El Vuelo de la Cigüeña

Décimo Séptimo Capitulo

Navidad Uchiha

El interior de la tienda estaba rebosar, como las otras cinco a las que Sakura e Itachi habían concurrido esta mañana.

—¿Has visto estos zapatitos, Itachi?—dijo Sakura, poniéndoselos en la cara al muchacho.

—Hmp

—Y ¿esta faldita? –dijo Sakura, aparentemente sin haber escuchado el comentario del Uchiha.

—No puedes comprarles una falda.

—-¿Por qué no?

—Por que los hombres no ocupan faldas –Itachi suspiró, con aire ausente (aparentemente ausente) y emulando aquella sutil sonrisa porfiada que tanto solía aborrecer últimamente ella.

Un simple comentario inconsciente, según él. Y eludir la intuición femenina fue un fracaso.

—¿Quién ha dicho que los dos van a ser niños?—preguntó Sakura con una ceja levantada—No se ha notado a detalle en el eco de la semana pasada, así que aun hay un cincuenta por ciento de posibilidades de que sean o una sea niña.

—Hmp, entonces el oro cincuenta por ciento puede ser hombre –se defendió él.

—Y ¿por qué iba a ser hombre?

—No lo sé –dijo, encogiéndose de hombros.—Supongo que porque no.

— Ajá. –y con esto, cualquier comentario de Sakura quedó borrado en el instante.

No había respuesta más allá del hecho de estar harto y no hay peor complemento que pudiese añadirse al malhumor Uchiha que el atosigarle con preguntas innecesarias. Contestó sólo por contestar y así se tomó la respuesta; sin reprimendas ni cuestionamientos.

Puede que Sakura sintiese algún aferro a esto último, sin embargo tampoco lo expresó.

Niña…niño…¿ambos?

La sola idea se la repetía ella, mientras contemplaba muy minuciosamente las pequeñas prendas en el interior del aparador.

¿Demasiado pronto…o demasiado precipitado?

Relegó el pensamiento.

La semana aledaña a la víspera del veinticuatro pasó tranquila, pese al incidente de la casi apasionada noche, apagada por una helada ventisca proveniente de su propio desconcierto y el de ellos.

Ellos. Específicamente ellos. Y que Sakura recordase, los bebés no habían comenzado a moverse tanto…o al menos no tan fuerte. Mera casualidad e inconveniente que no estaba planeado, e Itachi no ayudó en nada. No le guardaba resentimiento, pero ella podía notarlo un poco más alejado, todavía aquella mañana, en la tranquila sala de espera del consultorio de Shizune, mientras se vestía de nuevo tras la última revisión.

Itachi estaba frente a ella, sosteniendo la última prenda y con la mirada perdida hacia algún punto del archivero. Una insignificante barrera de medio metro le separaba, pero parecía más una milla. Hablaban, e inclusive él trató de tocar el asunto interrumpido hacía un par de noches de nuevo, sin lograr nada más allá de un "ahora no, Itachi". Si algo es bien sabido es que las experiencias del pasado no se olvidan y menos cuando éstas no han pasado del mes de vivencia. Y no tenía nada que ver el hecho de que ella se había vuelto ligeramente más concienzuda en cuestiones físicas; el estetoscopio se convirtió en un accesorio cotidiano fuera de las horas de su trabajo y los manuales de neonatología, gineco-obstetricia y pediatría, tan odiados en sus días de estudiante, se tornaron casi sus libros de cabecera.

No exageraba, al menos eso pensaba ella. Atender cualquier imprevisto era parte de su carrera y ahora que lo vivía, con más razón, aunque Itachi se le quedara mirando levemente preocupado tras leer medio libro de quinientas páginas en el transcurso de una noche. No, que va. No exageraba, sólo estaba pendiente atendiendo hasta la más tenue vibración, percibida primordialmente por ella y buscando que el porqué de esa reaccipón fuese normal.

Niñas o niños…

La idea ahí estaba, la imagen no mostraba nada aun.

—Parece que los pequeñines son tan desinhibidos como su papi –había dicho Shizune a modo de broma apacible.

Sakura sólo expresó la risilla más forzada en toda su vida. Itachi no hizo nada.

como siempre, se decía ella, andando a la par con él, en una tarde de veinticuatro de diciembre en plena avenida central del suburbio comercial de Konoha, tomándole de la mano y sintiendo que caminaba sola. Ah no, no estaba sola, traía un lastre con ella.

—¿Qué te molesta, Sakura-chan? –Itachi al fin abrió la boca y ella esperó a que emergiese alguna otra cosa, que no fuese esa simple interrogante.

—Nada –ella le contestó sin demostrar ni un solo ápice de emoción. Miraba hacia los escaparates y esto era un buen escudo para ocultar la sutil aprensión reprimida.

Si sólo él no insistiese…

—Si es por lo de la semana anterior, yo…yo quiero remediarlo, Sakura.

Error. Él insistió y ahora no quedaba nada salvo cambiar el tema…o dejar la cosa por la paz y pasar a otro asunto.

Otro asunto, decidió.

—No, Itachi. Estoy bien.

—No lo parece.

Pero Sakura ya no le oía. Su atención se había prendado del interior de aquel aparador. Simplemente haló a Itachi y este siguió sin proferir queja alguna.

Y no le hubiera incomodado hacerlo. Era justo quejarse un poco, pero no lo hizo. Sábado por la tarde, la cabeza aun le dolía gracias al trabajo de marchas forzadas por completar cinco órdenes diferentes para calendarios del año entrante; diciembre era una buena temporada para las agencias de publicidad, imprentas y asegunes, y obviamente Akatsuki no se hizo del rogar en petición de clientela. Con una cartera de clientes persuasivamente convencidos –gracias a Konan-sama por sus hábiles dotes de venta y a Kakuzu por su sutil don de vender hasta un mísero cubo de hielo-, los pedidos se incrementaron casi al triple. Bocetar, imprimir, plecar, cortar…y quedar con ganas de irse a desfallecer a su casa. A su casa, en vez de estar de un lado a otro del atiborrado centro de Konoha.

Pero ahí estaba, silencioso y puede que más concentrado en sus dilemas mentales que en el saturado establecimiento de artículos infantiles y en la quinta compra de la tarde.

¿Cuántos gastos podían acarrear un bebé? Muchos y muchos más si la cifra es un duplicado y con alguien como Sakura tomando el control del inventario; ¡que Kamisama se apiadase de su pobre billetera!

—Es lindo, ¿no? –Sakura le devolvió la mirada desde el mostrador, señalando el empaque de un pequeño móvil a un abrumado Itachi.

Éste asintió sin expresar nada, internamente contrariado y a la vez aliviado. Como solía hacerlo la última semana, el humor cambiante-cada-cinco-minutos de Sakura había tornado en otro ángulo, mandando a la "malévola Sakura" lejos y dejándolo a salvo al menos por diez minutos más.

—Oh y mira esto…—y la atención nuevamente cambió de objetivo.

Itachi sintió el peso de la cartera en el interior del bolsillo de su chaqueta y se aferró a ésta, al instante.

Una caja más a la lista, con sus respectivos trescientos ryo. Una gran caja.

—No creo que podamos pagarlo ahora. Dejémoslo para después –murmuró él, notando que Sakura suspiraba.—No es tan necesario ahora.

—Bien, si crees que una cuna no es necesaria. –Sakura abrió su bolso de mano, escudriñando en el interior—¿Dónde van a dormir?

—aun faltan unos meses. Puedo estirar el intento de aguinaldo de temporada de la imprenta, pero hay gastos que…

Ella le interrumpió, cerrando el bolso y de nuevo con ésa inocente sonrisa.

—Ya lo sé, sólo pensaba que deberíamos acomodar algunos de sus muebles ya. –respondió Sakura, tomándole del brazo y halándolo de nuevo a la salida—Aunque para eso esta la habitación de junto, en cuanto tu hermano la desocupe.

—Y si no lo hace para la semana entrante, lo echaré personalmente –Itachi intentó de empatizar con el comentario, pero sólo se quedó en un fútil esfuerzo.

Con la carga de cinco paquetes, tres bajo un brazo y dos bajo el otro, Itachi le siguió dificultosamente y ansioso por un poco de aire fresco. Aunque fuera aire helado. Cualquier cosa alejado del fastidioso ambiente de las tiendas atosigadas por las compras pre navideñas. A un par de pasos de la puerta, Sakura volvió a retroceder –por quinta vez- e Itachi con ella.

—Sakura, ¿podría esperarte afue…?

—¡Eh, Sakura-chan! –irrumpió una voz a espaldas del Uchiha. Tenten parecía ocultar una mueca de culpabilidad en su rostro. Culpabilidad debida a algo que había dejado en manos de Hinata al notar la presencia de Sakura. Miró al desconcertado y agobiado Itachi—Hola, Itachi-san.

Éste respondió con un corto gemido, mirándole con alivio y aprovechando el breve momento para escabullirse hacia la salida.

Bendita compañía femenina, y si por lo menos conocía y recordaba las costumbre de la joven de pelo rosa, esto no quedaría en un saludo mustio. Un poco de paz y tranquilidad fuera del absorbente ambiente de la multitud era justo, y él podía aprovechar aunque fuesen esos escasos cinco o diez minutos de parloteo femenino.

Tenten pasó de largo con Itachi hasta Sakura

—No creí encontrarte por aquí. –miró de un lado a otro—Es un infierno el centro comercial a estas horas –dijo con resuelta voz.

Hinata estaba detrás de ésta, equilibrando dos bolsas y una caja; todas en sus respectivos paquetes y ocultando su contenido.

—Hola, Sakura-chan –resolló con su habitual premura.—¿I…iras a cenar hoy con nosotras?

—Cierto, esta es la segunda cena en "familia", por así decirlo. ¡Como la fiesta del año pasado antes de la graduación! –completó Tenten y luego ella misma cortó la frase—oh, a menos de que…

—Quedé de pasarlo con Itachi –completó la aludida, mirando de reojo al huidizo muchacho de cabello negro, ahora a escasos centímetros del exterior de la tienda—Es…sería nuestra primera navidad juntos—corrigió ella.

Tenten le devolvió la mirada pensativa a Hinata, siendo quien lo dijese.

—Ah…etto, perdón sólo fue por costumbre –se excusó la chica del peinado de chonguitos—Hinata y yo veníamos por algunas cosas, en cuestión de la cena pues Ino acaparó toda la cocina y prácticamente es imposible siquiera poner un pie allí, y…—Hinata le dio un pequeño golpe con el codo, notando el gesto fugaz hecho por Sakura ante esto último—…¡perdón de nuevo !—fulminó a la Hyuuga con la mirada y retomó la conversación, entornando la atención a Sakura y emulando un tono severo—Ya deberían de haber resuelto eso, ni que tuvieran cinco años.

—Y si Ino no fuese tan necia –suspiró Sakura.

—O tú –completó Tenten.—Desde la "explosión Yamanaka-Haruno" el consultorio es prácticamente un campo de batalla.

Con el rabillo del ojo le dirigió un gesto mudo a Hinata, quien sólo asintió con la cabeza. Sakura suspiró hondo. Habiendo o no algo de razón, las palabras de Tenten le calaron un poco más allá del simple reclamo.

Hacía semanas desde que el asunto Uzumaki-Yamanaka y Haruno estalló de esa intermitente manera y la cosa se había convertido en el silencioso duelo de "buenos días, Haruno-san" "Con permiso, Yamanaka-san" y asegunes. El sufijo era una barrera y tanto Tenten como Hinata comenzaban a preocuparse del hecho tan constante de ambas al usarlo.

—Cuestión de tiempo –fue lo que dijo Sakura, a modo de respuesta para todo.

0—

No es que no se encontrase cansado, ni harto…sólo un tanto pensativo.

Si, era eso. Aunque Itachi no lo manifestase, pero el objetivo de su constante seriedad no estaba allí.

Al menos no en ése aparador.

Miró de reojo, notando que Sakura todavía estaba a mitad de dialogo con Tenten y Hinata. Distracción suficiente como para que nadie notase su presencia entrando a aquella tienda, a no se por una mano que le detuvo tomándole por el hombro.

—¡Itachi sempaaai!

Éste se giró hacia la izquierda, notando la amplia sonrisa de Tobi, visible bajo la llamativa gorra naranja de lana que cubría el lado mellado de su rostro.

—Tobi, ¿Qué rayos haces? –inquirió cuando Tobi le sujetó por los ambos hombros.

Y la sonrisa boba de su primo se tornó una línea en sus labios.

—Ne, quedaba pendiente una entrega más, tres docenas de folletos y el cliente las quería para hoy.

Itachi se alzó de hombros. No molesto pero si más serio de lo que se veía.

—Tobi, hace una hora que terminó el turno, es Nochebuena y no voy a pararme en el trabajo hasta pasado mañana.

Tobi simplemente siguió hablando como acostumbraba e Itachi no notó que Tobi no estaba solo.

—Pero Pein-sama dijo que…

—Por mi Pein que se vaya a entregar los pedidos como ueda, yo ya terminé mi turno.

—Pero Itachi-sempaaaiii

—Y deja de hacerte el idiota, no tienes que fingir que…

—¿Fingir que? –Kisame sacó la cabeza por la ventanilla de la desgastada camioneta de reparto de Akatsuki, aparcada en la acera justamente detrás de Tobi. Sus pequeños ojos se centraron en Itachi—Ey, "comadreja", muévete. Sólo iremos por esas cajas, no nos tomará mas de una hora.

—Carajo, ¿Y el par de idiotas? ¿Deidara y Sasori?

—Con suerte lejos –arguyó Kisame— Como se atraviesa el feriado, Pein quiso que trajeran suficiente material para la semana entrante y supongo que aun andan por la zona de papelería industrial a las afueras de Konoha –explicó—Mira, chico; no te molestaría si no fuese necesario, pero eres el único que tiene las órdenes de pedido.

—Si, Tobi no las encontró, jeje –confesó el "buen chico", mientras se reacomodaba la gorra.

El Uchiha se pasó una mano por la sien, contempló a Tobi, luego a Kisame y suspiró agobiado.

—Bien, sólo llevaré a Sakura-chan a casa. –murmuró resignado Itachi. Tomando de nuevo las cajas y andando de nuevo a la asobronada tienda, en la cual todavía estaba ella.

0—

Tenten entró al apartamento, seguida de Hinata quien resollaba a causa del bromoso andar por las escaleras y con la mitad de la carga de las compras de último minuto. La chica de cabello castaño llevaba únicamente tres bolsas de papel, las cuales dejó descuidadamente sobre la mesita de la sala mientras entraba estruendosamente a la cocina.

—¡Iiiinooo-chaaan! –clamó desde el marco de la puerta, tan inesperadamente que la aludida rubia casi deja caer el bol de ensalada de patata que sostenía—¡Volvimos! ¿Puedes creer lo lleno que está todo?

—Por algo no quise ir, y ¿porqué diantres tienes que hacer escándalo todo el tiempo?—Ino entornó la mirada hacia la efusiva Tenten y esta no se dio por enterada del brillo represivo en sus azules orbes.

—Tenten…—llamó alguien desde la entrada. Y la aludida no se dio por enterada.

—Gruñona, simplemente pongo un poco de alegría ya que desde hace no se cuanto parece que todo el mundo aquí se levanta de mal humor. –enunció Tenten, cruzando ambos brazos. Su vista se quedó fija en la pequeña pila de contenedores de plástico. Parte del ramen casero y arroz al vapor estaban en columna junto a un pequeño termo para té—¿Y eso?

Ino dejó la ensalada en el pretil, para luego tomar la tapa para cerrar el contenedor y apilarlo con los otros dos y el termo.

—Para la cena –anunció Ino.

—Tenten…

—Si pero no es necesario que lo empaquetes todo, a menos que…—Tenten ignoró la segunda llamada hacia ella. Se detuvo en lo último y luego alzó un poco más la voz—¿No estarás pensando en dejarnos solas o sí?

—Voy a ir a casa de Naruto –señaló la rubia—Tal y como lo había dicho la semana anterior.

—Tenten…

—¡Pero qué egoísta! ¡Abandonar a tus amigas en plena Nochebuena! ¡Y después de lo ocurrido con Sakua, Kami, deberían…!

—¡Tenteeeen!

—¡¿Qué?! Ah…¡Hinata! –Tenten se volvió hacia la tenue vocecilla que desaparecía en medio de una torre de tres cajas, perteneciente a una temblorosa Hinata que hac+ia esfuerzos por no derrumbarse con todo y paquetes—¡Ay, perdón! ¡¿porqué no habías dicho que necesitabas ayuda?!

Ino salió de la cocina, ayudando a la agotada Hyuuga.

—Y dices que soy yo la egoísta –dijo a Tenten. Asintió segura—Ya tengo planes, lo siento.

Sin embargo, la mueca de Tenten esbozó una sonrisa amplia y confiada.

—Pues los planes cambian. –la joven de los chonguitos pareció adoptar un aire de entera sublevancia—Tengo una genial idea.

Ino Yamanaka frunció levemente el ceño.

—No…ni se te ocurra, Tenten Ama.

0—

Cuestión de tiempo. En eso había quedado y quedaría el asunto "Yamanaka" en lo que respectase a Sakura Haruno. Por ella no habría problema.

El verdadero problema ahora era otro y se encontraba allí, viéndole ceñudamente desde el lado opuesto de la cocina, con aquella desafiante mirada oculta tras el vidrio de esas gruesas gafas de montura.

—No –fue la única respuesta que obtuvo de Karin.—Yo digo que no.

Sakura simplemente exiló. La paciencia siempre tenía un límite y en esta ocasión, tras la interrumpida tarde de compras, el frio abatiendo sus hinchados tobillos y el nauseabundo aroma de aquella sopa de tomate flotando en el ambiente de la pequeña cocina, la reserva de paciencia Haruno había llegado al límite.

Podía aguantar un poco o al menos eso había pensado, después de todo, soportaba las desavenencias de Ino Yamanaka, los desastres culinarios de Tenten –cuando se le ocurría entrar a la cocina- y los platillos experimentales de Hinata Hyuuga, pero esto…

—Se esta quemando –Sakura tenía una mano cubriéndole las fosas nasales y aun así sentía que el aroma se filtraba como si fuese azufre puro.

Karin simplemente entreabrió un poco la portezuela del horno y una difusa cortinilla gris escapó del interior.

—Que no, no se esta quemando. –dijo volviendo a cerrar la escotilla y emulando aquella mueca tan hipócrita de "no pasa nada"

—¿Entonces porqué sale tanto humo?

—¿Barbacoa al vapor?

Un duelo de miradas silencioso, no más allá de cinco segundos en que Sakura se remitía internamente a no arrojarle la sartén o cualquier aditamento que estuviese a su alcance.

Eso era el colmo. Tener que compartir la cocina con aquel engendro quejumbroso de cabello rojizo no habría sido inconveniente, si no hubiera arruinado la mitad del prospecto a cena, derramando "accidentalmente" medio pomo de sal en la inocente salsa de condimento y al Teriyaki que tanto le había costado a Sakura desde hacía dos horas.

—Sabes, creo que puedo encargarme del resto de la cena –antes de que algún otro atentado se atravesase a la nueva remesa de salsa agridulce, Sakura trató de adelantarse hasta la estufa.—Por lo menos para que esté a tiempo.

Karin sólo permaneció allí sin moverse. Su mano seguía fija en la perilla de encendido.

—Nah, ni que fuera tan difícil…y si es por el tiempo…—sin decir nada más, Karin simplemente movió la perilla hasta el punto máximo.

Y un resplandor tan rojo como el infierno o su cabello, se apreció en la ventanilla del horno.

—¡¿Qué demonios?! ¡VAS A QUEMAR TODO! –Sakura casi dejó caer el cuenco con salsa. Karin ni siquiera pareció importarle que la cocina luciese como un enorme anuncio de neón y el humo hacía presión en el interior del pobre horno.

—Ok, deja de armar tanto drama. Si quieres le apago a esto y ya…—la pelirroja apenas tomó la perilla de la estufa cuando ésta soltó un "clic" bastante audible. Mostró una risilla nerviosa y alzó el desprendido botón—…eh…se rompió –lo dijo simple y llanamente, para luego arrojar el aditamento sobre el pretil en cuanto notó que Sakura estuvo a punto de proferir algo—, pero no hay problema, para eso están los hombres…¡¡SASUUUUU-CHAAAAN!! ¡ESTA COSA NO SIRVE!

Sakura apenas tuvo que cubrirse un oído en respuesta al peculiar llamado de ayuda. Y Sasuke ni siquiera asomó la nariz hacia la cocina.

—Karin, deberíamos

—¡SAAAASUU-CHAAAN! –ésta ni siquiera le escuchó.

Volvió a llamar al desaparecido "teme" obteniendo la misma respuesta; nada.

—Huuumm…tal vez volvió a quedarse dormido, ¡mierda! –puso los brazos en la cintura, y miró hacia un lado—Bien, sólo queda reparar esto por cuenta propia.

0—

—Sempai, Tobi quiere irse a su casa –Tobi bostezó mientras seguía a Itachi de un lado hacia otro de la tienda.

La entrega no fue exactamente en dos horas sino en tres, y todo porque Kisame había confundido la avenida treinta y siete con la calle del mismo número. No se tenía que ser un genio para confundir una calle con una avenida, pero con el tráfico al por mayor y tomando en cuenta la agobiada sagacidad del apodado "tiburón" Hoshigaki, el incidente era de esperarse.

Las seis y media de la tarde se cernían sobre Konoha ahora y como si fuese el mayor incentivo de presión; la multitud se triplicaba a lo largo y ancho de las calles y tiendas centrales de Konoha.

Itachi Uchiha logró pasar entre la larga fila apostada en la entrada de la tienda, a punto de pedir la "odiosa cosa" –en términos de Tobi- que había estado contemplando indeciso desde hacía casi veinte minutos.

—¿Por fin te decidiste? –Kisame no lo pensó dos veces antes de haberse hecho espacio empujando a dos tipos que estaban como simples observadores en el área del mostrador. Le dio un codazo al silencioso Uchiha, escrutando el objeto que éste había pedido al dependiente— Hombre, no pensarás en comprar eso, ¿o si?

Itachi asintió sin mirarle. Había un brillo seguro en sus ojos.

—Sé que a ella le gustaría.

—Pff…estás loco –Kisame ahogó un bufido—Por lo menos para echarte la soga al cuello con eso.

—Este es el costo. –El dependiente les interrumpió, dejando la factura delante de Itachi.

Éste no dijo nada, sino que fue el mismo Kisame quien profirió un gruñido corto, similar a un ataque de tos.

—Carajo, ¡Tres mil doscientos ryo! –espetó leyendo la cifra en la factura—¿¿En que rayos piensas, "comadreja"?! Ni en mil años podrías pagar eso, al menos con el sueldo de Akatsuki.

—No es necesario que pague al contado –el dependiente subrayó uno de los apartados—Veinte cuotas de ciento sesenta o quince de…

—Me lo llevo –el Uchiha sólo firmó el papel ante la atónita mirada de Kisame.

Tobi estaba afuera del local, curioseando de un lado a otro y quejándose sólo para llamar a su "primo-sempai", hasta que entró al establecimiento, abatiendo los brazos y con la voz en un hilo.

—¡Sempai sempai sempaaai!

Itachi le miró con el rabillo del ojo.

—Ya voy, sólo necesito la factura de cobro y…

—¡Sempai, Tobi vio que salía humo desde su apartamento!

—¿Que?

Tobi haló a Itachi por el codo, y señaló hacia una pequeña hilera de humo que provenía desde el este, hacia la zona apartamental.

—¡Mi casa!

0—

Desastre.

La cena se había convertido en un desastre; o al menos eso había pensado Itachi cuando se dirigía a toda velocidad por las calles. El alivio volvió tenuemente a sus pulmones, en el momento en que encontró a Karin, Sasuke, Sakura, Tenten y Hinata justamente en el pórtico que daba hacia el complejo habitacional, en la aparente imagen de un improvisado día de campo.

…mientras dos bomberos bajaban con sus usuales aditamentos y cargando lo que parecían los restos de la estufa de su cocina.

—¿Qué pasó? –su voz parecía un murmullo sordo, casi como un suspiro. Sintió a Sakura asirle por un brazo.

—Nada, sólo que tu "cuñadita" –Sakura expresó el término lo suficientemente audible—casi nos manda volando hasta Sunagakure.

Karin se puso de pie al instante.

—¡Ey! ¡Sólo porque trataba de reparar ese trasto viejo! –ladeó su vista hacia Sasuke y notando que éste apenas levantaba la vista del plato de ensalada congelada traído por las amigas de Sakura, su atención deparó en Itachi—Al menos esto no hubiera pasado si Itachi tuviese el maldito cuidado de dejar las cosas que si sirven — se detuvo de nuevo en Sakura—o las que no estorben en la casa.

Obviamente la aludida de cabello rosáceo se dio por enterada al instante.

—¡¿Qué dijiste?!

—Pues lo que oíste, —una sonrisa retadora se enmarcó en los labios de Karin, pálidos por el frío—¿O también la sordera es uno de tus achaques?

—¡Ven y dímelo en mi cara! ¡Zanahoria miope! –la chica de pelo rosáceo apenas y alcanzó a alzar un dedo acusador hacia la escandalosa pelirroja en cuanto alguien le tomó del hombro.—¿Qué…? –alzó la mirada sobre el brazo, encontrándose con el rostro levemente pasivo de Ino Yamanaka—¿Ino-cerda?

—Y como siempre metiéndote en problemas, "frentuda" inútil –dijo expresando una sutil sonrisa. Se ladeó hacia la ofuscada Karin—Y veo que se llevan bien.

—Bah, ni en sueños –Sakura, ya un poco más tranquila, se sentó en el borde de la escalinata. La rubia le acompaño a su lado—¿Y que haces aquí? Supuse que pasarías una romántica velada con Naruto o algo asi.

Ino chasqueó la lengua, moviendo la cabeza hacia un lado, en ademán de negación.

—Tienes que dejar de ver esas estúpidas películas occidentales –dijo a modo de respuesta—Tenten insitió y ya sabes que es muy difícil sacarle las ideas de la cabeza.

Su mano derecha portaba una pequeña bolsa café, con arillos del mismo color. La dejó en las manos de Sakura.

—¿Y eso?

—Los niños no tienen la culpa de las idioteces de su madre –sonrió Ino—O de las discusiones con su "tía".

Sakura abrió el empaque, encontrando dos pequeños suetercitos con el entramado y logo del equipo de los Zorros de Konoha, y otro par de gorras con el mismo emblema.

—Digamos que es de parte nuestra…dattebayó.

Naruto estaba frente a ella, con su habitual chaqueta naranja, una bufanda que indudablemente le había regalado Ino –era obvio, ya que el color de la prenda era de un poco usual tono azul aguamarina- y un semblante tranquilo y casi radiante. Si, ése era el Naruto que recordaba de sus días de estudiante; el Naruto que tanto había soportado tantos años…y ¿a aquel al que le había arrojado la raqueta en la cara?

¿Aquel que había creído traidor por haber salido con su mejor amiga?

Bueno, la felicidad era para todos, ¿no?

Ella bajó el rostro, sin borrar la apacible sonrisa.

—Y después de todo lo que pasó…—susurró.—no tenían por que.

Naruto se cruzó de brazos.

—Bueno, Jiraya oji-san dice que errar es humano —se encogió de hombros—que importa, además —señaló hacia el abultado vientre de ella—No iba a dejarlos, después de todo, tendrán a su tío Naruto aunque no quieras. ¡dattebayó!

—¿Quieres dejar de hacer escándalo en plena via publica? –Ino lo sujetó de la chaqueta obligándolo a sentarse—que impropio.

—Y dices que yo soy tosco…—Naruto asemejó hacer un puchero, ignorado pro Ino—Ne, ¿y el gran teme?

Sakura señaló hacia el vértice que conducía hacia el todavía humeante apartamento. Hinata y Tenten estaban cómodamente sentadas en una de las escalerillas que daban hacia el patio aledaño a la entrada y de algo habían servido los bento hechos en casa.

—Bueno, esto es una cena al aire libre –enunció Tenten a modo de comentario.

La unidad de bomberos se retiró y gracias a Kamisama que la cosa no pasó a nada más que una estufa calcinada y un enorme manchón producido por ésta. No hubo pérdidas aparte de eso y del estofado casero de Sakura, del cual no quedó más allá de una evaporada roca semejante a un trozo de carbón. El ambiente por fortuna no estaba impertinente con el frío y el cielo despejado daba una envolvente vista hacia un negro azulado plagado de estrellas. Un abiente propicio para unas cuantas horas mas a la intemperie y eso dejaba tiempo suficiente a que se ventilara el apartamento.

Unos cuantos inquilinos habían salido a preguntar, pero nada más allá de la mera curiosidad de vecinos.

Una noche tranquila y apacible, entre amigos, conocidos –intolerantes y fastidiosos, pero eran parte del mismo paquete—y…

Y ellos.

Itachi volvió por enésima vez del apartamento, seguido de Tobi. El muchacho de la gorra naranja salió con una pequeña radio de pilas bajo el brazo, y "I´ve got my mind send on you" de George Harrison sonaba bajo la fluctuante interferencia.

—Supongo que aun deberíamos esperar una hora más a que se ventile un poco allá. –Itachi, con el peso de un cansancio no anticipado pesando sobre su espalda y el rostro aun más agobiado de lo que esperaba, atinó a sentarse junto a Sakura.—Todavía huele mucho a humo en la sala.

Ella tenía el regalo de Ino en su regazo. Se acomodó contra el hombro de Itachi. Este dio un sorbo al tarro de chocolate caliente traído por Tenten.

—Por mi no hay problema, Itachi –ella señaló con la cabeza hacia el tranquilo grupo de jóvenes.

Tobi y Naruto tenían un duelo pasivo en cuanto a la búsqueda de alguna estación que pudiese sintonizar mas de dos canciones sin que se perdiese la recepción. Ino, Tenten, Hinata e inclusive Karin estaban enfrascadas en el hilo de una conversación referente a lo que había sido de sus vidas después de la preparatoria. Sasuke participaba de vez en vez a las preguntas insistentes de Naruto, aunque estaba más interesado en la sincronía de la antena del radio y en el tarro de café que en eso.

—Itachi…

—Sakura, yo…—Itachi rompió el silencio, notando que Sakura le imitaba el gesto.—Tu primero –recapituló.

La joven negó con la cabeza al inicio y luego posó sus pupilas en él.

—Tenía tu regalo, pero supongo que no importa ya –confesó con una risa nerviosa—Se quemó.

—¿Era el asado?

—Estofado. –asintió Sakura—Sé lo mucho que te gusta la comida casera.

El musitó una especie de risa, que pareció mas un gemido.

—Esta bien, Sakura-chan –dijo, rodeándole con el brazo—¿no era de comadreja, verdad?

—No –ella se sumó al comentario y rió un poco.

El le soltó, para tomar una de sus manos.

—No importa, me haría feliz que me dijeses algo, Sakura.

—¿Eh?

Ella le miró sin entender. Se lo había dicho. Nada de regalos. Frunció el ceño.

—Sakura, tu…—Itachi se pasó la mano por la nuca.

Sacó un objeto de entre su ropa, envuelto con papel de regalo.

—Quieres…¿Quieres…casarte conmigo?—volvió a decir, mirando al suelo.

El aliento se le había congelado y por fortuna los demás estaban demasiado sumidos en su propia conversación como para darse cuenta de que el serio e impasible Itachi Uchiha tenía el rostro tan rojo como el abrigo de Sakura

Ella sólo tomó la caja. La frase estaba allí, en el aire y la propuesta…

Hecha.

—Itachi…yo…

—Yo dije que quería intentarlo. Pero estoy seguro de esto –dijo, encogiéndose de hombros.—es en serio.

Dejó las manos en el aire, y Sakura se acurrucó en su pecho. Itachi lo transformó en un abrazo pasándole las manos alrededor. Se separaron un poco y se miraron.

—Esto…¿Esto es? —murmuró.

Itachi hizo un gesto con la mano para quitarle importancia. Le dio el regalo. A pesar de que no quería regalos, Sakura parecía muy emocionada por abrirlo. Sonrió, y estiró el cuello, para dejar a entender a Itachi que se acercara el camino restante para tocar sus labios. Y el Uchiha correspondió.

—Ábrelo —la animó él.

Desgarró el papel, y allí encontró una pequeña caja negra. La abrió, esperando encontrar el objeto brillante, circular y…

—¿Una factura?

—No iban a darme la sortija a menos de que la pagara de contado —se limitó a decir Itachi—pero es un compromiso. –sus ojos estaban fijos en los de ella—Una promesa…al igual que un futuro…

—Itachi.

—¿Quieres casarte conmigo? –repitió.

El chico sólo sonrió. Sakura sintió que la sangre se le iba hasta los tobillos y…¡Y al demonio que ahora tuviesen toda a atención de los allí presentes!

Su mente sólo tenia una respuesta en conciso.

—S…s…

—¡Tíaaaaa! –la voz de Tobi rompió el silencio formado en la entrada de los apartamentos. El radio se apagó y hasta parecía que nevaría en ése preciso instante.

Itachi se giró de repente al igual que Sakura. Y aquello dicho por Tobi fue enteramente verdad. Con el término de "tía" se había referido a…

—Ma….¿madre? –la garganta de Itachi se congeló por completo.


NOTAS DE AUTORA:

Bueno, la jornada de trabajo ha estado infame esta semana, y eso repercutió por desgracia en el fic. En fin, una sincera disculpa y aqui tienen el capitulo y un poco mas larguito de lo usual. ¿linda propuesta? bueno si, pero eeeeyy...miren que descenlace...

¿Los patriarcas Uchiha? Ok, no spoileo mas alla del nombre del siguiente capitulo.

Nos leemos hasta entonces. Gracias por leer y más por comentar.

SIGUIENTE CAPITULO:

"Battalla Campal de Año Nuevo"