entornó la mirada, maldiciendo algo que ella no entendió –algo referente quizá al jefe o algún cliente- y entonces la vio.

—¿Qué? –dijo como si nada el tipo. Éste ni siquiera la conocía y sin embargo le miraba con un rictus de desagrado.

— ¿Qué de qué? –Ella se encogió de hombros, con la sensación incómoda de quien esta siendo desnudada por la mirada.

Y el gesto en el semblante de aquel hombre se tornó ceñudo.

—¿Me estas mirando?

Y Sakura eludió la vista. Por Kamisama, si ni siquiera le había hablado primero, ¿Qué diantres…?

—¿Qué si me estas mirando? –repitió autoritario.

Ni siquiera lo conozco. ¿Qué clase de desfachatez es esa?

—No –repuso Sakura.

Sujetó al momento el bolso. A buen lugar había ido a parar ahora, pensó. Si el tipejo éste cuya expresión ya rayaba en la prepotencia absoluta, se levantase y quisiese aproximarse más allá del límite de lo debido no se la pensaría ni dos veces para darle aunque sea en la cara. Valiente plan y podía ejecutarlo, si sólo dejase de escrutarla con esos brillantes ojos que casi asemejaban a un tono purpúreo.

Su labio se curveó en una mueca burlesca.

—Ah, así que eres tú…—musitó, sin moverse pero sin dejar de apartar su atención de ella.

—Yo, ¿que? –la joven alzó una ceja, sin entender ni pizca del comentario y a un paso de decidir mandar toda la cita al demonio y largarse a rueda de taxi de allí.

El sujeto se cruzó de brazos ufanamente.

—Que si tu eres la novia del Uchiha –trató de explicar. Sakura sólo asintió.

La mano del tipo se alzó, apuntando hacia la confundida chica de cabello rosado con un ademán similar a un abogado acusador ante el estado. Entreabrió la boca y jadeó con voz socarrona:

—¡Zorra pecadora! ¡Que Jashin-sama te condene! ¡Maldito engendro del demo…!

Intempestivamente y con el chirrido de los goznes sin aceitar, la puerta que daba paso al despacho junto al escritorio se abrió, acallando el estrépito del incongruente sujeto y dejándolo en calidad de cartel.

—Perdón, se me hizo tarde. –Itachi emergió, mirando con aire ausente y sin percatarse de l golpe que la puerta arremetió contra "algo"—Hubo unos pedidos que salieron mal y…

—Vámonos –Sakura solo se levantó en cuanto le vio, tomándolo del brazo y halándolo hacia la puerta que daba a la calle.

Itachi sólo alcanzó a tomar la chaqueta ahora desparramada sobre el escritorio, cuando encontró la cara desplomada del impulsivo sujeto de cabello platinado sobre la pila de carpetas.

— ¿Hidan?

— ¿Conoces a ése? —Sakura le apretaba de los nudillos. Itachi asintió con un gemido indiferente.

— Hmp, es el asistente del contador. Creí que ya se había largado.

A casi un par de benditos pasos fuera del edificio, Itachi estuvo a punto de inquirir algo acerca del trémulo agarre de la chica, que parecía empeñada en cortarle la circulación de la mano derecha. No lo hizo, suponiendo mentalmente la razón y recordando la breve odisea contada por Tobi desde su improvisado regreso.

Sakura, por su parte, ansiaba que éste no dijese nada referente a ello. Suficiente vergüenza personal fue la de la tarde en compañía del "afable" primo Tobi y ahora agregarle el peculiar diálogo con aquel sujeto con complejo de exorcista.

¿Qué no estabas dispuesta siquiera a soportar un poco, Sakura?

Si, lo estaba. Pero todo tenía un límite, ¿no? Quedaba tiempo por delante, y con sólo tres meses de escasa convivencia, aun quedaba un tramo muy largo.

Un largo camino por recorrer…y tal vez valdría la pena.

Al menos eso esperaba, con la noticia y motivo de la cita.

0—

El Ichiraku´s estaba medianamente lleno y ella aun seguía indecisa en la cuestión de llegar o no. Lo que planeaba como una tarde de compras se tornó un tedio total. La temporada no ofrecía demasiado al público; estaba de salida el otoño, era demasiado pronto para el surtido torrente de compras navideñas y con esto, el centro comercial se veía casi solo, a no ser por los restaurantes y cafeterías de paso. Y a pesar de tener en primera instancia quedarse de ver con Shikamaru Nara aunque fuese para escuchar sus abrumadores comentarios deportivos, rechazó la idea al instante.

Recordando que todas las últimas atenciones del susodicho habían deparado en la joven con la que estaba saliendo en los últimos tres meses.

Una rubia extranjera y tres años mayor. E Ino Yamanaka nunca le había agradado la idea de andar haciendo mal tercio.

Bien, una tarde a solas a veces es bueno. No venía a mal sacudirse un poco los intempestivos comentarios de Tenten, los monosílabos de Hinata o las esquivas respuestas de Sakura.

Se sentó en una discreta mesa junto al ventanal que daba a la calle, y estaba a punto de echar un vistazo a la carta de menú, cuando le vio. Entrando y arrastrando los pies, ataviado con su usual y llamativa chaqueta deportiva color naranja y la sonrisa habitual de su rostro, apagada, dejando sólo una curva línea sobre su cara.

Un poco de compañía. Solo un diálogo y asegurarse de que las cosas aun no fuesen tan catastróficas. Ino alzó el brazo y le llamó.

—Eh, Naruto-kun.


NOTAS DE LA AUTORA:

Bien pues he vuelto y...jeje ya recien casada!! Ok ya no suelto el rollo ese de "una nueva etapa de la vida"...porque de momento ni al caso xD. (ya me lo se de memoria). En fin...

¿Que tenemos por aqui?...jeje, bien dicen, acostumbrate a la pareja pero tambien a todo lo ke viene con ella...como los amigos. Y en este caso, parece que veremos mucho de los entrometidos akatsukis y..oh si, TObi. ^//^

Tambien el enfoque de la noble familia Uchiha (oh notese mi sarcasmo jeje). ¿Sasuke buscando trabajo? bueno, TODO puede pasar en este buen fic y ya veremos que nos depara el destino.

Gracias por sus reviews y uno como autor siempre se siente querido por sus lectores y aqui estoy, al pie del cañon con todo y con que casi no acabo el capitulo. jaja, en fin, nos leemos Y NO OLVIDEN QUE UN FIC CON REVIEWS ES UN FIC FELIZ, UN FIC FELIZ HACE FELIZ A ESTA AUTORA Y SI LA AUTORA ES FELIZ...PUES ESCRIBE MAS Y MEJOR ^^

Y A TODOS A LOS QUE NOS LES LLEGÓ BIEN EL LINK DE LA IMAGEN, PUEDEN CHECARLO LIBREMENTE EN EL PROFILE DE SU SERVIDORA. ^^

Y Como dato curioso...¿ALGUIEN YA IDENTIFICÓ EL PERSONAJE DE ANIME QUE NO ES DE NARUTO Y QUE APARECE ENTRE LÍNEAS DE ÉSTE CAPITULO?

jojojo...se los dejo de tarea, mis estimados lectores/as y cuidense, NOS LEEMOS.