Bueno, me alegra mucho que les gustara el primer capítulo. Lo único que espero es cumplir con sus expectativas a medida que avance.

Muchas gracias por los reviews :)

Capítulo 2.

Al otro día saliste de tu habitación bostezando luego de arreglarte como era costumbre.

Hoy tenían entrenamiento de combate cuerpo a cuerpo, y no te sentías preparada para eso.

–Buenos días, [Nombre] –Te saludó un sonriente Armin, tú correspondiste al saludo con una sonrisa poco alegre y cansada–. ¿Otra vez sin dormir?

–Sí… ya sabes cómo es esto, ¿no? –dijiste con un deje de burla, él asintió empezando a caminar contigo.

–Bueno, sabes que tenemos entrenamiento, y al sargento Levi no le gusta que no cumplamos con lo que debemos hacer.

–Claro que lo sé, por algo salí temprano de la habitación.

La conversación terminó ahí, pues ya iban de salida y todos empezaban a acomodarse en el centro del campo que usaban para el entrenamiento.

Viste en la lejanía a Mikasa conversando con Eren y tomaste de la mano a Armin para correr hacia ellos.

–Buenos días –gritaste sacudiendo tu mano libre en el aire, recibiendo la atención de los dos casi al instante.

–Buenos días –dijo la pelinegra con tranquilidad.

– ¿Pudiste dormir bien anoche? –Agregó Eren.

–Ya… no quiero hablar de mi insomnio, empieza a ser aburrido –dijiste encogiéndote de hombros.

Todos tus amigos se resignaron y continuaron hablando de trivialidades hasta que una figura pequeña apareció caminando entre todos, ubicándose en un lugar oportuno.

–Bien, mocosos –todos se giraron hacia el cabo Levi, ahora en silencio–. Ya saben cómo funciona esto. Escojan su pareja y empiecen el entrenamiento.

Tus compañeros se llevaron la mano derecha al pecho en un puño y la izquierda tras la espalda mientras tú solo observabas a tu superior.

Luego de ello, el pelinegro se alejó con normalidad y echaste un largo suspiro.

– ¿Te gustaría ser mi pareja?

Te giraste incrédula, encontrándote con Eren, quien sonreía paciente.

– ¿Qué?

–Sí, para el entrenamiento.

–Oh, claro.

Ambos se alejaron un poco para evitar chocar con alguien y adoptaron una postura de batalla. Tú solo esperabas, sumida en la figura del castaño frente a ti que parecía pensar cómo atacar para derribarte en la primera.

Era difícil para ti verlo, ya que recordabas esa imagen destrozada del joven teniéndote en brazos, al borde del llanto y entrado en una crisis. Tal vez si hubieses luchado en aquel sueño, no hubieses tenido que ver eso, le habrías visto lleno de esperanza, a la espera de tu mejora en la enfermería del ejército. Y claro, luego ya no lo verías tan seguido, pues serías una civil cualquiera y Eren estaría demasiado ocupado para poder visitarte; al igual que Mikasa y Armin. Eso sería deprimente. Pero era solo un sueño, ¿no?

Desviaste la cara hacia la derecha apenas evitando un puño dirigido con fuerza hacia tu rostro. Frunciste el ceño y mandaste una patada directo a las costillas del joven titán, quien se curvó y cayó de rodillas contra el suelo.

No te detuviste ahí, tan pronto el muchacho se levantó tocándose la zona recién golpeada, recibiste un segundo puño, atrapándolo con la mano derecha para dar una vuelta y quedar tras el castaño, haciéndole una llave que lo inmovilizó y le sacó un quejido.

–Que sucio de tu parte enviar un golpe cuando estoy distraída…

–En batalla el enemigo no es justo –alegó tu compañero forcejeando, lo que hizo que llevaras su brazo más contra su espalda, generando más dolor.

– ¿Me consideras tu enemigo? –Él negó en silencio, lo que hizo que lo soltaras y te agacharas evitando un codazo, pateando así sus canillas y obligándolo a caer–. Aquí y ahora, soy tu enemigo, Eren.

El joven intentó reincorporarse, cosa que permitiste de nuevo. No patees al caído. Ese es tu principio de pelea. Claro, a veces varía según el caso.

–En serio, [Nombre], ¿de dónde sacas esas técnicas de pelea?

–De ningún lado –dijiste con neutralidad. Cada vez que hablaban de eso, solo evadías el tema.

–Y… ¿por qué tu actitud cambia tanto cuando se trata de entrenamiento cuerpo a cuerpo?

No dijiste nada y te abalanzaste al instante contra él, tomándolo desprevenido.

–Nunca te desconcentres en medio de una pelea –dijiste al tenerlo en el suelo boca abajo, tú sobre él, sosteniendo sus dos brazos con fuerza, y ejerciendo la suficiente presión con tus piernas para que no pudiera abrir o mover las suyas.

– [Nombre], ¡eso es injusto, ni siquiera respondiste a mi pregunta!

De nuevo no respondiste, solo te pusiste en pie y extendiste tu mano hacia el de ojos verdes, esperando a que se pusiera en pie con tu ayuda.

Eren te miró con un deje de desaprobación, tomando tu mano.

– ¿Quieres seguir con esto? –Indagaste apretando los dedos de tu amigo de la infancia.

–Sí, sí quiero –el castaño sonrió y tiró con toda su fuerza, haciéndote perder el equilibrio y caer sobre él; se giró quedando sobre ti y sujetó tus muñecas sobre tu cabeza.

–Bueno, si sostienes mis manos, no podrás golpearme de todos modos –dijiste con calma, mirándolo fijo.

–Igual es un buen avance para mí –habló orgulloso.

–Oh… por favor, no te sientas orgulloso de solo dejarme inmóvil. Eso no te sirve con un enemigo de verdad.

El joven titán frunció el ceño en negativa y se mantuvo sujetándote.

–Vaya forma de apoyarme.

–Te apoyo diciéndote la verdad –respondiste levantando los hombros con una sonrisa.

El castaño parecía dudar, mientras tú te mantenías en silencio y completa calma.

–En esta posición no lograremos nada…

– ¡Oi, Eren!

Ambos giraron al escuchar el nombre de la esperanza de la humanidad

– ¿Qué crees que estás haciendo? Este no es un espacio para coquetear con tu compañera de práctica.

–Ca-capitán Levi –balbuceó el de ojos verdes, haciéndose a un lado para dejarte el camino libre.

–Es suficiente por hoy –declaró viendo al castaño con mirada severa–. [Apellido], Erwin te solicita en su oficina.

Te pusiste en pie y asentiste en silencio, empezando a caminar hacia el edificio, siguiendo a Levi de cerca.

Accidentalmente se te escapó un bostezo que llamó la atención del pelinegro, quien se giró para encararte y detener sus pasos.

– ¿Pasa algo, [Apellido]? –Indagó con neutralidad, haciendo que frenaras tu paso para verlo a los ojos.

Te invadió una sensación de incomodidad, pero algo te impedía desviar los ojos de los suyos, y era molesto.

–Nada, capitán.

Hubo un corto silencio en el que por fin desviaste la mirada, algo desconcertada. Te quedaste así un tiempo y esperaste.

– ¿Para qué me necesita el comandante?

Levi se mantuvo como estaba hacía un momento, lo que te obligó a mirarle de nuevo, en busca de una respuesta.

–No sé. Le preguntaré. Quédate aquí –sin esperar respuesta caminó hacia la puerta de la oficina del rubio y entró sin avisar.

Te quedaste estática, jugando con tus dedos mientras movías el pie en forma de círculos pequeños. Inmersa en tu mundo.

Sentiste de pronto una mano sobre tu hombro y pegaste un brinco, encontrándote con Mikasa.

– ¿Qué haces aquí? Creí que Erwin te necesitaba.

–Eso dijo el capitán, pero no sabe para qué. –Respondiste encogiéndote de hombros–. Acaba de entrar a preguntarle.

–Bien, estaremos limpiando las habitaciones en caso de que nos necesites.

–Sí, gracias.

Tan pronto como la asiática se fue, el pelinegro de baja estatura apareció abriendo la puerta, dirigiéndote una mirada indescifrable.

– ¿Qué necesitaba? –Indagaste incrédula. Tus ojos se mantenían clavados en el suelo, solo esperando.

–Ya no necesita nada –respondió acercándose hacia ti con esa serenidad propia de él–. Pero yo sí. No te molesta ayudarme a hacer algo de papeleo, ¿verdad?

Negaste con la cabeza y le viste caminar escaleras arriba, tú siguiéndole de cerca hasta dar con la puerta de su oficina. Entraron y un olor a limpio te invadió casi al instante, haciendo que inhalaras hondo por instinto.

Levi se sentó en su sillón y te invitó tomar asiento frente a su escritorio. Obedeciste y de inmediato sacó un buen par de papeles acomodados uno sobre otro. Los miraste sin disimular tu asombro y dejaste salir un suspiro.

–Sí, esto es a lo que me enfrento cuando no estamos entre misiones –bufó tu superior–. Mucho más ahora que al mocoso ese le dio por aparecer como la esperanza de la humanidad.

–Creí que había sido usted quien había accedido a cuidar de Eren –alegaste algo ofendida en nombre de tu amigo.

–Lo hice, pero eso no me evita el papeleo que debo hacer –respondió ignorando el tono apenas elevado que habías usado.

Asentiste y tan pronto te indicó qué hacer, procediste a tomar la mitad de los documentos.

– ¿Hago bien al suponer que conoces el proceso que llevan tus compañeros? –Soltó de pronto, levantando la mirada de los demás documentos que tenía en su lado de la mesa.

–Sí, señor.

Abriste uno de los documentos encontrando el rostro serio de Reiner y toda su información. Pasaste la hoja y leíste sus avances en los entrenamientos antes de unirse al escuadrón de reconocimiento, luego una hoja en blanco, donde debían empezar a llenarse los detalles del entrenamiento de ese día.

Tomaste pluma y tinta y rememoraste lo que veías en tus compañeros. Si algo te habían enseñado era a observar todo tu entorno, y aunque al principio no lo hacías muy bien, ya lo habías tomado como costumbre, así que habías prestado total atención a todo lo que habían hecho la mayoría de ellos.

Habían pasado cerca de dos horas llenando papeleo, y no habías visto tu expediente. Ni siquiera Levi lo tenía, pues una vez los llenaba, los iba dejando sobre los que habías llenado también, y todos tenían sus nombres en la tapa.

Otro bostezo inoportuno se escapó de tus labios y a duras penas lograste cubrirlo con tu mano. Tus ojos se llenaron de lágrimas que limpiaste con rapidez para continuar con los últimos dos documentos que te quedaban: Armin Arlet y Eren Jaeguer.

– ¿Tienes a Eren? –Pegaste un pequeño brinco y subiste la mirada hacia el pelinegro, asintiendo en silencio–. A él déjamelo a mí. Ya terminé el trabajo y es quien me corresponde vigilar.

Asentiste de nuevo y le entregaste su expediente para continuar con el de Armin.

Una vez terminaste -mintiendo un poco acerca del rubio y sus calificaciones en cuanto a combate-, te estiraste agotada y tallaste tus ojos.

–Eso es todo –oíste la voz de Levi como un murmullo ronco y terso–. ¿Te encuentras bien, [Nombre]?

Levantaste la mirada hacia él desconcertada.

– ¿Me llamó por mi nombre, sargento?

–Tch, que no te sorprenda –respondió con aire fastidiado, rodando los ojos–. ¿Lo estás o no?

–Sí, solo algo agotada. Eso es todo –murmuraste tallando tus ojos por segunda vez.

El pelinegro se quedó mirándote un tiempo y soltó un bufido.

–Espérame aquí, enseguida regreso –salió de allí con paso rápido y te dejó en un silencio calmado.

Pusiste tus brazos en el escritorio y dejaste tu cabeza allí, viendo por la ventana el sol del mediodía. Aquellos rayos tan cálidos hicieron que tus párpados fueran cada vez más pesados. No haber dormido bien la noche anterior empeoraba todo, hasta que finalmente cediste y caíste en un sueño profundo.