Bien, ya se que no tengo perdón ni de la Santa Galleta de Chocolate o Jashin-Sama por venirme a dar señales de vida...pero como ya he dicho antes y mi adorado esposo lo sabe...¡primero muerta que dejar mis fics incompletos!
Ok, no les quito tiempo de lectura...ARRIBA EL TELÓN, MUCHACHOS!
+ IN MEMORIAM +
El Vuelo de la Cigüeña
Cap 21
"Imprenta…dulce imprenta"
El despertador sonó diez minutos antes de la anticipada hora; las ocho y media de la mañana, y con el discordante timbre retumbando en el vacío de la sala de aquel apartamento en los suburbios de Konoha.
Sasuke había pasado toda la mañana en un apabullado silencio y lo que nunca; se había levantado con una hora de ventaja antes de que el maltrecho despertador iniciase su retahíla de molestos timbrazos. Siete de la mañana, cuando Sasuke se despertó en la esquina de la cama…solo para darse cuenta de que ella no estaba. El hueco, el enorme espacio abierto del colchón que solía compartir con Karin –en pocas ocasiones para dormir-, estaba ahora ocupado por diversas camisas, pantalones y demás prendas simplemente desperdigadas.
Y sin embargo, seguía notándose tan aterradoramente vacío.
Mierda…
El chico soltó un bufido que no tenía más significado que un hastío total. Tomó la primera prenda que encontró a la mano –un desgarbado jean y una camisa polo azul oscuro- y se dirigió a la ducha. Salió tan silencioso como se había levantado, pasando por la cocina y deteniéndose frente a la nevera, mientras escuchaba la seca voz de su hermano mayor, hablando por teléfono.
No dijo nada. No era su asunto. Y no quería decir nada…hasta que su hermano colgó el auricular, poniendo fin a la escueta charla y simplemente se dirigió a éste, con una peculiar palabra que despejó por completo la mente de Sasuke, como un baldazo de agua fría.
— ¿Trabajo? El ofrecimiento resultaba sorpresivo, pero al mismo tiempo alentador, como cuando en medio de un naufragio aparece una balsa vacía.
—Fácil, sin preguntas ni papeleos. —Itachi se cruzó de brazos— Eso es lo que estabas buscando ¿No?
Sasuke lo miró con cierta desconfianza, el ofrecimiento era oportuno… quizá demasiado, Itachi no era la clase de personas que hacían esa clase de propuesta, por lo menos no a él. Además de que el gesto severo impreso en el semblante de su hermano mayor no era una seña cotidianamente usual.
No, definitivamente no le agradaba esa marcada expresión en Itachi.
—Estamos en una situación delicada… Y creo que cualquier cosa vendría bien en este momento ¿No crees?
— ¿Y donde esta ese maravilloso trabajo? —Preguntó Sasuke aun no muy convencido. Rechazarlo era el primer instinto que llegaba a su mente, pero sabía que de alguna manera aquello no era una opción.
Por toda respuesta Itachi sonrió solo un poco más, era un pequeño placebo en el mar de sus problemas. Y no pensaba desaprovecharlo. Un poco de justicia personal, en medio de aquella tormenta que había acometido su vida en los últimos días.
—0—
— ¿Un ayudante? —Pain dejo los papeles que revisaba sobre su escritorio.
—Solo serían unos días. —Dijo Itachi parado aun en la puerta del despacho, se veía un poco mas demacrado de lo normal, pero al mismo tiempo… animado— Además necesitamos alguien que haga mandados y ayude con la maquinaria.
—En ese caso tenemos a Tobi… —Comenzó a decir Pain
—Creo que ambos sabemos las verdaderas condiciones de trabajo de Obito, señor. —Itachi procuro resaltar bien el nombre de su primo, para que no quedara duda de que sabía mucho sobre él.
—Me da la impresión que no solo es por el dinero, Itachi-san. —Pain se recargó en la silla de su oficina y miró fijamente a su empleado, años de trabajar con personas como él, le habían enseñado a detectar segundas intenciones, como un radar— ¿Qué es lo que quiere en realidad?
Itachi sonrió para sus adentros pensando que al final Pain no era ningún crédulo, bueno, al fin y al cabo no había llegado hasta donde estaba creyendo cada historia que le contaran. Suspiró y dijo el argumento sin rodeos.
—Sasuke es… Bueno ha sido siempre una carga… Apenas está empezando a sentir lo que es tener una responsabilidad, real y quisiera darle una clase condensada de "trabajo duro"
—Ya veo. —Pain entrelazó los dedos bajo su barbilla— Me imagino que tienes algún plan para esto.
—El va a llegar en una hora. Si me permite hablar con Kakuzu-san y con Zetsu…
—De acuerdo, pero no te pases. Kakuzu es un poco, demasiado entusiasta en eso de "Dar lecciones de vida"
—También quiero hablar con Hidan.
Pain soltó una especie de risa-tosido-carraspeo.
—Parece que de verdad no quieres a tu hermano.
Itachi tan solo se alzo de hombros y regreso a sus labores. Por lo menos eso seguía siendo algo seguro. Llegó cerca de su restirador, como siempre lleno hasta el tope de hojas de trabajo, notas, bocetos y recordatorios, todo desperdigado en un aleatorio y desarreglado caos.
Su "ordenado desastre", como solía llamarlo Tobi.
Apartó unas cuantas notitas escritas con apurado pulso y su atención se centró en el itinerario de pendientes…justo debajo de un pedazo de papel pasante color amarillo, remarcado con su propia letra.
"12:00, CITA DRA. SHIZUNE".
Itachi sostuvo la hoja por fracción de segundo y su mirada se detuvo ante el teléfono.
La cita con era hoy, pensó en ese momento mientras sentía un hormigueo en la palma de la mano.
Apretó los dientes y tomo el auricular, casi llegaba a tocar el disco marcador cuando cambio de opinión y lo dejó en su lugar. El recuerdo de aquel frasco de mermelada volando a su cabeza lo volvió a enfurecer. No tenía porque soportarlo, después de todo no era su culpa… Por lo menos no totalmente.
El ruido de una maquina encendiéndose lo saco de sus pensamientos. Por lo pronto había que trabajar y en la tarde ir de nuevo a la casa de sus padres. Odiaba hacerlo pero ante la escasez de muebles e implementos no tenía muchas opciones al respecto.
Y en cuanto a Sakura…
Su mente se detuvo allí de nuevo, haciéndole volver la vista una vez más hacia el mudo teléfono.
—No te necesitamos, Itachi —resolló en eco la voz de Sakura, trayéndole de vuelta a la realidad.
La abrupta realidad.
—0—
Tenten pensaba que casarse y tener familia era la "salida fácil" para cualquier mujer que no supiera qué hacer con su vida. Claro hasta que tuvo que ver todos los vaivenes en la vida de su amiga Sakura.
Primero el lio de enfrascarse en una relación con alguien que literalmente era un desconocido al cien por ciento, algo que comenzó como "una cita rápida" y que terminó en algo más: una relación casi forzada debido al hecho de quedarse accidentalmente embarazada de aquel sujeto. Segundo, era el hecho de soportar todo lo correlacionado con esto; conocer a la familia de él, tratar de entenderse mutuamente…y además el cúmulo de problemas que conllevaba un embarazo no planeado. Y pese a que Tenten era una chica de principios liberales y firme creyente de que toda mujer puede triunfar y sacar adelante su vida y su familia sin ayuda de un hombre; el hecho de aventurarse en una situación similar a la de Sakura era algo que simplemente no quería ni de broma intentar.
Claro, eso tampoco significase que se desentendiese por completo de las menguadas ocasiones en que como amiga podría y debía ayudar como tal. Y ayudar en lo que podía, como en estos últimos días en los que podía vérsele a la chica de cabello rosa con su barriga cada vez más abultada, aun laborando en el consultorio.
Ayer por la tarde, Tenten había parado de camino en Pizza Hut y llegó al apartamento con dos pizzas grandes de pepperoni, con una ración extra de aceitunas verdes y champiñones, para hacer sonreír a Sakura. Tal como esperaba, Sakura se había sentado y arrancado toda la capa superior de la pizza, la mezcló con el helado de la nevera mientras Ino y hasta la propia Tenten tenían en su semblante una mueca de asco.
—Podría ser mucho peor —dijo Sakura, con la boca llena de la repugnante mezcla—. Piensa en todos esos repugnantes antojos que tiene la gente.
—En primer lugar, ¿qué te hace pensar que lo que estás comiendo es mejor? —se aventuró a decir Tenten—. De todas maneras, ¿no es todo eso un mito urbano? Quiero decir que la gente no hace realmente eso, ¿no?
—Sí. Y carbón. — peculiarmente por el comentario, Sakura sonrió; y esto es cosa rara, tomando en cuenta los últimos días…desde que volvió al apartamento.—Podría haberte mandado a la estación de servicio a por bolsas enormes de carbón en lugar de a Pizza Hut. Se llama "pica", una especie de falta de hierro. Eso es lo interesante. Tu cuerpo siempre te dice lo que necesita cuando estás embarazada.
— ¿Y qué te está diciendo exactamente el helado de chocolate con aceitunas y champiñones?
Sakura se llevó otro bocado a la boca. Ino le increpó.
—Probablemente que necesitas engordar. —dijo.
Y las tres se echan a reír. Casi tal y como solían hacerlo en sus reuniones después de clase. Aquellos tiempos, tan lejanos ya y tan diferentes.
Al menos, desde la graduación, las cosas no habían cambiado tanto. El trabajo, la independencia de la casa paterna y demás, era algo que las cuatro habían compartido, ya sea en menor o igual escala; y también era algo que había dado un giro rotundo tras el incidente de Sakura.
Hinata se había enfrascado más en el trabajo de archivo y papeleo; y no por el hecho de rehuirle a los inconvenientes que la práctica de la medicina conllevaba, sino porque era su desahogo personal de los largos lapsos de estrés. Ino se encargaba de la mayoría de las consultas y relegó a Sakura el ayudar a Hinata con la expedición de recetas. En la temporada en que la Haruno aun lidiaba con los mareos y nauseas, el ir y venir del consultorio al área de medicinas o al baño y viceversa, se había convertido en un martirio no solo para ella sino para Ino. Tenten simplemente prefería ser una espectadora de tercer plano; al ser la única dedicada a la salud bucal, tenía el privilegio de que no tenía que batallar con los menesteres médicos que se apañaban aquel trío.
Eso y eludir los ataques hormonales de su voluntariosa amiga de pelo rosa.
Aun antes de todo el lío alrededor de Itachi, lo primero que hizo Sakura fue salir corriendo a comprar Qué esperar cuando esperas. El dichoso libro se había convertido en una especie de bliblia, junto con dos manuales de ginecología, unode obstetricia y tres ediciones de bolsillo de Pedriatria.
Esta misma mañana, el altero de libros estaba en su acostumbrado escritorio. Ino simplemente echó un vistazo al primero, por puro ocio. Su atención se centró en el capítulo de "La dieta más adecuada".
—Malditos occidentales —dijo pasando página por página—. Están todos obsesionados con la comida. Por Kami, es el único momento de tu vida en que te está permitido comer todo lo que te dé la gana, así que, ¡y una porra!—dijo enfundando cierto aire de severidad. Miró de soslayo a Sakura—En cuanto a no engordar más de doce kilos, cielos, creo que eso fue lo que engordaste en las primeras doce semanas.
—Ni me lo recuerdes –exhaló Sakura sin siquiera mirarle—Dejé de pesarme a las cuatro semanas. No tengo ganas.
Y ahora Sakura está casi totalmente redonda. Como una peonza, se tambalea pero no se cae.
Tenten se había levantado, sirvió la tetera con agua caliente y puso tres bolsitas para preparar la infusión. Estaban en el consultorio pero era uno de esos momentos en los que no había nada que hacer realmente. Momentos que se estaban empezando a volver demasiado comunes para su gusto. En los sillones de la sala de espera estaban Ino y Sakura, Hinata estaba en su escritorio, muy concentrada en arreglar todos los archivos de pacientes y consultas, al final eso era un ejercicio relajante para la primogénita Hyuuga
"Fueron muchos archivos" Pensó Hinata mientras ponía una grapa en unos documentos "Me tarde seis horas y veintisiete minutos" Miró el altero de carpetas en su escritorio y sonrió "las seis horas más divertidas del día"
—Nos esperan en una hora con Shizune-san. —Dijo Ino colgando el teléfono que descansaba en una mesita— ¿Estás segura de que no quieres hablarle?
Sakura bajó la cabeza, ocultando su rostro con el cabello. Hubo un suspiro lastimero y nada más. Ino giró los ojos pero no habló.
—Lo bueno es que hoy no hay muchos pacientes. —Dijo Tenten sentándose con ellas, en un intento de distraer a Sakura— Sólo el pequeño y enfadoso de Konohamaru que tiene una revisión mas tarde.
—Sí, está bien. —Respondió Sakura con aire ausente.
Ino se quedó viéndola por un rato, lo suficiente como para que ella lo notara. Sakura le devolvió la mirada y espero a que su amiga hablara pero no hubo comentarios; tan sólo una larga y lánguida mirada.
— ¿Sí? —Sakura pensó que eso ya se había prolongado demasiado.
—Honestamente. —Ino se estiró un poco— ¿No debería el supuesto y ojeroso padre acompañarte?
La chica del cabello rosa bufó enfadada y miró el suelo con interés.
—Ino…—Tenten irrumpió, con el susurro más bajo que podía.
Simplemente porque no quería que el ambiente se tensara más de lo que había estado los últimos días. Si, la noticia de Sakura y su reciente ruptura con el padre de sus futuros hijos no había sido la noticia mas alentadora de la semana y la propia Tenten había escuchado a ésta y a Ino discutir solamente esa tarde. Ya habían pasado dos días desde entonces, la joven Haruno volvió al apartamento que compartía con ellas y aunque el conflictivo aire entre ambas amigas menguó notablemente, Tenten seguía sintiendo que mediar las cosas de tanto en tanto era necesario. Cosa en la que Hinata raramente ayudaba.
Ino volvió a consultar el reloj de pulsera a la par con el de la pared. Suspiró y se levantó, yendo hacia el perchero. Sakura había vuelto a posar su atención en el piso, sumiéndose de nuevo en sus pensamientos.
—Me llevaré el auto –musitó Ino, sacudiendo distraídamente el juego de llaves— ¿Nadie necesita algo?
Hinata alzó un poco la cabeza –lo único apenas visible en medio de las bastas torres de archivos clínicos era el brillo negro azulado de su cabello—y negó con un difuso "no, gracias". Tenten suspiró con hastío
—Supongo que yo tampoco…a menos de que puedas conseguir un bozal para el escandaloso de Konohamaru, ¡o una silla eléctrica!—vio de nuevo la tableta de horarios de consulta, enganchada a la prensilla de la puerta de su consultorio, y su rostro hizo una mueca de fastidio—Huuff…sólo un par de horas mas de tranquilidad.
Ino meneó la cabeza.
—Tenten, es solo un niño de ocho años…
— ¡Que viene atormentándome desde que abrimos el consultorio! Creo que ni el tipo ese de las películas de Elm Street hubiera podido con semejante mocoso escandaloso. Cada que tu "adorable" Konohamaru tiene consulta, parece que viniera a una cámara de tortura— se excusó Tenten.
La joven rubia ya había entreabierto la puerta del consultorio.
—Entonces disfruta de tu descanso de hora y media—sonrió Ino, yendo hacia la entrada, seguida de una silenciosa Sakura.
—0—
Kakuzu miraba con aire displicente, Hidan simplemente tamborileaba los dedos sobre el escritorio, imitando el gesto inquisitivo y serio de un juez. Deidara pasaba por el pasillo acarreando un par de resmas de papel bond; igualmente se detuvo, contemplando con el mismo gesto durante una fracción de segundos y retomó su camino, espetando algo inentendible entre dientes. Detrás de él, Tobi sólo se limitó a ahogar una risilla entrecortada, antes de terminar regañado nuevamente por su supuesto "sempai".
La atención de todo elemento de Akatsuki Print INC estaba enfocada precisamente esa mañana en el mustio muchacho de ralo cabello negro y expresión de pocos amigos. Sasuke Uchiha, el hermano menor de Itachi, permanecía quieto y silencioso desde la silla destinada a los clientes.
Silencio, abrupto y demasiado incómodo.
—Exactamente… ¿qué tipo de experiencia tienes? –dijo de pronto Hidan. No esperó respuesta del indiferente Uchiha— ¿al menos sabes usar una sumadora?
—Si –respondió Sasuke, imitando el mismo imperativo tono—Por…
Antes de que siquiera pudiese terminar la frase, el insignificante y casi nulo espacio vacío del escritorio fue ocupado por un armatoste tan grisáceo y empolvado como una lápida, con gruesos botones y un rodillo digno de una rotativa de prensa del siglo XIX. Aquella supuesta sumadora, sacada por Hidan desde el entrepaño inferior del escritorio y dejada sobre la base de ésta, era más digna de un museo de historia que de cualquier despacho contable decente. Ni el retrógrada de su padre tenía una de esas.
Sasuke simplemente se quedó con la palabra en la boca y esta levemente entreabierta.
—¿Qué mierda es…eso?
—Dijiste que sabías usar una sumadora, así que aquí tienes —Hidan pareció hacer caso omiso de la estupefacta expresión del Uchiha menor. Su sonrisa cínica se amplió cuando junto al tosco aparatejo dejó una pila de facturas, notas de venta, recibos y pagarés—Tres meses de trabajo atrasado que de seguro puedes terminar de notariar. ¡Que te diviertas!
Salió, seguido de Kakuzu, quien solamente le miró de reojo antes de cerrar la puerta del despacho.
—Eso debe estar listo para mañana a esta hora. Tomate el tiempo que sea, pero yo no pago horas extra—dijo y salió.
A lo lejos, se oyó a Deidara proferir una risa corta, desde el área de impresión. Tobi le secundó al igual que Sasori. Frente a ellos, Kisame simplemente movió la cabeza hacia su compañero de área.
—Je…menuda tortura le han dejado este par, eh, "comadreja" –dijo refiriéndose a Hidan y a Kakuzu.
No hubo respuesta por parte del silencioso Itachi. Éste seguía con la mirada perdida en algún punto muerto de la lámina de negativo de una nota, mientras la pasaba por la pantalla del fotolito. La sacaba y mentía otra, con el silencioso ritmo ensimismado de un autómata.
—¡Itachi! —apremió Kisame.
—¿Hmp? — El Uchiha simplemente ladeó un poco la cabeza, sin perder la casi sepulcral concentración.
Hoshigaki señaló con la cabeza hacia una pila de láminas junto a la maquinaria de negativaje, peligrosamente inclinadas y a punto de precipitarse contra tres contenedores de solvente. Itachi apenas y lo notó en el gesto de Kisame y por reflejo, ladeó un pie y este tropezó contra un contenedor. Instintivamente dejó la lamina sobre la pantalla de la maquina y alcanzó a detener la pila que amenazaba con caer en tropel dentro de dos litros de solvente industrial para pintura.
—Por poco…—Itachi exhaló, reacomodando los negativos sobre uno de los estantes. Se dirigió a su compañero, levemente ofuscado—Carajo, no vuelvas a gritar asi cuando sabes que estoy usando la maldita prensa, Kisame.
Éste soltó una carcajada.
—Oh vamos, que ni siquiera he gritado. Eres tú el que esta mas tenso que una cuerda y ve nada más el semblante que tienes. Un cadáver se ve mejor que tu, ¿estas enfermo o algo?
—No.
—Estas enfermo –reiteró Hoshigaki, mostrándole el desgarbado papelillo que estaba sobre el restirador—Según esto tenías cita…—leyó el papel y consultó el reloj de la pared—…tienes cita al mediodía.
Itachi se alzó de hombros, sin siquiera mirarle y fingiendo mas interés en el plecado de los negativos que en las insistentes preguntas.
—Yo no tenia cita. –murmuró.
—¿Tu novia?
El Uchiha asintió.
—Si, pero ya no importa. —resolló Itachi, bajando el carrete de la pantalla del fotolito, alzándolo y dejándolo caer una vez más…con un poco de fuerza. Casi como si quisiese descargar todo el fastidio emocional con la inocente maquinaria.—Es asunto de ella ahora. Yo no tengo nada que hacer allí.
Kisame chasqueó la lengua.
—Tsk…¿y los críos? Vamos, hombre que tu no eres tan desobligado como tu hermano. ¿Seguro que no era urgente o necesario que fueras?
—No.
El sujeto de desgarbadas facciones y sonrisa de tiburón volvió a escudriñar el reloj.
—Sabes, aun alcanzas a llegar a tiempo.
—No voy a ir, Kisame.
Y éste simplemente se adelantó hasta donde estaba el Uchiha, arrebatándole la lámina.
—Yo me encargo de los negativos –masculló imperativamente—Además los estas doblando demasiado. Tienes quince minutos de ventaja, así que lárgate a tu cita.
—Kisame, dije que no…¡Y no voy a ir!
—0—
Sakura aun no estaba segura respecto a no cancelar la cita. La idea era obvia desde la última discusión con Itachi, debido a que se sentía demasiado cansada y agobiada. La aplazó un par de días…y ahora, simplemente no tenía motivo ni pretexto.
Hasta entonces, supuso que nunca había pensado antes en la realidad de la situación; después de la última vez que vio a Itachi –y retomando la inminente "separación"- simplemente atinó a retomar la idea inicial que tuvo cuando recién se enteró de su inesperado embarazo. En ese entonces había pensado en que se vería cargada con dos niños que no había planeado; que se convertiría en una madre soltera estresada que trataba desesperadamente de combinar su familia con una carrera y una sarta de novios que no le convenían.
Pero aquellas tardes, en casa de Itachi, después de ver cómo era su vida, dónde vivía, cómo vivía, comprendió que no estaría sola, y más aún, comprendió que no sería justo privarle de algo que él también quería.
Podríamos tener una familia juntos, empezaba a pensar. Y esa idea se había afianzado, con la ultima visita a casa de sus padres, y…la proposición de Itachi.
Iríamos al parque con grandes botas y gorros de lana. Tal vez hasta tendríamos que comprarnos un perro. Y una casa de veraneo, no demasiado lejos, tal vez cerca de la finca de mis padres.
Podríamos enseñarles todo lo que sabemos, verlos crecer y convertirse en personitas con pensamientos propios, opiniones propias.
—Y aquí esta…el primero…—la voz de Shizune interrumpió abruptamente sus pensamientos—¿Ves cómo mueve la pierna?
Sakura estaba tumbada en la mesa de revisión, con el cuello levemente estirado para ver la pantalla, mientras Shizune pasaba el sonar sobre el redondo vientre de la joven, con la vista clavada en la pantalla, deteniéndose solo para anotar medidas.
Ino estaba sentada a su lado, tan atenta como podía vérsele cuando era estudiante de facultad, con una ceja alzada ante la difusa imagen, tratando de interpretar los rebuscados términos usados por Shizune.
— ¡Kami! —Susurró Ino—. ¿Has visto eso? —Y de pronto la imagen de la pantalla se vuelve nítida. Hay una diminuta piernita dando patadas en el aire, y siguiendo la pierna levantada empieza a definirse la forma de un niño.
—Algo enérgico el…muchachito, eh –Shizune no deparó en el término. Sakura e Ino le miraron al mismo tiempo. El semblante de la primera estaba levemente desconcertado.
— ¿Qué? –exhaló Sakura.
La sonrisa de Shizune se tornó de culpabilidad. Un poco mas ampliada y desinhibida.
—Bueno, pues este pequeñito…será un niño –dijo mientras enfocaba la pantalla, en un ángulo trasversal— Esta manchita que se ve aquí… –señaló—son los genitales. Efectivamente es un varón.
Ino se volvió hacia Sakura, quien tiene la mirada llorosa. La sonda se movió un poco más y Sakura sintió una gran punzada al perder de vista la imagen, de inmediato volteó hacia la ecografista que le sonrió tranquilizadoramente.
—Bien, ahora vamos a ver a su hermanito…—Shizune aprieta hacia la izquierda y señala la pantalla, enfocando tan a detalle como el aparato lo permite, hacia la otra pequeña silueta. Hay una difuminada diferencia desde la perspectiva de Ino, quien amplía más la sonrisa.
—Ey —Ino estuvo a punto de alzar la mano, sintiendo la realidad de que no estaba en un aula de clases. Sonrió tímidamente ante el efusivo momento y recuperó su aire propio—ejem... no aparece la anterior silueta, eso significa que es…
—Una niña –completó Shizune. Sakura asintió, con un repentino nudo en la garganta, percatado por su amiga y la médico. —No te preocupes —dice ella, ofreciéndole un pañuelo de papel de una caja que tiene al lado—. Las que son madres por primera vez a menudo se quedan abrumadas. Es increíble, ¿verdad? Niño y niña —Shizune sonríe con indulgencia—. Todo parece en orden. ¿Ven ese temblor?
Un ligero temblor, apenas perceptible.
—Es el latido del corazón. El ritmo de ambos varía por milésimas de segundo, pero es sano y fuerte. ¿Estás de veintiocho semanas y cuatro días? ¿Cinco días?
Sakura asiente. Exactamente veintiocho semanas y cinco días.
—Las medidas son increíblemente precisas en esta fase, igual que la pequeña inclinación en posición del útero… —dice Shizune—, de modo que los esperas para...
Se vuelve para comprobarlo, pero Ino es quien se adelanta a la respuesta:
—El doce de abril.
Sakura no comenta nada al respecto. Sus ojos estaban fijos aun en la imagen que se proyectaba en la pantalla. De lado quedaron todas las incomodidades que pudiera estar sintiendo. La obstetra disfrutaba de este momento como de ningún otro. El primer contacto real entre madre e hijo…o hijos. El sentimiento reflejado en el rostro de Sakura en ese momento era el motivo por el que amaba su trabajo. Otra que notaba esa carita ensoñadora, totalmente maternal, fue Ino quien acomodó un poco el flequillo de Sakura.
—Bueno, menos mal que todo está bien, digo, después de todo lo que han pasado por tu culpa…y espero que no hereden tu frentesota.
—O sus ojeras…—suspiró Sakura, las palabras estaban atoradas en su garganta. Quería llorar, reír, hacer mil cosas a la vez…
Sin tan sólo él estuviese allí. Si sólo…
— ¿Itachi? —Ino alzó la voz al instante. Shizune sólo espetó el obligado saludo, casi a media voz y Sakura…
Sakura entornó la mirada, desconcertada.
Itachi estaba ahí, parado en el quicio de la puerta, viendo también la pantalla y a sus hijos. Llevaba un ramo de alguna especie de flor barata en las manos y una expresión de asombro en el rostro. El corazón de Sakura dio un brinco pero ella se obligó a ignorarlo. Shizune al igual que Ino decidieron una salida discreta de la sala mientras la paciente del pelo rosa se limpiaba el gel del vientre y acomodaba sus ropas.
Ese lapso pasó en silencio, con la chica mirando en otra dirección y él sin apartar la vista de ella.
—Niño y niña… —Dijo finalmente Itachi— Eso… Bueno así no hay margen de error al comprar los juguetes.
Sakura finalmente levanto la vista y le miró, había una cierta frialdad en sus ojos que hizo a Itachi temer otra explosión como la del supermercado.
—No… No hace falta que digas eso. —Dijo ella en un tono más calmado— Creo que me puedo encargar de eso por mi misma.
—Oye… —Itachi sintió una ligera punzada en el pecho, algo insignificante en realidad— También son… Son mis hijos.
—Nunca te obligue a nada… —Sakura quería irse, dejar aquella conversación que se antojaba repetitiva— No tienes que estar aquí si no quieres.
—Yo quiero estar aquí… por eso…
—Por favor, Itachi, no pretendas que en realidad te importa.
Entonces el hijo mayor de Fugaku Uchiha se dio cuenta de que esa pequeña punzada era en realidad una espina que lo estaba molestando, algo que necesitaba sacar de inmediato.
— ¿Qué no me importa? —Itachi la miró con fiereza y tomó aire— ¿De verdad crees que salí del trabajo así como así y soporté empujones y manoseos en el metro durante el viaje hasta acá solo porque me gusta pretender? ¡JODETE!
Sakura lo miró estupefacta, pero luego su desconcierto se transformó en ira.
— ¿Cómo te atreves?
—No. —Itachi le levantó un dedo frente a la cara interrumpiéndola— ¿Cómo te atreves tú? Desde que esta locura empezó, desde el mismo momento en que cometí la soberana idiotez de invitarte una cerveza, desde ese momento ha sido mi decisión, sólo mía. Y sabes no me arrepiento. Solo hay una cosa que me fastidia y es que en vez de estar tratando de razonar contigo estoy lidiando con tus malditas hormonas de mierda.
— ¡No me hables así! —Exclamó ella indignada
— ¡No te hablo a ti si no a esas malditas y jodidas hormonas que me están quitando a la chica que me gusta y a la madre de mis hijos! —Itachi la señaló a ella y Sakura retrocedió dos pasos— ¡Porqué estoy seguro de que Sakura Haruno si tendría la decencia de escuchar si no estuviera envuelta por esa maldita capa de emociones sin sentido!
Sakura estaba a punto de abrir la boca pero él se adelanto, sacudiendo el ramo de flores que empezaron a deshojarse.
— ¡Y una mierda si me voy a quedar tranquilo, voy a venir a tus exámenes y esos jodidos cursos porpadeu… propade…—Apretó la boca al notar que no sabía cómo se debía pronunciar, aquello hizo que su furor bajará un poco, pero solo un poco— Deja de pretender que sabes cómo me siento al respecto. Yo me voy a quedar, si después de que ellos nazcan me quieres fuera de tu vida, genial. Pero que sea la persona razonable quien lo decida, no esa estúpida cosa hormonal en la que te estás convirtiendo.
—No soy estúpida… —A Sakura se le hizo un nudo en la garganta y tuvo el impulso de soltarse llorando, pero no lo hizo, sería como darle la razón a él en ese momento—… Y si tu y Emi…
—Lo mismo podría decir de ti con Naruto. —Itachi se cruzó de brazos con el rostro severo— Como que se sentía muy dueño de la situación en aquella época
—Eso es diferente…
— ¿Cómo?
Sakura iba a decir algo, pero se dio cuenta de que no tenía una respuesta clara, parpadeó un poco y finalmente bajo la cabeza dándose por vencida.
—Voy a comprar algunos juguetes. —Itachi se dio la vuelta para irse, entonces vio el maltrecho ramo de flores y se lo extendió a Sakura— te hablo en la tarde a tu consultorio.
El hombre desapareció por el marco de la puerta dejando a una silenciosa Sakura con un ramo de flores deshojadas en la mano
—0—
Paz y tranquilidad. Era todo lo que necesitaba ahora.
Ino y Sakura habían salido a la consulta y Tenten estaba en su cubículo preparando todo para recibir a su "Pesadilla personal" como solía llamar al nieto del hombre más importante de Konoha.
Así que Hinata Hyuuga suspiró satisfecha.
No es que sus amigas y colegas fueran malas, en lo absoluto. Pero el tren de vida que llevaban desde que las conociera en la preparatoria resultaba a veces demasiado aterrador.
Pero todo estaba bien en ese momento, los archivos limpios y ordenados, las medicinas inventariadas, las revistas de la sala de espera acomodadas por orden alfabético, los floreros apuntando al norte. El consultorio entero reflejando una armonía perfecta.
— ¡Pues ponerte así de histérica no va a ayudarte en nada!
— ¡No estoy histérica, estoy indignada!
—En tu caso es casi lo mismo Sakura-chan.
El pequeño momento de armonía fue roto cuando Ino y Sakura entraron manoteando y discutiendo a saber qué cosa.
—Entró como si fuera el rey del mundo al consultorio. —Dijo Sakura sentándose en el sofá y poniendo los pies en la mesita de centro— Como si tuviera derecho de algo…
—Bueno, quizás sea porque… por alguna razón inexplicable sea el padre de tus hijos. —Ino se sentó frente a ella y comenzó a abanicarse con una revista— Y quizás, solo por suponer. Te haya gritado porque, como se dice vulgarmente "Le llenaste el saco de piedritas".
— ¿De parte de quien estas?
—De la simple razón, Sakura Haruno. —Ino se cruzó de piernas y brazos— te has estado dejando llevar por esos impulsos emocionales demasiado tiempo. Tienes que pensar realmente que es lo mejor para ti y los bebés.
Hinata quería darle la razón a Ino, pero ver todas las revistas que acababa de acomodar, convertidas en un montón de papeles regados no ayudaba mucho.
—No tengo muchas ganas de usar la razón. —Sakura un poco más desanimada se levantó del sillón— ¿Por qué la vida siempre tiene que ponerse tan difícil?
—Porque así siempre ha sido. —Ino movió la cabeza— ¿Y podías de dejar de deshojar las flores?
Las mismas que Hinata había estado arreglando durante una hora.
—Lo siento… Yo… —Sakura se llevó las manos a la cara— ¿Qué es lo que me está pasando?
—Las jodidas hormonas de las que te hablaba Itachi. Sólo necesitas relajarte.
—Yo puedo preparar algo de té. —Dijo rápidamente Hinata deseosa de alejarse de aquella masacre en que se había convertido su recién acomodada sala.
—Yo no quiero. —Dijo Sakura— Me tome un yogurt que estaba en el refrigerador antes de salir al consultorio.
Hinata se quedó a medio camino de la cafetera. Se giro lentamente mientras le daba un curioso tic en el parpado derecho.
—Era… Era mi yogurt dietético… Lo hacen especialmente para mí…
—Lo lamento Hinata. —Sakura se mostró muy preocupada por eso— ¡No era mi intención! Lo que pasa…
Hubo una pausa en la disculpa, la chica del cabello rosado palideció de repente y se llevó la mano a la boca, Se escucho un ruido estomacal y Sakura salió corriendo al baño, pero en su carrera le dio un ligero empujón a los archivos apilados en el escritorio de Hinata. La muchacha tomo el bote de basura y vació su estomago ahí mientras llovían papeles a su alrededor.
Ino fue a ayudarla tratando de no pisar la nueva alfombra de archivos a su alrededor.
—Por Dios, que desastre ¿Estás bien Sakura?
—Sí, sí. —La chica parecía haber recuperado algo del color normal en su rostro— Lo lamento, Hinata-chan, te ayudare a acomodar todo esto… Rayos me siento tan avergonzada…
Pero Hinata no parecía estar escuchando. La pequeña vena que palpitaba cerca de su parpado estaba latiendo tan aprisa como un corazón mientras veía como sus seis horas y media de trabajo (Las más entretenidas del día) se habían regado por el suelo. La vena de su parpado se detuvo y algo en su mirada cambió tan drásticamente que las chicas la miraron con un poco de preocupación.
— ¿Hinata-chan? —Ino sintió que la chica no loa estaba escuchando.
—Disculpen, tengo que ir al baño. —Dijo la aludida con un hilo de voz. Se dio la vuelta y camino en dirección al consultorio de Tenten. Sakura estaba por advertirle cuándo abrió la puerta y sin más ceremonia saco a su amiga de los chonguitos fuera.
— ¡Oye, estoy atendiendo a Konohamaru haya adentro! —Empezó a reclamar Tenten cuando Hinata le cerró la puerta en la cara.
Se hizo un instante de silencio, tenso y antinatural.
—¡MALDITA SEA, TODO MI TRABAJO SE FUE A LA MIERDA! ¡¿PORQUÉ NO SE TOMA LA PUTA CUARENTENA Y NOS DEJA TRABAJAR DE UNA JODIDA VEZ?
Hubo otro instante de silencio y la puerta se abrió de nuevo. Hinata lucía tranquila y rozagante, como aliviada.
—Me siento muchísimo mejor. —Dijo con su habitual tono de voz, tranquilo y servicial— Les prepararé un poco de té a todas, creo que necesitamos relajar esta tensión.
La muchacha fue a preparar la bebida mientras canturreaba algo. Las otras se alejaban para darle algo de espacio, un poco asustadas.
—Creo… —Sakura tragó saliva con dificultad—Creo que me iré a casa y tomaré la cuarentena de una vez.
—Y esconde todos los cuchillos de la casa por favor. —Ino la ayudo a levantarse, no muy segura de sus propias piernas.
Tenten se recuperó y recordó a su paciente. Se asomó a su consultorio y descubrió al pequeño Konohamaru hecho un ovillo sobre la silla de exanimación.
—Hazme lo que quieras… —Dijo el chiquillo tembloroso— Sácame todos los dientes o lo que se te ocurra pero por favor… Nunca me vuelvas a dejar solo con esa cosa…
Tenten pensó que por lo menos había salido algo bueno de eso. Ya tenía algo para tranquilizar al inquieto muchachito.
—0—
Trescientas facturas, algunas hasta emborradas por el polvoriento estante donde estuvieron cautivas, ciento ochenta pagarés y más de la mitad de éstos con las cantidades tachoneadas o garabateadas y ciento quince recibos consumieron mas del cuarto de jornada del "nuevo elemento" de Akatsuki Print INC.
Sasuke, abatido, y con una jaqueca monumental que parecían dos, apenas logró alzar la cabeza por sobre el altero de papeletas colocadas en la bandeja de "salida". La mañana había desaparecido y con ella, más de la mitad de lo que se convirtió en su condena personal.
Sasuke Uchiha estaba acostumbrado al trabajo relajado…o tan relajado como podía estarse sobre un mullido sofá, y sin rendirle cuentas a nadie. Había estado trabajando de repartidor y las únicas cuentas y sermones que debía soportar eran los reportes de tránsito escuchados en el radio, mientras éste solamente tenía que ir y venir desde un punto de la ciudad a otro entregando mercancía. Sin más líos…y sin mas complicaciones a diferencia de estas.
Apenas y se había librado de las tortuosas cuentas y remanentes dejados por Kakuzu y aquel sarcástico e insoportable sujeto de nombre Hidan, cuando el encargado de pre-prensa –un tipejo tosco y de facciones ralas, que trabajaba en el mismo despacho que su patético hermano mayor- le detuvo a punto de largarse a tomar un descanso en la improvisada salita a modo de cafetería…sólo para acarrear y ordenar casi cinco decenas de negativos y en orden alfabético.
Adiós hora completa de descanso, adiós a la oportunidad de siquiera fumarse uno o dos de los acostumbrados cigarrillos sin filtro y también, "adiós" al impulso de tomar un pequeño "relax" a costa de su hermano, al cual sólo vio llegar, enfurruñado y molesto con quien sabe qué cosa, arrojar las llaves de la bodega y disculparse en voz baja con Pain-sama.
Kami, ¡Cómo le hubiera gustado ver la expresión de Itachi en ese momento!
Sasuke no era mal hermano, sólo que parte de ese encono con que todo hermano menor esta condenado inconscientemente seguía presente, y en estos momentos de hastío, no podía mas que tomarse como un respiro en medio del calado ambiente.
Alzó la vista…encontrándose con un semblante que distaba mucho del de su hermano mayor.
—¿Qué quieres ahora? –dijo sin respeto hacia el apodado "Tobi". O como solía llamarlo su padre, "el fracasado de la familia"
Al contrario de la hostilidad de Sasuke, Tobi emuló una sonrisa amplia y aparentemente inocente.
—Ehh…Sasu-chaan…¡Tobi necesita ayuda!
Y Sasuke eludió la mirada, volviendo su atención a los negativos ya apilados. Se quedó mirándolos, sin interés alguno, mientras que Tobi no apartaba la sonrisa ni su presencia. Obviamente el Uchiha menor se percató de esto y como si nadie estuviese allí, se levantó del escritorio y se prestó a salir de la habitación.
—¿Sasu-chan? ¡Tobi necesita ayuda! –reiteró de nuevo el joven de la gorra naranja, con el mismo tono de voz.
—Que bueno.
—¿Sasu-chan no va a ayudar a primo-Tobi?
Sasuke le miró de reojo. Se detuvo, masajeándose los fatigados nudillos, con el mismo ademán de uno de esos abusones preparatorianos. Soltó un suspiro y se alzó de hombros.
—No he descansado en todo el día. Me largo a comer.
Apenas dio un paso al frente, y se encontró cara a cara con el pétreo semblante de Pain. Un gesto serio pero inquietante…y más por el tono tan peculiar de sus pupilas. Sasuke apenas e iba a decir algo, cuando fue interrumpido por éste.
—Uchiha-san, tenemos aun pedidos por terminar. Si Obito-san le ha pedido ayuda, lo más que debe hacer usted es brindársela.
—Pero es mi turno de descanso. –Sasuke alegó indiferente.
Pain se limitó a arquear una ceca.
—Estoy consciente de los horarios de mis empleados, Uchiha-san y se ha retrasado por dos horas para descansar –Sasuke abrió la boca pero no alegó nada—. Pero así como usted se toma su descanso cuando quiere, también es necesario que se atenga al trabajo pendiente.
—¡Pero si no he descansado desde que llegué y…!
—Y no le quitará mucho un par de horas más. –finalizó Pain,—Acompaña a Obito a dejar esto.
Y dejó en el escritorio dos cajas grandes, ya selladas y perfectamente cerradas. Con un único remitente en el apartado de "empresa":
HACHIBI
Y la sonrisa de Tobi seguía tan amplia y estremecedora…como el mismo resplandor de las llamaradas del infierno
—Jeje…será divertido, Sasu-chan…¡Tobi lo promete!
SIGUIENTE CAPITULO: (Y "patrocinado" por otro fabuloso grupo de los 80's..REO SPEEDWAGON)
"QUIERO SEGUIR AMANDOTE" ("Keep on Loving You")
NOTAS DE LA AUTORA:
Quizás se pregunten por la nota "IN MEMORIAM" que colgué al inicio de este capítulo. Bien, les explicaré ya que tambien es la razon por la que me he ausentado de los fics.
Antes que nada, realmente les pido mil disculpas por el increíble retraso en el desarrollo de mis últimos fics, pero unos muy desafortunados eventos acapararon mi vida. Ni siquiera sé por donde comenzar, así que espero esto no suene muy extraño.
Si bien, muchos saben -y los/as que me conocen via MSN no me dejarán mentir- que casi el 70 o mas de lo que uno escribe (en este caso yo) es buena parte de vivencias y hechos personales. Si, un escritor no puede dejar de plasmar, consciente o inconcientemente lo que vive, siente o desea, por lo mismo, los altibajos sentimentales, fisicos o enteramente personales, no pueden dejar de afectar.
En mi caso y para no aburrirlos con asuntos triviales, ha habido ciertos hechos, que no puedo ignorar -por ser meramente familiares- y que por desgracia, afectan mucho mi estado anímico.
Aquí entra la parte difícil de mi historia: Alrededor de marzo del 2006, mi madre se empezó a quejar de un dolor y para hacer una historia larga en una chica, le diagnosticaron Cáncer de matriz. Ya han pasado casi cuatro años desde entonces, ha estado en tratamiento de quimioterapia y radioterapia. Se quedó mucho tiempo internada en el hospital, lo cual antes me dejaba sin tiempo para escribir y a penas el tiempo para hacer mis tareas escolares. Y aún así ella me decía que siguiera escribiendo. Para finales del 2009, casi después de mi boda. las dolencias se incrementaron, ahora el afectado solía ser solo un riñon, sin embargo el cáncer se expandió.
El jueves, 3 de Junio, no pudo luchar más.
No quiero ser dramática al respecto, pero eso es lo que pasó. El ánimo de la familia pareciera haber sido cubierto por una nube gris de aflicción.
Una de las personas más importantes de mi vida, si no es que casi todo mi mundo, ya no está más. Aun tras la agobiante agonía de su enfermedad, subsistía su devoción materna, siempre al tanto de mis hermanas, de mí y de mi padre.
El duelo es un lapso arduo de llevar a cabo, pero gracias al apoyo de mis amigoc. Kusubana, Kristina, Alice-chan, Alma, el Gillboy y como olvidar a Alma-chan, he logrado ir saliendo poco a poco de este lapso. Tambien un grato y profundo agradecimiento a KAIOSAMA, mi esposo y la ÚNICA razón por la que sé que la vida tiene más dias soleados.
Tambien gracias a Kaio quien me ayudó con este capitulo en especial, ya que aun quedan muchas cosas que no podia sacar yo y que gracias a su inventiva pude hacerlo.
Y ahora solo me resta reivindicarme y volver al fandom poco a poco. Ya en serio, haré lo posible por terminar este fic y no desilucionarlos.
NOS LEEMOS!
