Buen Día mis estimados lectores(as)...antes de comenzar a leer, tengo una noticia que explayar de este peculiar fanfiction...
HAY OPENING!!!
Si...YA TIENE SU PROPIO OPENING y el link esta sin fallos en mi Profile, para los que quieran darse una vuelta y ver el opening antes de leer (mas bien para tomar el fic como buena serie americana xD). en fin.
Os dejo y adelante con los reviews!! ^^
El Vuelo de la Cigüeña
Décimo Primer Capitulo
Polvo en el Viento…de Konoha
— ¿Pasa algo?—Itachi alzó levemente la vista, sobre el tenue humo que escapaba del interior del vehículo.
Sakura estaba junto a él, y con la mirada perdida en el difuso horizonte de la noche. Se giró hacia él, sólo por reflejo y su rostro emuló una sonrisa fingida.
—Nada, solo sigo un poco inquieta…por el tipo ése.
—Hidan –completó Itachi, dando un sorbo más a la soda envasada.
La chica sólo asintió con la cabeza y él continuó, sin esperar alguna otra respuesta.
—Hmp, es inofensivo…—dijo, tratando de denotar un poco mas de solvencia en sus palabras. Un mero intento, ya que la ligereza de conversaciones nunca sería una de las facultades del Uchiha—…por lo menos antes era peor, por eso de su estúpida religión.
Sakura alzó una ceja, intrigada.
—¿No es uno de esos psicópatas que se escudan en esas sectas o si?
—Nah, sólo es un maldito obsesivo –el Uchiha espetó una risa ahogada que sonó más como un gruñido—, al igual que la mayoría de los demás de la…—hizo un espacio, como si quisiera encontrar el término adecuado. ¿Organización? ¿Empresa? ¿Albergue? La palabra en si no existía; una organización exigía y pagaba, una empresa igual y Akatsuki…Akatsuki era Akatsuki y ya—…empresa.
Suspiró con aplomo y hasta allí había llegado el prospecto a conversación luego de que recién salieron del edificio. Notaba a la joven más inquieta de lo usual y decidió no ahondar más en el hecho de que probablemente se debía al pequeño vaivén de situaciones incómodas, comenzando por Tobi y terminando por la abrupta bienvenida de uno de sus compañeros de trabajo. En cuanto a su primo, bien sabía que el "buen chico" no era tan fiable, al menos después del accidente, pero no pudo haber recurrido a otra cosa.
Abrió levemente la ventanilla, dejó el vaso en la superficie plana detrás del freno de mano y tomó una segunda rebanada de pizza. El radio se escuchaba tan fuerte como podía y por lo menos eso le hacía pensar que tal vez fuese el único accesorio que aun estaba intacto en el destartalado auto. El ambiente estaba calmado, no sólo en el exterior sino en el diálogo entre ellos, a pesar del reciente improvisto. Claro, la cereza del pastel; por decirlo de algún modo. Un mal día, una mala semana sin pagar por completo –de nuevo- y ahora el auto también había contribuido.
—Perdona –mustió él, notando que la joven no apartaba la vista del exterior.
Sakura se sobresaltó un poco, como si le hubiesen increpado en el hombro y se giró inmediatamente hacia él. Esta vez no hubo una sonrisa fingida, ni un movimiento de la cabeza, nada salvo el silencioso y cálido contacto de sus ojos sobre él.
—Esta bien, Itachi —la chica dirigió su mano hacia la de Itachi.
Un contacto suave que bien valió todo el desastre ocurrido en el día, para ambos. El Uchiha bajó levemente el rostro, sintiéndose un tanto inseguro de la solvencia de sus palabras. Nadie habló y el sonido del exterior se filtró poco a poco en el interior del auto, mientras la estación de radio sonaba librándose de los breves atisbos de interferencia.
"…quisiera saber lo que es el amor, quiero que seas tu quien me lo muestre…", enunciaba el grupo Foreigner tras sus acompasadas notas, y esta frase; esta precisa estrofa parecía retumbar con eco.
Atmósfera perfecta, una noche que podía aprovecharse mejor siendo la quinta cita. Todo hubiera resultado mejor…si el destartalado Datsun no se hubiera quedado atascado a mitad de las calles aledañas a los suburbios y a kilómetros del centro. Perdieron la reservación en aquel restaurante del centro y la idea latente de irse en taxi e improvisar la cita se fue también al olvido. No había dinero y la sola tentativa de dejar la odiosa cafetera con ruedas a merced de los designios de la ciudad nocturna tampoco fue para nada atrayente.
En un vago plan, propio de sus años de estudiante, Itachi se aprestó a llevar el vehículo a punta de empujones hasta el estacionamiento cerca de un parque, porque sólo hasta allí fue capaz de llegar, justo en el momento en que su espalda pareció cantar una agónica ópera. Con la espalda y el ánimo arqueado, fue por la escueta cena: una pizza casera y dos gaseosas.
Y ahí estaban, bajo la fluctuante luz del alumbrado público, frente al tranquilo parque metropolitano del lado este de Konoha, en el interior del auto, con la KWHK como sonido de fondo, emitiendo los éxitos de la temporada y con una tercera parte de pizza barata y refresco de máquina.
Brillante, Itachi, se recriminó él, todavía con la mirada baja –sobre el refresco, exactamente— y los dedos tamborileando distraídamente sobre el borde de la portezuela; hasta que sintió a la chica aproximarse un poco más hacia él, hasta apoyar por completo el lado izquierdo de su cuerpo sobre el derecho de éste.
—Esta bien –reiteró Sakura— De todas maneras ya era tarde, dudo que hubiéramos alcanzado a llegar a tiempo.
Itachi expresó un corto gemido; de ésos que no englobaban más de algún otro sonido y que Sakura comenzaba a tomarlo como el significado de una afirmación y ella se fió a eso para decir lo que había planeado desde la mañana.
—¿Tienes planes para el siguiente fin de semana?—inquirió Sakura sin rodeos. Un tanto mejor, solo era una pregunta y de allí ya vería si proseguir o no con el resto.
Sintió al Uchiha encogerse de hombros y espetar otro gemido.
—Supondría que si –exhaló Itachi y Sakura percibió una tenue sonrisa en su rostro, porque esa línea apenas curvada era una sonrisa, ¿o no?—, si no sale mal otro pedido o si no se cae el edificio. ¿Por qué la pregunta?
—Podríamos ir a visitar a mis padres –y la idea salió, así como un simple estornudo. No dio tiempo a comentario y continuó—Quería esperar hasta el mes entrante, pero estarán muy ocupados durante la temporada de venta.
—Hmp… ¿Es a las afueras de Konoha, no?
Sakura asintió, apoyando su cabeza en el hombro del muchacho. Ahora la tensión se sentía en éste…o al menos podía percibirlo en el movimiento de sus dedos sobre la portezuela, cada vez más rápido.
—Es una hora de camino y sólo será un fin de semana—completó Sakura—. Yo tampoco quiero ausentarme en el consultorio. —Aspiró hondo y prosiguió—Y si vamos a intentar esto…al menos deberían conocerte.
Sakura trató de que aquello último sonase más como una explicación pausada y no una súplica. No estaba rogándole, pero si pensaban sacar la falla adelante tal y como lo había dicho, el trato con la familia no era una opción. Y esto recordó Itachi, nuevamente permaneciendo callado y pasivo. Al menos había comentado a modo de charla inicial –antes de la inoportuna huelga del vehículo- la llamada proveniente de su propia familia; obviamente censurando la índole histérica que su madre mantuvo durante los quince minutos de conversación. Tal vez las cosas se acomodasen por el destino, y el concepto podía incluso hasta ser favorable.
—Entiendo –murmuró Itachi y el tamborileo dactilar cesó—. Podría arreglármelas para dejar a Tobi a cargo, si pasa lo mismo de hoy.
— ¿La semana entrante entonces?
—Hmp, sí –enunció Itachi, reacomodando el brazo en el respaldo y dándole mas espacio a Sakura de apoyarse junto a su costado—Repararé el trasto este y quedará listo para el sábado.
La música había bajado a un decibel, debido a la pésima recepción y el ambiente quedó sumido en un tranquilizador silencio, interrumpido por ella, sintiendo su cálido aliento cerca de su cuello.
—Gracias, Itachi-kun
Acomodada tranquilamente en ése preciso hueco entre el hombro y cuello del Uchiha, Sakura no pudo evitar aquel suspiro más digno de una chiquilla de quince años. ¿Porqué semejante sonrisa? ¿Estaba ruborizada? Eso era una idea propiamente inverosímil que no quería permitirse. ¿Qué había en común? Itachi y ella no tenían nada en común salvo el hecho de que por culpa de su descuido –y complicaciones del destino- ella esperaba dos hijos de él; e Itachi sólo dijo que se haría responsable como debía…claro, si ella se lo permitía. Pero hasta allí llegaba todo. No era amor a primera vista –lo físico y el sexo son sólo banalidades—, no lo conocía del todo, no estaba enamorada; entonces ¿porqué se sentía tan tranquila y en paz en sus brazos?, ¿Qué había de especial en aquel espacio en su hombro que parecía estar hecho a su medida?
…y ahora, en ese instante que tenía muy de cerca su rostro ¿porqué no quería evitar el gesto silencioso de él en petición a un beso? Si fuese Naruto lo hubiera esquivado de inmediato; las cuestiones sentimentales dolían y ella no quería caer de una nube tan alta, pero…
—Itachi…
Pero no había remedio. Por su parte, Itachi no despegaba su atención de Sakura, sobretodo en sus ojos, brillando casi con la misma intensidad de aquella primera noche…en el bar. No repuso nada ante el susurro de ella. Pasó la otra mano con cuidado sobre el dorso de sus piernas, como en un trance, y subió hacia su vientre, deteniéndose, y acercándose más a su fisionomía; apoyándose sobre el brazo que descansaba en el respaldo. Su pierna chocó contra algo, pero ni siquiera se percató de qué era exactamente. Ambos labios se rozaron, con una sutileza silenciosa, bajo un rechinido y la sensación de que el entorno se movía.
Sakura miró sobre el hombro de Itachi.
—El auto…
—¿Hmp?
La joven se separó de repente y ambas manos se aferraron al asiento. Itachi sólo alzó la vista, encontrando que todo el exterior se movía…hacia atrás.
—¡¿Qué caraj…?! –su atención se detuvo en el freno de mano, ahora retrocedido a tope. —¡Mierda! –gritó tratando de trabar la palanca, el objeto no respondió ni siquiera cuando Itachi bajó un pie del vehículo…y la inercia se encargó del resto, dejándolo con la estabilidad apenas tolerable como para no caer de rodillas. La puerta se cerró de golpe y sólo escuchó a Sakura gritar algo inentendible desde el interior—¡Sakura! ¡El freno!
—¡Itachi!
Y el estropeado Datsun seguía su errática marcha en reversa.
—0—
"Los contadores viven sin perder su balance"
Así rezaba la frase inscrita en cuidadas letras de molde, bajo el travesaño del marco del umbral de la impecable sala de la familia Uchiha. Estaba allí, enmarcado con el sumo cuidado como si de un imponente título se tratase.
Y ahora, bajo las atezadas luces proyectadas del alumbrado público, continuaba viéndose como el letrero más hipócrita en la faz de la tierra…o al menos así lo seguía pensando Mikoto Uchiha, pasando sus negros y meditabundos orbes desde éste hacia la mesa del comedor. Cuatro pastillas formadas en tropel componían parte de la escrupulosa rutina que como buena esposa debía vigilar. Cuatro comprimidos; uno amarillo para la presión, el par reglamentario de aspirinas y la aborrecida Norvil, para contrarrestar la penuria del recientemente adquirido síndrome del túnel carpal del cual se venía quejando Fugaku desde hacía tres temporadas atrás.
Juez, verdugo y amo; todo en uno es la familia. Bajo ese mandato subsidia el legado de tan noble familia, cuyo escudo de armas se enmarcaba en un simétrico abanico blanco alzado con brío y orgullo ante la media silueta rojiza de un sol, minúsculo ante su imponente figura. Un abanico que cubre al sol, propiamente el orgullo y soberbia representados gráficamente.
Orgullo y propiedad ante todo, sin embargo, por mas significado Uchiha que tratase de proyectar, siempre sobresalía la frágil naturaleza sobre protectora y maternal, misma que no le dejaba tranquila desde la mañana. Habían pasado ya más de tres horas desde la peculiar llamada de su pequeño vástago.
Otro de sus sustentables pedidos de auxilio y a ella no le importó al inicio. No era culpa del pequeño Sasu-chan que el mundo laboral estuviese tan competido y difiriendo de las severas opiniones de su marido, Mikoto no le negaría un poco de ayuda. Ni a él ni a….
Itachi. Ah, claro, ése era el motivo de su incesante mortificación desde entonces.
"Los contadores viven sin perder su balance"
¡Y que el diablo se llevase el contexto de la estúpida frase! Balance ¿Quién demonios iba a tener balance con semejante noticia?
Al inicio lo tomó como el mero reclamo vengativo del menor de sus hijos, después de todo; la rivalidad fraternal siempre delimitaría una barrera inderrumbable y como madre entendía eso. Un rumor, si, pensó en dejarlo todo como un rumor y ya. Y sabía que Sasu-chan tendía a inventarse algunas estratagemas extra con tal de obtener algo de atención y de paso hundir un poco a su hermano.
Ah, la naturaleza humana.
…pero esta también era traicionera. Mikoto lo supo cuando se le ocurrió confirmar en palabras del aludido semejantes acusaciones. Y el calmado mundo en que el matriarcado Uchiha tenía vigencia, se tambaleó por completo. Su hijo, su primogénito, su muchachito considerado y responsable…había embarazado a una chica. A una completa desconocida en una de esas citas ocasionales.
¡Imposible! No Itachi, ¡No su Itachi-chan! Eso era tan increíble como haber constatado que el cielo era verde y no azul.
—Mi-chan, ¿Dónde esta mi vaso de agua? —la voz de su marido sepultó la marea de sus pensamientos, desde el otro lado de la mesa.
Mikoto contestó a su pregunta con otra.
— ¿Porqué no hablaste tú con Itachi? ¿Tienes idea del lío en que se ha metido? Si te importara algo que fuese más allá del despacho…
—Tenía mucho trabajo –respondió Fugaku en un tono mas que superficial—.El que no tenga tiempo no significa que no me importe. Hablaré con él después. ¿Me pasas un vaso?
Y su "afable" esposa no expresó nada mas allá de una de esas sutiles miradas, que traducidas en el sentido común podían tomarse como una silenciosa advertencia; uno de esos "momentos" que si se es listo, era mejor evitar. Y eso fue en lo que procedió Fugaku Uchiha; levantándose, hurgando en la alacena hasta encontrar el dichoso vaso, llenándolo hasta la mitad y saliendo a paso rápido de la cocina y sin musitar ni un solo gemido. Y ella tampoco dio pie a otro diálogo, con ese gesto había quedado marcado todo.
Si su esposo no hacía nada…ella lo haría. ¿Qué clase de madre permitiría semejante mancha al apellido? Si bien ya no podía culpar tanto a su primogénito –Itachi no era para nada influenciable- sino a las circunstancias. A pesar de sus cuarenta y seis años, Mikoto Uchiha se sentía en toda la disposición y anhelaba el día en que al fin alguno de sus hijos le diese un nieto…pero no tan pronto y menos en semejantes e impropias circunstancias.
Uchiha al fin y al cabo, y era bien sabido el respeto y peso que se cargaba con el apellido, y eso había enseñado a sus hijos, más que nada al mayor. De Sasuke tal vez podría esperarlo…tal vez. Y sin embargo aun seguía en completo desacuerdo con la "parejita" que tenía asobronada como una detestable plaga, y –según la lógica-Mikoto- aquella chiquilla impropia era la total culpable de que la vida de su Sasu-chan no prosperara como debiera.
Y ahora, se sumaba una nueva molestia, aparte de la pelirroja miope y bocona.
No, de ninguna manera podía permitírselo. Antes que madre, era mujer y bien se sabía que había "mañas y estrategias" para atrapar a los hombres y doblegarlos a su antojo. Los tiempos habrían cambiado, los sesenta estaban lejos pero las tácticas siempre serían las mismas: un guiño del ojo, una falda corta o una blusa un tanto mas "panorámica" de lo que se debiera. Todo tenía el mismo resultado
Y los hombres siempre eran ingenuos ante eso…aun sus educados muchachitos.
Ya se encargaría de ello. Si. Por quizá tercera vez, aunque había fallado constantemente en correr a la insulsa pelirroja cegatona.
Ahora habría dos por uno. Todo sea por preservar el bien ponderado apellido.
—0—
La noche transcurrió tranquila, mientras caminaban a la par sobre la abarrotada acera. Una mustia cena quizá, pero la conversación había sido ávida. Por lo menos así le pareció a Naruto. Él contando sus anécdotas del último viaje a Suna e Ino, en su perfil de oyente y participando de tanto en tanto con alguna respuesta asertiva y sagaz. No conocía ese aspecto de la joven, por lo menos no el lado que iba más allá del típico "Naruto Idiota" o el "Cabeza-hueca-impropio". No, esta vez hubo un diálogo entretenido durante el Ichiraku y ninguno de los dos deparó en el estruendo armado por un tipo que seguía un Datsun en reversa por el carril lateral.
Todo estaba tranquilo, y todavía en voces internas, anhelaba haber pasado momentos así en el pasado y con otra chica…con aquella que era la mejor amiga de su "improvisada acompañante".
—La verdad no pensaba encontrarte aquí, ¿Qué no tenías prácticas o algo así?—Ino interrogó de pronto, notando que el chico de sudadera naranja miraba hacia sus zapatos mientras caminaba, mostrándose serio de nuevo.
Naruto alzó la vista, se encogió de hombros y sonrió ampliamente.
—Naah…tengo libre hasta el lunes. Y no tenía muchas ganas de salir, pero Jiraya-ojisan insistía en que moviera mi trasero del sofá, literalmente dattebayó…y, bueno, no se me ocurrió otro lugar.—confesó sin mucha algarabía, más bien parecía que daba una nota fúnebre.
— Claro, sigues teniendo ramen en la cabeza –increpó Ino con un leve aire de burla—igual que en la preparatoria.
—Huumm…no es cierto, ¡dattebayó!
Podía sonreír todo lo que quisiera, pero las zorrunas facciones y la mirada de pillo no despistaban ese aire cabizbajo a su alrededor. Y la frase "depresión post ruptura" seguía leyéndose en su rostro como un anuncio de neón.
—Bueno, al menos saliste a tomar algo de aire, ¿No estuviste derrumbado en el sofá durante todo este tiempo o si?
Naruto ladeó un poco su sonrisa y al cabo de medio segundo esta desapareció, y la mirada volvió a clavarse en el piso. Ino exhaló, reacomodándose el bolso y tratando de idear algún comentario que no sonase imprudente. El rubio se le adelantó, interrumpiendo.
—Aun duele, eso es todo.
E Ino Yamanaka sintió el peso y aplomo de sus palabras. Había escuchado toda clase de argumentos en el restaurante, y parecían sonar ahora tan ajenos a ésa última frase. Como un frío atisbo de sinceridad. Ella sabía escuchar…pero también aconsejar; aunque sus propias amigas lo dudasen
—Entiendo, pero…—la chica hizo una pausa, chasqueando la lengua y aclarando la mente— …Naruto, ¡era más que obvio!
—Ese tipo…ése tipo fue el que…
—Ni fue ése tipo ni tú, Naruto, entiéndelo. –Subrayó Ino, sin percatarse de que el chico había acortado la distancia entre ambos.—…desde la prepa…desde la secundaria, mejor dicho. Ella nunca te vio como nada más allá que un amigo.
—Yo insistí, hubiera hecho todo por ella.
—Da lo mismo, un "no" hubiera sido un "no"…tarde o temprano.
El rubio se detuvo, teniendo aun ambas manos en el interior de los bolsillos de su chaqueta deportiva. Se quedó allí, cerca de un parquímetro y contemplando el horizonte marcado por las lámparas del alumbrado público. Ino no se le acercó mas allá de quedarse a su izquierda.
—Hay una vida por delante, Naruto.
Éste asemejó una mueca despreocupada, pero el brillo triste de sus ojos no desapareció.
—Lo sé. Je…Jiraya-ojisan se pasó repitiéndome ese sermón toda la semana.—resolló, y se giró hacia ella—. Sólo que aun duele, como un raspón o una cortada…una herida o algo así, dattebayó.
—Las heridas cicatrizan. –enunció Ino, y los azules orbes de Naruto le encontraron, ambos bajo la tenue luz de una farola.—…y deberías de saberlo, "deportista estrella"—esto último lo dijo en un tono de peculiar complicidad.
Naruto asintió, volviendo a adoptar la faceta de despreocupación. Miró de reojo su reloj de pulso.
—Son las nueve, ¿Quieres que te acompañe a casa?
—Naruto, el apartamento esta enfrente –dijo ella, ladeando la cabeza de un lado hacia otro, sin apartar la fútil sonrisa de sus labios.
El chico se pasó una mano por detrás de la nuca, riendo nervioso.
—Ah ya…jeje —arguyó Naruto, y trató de ponerse serio—Ne, ¿Quieres ir al cine mañana?
Ino se inquietó, por lo menos tanto que casi deja caer el bolso de mano.
—¿Eh?...¿Por qué?
—¿Y porqué no?...bueno, no tengo nada más que hacer hasta la semana entrante.
—Jah, ¿Ahora me usaras de pretexto para salir, Naruto-baka?
Naruto no dijo nada más, sino que seguía con aquella media sonrisa confiada.
—¿Entonces paso por ti?
Ino se adelantó, y a punto de cruzar la avenida, se despidió de Naruto con una sutil frase:
—No tienes remedio, Naruto Uzumaki
—Paso a las siete, dattebayó
—0—
Y en algún lugar, a dos calles detrás del modesto edificio habitacional al cual se dirigía Ino, un leve estruendo abatió la acera, en el momento en que un desvencijado auto negro se dirigía inequívoco hacia un inocente parquímetro.
— ¡EL freno! ¡Itachi-kun! ¡El freno no responde!—gritaba una joven, asomándose desde la ventanilla del conductor—¡Itachi!
—¡Maldita sea…no se detiene!
Corriendo a la par y sujetado de la oxidada manija, Itachi hacía cuanto esfuerzo podía por detener manualmente la inercia con que el vehículo venía corriendo desde hacía cuatro calles. Y en el interior, y con un pulso digno de un artrítico, Sakura Haruno no despegaba los delgados dedos del volante. El freno efectivamente estaba trabado hacia atrás, el motor apagado…pero el que las leyes de la mecánica estuviesen en su contra era cosa aparte.
Un transeúnte se había ofrecido amablemente a detener el coche, tomándolo por la defensa; pero el maldito trasto se despegó y ahora en una calle inclinada, el panorama no mejoró en absoluto. ¿Momento de entregarse a un pánico lógico?
—¡Itachi! ¡Itachiiii!
El aspecto y reacción de este, no era ni siquiera mejor que la de ella. Si, un buen momento para entregarse al pánico.
—¡El buzón…! ¡Itachiii!
—¡Ya lo tengo! …¡Ya lo te…!
Y el Datsun dio un tumbo, se tambaleó, hubo un crujido en las ruedas traseras y finalmente se detuvo…justo a cinco centímetros del dichoso buzón de correos nacionales del País del Fuego. Sakura finalmente soltó el volante, sintiendo los nudillos acalambrados y pese a que era una temprana noche de noviembre, una leve capa de sudor le resbalaba de la frente. Y menos mal que eran las nueve y media de la noche, y la concurrencia en las calles era casi nula, o de lo contrario, menudo espectáculo el haber rodado cuatro calles y media en reversa con ella gritando como desquiciada mientras Itachi parecía ser casi arrastrado por la portezuela trasera.
Y todo eso en quince minutos. Hasta ahí había quedado el intento de velada romántica…si es que lo hubo alguna vez. La chica exhaló un amplio suspiro, como si hubiera sido ella quien estuviese corriendo. Miró el tablero, descuidado, manchado de quien sabe cuantas cosas; marcando una velocidad neutra, un índice semi extinto de gasolina…¿y el condenado freno del demonio?
Inmóvil y estancado.
—Itachi-kun…ya se detuvo
La frase emergió de sus labios temblorosos y la voz en un tono más aliviado que otra cosa. Volvió a asomar la cabeza por la ventanilla, buscándole con la mirada.
—¿Itachi?
Y nadie le respondió. Finalmente y tras medio minuto en pausa calmada, decidió bajar, inspeccionando de reojo los desperfectos y en busca de Itachi. El coche había perdido la defesa delantera, la manija de la puerta trasera de la cual el Uchiha se había aferrado casi a uñas y dientes, estaba ladeada hacia fuera y una de las varillas decorativas del costado se desprendió de un vértice. Y ni rastro de Itachi.
—¿Itachi? ¿Itachi, dónde est…?—Ni rastro, hasta que su pie pisó por accidente una mano que emergía por debajo de las salpicaderas. Y ahí estaba Itachi, exactamente bajo el escape del Datsun y con una pose digna de uno de esos muñecos que se usaban para pruebas de choques. Boca abajo, con una mano sujetando uno de los perniles, la otra emergiendo hacia el exterior y una pierna en un ángulo poco usual—¡Itachi!
Dignidad ante todo, aunque estuviese como vil adorno de tránsito, el aludido ladeó un poco la cabeza y trato de emular una media sonrisa que se asemejaba más a una mueca fúnebre.
—…lo…detuve…
—0—
La puerta de la entrada se abrió, e Ino se encontró con el distante eco del televisor de la sala. No fue hasta que cerró el picaporte y dejó el bolso en la mesita de paso, cuando todo el hecho le cayó de golpe.
Sonreía. Aunque no sintiese el gesto formado en sus pómulos y sus labios, pero lo sabía; estaba sonriendo. Y un minúsculo rubor se había acuñado en sus mejillas.
Debe ser el clima. El frío me sienta de pesadilla, se dijo a fin de excusa. Si, debe ser eso.
Y lo creía fervientemente. Porque "eso" tenía que ser, y no el impropio y atrevido comentario de Naruto.
Petición…sólo me pidió que lo acompañase y ya. No hay mayor importancia en eso. Solo es una cita de amigos…a-m-i-g-o-s…y al demonio si parece que…
—Ey, ¿y esa sonrisa?—avistó Tenten, saliendo de la sala, irrumpiendo sus cavilaciones y sobresaltándola—Uy, hacía siglos que no te veías así, Ino-chan
—¡Baka!...no salgas así de repente –le reprendió la rubia, tratando de recuperar la compostura y mostrando una máscara de indiferencia— ¿Qué acaso quieres ocasionarme un infarto o qué?
—Ajá, ¿más del que ya te causaron?—sonrió pícaramente la chica del cabello castaño, ahora acomodado en unas discretas trencitas a cada lado.
—No sé de qué me hablas.
Pero Tenten no se rendía. Un "no" para la desinhibida joven siempre significaba un "sigue y pregúntame hasta que me harte" y al cliente lo que pida, ¿no?
—Ne…Ino-chaaaan…
—¿Y Hinata?
—En una cena familiar, ya vez lo informativa que es para esas cosas. Creo que era el cumpleaños de su hermana o algo así. Ne, y Sakura llamó, iba a llegar más tarde…supongo que a lo mejor ni vendrá a dormir—respondió Tenten, dando pie a un supuesto cambio de tema, para luego atajar de improviso con otra pregunta—¿Y quién es el afortunado?
—Tenten…—Ino dejó su saco en el perchero, sin siquiera mirar a la insistente chica.
—¿Shikamaru?
—No.
Y ahí estaba el "no".
—¿El tipejo raro que trabaja en ese negocio de pinturas?
Antes de acudir al resguardo de las paredes de su habitación sólo alcanzó a exhalar una escueta frase; sincera pero nada insinuante. A las cosas se les llamaba por su nombre Y gracias a Kamisama por su sabio instinto de preservación.
—Nadie, sólo me encontré con el baka de Naruto, desfalleciendo en el Ichiraku. –Explicó pausadamente—Iré mañana a una de sus aburridas prácticas, no tengo nada más que hacer y ni ganas tengo de quedarme frente al televisor toda la tarde.
Tenten hizo ademán de confusión.
—¿Una cita?...¿Naruto y tu? Jah, eso debería verlo para creerlo.
Ino suspiró, teniendo un buen intento de "defensa"
—Si, Tenten, es una cita.
Problema resuelto. "Darle por su lado" era una buena estocada y había funcionado.
—¿Eh? —masculló Tenten, con los brazos cruzados y la cabeza ladeada—¿Es o no una cita?
Ino Yamanaka se encogió de hombros, sonriendo triunfantemente.
—Interprétalo como quieras.
—¡Ino!...Rayos…odio tu maldito sentido de sarcasmo…
Y esa fue toda la respuesta que al asunto concerniese.
—0—
—Sasu-chan…—susurró aquella voz en medio de la negrura de la habitación, rodeando todavía el torso desnudo de Sasuke Uchiha.—¿Oíste algo?
Sasuke Uchiha tenía aun el rostro hundido en la almohada de su compañera, aquella joven un par de meses menor que él, cabello rojo fuego y una mirada que aunque Sasuke no lo admitiese, siempre revelaba una mustia desfachatez y rebeldía que a él le atraía; solo por lo peculiar que denotaba el gesto. Claro, siempre y cuando no acudiese a sus fastidiosos comentarios. Ni afable ni tierna, sólo era la única que había tolerado –y que lo había tolerado- en un rango más allá de tres meses. Y un año no pasa en vano.
—Sasuke-chan –llamó de nuevo, esta vez con un tono un poco mas elevado.
—¿Hmp? –Sasuke no se movió, estando todavía sobre la chica.
Hasta que ésta intentó de moverse por debajo de él, tratando de tomar sus gafas del buró junto a la cama y aguzando el oído ante el peculiar sonido distractor del soporífero momento del "después de".
—¿Dejaste la puerta cerrada, Sasu-chan?
—Si.
—Pues alguien entró.
—Hmpfh…de seguro es Itachi…—Sasuke profirió un largo bostezo y siguió inmóvil.
—¿Y si no?
Esta vez él trató de poner atención al exterior; cosa difícil si se esta todavía con el ritmo cardiaco en proceso de regularizarse, el eco del calefactor de piso –extraído de la habitación de su hermano mayor- y las manos de Karin aun rodeando su espalda con pulso relajado pero aun insinuante. Sea lo que sea, aquello que había entrado había tropezado –o así lo parecía- y chocado nuevamente con la mesita de centro, derrumbando algunas latas y botellas vacías.
—Sasu-chan…
—Que fastidiosa –gruñó éste—Ya voy.
Gimió harto, apoyó ambas manos en el colchón; irguiéndose y sentándose en el borde de la cama, aun con los exiguos vestigios de su erección y el transparente látex sostenido en la punta de su miembro. Se despojó del forro y salió así de la alcoba. No había dado más allá de tres pasos por el pasillo cuando se encontró cara a cara con el severo rostro de Itachi Uchiha.
—Ey, que…
Itachi sólo alzó una mano, mostrando un bulto medio verdoso entre sus dedos índice y pulgar
—¿Qué es esto?
—¿Qué es qué?—gruñó Sasuke.
—¡¿Qué es esto?!—Ganas no le faltaron a Itachi de haberle embarrado aquello en la cara, sin embargo se mantuvo serio…pero la mueca sombría no se apartaba de su rostro.
Sasuke alzó una ceja, indiferente.
—¿Goma de mascar?
—¡¿Pegaste el maldito cable de los frenos con goma de mascar?!—espetó Itachi.
El Uchiha menor sólo asintió con la cabeza.
—Se me acabó la cinta aislante –repuso como si nada. Le barrió con la mirada—¿Te arrolló el tren o qué?
—El maldito auto, pegado con tu maldita goma…
Ajeno a todo comentario, Sasuke pasó por su lado hacia el lavabo.
—Hmp…como sea, lo repararé mañana—resolló desde el baño, con la puerta entreabierta—. Lo necesito en la tarde.
— ¿Para qué? ¿Otra de tus estúpidas carreras?—Inquirió Itachi, arrojando la goma masticada y llena de líquido para frenos en el cesto de la basura.
Su hermano menor sólo se aprestó a dibujar una tenue expresión prepotente en su rostro.
—Tengo una entrevista de trabajo. Me llevaré el auto y necesito una camisa nueva. Tomaré una de las tuyas..—dijo Sasuke sin esperar respuesta.
Salió y se dirigió de nuevo a la alcoba, dejando a Itachi en medio del corto y angosto pasillo. En un silencio en el cual creyó sentir una brisa cálida en su nuca…y un coro celestial proveniente de algún lugar de su mente contrariada. Un día terrible, una existencia con la que apenas podía y Sasuke…¿Sasuke al final se largaba?
…ahora, Itachi Uchiha sólo atinó a desplomarse sobre sus rodillas, con una fútil espiración.
—…Gracias, Kamisama…
NOTAS DE LA AUTORA:
Bueno, yo no diria "gracias Kamisama" sino "gracias Higurashi-sama" jejeje...(modestia aparte) En fin, vaya lío en que siguen metidos, pero me pregunto yo...¿Sasuke finalmente tomando algo de responsabilidad?, bueno ya veremos.
Los dejo, una vez mas para que comenten, (como siempre las reviews son la voz de los lectores) y como adelanto del siguiente capitulo sólo les dejo el título:
Siguiente Capítulo:
"Los Haruno de la montaña"
