Ran y Shinichi apenas hablaron durante el viaje en avión hasta Osaka. La chica se había quedado perpleja con el retazo de conversación que había oído la noche anterior entre Shinichi y Hattori. Shinichi sabía que su amiga lo había oído todo pero no había tocado el tema. Al llegar al aeropuerto y salir adonde la gente esperaba a los pasajeros no les costó encontrar a Kazuha. Estaba de pie en medio de la terminal buscándolos con la mirada, llevaba su clásica coleta, una camiseta azul pálido y una minifalda vaquera. Ran corrió hacia ella cargando a Shinichi con todas las maletas. Las dos se fundieron en un cálido abrazo.

-¿Qué tal estás? - preguntó Ran mirando a la otra a los ojos.

-Bien... - Kazuha desvió la mirada.

-¿Y Hattori? - preguntó Shinichi sudando por el peso de las maletas.

-No va a venir...

-Kazuha... - Ran la abrazó una vez más- ¿Has hablado con él?

-No. - cortó ella. - Pero ahora no es momento, vamos, os acompañaré a instalaros en casa.- dijo cambiando la expresión de tristeza por una sonrisa.

Heiji se había pasado la noche en vela, cuando llamaron a la puerta de su casa a las once de la mañana seguía en la cama mirando al vacío con la mente en blanco, al no tener que ir al instituto porque no había clases por las vacaciones de Navidad ni se había levantado. Se levantó con solo los bóxeres puestos y no se molestó en vestirse más. Esperaba que fuese Kazuha la que estuviese llamando pero...

-Hola, Hattori.

-Hola, Kudo.

-¡Qué guapo vas! - dijo el otro con ironía mientras miraba al detectives vestido solo con los calzoncillos en pleno invierno. Heiji no contestó a la provocación y le hizo pasar con un gesto de la cabeza. - Oye, Hattori...

-¿Qué?

-Se te ve muy mal...

-No he dormido nada... - dijo el otro en un susurro mientras entraba en la cocina arrastrando los pies descalzos.

-Kazuha no te habla, ¿verdad? - Heiji negó con la cabeza. Se apoyó en el fregadero con frustración, apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. -¿Le has enviado algún mensaje? ¿La has llamado?

-Sí, le he enviado tres mensajes y la he llamado otras tantas veces. No sé que hacer, la fastidié tanto con ella ayer... no pude decirle que había ido a por ella porque estaba preocupado o porque necesitaba verla... Le dije que había ido porque su padre me lo había pedido... qué estúpido soy... - sonrió con amargura.

-Venga, no te lo tomes así, será mejor que te relajes y vayas a hablar con ella.

-No querrá, la conozco, está muy enfadada. Si no me coge el teléfono, no va a querer verme en persona.

-Mañana es Navidad, hoy Nochebuena. No creo que quiera estar enfadada contigo un día como mañana...

-¿Y Ran? - dijo el chico de los ojos verdes cambiando de tema.

-Ha ido a ver a Kazuha ensayar...

-Oh, bien...

-¿Quieres que salgamos tú y yo? Te vendrá bien.

-No sé...

-Vamos, Hattori. Además, tengo que comprarle el regalo a Ran.

-Debería regalarle algo a Kazu... - al pensar en la chica, una sonrisa dulce apareció en su rostro.

-¿Cuándo va a ser el estreno de la obra de teatro?

-Dentro de seis días, antes de que finalice el año. Y ese estúpido Daiki, besará a mi...a Kazuha...

-Ibas a decir que besaría a TU Kazuha...

-Sí...

-¿Sabes que ayer Ran oyó lo que tu dijiste sobre ella?

-¿El qué?

-Que es la persona a la que amo y a quién no soportaría que amenazasen de muerte...

-No me digas, ¿y qué pasó?

-Nada, huí. Aún no he hablado del tema con ella. Seguramente, le confesaré lo que siento de una vez por todas.

-Te admiro... yo no sé ni si voy a poder hacer eso con Kazuha.

-Podrás. Vamos a descubrir quién quiere ir a por ella y todo va a salir bien. Vístete y nos vamos a comprar.

-Está bien... - Shinichi palmeó la espalda de Heiji.

Un rato después, ambos detectives recorrían una galería comercial mirando cada uno de los brillantes escaparates que aparecían ante sus ojos. Shinichi se detuvo en uno de ellos. El escaparate era el de una joyería.

-¿Qué miras? - preguntó Hattori. Shinichi no contestó, se había quedado mirando fijamente un colgante de plata del cual pendía una pequeña piedra azul. -Hola, ¿qué miras?

-Ese colgante...

-¿Qué tiene de especial? - preguntó el otro fijándose en la joya que su amigo señalaba.

-La piedra es del color de los ojos de Ran. -Acto seguido, Shinichi entró y tras unos minutos volvió a salir a la calle con una pequeña cajita de terciopelo azul claro en la mano.

-¡Qué poco te ha costado decidirte!

-Tenía que comprárselo, es perfecto para ella.- el detective sonrió orgulloso. -Ahora te toca a ti, Heiji. El detective del Oeste asintió con una sonrisa. Entre los dos recorrieron montones de tiendas de todo tipo: tiendas de ropa, de deporte, joyerías...

-¿Qué crees que le puede gustar a Kazuha?

-No sé...

-¿Nunca le has hecho un regalo? - Heiji se sonrojó y asintió. - ¿Entonces, qué pasa?

-Que los regalos de Kazuha los compraba mi madre porque yo no sabía que regalarle a Kazuha.

-Hattori, por Dios... - suspiró el otro empezando a reírse.

-Si lo sé, no te lo digo.-replicó el otro enfurruñádose. Heiji giró la cabeza y se quedó mirando el escaparate de una pequeña tienda que hacía esquina al final de la galería. Se acercó lentamente a él, era una tienda en la que se vendían todo tipo de artículos para arreglarse los cabellos (sombreros, lazos, pamelas, coletas...) En el centro del escaparate, anudando el pelo falso de un maniquí había un precioso lazo blanco de raso con los ribetes negros.

-Es el lazo que quería Kazu.

-¿El blanco y negro?

-Sí, la semana pasada estuvimos aquí en la galería para encargarle el vestido de Julieta en una tienda de disfraces y se detuvo aquí para mirarlo.

-¿Y por qué no se lo compró?

-Porque entramos a preguntar el precio y era realmente caro, se decepcionó mucho.

-Ya veo. - Antes de que Shinichi pudiese decir algo más, Heiji tiró de él hacia el interior de la tienda.

-Perdone señorita... - dijo el detective de los ojos verdes a la dependienta. - ¿Me podría acercar el lazo blanco del escaparate?

-Por supuesto. - contestó ella con un sonrisa. -¿Es para su novia?

-Puede que sí. - Heiji se ruborizó aunque su piel morena hizo que no se notase mucho. Sin embargo, su amigo Shinichi sí lo notó. Ambos salieron de allí con las carteras vacías pero con los regalos de Navidad perfectos. No obstante, cuando se dirigían al aparcamiento para coger la moto de Heiji, el móvil de éste sonó.

-¿Diga?

-Heiji.

-¿Papá?

-Soy yo. Ven corriendo al insituto. Ha ocurrido algo.

-¿Qué quieres decir?

-Han asesinado a una alumna.

-¿Y Kazuha? -casi gritó el moreno.

-Ven pronto.

Shinichi comprendió la situación nada más ver la expresión de Heiji, les faltó tiempo para subir a ella y empezar a correr a toda velocidad hasta el instituto.

Ran estaba sentada en el escenario junto a los demás participantes de la obra. Kazuha estaba junto a ella. Todos ellos miraban con horror el cuerpo de la chica que había en mitad del pasillo del patio de butacas rodeada de policías.

Los dos jóvenes detectives entraron por una de las puertas laterales y vieron la escena. Un escalofrío los recorrió. Shinichi alzó la cabeza buscando a Ran y la vio en el escenario. La joven tenía las manos manchadas de sangre.

-Ran... - Shinichi se separó del otro detective, pasó entre los policías casi sin prestar atención al cadáver o a la escena del crimen y subió al escenario de un salto. Se acercó al grupo de gente y le cogió las manos a Ran buscando la herida de la cual venía la sangre de la joven.

-No estoy herida. - dijo ella en voz baja con una dulce sonrisa al ver el rostro preocupado y la ternura en los ojos de su amigo.

-Pensaba que... ¿y la sangre?

-Es de la chica... - Ran intentó no llorar pero las lágrimas no tardaron en desbordar sus ojos. Se refugió en los brazos de Shinichi, sollozando. El chico la rodeó con los brazos con fuerza y ocultó el rostro en el cabello de Ran.

Kazuha que estaba allí al lado podía oír las palabras de consuelo que le estaba susurrando el joven a su amiga. Ran estaba destrozada.

-¿Qué ha ocurrido? - preguntó Shinichi levantando la cabeza hacia Kazuha sin dejar de abrazar fuertemente a Ran.

-Estábamos ensayando cuando de repente... - a Kazuha le temblaba la voz, Shinichi comprendió que también debía estar muy afectada- aquella chica ha venido por el pasillo cubierta de sangre. Se ha desplomado cerca de donde Ran estaba sentada y ella ha ido a socorrerla.

-Estaba viva... - dijo Ran en un sollozo, alzando la cabeza mirando a Shinichi.- Estaba viva, Shinichi...

Kazuha desvió la cabeza para ocultar las lágrimas.

-La chica estaba viva... ha muerto en mis brazos... -Ran se miró las manos sucias de sangre.

-Ran, no hubieras podido hacer nada... - Shinichi le hizo alzar el rostro. - Mientras pasaba he podido echar un vistazo muy rápido al cuerpo de la chica, esa puñaladas eran casi todas mortales, no sé como aún ha podido llegar aquí.

-Aún así... - Shinichi le dio un beso en la frente a la castaña y ésta se sonrojó levemente.

-Era inevitable Ran, no te culpes...

Kazuha los miró y se le dibujó una sonrisa en el rostro. Su amiga tenía suerte, ella no. Desde allí arriba podía ver como Heiji se había arrodillado al lado del cadáver de la joven para examinarlo.

"Una vez más, no ha venido por mí" pensó al chica de la coleta. Shinichi se levantó y ayudó a Ran.

-¿Qué hacía esta chica aquí en el colegio? En teoría, hoy ya no teníais clase, ¿no? Solo tendríais que estar los de teatro aquí ensayando.

-Esa chica se llamaba Shizuka, tenía un año menos que nosotros y estaba aquí porque era la encargada de la iluminación. Había subido al cuarto que tenemos en el piso superior para probar las luces.

-¿Y las ha probado?

-Sí. Pero luego ha tardado mucho en bajar... y ha bajado así...

-Tendremos que ver el cuarto de las luces. - Cogió a Ran de la mano, entrelazando los dedos con los suyos. Ran y Kazuha se miraron.

-Shinichi puedo quedarme aquí. No quiero molestarte.

-No, ven conmigo. - Shinichi la miró con intensidad. - Quién sea que la ha matado todavía puede estar aquí y... - dudó un poco antes de decirlo - ...no quiero que estés lejos de mí.

Ran tardó en reaccionar pero al final sonrió.

-¿Puede venir Kazuha con nosotros?

-Claro.

Shinichi seguido de las dos chicas se acercó un segundo al cuerpo, le susurró algo al oído a Heiji. El moreno asintió. Shinichi se puso en marcha por el pasillo hacia la puerta que daba al exterior. Llevaba a Ran cogida suavemente de la mano con los dedos enredados en los de ella. Kazuha caminaba detrás con la cabeza gacha. Cuando salieron del auditorio, Kazuha notó que alguien le cogía la mano.

Se giró y vio que era su compañero de reparto, Daiki.

-¿Estás bien, Toyama?

-Sí, gracias Daiki.

-No quería ser un desvergonzado pero me ha parecido que necesitabas un poco de consuelo ya que ese amigo tuyo no te lo da.

-¿Mi amigo? ¿Quién?

-Hattori.

-ÉL NO ES MI AMIGO. - Al pronunciar la frase la chica levantó la cabeza y lo que vio la sorepndió. En el marco de la puerta del auditorio, iluminado por la luz del teatro estaba Heiji. Su expresión era de total desolación, como si le hubiese apuñalado. Daiki se volvió y tragó saliva. -Gracias por preocuparte por mí, Daiki. Hay muchos que no lo hacen.

Daiki no sabía como manejar la situación así que dijo:

-Mejor me voy, nos vemos mañana.

-Daiki, - llamó Kazuha cuando éste ya se desaparecía por el pasillo – Me gustaría que vinieras a cenar a mi casa esta noche. Estarán también unos amigos de Tokyo.

-Será un placer. - le contestó con una sonrisa divertida que tras desaparecer por el recodo del pasillo se convirtió en una sonrisa fría.

Heiji seguía en la puerta boquiabierto. En su interior, Kazuha notaba como su corazón se le rompía en pedazos pero estaba enfadada y cansada de que él la ignorara.

-¿Eso que has dicho es verdad?

Kazuha se mordió el labio inferior.

-Sí. -Nueva puñalada en el pecho de Heiji.

-Kazuha, yo... lo siento...

-¿Ahora te disculpas? - le reprendió la chica duramente.

-Sé que... no suelo hacerlo...

-No lo haces nunca Heiji, estoy harta... - las lágrimas le ardían en los ojos. - A veces, cuando te necesito, nunca estás ahí... O cuando estás, no has venido por voluntad propia, vienes a mí porque mis padres te piden que me cuides. No te importo, lo que pasa es que no quería verlo.

-No digas eso... - Heiji quiso correr junto a ella y abrazarla pero no lo hizo, sentía la bolsa con el regalo de Kazuha en el bolsillo interior de la chaqueta junto a su pecho.

-¿Por qué no he de decirlo?

-Porque... - Heiji calló.

-Con eso me lo ha dejado todo muy claro. Las lágrimas bañaron el rostro de Kazuha. - No sé por qué aún lloro por ti.

Heiji en tuvo valor para detenerla, abrazarla, decirle que la amaba y darle su regalo. Al contrario, la dejó marchar en busca de Ran y Shinichi que estaban en el piso superior en el cuarto de las luces.

"Te he perdido Kazuha, me he ganado a pulso que me odies" pensó mientras cerraba la puerta para volver a la escena del crimen. Kazuha se detuvo en cuanto giró por el pasillo, se apoyó contra la pared, llorando.

"Te he perdido Heiji, me he ganado tu odio y no tu amor"