El Vuelo de la Cigüeña

Décimo Segundo Capitulo

Los Haruno de la Montaña

La resonancia de la máquina ultrasonido del consultorio de Shizune se percibía como un difuso y continuo bip. Pausado y acompasado, a pesar de seguir marcando aquel doble ritmo. La mirada de Itachi continuaba fija en la menuda pantalla, despejándose del sopor de aquella mañana de viernes. Sakura estaba a su lado, sujetándole con un pulso más calmado a diferencia de la primera e inhóspita visita…cuando se confirmó por completo que la vida de ambos iría a dar un giro forzado. De eso hacía ya más de un par de semanas, y la escueta compañía mutua parecía ayudar poco a poco.

Itachi seguía firme en su decisión de ayudarle, sintiendo la represiva de "obligación" como un agregado; y ahora, en este preciso instante, el hecho de haber adelantado ciertos planes de vida ya no le parecía tan catastrófico como al inicio. No, el sentido de "obligación forzada" tampoco estaba en la mente de la joven de cabellos rosáceos; no ahora que sus verdes orbes estaban fijos en ese par de manchitas temblorosas justo en medio de aquel perímetro rebordeado de una sombra amorfa. La silueta se notaba inequívoca. Más clara y nítida en cuanto a la fisionomía de aquellas pequeñas personitas.

Dos vidas. Llevaba a cargo dos vidas, pequeñas, frágiles, indefensas…y sólo dependientes de ella. Algo que Sakura no esperaba afrontar al menos en cinco o seis años y si quería, pero ahora…simplemente no podía dejar de pensar en la meticulosa idea de aquel futuro que se había acercado sin avisar, sin preguntárselo, sin…

—Vaya que están inquietos. Son muy enérgicos, eh… –Shizune sonrió, ajustando el monitor y volviendo el pasivo semblante hacia la futura madre, la cual hasta había perdido el hilo de la concentrada cuenta del ritmo cardiaco debido al torrente de ideas. Podría ser la paciente ahora, pero no estaba de mas corroborar lo aprendido en la carrera.—Y han crecido bastante.

—Si, lo he…notado –respondió Sakura, encontrando un poco más pronunciada la curvatura del vientre debido a la postura de la camilla de revisión.

O tal vez no fuese así, esta mañana se había percatado de que los seis centímetros de la semana anterior se habían convertido en diez. Una distancia de diez centímetros que para nada se podría ocultar en unos jeans talla nueve; apenas el lunes había comprado un par en talla trece y con resorte, dejando un minúsculo espacio entre el broche y el cierre y hoy, rendida ante la batalla contra su guardarropa improvisado, decidió pedirle a Tenten aquellos pants deportivos e incómodamente anchos de la cintura.

—Descuida, es perfectamente normal…—Shizune notó el rictus de preocupación en Sakura, mientras terminaba de revisar las coordenadas en la pantalla—En un par de semanas será el doble, así que hazte a la idea.

La joven asintió, emulando un gesto tranquilo. El resto de algún otro posible comentario desapareció, al igual que la imagen de la pantalla, en el momento en que Shizune deslizó con cuidado la sonda.

—Están bien. En diez días ya podremos verlos con más claridad con el otro ecógrafo. –reiteró, sin apartar esa pasiva y optimista expresión de su rostro. Revisó y terminó de anotar los últimos datos en el archivo médico. El siseo de la parte inferior del aparato se detuvo y Shizune se volvió de nuevo hacia Sakura, dejando una hoja en sus manos— Bien, les dejaré a solas –su atención deparó en Itachi, quien seguía sin siquiera espetar ni un gemido—Je, espero que el afortunado papi no vuelva a desmayarse.

Sakura estuvo a punto de proferir algo, pero el vestigio de sus palabras quedó borrado tras ver el semblante de su compañero y luego aquella imagen entre sus dedos. Se irguió con cuidado sobre la camilla, sin que Itachi le soltase la mano. Sentía y veía los dedos de éste, rozar con sigilo sus nudillos. Y la mirada, esa misma mirada seria, reservada y estoica, ahora decorada de un brillo más que inusual. Ni siquiera ella había visto esa mirada en la noche en que todo comenzó. Eso era tan diferente…tan…¿humano?

Y tan distinto de ese gesto represivo avistado en la mañana, cuando pasó por ella al consultorio…

—0—

—¿Seguro que puedes acompañarme? Ya sería la segunda vez que sales de improviso del trabajo—dijo Sakura en modo pasivo. Él asintió con un gruñido y le tomó de la mano. El contacto casi le pareció automático; no le apretó los dedos ni mucho menos pareció halarla…sólo la sujetó como se toma una taza o cualquier objeto. Como si fuese un reflejo condicionado.

Y si era un reflejo, ¿era porque así lo sentía? Era su costumbre, pero el mismo término ("costumbre") era algo que comenzaba a desagradarle.

—Sabes, a veces algo mas de esos "hmp" harían mas tolerable una charla.—Sakura suspiró, sin que la frase sonase a pregunta y soltándola tal y como lo que era; un pequeño desahogo en medio de ese silencio que comenzaba a abrumarle.

—No tengo nada más que decir. –musitó Itachi. Respondiendo con lo que debía y podía: una de sus "extensas" explicaciones.

Sakura debió dejar el diálogo hasta allí. Pero no lo hizo. Errar es humano, aun cuando se afrenta a dos distintos puntos de vista.

—Si, conozco esa respuesta. Siempre dices lo mismo, Itachi.

—Porque es cierto.

—Parece que no te importara o que contestas sólo por hacerlo –y ahí estaba, una vez más el aplomo Haruno al cual apremiaba como insistente defensa. Sin esperar respuesta, aflojó un poco el contacto de sus dedos, sin soltarle por completo, esperando la reacción del Uchiha.

E Itachi sólo dejó que la gravedad se encargase del resto. La mano de la joven se despegó y surgió aquella invisible barrera de quince centímetros entre ellos. Diez minutos antes caminando como una pareja y en cinco minutos…como dos desconocidos cualquiera.

Ése era el error y el mustio silencio surgido a raíz de él pareció inclusive tan visible a los ojos de Shizune, cuando llegaron al consultorio.

Hasta el momento en que el monitor del ecógrafo se apagó.

—0—

Itachi no reaccionó hasta sentir que Sakura apartó con calma el flequillo, buscando y encontrando sus ojos.

— ¿En qué piensas?

Itachi se encogió de hombros, y ella notó el ufano intento de ocultar la dúctil línea curva de sus labios. Su mente dio un par de vueltas en una fracción de segundo tratando de emular algún comentario inteligente…y que fuese más allá de sus usuales "hmp".

—Es…raro que…—exhaló Itachi, señalando con la mirada la fotografía que sostenía Sakura—…que ellos…

—¿Sean parte nuestra? –completó la joven; segura pero también sintiendo aquel estremecimiento interno y sentimental. Cuatro meses. En dos semanas serían ya cuatro meses y la situación caía por completo…hasta ahora

—Exacto.

Y la pauta marcada por su respuesta fue una apremiante oportunidad. Dejó el papel en las manos curiosamente trémulas de él.

—Sostenlos un momento mientras me cambio—Sakura no esperó que Itachi dijese algo más, sólo alcanzó a escuchar un inentendible murmullo mientras bajó de la camilla de oscultación, tomando su ropa de la silla contigua y comenzando a vestirse.

E Itachi se había quedado allí, inmóvil y silencioso como siempre.

Y ahí estaba lo que significaba "quedarse sin palabras" . No es que no le importasen las cosas, sino que era esa su manera de explayarlas. ¿Y qué si el tipo no podía argumentar algo mas allá de "Hmp", "Cómo sea" o "Como quieras"? sabía que las cosas le atañían…y en este momento eso se constataba en su mirada.

—A veces no te entiendo, Itachi.

EL Uchiha contemplaba con aire concentrado la imagen difusa de lo que parecía uno de esos negativos que tanto odiaba procesar en sus largas horas de impresor. El contorno…la silueta y el sombreado de éstos. Sus labios se curvearon de nuevo, un poco más pronunciados. Sólo un poco.

—¿Hmp?

Sakura terminó de abotonarse la blusa, mirándole plenamente a los ojos.

—Nada…no dije nada.

—0—

—Ya era hora…—Deidara entró aporreando la puerta del despacho del Uchiha. Dejó una caja atiborrada hasta el tope de papeles, carpetas y un pliego de papel traslúcido enrollado precipitadamente—Tengo toda la maldita mañana esperando a que supervises esto y te largas como si nada, ¡Uhn!

Itachi apenas alzó la vista, estado sentado en su respectiva silla frente al restirador y mirando distraídamente hacia la ventana.

—Tenía cosas que hacer —respondió Itachi. Sacó un tanto de papeles de la caja, escrutó, apartó y dejó algunos sobre el restirador; incluyendo el prototipo a cartel—. Además, ya revisé estos y del banner se haría cargo Sasori.

—Claro y tú dejándonos todo el problema, ¡Uhn! —el rubio resolló en un tono hostil, arrebatándole la papelería pendiente a Itachi— Sasori sólo hace los malditos proyectos de maquetación y gracias al accidente de tu estúpido primo yo no me doy abasto con la plecadora de mierda que tenemos. ¡Al menos muestra algo de preocupación…U-chi-ha!

—Hmp, me preocuparía si dejaras de pronunciar mi apellido como si te hubieran dado una patada en las bolas, "Dei Dei"

Kisame estaba a su derecha, desde su escritorio y aprestó a un gruñido corto a modo de carcajada ahogada.

—Esa fue buena, "comadreja"—el apodado "tiburón" Hoshigaki aprestó al comentario y dirigió aquella mirada incipiente y hosca a Deidara—Y tu ya lárgate, "niño mimado", que Pein no nos paga por quejarnos.

—No nos paga de todas maneras, jeh—La voz provenía del aledaño cubículo de contabilidad, y Hidan emergió de éste, con aquel supuesto intento de risa burlesca.—Si nos llega a dar un medio centavo es ganancia y lo dudo.

—Ne,...no es bueno que se queje, sempai. —Tobi entró, mascando ruidosamente una paleta y dejándose caer en la silla junto a la puerta, señalándole.

Deidara abrió la boca y la cerró inmediatamente. Levantó de mala gana los papeles sobrantes y se fue, soltando un bufido y cerrando la puerta de golpe. Tobi gritó un estruendoso "Hasta luego, sempai" y volvió su atención a su primo.

—Deidara sempai esta de malas, ¿verdad?

—Como sea, yo ya hice mi parte del trabajo. –dijo Itachi— Y lo único que le he visto hacer es gritarle a medio mundo por culpa de sus estùpidos errores. El último cartel salió mal porque él lo imprimió.

—Y sin contar la explosión del flexógrafo, sólo a ése idiota se le ocurre mezclar tantos solventes. —completó Kisame—Si no se carga la maquinaria la explota

Itachi se encogió de hombros, con aquella media sonrisa reacia a desaparecer. Un gesto que no sólo Tobi avistó cuando regresó, sino hasta el propio Hoshigaki. Ninguno dijo siquiera algo al respecto, y en ocasiones era preferible o suponer o dejar que las cosas cayeran por su propio peso.

—Sólo será mañana –enunció el Uchiha—No creo que el edificio se venga abajo por un solo día que me ausente.

El sonido de la trituradora de papeles colocada a espaldas del escritorio de Kisame se detuvo. Tobi se movía inquieto de un lado a otro en la silla y Hidan permanecía en silencio; de pie y con los brazos cruzados.

—Como digas –arguyó Kisame, y una de sus cejas se arqueó en ademán de modesto interés— ¿Vas a ir a tu funeral, no?

—Hmp –pareció espirar un bostezo, pero para cualquiera que conociese aquellos monosílabos, era más una tosca afirmación—Le había dicho que iría a conocer a su familia.

—Por eso. —Kisame sonrió ampliamente, mostrando una fila de desiguales y brillantes dientes—. Vas a ir a tu funeral.

Itachi apoyó el mentón sobre ambas manos, con el rostro casi tumbado en la superficie del restirador. No ahondó en el comentario de Kisame no porque no quisiera, sino porque no valía la pena el hacerlo. Todo el mundo supondría que el hecho de presentarse ante la familia de la novia era un sinónimo de dirigirse al patíbulo de fusilación, la horca o la silla eléctrica, pero para la calmada sincronía de los hechos que componían la lógica de Itachi Uchiha; la cosa era y sería un hecho sin precedentes. Si, había sacado sus propias conjeturas y sabía que lógicamente no le recibirían con los brazos abiertos en primera instancia. No había hecho ninguna gracia y el haber embarazado a la única hija del matrimonio Haruno no podía tomarse como un trofeo…pero era la década de los ochenta y no la edad media. No iban a ensartarlo en una estaca ni a quemarlo vivo en leña verde. Iba a hacerse responsable y aunque la decisión podía tomarse como precipitada, daría la cara como correspondía a un Uchiha. ¿Por qué tomarlo como el suceso más aterrador de la historia?

—No exageres, Hoshigaki. –masculló Itachi.

Pero la mueca de burla no se apartó de su compañero y hasta Tobi imitaba el gesto.

— ¿Aun no lo entiendes, "comadreja"? –Kisame inclinó el rostro levemente hacia delante.

— ¿Que? Solo es una visita familiar, a las afueras de Konoha y…

—Y hay campesinos…¡Lo van a freír vivo, Itachi-sempai! —Tobi interrumpió, mascando ahora el palillo de la masacrada paleta.

Kisame tamborileaba los gruesos dedos sobre el escritorio de formaica.

—La zona norteña de Konoha, cerca de las montañas que colindan con Iwagakure –inquirió como si hablase consigo mismo, luego entornó aquel par de ralos y diminutos ojos hacia Itachi— Lindo lugar, muy rústico y …¿sabes cuál es su especialidad? –Itachi no respondió, Tobi mostró una mueca de expectación y Kisame sonrió aun más ampliamente—…Estofado de comadreja.

Hidan, quien había estado solamente escuchando la conversación porque no tenía nada más que hacer, se sumó al peculiar diálogo.

—Ah si, gente humilde del pueblo. –Comentó, con un tono hipócrita de propiedad— Fuereños tan incrédulos e influenciables que tienen una regla de oro…le disparan a lo que no entienden. —Esbozó una risa irónica—… ¡o sea que te dejarán en calidad de coladera, Itachi!...de una u otra manera.

—O será por eso que no hay jashinistas allá, sempai –rió Tobi, siendo acallado por uno de los "piadosos" codazos de Hidan.

El Uchiha volvió su atención al exterior. El día estaba blanco y las tersas nubes parecían prepararse para una de las primeras nevadas de inicios de diciembre.

La temporada invernal no tardaría en llegar a las vastas regiones del País del Fuego y la calma acaecida esta semana era una de las mejores que había tenido Itachi hasta ahora. Una paga extra a causa de un añadido de publicidad para Kumogakure le permitió solventar la renta atrasada y volver a conectar el teléfono El auto, el maldito cacharro por lo menos fue reparado dentro de los límites de lo decente y tal y como había augurado Sasuke, la entrevista de trabajo no fue otras de sus excusas por aparentar un poco de responsabilidad en su inútil vida. El asunto quedó relegado hasta el lunes en la mañana, con una molesta llamada que lo sacó a mitad de la ducha…y por fin, las cosas tomaban su rumbo.

Si Sasuke trabajaba, ganaría dinero y si ganaba dinero podría costearse aunque sea uno de esos cuartos de renta o cualquier lugar que no fuese su casa. Tendría su espacio de nuevo y quizá, sólo quizá, podría plantearle la idea a Sakura de vivir juntos. Sólo quizá, y aunque el pequeño inconveniente de la mañana seguía presente en su memoria, la idea no se alejaba en absoluto. Errar es humano y las desavenencias también. Y las citas cortas no ayudaban mucho; tenían que conocerse y convivir más tiempo, si es que pensaban…

Si es que ella quisiera, si Sakura…

—¡Itachi sempai!

Los ojos de Itachi alzaron la distancia percatándose de que estaba casi completamente solo. Kisame se había ido desde hacía diez minutos a una entrega de pedido, Hidan renegaba junto con Kakuzu de quien sabe que asuntos correlativos a una cuenta perdida y el barullo del jashinista bocón abatía el mustio despacho. En el fondo del pasillo que daba al cuarto designado a impresión, Deidara profería sus cotidianos discursos de arte moderno contra un alebrestado Sasori mientras que el sonido de la voz profunda de Pein se percibía en la única oficina decente, bajo el gorjeo del teclado de la máquina Royal usada por Konan y el zumbido de la prensadora de basura calibrada por Zetsu en la planta baja.

—¡Itachi sempai! ¡Itachi sempai! —Tobi lo sacó de sus cavilaciones, estando ahora frente a él y con una modesta cajita en sus manos, decorada sin orden alguno por un papel medio arrugado color naranja—¡Sempaaai…!

—¿Qué quieres ahora, Tobi? –bostezó Itachi, arqueó la espalda y miró el reloj de pulso.

El escandaloso muchacho de gorra anaranjada seguía con la misma y desenfadada mueca, alzando la caja hacia él como lo hace un niño emocionado por mostrar su boleta de calificaciones.

—Ne, antes de que se vaya. ¡Tome!

—No quiero otra caja de paletas de naranja. Sabes que las odio –Itachi se levantó y volviendo a escrutar ahora el reloj de pared corroborando la hora. Nuevamente veinte minutos para las doce; momento perfecto para su silenciosa huida antes de que algún cliente-reclamo-o-trabajo hiciese su inoportuna aparición.

Tobi continuaba con la caja levantada.

—No son paletas esta vez. Son…

—¡¿Cómo que no era ésa la imagen para el cartel?! –Pein interrumpió, desde su oficina mientras hablaba por teléfono. Se escuchó un segundo de "si" y "no" pronunciado con el mismo intento de no perder los estribos, y a punto de explayar aquella frase tan odiada por el Uchiha de profundas ojeras: el tan aborrecido "hablaré con el diseñador".

—Entiendo…—masculló Pein. Hizo una pausa y seguía escuchándosele caminar de un lado a otro en la habitación. Se detuvo, suspiró severo y continuó—No se preocupe, tendrá su campaña de bienes raíces justo a tiempo…—hubo otra pausa—…si, antes del martes. Perdón por las molestias, Kusubana-san…yo me encargaré de hablar con el impresor.

Y ahí estaba la condenada frase. El "buen chico" alcanzó a ver que su primo exhalaba fastidiado. No esperó a que este siquiera hablase, sólo le dio la caja y su chaqueta.

—Mejor váyase ahora, Itachi-sempai. –sonrió inocentemente, acomodándose la gorra y arremangándose la chaqueta—…o perderá el autobús.

—Hmp, ¿y crees poder encargarte de eso? –señaló Itachi hacia la puerta aun cerrada de la oficina de Pein. Tobi se cruzó de brazos, sentándose sobre la silla de éste con una burda imitación de seriedad.

—Tobi es un buen chico –asintió efusivamente.—Un chico listo.

Itachi se acomodó el cuello de la chaqueta. Miró la caja infantilmente envuelta en su mano derecha, y la agitó cerca del oído.

—¿Qué es?

—Para los pequeños sempais –mustió Tobi, antes de que la puerta del despacho principal se abriese y saliese el esperado y enfurruñado jefe, le hizo la señal de salir por la puerta de atrás.—Tobi se hará cargo de lo demás.

Sin abrir el paquete y saliendo por la puerta entreabierta sin moverla, Itachi sólo se despidió con un mustio "Vuelvo el lunes." Salió, justo a tiempo de escuchar otra de las retahílas ofuscadas de Pein.

Ya arreglarían cuentas el lunes. Hasta entonces, ¿las cosas no podían empeorar, o si?

—0—

Tenten volvió a girar la hoja, mirando con la cabeza ahora levemente inclinada a la derecha, en vez de la izquierda como había estado haciendo hacía quince minutos.

—Entonces esa es la cabeza…—dijo con cierto aire de optimismo, luego desvaneciente en una incertidumbre vaga—¿o es la pierna…?

Ino Yamanaka se levantó del sofá que componía la menuda salita de espera, yendo hacia la joven de cabello castaño y deteniéndose detrás de ésta. Sakura, quien había estado yendo de un lado a otro acarreando ropa, sacándola y cambiándola por algo mas "propicio" a sus condiciones, se detuvo en medio de su marcha indecisa, mirando en silencio y con aire divertido la expresión confundida de Tenten y la escrutadora cara de Ino; las dos delante de la fotografía y mirándola como si fuese uno de esos cuadros surrealistas en exhibición.

—Ésa no es la pierna…es un bracito –Ino corrigió, siendo interrumpida por Hinata a su lado derecho.

—Eh, creo que el brazo es aquel…o el de abajo…

Sakura cerró la última maleta y se quedó justo frente al contrariado grupo de chicas.

—Lo bueno es que todas somos médicos. La están viendo al revés –tomó la fotografía, la giró pasando un dedo sobre la imagen, que a ojos vista parecía más una de esas fotografías difuminadas de las revistas paranormales que la pictográfica de un ultrasonido—…ahí esta uno y el otro a menos de cinco milímetros.

Ino carraspeó un poco y Hinata expresó un apenado rubor.

—La neonatología nunca fue lo mío y lo sabes, "frentuda" –enunció la rubia. Se puso de pie, ayudando a Sakura a arrastrar la atascada maleta hacia la puerta de la entrada. —Eh, esto no es precisamente empacar ligero ¿Qué rayos cargas allí?

Sakura le dedicó una mirada culposa.

—Ropa de invierno. Allá parece un congelador en cuanto comienza a nevar. –respondió.

Tenten seguía escrutando minuciosamente la fotografía. La giró a la derecha y luego a la izquierda.

—¿Cómo pueden hallarle forma si se ve exactamente igual de un lado o de otro?—arguyó la chica de los chonguitos. La atención deparó en ella al momento en que puso la imagen en horizontal—…saben, si se pone así como que se distingue…

Sakura miraba de reojo el exterior, casi con la frecuencia de un tic. Las cavilaciones de Tenten y Hinata tratando de traducir de nuevo la imagen le hicieron frenar el constante contacto visual. Ino fue y vino desde su apartado consultorio, ahora con un colorido jersey violeta en lugar de la bata de trabajo.

—¿Saldrás a algún lado? –inquirió Sakura con extrañeza y deteniéndose en la conocida y familiar prenda—¿Y que haces con mi ropa?

—Oh vamos…esto no lo usarás en algún tiempo. Al menos ya no te queda—La rubia atenuó a una mueca de "no pasa nada", simple y ladina en sus suaves facciones, ahora enmarcadas por una capa discreta de maquillaje.—Y no voy a ir al centro comercial en fachas.

La chica de ojos verdes se cruzó de brazos, la leve redondez de su vientre se denotó más visible al tensarse los pliegues de la blusa al adoptar esa postura.

—Aja. "La princesa Yamanaka" teniendo una cita, no creí que llegaría este día –rió Sakura.

—Al menos no tengo que dividir mi tiempo con antojos, náuseas, achaques matutinos y un melón en lugar de vientre –acusó Ino con aquel acostumbrado y sagaz sentido del humor que tanto la caracterizaba. Tenten estuvo a punto de decir algo, siendo interrumpida por el sonido escueto de una bocina de auto, proveniente del exterior. Ino le dio una palmada en el hombro a Sakura—Y hablando de, ahí está tu gallardo caballero…a bordo de un taxi. ¿No iba a llevarse el auto?

—No después de lo de la semana pasada —Sakura tomó la fotografía, guardándola de nuevo con cuidado en su respectivo sobre.

—Claro, el datsun sin frenos, jeje. Como aquella película de un auto que…

—Tenten –reprendieron Ino, Sakura y aun Hinata al unísono.

—Yap, perdón –respondió ésta, ayudando con la maleta faltante. Hizo una seña hacia Itachi, el cual había salido del vehículo para aprestarse a llevar las maletas a la cajuela. Tenten le saludó y este respondió con un inexpresivo "hola" hacia las tres chicas. La chica se dirigió a Sakura en cuanto ésta abordó—. Bueno, diviértete…ah y salúdame a tus padres…ne y al pequeño Kotaro.

Sakura asintió. Se despidió de ella, de Hinata y de Ino, aun con el habitual aire propicio de ésta.

—Cuídalos bien, "frente de marquesina"

Y con esta peculiar promesa, el auto arrancó, mientras ella miraba de reojo como se alejaba del consultorio.

—0—

El sentimiento continuaba inequívoco. No era alegría propiamente, ni tampoco una nostalgia excesiva…vaya, ni siquiera podía tomarse como remordimiento, sino una ofuscada mezcla entre las tres. Tras casi un año, ésta era la primera vez que volvía a la modesta casita en que se había criado hasta la mayoría de edad y se sentía un tanto ansiosa por ello.

Un año en el que habían pasado muchas cosas; terminó su servicio social y las prácticas laborales, pudo sacar el acta de pasante y librar todas las materias al menos con una calificación nada reprochable; pudo abrir el consultorio general junto con sus compañeras y…

Y estaba en la recta de la maternidad, por un simple descuido.

La idea fue la que le provocó de nuevo aquel torbellino de sensaciones; un cierto miedo, tal vez el temor usual hacia la opinión u oposición de los padres y la incertidumbre en cuanto a lo que pudiesen decir de Itachi. El último dialogo telefónico, ahora en palabras de su madre, logró tranquilizarla un poco.

"¿El sujeto ése dice que va a responsabilizarse?"…"No lo conoces, ¿estás segura de querer seguir adelante con él?"

Y aunque nadie experimenta en cabeza ajena, Sakura ya sabía la respuesta, pero externarla siempre era cosa aparte. Se giró de reojo a su compañero; Itachi estaba con la cabeza apoyada contra el vidrio y con los audífonos del walkman de Tobi siseando levemente las notas de lo que sea que estuviese escuchando. Ella no hizo afán de distraerle.

Su atención deparó en la pequeña caja apostada en el interior de la mochila del Uchiha y picada por la curiosidad –el hecho de que era un regalo del primo de Itachi no auguraba a algo en concreto- lo tomó.

Itachi estaba perdido en sus pensamientos, recapitulando lo de la mañana y con la funesta frase de Kisame dándole vueltas en la cabeza como un fastidioso volantín.

"Estofado de comadreja" Realmente eso no sonaba nada alentador, ni para los pobres animalejos ni para los que compartían cierto nombre equitativo.

Bah, sólo es una familia…no, es SU familia. Se dijo tratando de acallar la sinuosa idea, deteniendo el ritmo de sus dedos sobre el redondo botón del walkman y ¿sintiéndose nervioso?

Justamente volvió a mirar hacia el exterior, y detrás del transparente cristal del autobús, la carretera se ampliaba y los restos de civilización desaparecieron, dejando sólo un rastro de anuncios de camino y publicidad a gran formato decorando el amplio llano. Entonces a Itachi sólo se le antojó pensar que definitivamente ya estaba demasiado lejos de casa. Lejos de lo que conocía y cerca de lo que no y…

—¿Itachi? –Sakura le llamó y por fin este se quitó los audífonos, entornando la adormecida mirada hacia la joven.

—¿Eh?

Estaba ruborizada, el lo notó a pesar del sombreado de su rostro a causa de las luces escasas de la tarde. No se percató del porque hasta que vio la caja obsequiada por Tobi descansando en su regazo.

—Ah, eso…

—Fue un lindo detalle de su parte –completó Sakura, sosteniendo parte del contenido del paquete.

Dos pequeñas gorras tamaño infantil…y color naranja.

—…debí suponerlo…—musitó Itachi. A punto de que este intentase tomar una, el autobús se detuvo, dando un tumbo hacia delante. El motor se quejó abruptamente y la puerta se abrió—¿Qué demonios…?

—Llegamos –Sakura ni siquiera se inmutó por el suceso. Tomó su bolso de mano, levantándose y esperando a un confundido Itachi, quien miraba extrañado hacia el entorno.

El muchacho se irguió un poco más en el asiento, dándose cuenta de que el vehículo no iba a moverse en absoluto. Estaba aparcado y eso pudo ser normal, de haber estado en una de las obligadas paradas estacionarias y no en medio de la nada, con un mustio exterior rodeado de árboles y un desgarbado sendero hacia Kamisama sabía dónde.

—¿Es aqui? –Itachi se alzó la maleta al hombro y bajó detrás de Sakura. Un par de pasajeros también bajaron y a juzgar por el semblante de éstos incluida Sakura, no denotaba ni la mayor contrariedad.

—Si.–respondió la chica de pelo rosa, tomándole del brazo— Parece que aun no terminan el entronque hacia el pueblo. —Escudriñaba de reojo hacia el camino y luego a lo poco que podía avistarse alrededor del autobús.—Que raro, ya deberían de haber llegad…

—¡Onee-chaaaaaaan! –bramó a voz en grito alguien justamente detrás del vehículo, corriendo hacia la joven. Sakura se giró al instante, encontrándose con la correosa silueta de un muchachito de once años, delgaducho y de corto y despeinado cabello rosado, andando a trompicones por el irregular suelo y empujando intencionalmente a Itachi—¡Sakura onee-chaaan!

—¡Kota-kun! –apremió Sakura, tomando al chico por los hombros—¿Quieres tener más cuidado? Casi tiras a…—observó a Itachi todavía de pie gracias al contrapeso de las maletas. Rió nerviosamente—eh, Itachi, él es mi hermano menor Kotaro. Kotaro él es…

—Fracasado –el muchachito entrecerró los ojos, barriendo con la mirada al serio espécimen con ojeras. Se le acercó, pinchándole en el hombro—Fracasado-fracasado-fracasado-fracasado-fraca…

—¡Kotaro Haruno!

Y éste apremió a la represiva verbal de su hermana, sólo por un instante.

—¿Qué? –se quejó el chico, echando ambos brazos detrás de la nuca—Papá lo llama así todo el tiempo y mamá cree que…

—Si, si, ya lo sé, ¿Dónde están? –irrumpió Sakura.

El pequeño monstruo de pelo rosa y ojos verdes que no dejaba de darle codazos cortos al estoico citadino ojeroso, alzó el brazo libre, sin decir nada y sólo señalando detrás de Itachi. Una mano nudosa sujetó el lado izquierdo del hombro del Uchiha y otra el otro lado.

—Así que eres tú…—masculló alguien a sus espaldas.

—…el que embarazó a nuestra hermaniiita…—completó otro, alargando la última palabra como si pronunciase una ladina amenaza.

Itachi volvió el rostro hacia su derecha, sin que aquellos sujetos de metro noventa de estatura, melena rala y magenta y complexión digna de dos defensivos de hockey dejasen de asirle por el hombro. Una maleta de las que sostenía cayó en el momento en que la presión se incrementó y aunque Itachi estuvo a punto de responder de manera verbal, las palabras y todo aliento murieron en su garganta. No por esos tipos-intentos frustrados de golpeadores de llamativa cabellera, sino por el rostro extremadamente severo de aquel hombre que bajaba de una camioneta Ford, andando con paso decidido hacia él, seguido de una mujer de aspecto calmado, cabello rojizo, ojos verdes y ataviada con uno de esos usuales vestidos floreados.

—¡Saku-chaaan! –clamó la señora, abrazando efusivamente a la joven—¡Llegaron tarde!, de seguro la carretera sigue hecha un desastre, ¿Cómo te ha ido? Pero ve nada más, si que has engordado, niña…

Sakura profirió un ahogado "todo esta bien" en medio del discurso exagerado de Hanako Haruno. Saludó a su padre y éste respondió con un gruñido de aceptación.

Su atención estaba fija en el Uchiha.

—Y éste es…

—Itachi…—las palabras volvieron al aliento de Itachi, a pesar de sentirse suspendido por tres centímetros del suelo—…Uchiha Itachi.

—Ya veo – el patriarca de una de las tantas familias de la tranquila villita del noroeste del País del Fuego, escrutó al joven como lo haría con uno de esos tallos resecos y chuecos que solían echar a perder los brotes de maíz. Se pasó una mano por la barbilla, y la alzó hacia Itachi. Éste correspondió al saludo, o mejor dicho al apretón destroza-nudillos patentado—Kouji Haruno –se presentó, sin soltar y apretando más la inocente mano del muchacho. Señaló con la mirada a los sobre desarrollados jóvenes que asían al citadino—Ellos son mis hijos Houko y Hiro; ya conoces a Kotaro y ella es mi esposa, Hanako.

Itachi asintió con la cabeza y se percató de la ladeada media sonrisa en el rostro de Kouji, idéntica a la de Kotaro y probablemente la misma proyectada en los gigantones que aun le sostenían. Una mueca que podía verse tranquila, pero que en un sentido oculto, muy. Muy oculto, parecía idéntica a la de un verdugo a punto de proclamar la sentencia definitiva

—…bienvenido, muchachito

El Uchiha tragó hondo y una parte subjetiva de su mente sólo resolló la acentuada idea de que éste sería tal vez el fin de semana más largo de toda su vida.


NOTAS DE LA AUTORA:

Bien por poco y no acababa este cap, la verdad fue una semana muy atareada en el trabajo (inventarios y esas cosas -__-) en fin, aqui esta la entrega. De entrada pensaba que este capitulo se tratase mas de los Haruno, pero viendo los demas aspectos, sentía que estaba dejando muchos cabos sueltos y preferí amarrarlos y dejar como cierre de capitulo esta peculiar escena. Jeje...ya pondre todo a su debido tiempo.

Como siempre se agradece todo comentario. Nos leemos.

Siguiente capítulo:

"Temporada de Comadrejas"