Capitulo VIII
Molly estaba impactada.
Molesta.
Emocionada.
Confundida.
Y un poco excitada.
Pero más que nada se sentía frustrada. Una de sus máximas fantasías se volvía realidad de manera inesperada y ella estaba muy distraída haciéndose preguntas como para disfrutarla.
A lo largo de los años, Molly había recopilado en su mente una detallada lista de fantasías protagonizadas por Sherlock en las que se permitía sumergirse cuando estaba aburrida o los días en que él llegaba al laboratorio viéndose particularmente apuesto. Estaba convencida de que bailar vals con Sherlock estaba entre que el detective le preparara el desayuno o que él la alimentara con uvas. Que este sueño en realidad se cumpliera delante de sus ojos era algo que quería saborear.
Pero Molly también tenía una fuerte e igualmente abrumadora necesidad de saber por que Sherlock había ofertado por ella. Sherlock, de cualquier forma, no parecía revelar nada.
Desde el momento en el que había caminado de la pista de baile hasta el escenario para, como Mike Stamford lo había dicho "reclamar a su patóloga", Sherlock no la había visto a los ojos. Simplemente la había tomado de la mano ayudándola a bajar los pocos escalones que los separaban de la pista donde esperaron hasta que la música comenzara. Cuando la toco las primeras notas del vals vienes de Johann Strauss Jr., Sherlock la había sujetado más cerca de lo comúnmente acostumbrado. La cálida presión de su firme mano en la parte baja de su espalda no dejaba a duda de que él era quien estaba guiando.
Cuando Sherlock salto al escenario, Sarah lo observo sorprendida como el resto de la audiencia. Estaba asombrada de que él hubiera ofertado por Molly y preocupada por el tierno corazón de su amiga. Los sentimientos de Molly hacia Sherlock no eran un secreto.
Sintiendo que John se deslizaba en la silla detrás de ella, Sarah se inclinó hacia él. "¿Todd?"
"Se fue." John dijo, aun deseando haber golpeado al chico.
"¿Realmente quería robar el collar de Molly?"
"Si."
"Pobre Molly," dijo ella, cerrando sus ojos.
John la rodeo con sus brazos por detrás mientras miraban a Sherlock escoltarla a la pista de baile.
"Esto va a terminar muy, muy bien o muy, muy mal," John predijo en voz baja.
"¿El no hace nada a medias, verdad?"
"¿Sherlock? Nunca," John dijo.
Molly no había bailado desde la boda de su amiga hace dos años. Sintiéndose incomoda bajo la insistente mirada de sus compañeros de trabajo, ella trataba de recordar los pasos y no hacer un espectáculo de sí misma mientras bailaba con Sherlock Holmes. Afortunadamente, la forma experta en que el la guiaba hacia que los dos se vieran elegantes.
"Sabes bailar," Molly dijo, su mano izquierda justo debajo de su hombro derecho.
"Si," él respondió, sin voltear a verla.
"Sabes bailar muy bien," ella observo.
"Gracias."
Gradualmente, más parejas se unieron al baile convirtiéndose en un colorido caleidoscopio de imágenes y sonidos. Aun así, Sherlock se rehusaba a mirar a los curiosos ojos de Molly. Bueno, ella tendría que obligarlo a verla. Apretando con mucha fuerza su mano izquierda, finalmente capto su mirada, esos hermosos ojos que tenían tantas tonalidades de azul y verde, como las claras aguas del caribe.
Pero lo que realmente la sorprendió fue la emoción tan real en ellos.
A lo largo de los años, ella se había vuelto buena para deducir su estado emocional, aun cuando tratara de ocultarlo. Y lo que observaba esa noche le quito el aliento. Estaba preocupado por ella. Le importaba. No, había algo más que eso. Era…
"Estoy mareada," ella susurro.
"¿Qué dijiste?" Sherlock la acerco un poco.
Por un glorioso momento su movimiento se convirtió en poesía.
"No te detengas," dijo ella. "No te detengas…"
Y Sherlock no lo hizo hasta que la música se convirtió tan solo en una memoria. Lentamente ella se separó de su fuerte agarre, aturdida. Molly tenía que comprobar que lo que acababa de experimentar era real.
"¿Por qué ofertaste por mí?" pregunto, una trémula y esperanzada sonrisa amenazó con aparecer en sus labios.
Sherlock quería dejar de verla. Sentir a Molly en sus brazos había removido algo en su interior, algo que había enterrado en la obscuridad hace mucho tiempo. Esas emociones gritaban detrás de una inescrutable mascara mientras decidía si le decía la verdad acerca de Todd. Cuando finalmente hablo, su tono era directo y calculador.
"Todd me pidió que ofertara por ti. Estaba cerca, así que no fue difícil pasar por aquí y salvarte de un incómodo momento."
"¿ Por qué él no lo hizo?"
Sherlock era rápido para pensar. "Dijo que lo disculparas, pero tuvo que irse de manera inesperada."
"Oh," Molly dijo con una débil voz. Ella volteo a ver a John y a Sarah. Sus miradas de empatía le decían que ellos sabían. Su cara se tornó roja como un tomate.
¿Esta noche podría ser peor?
Ella aclaro su garganta. "¿A dónde fue Todd?"
"Tuvo que volar a América. Hoy mismo," Sherlock dijo, deseando estar en cualquier otra parte en ese momento.
Tambaleándose, Molly protesto. "¿Qué? ¡Él no se hubiera ido sin despedirse!"
El odio de Sherlock por Todd crecía exponencialmente. "Él dijo que te comunicara que te admira en gran manera y lamenta las molestias."
Exhalando de manera entrecortada. Mientras un enojo ciego comenzaba a nacer dentro de ella, se dio la vuelta y se descargó con Sherlock. "¿Fuiste tú, no es así?"
Sorprendido, el negó con la cabeza. "¿Qué?"
"Tú le hiciste algo o… o le dijiste algo retorcido, ¿verdad? No es el tipo de hombre que le da esperanzas a una chica y luego la deja así sin más. Debiste de hacer algo terrible para alejarlo. ¡Dime que hiciste!"
Sus puños se cerraron a sus costados, el temple de Sherlock comenzó a quebrarse, pero mantuvo su frio control. "Lo siento."
Con un grito, Molly salió del salón.
"¡Molly, espera!" Sarah paso por la entre la genta para alcanzar a su amiga.
John trato de confortarlo. "Hiciste lo correcto."
"¿En verdad?" el detective fulmino a su amigo con la mirada. "¡Porque parece que en lugar de odiar a ese criminal, ahora me odia a mí! De acuerdo contigo, eso no iba a pasar."
"Molly está herida en este momento," John comenzó a hablar.
"Que es el resultado de haber 'hecho lo correcto', de 'preocuparse'." El escupió la última palabra. No acostumbrado a los fuertes sentimientos que surgían en él, Sherlock lucho por meterlos en la caja que siempre había ignorado.
John, también, tenía que reconocer el inesperado desplante que acababa de presenciar. Viendo esta pequeña ventana de oportunidad a punto de cerrarse, John se puso de pie frente a Sherlock. "No hagas esto. Te preocupas por Molly, y sabes que nunca podría odiarte. Por Dios, Sherlock, ella te ama."
Sherlock se removió incómodo. "¿Es mas de tu asombrosa sabiduría?"
Apretando el puente de su nariz, John se preguntó si tendrían aspirinas en la recepción. "Sarah traerá a Molly, y ustedes dos arreglaran esto."
Molly espero impacientemente mientras el portero le conseguía un taxi. La lluvia se había convertido en una molesta y continua briza que soplaba en su rostro y se confundía con sus lágrimas. Sarah apareció a las puertas del hotel unos segundos después de que Molly saliera.
"No te vayas así," ella le suplico mientras se frotaba los brazos para apacentar el frio.
Molly tembló por la humedad de su ropa, su mente funcionaba a cientos de kilómetros por minuto. Cada impulso eléctrico en su cuerpo le gritaba que saliera de ahí. "¡Tal vez pueda alcanzar a Todd en su hotel!"
Antes de que Sarah pudiera decir cualquier cosa, la puerta del taxi se abría y Molly Hooper se adentró en una poco amigable noche en Londres.
Sarah se apresuró para reunirse con John y Sherlock mientras los otros invitados del baile de beneficencia salían del salón. Sintiendo como la empujaban, Sarah se sintió tentada a abrirse paso a golpes, pero en lugar de eso asentía cortésmente, su sonrisa era forzada.
Los dos hombres estaban de pie junto a la mesa con una expresión sombría en sus rostros. Mientras se acercaba, los dos hicieron la misma pregunta en voz baja.
"Se fue en un taxi rumbo al hotel de Todd," Sarah reporto.
En la cara de John se miraba la decepción, mientras Sherlock se puso pálido.
"¿Por qué no pudiste detenerla?" dijo bruscamente. "Ese hombre tratara de robar el collar o podría hacerle daño a Molly. De todas las cosas estúpidas…"
"¡Cállate!" John le grito y deslizo sus brazos por la cintura de Sarah.
"Ve por ella," Sarah le dijo con tranquilidad a Sherlock. "No me digas que no sabes exactamente donde se está hospedando Todd."
Sherlock asintió. "El Lennox al otro lado de la ciudad."
Por causa del clima, el taxi avanzaba lentamente, o al menos así se sentía para Molly que tamborileaba sus dedos contra su rodilla. Mientras se mantuviera enfocada en Todd, ella podría bloquear de su mente la subasta, el baile y esos ojos.
Cuando dieron vuelta a la esquina del hotel de clase media donde se hospedaba Todd, Molly le arrojo unos billetes al conductor y salto fuera del auto incluso antes de que este se detuviera por completo. Corriendo al mostrador principal, Molly se percató de que seguramente se miraba terrible, pero no le importo.
"¿Puede decirme si Todd McCarthy se ha ido del hotel?" pregunto.
La mujer en la recepción la miro de arriba abajo. "Lo siento, señorita, pero es en contra de nuestra política dar información de los huéspedes."
Por el rabillo del ojo, Molly vio cuando Todd salía del elevador, con su maleta en mano. Se había cambiado de ropa y llevaba unos jeans y camiseta blanca de manga larga.
"¡Todd!" dijo en un grito ahogado.
Mirándola nervioso, Todd siguió caminando a través del lobby. "Mira, hazme un favor y aléjate, ¿Esta bien? Entendí el mensaje de Sherlock fuerte y claro."
Molly mantuvo su paso, resbalándose solo una vez en sus tacones. "No importa lo que Sherlock te dijo, porque él es…"
"Claro que importa," Todd la interrumpió mientras dejaba su equipaje para ponerse la chaqueta. "No me apetece tenerlo detrás de mí por toda la eternidad, o con lo que sea que me ha amenazado si me acerco a ti. El hombre es confiable. Y pensándolo bien, ¡También lo es John Watson! así que hazles saber que si estás aquí es porque fue tu idea. Me alejare de ti y del collar por ahora."
"¿Co-Como?" Molly se detuvo de golpe. "¿Qué pasa con el collar de la abuela?"
Todd miro sin reservas la brillante gema que descansaba contra su piel. "La pequeña cosa que estas usando vale una fortuna, suficiente dinero para que un hombre se establezca cómodamente en California. ¡No me sorprende que tu madre te haya golpeado cuando lo utilizaste como una corona en el jardín!"
Dando un paso hacia atrás de manera inconsciente, Molly cubrió el collar con su mano. "No entiendo."
Frustrado por lo que pudo haber sido, Todd pasó su mano por su cabello corto. "Me metí en algunos problemas. Debo mucho dinero a muchas personas por un negocio que salió mal. Te busque en internet y mire una foto del periódico donde usabas el collar. Lo recordé de nuestra infancia."
Molly lo miro sin poder creerlo. "Todo este tiempo, ¿Era por el collar?"
Todd la miro con tristeza. "Eres una buena chica, Molly. Mi vuelo sale en unas horas, así que tengo que irme."
Tomando su maleta, salió del lugar donde la tormenta había retomado su fuerza.
Mojada. Ella estaba empapada. Este fue el primer pensamiento coherente que pudo tener.
Molly permaneció de pie goteando agua de lluvia en la alfombra del hotel, balanceándose un poco mientras trataba de procesar lo que acababa de ocurrir. Buscando en su bolso un pañuelo seco, sintió algo suave y delicado. Molly saco la rosa que Todd le había dado.
Había sido una tonta, una completa tonta, acerca de Todd y acerca de Sherlock.
Sherlock. Un insoportable dolor se anido en su corazón. Molly dejo que la flor se resbalara de sus dedos.
