Shinich y Ran llegaron al piso superior y entraron al cuarto de las luces, la policía científica seguramente ya debería haber estado allí. El detective soltó un segundo la mano de Ran y se agachó para observar las manchas de sangre que había en el suelo.

-Esto es horrible... - murmuró Ran cubriéndose el rostro con las manos.

-Lo sé, Ran. - Shinichi se incorporó y miró el teatro a través de los grandes ventanales que tenía aquella habitación desde el cual se ponían en marcha las luces y la música. -Pero, ¿quién estuvo aquí? ¿Y por qué aquella chica?

-¿Podemos irnos? - Ran y Shinichi se giraron y vieron detrás de ellos a Kazuha con aspecto desolado.

-Sí, enseguida. - respondió Shinichi entendiendo como estaba la situación.

La tarde pasó volando para todos, Shinichi se mantuvo toda la tarde junto a Ran. En cuanto llegaron a casa de Kazuha la acompañó a su dormitorio para que se acostara y estuvo junto a ella todo el tiempo, acariciándole el pelo,hasta que se durmió. Luego, salió de la habitación para llamar a Heiji pero se encontró con Kazuha.

-¿Cómo está Ran?

-Durmiendo, nunca la había visto así.

-No todos los días muere alguien en tus brazos.

-Lo sé y yo no estuve con ella.

-De todas maneras, en cuanto llegaste fuiste a ver como estaba.

-¿No debería haberlo hecho?

-Heiji... esperaba que él viniese a ver que tal estaba yo. Pero no.

-Habéis discutido, ¿no?

Kazuha le contó lo ocurrido con Heiji esa mañana. Mientras lo hacía las lágrimas le inundaron otra vez los ojos.

-No podéis estar así.

-¿Por qué?

-Porque tú le quieres.

-Pensaba que le quería.

-Lo amas, Kazuha Toyama.. No puedes negarlo.

-Entonces, tú también amas a Ran. -Shinichi se quedó callado y sonrió.

-Eso ya lo sé.

-Ran tiene suerte. - la joven se volvió de espaldas para bajar por las escaleras para ayudar a su madre a preparar la cena de Nochebuena.

-Kazuha, escucha.

-Si vas a defender a Heiji no te molestes en hacerlo. Estoy cansada de todo esto...

-No es defender a Heiji, lo que te tengo que decir es la verdad. A Heiji le importas aunque no sabe como demostrártelo.

-Pues podría aprender... - Kazuha empezó a bajar las escaleras y Shinichi la siguió en silencio.

Alrededor de las ocho de la tarde llegaron a casa de Kazuha los padres de Heiji que también estaban invitados a la cena. Shinichi subió a por Ran, que seguía durmiendo. Una media hora más tarde, llegó Daiki y Kazuha salió a recibirle.

-No me gusta ese chico. - le dijo Ran a Shinichi al oído.

-¿Por qué?

-No lo sé. No me inspira confianza. - Shinichi lo observó en silencio.

-¿Habéis visto a mi hijo? - preguntó Heizo.

-No, desde esta mañana no sé nada de él.

-La última vez que lo he visto ha sido en el teatro, Hattori. - respondió el padre de Kazuha uniéndose a la conversación. -Cuando hemos dado orden de levantar el cadáver, ha dicho que se quedaba un rato más.

-¿Y le han dejado solo? - preguntó el joven detective un poco alarmado.

-¿Por qué lo dices?

-Porque... -Shinichi miró a Kazuha que estaba en el sofá con Daiki.

-¿Qué ocurre Shinichi?

-Vengan fuera por favor...

Los cuatro salieron del salón, una vez en el pasillo lejos de Kazuha, Shinichi habló.

-No sé si Heiji les habrá dicho que le han amenazado.

-Sí, mi hijo me ha dicho que le enviaron un mensaje amenazando a Kazuha.

-Estuvimos revisando los casos en los que ha participado Heiji últimamente pero... -suspiró el señor Toyama

-Pero ha resuelto muchísimos, cualquiera podría tenerle ganas. No obstante, ¿por qué estás tan preocupado por él?

-Estoy preocupado porque ha discutido con Kazuha...

-Eso les suele pasar.

-Esta vez es diferente, la discusión ha sido muy fuerte. Su amistad está medio rota. - El comisario Hattori miró a su compañero.

-¿Qué haremos con estos chicos Toyama? - el otro no respondió.

Cada vez se hacía más tarde y Heiji no aparecía. Así que las madres decidieron empezar a cenar sin él.

Ran miraba de vez en cuando a Kazuha y podía notar su creciente inquietud solo con ver que cada vez miraba más hacia la puerta de entrada. La chica de la coleta se disculpó con la excusa de ir al baño y Ran la siguió.

-Kazuha... - la encontró en el baño, sentada sobre el inodoro.

-¿Dónde está, Ran? -la voz de Kazuha estaba rota, llena de dolor. -Le ha pasado algo, estoy segura.

-No digas eso... - Ran se arrodilló ante ella. -Enseguida, estará aquí.

Mientras en el comedor todos estaban sentados, comiendo en silencio. Shinichi observaba por el rabillo del ojo a Daiki. Se fijó en su mano, tenía una especie de moratón en los nudillos.

-¿Qué te ha ocurrido? -preguntó con curiosidad.

-Nada, estaba colgando un cuadro en mi habitación y al golpear con el martillo... - Shinichi le sonrió sin ganas. "¿Dónde estás, Hattori? Pensó bajando la cabeza para mirar el plato de comida que tenía delante y que apenas había tocado.

Se oyeron pasos bajar apresuradamente las escaleras, todos se volvieron y vieron que la que corría era Kazuha seguida de Ran.

-¿Qué ocurre?- preguntó el señor Toyama sobresaltado.

-Me voy a buscar a Heiji, papá.

-¿A estas horas?

-Sí. - asintió mientras se enfundaba el abrigo y se colocaba un gorro en la cabeza.

-Yo voy con ella. - afirmó Ran.

-Si vais a ir yo voy con vosotras. -Shinichi sonrió y Ran lo miró con cariño. Se puso al lado de la chica, sus manos se rozaron y terminaron cogiéndoselas para infundirse apoyo.

-Está bien. No tardéis mucho.

-Voy con vosotros. - dijo Daiki añadiéndose al grupo mientras Kazuha ya había salido a la calle.

Estaba empezando a nevar, los copos blancos caían despacio y se derretían antes al entrar en contacto con el suelo. Hacía mucho frío. La chica de la coleta se ajustó la bufanda tapándose la nariz con ella.

-¿Dónde empezamos a buscar?

-Será mejor que vayamos al teatro. Allí estaba la última vez que lo vimos. - sentenció Shinichi mientras se ponía en cabeza llevando a Ran de la mano.

Daiki quiso tomar de la cintura a Kazuha pero ésta se apartó, incómoda.

Revisaron el teatro pero allí no había nada, todo estaba tal y como lo había dejado la científica. Sin embargo, al pasar por el lugar donde había yacido el cuerpo de la chica asesinada, Shinichi descubrió unas pequeñas manchas de sangre nuevas.

Se acercó a ran sigilosamente mientras Kazuha no estaba prestando atención.

-Creo que han herido a Heiji, Ran.

-¿Qué?

-No será grave pero hay sangre, sangre que no es de la chica de esta mañana.

-Estoy asustada, salgamos de aquí.

-Aquí no está, será mejor que volvamos a casa. - dijo el detective alzando la voz.

-Pero... -dudó Kazuha.

-Aquí no está, estamos perdiendo el tiempo.

Kazuha asintió algo resignada, notaba como le ardían los ojos. Los cuatro adolescentes emprendieron el retorno a casa pero cuando estaban saliendo del edificio...

-Kazu... - al oír aquella voz, la chica de ojos verdes se giró. Apoyado en la puerta del teatro estaba Heiji. La mitad de su rostro estaba en penumbra pero se podía ver como tenía sangre en la nariz y los labios. Kazuha se llevó las manos a la boca. Ran y Shinichi ni siquiera se movieron. Heiji intentó dar un par de pasos hacia sus amigos pero cayó de rodillas sobre la fina capa de nieve que ya se estaba formando.

Kazuha echó a correr hacia él, se arrodilló a su lado justo a tiempo para sostenerlo en brazos mientras se desplomaba.

-¡Heiji! - el chico tosió y escupió algo de sangre. Kazuha se sacó un pañuelo y le limpió la sangre de los labios.

-Kazu... lo siento...

-No hables ahora... - susurró ella tremendamente preocupada.

-Lo siento... eres lo mejor que tengo...

Kazuha se quedó sin respiración, cerró los ojos y dos lágrimas cayeron por sus mejillas.

-Heiji... - a la chica le temblaban los labios. Hundió el rostro en el cabello de su amigo manchado de sangre y rompió a llorar.

-¿Por qué lloras...?

-Tú también eres lo mejor que tengo, Heiji.

-Mírame... - le pidió acariciándole la mejilla con la mano magullada. Ella lo miró.

-¿Perdonas... a este detective idiota...?

-Claro. Vamos a casa, estás herido y...

-Espera... - Heiji rebuscó en su chaqueta y casó una bolsita del bolsillo interior. -Es tuyo.

Kazuha abrió la bolsa con la mano que no sujetaba la cabeza de Heiji y se encontró con el lazo blanco y negro que tanto adoraba.

-Gracias. - Ese "Gracias" fue acompañada de la sonrisa más dulce que Heiji le había visto jamás.