Hellouu mis adorados y adoradas lectores y lectoras...ejem bien una entrega un poco tarde pero aqui esta (rayos, apenas tuve tiempo en el trabajo y el internet ke falla __ ) y una pequeña advertencia...
lean en un sitio comodo...tenemos...¿lemon?
bueno, eso espero, pero recordemos la logica en esto, jeje...
A LEER SE HA DICHO
El Vuelo de la Cigüeña
Décimo Sexto Capitulo
Tibia brisa de Invierno
Deidara volvió a proferir otro sonoro puñetazo a la inocente superficie del escritorio, anteriormente ocupado por Itachi.
—Ya pasan de las cinco, ¿el muy imbécil se habrá tomado el día libre?
Tobi ignoró el comentario, estando sentado cómodamente en el banquillo frente a su restirador y jugueteando con el portalápices, totalmente ajeno a la ira del artista rubio y al estrés de las últimas dos horas de trabajo a marchas forzadas. El berrinche de uno de tantos clientes que pretendían conseguir un pedido descomunal en menos de dos horas puso a toda la bien ponderada imprenta de la nube roja patas arriba, relegando el encargo a los responsables del área gráfica/impresa y que en este momento sólo eran Sasori, Deidara y un agregado: Tobi.
El pelirrojo tomó la mitad de la resma para impresión y el eufórico sujeto de gorra naranja se encargó del plecado y corte, saliendo ileso de lo primero mientras que Deidara aún se debatía en su guerra personal contra las tintas. El trabajo hubiera sido más agilizado si el quejumbroso rubio no estuviese pasándose tres cuartos de hora alegando del desorden en el dispensario de material del desaparecido Itachi.
— ¡Me lleva el diablo! ¡No! ¡Mil diablos! ¡Unh! –resolló Deidara arrojando el tercer botellín de tinta para folios. Vacío como los otros cinco—¡Me recargo en el orgullo de ése estúpido de mierda y su estúpida vida! ¡¿Cómo se le ocurre largarse justo cuando tenemos trabajo pendiente?!
—No debería tener esas ideas, Deidara-sempai –mustió Tobi, mientras movía una goma de borrar de un lado a otro—Si Itachi-sempai no pudo volver puede que tal vez se hubiese sentido peor. Itachi sempai se veía enfermo y…
—¡Y a mi que me importa, unh! –el rubio rompió a voz en grito. Oyó a Pein carraspear desde su oficina y Konan detuvo el tecleo de su máquina de escribir. Deidara exhaló, en un vago ademán por serenarse y entornó la mirada hacia Tobi—…si al menos tuviera la molestia de dejar las jodidas tintas en orden, unh.
El apodado "buen chico" aproximó un brazo hacia su enfurecido sempai.
—Esta es la de los folios. Itachi sempai la dejó a la mano.
Deidara se la arrebató, haciendo caso omiso del comentario
—Cómo sea, si no acabamos esto en una hora, vamos a…—se detuvo un momento, notando el semblante atento e inocente de Tobi—¡Bah! ¿Qué demonios sabe un idiota como tú?
Y salió, profiriendo una retahíla de enunciados que tenían como palabra final a Itachi. Tobi detuvo el balanceo de su silla, dando una pauta a que los comentarios de Deidara desapareciesen por el ruido del resto del edificio. Y en ese silencio personal, Tobi, cuyo verdadero nombre el casi extinto Obito, se permitió reacomodarse un poco la gorra y retomar la última frase de Deidara.
¿Qué podía saber un idiota como tú?
—Bueno, conozco más a Itachi-san –dijo para sí, con aquella voz entera y tan profunda como la de Itachi, mientras miraba sin interés en particular hacia la ventana y encendía un cigarrillo—… y él es el único que sabe que no soy un idiota.
El humo fluctuante se elevaba, creando formas difusas.
Difusas como las imágenes con que él se despertó, esa mañana de febrero en medio de una habitación de hospital…
—0—
—Madara…Madara-sama… —tartamudeaba con una voz agotada, aquel muchacho tumbado sobre la camilla y con la mitad del rostro cubierto por un vendaje.
Óbito Uchiha, de veinticinco años de edad y conocido como el pupilo y ahijado del más prominente contador de Uchiha Associates, había salido milagrosamente vivo del derrumbe acaecido en la carretera interestatal, en el trayecto de uno de sus frecuentes viajes de negocios. La tormenta no pronosticada provocó un alud en uno de los riscos aledaños al tramo urbanizado y una esquela de rocas, nieve y tres de las barreras de contención se precipitaron a la carretera; justamente cuando el cuidado Ford de Madara transitaba por allí, junto con otro vehículo no tan ostentoso.
Del auto no quedó ni el recuerdo y lo mismo ocurrió con el viejo Madara, al cual tuvieron que sacar casi con pala. Cuando llegaron los rescatistas, Obito apenas y respiraba. Un par de pinzas desprendieron la pierna izquierda del nudo formado por el freno de mano y una lámina y una férula para el cuello ayudó a alinear las cervicales al resto del cuerpo. Nada de qué lamentarse más que del ojo izquierdo, no perdido del todo, pero quedando tan útil como un ojo de vidrio o un botón. Sacarlo fue una opción premeditada. Prevenir antes que lamentar.
Una semana con una dieta intravenosa y morfina a todas horas, hasta hacía una hora, en que la misma idea le sobresaltó. El ojo derecho se abrió con pereza y el izquiero ya no percibía nada.
—Madara…Madara-sama…
Una mano le había tomado por el hombro. Él sintió ese pulso cálido…y familiar. Su único ojo se enfocó en una forma borrosa y tenue. Se aclaró poco a poco en cuestión de casi un minuto y notó el rostro inmutable de Itachi Uchiha; considerado como el "genio" de la familia…hasta que dejó plantada a la estirpe de contadores por una carrera inútil y sin sentido.
—I…¿Itachi?
Éste asintió como si nada hubiese ocurrido. Escueto y calmo, mientras alzaba una carpeta color paja, la cual parecía que hubiera estado leyendo desde quien sabe cuanto.
—¿Cómo te encuentras? –inquirió, alzando una ceja.
Óbito alzó una mano dificultosamente sobre su sien, notando el vendaje. Había recordado entre el sopor y el lapso en el quirófano acerca del futuro respecto a su ojo y a la parte menguante del rostro, así que la gasa no le sorprendió ni aterró en lo más mínimo.
Y trabajar con la entereza de un pusilánime como Madara, le habían dejado agallas para soportar cualquier cosa.
—Bien…creo –respondió Obito. Su mente aun estaba brumosa y en esa bruma sólo alcanzó a preguntar una sola e insistente duda—Y…¿Madara-sama?
—Muerto.
El convaleciente Obito dejó caer la mano hacia un costado.
—Gracias, Kamisama. –dijo tratando de cobrar aliento poco a poco. La boca aun le sabía a penicilina y la cabeza le punzaba—…al menos, estoy bien y él…
—No, Obito. No estas bien–Itachi le interrumpió, mirando nuevamente hacia el interior del folder, releyendo un apartado en particular—…el accidente te dejó secuelas. La mitad del rostro esta facturada y el daño cerebral…
Obito le miraba sin entender.
—Yo no tengo daño cerebral, Itachi. ¿de qué carajos hablas?
Itachi seguía leyendo, esta vez la hoja contigua.
—Según el testamento de Madara, el monto de su herencia es propiedad de la empresa, debido a que nunca figuraste como aval –murmuraba en un tono digno de un susurro leve y pausado—a menos de que sobreviviese de algún accidente en calidad de vegetal o con cuidados intensivos, o…
—No entiendo –Obito negaba con la cabeza, o al menos parecía que lo hacía—y yo estoy entero, no tengo nada que…
Y entonces lo vio. No era un efecto de la adormilante morfina ni del altero de pastillas o el golpe todavía retumbando en su mente. Lo vio claramente en el gesto pasivo de Itachi Uchiha; una media sonrisa, confiada, visible…verdadera.
—Quedaste muy mal, Tobi. –repitió Itachi.
¿Qué hacía él alli? Que Obito recordase, no eran muy allegados, debido a la trifulca familiar armada por el difunto viejo y su padre cuando escuchó que desistió del cargo de unirse a la empresa. Convivían pero no muy a menudo y sin embargo...
Era el único que estuvo allí.
Madara se había ido y el tiempo y dinero invertido con el vejete prepotente, también. ¿a menos de que lo que Itachi dijera fuese verdad?
Soportar todo y para nada, a menos que…
—Buenos días –una enfermera irrumpió el silencioso conversar de miradas de ambos Uchiha y dirigió su atención al paciente—Uchiha Obito, ¿Cómo se siente?
El aludido sintió temblar su labio inferior y notó una expresión difusa, casi invisible en Itachi. Éste asintió una sola vez en silencio y un fugaz guiño del ojo derecho dio por constatada la respuesta de todo aquello.
Madara. El condenado viejo carcamal le dejaría en la calle aun después de muerto, si no hacía algo al respecto. Años de servicio y el muy maldito ni lo tomó en cuenta.
—¿Uchiha-san?
Y Obito captó lo que Itachi quiso decir.
—¡Tobi es un buen chico! –gritó efusivamente—¡Y Tobi quiere un helado! ¡SEEMPAAAII!
La enfermera le dirigió una mirada de consternación a Itachi, al tiempo que éste le devolvía el folder, espetando un comentario alusivo a la frágil condición del muchacho y el papeleo que debería llenar a su nombre para el arreglo de las formas fiscales y del testamento monetario.
Hasta entonces, una pequeña frase se había acuñado en la mente del supuesto retardado Obito "Tobi" Uchiha.
Simple ley de supervivencia.
"Gracias, Itachi-sempai…"
—0—
Itachi recordó inconscientemente éstas palabras, mientras el taxi se aproximaba al hospital general de Konoha, con Sakura en el asiento posterior, y él en medio de ella y de una chica de cabello rojizo al borde de una histeria silenciosa.
El Uchiha miró hacia la entrada del área de urgencias y se dirigió a Karin.
—¿Qué diantres le pasó a Sas…?
Y con el mismo efecto que se obtiene al abrir una botella de refresco tras agitarla repetidas veces, la poca entereza de la joven pelirroja se quebró y desbordó.
—¡Yo le dije que no tomara ese maldito auto! ¡Las velocidades no servían!¡Ni siquiera pudo arreglar el freno!¡Y esa maldita calle! ¡Si algo le pasa yo…!
—Karin, ya…— Sakura alargó una mano hacia ésta y como por reflejo, la voz de la chica se alzó aun más
—¡Mi Sasu-chaaaan!
Itachi estuvo a punto de inquirir algo y en cuanto bajó del vehículo, unos dedos toscos le asieron por el hombro. Se giró, encontrándose con el semblante desgarbado de un muchacho de cabello platinado y hosca sonrisa. Uno de los amigos de su hermano.
—Eh, "Uchiha-grande" –sonrió torcidamente y con una mano señalando hacia el pasillo del hospital— dile al tipo del taxi que se espere, ya vamos de salida.
Itachi no se movió de donde estaba.
—¿Y Sasuke? –preguntó mientras se liaba con la puerta del vehículo y hurgaba en el bolsillo de su chaqueta en busca de la cartera.—A como dijo Karin, y el accidente, supongo que…
El muchacho, al que recordaba sólo por el nombre de Suigetsu, estuvo a punto de responder, a no ser por el portazo recibido en su costado en el momento en que una ráfaga imperceptible emergió del taxi, gritando estridentemente hacia el pasillo de urgencias.
—¡Sasu-chaaaan!
Suigetsu se pasó una mano por el costado lesionado, fulminando con la mirada la trayectoria llevada por a la histérica Karin. Itachi indicóal conductor que aparcara en el minúsculo estacionamiento aledaño; ayudó a Sakura a bajar y acompañaron a un maltrecho Suigetsu a la supuesta "escena de tragedia".
La sala estaba casi desierta, y aunque Itachi no lo admitiese, el escalofrío de aquel lugar le hacía sentir un pequeño hueco en el estómago, más del que ya tenía gracias al susodichi síndrome de Couvade; y todo debido al tenue recuerdo de Obito. Desde entonces, cualquier cosa relacionada con el término hospital parecía bloquearse al instante. Por lo menos ahora no se encontró con esa imagen de desahucio como la de Tobi.
El impertinente cabeza-hueca de su hermano menor no estaba postrado a una cama, con la mitad del rostro cubierto, ni conectado a un respirador artificial ni nada de esas insulsas nimiedades que había pensado en primera instancia al escuchar las palabras de Karin. No, nada de eso pasó.
En una de las sillas de la sala de espera, con el brazo izquierdo decorado por un vendaje, un yeso en su pierna derecha y una escandalosa pelirroja llorando en su hombro, Sasuke sólo le devolvió la mirada a su hermano mayor, sin proferir palabra alguna más allá de un escueto "hmp". Itachi sólo asintió con la cabeza.
—¿Te arrolló un tren o qué? –preguntó señalando la escayola.
Sasuke gruñó escuetamente.
—hmp…un imbécil se pasó la luz roja, yo llevaba prisa para unas entregas y tu puto auto se quedó a mitad de la avenida.
—Estúpido hermano, deberías…—Itachi detuvo la reprimenda, entornó la mirada hacia el lesionado "teme"— ¿Qué le pasó a mi auto?
Sasuke señaló con la cabeza a Suigetsu, quien había reaparecido en el pasillo, andando detrás de un tipo tosco y de cabellera naranja. Éste llevaba lo que parecía ser el volante de su Datsun y Suigetsu sólo dejó caer las llaves en su mano.
Itachi vio las llaves, luego el volante –ahora torcido como si un yunque hubiera asestado su peso contra él- y luego a Sasuke.
—¡¿Qué le pasó a MI auto, Sasuke?! –repitió.
Sasuke simplemente se alzó de hombros.
—Eso es lo que quedó. El resto está allá –respondió Suigetsu por él, indicando con el dedo hacia el exterior del hospital, exactamente a la dirección del basurero estatal de Konoha—Créeme que no quedó mucho. ¿Sabes? el volante se verá bien colgado de la pared, je.
—Juugo no encontró el estéreo –intervino el grandulón de cabello naranja, con una mueca vacía y neutra—Pero las llaves también son un bonito recuerdo.
La mente de Itachi sólo se quedó estancada en un mismo lugar.
—Mi auto…
No escuchó a Sakura preguntarle a Sasuke acerca de los indicios del accidente o de lo acarreante con la permuta de incapacidad en el trabajo. Ni siquiera oyó a Sasuke decirle que podría encargarse él mismo de todo el papeleo. No escuchaba nada, salvo el peculiar recuerdo de aquel inocente vehículo que había conseguido en sus días de universitario. El maldito cacharro que había sido tema de discusión entre él y su padre, el condenado trasto en el que había invertido media quincena del año pasado en reparaciones y que ahora, no quería ni imaginárselo embestido por el infortunado destino en forma de un camión de cuatro ejes.
—Mi auto…
—¿Entonces no puedes pedir descanso por incapacidad? –Sakura interrogó a Sasuke, ajena al monótono tartamudeo del Uchiha mayor—Por lo general cualquier empresa cubre los gastos y los días perdidos. Si necesitas la forma de llenado, tengo algunas en el consultorio.
—No. –resolló Sasuke—Conozco a ésos idiotas, pero puedo arreglármelas con ellos. –ladeó el rostro hacia su hermano—Pero me quedaré de vuelta en el apartamento, por unos días.
Itachi no respondió, hasta sentir un leve golpecito en el codo por parte de Sakura.
—Como quieras…
Y no dijo ni hizo nada más, salvo aferrarse a las llaves.
—0—
El silencio transcurrió en lo que a Sakura le pareció una eternidad. El trayecto del hospital hacia el apartamento y hasta que la noche cayó; en lo que Karin ayudaba –quejándose, pero ayuda en cierta manera- a Sasuke en la improvisada mudanza, lo que distaba a Itachi y a ella, todo fue un juego de cortos monosílabos.
"Te ayudo con eso", "¿Vamos por provisiones?", "¿Quieres que prepare la cena?"; todos esos comentarios y otros más sólo fueron respondidos de la misma manera. No podía culparlo, habían pasado muchas cosas: paternidad inesperada, el conocer a su familia, los líos laborales y con la sensibilidad problemática del Couvade, era esperable verle más escueto e inexpresivo. Sin embargo, muy en el fondo de su recurrente orgullo femenino, Sakura sentía que eso era una exageración.
¿Por qué razón ése aferre a las cosas? En este caso, específicamente a un auto que ya tenía más de pieza histórica d museo que de medio de transporte. Podía tomar la preocupación inicial debido a lo que todos creyeron respecto a Sasuke –y con el estruendo armado por Karin, ¿quién no supondría una tragedia mayor?- pero verle así por un objeto.
…era relativamente estúpido.
Le contempló en silencio, mientras el ojeroso Uchiha seguía tumbado en el lado derecho de la cama. Vestido con la misma ropa, con la vista perdida en algún punto de la pared y las llaves todavía en su mano.
—¿Ocurre algo? –Sakura se sentó en el borde de la cama. La habitación estaba iluminada por el desolado foco que pendía del techo y el reloj digital del buró marcaba las ocho y media.
Itachi sintió que ella le tomaba de la mano y por reflejo soltó las llaves. Estas cayeron sobre el colchón y allí se quedaron.
—No –Itachi respondió sin mirarle. Notó que el muelle del colchón crujió suavemente mientras ella se acomodaba a su lado izquierdo. Se giró hacia su rostro—Sólo estoy un poco…cansado.
Mentira vil y obvia. Sakura le sonrió levemente, acomodando el rostro en el espacio de su hombro. Tomó las dichosas llaves y las dejó en el buró. Itachi no dijo nada. Sólo hubo un dúctil silencio, en que parecía que ambos no tuviesen nada más que decirse, hasta que Sakura decidió por fin entablar algo de diálogo.
—Sabes, fue muy noble lo que hiciste, por Sasuke.
—Hmp…ése idiota –Itachi inclinó el costado un poco más hacia la joven de cabellera rosa—Quiera o no, es mi hermano.
Aunque hablara sin sentimiento y pareciese un comentario más propio de una cinta LP que de una voz sensible, Sakura sintió cierta veracidad en ello. Secuelas o no de la empatía que compartía con ella, había un "algo" que era un poco más perceptible en él.
Tan ajeno a la primera vez que le vio, en aquel bar del centro, cuando sus vidas tenían más distancia que ahora y los caminos aun no se encontraban.
—¿Qué tanto miras? –la voz de Itachi le devolvió a la realidad. No era un reclamo, se le veía un dejo de curiosidad en el brillo ébano de sus ojos.
Sakura no rehuyó el contacto visual. Esbozó una fugaz sonrisa de complicidad.
—Nada. –dijo en un contexto corto. Su rostro estaba a pocos centímetros del de Itachi y el aliento cálido de ambos se percibía como una tibia brisa. Una tibia brisa en medio del invierno— ¿Por qué tienes que buscarle un motivo a todo? —dijo sin desvanecer la sonrisa.
Itachi no respondió. Todo indicio de palabra quedó ahogado en ése tono jade de los ojos de Sakura. Constatarlo o no, admitirlo u ocultarlo, había cosas que no podía eludir y una de esas era lo mucho que comenzaba a gustarle ése tono en particular. ¿Era posible enamorarse de alguien a quien sólo viste una noche? Las posibilidades dentro de su obligada "lógica Uchiha" no daban cabida a otra cosa que no fuese un obvio "No". Y el hecho de que ella esperase dos hijos suyos no implicaba necesariamente a forzar una relación. Bien podía hacerse cargo resolviendo una indemnización de manutención o como quiera que se le llame a ese tipo de asuntos legales. Novedoso pero se podía.
Y Sakura lo había dejado como opción, en caso de que él no quisiese ocuparse de algo que ante las leyes naturales, propició.
Pero Itachi no quería. Fuese precipitado o cuestión de honor familiar, no quería relegar sus obligaciones. La vida exigía retos y eso era lo que quería a fin de cuentas. Una familia, su familia; y aunque las cosas no fuesen fáciles, lo intentaría…porque había algo que no podía relegar; ése sentimiento extraño que comenzaba a acosarle cada vez que la veía.
Ése vacío que sentía cuando no estaba con ella y el acalorado ritmo cardiaco cuando la tenía tan cerca, como en este preciso momento.
Fue en agosto, una noche de agosto cuando todo comenzó; ya estaban en inicios de diciembre, en un par de semanas, Sakura cumpliría el quinto mes de embarazo y el hecho era ya más visible. Cinco meses, en que las cosas habían fluctuado demasiado…y esa noche de agosto fue la una única vez, en que el espacio de la cama desapareció por completo.
—Sakura…—la chica le sonrió y él acercó sus labios a los de ella, uniéndolos en un beso suave, casi inexistente.
Itachi pasó sus manos por detrás de la cintura, desde donde jaló suavemente hacia él. Con su otro brazo la tomó cuidadosamente. Al acercarse, lo primero que percibió fue el pequeño bulto de su vientre. Sus brazos empezaron a moverse despacio por el contorno de su figura, casi con miedo, deslizando sus dedos sin tocar más de lo necesario, nada. Las manos de Sakura, inquietas, buscaron las suyas, atrapándolas y llevándolas hasta el primer botón de su camisa. Itachi contuvo el aire cuando sus labios se separaron de su boca y se deslizaron hasta el delgado cuello, iniciando un pequeño camino de besos. Cuando sus dedos temblorosos hicieron contacto con la poca piel que dejaba al descubierto el primer botón desprendido.
Sus manos se detuvieron en la cintura de la joven y se separó de ésta. Sakura le miraba con una sonrisa que pretendía ser burlona.
—¿Qué pasa, Itachi? —pero su tono de voz la dejaba en evidencia. Estaba nerviosa. Su sonrisa flaqueó, mostrando esta vez bien su nerviosismo.
El Uchiha desvió la vista, con sus dedos entre la tela del borde de su camisa.
—¿Y si te hago daño? --levantó su mentón con una mano, dejando que sus ojos se unieran en una sola mirada.
—Soy médico, se de estas cosas –la chica serenó la voz, pasando una mano por el flequillo de Itachi—Es perfectamente normal, además, desde esa noche, nunca lo hemos…—su voz desapareció en un rubor inconsciente.
—Lo sé.
Una mueca culpable apareció en su cara. Y Sakura la percibió.
— ¿Qué pasa? Sé que hay una razón más fuerte que el tema de mi seguridad.
—No es más importante que el tema de tu seguridad.—Itachi volvió a desviar la vista—Sólo es un poco más … preocupante… para mí, en éste momento y circunstancias…-
—¿Y qué es si se puede saber? –sus ojos dieron varias vueltas alrededor de la habitación antes de posarse sobre los de Sakura.
—Nada muy importante…sólo estoy un poco nervioso.
Verdad. Podía sentirlo él mismo en el pulso trémulo de sus manos. Sakura podía tener razón en aquello; y una noche ahogada en alcohol no cuenta como meramente un encuentro personal, por más que lo haya sido físicamente y dormir juntos –literalmente dormir- tampoco esclarecía a borrar ésa barrera. Ahora que estaban sobrios y tranquilos, él simplemente no podía hacer otra cosa que no fuese dudar de lo que quería hacer.
Maldito síndrome empático…
Ella mencionó su nombre, mientras sus manos lo tomaban por el torso. Itachi suspiró, relegando ésas ideas inconexas, sus ojos brillaron y sus manos empezaron a desabrochar lentamente los botones, todavía mirándose mutuamente. Sonrieron al mismo tiempo y su boca fue a parar al cuello de la chica, terminando de desabrochar la camisa y levantando hasta su cintura la camisa que tenía debajo. Las manos del Uchiha le dieron escalofríos mientras se paseaban por sus costados, tocando conscientemente por primera vez. Sus ojos le miraron inquietos y expectantes, pidiéndole permiso para hacer el próximo paso. Las manos de Sakura se juntaron con las de él al borde de la blusa y tiraron para arriba, logrando que la prenda se deslizara hasta quedar enredada en mis muñecas, para luego ser tirada al piso de la habitación.
Escuchó un gruñido suave antes de poder entrever entre los mechones rosáceos de su pelo despeinado cómo el rostro de Itachi mostraba una calmada expresión y su mano quedó sobre su abultado vientre.
—¿Crees…que me veo mal?—inquirió y los ojos de Itachi de inmediato se desviaron hasta los de Sakura con la sorpresa impregnada en su mirada. Ésta simplemente bajó un poco el rostro.
El Uchiha no movió los dedos de la cálida superficie de Sakura. Entornó los ojos hacia ella.
—Estás embarazada…—dijo pausadamente, sin separar su mano—, y llevas allí a mis hijos –dudando levemente, Itachi sonrió, casi tan inexistente como solía hacerlo y deslizó sus labios sobre los de su compañera—…me…me gustas…así.
Las palabras no hubieran tenido el mismo significado si no hubieran estado acompañadas por ese tono de voz y esa mirada, que confirmaron que todas las inseguridades no tenían real fundamento. El aliento temblaba y aunque ninguno de los dos lo externara, era justamente el mejor momento del día. Sólo ellos y que el mundo rodase. Sus labios se unieron en una caricia acompasada los dedos de Sakura se enredaron en su pelo sedoso, empujando suavemente hacia abajo, dejando que sus labios llegasen al borde del sostén. Pasó la lengua por el borde de la tela y subió sus manos lentamente por la espalda de la joven hasta llegar al broche.
Las tiras de la prenda cayeron hacia los costados, seguidas por el corpiño en sí. Las manos de Itachi se tensaron y su respiración se volvió agitada, Sakura trató de hacer contacto visual, pero notó la atención del Uchiha detenida peculiarmente en sus pechos.
"Claro, supongo que recuerda tanto como yo de la primera vez, o sea ¡nada!", escuchó recriminarse a su voz interna "…y creo que se han inflamado un poco más de lo que deberían ¿Pero es necesario quedarse así de quieto durante tanto tiempo?"
—Itachi…¿Itachi? —los ojos del muchacho se posaron en los de Sakura y una mueca avergonzada se mostró en su cara.
—¿Si?... digo… em, perdón… yo solo estaba, estaba… nada.
Sakura ahogó una risa y él retomó el ritmo, inclinándose para besarla. Sus manos subieron lentamente, viajaron hacia abajo por sus hombros hasta llegar al objetivo que Itachi tanto había estado contemplando minutos previos; los senos de Sakura, pequeños pero ahora levemente redondeados. Un poco más redondeados.
La lengua de él empezó a hacer círculos por el cuello de Sakura, mientras la yema de sus dedos pasó por primera vez consciente, rozando sus pezones. Un escalofrío la recorrió entera, provocando un acogedor temblor y haciéndole a Itachi resollar suavemente en la base del cuello. Un ritmo lívido y constante, y ella no recordó haber sentido algo parecido en la primera vez.
"De hecho, no te acuerdas ¿y eso que? El momento actual es lo que cuenta", volvió a reprenderse mentalmente, "…y él no lo hace mal."
No pudo contener el grito que se le escapó cuando los labios de Itachi llegaron a su pezón derecho, en un tacto pausado. Sus manos pasearon por su vientre un rato antes de que su lengua se animara a lamer, cuidadosamente, proporcionándole ése arrebatador calor. Su respiración empezó a agitarse, convirtiéndose en jadeos a medida que la lengua de él jugaba con su tibia piel y cambiaba de un pezón al otro.
Una de las manos de Sakura llegó a su pelo y la otra se deslizó por su cuello, tratando de tocar un poco más de piel. Inconscientemente éstas tomaron control sobre las acciones y sintió que desabrochó y desprendió algo, arrojándolo al otro lado de la cama.
—Eh…esos eran…¿mis pantalones? –Itachi alzó un poco el rostro, notando que la prenda inferior yacía en el suelo, estando ahora sólo en bóxers y con el cuerpo ladeado hacia la derecha, y el resto tratando de acoplarse al de su compañera.
—Itachi…yo…
—Entiendo –suspiró él. Se separó un poco, posando sus manos sobre el colchón y tratando de encontrar una postura un poco más permisible—…pero olvidaste algo.
Ella le vio apoyar un codo en la cama y con la mano libre, bajó la única prenda que quedaba; para luego dejarla en el borde del pantalón de Sakura y hacer lo mismo con éste.
Dedos ágiles, eso tampoco lo recordaba Sakura. El tacto de sus labios si, y el brío de sus embestidas –bueno eso le quedaba por constatar-, todo aquello de ésa difusa noche de agosto.
Itachi se acomodó de nuevo junto a ella. Lado a lado era una postura un postura un poco más cómoda, tomando en cuenta la elevación del vientre de ella y la fragilidad que el Uchiha notaba en ése fragmento en particular. La miraba a los ojos preguntando silenciosamente qué pasaba. Sakura susurró un leve "nada" inaudiblemente e Itachi desvió la vista, soltando el agarre en su cintura. Ella dio un pequeño salto de sorpresa (que incomodó más a Itachi) cuando sentó la dureza presionando contra su intimidad.
Detenido e inmóvil, como si estuviera dudando que hacer.
—¿Sa…Sakura, quieres que…?
Y ella no le dejó siquiera terminar la frase. La única respuesta fueron sus manos al afianzarse sobre las caderas de Itachi, sus piernas cruzándose sobre éstas y apurar el roce, mandando al olvido la etapa de "juegos previos".
El calor encontró calor en medio del silencioso ambiente de esa diligente noche de invierno. Con premura, las manos de Itachi se abrieron paso por debajo del cuerpo de la chica, mientras la volvía a besar dulcemente. Sakura sentía su respiración agitada en su cara, los ojos cerrándose fuertemente y el semblante ruborizado de placer fue suficiente. Un vaivén terso, a pesar de que Itachi sentía todavía que temblaba debido al sutil cuidado que exhalaba en cada embestida.
Escuchaba de vez en cuando uno que otro gemido de ella, que igualmente terminaba en su boca. Y también gemidos de él mismo que terminaban en el aliento acompasado de Sakura. Y el cuerpo actuaba más por inercia propia, lógicamente reclamando la urgencia de éste momento. La cama se hundió en el lugar donde el Uchiha apoyó su mano para voltearse. Giraron despacio, hasta quedar ella encima de él, literalmente sentada sobre él.
Ritmo trémulo y el colchón lo constataba. Al demonio si alguno de los "inquilinos" de la habitación de junto lo escuchase. Vivir…era eso. Vivir y ya. Sakura llegó hasta el fondo, soltando un gemido bastante fuerte, pero acompañado por uno de Itachi; de esta forma se llegaba más hondo. Iniciando un nuevo ritmo, subiendo y bajando, bajando y subiendo, subiendo y bajando. El deseo y el placer iban aumentando, las sensaciones dominaban y nublaban la consciencia de ambos, aun la de Itachi, quien había detenido ambas manos de nuevo en el vientre de ella. No podía controlar su respiración ni los gemidos que se le escapaban. Y la imagen de Sakura sobre él, en sus mismas condiciones sólo le excitaba más.
Cerca de la inminente explosión y esta vez consciente por completo de todo, de cada suspiro, de cada latido de ella.
Cerca…cerca…muy cerca de…
Y un pequeño golpecito vibró bajo su dedo anular e índice, de la mano derecha. Un par de veces y la última de un modo más parecido a…
—Itachi…
¿Una patada?
Éste se quedó quieto por completo y la mano estaba ahora despegada por uno o dos milímetros del estómago de ella.
—¿Itachi?
—Me patearon…—la voz recuperaba un poco de aliento pero la expresión ahora era un total desconcierto—…e…ellos…creo que…
Sakura exhaló abruptamente.
—Itachi, es normal. Recién lo hacen desde hace una semana, no es nada alarmante.
—¿Y les estoy lastimando? Sakura, esto es raro para mí, yo no quiero…
Entonces ella simplemente dejó en la borda el calor sofocante y todo lo demás.
—No quieres hacerlo. –dijo simplemente.
—No. No es eso…es que…
—¿Es que qué, Itachi?
Con esta ultima premisa, simplemente se movió hacia su lado de la cama, tomándo las sábanas y envolviéndose en estas, dejando al contrariado Uchiha con la vista en el techo. Un último intento antes de relegar todo al "si no hubiera".
—Sakura, no quise decir eso. Yo aun quiero…
—Ya no, Itachi.
Una helada ventisca se avistó en la habitación y sin tener la ventana abierta, e Itachi nunca quiso tanto el hecho de desaparecer en ese preciso instante.
Kami, sólo por que tenía miedo de lastimarla, pensó mientras la veía de reojo, dándole la espalda. Malditas hormonas.
—¿Quieres que duerma en el sofá?
La pregunta de él fue arrojada al vacío. Itachi suspiró, enfundándose los pantalones y saliendo de la congelada alcoba.
Genial, bien hecho, Itachi…
—0—
—¿Qué carajos haces aquí? –Itachi se le quedó viendo a su hermano menor, quien yacía con la gracia de un saco desgarbado sobre la esquina derecha del sofá.
Sasuke ni siquiera se giró hacia él. La tenue luz de la lámpara de mesa sólo dejaba entrever una marca un poco amoratada en el semblante de Sasuke. Una huella producida por un zapato de tacón surcaba la frente del Uchiha menor, y era obvio que esa marca no fue parte del accidente de la mañana.
—…Hmp…esos jodidos analgésicos realmente te relajan…todo—dijo Sasuke a modo de respuesta.
Itachi interpretó eso como el causante de la marca de la cara. Y sin lugar a dudad, el zapato arrojado quien sabe cuando y con qué intención, pertenecía a Karin. ¿Quién lo diría? Si la chica estaba que se la llevaba la calle de la amargura con la sola noticia del incidente y ahora, sólo por el insignificante detalle de intimidad, había mandado a su adorado "Sasu-chan" al odioso sofá traga-Uchihas.
—Supongo que esto es un empate. —dijo irónicamente Itachi, empujando al "convaleciente" Sasuke y sentándose a un lado.
—Como sea.
Se quedaron sin decir nada, hasta que tras un bostezo simultáneo e indiferente, ambos –por primera vez desde que eran niños- concordaron en una frase al mismo tiempo. Itachi lo dijo porque en cierta forma necesitaba hacerlo y Sasuke…sólo porque no tenía nada más en mente.
—…las mujeres son una maldita molestia.
NOTAS DE LA AUTORA:
joh, vaya filosofía la de los Uchiha. De hecho este capitulo lo tengo como uno de mis favoritos ya que nunca he abordado tantas perspectivas al mismo tiempo. Si, hay algo de cierto y (aunque no es basheable) es que el embarazo es un cataclísmico desorden hormonal. No culpemos tanto a Sakura, pero en esta ocasion, la verdad a Itachi no le pudo ir peor.
Al menos las "comadrejitas-chibi en camino" tienen su opinion al respecto, jejeje. con Tobi espero haber explicado el porqué de su "condición" (y mas porque espero ke ese fragmento ke haya gustado a Kaio, lo escribi pensando en tu perspectiva lógica de las cosas xD).
Hay cosas que no quiero extender para no abrumar, asi que avanzando con la línea de tiempo...diciembre esta aqui e igual las festividades en Konoha.
Siguiente capítulo:
"Navidad Uchiha"
Dado esto, me paso a retirar y los espero en la siguiente entrega. NOS LEEMOS
