Capitulo II
En la mesa de la esquina de un pequeño lugar para almorzar cerca del hospital, Molly y Todd reían y recordaban, deteniendo su conversación solo cuando su orden estuvo lista. Molly tomo la oportunidad para observar con detenimiento y por largo rato a su amigo. Para un chico de cabello muy claro y orejas grandes, Todd había crecido para convertirse en un hombre agradable a la vista. Su cabello ondulado se había vuelto rubio obscuro y lo mantenía bien cortado, sus cálidos ojos marrones se arrugaban en las esquinas cuando sonreía. Era alto y poco fornido, pero era evidente que era fuerte, y su rostro estaba bronceado como si pasara muchas horas al exterior.
"¿Recuerdas cuando…?" Todd comenzó.
"¿Cuántas veces crees que hayamos utilizado esa frase hoy?" Molly pregunto riendo.
"Por lo menos una docena," él contesto de buena gana. "Pero esta es buena. ¿Recuerdas cuando fingíamos que éramos la Reina Elizabeth y el Príncipe Philip recibiendo gente en su palacio?"
Molly dejo salir un silbido. "Mi Madre estaba tan molesta. ¡Me sorprende que el trasero no me duela aun por los golpes que me dio!"
Todd rio y aplaudió. "¡Solo porque te pusiste todas sus joyas y su estola de piel para recibir a los gatos que eran tus súbditos!"
Molly no pudo evitar reír. "¡Y use el collar de la Abuela como corona en el jardín!"
Mientras su risa se apagaba, los ojos de Todd tenían una inidentificable expresión que desapareció tan rápido como llego. "No puedo explicarte cuanto te extrañé después de que nos mudamos."
"¿Como fue tu vida en los Estados Unidos?"
Todd revolvió ausentemente su comida en el plato. "Fue difícil al principio. Pero el puesto de Papá en la universidad era bueno. Aunque no hizo mucho dinero. Comencé el colegio, pero nunca pude adaptarme. Demasiado aburrido, quería tomar mi oportunidad en el sueño americano e iniciar mi propio negocio."
"¿Cómo te fue con eso?" Molly pregunto, antes de morder su sándwich.
El se encogió de hombros. "No tan bien. No me malinterpretes—Estados Unidos es la tierra de la oportunidad. Solo que aun no he encontrado la correcta. Pero después me mude a California. ¡Ese si que es un buen lugar!"
"¿Y a que te dedicas?"
"Trabajo en marketing para una gran compañía en Internet que hace importaciones a otros países."
"Eso suena agradable," Molly dijo tratando de animarlo.
"Supongo," dijo de manera ausente.
Molly lo miro confundida. Su expresión vacante se volvió animada de nuevo. "¡Pero tu! Siempre supe que estarías en el campo medico, desde que tu padre te compro ese microscopio. Eres tan inteligente como bella."
"¡Eso es muy dulce!" Molly dijo riendo un poco. "También eres inteligente. ¿De que otra forma hubieras inventado todos esos juegos locos o esas extrañas formas de meternos en problemas?"
"¿Moi?" Todd trato de parecer dramáticamente ofendido. "¡Tengo una gran idea! Necesito hacerme cargo de algunos detalles con respecto a la propiedad de Rosalie, debo de ganarme mi cheque, pero regresare a Londres en unos días. ¿Que tal si conducimos hasta nuestro viejo campo de juegos? Podemos ver los paisajes, ¿Qué tal un picnic? ¿Qué opinas?"
"Eso seria divertido."
"¡Genial! ¿Que tal si nos vamos el Domingo a primera hora?"
"¿Domingo?" Molly dudo.
"¿Ya tienes planes?"
"Mmm, no, solo que…" Molly se mordió el labio inferior.
"Oh, ya veo." Todd hizo su plato a un lado. "¿Es por Sherlock Holmes, verdad? ¿Ustedes dos están…?"
"Solo somos amigos," Ella dijo automáticamente. Mientras el rostro de Todd se iluminaba con el alivio, a Molly se le ocurrió que tal vez él estaba genuinamente interesado en ella de una forma romántica. Halagada, se sonrojo. "El Domingo es perfecto."
John había visto a Sherlock comportarse como un imbécil muchas veces. Había sido testigo de la frialdad de su amigo, de su mente calculadora, y en ocasiones de su crueldad, y el doctor había estado en el lado receptor de su comportamiento grosero. Pero él nunca había visto a Sherlock tratar a alguien de manera tan gélida como lo hizo cuando Molly regreso felizmente a St. Barts después del almuerzo. Si la chica hubiera estado más feliz, probablemente hubiera estallado.
"Llegas tarde," Sherlock le dijo.
"¡Lo siento!" sonrió mientras dejaba su bolso. "El tiempo paso volando. Nos estábamos divirtiendo mucho."
John estaba de pie a un lado, mientras pretendía leer un mensaje de texto, pero escuchaba cada palabra de la conversación. Después de dejar el laboratorio molesto, Sherlock regreso cinco minutos después, calmado y controlado. Le explico a John lo que necesitaba para terminar sus pruebas; nunca menciono a Molly o Todd.
"¿Que estabas haciendo que era tan divertido?" Sherlock pregunto directamente, sin levantar la mirada de las notas que estaba escribiendo.
"Oh, ya sabes, hablamos de nuestra niñez." Molly acerco un banquillo y se sentó junto a él. "Nunca lo había notado, pero extraño tener cerca a alguien que me conozca desde pequeña, alguien que conociera a Mamá y a Papá. Es como reconectarme con quien solía ser."
Sherlock no contesto, ni siquiera volteo a verla. Molly lo observó confundida, después continuo. "Pasar tiempo con Todd me recordó muchas cosas que creía haber olvidado. Como el abuelo de Todd, Charlie, solía contar las historias más interesantes de la Segunda Guerra mundial. Mi abuelo nunca, nunca hablaba de eso, pero el abuelo Charlie, cada que nuestras familias se reunían, él nos contaba como ellos habían invadido una villa que los Alemanes habían capturado cerca de Tilly-sur-Suilles. ¡Durante los años, el numero de Alemanes aumento de veinte a quinientos! Mi abuelo siempre decía, 'Charlie, tienes que detenerte ', y el abuelo Charlie decía, 'Mientras este vivo, le contare a todos.'"
"Fascinante." La voz de Sherlock estaba llena de molestia.
Frunciendo el ceño, Molly se puso de pie y se preparo para continuar con su trabajo. "Sherlock, sobre este fin de semana."
"¿Si?"
"Todd y yo iremos al norte. No… No estaré en casa el Domingo."
Sherlock se detuvo por un momento bastante largo. Cuando hablo, su voz era peligrosamente controlada. "¿Por qué me importaría?"
Las cejas de Molly se juntaron en confusión. "Es solo que hemos pasado algunos Domingos juntos…"
"No hicimos ningún acuerdo. No tiene repercusiones para mi que salgas con Tom…"
"Todd," dijo ella pacientemente.
"Todd," repitió él con un gruñido. "Simplemente era una cuestión de conveniencia el que pasara tiempo en tu apartamento. Ya lo había explicado. Estas apenas un escalón arriba de la calavera."
"Esta bien," ella dijo tartamudeando, sus mejillas se sentían cálidas después de escuchar su tono cortante. "Solo quería que supieras que si vas a casa. No estaré ahí ese día."
"Considerame prevenido," Sherlock dijo fríamente. "De hecho, no creo que regrese otra vez. John esta hablándome de nuevo, así que no tengo ninguna razón para pasar tiempo contigo. Has servido a tu propósito."
John hizo una mueca de dolo mientras Molly salió rápidamente de la habitación, con los ojos llenos de lágrimas.
"Bravo. ¿Debo de hacerte una reverencia?" dijo John.
"Deja de decir tonterías," Sherlock contesto.
"Muy bien, déjame ponerlo en términos que tal vez penetren tu grueso cráneo. Eres un idiota. Eres malo, insensible, y actúas como un niño."
"No lo hago."
"Si, lo haces. Eres un malcriado consentido que no esta recibiendo la atención que espera. Estas celoso."
"¿Celoso?" Sherlock resoplo y se puso de pie. "Eso implica que me siento amenazado por la posición de Todd en la vida de Molly, lo que claramente no es cierto. Ella y yo somos amigos."
"¿Amigos?" John se cruzo de brazos. "¿Así es como tratas a tus amigos?"
Colocándose su abrigo, Sherlock lo fulmino con la mirada. "Ella sabe perfectamente quien soy."
Frustrado, John se dirigió a la puerta. "Molly solo estaba explicando lo bien que se sentía tener un amigo que conoció a sus padres, y tu la trataste como basura."
Siguiendo de cerca a John, Sherlock dijo seriamente, "Ella puede tener otros amigos. Pero hay algo acerca de este hombre que me hace desconfiar de él."
"Y no estas celoso," John murmuro.
Mycroft Holmes esperaba por ellos en el 221B de Baker Street sentado en la silla favorita de Sherlock, mientras bebía té.
"¿Qué estas haciendo aquí?" Sherlock dijo, eran las primeras palabras que había dicho desde que habían dejado el hospital.
"Hola." El hermano mayor de Sherlock dirigió su saludo hacia John.
No queriendo estar en el medio de otra discusión entre los chicos Holmes, el doctor se dio la vuelta y fue a la cocina.
"Respóndeme, Mycroft. ¿Qué haces en mi casa?" Sherlock fue de ventana en ventana abriendo las cortinas.
"Estas trabajando en un caso que llamo mi atención. ¿El embajador Francés te pidió que encontraras a cierta familia Morceaux que vive en Londres?"
"¿Que con eso? Cambiaron su nombre a Moore cuando escaparon de Francia. Colaboradores idiotas, toda la familia. La única cosa de interés para mi es el asesinato de su tía abuela. Fue envenenada."
"Si, lo se," Mycroft dijo secamente.
"Fue uno de los sobrinos o sobrinas, no estoy seguro de cual. Así que solo te preguntare una vez mas: ¿Qué estas haciendo aquí?" los ojos de Sherlock brillaban por el enojo.
"La situación se ha vuelto… delicada." Mycroft le dio a Sherlock una carpeta de archivos. "La familia Morceaux escapo porque, como lo explicaste elocuentemente, todos ellos eran colaboradores. Viendo el inevitable desenlace de la guerra, abandonaron sus propiedades por miedo a represalias. Pero en el último año, los miembros más jóvenes de la familia han levantado quejas por propiedad robada durante la guerra. Algunas de sus posesiones son muy costosas."
John escuchaba desde la puerta. "¿Por qué es importante para el gobierno Ingles?"
Mycroft se ajusto sus mancuernillas. "Porque hemos recibido un mensaje de texto que no podemos rastrear. Dice, 'Todos los colaboradores que viven en su país serán encontrados y asesinados.'"
"¿La bisabuela no fue asesinada por sus familiares?" John concluyo.
Sherlock junto sus dedos frente a su barbilla. "Eso es interesante."
"Si encuentras algo significativo házmelo saber, ¿Quieres? Adiós, Dr. Watson." Mycroft se levantó y salió del lugar.
