NOTAS PREVIAS:
Antes que nada una disculpa, mis queridos (as) lectores, pero como supieron algunos, la semana pasada quedé en calidad de zombi a causa de una gripa invernal. Nada de que alarmarse, y no me suelo enfermar con frecuencia, pero cuando me ataca me ataca y en serio. en fin, no pude terminar el capitulo debido a que me sentía casi sedada por el medicamento pero aqui estoy y con la continuación que espero les agrade.
A leer!!
El Vuelo de la Cigüeña
Décimo Quinto Capitulo
Síndrome de Couvade
No importaba…
Claro, pero si no importaba, ¿por qué le había arrojado eso en la cara a un inocente Naruto que sólo trataba de excusarse con esos inentendibles balbuceos?
¿Por qué?
—¡¿Por qué haces esto, frentuda?! —Ino había alzado la voz casi a un decibel digno de uno de ésos nuevos estéreos con bocinas implementadas. Se levantó, tomando la camiseta del desconcertado compañero rubio y colocándosela por el frente, mientras que éste estaba petrificado y con la sábana alrededor de él, dejando visible la cabeza con todo y la revuelta cabellera amarilla—¡Rayos! ¡Las puertas cerradas significan P-R-I-V-A-C-I-D-A-D!—deletreó—¡Por si no lo sabías!
Pero Sakura no le escuchaba. A la mitad de la una de la mañana del recién llegado martes, ataviada por el camisón, teniendo el cabello revuelto por el sueño interrumpido y el vaso aun en su mano derecha, la joven de cabellera rosa, en un vago intento de contención de ira, sólo atinó a apretar los dedos sobre el vaso.
—Sakura-chan, yo puedo explicarlo…—Naruto finalmente detuvo la retahíla de monosílabos y palabras desordenadas, articulando una oración tan coherente como la de un niño de cinco años—…creí,…creí que…
Demasiado tarde, el volcán estalló y nadie lo detuvo.
—¡¿Cómo DEMONIOS…INO…NARUTOOO?!
…nadie lo detuvo, exceptuando por Ino.
—¡¿Y acaso importa?! –Ino se detuvo en la última sílaba, tomó dos segundos y volvió a enunciar—…¡¿Acaso TE importa?!
—¿Cómo no me va a importar? –Sakura elevó más las palabras, señalándole con un dedo—¡Maldita traidora!
Y ahí cayó todo. Ino arqueó una ceja, Naruto quiso desaparecer de la faz de la tierra y Sakura…y la mirada de Sakura parecía que echaba fuego.
—¿Traidora? –la rubia exhaló, confundida al inicio, luego un poco más severa— ¡Si fuiste tú quien le rompió el corazón! ¡Y nunca fue nada para ti! ¡¿No fueron ésas tus exactas palabras, Sakura Haruno?!
—¡Pero eso no te da derecho para disponer de él como si fuera un objeto!—retribuyó la aludida de cabellera rosácea, contraatacada por Ino.—¡Ino-cerda!
—…Chicas…¿puedo decir alg…?
—¡Iba a decírtelo, pero estabas tan estúpidamente absorta en tu estúpida vida forzada que de seguro ni me hubieras escuchado!
—Ettto…Ino-chan, ¿me pasas mis pantalones?—la voz de Naruto apenas y parecía percibirse en el ambiente, sin que ninguna de las chicas le prestase atención.
Pero el diálogo dejó de ser diálogo, para volverse una explosión nada discreta. Así como una insignificante flamita que cae en un pliego de papel, comenzó a consumirse hasta dejar de ser una solitaria chispa para convertirse en una llamarada intensa. E Ino Yamanaka era incapaz de frenar la desatada ira contenida en los últimos meses.
Porque ella también necesitaba un respiro…y el haber terminado en esta situación con el que fue el "prospecto a pretendiente" de su mejor amiga, no fue su condenada culpa.
—¡¿Y ése es pretexto?! ¡Ni siquiera lo sabían Tenten o Hinata! –reñía Sakura
—¡Porque yo no hago públicos los detalles de mi vida personal! –Ino, aun con la sábana enrollada alrededor de su curvilínea fisionomía, le increpó, en un tono que denotaba más que el mero reproche del momento—¡Al menos pienso las cosas antes de hacerlas!
Y el proyectil encontró a su objetivo; Sakura Haruno.
—¡¿Qué estás tratando de decir, "cerda"?!
—¡¿Qué qué estoy tratando de decir?!— la chica rubia reiteró aquello con un casi cruel dejo de ironía— Oh, te diré lo que trato de decir por si no te entra en esa cabezota, detrás de esa enorme frente de marquesina…¡Trato de decir que yo no tengo que andar presumiendo del error que cometí por una estupidez de borrachera! ¡Meter la pata con un desconocido que parece que sólo hace las cosas si se las dices!
—¡Te acostaste con mi mejor amigo!
—¡Y a ti que más te importa! ¡El maldito mundo no gira en torno a ti, Sakura Haruno! ¡Los demás tenemos una vida!
—Sakura-chan, yo debo explicarlo, yo debí decírtelo primero, datteba…
Los ojos jade de la joven ahora parecía que echaban chispas.
—¡Tu cállate! ¡Chaaaaaaa!
Entonces la raqueta de tenis, propiedad de Ino y empleada en sus pasatiempos de fin de semana, se impactó en el rostro zorruno de Naruto, añadiendo las cuadriculares muescas a sus definidas líneas de las mejillas, dejándole con el semblante similar al de una hoja de cuaderno escolar.
Y así como llegó el intermitente indicio de la tormenta, así, igual, se desvaneció, en el momento en que Sakura salió de la habitación, azotando la puerta; la de la alcoba, la del apartamento y el portón de la entrada al edificio.
Saliendo del único lugar en que se había sentido segura, a mitad de la madrugada, y la causa, el motivo, todo sólo porque….
—¿Sólo porque Naruto está saliendo con Ino? —Itachi seguía sonando tranquilo, no se tenía que ser precisamente un genio como para saber la causa de tan particular reacción.
La respuesta se había congelado en la garganta de Sakura. Su puño se cerraba con fuerza, tanto que sentía sus uñas débilmente aferrarse sobre su palma. Abrió la boca, pero no expresó nada.
—¿Sakura?
La chica le sujetó, una vez más. Ahora acurrucada en el mullido sofá de la sala de Itachi, sintiendo el palpitar pausado de su corazón.
—Eso no es lo que me molesta…
—¿Entonces?
Dio un respiro, inseguro y tembloroso. ¿Qué decir? ¿Qué sentía? Era su mejor amiga; había reñido a su mejor amiga sólo por la repentina noticia de que ésta estaba ahora como la pareja de aquel pobre tipo que alguna vez le propuso matrimonio; aquel que no significó nada y…
Y volvía al punto inicial. ¿Importaba?
Sakura solamente atinó a acercarse más, escondiendo su rostro en el hombro de Itachi, bajo un nuevo y silencioso torrente de lágrimas. Quería gritar, llorar...desaparecer.
No lo hizo.
—¿Fue lo que dijo? –Itachi volvió a hablar, una vez que el llanto menguó. Sus dedos se pasaban con cuidado por la cabellera rosácea, bajando a la nuca y quedándose allí.
—No…no lo sé…—y era cierto. No lo sabía, sólo sabía que dolía en cierto alcance.
Era una nostalgia peculiar; como pasar delante de un aparador a contemplar una prenda en particular y de repente, en un instante sin precedentes, ver la misma ropa ahora llevada por alguien, alejada del sutil aparador.
Como ver que se alejaba…de la misma manera en que ella lo hizo.
Bingo.
Sakura le sujetó con fuerza, en un mudo consuelo del que sabía que nunca le recriminaría y en esa pausa tranquilizadora, él aprovechó para replantear la situación.
—¿Naruto aun te importa?
—¡No! –la respuesta fue inmediata.
¿Eso era buena señal?
—¿Yo te importo?
Ella volvió a aspirar hondo, más y más hondo, hasta exhalarlo todo. Un sobrio y entrecortado "sí" apareció entre el rezago final de aquel sollozo. Le abrazaba y la mirada seguía escondida en aquel hueco tan confortable del cuello de su compañero.
—Yo no voy a dejarte, Sakura –suspiró el Uchiha, mirando hacia la puerta cerrada, luego al reloj de pared. Las dos y media de la madrugada.—…no voy a dejarte nunca…a menos de que tu quieras.
El instante precedido a la futura tormenta quedó sosegado. El tiempo seguía yendo y viniendo. No importaba, para Itachi el tiempo se había detenido. Hubo una calma tan larga que parecía una eternidad; un momento de tranquilidad, un intervalo de completo y confortador silencio por y para ambos.
Lo sentía aferrarse a ella. Su respiración pausada, el pulso y latidos. Todo, en un suave y dulce rumor. Podría haberse quedado así con él para siempre.
Error o no…demostraría que Ino estaba equivocada.
Quería intentarlo y no importaban las consecuencias.
Sin embargo, sabía que seguiría doliendo, pero podría vivir con eso. Todos pueden, ella también.
Sakura alzó un poco el rostro. Las mejillas se le advertían levemente enrojecidas, debido a la silenciosa y obligada contención de su coraje. Tenía los ojos vidriosos, pero a diferencia de otras ocasiones, no dejó brotar ni una sola lágrima más.
—Gracias…Itachi.
—0—
—¡Hasta que te encuentro! —Jiraya alzó la vista desde su periódico, desde la acostumbrada mesa del Ichiraku´s, hacia la desfalleciente figura que le miraba desde la entrada del establecimiento—…Muchacho, podría jurar que te volviste ojo de hormiga desde que…—detuvo el comentario, enfocando la mirada en el rostro cuadriculado del apodado "Kyuubi" Uzumaki— ¡Por Kamisama! ¡¿Qué diantres te pasó?!
Naruto, andando con un andar desgarbado y exhalando un bostezo, abriendo la boca tan grande como un hipopótamo, se dejó caer en el asiento frente al desconcertado entrenador de cabellera platinada.
—Nada…dattebayó….—el muchacho tomó la taza de café de Jiraya, dio un sorbo largo, hizo un gesto debido a la amargura del líquido y sacudió la cabeza.
—Aja. Si a ti no te pasa nada, yo soy el millonario más grande de Konoha –se mofó el desenfadado Sannin, mientras hacia una a la camarera— Por lo general odias el café y con la cara que tienes, ¿Qué te pasó? ¿Caíste contra la wafflera?
—Nah…muy gracioso, "ero-senin" –Naruto se pasó una mano por la frente—. Me golpee contra la puerta, llegué tarde a casa, no la vi y…
—Así le ponemos; es esa chica la que de seguro te "golpeó"–corroboró Jiraya y arqueó ambas cejas en ademán de interés—¿la rubia de cintura pequeña y prominentes pechos?
—¡Oiga, viejo pervertido!
—Ya, solo bromeaba…—resolló Jiraya alzando ambas manos en señal de completa inocencia—sólo espero que no te desconcentres, muchacho. Tenemos un campeonato en puerta para la siguiente temporada.
Naruto dio un último sorbo al desagradable y amargo café y entornó la mirada.
—¿Tan pronto?, pero si el siguiente es en febrero –el chico tomó un panecillo de la bandeja de aperitivos, engulléndolo de sólo un par de bocados—¡Quiero al menos disfrutar la navidad y año nuevo, dattebayó!
El viejo Jiraya sólo ahogó una risa corta, sin embargo, tras el semblante peculiarmente severo, podría aseverarse la preocupación hacia el muchacho. No sólo porque era el jugador estrella y tenía el cargo de su entrenamiento, sino porque en parte también le había criado y conocía en lo que se podía tornar el carácter de Naruto en esas distintas cuestiones de vida. Y Jiraya sabía más que nadie lo que conllevan los líos con mujeres.
No pudo sino suspirar tras ver la cara desvelada pero embelesada aun de Naruto Uzumaki. Líos o no, había cosas que como entrenador y amigo debería dejarle en libre albedrío. Vivir se aprende por experiencia propia, y como había dicho; sólo esperaba que el corazón no se antepusiera a la razón; o en este caso, a su carrera deportiva.
—Tendrás tus vacaciones, chico –aseveró el encanecido "coach" de los Zorros de Konoha—, sólo serán unas cuantas firmas de contratos para publicitar equipo deportivo y checar los nuevos uniformes, fuera de eso, prometo no interrumpir tus citas amorosas.
—Pues eso espero, ero-sen…—Naruto casi se atragantó con la segunda pieza de pan—¡Eh, ¿Cómo demonios sabe que…?!
—Jah, créeme que se te lee en la cara, niño –Jiraya le señaló, para luego darle un sorbo más al exiguo café.
Naruto, como si se tratase de aquel chiquillo de catorce años que intentaba alzar la carrera de desempate en el partido estudiantil, hizo una mueca. La misma mueca de seriedad falsa.
El gesto más incriminatorio. Y Jiraya sonrió de medio lado al encontrar la veracidad en el esfuerzo de Naruto por fingir serenidad.
—Esta bien, "renacuajo" –dijo escuetamente— Pero pon los pies en la tierra antes de volar alto, no lo olvides.
Tal vez en ese momento Naruto no tomó por sentado la razón del comentario. No estaba seguro de lo que hacía -¿acaso lo estuvo alguna vez?- y no le importaba el hecho de que el destino podría volver a ser cruel con él. No, no le importó simplemente porque aquello se había dado demasiado rápido y sin que ninguno de los dos se diese cuenta.
Un par de citas, y ella era tan distinta a la Ino Yamanaka que había conocido en la preparatoria. Más sencilla, más centrada y…¡y le escuchaba!
Lo que hubiera dado por ver esa mirada interesada en los ojos jade de Sakura. Pero ahora y por esa misma enternecedora razón, el gesto se veía aun más atractivo en las pupilas casi aguamarina de Ino.
Y la barrera se desvaneció, cuando en la sala mientras veían una película, él puso fin a toda muralla personal. Un primer beso siempre puede dejar en claro dos cosas; una es que si la chica no quería nada más, sólo bastaba con alejarse y las cosas volvían a la normalidad. Y dos, si la respuesta era lo opuesto…las cartas estaban echadas.
Ino no lo recriminó y Naruto fue quien se quedó expectante a cualquiera de las dos respuestas. Ambos se quedaron mirando fijamente y…
—Eh, Naruto
…y la cosa pasó. Una segunda cita, un dialogo escueto en el restaurant que había tres calles abajo, donde ambos se quedaron sin palabras hasta que llegaron al apartamento de Ino. En silencio, como si no hubieran tenido más que decirse. Y la resolución del galardonado jugador del equipo campeón de temporada de Konoha, adquirió una única respuesta.
Le amaba. Y el mundo que rodase. Al diablo con los conflictos, con las habladurías, con el teme-idiota de profundas ojeras y con Sakura. Si, al diablo con ella también si sólo…
—¡Naruto!
—¿Qué? –contestó Naruto adormilado.
—Ah, ¿Ves a lo que me refiero con tener los pies en la tierra?
—Entiendo, viejo. Entiendo.
Y a pesar del desconcierto de Jiraya, podía haber algo de razón en aquellas palabras.
Naruto lo entendía.
Y si no, las marcas cuadriculares en la cara eran la respuesta.
—0—
El resto de apartamento quedó en silencio luego de la imprevista tormenta y la mañana llegó, con la carga de los rayos de sol filtrándose por la ventana sin cortina de la sala de Itachi Uchiha.
Éste había alzado el rostro y sintiendo el cuello tan rígido como la varilla que sostenía a la lámpara del techo. El reloj marcaba el inicio de las ocho de la mañana y Sakura seguía dormida con la cabeza apoyada contra su pecho, una mano sujetándole por el hombro y la calidez de su abultado vientre cerca del suyo. Y el peso de Sakura y los pequeños a bordo, contribuyeron a hundir poco a poco al futuro padre hasta el espacio de las varillas del mueble.
Definitivamente el sillón no era para dormir más allá de dos horas. Tres eran un suplicio y una noche entera era una pena capital. Deducción sólo de él, ya que la joven le había usado como colchoneta, una vez que el "berrinche" cesó y ella se quedó dormida entre lágrimas y sollozos.
Ganas no le faltaban de llamar, informarle a Konan que el autobús se averió y pasarían un día más en la adorable casita en colinas del olvido de la familia Haruno. Una inocente mentira para quedarse en casa con Sakura –en la cama y no en ese condenado sofá-traga-Itachis- y respaldar un poco el sueño faltante. Pero no podía hacerlo, el destino era cruel y había un obstáculo; no, DOS obstáculos en su fraguado plan. Tobi y Kisame le habían visto en la cafetería la noche anterior y aunque el buen chico podía dárselas de discreto cuando quería; el apodado "Tiburón" Hoshigaki podría hablar más de la cuenta, sobretodo si se daba la oportunidad y Deidara amenazaba al resto del personal de diseño con estallar los solventes si se acumulaba más trabajo pendiente.
Y esta era semana de pago. Un descuento de día laboral no era opción. Así que tomó suavemente a su compañera por los hombros, intentando de despertarla lo más apaciblemente.
Consiguió un par de gemidos inentendibles y la joven se levantó tan ágilmente como un sonámbulo. Itachi, sin soltarla, la acompañó y dejó confortablemente en su cama. Él se cambió de ropa, el tiempo no dejaba espacio para una ducha rápida así que una muda de prendas limpias debería bastar por ahora. Tomó su chaqueta y le dirigió un vistazo rápido a la chica acurrucada entre sus sábanas.
—Sakura-chan, ¿Irás hoy al consultorio?
Ésta entreabrió un ojo, bostezó y negó con la cabeza.
—Hmmm…llamaré a Tenten…—musitó mientras tomaba una almohada, acomodándola hacia un lado—me tomaré el día, sólo por hoy.
Volvió a hundir el rostro en la almohada. Sintió a Itachi sentarse en el borde de la cama y pasar su mano calmadamente cerca de su fleco.
—Descansa –Itachi se levantó, todavía con el punzante dolor en el cuello a causa del brazo del sofá—Vuelvo a la hora del almuerzo.
—Hmmphh…
Ésa fue toda su respuesta. Él se giró hacia la puerta, antes de cerrarla, inconscientemente esbozando una media sonrisa.
Lo bueno es que soy yo el que tiene que ser más expresivo, pensó mientras caminaba hacia la puerta. Sostuvo la aldaba, aun adormilado y con un dolor de cabeza similar a un terremoto.
Y no se percató de aquel estremecimiento en el estómago hasta llegar al trabajo
—0—
—Ne, Sakura, ¿segura que estas bien? —Tenten se oyó desde el otro lado de la línea con un dejo de preocupación.
Sakura sostenía la bocina del recién instalado teléfono de Itachi, estando en la sala y tumbada contra el mullido respaldo del sofá.
—Sí, sólo que creo que me desvelé de más –respondió resueltamente ella—No quiero fatigarme mucho ahora, me siento un poco mareada, eso es todo.
Oyó que Tenten suspiró aliviada.
—Escuché lo que ocurrió anoche. Perdónanos, ni Hinata lo sabía, y yo tenía mis sospechas pero…
—Esta bien. Supongo que hay cosas que deben de pasar. No me importa, yo…
—Si seguirás trabajando aquí, ¿verdad? –Tenten interrumpió, escuchándose casi suplicante.
Sakura hizo una pausa, con la mente aun más clara y la decisión tomada.
—Sí, sólo que no quiero hablarle a Ino por un tiempo. –dijo al fin.
Y podía aseverar que la chica de los chonguitos estaría haciendo una mueca de confusión en ese preciso instante.
—Bueno, pero deberían hablarlo. —opinó—Y con hablarlo es "hablarlo", no gritarse y arrojarle una cazuela al pobre de Naruto.
—No fue una cazuela, fue…
—Si, una raqueta. Lo sé porque vi el cuerpo del delito en la sala –resolló Tenten. Hubo un eco proveniente de la sala del consultorio y escuchó la voz de Hinata al atender al paciente entrante. Tenten chasqueó la lengua—bueno, no tengo citas hasta las cuatro. Pasaré allá y te llevaré el almuerzo.
—No es necesario. Itachi dijo que vendría.
—Cómo sea, deja que las amigas que te quedan hagan algo de vez en cuando.
Y sin esperar respuesta, Tenten colgó el teléfono.
—0—
—Esto es el colmo…—Hidan por primera vez en la mañana, no gritó; sino que seguía caminando de un lado hacia otro, sosteniendo la hoja de gastos de salida y blandiéndola delante del rostro de Kisame Hoshigaki—. Tres recibos perdidos…y un maldito millar de facturas ¡¿SIN PAGAR?!
Kisame sólo apoyó una mano por su mentón, contemplando al iracundo asistente del contador como si fuese un mono de circo.
—Bah, ni que fuera para tanto. –excusó desinteresadamente el hombre de ralas facciones—No era un millar, sólo eran quinientas y el tipo parecía la cosa más déspota del mundo.
Hidan ignoró el comentario, a punto de expeler alguna otra de sus floridas quejas cuando escuchó a Deidara gritar desde el despacho de Itachi.
—¡Oh por Dios! ¡¡No en el maldito boceto!! ¡Unh! ¡Carajo!
Tobi, quien iba en dirección a la "amigable" plecadora seguido por Zetsu, se detuvo mirando sin entender a un molesto Deidara que zarandeaba de un lado a otro un pliego de papel, originalmente blancuzco y ahora decorado pro algo amorfo y de color entre castaño casi verdoso.
—Sempai, ¿ése es su cartel? —Tobi señaló infantilmente y sin darle importancia a la iracunda mirada de Deidara—Es que cuando dijo que era arte impresionista, Tobi no creyó que luciera como algo desechado.
—¡Cállate, idiota! —acusó el rubio, luego increpando a un pálido Itachi, que yacía con una apariencia digna de un cadáver en autopsia, con la cabeza apoyada en el restirador y un pañuelo desechable sobre las comisuras de sus labios—¡Toda una maldita mañana de trabajo! ¡Arruinada!
Kisame advirtió el desfallecido aire en la apariencia del Uchiha.
—Ey, ¿Te sientes bien, "chico listo"?
Itachi alzó el rostro, notándose más descompuesto de lo que se debería a causa de la desvelada.
—Hmp…no sé…yo…
—Oh rayos…—Sasori entró al despacho, le arrebató el "cartel" a Deidara y escrutándolo minuciosamente—¿Qué mierda es esto? En vez de esas estupideces abstractas tuyas, parece una enorme mancha de vómito. Dudo que el cliente quiera…
—¡Éste imbécil profanó toda una jornada de MI creatividad! ¡Unh!
—No lo culpo, yo lo haría también –rió Sasori, devolviendo el maltrecho papel de vuelta a Deidara y entornó su atención hacia Itachi—En serio que te ves horrible, Uchiha. Cualquiera diría que luces como un zombi.
—No me siento bien…—el aludido volvió a dejar caer la cabeza sobre el altero de papeles, a pesar de que Tobi lo movía enérgicamente
—Pues aquí nadie se toma el día libre –acusó Hidan—¡Tenemos mucho trabajo por hacer y lo que menos necesitamos es que huyan cuando el jodido barco hace agua!
—Neee…el sempai ha estado así desde que llegó. ¡Y le quitó a Tobi su refresco de naranja!
—Ugh, es por eso que el pobre parece enfermo terminal. Esa cosa sabe a mierda. —se mofó Hidan.
—Que mala vibra, hermano. —y Zetsu colaboró con uno más de sus comentarios prescindibles.
Itachi oyó las usuales burlas del resto de la organización con un desinterés total. Y ahora sentía que la desvelada no era la responsable; al menos no del total desastre de esta mañana. Recapituló y nada tenía lógica. Si, llegó a la oficina sintiéndose moderadamente adormilado, de hecho, tomó una pequeña siesta en el baño durante cinco minutos, hasta que Tobi le despertó. Acompañó al quejica de Deidara por material a la papelería que estaba a tres cuadras abajo y de regreso simplemente tomó la soda de Tobi sin fijarse. Esa cosa sabía demasiado ácido y simplemente agregó un poco de azúcar…¿y café?
Al demonio, ni que supiera tan mal, se dijo mientras que Zetsu, Deidara, Hidan y un emberrinchado Tobi le miraban como si se tratase de un completo extraño.
Refresco de naranja con café y ésa minúscula porción del almuerzo de Kisame –una improvisada y olorosa pizza de anchoas- no podían ser los culpables de todo.
Un antojito. Y no había desayunado nada, así que con hambre, cualquier cosa era permisible. Sin embargo el dolor de cabeza, el cansancio y el impulso de quedarse hecho un ovillo sobre el restirador aun pesaba más que cualquier cosa.
En media hora tocaba su turno de almuerzo y sólo alcanzó a pensar en un detalle.
Sakura-chan.
—0—
—Esto sí es nuevo –resolló Tenten mirando de reojo a Itachi, tumbado en la silla del comedor y siendo examinado por Hinata.
Ella y la chica de ojos perla llegaron hacía menos de una hora al apartamento. La excusa de la cotidiana hora de almuerzo siempre era considerable, además de que ninguna había mencionado el incidente de anoche a Ino o a Sakura. Mantener distancia era una estrategia hasta que los puntos alejados se acercaran.
Itachi se pasó una mano por la sien.
—…Mmm, me siento horrible, creo que... que... oh rayos...
Hinata suspiró viendo desaparecer a Itachi tras la puerta del baño y escucharlo lanzar lo poco que le quedaba de su almuerzo. Diagnóstico corroborado.
—¿Síndrome de qué? –inquirió Tenten.
—Couvade —completó Sakura, dejando sobre la mesa, una taza de té de manzanilla que había preparado para el agonizante muchacho de ojeras.
Tenten sólo volvió a alzarse de hombros, sin entender.
—Es…bueno…siempre pasa…—Hinata trató de darse a explicar, un tanto indecisa en los términos—…se manifiesta en algunos padres…du…durante el embarazo.
Itachi les escuchó desde el baño, y cuando salió avistó un leve sonrojo en Sakura y una dúctil sonrisa de complicidad en sus amigas. Que bueno era ver un poco de apoyo para ella mientras que a él se lo llevaban los estragos ahora. Se sentía incómodo consigo mismo, tenía las piernas cansadas... todo eso luego de haberse comido la única ración existente de helado de frambuesa del refrigerador comprada por Sakura esta mañana.
Otro antojito.
Lo cierto es que a Kamisama le gusta mucho la ironía... ¿Y que más irónico que hacer que el hombre no se limite a ser el 'dador de la semilla' sino que 'goce' de los disfrutes de la dulce espera?
Y aunque todo podría al menos aliviarse con un poco de agua tibia, era interesante ver la intensidad de los síntomas en el escueto Uchiha. Tanto Hinata como Sakura habían visto a pacientes así, pero en Itachi era más palpable y trataba de buscarle una explicación ya que en si las hipótesis para el Síndrome de Couvade son muchas y variadas. Algunas investigaciones están relacionadas a los cambios hormonales que se presentan en la mujer embarazada. De acuerdo a estos estudios, las mujeres eliminarían señales químicas que podrían ser detectadas en forma imperceptible por el hombre y esto generaría en él una actitud protectora hacia su pareja y a la vez provocaría todos esos síntomas en su cuerpo para que de alguna forma acompañe a su mujer durante este período.
Otras investigaciones indican que existe un aumento de la prolactina y cortisol en los futuros padres y que el aumento de los niveles de estas hormonas generarían los síntomas y otras, ya más a nivel psicológico, indican que el hombre trata de identificarse con la mujer embarazada y es así que surgen sentimientos de celos, miedos a la llegada de un hijo, estrés por la responsabilidad de tener que convivir con una mujer que presenta cambios de carácter e incluso aversión a las relaciones sexuales durante el embarazo y sería esa identificación con la mujer gestante la que generaría los síntomas en el futuro padre.
Y no podía olvidar que así como se presentaba mucho en casos de parejas que esperan con mucha ansiedad a su bebe fuera por una historia de pérdidas o porque tuvieron dificultad para lograr el embarazo también se presentaba mucho en aquellos casos en que llega en forma inesperada y se vive rápidamente un estado emocional intenso… y definitivamente Itachi cabía en este grupo... ¡Y de que manera! Fuera como fuera, el Uchiha parecía siempre un tanto diferente en muchos aspectos; así que no era de asombrarse que también lo fuera en su faceta de padre y más aún con la silenciosa pasividad de su carácter.
—Hmmmphh…—Itachi bebió un poco del té, alargando una mano hacia la azucarera—Creo que me quedaré en casa lo que queda de la tarde.
—Un poco de descanso…no vendría a mal —arguyó Hinata, siendo secundada por Tenten.
—si, por un día mas que te tomes, no creo que te despidan.
Antes de algún otro comentario, un golpe abatió la puerta de la entrada. Una. Dos. Tres veces, hasta que Tenten por reflejo se levantó, yendo y abriéndola.
Una sombra se quedó petrificada y con la cara desencajada desde el umbral. Itachi simplemente alzó una ceja ante la mueca de pánico exagerado en el semblante de Karin.
—¿Karin? ¿Qué demo…?
Antes de que éste terminase la frase, corrió hasta él, aferrándose con pulso trémulo.
—¡Sasuke-chan! ¡Accidente! ¡Hospital!
Y el mundo volvió a caerle encima a Itachi Uchiha.
NOTAS DE LA AUTORA:
Bueno, ya me reporté en cuestión de lo ocurrido la semana pasada y pues no hay mucho que decir por ahora. Ya se que muchas me matarán por el pequeño bashing hacia nuestra adorada comadreja, pero es necesario para la trama.
¿que ha pasado ahora con el "teme"?...ok, les dejo hacerse especulaciones y nos veremos sin falta la semana entrante.
Como siempre se agradecen comentarios de todo tipo. Nos leemos!!
