El Vuelo de la Cigüeña
Décimo Tercer Capitulo
Temporada de Comadrejas
"Estofado de comadreja", resollaba Kisame en sus recuerdos del dialogo de la mañana; e Itachi no le tomó importancia…hasta ese momento en que en medio de la mesa familiar y frente a la incuestionable mirada del matrimonio Haruno, simplemente no se le ocurrió pensar en otra cosa.
Pasó la cuchara, revolviendo el contenido del plato por cuarta ocasión y seguía sintiendo esa envolvente necesitad de apartar la vista. El olor era agradable pero la peculiar carne le daba la tremebunda idea alusiva al canibalismo. Hasta podía jurar que había algo que se movía.
—¿Quieres que te sirva más, Itachi? –Hanako pasó la honda cazuela cerca del plato de éste.
—Gracias señora, pero no…
Y Hanako vertió una ración más, dejando el plato a rebosar y ahora dos trozos más de carne blanquecina como el pollo, flotando en un peculiar revoltijo de zanahorias y patatas.
—Aquí tienes, no tienes por qué ser tan tímido. Si quieres más comida sólo pídelo –Hanako Haruno, la sonriente dama de cuarenta y quien sabe cuantos años y facciones mesuradamente cándidas, le dedicó una expresión confianzuda—Además mira nada más que flacucho estás, sigo sin creérmelo que seas tú el que haya embarazado a mi hija…
—Mamá…—apremió Sakura.
Hanako atinó con una risa nerviosa, mientras que la atención familiar deparaba en el incriminado Uchiha. El sonido del televisor era más que basto para amenizar la cena como ruido de fondo, y sin embargo a Itachi le parecía que un silencio sepulcral reinaba en la sala-comedor de la modesta casa Haruno…y las miradas atentas de todos hacia él.
"No tengo mucha hambre" se recriminaba internamente, tomando con la cuchara un diminuto trozo de carne…¡Y por Kamisama, la sola idea de plantearse que aquel bocadito parecía una versión en miniatura de él mismo no ayudaba en nada a siquiera fingir algo de apetito.
Nervioso era un apelativo lejano, y por alguna razón el flamante decorado de ocho pieles marrones, medianas y debidamente empotradas sobre la chimenea, no era el aire rústico y tranquilo que había comentado Kisame en la oficina.
—¿A qué te dedicas, exactamente, muchacho?—Kouji irrumpió el ensimismamiento de Itachi. Éste bajó la cuchara al momento como si en vez de hablarle le hubiesen pinchado en las costillas.
—Soy publicista. –la voz sonó ronca, casi como si estuviese hablando frente al vacío. Piensa seguro, siéntete seguro…no en vano dejaste de lado la condena familiar…¡Al menos di algo!, se dijo en un vago intento por convencerse de hablar más allá. Y era notorio que el término no era ni medianamente conocido para Kouji-san.—Trabajo en una agencia, imprimimos carteles, folletos, tarj…
—Entonces te ganas la vida con esas cosas impresas –arguyó Kouji, acortando la desvaneciente explicación de Itachi. Hubo una risa ahogada por parte de Kotaro, acallado por el sublevante gesto de su hermana mayor, y el patriarca Haruno esbozó una media sonrisa, porfiada y muy marcada—. Hummpf…eso es bueno…para un muchachito más joven, ¿pero crees que podrás con los gastos de una familia? —la frase no aludió a nada más allá de ése soberbio intento por decir las cosas como son, e Itachi ni siquiera tuvo oportunidad de responder.
No porque no quisiese sino porque…¿Qué demonios hacía esa escopeta apoyada contra su silla?
—Si, no me pagan tan mal —aludió el Uchiha, retomando la conversación y haciendo un esfuerzo por digerir un tercio mas del dichoso estofado.—Tengo contrato de tiempo indefinido, pero he trabajado allí mas de un año.
—O sea que eres un pobre diablo –Kotaro habló con la boca medio llena de carne. Uno de aquellos mastodontes de cabello rojizo lo secundó con un intento de carcajada y el otro seguía con la mirada clavada en Itachi…mientras afilaba recurrentemente sus cubiertos.
—No, pero tampoco tengo una nómina o…
—¿Pero puedes mantener una familia, verdad…Itachi?—esta vez la estocada fue por parte de Hanako.
Y la acorralada comadreja se quedó sin palabras.
Genial, te estas hundiendo y metes la cabeza, se reprimió Itachi mentalmente. Brillante. Ahora pensarán que trabajas de favor allí, ¿no se te pudo ocurrir otra cosa que no fuese "contrato por tiempo indefinido"?...
—Mira, hijo…—Kouji, quien había terminado su ración, se aprestó a sacar su usual pipa. La encendió, y enunció aquello con un acento estremecedor, concentrado más en la última palabra.—…aquí nada se da gratis y espero que lo entiendas. Y a tu edad y después de lo que has hecho…
—Pá, Itachi y yo podemos salir adelante con esto —irrumpió Sakura, llegando a una especia de relevo…o defensa, mejor dicho. Por debajo de la mesa, la joven tomaba la mano del "acusado", casi como un gesto inequívoco de confianza—. Y yo también trabajo, así que no me parece tanto problema.
Buen intento de rescate…hasta que Hanako, quien había vuelto de la cocina, reapareció en escena acompañada de aquel monstruoso pay de manzana. Y el pausado ambiente –frío y cortante, pero calmado- se caldeó.
—Pues debería preocuparte, vas a dejar ese trabajo para cuidar a mis nietos –declamó con aire propio—¡Y ni siquiera pienses dejarlos en uno de esos lugares que supuestamente son para cuidarlos, o a cargo de un extraño o…!
—Se llaman guarderías.
—Hasta el nombre suena insulso –Hanako desenfundó el cuchillo desde el bolsillo de su floreado delantal. Itachi notó el brillo de la hoja, como si le señalara a él…y luego a Sakura—Guardería…¡Jah! ¡Son niños, no maletas! ¡Ni desesperada permitiría que abandonases a mis nietecitos en un lugar así!
—Madre, dejaré de trabajar cuando comience la cuarentena, pero en cuanto ellos estén un poco más grandes puedo volver a atender el consultorio.
Dos segundos, Itachi los contó. Dos segundos desataron un peculiar derrumbe.
—¡¿Cómo es posible que seas tan desconsiderada?! –exhaló Hanako—¡Lo sabía! ¡Ése ambiente citadino te ha echado a perder!
—Mamá…
—¡Debiste quedarte aquí! ¡Eso de la vida de ciudad es para gente de otro nivel! ¡Y no voy a permitir que los niños se contaminen de esas costumbres tan presuntuosas! ¡Chaaaa!
—Hanako-chan, ¿Puedes traerme mi café? –Kouji se dirigió a su esposa con el aire más reposado que pudo y ésta asintió, como si nada de la tolvanera de palabras hubiese ocurrido.
Una pequeña erupción volcánica, pero el Uchiha la sintió, debido a que Sakura le había oprimido más los nudillos y su mano libre había adquirido un tic continuo, moviendo la cuchara de un lado a otro dentro del platón ya vacío.
Tensión aminorada…y devuelta al responsable de la inesperada paternidad.
—Pues trabajes o no –dijo Kouji, mirando primero a Sakura y luego a Itachi—Es el hombre el que debe de proveerlo todo. Y no creo que con un empleo de medio tiempo en esas…cosas, sea suficiente.
El último bocado –uno de esos puñados enormes que pueden tomarse como una porción industrial- del grasoso estofado estuvo a punto de atascarse en la garganta de Itachi. Carraspeó un poco y bebió como pudo lo que restaba del té.
Con la voz y el ánimo tambaleante, volvió a hablar.
—No es un trabajo malo, pero si dispensan de mi, puedo conseguir otra cosa.—aunque estaba seguro, ni el mismo Itachi se sentía convencido de sus propias palabras—Tengo una carrera.
—Carrera la que te pondremos…—musitó uno de los oni-san de Sakura, engullendo un trozo de pay tan grande como su puño,
—…si abandonas a nuestra hermanita—secundó el otro.
El señor Haruno sólo hizo una seña hacia los muchachos. Una expresión severa, pero a Itachi le pareció una sonrisa malévola en su rostro; aunque prefirió pensar que eso sólo era su imaginación la que le estaba jugando una mala pasada. Y no deparó en que el pequeño renacuajo de cabello rosa y rostro de pillo no estaba.
—Supongo que ya tienen la fecha –retomó Kouji. Itachi arqueó una ceja, sin entender.
—¿Fecha?
—Para la boda –el ceño de Haruno-san se frunció levemente—Porque en esta familia las cosas se hacen como Kamisama manda. Nada de vivir juntos o juntarse o como sea que le llamen allá.
—¿Boda?...—y la palabra casi se atoró entre sus amígdalas. El pulso de Itachi se tambaleó mientras sujetaba el vaso—…bueno no habíamos pensado en…
Sakura intervino de nuevo, al tiempo en que Kotaro volvió a sentarse a la mesa, alcanzándole a Itachi un plato con una tremenda tajada del postre.
—Papá, Itachi y yo lo decidiremos en cuanto nazcan los niños –la joven trató de darse a explicar. El matrimonio no es una obligación.
Kouji no espetó nada más allá de un suspiro. Itachi cortó un pedazo con el tenedor, y se lo llevó distraídamente a la boca.
—Escucha, hijo: esto sólo lo diré una vez y espero que entiendas —Kouji exhaló, se aclaró la garganta y prosiguió—, que entiendan, que una familia es un asunto serio. Hay vidas implicadas, ¿de acuerdo?
El sabor, agradable al inicio, se detuvo en las papilas gustativas del Uchiha.
—Si, señor. Yo…
Y de repente…todo se agrió
—Yo…
—¿Itachi? –Sakura volvió su atención al futuro padre. Estaba pálido, ojos vidriosos y una mano parecía estar frente a su boca deteniendo una arcada.—¿Itachi-chan?
Agrio, amargo, ácido…una tremebunda mezcla de todo aquello. Todo estaba de nuevo allí, incluyendo el odioso estofado y…
—¡Baño!
Itachi se levantó, como si el asiento le hubiese quemado la rabadilla, corriendo torpemente hacia el sanitario apostado hasta el fondo de la casa. Kouji irguió levemente el rostro, Hanako se quedó en silencio, Sakura igual, Hiro rió secundado por Houko y nadie deparó en la pequeña botella que se asomaba en el bolsillo del overol de Kotaro.
Un frasquito plástico lleno casi a la mitad…de aceite de ricino.
—0—
Llevaba ya cuatro horas, trece minutos y cincuenta, cincuenta y uno, cincuenta y dos… en fin, demasiado tiempo en esa casa y nadie diría que aguantaría tanto.
El ataque del endemoniado laxante casero había menguado, por fin. Y las consecuencias como el dolor de cabeza y el mareo condicionado parecían querer desaparecer.
Desaparecer era el anhelo de Itachi Uchiha en este preciso momento. Miraba el techo de la habitación, pensativo y con sus brazos tras la cabeza en forma de almohada mientras intentaba reacomodar la cuestión de los hechos. Menuda primera impresión la de la cena: él como el pobre tipejo que no tenía oficio ni beneficio –visión aclarada por "papi suegro"- y Sakura como la enajenada al trabajo.
¿En que momento todo se complicó tanto? O más bien, ¿en qué momento permitió que todo se complicase?
Y sin contar lo bien que los hermanitos parecían tomar al Uchiha. Desde que Itachi había puesto un sólo pie en su territorio, no le habían quitado los ojos de encima. Durante esa cena, que a Itachi le había parecido una eternidad, el señor Haruno aprovechaba cualquier momento en el que se encontraban solos para lanzarle pequeñas indirectas, muy directas, al joven de profundas ojeras; por lo que este había decidido no pegar ojo en toda la noche, más bien para asegurarse de que Kouji Haruno no entrara a su habitación con aquella escopeta. Pero Itachi, precavido como el que más y no muy convencido de la seguridad hacia su persona, había escondido debajo de la cama el único objeto que pudiese tomar como defensa; una simple y mustia sombrilla.
Estas exagerando, se dijo y la idea parecía más bien expresada por Deidara o Hidan en vez de su subconsciente. ¿Habrán tenido razón con eso de "funeral"? aunque él no lo creyese al inicio, la ligera idea no se apartaba de su mente y ahora mucho menos. Primero lo del estofado, luego la tranquila charla familiar y…¡y esa escopeta en la sala!. Bien, eran campesinos y lo lógico era tener algo con qué defender sus adorados terrenos, pero, ¡¿una escopeta en la sala?!
Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no se percato de que la puerta del dormitorio estaba siendo abierta, haciendo un intenso chirrido, para luego ser atravesada por una sigilosa Sakura.
—¿Mejor? –inquirió, cerrando la puerta detrás de sí y sentándose en el borde de la cama, acomodando sobre su regazo el tazón con una tercer rebanada de pay y crema batida.
—Hmp…al menos tengo pulso—respondió Itachi. Su rostro lo intentó pero no pudo solventar ni una media sonrisa—No te escuché bajar.
—Les dio hambre…de nuevo—suspiró ella.
El muchacho se irguió un poco sobre el almohadón. Sakura se acercó un poco más, apoyando la cabeza en el hombro de Itachi. El aroma del postre recalentado al vapor le pegó a éste y con la situación en la que se encontraba no pudo sino ahogar un tosido. Pasó una mano detrás del hombro de la chica, atrayéndola un poco más.
—Perdona, por lo de esta tarde. Usualmente Kotaro no es tan, bueno ya sabes; fastidioso –Sakura habló con la boca medio llena—y lo que dijo mi papá, el en ocasiones es un poco intolerante con los fuereños. Y mamá no se queda atrás.
—Supongo que sobreviviré. —Itachi musitó, haciendo el indicio de un comentario despreocupado y relajado. El comentario más hipócrita que había hecho en su vida—. Mientras tus hermanitos o tu padre no quieran usarme de señuelo de cacería, todo esta bien.
—¿Por qué…? Ah, lo dices por el viejo rifle. Esa cosa ha estado en la familia por años, era de mi bisabuelo y dudo que siquiera sirva.
Itachi rió, más bien gimió cortadamente.
—Créeme que no quisiera probarlo.
Sakura había terminado la rebanada y dejó el plato sobre la mesita de noche. Su mirada parecía pensativa; Itachi advirtió ese gesto desde que entró a la alcoba –su habitación de soltera, precisamente o por decirlo de algún modo- y no dijo nada. La soberbia naturaleza Uchiha siempre aprestaba a que el otro externase el asunto; preguntar o anticiparse siempre era sinónimo de meter la pata y había cosas que no podían tomarse con esa estrategia. La joven tenía una mano sobre el levemente abultado vientre y luego la deslizó hasta la mano de Itachi.
Éste volteó a verla.
—Itachi…—Sakura apoyó un poco más la cabeza en él—, acerca de lo de la plática…¿realmente lo has pensado?
—¿Pensar que? –Itachi simplemente sintió que la pregunta sonaba fuera de lugar. Su mente aun estaba demasiado embromada y su cuerpo respondía lento, gracias al laxante casero improvisado por su futuro cuñadito. Hizo un esfuerzo, recapitulando los díalogos y creyó encontrar el punto clave—¿Lo que dijo tu padre?, ¿Lo de…?
—Matrimonio—Sakura se encogió de hombros
El Uchiha se pasó una mano por la sien, apartándose un mechón de pelo.
—Hmp…yo aun no estoy seguro y según recuerdo tú nunca comentaste nada al respecto—dijo escuetamente, y de momento sintió que las palabras salían, simplemente así; salían y no pudo detenerlas o cambiarlas por otras menos burdas—. No le veo sentido ahora, apenas y nos conocemos y lo del embarazo…
—O sea que no te importaría, ¿o simplemente te da lo mismo, Itachi?
—No dije que no me importara. No es momento y no creo que sea prudente. Tú opinabas lo mismo.
Y la mirada de la joven se tornó gélida. Aterradoramente idéntica a la de Hanako o Kouji. Ah, genética tan exacta.
—¿Llegarías a considerarlo? Itachi, tendremos familia, y aunque yo puedo encargarme de ellos, no se que es lo que pienses tú. ¿Qué apellido llevarán? ¿Has pensado en eso?
Exhausto, lejos de su casa, y moralmente atosigado; Itachi simplemente trató no estallar, respondiendo a su peculiar, escueta y personal manera.
—No te entiendo, Sakura. Primero decías que eso no tenía importancia. A mi no me perjudica que…
—Entonces no te importa. ¡Son tus hijos y no te importa!
Si, bendita genética. Ahí no estaba Sakura, sino una tremebunda fusión entre Kouji y Hanako.
—Sakura, cálmate. No dije exactamente eso, yo…
—¿Qué es lo que quieres, Itachi?, ¿Qué…?
—Shh…—interrumpió el joven, mientras señalaba hacia la puerta e intentaba oír que pasaba al otro lado de ella—Alguien se acerca.
—Será mi madre o mi padre que van al cuarto de baño—Supuso Sakura.
La indagación de ambos quedó inmersa en el sonido del exterior. La puerta comenzó a chirriar dando a entender que estaba siendo abierta para luego mostrar una figura entre la sombra, similar a la del señor Haruno, que empuñaba lo que parecía ser…
¡Un cuchillo! ¡Kamisama! ¡¿Trae un cuchillo?! ¡No es la escopeta! ¿Acaso prefiere hacer el trabajo a la antigua?
Itachi, sin pensarlo dos veces, saltó literalmente de la cama y, tras sujetar con mayor firmeza la inocente sombrilla abrió la puerta…y la nudosa mano de Kouji sujetó el artilugio al instante y le miraba extrañado. Su mano derecha aferraba algo, pero para la ofuscada imaginación de Itachi no podía ser otra cosa que…
¿Aceite para puertas? murmuró Itachi confundido mientras observaba el tubo de aceite.
Entre que todo estaba oscuro, el hecho de que su cuerpo estaba aporreado, sin contar con que su mente no paraba de jugarle malas pasadas desde que habían llegado a esa casa y que, casualmente, el tubo de aceite tenía una forma muy similar a un cuchillo… era natural que Itachi actuara así ¿no?
"Ahora si que estoy muerto" pensó "Mañana me fríen en barbacoa"
—Oh disculpe, Haruno-san, no era mi intención—se disculpó Itachi, mientras bajaba la sombrilla— ¿Quería algo?
"A parte de darme un susto de muerte" pensó para si." Y todo por culpa de las estúpidas películas…Si es que ver Psicosis no ha sido buena idea"
— He venido a echar un vistazo—Gruñó Kouji, espolsándose el pijama, para luego ojear rápidamente la habitación— Me ha parecido oír que discutían—detuvo sus orbes en Sakura, quien miraba la escena sin inmutarse— ¿Esta todo bien, hijita?
Ella asintió, despejando el cobertor.
—Si, pá. –dijo Sakura—Itachi y yo solo estábamos…hablando.
—Bueno. –Kouji señaló a Itachi—Muchacho, te quiero levantado a las cinco de la mañana.
—¿Para que…?
—Te llevaremos de caza, tómalo como un día entre padre e hijo. –enunció Kouji con soltura. Se dio la vuelta, sin darle oportunidad de queja a Itachi y por lo que éste convenía, no podía ni quería quejarse—A las cinco en punto.
Le vio retirarse, mientras que él se quedaba estúpidamente rígido en el marco de la puerta. Cuando pudo ser consciente del resto de su cuerpo, logró cerrar la puerta y volver a la cama. Sakura estaba tumbada entre sus almohadas, dándole la espalda.
—Sakura…¿quieres que terminemos de hablar?
Oyó que esta suspiró, y sin decir nada, alargó una mano hasta la lámpara de la mesa, apagándola. Itachi ladeó levemente la cabeza y se acomodó con sigilo y como pudo junto a ella.
—¿Tomaré eso como un no?
Sin respuesta de nuevo.
Hmp…ahora me ignora, murmuró abatido para luego tumbarse por completo sobre la cama. Deidara tiene razón, las mujeres tendrían que venir con un librito de instrucciones.
Y en el caso actual de Sakura y la horda de hormonas en ebullición, el librito de instrucciones debería ser tan grueso como una guía telefónica.
Quiso pasar una mano cerca del brazo de la joven, cerca de su espalda, de su cuello…de su vientre. Pero la apartó, simplemente por no estropear más las cosas. Y el día de mañana estaba pronosticado a ser el más largo de toda su vida. "Llevarlo de cacería…un fin de semana como padre e hijo", ¿Qué demonios? El único fin de semana que había pasado con Fugaku había sido en la saturada bolsa de valores de Konoha y la única cacería fue una escuálida lista de empresas decadentes con urgente necesidad de auditoría.
Y ahora Sakura, ¿lo odiaba? Quizá no fuese ése el término, pero se acercaba.
Desde aquella trasnochada subida de copas; ésta era la primer noche que pasaban juntos, compartiendo la misma cama y ahora la enorme diferencia radicaba en la invisible barrera de distancia.
No diría nada. Soportaría de la misma manera en que lo perjuró en el trabajo. Lo haría porque…
Porque si me importa.
—0—
¿Qué tan difícil es apuntar, concentrar el pulso y disparar?
Para Itachi Uchiha, con el record personal de "pulso de hierro" –se necesitaba pulso para trabajar con Tobi gritando y Hidan increpando a sus espaldas— y una entereza digna de un recluta de la milicia de Konoha, esto no fue un desastre…
Un terremoto era un desastre, que su padre se sintiese agonizando por un simple calambre en el dedo meñique, era un desastre.
Esto…era una catástrofe de escalas mayores.
Sostuvo el rifle, por quinta vez hacia el mismo e inocente conejito que no tenía la culpa de hallarse en el mismo plano que él; y si la presa hubiera sido una comadreja, tampoco lo consideraría. El dedo le temblaba en el gatillo.
Por Kami, sólo era un inocente animalito.
—Tú dispara, hijo –imperó Kouji.
Kotaro reía profiriendo frases como "cobarde fracasado" y cosas por el estilo. Los trogloditas mayores miraban silenciosos y expectantes y él simplemente estaba inmóvil.
—Dispara. Ésa es la cena, hijo. –atajó Kouji de nuevo.
Haló el gatillo. Inmerso en una concentración que nada tenía que ver con el blanco. ¿Estaba tratando de dar un disparo de advertencia? Estaba centrado en la cabecita del animal y simplemente…
¡Bang!
Oyó el tiro, y sintió que alguien lo pescó del cuello. ¿Cómo es que se estaba moviendo tan rápido?
Bajó la vista y encontró el suelo yendo a velocidad relámpago bajo sus pies. Hiro lo sostenía del cuello, estando sobre la parte trasera de la camioneta y esta andando a velocidad rauda, dando tumbos entre la maleza, mientras que los Haruno gritaban como esos escandalosos pueblerinos de aquella serie de televisión.
Bingo, eso era cacería campirana…y al cien por ciento.
Si, era casi divertido, si no fuese Kotaro quien tomaba el volante y la raída camioneta erró la trayectoria. Dos malditas piedras ayudaron a llevar el frente del vehículo justo y certero hacia una de las cercas del territorio Haruno.
La parcela quedó dividida por las toscas huellas de las llantas, el espantapájaros fue asesinado por los ejes, la cerca de respaldo masacrada también.
Ya última víctima; la ventana y la pared que daba hacia el exterior, colapsada por un insignificante tope. La camioneta se detuvo, pero el efecto dominó en el interior de la casa Haruno no se hizo esperar. La ventana se rompió, Itachi quien iba atrás y sin sujetarse más que del legendario rifle, fue a dar gracias a la inercia, justo contra el vidrio, cayendo cual vil costal de patatas contra la vitrina de la despensa. El mueble, empujado con fuerza se derrumbó a la izquierda, sobre la mesa y una lluvia de platos, vasos, cubiertos y los emparedados de la merienda, cubrieron el santuario personal de Hanako; la cocina.
Itachi miró todo y, después de murmurar un ¡Auh! a causa de la cazuela aterrizando sobre su cabeza, cayó al suelo inconsciente.
—¡Mi vajilla! –exclamó la señora Haruno observando los platos de la vitrina, ahora hechos pedazos.
—¡La comida!—dijo Hiro al ver los sandwiches esparcidos por el suelo.
—¡La pared!—se unió Houko al ver el enorme boquete.
—Mi cuello—murmuró Kotaro tocándose el cuello adolorido.
—¡Mi novio!—dijo finalmente Sakura acercándose a Itachi—¡Itachi! ¡Itachi-chan! ¡¿Estás bien?!
—No te preocupes, si está fingiendo –intervino Kouji, receloso—¡Lo hace para llamar la atención!
Sakura lo miró muy molesta y el señor Haruno enseguida entendió que habían acabado con la paciencia de su hija por lo que prefirió no decir nada más.
—Llevémosle adentro—ordenó Sakura.
—0—
Oía muchas voces, y entre ellas pudo distinguir la voz angustiada de Sakura. Le dolía mucho la cabeza y le pesaban los parpados por lo que hizo un gran esfuerzo para abrir los ojos.
—Sakura…—avisó la señora Haruno.
—¿Itachi?, Itachi, ¿Estás bien? —volvió a preguntar la joven—Nos has tenido muy preocupados ¡Di algo!
Ella le movía con cuidado. Kotaro le miraba atentamente como un bicho raro y aplastado…y los comentarios de Hiro y Houko secundando a su padre, fueron el detonante de todo. Todo vaso lleno se derrama y todo Uchiha harto, explota.
Y que Kamisama los protegiese de las consecuencias.
—¡Itachi!
— En cuanto la sangre me vuelva a la cabeza, que por cierto me duele mucho, —respondió Itachi antes de levantarse en el sofá donde lo habían acostado.—¡Me voy!
Estaba enfurecido y eso hasta pareció caerle en gracia al señor Haruno.
—Esta bien —afirmó Kouji— Y no sabes cuanto me alegra saber que te vas, créeme que no te echaremos de menos, citadino.
Y los Haruno siguieron agitando el vaso, pese a que este se escurría; por decirlo de un modo a la colmada paciencia de Itachi. La tormenta había arribado; no una tormenta sino un tifón a escala Uchiha.
—Yo tampoco, eso no lo dude —contestó Itachi enfadado— Venir aquí ha sido la peor decisión que he tomado en mi vida.
—Estoy de acuerdo contigo—corroboró Kouji—Y espero no verte en lo que me queda de la mía.
—Delo por hecho—dijo Itachi sin apartar el contacto visual con su suegro— Y no es necesario que me acompañe a la puerta ¡Puedo ir solo!
—Me alegro—añadió el señor Haruno con una leve sonrisa—¡Porqué tampoco pensaba acompañarte!
Pero justo cuando Itachi iba a atravesar la puerta del comedor, Sakura se interpuso.
—¡Ya es suficiente! —exclamó la joven con los ojos brillantes— ¡Estoy harta! ¿Saben? ¡Harta!
Un silencio sepulcral. Hasta Kotaro dejó de hacer el molesto ruido con la pajilla de su vaso de soda. Kouji e Itachi se quedaron mudos por fracción de segundo.
—Sakura, él…—comenzaron ambos—Yo…
—No estoy dispuesta a aguantar nada más –interrumpió la joven—O arreglan esto… ¡o no quiero ver a ninguno nunca más!
Sakura subió las escaleras en dirección a su cuarto sin poder contener más el llanto mientras que Kotaro, Hiro y Houko abandonaban el comedor sin saber muy bien que decir.
Hanako tomó a su marido del hombro.
—¿Cómo pudiste hacerle eso a tu hija?...¡Esta embarazada! –la furiosa mirada de aquellas pupilas jade se enfocaron en Kouji y luego en Itachi—¡Lleva a sus hijos!
Ninguno de los acusados respondió. La señora Haruno negó con la cabeza y, tras cerrar la puerta del comedor para dejar a Kouji y a Itachi solos, subió las escaleras que daban al segundo piso para hablar con su hija.
—0—
Los hombres podían ser idiotas, todo cuanto quisiesen y el resultado siempre sería el mismo; enderezarlos era un amino difícil.
La frase de Ino Yamanaka seguía repitiéndose en la mente de Sakura, ya un poco más calmada, de pie frente a la maleta casi llena de nuevo y el recuerdo de sus lágrimas aun fresco en sus mejillas.
—Itachi…idiota…
—Igual que tu padre –completó Hanako, ayudándole a doblar el resto de la ropa. El gesto de complicidad estaba intacto en su semblante—…creo que por eso se llevan así.
Sakura negó con la cabeza, sin mirar a su madre. Hanako supo que seguía sollozando.
—No sé…—Sakura hizo una pausa, pasándose el dorso de la mano por una mejilla, limpiando una solitaria lagrima—…no sé si esto funcione.
Una mano le sujetó por los hombros. Hanako le abrazó, tal y como lo había hecho cuando la pequeña Sakura de tres años se cayó de su primer triciclo, o cuando a los diez se percató de lo vulnerable que podía ser ante los abusones de la escuela o inclusive a los catorce, cuando descubrió el significado de ser mujer y de aquel asuntito de cada mes.
Y allí estaba Hanako ahora, como siempre lo había estado.
—Por lo menos parece que al idiota ese le importas. —Dijo Hanako— ¿Qué clase de citadino soportaría una mañana de cacería con tu padre?...y pese a lo que hizo Kotaro, no lo ha querido matar. —aspiró hondo, y esbozó una sonrisa aunque su hija no pudiese notarlo—. Quizá el idiota no lo es tanto.
Sakura no dijo nada.
—0—
Habían pasado más de diez minutos y ninguno de los dos se había dirigido la palabra. Itachi caminaba por el comedor mirando las fotos de la familia que había en una de las estanterías y sonrió al ver una en particular.
—¿Es Sakura? —preguntó el joven a lo que Kouji respondió con una especie de gruñido—¿Cuántos años tenía en esta foto?
—Siete—contestó el señor Haruno, malhumorado.
—Y este es usted ¿no? —se interesó Itachi señalando una foto en la que había un hombre mucho más joven abrazando a su hija pequeña.
Kouji volvió a gruñir e Itachi sonrió para sus adentros. Al parecer al señor Haruno no le hacía ninguna gracia tocar el tema de la edad. No por fastidiar, pero tal vez era la oportunidad perfecta de menguar un poco el aire ofuscado
—Parece que estaban muy unidos —comentó Itachi metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón.
—Estamos muy unidos…—corrigió el aludido para posteriormente bajar el tono de voz hasta que casi era imposible escucharle—…aunque tu te hayas interpuesto.
—Si, por supuesto —se apresuró a añadir el joven, que no había oído el último comentario del hombre, volviendo a prestar toda su atención en la foto en la que Sakura estaba orgullosamente delante de lo que parecía un escuálido cuadro pintado a brochazos, a modo de proyecto escolar— A mí también me gustaba pintar, claro que a mi madre no le entró mucha gracias lo que dejaba en las paredes de la casa, cuando tenía cinco años.
—Lo sé —se limitó a decir el señor Haruno.
—¿Eh?
—Lo sé —repitió Kouji –Al igual que tu trabajo, el tal despacho Akatsuki o no sé que.
—Si, lo mencioné en la cena pero…
—¿Lo sabía antes?, bueno, hijo, quizás lo sepa por el hecho de que mi hija no ha dejado de hablar de ti desde que llamó a casa y me dijo que iba a sr abuelo—contestó el señor Haruno. No se notaba molesto, sino calmado—"Itachi ha hecho esto…", "Itachi ha hecho lo otro…" sé que le importas, muchachito.
Enseguida Itachi lo entendió todo y no pudo evitar sonreír.
—Je, hasta se mejor tu vida que la mía propia —sonrió Kouji levantándose del sofá donde había estado sentado.
La realidad y el porqué del comentario cayeron a plomo en el Uchiha.
—Yo se lo que le pasa —comentó Itachi con aire de entendido después de otros cinco minutos de silencio— Ahora lo entiendo todo.
Kouji lo miró desconcertado e Itachi solo pudo ampliar su sonrisa. "Por fin domino yo la situación" pensó.
—Usted está celoso —explicó Itachi marcando en especial la última palabra
—¿Yo? ¿Celoso? —contestó el señor Haruno— ¿Por qué mi hija pase más tiempo contigo que con su padre? ¿Por qué siempre seas tú su tema de conversación? ¿Por qué piense que eres el hombre perfecto? ¿O por qué solo tiene tiempo para ti?...¡Para nada, citadino!
De nuevo volvió a aparecer el incómodo silencio a diferencia que está vez fue Kouji Haruno quien lo rompió.
—Quizás un poco —admitió en un murmullo— ¡Pero con todo el motivo! ¡Te has interpuesto entre mi hija y yo!
—¿Qué? —preguntó Itachi enfadado— Que yo me he interpuesto… ¡Pero si es usted que no acepta que Sakura tenga novio!
—Claro que acepto que Sakura tenga novio ¡Pero no tú!—contradijo Kouji—¡Eres una mala influencia para mi niña! ¡Mira nada mas lo que has hecho!
—Si, me equivoqué. Fue MI culpa, pero quiero remediarlo. Sakura esta de acuerdo y creo que podemos sacarlo adelante. Quiero tener una familia con ella, y esos niños tendrán a su padre con ellos—respondió Itachi encarando a su suegro.
—Necio. Eres un maldito citadino necio.—Kouji sacó esto no como un reclamo, sino como un suspiro largo y tendido. Sonrió, para desconcierto de Itachi. Y esa mueca no era precisamente hipócrita ni desafiante. Una sonrisa clara y neutra—Sabes, lo mismo me ocurrió a mi, claro, yo no era un tontuelo niño mimado de ciudad —se excusó algo cohibido— El padre de Hanako me detestaba, sólo por que las cosechas de mi familia eran pésimas y no tenía que nada, ni un techo que ofrecerle a Hanako. Trabajé duro, y Kamisama es testigo de eso…al menos las cosas pudieron mejorar, aunque sea un poco.
Ambos sonrieron relajando un poco el tenso ambiente que se había formado para posteriormente mirarse con un deje de culpabilidad reflejado en sus rostros.
—Quizás me he pasado un poco —dijo Itachi en un murmullo— Sé que no soy el mejor hombre del mundo, ni tampoco el mejor partido para Sakura… pero realmente quiero intentarlo.
— Si, a lo mejor yo también me he excedido más de lo previsto —admitió Kouji entre gruñidos— Puedo llegar a ser un poco sobre protector con mi única hija.
"En eso estoy de acuerdo" pensó Itachi para si.
—Quizás podríamos hacer una tregua —propuso Itachi como quien no quiere la cosa— Bandera blanca ¿Qué te parece?
—Esta bien —accedió el señor Haruno intentando parecer desinteresado— Pero que quede claro que no te soporto, "citadino".
—Entiendo —corroboró Itachi.
Ambos hombres se estrecharon las manos (aunque con más fuerza de la necesaria) y en sus rostros apareció una forzada sonrisa. Ambos sabían que si no fuese por Sakura, aún seguirían comportándose como "el perro y el gato" y, para ser más exactos, "Como cualquier suegro y yerno".
Así, puede que la llamada "temporada de comadrejas" hubiese llegado a un pequeño intermedio…por ahora.
NOTAS DE AUTORA:
Bueno, en tiempo record (la verdad le voy a pasar la factura a mi musa __) y estuvo el capitulo. Y mas largo de lo ke pensaba y tuve que improvisar el cierre xD. En fin...como vemos la familia acepta y no acepta al susodicho (tengo un buen ejemplo vívido y real), pero bueno, vamos, ke el sr. Haruno no es tan duro. xDD y Hanako, bueno ya se dieron cuenta de que no es la misma personalidad ke le vimos en el fic anterior. Aqui la mujer tiene a su esposo vivo y mas familia ke cuidar xD. Tambien entiende y comprende y creo que hay mucho de esta autora reflejado en el ultimo dialogo Hanako-Sakura.
Uf aun keda un largo camino por recorrer y eso tiene mucha tela de donde cortar. ¿realmente se limaron las asperezas? bueno solo queda sentarse y esperar.
Los dejo y nos leemos. Recuerdem un fic con reviews es un fic feliz y un fic feliz le da a la autora mas ganas de escribir. XDD
