Y siempre habrá más... bueno ya se, no tengo perdon de nadie (aun asi me disculpo con todas mis lectoras/es) esta autora era consumida por el trabajo, el mundo del fan art y ademas anduve viajando a trávés del tiempo en una caseta azul dígase TARDIS...ejem ya en serio, ejem...PASEMOS AL FANFIC, ya se que era hora de actualizar al fin...


EL VUELO DE LA CIGÜEÑA

CAPITULO 22

Y QUIERO SEGUIR AMANDOTE…

La pinza del suaje se movía hacia arriba y hacia abajo, con un incesante y ruidoso click-clack provocado por la herrumbre en los engranajes, dándole el aire sombrío de una guillotina medieval.

El papel entraba completo en una resma de un metro por cincuenta de ancho y salía cortado en tamaños de hoja carta, con un solo empuje y la navaja hacía el resto, con una fina y mortal precisión.

Corte, corte, corte…

Y entonces le pareció volver a escucharle. Justamente lo poco que dijo, aquella tarde de hace tres días.

¿Qué haces?—había interrogado Sasuke en aquel desinteresado y monótono tono de voz, aquella tarde en que no hizo nada por impedir que se fuera.

Sasuke baka.

Dos años, joder… ¡dos jodidos años juntos y…!

¿Y le dejó irse, así sin nada más? ¿Sin un ultimátum? ¿Sin un diálogo apremiante? ¿Sin siquiera un "espera"?

Uff, debo dejar de ver esas estúpidas películas occidentales, planteó mentalmente mientras metía otro cargamento de papel. Bajó nuevamente la guillotina con un impulso más fuerte.

— ¿Karin…?

¡Ojalá fuese el estúpido de Sasuke!

Karin metió otra hoja en la pinza. Dos más. Quince al final.

¡Corte!

—¡Karin! –la voz la sacó de su violento ensimismamiento.

La aludida pelirroja alzó la vista desde la pleca de corte de papel, para encontrarse frente al semblante de una no muy calmada Kin…así como una pila de hojas bond cortadas desgarbadamente y apiladas sin orden alguno. Tan "elegantemente" dispersas como si un huracán de clase cinco hubiese azotado en el interior de la maquiladora.

Karin miró a Kin, luego al montículo de papel, y nuevamente a Kin. Emuló una tenue sonrisa y se reacomodó la montura de los lentes.

—Ejem…creo que se me pasó un poco la mano…—dijo como si aquella montaña de papel acribillado fuese una insignificancia.

— ¿Un poco? –imitó Kin, con las manos a la cintura—Querida, si hubieras querido acabar con todo el abastecimiento de la semana, debiste prenderle fuego a toda la condenada fábrica.

—Si, el jodido papel es inocente –sonsacó Tayuya, a sus espaldas—No tiene la culpa de que el bastardo Uchiha te haya mandado a la mierda.

—Tayuya…—Kin le lanzó una mirada seria, en señal de gesto perentorio. Por supuesto que la alebrestada chica de cabellera magenta pareció eludir la represiva. Se sentó junto a la silenciosa Karin—Al menos no te desquites tan efusivamente con el trabajo.

—No me desquito de nada. Y Sasuke no tiene nada que ver –suspiró Karin, dejando de lado el sobrante de papel.

Kin y Tayuya la miraron astutamente, sin decir palabra alguna.

— ¿Qué?

—Que si tu querido caballero con cara de piedra no tenía nada que ver con eso, no me hubieras llamado a las ocho de la noche preguntando por si podrías quedarte en mi casa –arguyó Kin—…y dudo que hubieses querido mudarte de nuevo a Otogakure solo porque si… ¿o me equivoco?

Karin eludió la mirada.

—Hmp.

— ¡Jah! Ya hasta respondes como él. ¡Carajo! ¡Si que lo feo se contagia como la jodida peste! –alegó Tayuya.—Bueno, si el bastardo canalla tuvo la culpa, pues que se lo quede él. Al carajo, los hombres son todos iguales. ¡una puta mierda todos ellos!

—Él no siempre fue así…—la pelirroja escuchó el carraspeo de Kin—Bien, si lo era pero…

— ¿Pensabas cambiarlo? —inquirió Kin—Oh vamos, eso de cambiar a un hombre es la mentira más grande de toda la humanidad, es como decir que la tierra es plana.

—Reitero, los hombres son todos unos jodidos idiotas de mierda –Tayuya alzó la voz casi triunfalmente.

Y un silencio sepulcral invadió la enorme ala de corte y empaque. Algunas otras empleadas voltearon al instante hacia la escandalosa muchacha. Karin ocultó el rostro entre las manos y Kin miró hacia otro lado, esbozando un suspiro corto.

—Supondría que te quedarías en casa de Suigetsu –murmuró la joven de cabellos negros, sólo a modo de comentario para aligerar un poco la conversación.

—Nah, es un fastidioso, además su apartamento huele a pies. Ni de chiste podría quedarme una hora en ese muladar.

Y menos en fin de semana, arguyó, casi con un sentido ensimismado, distraído e inconsciente. Y si lo conozco bien, Sasuke va a estar allí y…

Cortó el pensamiento antes de que una nueva ola de encono y furia le acribillase de nuevo y terminase desquitándose de nuevo con el inocente papel… o con sus amigas; de las cuales ya había perdido el hilo de la conversación.

— ¿Entonces? –Kin entornó la mirada hacia ella. Karin alzó una ceja, en tono contrariado.

— ¿Entonces qué?

—Que si nos largamos de farra esta noche –Tayuya alzó de nuevo la voz—Digo, ya que nos diste el jodido gusto de volver a verte por acá, no vendría a mal recordar los viejos tiempos. ¿Vienes, verdad?

En medio del ahogado calor en la maquila, el sonido incesante de la suajadora y aquel remolino de ideas que iban y venían como una jaqueca, Karin simplemente atinó a asentir. A pesar de aquellos dos días de diferencia, seguía sin poder decidir si el tiempo había pasado demasiado rápido o imposiblemente lento. En cierto sentido, seguía pareciéndole que ella y Sasuke habían roto de la noche a la mañana, con demasiada facilidad. No dejó de pensar que solo las celebridades superficiales ponen fin a tres años de relación tan fácilmente. O los adolescente estúpidos, que se mudan por capricho y cambian de opinión en cuanto acaba el período inicial y fenomenal, sin dar ninguna importancia y creyendo que la vida está llena de nuevas oportunidades.

Sin embargo, en otros sentidos, las cuatro horas en autobús desde Konoha hasta Otogakure, esa misma tarde, le pareció durar toda una vida. Y esta misma mañana se había despertado angustiada, pensando que la vida se le haría añicos, que nunca volvería a ser feliz. Pese a todos sus esfuerzos por estar ocupada y distraída, seguía sintiendo como si le golpearan el estómago una docena de veces al día.

Y sin embargo, algo muy en el fondo, tal vez ese sentido negativo que todos tienen por naturaleza humana, le recriminaba que Sasuke ni siquiera notaria esa ausencia.

Maldito… "teme".

0—

Ino caminó adormilada hacia el botiquín en busca de un par de aspirinas. La noche anterior había sido mental y emocionalmente exhaustiva más por el ambiente cernido en el consultorio que por alguno de los escasos diálogos posteriores a la "explosión" desconcertante de Hinata. No por el hecho de haber sido una catástrofe de proporciones épicas sino por la suma de eventos que le precedieron; la tensión a costa de la discusión entre Sakura y el patético sujeto al que había encadenado con la carga monumental de paternidad, la poca tranquilidad en el consultorio debido a que ahora parecía casi una inminente obligación de ella, Hinata y Tenten el velar por la salud física de su amiga –cosa más exasperante si se trabaja en un consultorio pequeño- y claro, la constante y renuente diligencia de Sakura hacia afrontar lo que más de una persona le había dicho respecto a la mal colocada frase de "son mis problemas y sabré como resolverlos".

Y el desastre hormonal en que se había convertido en las últimas semanas… bien, ése era otro asunto y ella sabía que si no podía culparla completamente por eso, al menos tendría muy buenos argumentos para recordárselo.

Al menos por la mañana, la fustigante atmósfera estaba calmada. Hinata reanudaba sus tareas de archivo de expedientes –aun tras el melodrama de ayer, en que terminó organizándolos meticulosamente en tres órdenes distintos-, Tenten atendía un tratamiento de blanqueamiento y Sakura había estado ayudando a Ino con el inventario del mes, estando en pensativo silencio. La calma a veces era tan pacificadora y escalofriante al mismo tiempo; más a sabiendas de que en cualquier momento el hilo podría tensarse de nuevo.

Y el que ya pasase del mediodía tampoco auguraba una batalla ganada.

Volvió a poner el frasco al instante, al momento en que escuchó sonar el teléfono. Hinata, desde su escritorio hizo el ademán de levantarse pero Ino tomó la llamada. Un tramo de dos segundos de interferencia le hizo despegar el oído del auricular; el zumbido se desvaneció, Ino volvió a acomodarse la bocina para luego apartarla al instante en cuanto escuchó el peculiar sonido estereofónico de Hanako Haruno.

— ¿Hola? ¡¿Sakura?

—Buenas tardes, Haruno-san –Ino respondió aun teniendo la bocina a tres centímetros de la oreja.

Oyó a la señora responder con un saludo escueto pero igual o más estridente.

—Oh, Hinata-chan, ¿está mi hija? ¿No interrumpo nada? Digo, es hora de trabajo y se que tienen mucho que hacer y…

—Soy Ino, señora –dijo haciendo un intento por no sonar apurada, mientras notó de reojo la mirada curiosa de Hinata—enseguida le comunico a su hi… —Apenas y había alzado la vista hacia el escritorio cuando notó a su amiga de cabellera rosácea andando dificultosamente.

Tomó el auricular, lanzándole una fugaz mirada a Ino quien parecía expectante… hasta que Hinata le dio una palmada en el hombro.

—Privacidad –musitó con aquel tono tan bajito y tan poco condescendiente con las intenciones de la joven rubia

0—

"Te llamo en la tarde, al consultorio", había dicho Itachi a Sakura, claro, antes de que aquel nubarrón de resentimiento cubriese el escuálido dialogo que hubo entre ellos.

Eso había comentado él, y sin embargo, no la llamó.

Kisame entro ruidosamente al despacho, encontrándose a Itachi, encorvado sobre el escritorio y concentrado en lo que parecía una silenciosa batalla contra la calculadora. Debajo de su mano izquierda, estaban en tropel varios papeles con anotaciones y precios; muchos del tamaño de notas de bolsillo y otros con el grabado impreso de varias tiendas en cuestión.

Todas con el mismo tema en común; bebés.

El silencio quedaba relegado bajo el dispar tecleo del Uchiha.

— ¿Ocupado? –inquirió Hoshigaki, con tono dubitativo, casi como si no quisiese alzar la voz.

Aquel gesto que había avistado en el semblante de Itachi simplemente no le agradaba; conocía esa seña… la había visto hacía un año cuando Tobi se aventuró a rebasar los límites de la aparente pasividad de Itachi a costa de su comida o la vez en que Hidan rompió "accidentalmente" el anaquel que el Uchiha solía disponer a modo de perchero. Esa expresión pétrea, tensa y casi homicida no era un buen panorama, y menos a la hora del descanso.

Itachi no alzó siquiera la ceja en respuesta a la escueta pregunta de Kisame. Simplemente espetó un bufido de cansancio, mandó la calculadora hacia un lado de un manotazo y se llevó ambas manos a la frente.

Al menos no me la arrojó en la cara, pensó Kisame con tenue alivio. En el mismo nivel de silencio escueto en que se encontraba su compañero, se acercó dejando la bolsa de su almuerzo sobre la mesita de café que estaba junto al escritorio de Itachi y se sentó junto a él; quedando a seguros sesenta centímetros de distancia.

—Esto está más tranquilo sin Tobi, deberíamos mandarlo más seguido a entregas –dijo a modo de intentar armar una conversación que estuviese totalmente fuera del "detonante".

—Hmp. –Itachi sentía de nuevo aquella presión en la cabeza, a causa de la discusión en el consultorio. Simplemente las ganas de forzar una mueca tranquila y apacible era tan dolorosas como la misma jaqueca.

Kisame abrió la desgarbada bolsa de papel marrón, sacando un emparedado de sardinas empaquetado con apuro.

—Y se llevó a Sasuke –dijo distraídamente. Itachi se alzó levemente— ¿No era su hora de descanso?

Y por un instante, tal vez por esa dúctil alegría malsana que todo ser humano experimenta alguna vez a costa de alguien, Itachi sintió levemente un poco más de ánimo. ¡ah, endemoniada condición de regocijo ante el mal ajeno!

—Hmp, ya era hora de que ese vago hiciese algo más que hacer bulto –profirió en un exhalido mientras se levantaba de la silla, para servirse una tercera taza de café. Negro y sin azúcar.

—Sí pero, ir con Tobi… je, eso no se lo deseo ni al cabroncete de Hidan —carraspeó Kisame con la boca medio llena de sardina—El pobre tendrá suerte si no chocan a medio camino, tu sabes que Tobi no se lía mucho con la camioneta de repartos.

—Pues a mi tonto hermano menor le revocaron la licencia de conducir desde su última "gracia" –Itachi se dejó caer en la silla—Además ni que fuesen a entregar pedidos al mismo Hokage, Obito sabe encargarse de esas cosas.

Kisame ladeó la mirada hacia el techo, en ademán de sorna. Itachi le contempló, desconcertado.

— ¿Y la victima es…?

—Killer Bee –masculló Hoshigaki, ladeando la cabeza hacia un lado—Era el pedido del viernes, llamó esta mañana y quería que se lo enviáramos ya. —Al menos el ambiente estaba menos tenso a diferencia de unos minutos, tal vez pudiese preguntar el porqué de aquella pila de notas, recibos y tarjetas sobre el escritorio del Uchiha.— ¿Kakuzu volvió a dejarte el endose de las cuentas?

Queriendo y no, parte de la curiosidad de Hoshigaki era más hacia la expresión frustrante de su compañero y el aporreo de la inocente calculadora que el forzado gesto de "no pasa nada". Itachi simplemente advirtió que la máscara de indiferencia había pasado a ser parte del olvido.

—No, sólo hago cuentas –masculló casi reacio, esperando que Kisame no preguntase más.

Claro, el "tiburón" estando ocioso y en hora de almuerzo, no iba a detenerse con una simple pregunta. A veces hablar ayudaba… aunque tomando en cuenta el carácter huraño del Uchiha, sacarle las palabras de la boca a tirabuzón tenía dos consecuencias; o ayudaba un poco a despejarle la mente… o lo hartaría y se largaría de allí de mala gana.

— ¿Para un mobiliario nuevo o qué? –había sacado de entre la pila de notas una hoja de presupuesto, con los artículos y el costo subrayado con rotulador rojo. Un precio muy elevado para una simple cuna.

—Hmp, algo así. –Asintió –Sólo falta mes y medio para que lleguen los niños y no hemos comprado nada.

—Pero si nada de esto cabría en el apartamento donde vives, así te deshicieses del estorbo de tu hermano.

Hubo una tenue pausa. Itachi rebuscó entre el altero de papeles y encontró un recorte de la sección de clasificados del Konoha News.

—Pensaba en mudarme.

Kisame sólo vislumbró la cantidad del alquiler, remarcado en tenues letras arial.

—No jodas –espetó con un carraspeo tosco—No podrías pagar eso así trabajases aquí hasta la tercera edad. Y dudo que Pain quiera darte un aumento –miró por sobre su hombro, asegurándose de que nadie más estuviese siquiera cerca de la oficina—Deidara se cargó un lote de mil sobres membretados y terminamos perdiendo casi quinientos ryo por el condenado papel.

—Mierda.

—Hum… podrías empeñar algo.

Itachi volvió a llevarse una mano hacia la sien.

—Ni siquiera he terminado de pagar la sortija de Sakura –caviló más para si mismo—, podría cancelar la compra y pedir que me regresen el anticipo.

Kisame arqueó una ceja.

— ¿Pospondrán la boda? –preguntó al instante.

La apabullada y confusa mente de Itachi se detuvo en eso; en la idea que había estado pensando una y otra vez desde que Sakura le gritó en el consultorio. Lo había resumido y repasado una y otra vez rumbo a la imprenta… y dolorosamente una parte de él lo había decidido.

—No vamos a casarnos. –enunció, casi indiferente—. Todo lo que ha pasado… creo que sería mucho forzar las cosas. Ella tampoco quiere casarse sólo porque la embaracé. Supongo que estamos bien cada uno por nuestra parte.

Itachi se detuvo por completo, un pensamiento aún más doloroso entrando en su mente

¿Pensaría eso también Sakura?

No, ella no podría, la conocía, sabía que no…

Pero lo dijo. Así hayan sido sus hormonas, sabes que había algo de razón… ¿O acaso vas a obligarla a encadenarse a ti solo por dos hijos traídos por accidente?

Se estremeció pensando en cómo habían concebido a esos niños… Dos chicos medio ebrios que no habían sabido cuidarse, un error de juventud, un "error"

— ¿Entonces vas a abandonarla?

—Yo no dije que fuese a abandonarla. Sólo hemos decidido que no nos casaremos. –puntualizó, aun con el mismo austero tono de voz.

—Humm… —Kisame no ahondó en ello, pero le pareció la respuesta más forzada que había oído en mucho tiempo viniendo de él—Bueno, es tu vida, "comadreja". Haz lo que te convenga. –Terminó su soda y arrugó la lata con el puño—Con que te sacudas al inepto de tu hermano sería más que suficiente.

El Uchiha mayor alzó el rostro al instante.

— ¿Dijiste que Tobi se lo había llevado a entregar el pedido? –recapituló de repente. Kisame asintió sin entender—…rayos. ¡Olvidé advertirle a Tobi!

0—

La vida era un enorme saco de mierda que parecía no llenarse nunca.

Por lo menos esa era la visión personal de Sasuke Uchiha mientras viajaba incómodamente en el asiento del copiloto de la destartalada camioneta de la imprenta. El vehículo apenas y podía mantenerse estable, la portezuela del copiloto estaba tenuemente abombada a causa de algún impertinente golpe en el pasado, y de tanto en tanto soltaba un chillido oxidado. El pegajoso asiento tampoco mejoraba el panorama.

Y para colmo en la decadente atmósfera del Uchiha menor, tenía el estómago vacío.

Trabajar no estaba en sus planes y menos para aquella "manada" de fenómenos compañeros de su hermano. Y claro, mucho menos para el miembro menos agraciado de la familia Uchiha.

Tobi era un desastre, y según recordaba Sasuke lo que su padre comentaba de él, había empeorado tras la muerte de su tutor, el propio Madara; y pese a el apellido, era más que obvio que de Uchiha, Tobi tenía muy, pero muy poco. Escandaloso, infantil, despistado y sin porte… al menos conducía el auto con precaución, eso había que agradecerle, pero desde que salieran de la imprenta estaba escuchando una canción, solo una canción, una y otra y otra y otra vez.

Im walking on sunshine, im walking on sunshine… —Canturreaba el hombre y era más que obvio que era la única frase que conocía de la canción, convirtiéndola en un sonsonete fastidioso, como el constante repiqueteo de una plumilla … o el tic tac de una bomba.

De tanto en tanto lanzaba una mirada a Sasuke, sonriendo, esperando que su primo estuviera tan contento como él.

Pero Sasuke no lo estaba.

Definitivamente, no estaba nada contento.

—¿Puedes por favor apagar esa música? —Aquello era una amenaza disfrazada de pregunta.

—Oh, perdón. —Tobi sacó la cinta del estéreo del auto— Olvidaba que algunas personas no les gusta "Walking on sunshine" Usare mis audífonos.

—Gracias.

—Claro ¡Tobi es un buen chico! — Dijo mientras se ponía los audífonos. Hubo unos minutos de silencio, después Tobi comenzó a mover la cabeza rítmicamente antes de cantar a voz de cuello.

Im walking on sunshine, im walking on sunshine…

Sasuke comenzó a darse de cabezazos contra el tablero del auto.

0

—Solo es cosa de dejar los carteles y el "display" Sasuke-chan. —Dijo Tobi tranquilamente— Yo lo esperaré aquí, es una buena manera de que aprenda un poco más del negocio.

"Una buena manera de dejar tu trasero sin moverse" pensó el otro Uchiha mientras sacaba dos cajas de apariencia pesada de la parte trasera de la camioneta.

Como pudo logró llevarlas hasta la entrada de lo que parecía un lujoso edificio de oficinas. Varias ventanas estaban polarizadas y un rótulo enmarcado junto al número domiciliario enunciaba en grandes letras de molde: HACHIBI.

Al llegar comenzó a escuchar un ruido bastante familiar y molesto.

"Rap" Pensó Sasuke con fastidio pero trato de ignorarlo. Tocó el timbre de la puerta y escuchó una voz inteligible, que supuso que preguntaba su asunto.

—Imprenta Akatsuki. —Dijo entonces— Traigo su pedido.

Hubo un momento de silencio y después la puerta se abrió, dando paso un tipo enorme de piel morena y vestido como luchador… O algo parecido. Llevaba unas gafas oscuras y ovaladas, ocultando la indagadora pupila.

—Excelente tiempo de llegada. —Canturreó el hombre— Mis carteles a la hora señalada.

—Si, como sea. —Sasuke no estaba muy cómodo oyendo a ese gigante rimar la conversación— Solo firme aquí y le podre dejar sus anuncios.

—Dos conciertos en una semana. —Dijo el hombre metiendo las cajas como si fueran dos livianas hojas de papel— Es una oportunidad ganada, sin duda la fortuna invocada.

— ¿Podría dejar las rimas para cuando me vaya? —Sasuke realmente estaba empezando a sentirse enfadado— Hay pedidos por hacer.

— ¿Qué es el hacer y el deber, si no hay un poco de placer? —Canturreó el hombre rodeando el cuello de Sasuke con gentileza— Killer Bee es mi nombre y cantar es mi juego, deja que te componga un rap para que consigas tus sueños. ¡Yo, yo!

—Honestamente. —Sasuke se zafó del abrazo— Prefiero el efectivo. Además no me gusta el rap.

Una pequeña vena empezó a latir sobre la ceja de Killer Bee, pero este sólo se cruzo de brazos y asintió con la cabeza.

—Respetar otro gusto musical, eso hace a una persona especial.

—Honestamente señor, el rap es cualquier cosa menos música, solo un montón de ruido para entretener a unos pocos retrasados men…

Ahí fue donde Sasuke se dio cuenta de que acababa de insultar a un tipo que había sido campeón de lucha extrema cinco años seguido y se había retirado invicto. Un tipo que solía levantar un auto antes de cada concierto, un tipo que rompía directorios telefónicos con los dientes… Un tipo que estaba tronando los nudillos mientras caminaba a él…

Tobi escuchaba por centésima vez "Walking on sunshine" No podía evitarlo, esa canción siempre lo ponía de buen humor, además llevaba un paquete de galletas "oreo" Lo abrió y una galleta cayó al suelo del vehículo.

— ¡Regla de los tres segundos! —Exclamó mientras se agachaba por ella. Así no vio cuando Sasuke se estrello en el vidrió como un insecto y antes de que pudiera decir algo fue arrancado por unas enormes manos morenas— ¿Eh? —Tobi se levanto pero no vio, nada— Parece que Sasuke-chan se está tardando.

Algo estremeció la camioneta y Tobi salió para ver de qué se trataba. Un costado del vehículo tenía ya la silueta de su primo en bajorrelieve. Killer Bee lo sostenía ahora sobre su cabeza y lo giraba como si fuera un bastón de porrista.

— ¡Oooh! Va a ejecutar su famoso "Supplex alemán de la muerte" —emuló Tobi.

Cuando la cabeza de Sasuke se estrelló contra el pavimento Tobi solo pudo hacer una mueca de horror.

—El retasado mental aquí eres tú. —Dijo Killer aventándole un fajo de billetes en la cara— Mi deuda contigo esta pagada y por el momento tu ofensa olvidada.

Se despidió de Tobi con una mano y regresó al edificio. El chico se quedo un momento en su sitio y después se acercó a lo que quedaba de su primo embarrado en el suelo.

—¿Sasuke-chan?

Hubo un instante de silencio y después Sasuke comenzó a quejarse. Tobi suspiró un poco más aliviado.

—Odio mi vida… —Dijo Sasuke mientras se acomodaba para quedar en una posición fetal— De verdad, de verdad odio mi vida…

—0—

Cerró el cajón de la cómoda, ahora completamente vacío.

Sakura miró a su alrededor, escrutando con tenue nostalgia la habitación.

Las tres diminutas repisas estaban desnudas, la torre de libros, hojas y revistas que había ocupado un lugar inhóspito sobre el taburete junto a la cama, había desaparecido también al ser dividida entre una caja marrón y una amplia bolsa para basura. La ropa que reinaba sin orden alguno entre la cama y la cómoda también fue a parar a una maleta, junto con el neceser, sus accesorios para el cabello y un par de pantuflas.

Lo único que aun seguía allí, sobre el buró, era su vieja radiograbadora; un austero sobreviviente de sus días en la facultad. Las sofocadas bocinas hacían un esfuerzo por mantener la sintonía con una de las estaciones locales. Las sílabas en marcado inglés se perdían entre bips de interferencia acústica.

When I said that I love you I meant
That I love you forever…. And I'm gonna keep on lovin you
Cause it's the only thing I wanna do…

—…cómo si fuese cierto –murmuró, dejando escavar un suspiro largo y trató de cambiar de estación.

El torvo aparato apenas y podía sintonizar alguna estación y le faltaban el botón de pausa y rewind , sin embargo se había negado a botarla desde hacía un año.
tal vez por mera costumbre… o quizás porque era una de las primeras cosas que pudo comprar sin pedir préstamo paterno.

"…tantos años de independencia, y ahora vas de nuevo a casa", dijo reluctante aquella voz interior.

Intentó no prestar atención, sin embargo a veces la inconsciencia están certera a veces, que resulta difícil ignorarla.

—¡Eh, frentuda! ¿Qué dices si acompañamos a Tenten a…? –Ino entró abruptamente en la alcoba y se detuvo como si hubiese visto a un fantasma—¡¿Que rayos pasó aquí?

Sakura se limitó a dejar el último par de libros sobre la maleta. Se encogió de hombros, como si el hecho de haber vaciado la habitación no tuviese más importancia o responsivas, entonces recordó el minúsculo detalle de que no se los había comentado, ni a ella, ni a Hinata ni a Tenten, pese a que ésta le había preguntado al menos dos insistentes veces acerca de las cajas que había tomado casi furtivamente de su cuarto.

—Ino…—se pasó una mano por la nuca, mientras su rostro esbozaba una sonrisa forzada—Voy a irme a casa de mis padres.

CONTINUARÁ


NOTAS DE LA AUTORA:

Antes que nada, UN APLAUSO a El Gran Kaiosama por ayudarme con el segmento de Sasuke-teme-golpeado, jeje. La idea y la narrativa de esa escena es enteramente de él (thanx for the help!) y ahora con el fanfic.

Pues si, con este cierre al estilo "FRIENDS" (se las recomiendo, me ha servido para volver a arrancar esta olvidada comedia) vuelvo al redil de los fanfics. Y como les he prometido a todas mis queridas lectoras, ESTA AUTORA NO VA A DEJAR EL FANFIC A LA MITAD!

sin más que decir, me despido y ya empiezo a trabajar en el siguiente capitulo, llamado:

"Cada Rosa tiene su espina"

Ya saben, todo comentario, critica y anecdota, al apartado de REVIEWS.