Hola, primero que nada les pido una mega disculpa por haber tardado en actualizar mis otras historias pero no esta, es sólo que me faltaba la inspiración.

Capítulo 4: Eso era amor.

Lizzie se encontraba en su habitación, Duchess se había ido hace rato con Sparrow y Faybelle a la fiesta de Briar, por lo tanto se encontraba completamente sola en el dormitorio. Sacó de su armario el pijama que usaría en la fiesta, un camisón de tirantes gruesos, de color rojo quemado, con diversos garigoleados de oro. En el momento que se colocaría el pijama entró sin aviso, por la puerta del balcón, Daring.

-Veo que aún no estás lista.- le dijo Daring en cuanto se percató de que Lizzie aún no se colocaba el pijama.

-Y yo noto que debiste haber golpeado la puerta… y que deberías girar la vista en otra dirección.- le dijo Lizzie en cuanto se dio cuenta que lo único que la cubría era la recatada lencería que usaba.

Daring entonces cayó en la cuenta de lo incomodo que resultaba aquella situación, no porque no hubiera visto jamás a una chica en ese estado… las había visto con menos… ni siquiera él sabía porque motivo se avergonzaba, sin embargo se dio la vuelta en dirección al balcón.

-Lamento haber sido tan inoportuno…- se empezó a excusar Daring.

-Está… Está bien.- le respondió Lizzie, que estaba roja cual tomate.

Entonces Lizzie se puso rápidamente el pijama y se calzó las sandalias que hacían juego con su pijama.

-¿Estás lista?- le preguntó Daring antes de volver la vista.

-Sí, ya puedes voltear.- le respondió Lizzie al mismo tiempo que se aplicaba el maquillaje.

Daring se acercó a Lizzie, realmente lucía hermosa, el pijama le quedaba de maravilla, llevaba el cabello semi-recogido, portaba una ostentosa corona de corazones, las sandalias eran color dorado y en la mano diestra usaba el anillo que le había dado Daring. Por otro lado Daring usaba una camiseta sin mangas de color borgoña y usaba unos pantalones de pijama bastante sueltos, sus sandalias eran de color negro.

-Creo que ya deberíamos ir.- le dijo Daring a Lizzie.

En el momento que llegaron al Grimmnasio, nadie se percató de que habían llegado juntos, todos parecían estar demasiado ocupados en sus asuntos. Se dirigieron al fondo del Grimmnasio, en la esquina que no daba casi la luz, por lo tanto, era muy difícil que los vieran juntos.

-Sería genial poder estar juntos sin importar lo que dijeran de nosotros.- le dijo Daring a Lizzie, mientras la abrazaba por la espalda, quedando la cabeza de Lizzie contra el pecho de Daring.

-¿Realmente te quedarías conmigo si no aparece el Libro de Cuentos Legendarios?- le preguntó Lizzie alzando la mirada para que sus ojos se clavaran en los de Daring.

-No lo dudes, ni por un segundo.- le respondió Daring casi inconscientemente.

-¿Qué haremos si el Libro de Cuentos Legendarios es…?- empezó a decir Lizzie hasta que ambos vieron perfectamente a Darling y Arthur bailando lentamente, tenían la mirada perdida el uno el otro, Daring ardió de rabia.

Daring se levantó de la silla y salió disparado en dirección a la pista de baile.

-¿Qué se supone que haces, Pendragon?- le dijo Daring a Arthur.

-¿No es obvio Charming?, bailo con tu hermana.- le respondió Arthur.

-No eres digno de ella.- le respondió Daring.

-Soy el caballero más digno de todo el instituto, de todo Unterfranken, de todas las tierras del noroeste, de todo el mundo de Cuentos Clásicos.-

-No ofendas nuestro honor.- le respondió Daring al mismo tiempo en que llegaba su hermano.

-¿Ofender tu honor?, yo no te he ofendido.-

-Ya basta Daring.- le ordenó su hermana. Daring sabía que Arthur tenía razón, él era el príncipe más digno de todo el mundo de Cuentos Clásicos, pero no podía evitar celar a su "pequeña" hermana, sin más Daring salió del Grimmnasio seguido por Lizzie, aunque nadie se percató de ello.

-¿Estás bien Daring?- le preguntó Lizzie preocupada.

-Tranquila hermosa, es sólo que nunca me acostumbraré a ver a ningún chico con Darling- le respondió Daring tomando la mano de Lizzie- ¿porque no mejor vamos al balcón principal de la escuela?-

Lizzie sonrió ampliamente y abrazó a Daring, se tomaron de la mano y caminaron hacia el balcón principal del instituto. Daring se estremecía cada que su piel y la de Lizzie se tocaban, sentía un enorme placer cada que escuchaba la voz de Lizzie, los labios de Lizzie le parecían una delicia, su aroma le extasiaba, cuando estaba con ella sentía una extraña tranquilidad, deseaba a Lizzie, pero no para fines carnales, deseaba tomar su mano, tocar su bello rostro, tenerla entre sus brazos, ver su rostro antes de dormir, deseaba besar sus labios, deseaba poder llamarla "suya". Lizzie sentía que todo aquello era un hermoso sueño del que despertaría en cualquier momento, la hacía temblar cada vez que Daring le acariciaba el rostro, era el personaje más feliz cada que Daring aparecía y le tomaba la mano, amaba todas esas noches en las que Daring había permanecido a su lado, en el suelo de mármol, expectante al amanecer, sentía que sus piernas no soportarían su peso cada que sus labios y los de Daring se encontraban, ninguno de los dos había sentido algo semejante con ningún otro personaje, sí, aquello ya era amor.

Se sentaron en el suelo, con las estrellas sobre sus cabezas, les parecía que todo tenía sentido cuando estaban juntos. Les parecía que aquello no tendría fin, deseaban con el alma que aquella velada jamás terminara, lo suyo no era un juego, era real, se amaban, no visualizaban su vida sin el otro.

-Deseo que el tiempo se detenga, justo ahora, para poder quedarme para siempre entre tus brazos.- le dijo Lizzie a Daring, mientras ambos observaban el Bosque Encantado.

-Si tuviera el poder para hacer aquello juro por mi cuna que lo haría.- le respondió Daring atrayendo el rostro de Lizzie al suyo. Tenían la sangre agitada, y aquel beso cargado de pasión y sentimiento no hizo más que provocar que les hirviera la sangre. El color subió al rostro de ambos, pronto sintieron que les sobraba la ropa, no les importaba nada más que aquel momento de locura y pasión desbordante, ya no eran unos niños que no sabían lo que hacían, Daring era un año mayor que Lizzie, que tenía 17 años.

-¿Estás segura de esto?- le dijo Daring forzando a su cuerpo a regular su respiración, era a la primera chica a la que le hacía semejante pregunta en aquel momento, era la única que le importaba.

-…Sí…- respondió Lizzie jadeante; pero en ese momento escucharon múltiples pisadas, que se acercaban más y más al balcón en el que se encontraban. Daring se puso de pie rápidamente y se ocultó detrás de uno de los arbustos que había al costado de la puerta.

-Lizzie… ¿has visto a Rosabella?- le preguntó Cupido respirando con dificultad, quien estaba acompañada por Gustave.

-No, no la he visto- le respondió Lizzie- pero… ¿por qué estás tan angustiada?-

-Ya la buscamos por todo el castillo y no hay ni rastro de ella.- le respondió Cupido.

Espero que no les haya parecido "too much" la escena del balcón, pero no podía evitar pensar en Romeo y Julieta… y pues todos sabemos lo que pasa en la escena del balcón… 7u7 xD. Ahora mi parte favorita responder sus reviews.

Para Guest (te agradecería mucho que me dijeras como llamarte porque lo de invitado, pues como que no): No tienes ni idea de lo feliz que me hace escuchar que te parezca perfecto el fic :,)

Para Guest (sería genial que me dijeras como nombrarte porque invitado suena muy… no): OMG me "hiciste" la velada, te agradezco mucho el darte tiempo de leer todas las tonterías que salen de mi loca mente :,D

Ahora se estarán preguntando porque el fic se puso súper intenso de un momento a otro y es porque los personajes han ido creciendo, y ya no son unos niños.

Ya saben que espero sus opiniones, dudas, peticiones y (si llegara a ser el caso) reclamos. Sin más que decirles por el momento me despido.