Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.
-Capítulo 2-
A la mañana siguiente, nada más poner un pie en mi despacho, Peter hizo acto de presencia.
— ¿Qué tal fue? —preguntó colocando sus manos planas sobre la mesa, expectante.
—Ni siquiera he puesto aún el culo en la silla y ya estás incordiándome. Si lo llego a saber… —mascullé quitándome la chaqueta y dejándola en el perchero.
—Venga, dime qué tal. Es simpática, ¿verdad?
No le respondí hasta que, efectivamente, me senté y encendí mi ordenador tranquilamente. A ver si ahora no me iba ni a dejar trabajar en paz.
—Quizá demasiado.
— ¿Demasiado? —preguntó sentándose en una de las sillas acolchadas que había frente al escritorio.
—Sí. No deja de sonreír, parece que en vez de caminar vuela y no sé… parece pesada.
Peter me fulminó con la mirada, a lo que yo alcé las manos en un gesto conciliador.
—Tú has preguntado, yo solo he respondido.
— ¿Pero le hablaste de mí?
—Me pediste que no la asustara, ¿no? Pues no le hablé de ti.
— ¿Por qué no?
Puse los ojos en blanco y suspiré, dispuesto a explicárselo de una manera adecuada para que lo entendiera.
—A ver, imagínate la situación a la inversa. Imagina que tú eres ella y que de repente entra un tío en su cafetería, que soy yo, que sin venir a cuento empieza a hablarle de otro tío, que eres tú, y que no deja de decir lo estupendo y maravilloso que es. ¿Qué pensarías?
Peter pareció pensarlo durante unos segundos en completo silencio.
—Supongo que me sentiría algo incómoda.
—Ahí tienes la respuesta. Esta tarde iré de nuevo y veré cómo está el panorama.
— ¿Y qué vas a hacer? ¿Ir cada día hasta que te tenga la suficiente confianza como para que puedas hablarle de mí? Para eso pueden pasar meses y yo no quiero esperar tanto.
— ¿Sabes que eres un pesado? Como se suele decir, las cosas de palacio van despacio —le solté cruzándome de brazos.
— ¿Y tú no eres un ligón? Fuerza un poco las cosas.
—Si fuera más cabrón de lo que soy te enviaría a la mierda y te diría que te buscaras tú la vida. Hay cosas que incluso yo sé que no se pueden forzar, y lo que tú me estás pidiendo no se puede.
—Vamos, Jasper. Solo tienes que darle un empujón hacia mí. Eso no es forzar nada, ¿verdad?
Respiré hondo, harto de aquella conversación y deseando poder enfrascarme en mi trabajo de una santa vez. Ni siquiera sabía por qué había aceptado ayudarle con aquella mamarrachada; ni que tuviésemos doce años.
— ¿Si te digo que lo haré te largarás a trabajar para dejarme trabajar a mí?
—Desde luego —me respondió Peter con una sonrisa de oreja a oreja.
Bastardo.
—Entonces sí, algo haré. Y ahora sal de mi despacho antes de que te saque a rastras.
Peter se echó a reír y se levantó silbando, como si fuera el hombre más feliz del mundo.
—Nos vemos a la hora del desayuno.
—Hoy no. Tengo cosas que hacer —le aclaré, sin decirle exactamente cuál era mi plan. Él me había pedido rapidez, pues yo se la iba a dar.
—Entonces nos vemos para comer, colega.
Se marchó de mi despacho cerrando la puerta a sus espaldas y yo agradecí el hecho de poder quedarme solo. Tal y como le había dicho, hay cosas que no pueden ser forzadas, pero si iba a pasarse los días dándome la murga con la tal Alice, tendría que acelerarlo todo.
E iba a hacerlo.
A las once menos cuarto salí del edificio con un destino en mente. Peter me había comentado que la chica trabajaba en una tienda de ropa por las mañanas, una tienda que se encontraba a dos calles de su piso. Sabía dónde vivía Peter, por lo que no me sería demasiado complicado encontrar el establecimiento, supuse. Y no me equivoqué. Llevaba unos diez minutos dando vueltas por los alrededores hasta que pasé frente a una tienda pequeña y, de momento, desierta, en la que se encontraba la camarera del día anterior doblando ropa ensimismada. Sonreí, orgulloso de mí mismo, y abrí la puerta, que no hizo ni siquiera un ruido, por lo que Alice ni se inmutó. Me acerqué un poco a ella y la escuché tararear una canción que no conocía.
—Buenos días —saludé para que notara mi presencia. Lo hizo con un pequeño respingo que la hizo levantar la cabeza y mirarme fijamente.
—Buenos días… —puso cara de sorpresa al reconocerme, supuse, y yo la imité fingiendo que aquel era un encuentro fortuito—. Menuda coincidencia.
—Eso digo yo. O no nos vemos nunca o nos encontramos en todas partes.
Ella se rio y asintió en silencio, dejando la ropa que había estado doblando y dirigiéndose al mostrador.
— ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó. Había empezado a tutearme pero no me importó; el hecho de que alguien me tratara de usted me hacía sentir viejo, pues hacía apenas cuatro meses que había cumplido los treinta.
—Me temo que si te pido un café ahora no me lo vas a servir —bromeé.
—Lo siento, pero no. Si lo quieres, tendrás que venir esta tarde a la cafetería —me siguió la broma.
—Pues tenía pensado hacerlo, pero ahora lo haré con más razón.
Alice volvió a reírse y me gustó el hecho de que lo hiciera de verdad, porque realmente le hacían gracia mis comentarios aunque no la tuvieran. Sí que era alegre, sí.
—Pues allí estaré. Y ahora, ¿necesitas que te ayude con algo o ya tienes una idea de lo que quieres comprar?
—Lo cierto es que… —no tenía ni la más mínima idea. Había pensado en comprarle algo a mi hermana Rosalie, aunque la verdad era que ella tenía mucho mejor gusto en ropa femenina que yo, que me limitaba a la ropa interior… Pero algo tenía que comprar si no quería que Alice sospechara—. Estaba buscando un pañuelo —me inventé.
— ¿Un pañuelo? ¿De qué tipo?
—Eh, pues… la verdad es que… —me rasqué la nuca, algo nervioso cuando la vi intentando esconder una sonrisa.
— ¿No tienes ni idea? —quiso ayudarme ella amablemente.
—Pues no. No tengo ni idea de ropa femenina —admití, y eso, al menos, era verdad.
Alice se rio entre dientes de nuevo y salió de detrás del mostrador, indicándome que la acompañara hasta una de las esquinas de la tienda donde había una gran cantidad de pañuelos de todos los colores, algunos más largos o anchos que otros, de diferentes telas y algunos incluso con flecos.
— ¿Puedo preguntar para quién es? —inquirió acariciando algunos de los pañuelos con sus dedos. Cuando me vio dudar la respuesta añadió—: Lo digo porque si es, por ejemplo, para tu madre, tendremos que buscar algo diferente a si buscas uno para tu novia.
—Ah, claro, pero no, no tengo novia, así que no es para ella —incluso el simple hecho de decir esa horrible palabra me provocaba urticaria—. Es para mi madre, sí.
—Bien, ¿puedes describirme más o menos el estilo de tu madre?
—Pues… elegante. Suele llevar colores vivos, pero siempre de manera bastante sobria. Su estilo no es bohemio, ni hippie, ni nada de eso.
—De acuerdo, eso nos da bastante donde elegir. Veamos.
Tardamos unos diez minutos en escoger uno adecuado para mi madre, y después esperé hasta que Alice lo envolvió en papel de regalo para después pagarlo. Me sabía mal montar toda aquella patraña solo para liarla con mi amigo, pero…
—Seguro que a tu madre le encantará —me dijo ella tras entregarme una bolsa que tenía impreso el nombre de la tienda.
—Eso espero. Gracias por tu ayuda, me ha servido de mucho.
—No hay de qué, para eso estoy aquí.
Asentí en silencio y me quedé allí de pie, quieto, sin saber qué hacer.
—Bueno pues nos veremos esta tarde en la cafetería —musité sintiéndome imbécil.
—Claro. Hasta esta tarde, pues —me despidió ella con esa sonrisa que estaba empezando a respetar y me di la vuelta con la intención de marcharme.
Cuando coloqué mi mano en el pomo de la puerta, dispuesto a salir, me dije que lo más probable era que no volviera a tener otra oportunidad como aquella para estar solo con ella, por lo que me di la vuelta casi sin pensármelo y me dirigí de nuevo al mostrador. Alice me miró, entre sorprendida y divertida, sin entender nada.
—Me llamo Jasper, por cierto —me presenté tendiéndole mi mano, esperando que la tomara y que no se riera de mí en mi cara.
No estaba acostumbrado a conocer a mujeres de aquella forma, lo mío eran las miradas sugerentes, las sonrisas insinuantes y las palabras susurradas en el oído. Por muy retrógrado que sonara, a mi entender los hombres y las mujeres no podían ser amigos, al menos en mi caso, así que siempre que me había acercado a una mujer era para acostarme con ella. Simple y llanamente. Por aquel motivo me estaba comportando como un imbécil con la pobre chica que, al menos, parecía entretenida con mi actitud.
—Yo Alice —me respondió estrechando mi mano con la suya—. Ahora que ya nos conocemos, ¿puedo hacerte una pregunta un tanto… entrometida?
Parpadeé seguidamente, sorprendido, pues no me esperaba esa salida. Quizá terminaría resultando que la tal Alice era como yo y no quería saber nada de hombres excepto para llevárselos a la cama… En ese caso las tornas podían cambiar, porque lo cierto era que, aunque no fuera mi tipo, nunca estaba de más probar cosas nuevas…
—Claro —respondí intentando por todos los medios disimular lo que las barbaridades que acababan de instalarse en mi cabeza me estaban provocando.
— ¿Por qué, con la de tiendas y centros comerciales que hay por el centro, has venido precisamente a esta, que está medio escondida, que es tan pequeña y que apenas tiene clientela?
De acuerdo, me había equivocado. No sé a qué habían venido aquellos pensamientos tan desacertados sobre Alice, pero por lo visto ella no era como yo. Y mejor. Que se la quedara Peter. No obstante, la chica estaba esperando una respuesta lógica que me vino a la cabeza como un rayo y sonreí mentalmente. Aquello estaba yendo viento en popa:
—Porque me la recomendó un muy buen amigo mío, Peter, que vive dos calles más allá. Aquí al lado, en realidad. Pasa todas las mañanas, y como yo estoy harto de esas tiendas que venden siempre la misma ropa, pensé en algo más cercano, más… personal. Me dijo que cerca de su casa había una tienda pequeña y con ropa muy asequible, así que hoy me he decidido a entrar y fíjate, ya tengo lo que buscaba —mentí enseñándole alegremente la bolsa que me había entregado hacía unos minutos.
Era un mentiroso de la cabeza a los pies, pero un gran mentiroso, de eso no tenía ninguna duda. Qué facilidad para soltar mentiras, madre mía, y yo sin saberlo.
—Ah… —durante un instante me pareció desencantada, pero seguramente lo imaginé porque al segundo siguiente volvió a sonreírme, aunque de manera diferente a como lo había hecho antes—. En ese caso me alegro de que apostaras por esta tienda y de que encontraras lo que andabas buscando.
—Sí, gracias a mi amigo —insistí.
—Sí, gracias a él.
Carraspeé al darme cuenta de que, al parecer, Alice no iba a decir nada más, y fingí una sonrisa.
—Entonces nos vemos esta tarde, ¿verdad?
—Verdad. Hasta luego —se despidió de mí con la mano, y finalmente salí de la tienda a paso ligero, orgulloso de mí mismo y de mi labia. Al final Peter me debería una muy, muy grande.
Llegué al trabajo con algo de retraso, por lo que en vez de salir a comer a las dos lo hice a las dos y media a pesar de que tuve a Peter pululando por mi despacho otra vez. Cuando envié los últimos informes que me quedaban me levanté de mi silla y junto a Peter me dirigí al restaurante en el que solíamos comer cada día, que se encontraba en la calle de enfrente de nuestro edificio de trabajo.
—Bueno, ¿me vas a contar a dónde has ido a la hora del desayuno? —preguntó Peter una vez estuvimos acomodados en nuestra mesa y después de haberle hecho nuestro pedido al camarero.
— ¿Y a ti qué te importa? ¿Desde cuándo eres tan entrometido?
—Desde que mi futuro amoroso está en tus manos.
No pude evitar reírme ante aquella frase tan terrible y después me limité a negar con la cabeza.
—No sé si sabes que tengo una vida aparte de "tu futuro amoroso" —le expliqué dibujando las comillas con mis manos.
—Ya… lo siento, pero el tema de Alice me tiene muy nervioso —admitió poniéndose serio por primera vez en casi todo el día.
Me limité a suspirar y a enseñarle la bolsa que contenía el supuesto pañuelo para mi madre.
— ¿Esa tienda…? —inquirió con los ojos muy abiertos tras leer lo que ponía en la bolsa.
—Exactamente.
— ¿Así que ahí has ido antes?
—Sí, he estado en la tienda esta mañana. Como ves, tengo recursos.
—Ya veo… ¿Has hablado con Alice?
—Sí. Me ha ayudado a escoger un pañuelo para mi madre.
—Me alegro —murmuró Peter, nervioso.
—Y le he hablado de ti.
Mi amigo empezó a palidecer y me di cuenta de que empezaron a temblarle las manos al instante.
— ¿De verdad?
—Le he dicho que tú me recomendaste la tienda, así que ya te he dejado caer por ahí. Ya sabe que existes.
— ¿Y ahora?
—Pues un día te vienes conmigo a la cafetería y te presento como el amigo que me recomendó la tienda, empezáis a hablar, yo me voy… y lo dejo todo en tus manos. ¿Por qué no te vienes hoy?
— ¿Hoy? No, mejor que no… Es demasiado pronto.
De acuerdo. Se estaban regalando guantazos y Peter tenía todas las papeletas para llevarse uno.
— ¿Pero no me has dicho esta mañana que querías que acelerara las cosas? Haz el favor de aclararte, joder —comencé a mosquearme.
—Sí, sí… lo que pasa es que hoy he quedado con Charlotte, y aunque no fuera así antes de conocer a Alice formalmente tengo que pensar qué decirle… Imagínate que me quedo sin temas para hablar con ella.
Rodé los ojos sin poder creer lo que estaba oyendo.
—Peter, pareces alguien salido de una novela del siglo diecinueve. A ver si te modernizas de una vez.
—No todos somos unos sex symbols como tú —me encaró, molesto.
—Deja de meterme a mí en esto. Ya te dije que cada uno es como es, y si no le gustas a Alice pues es su problema. Pero por lo menos inténtalo ahora que te lo estoy empezando a poner en bandeja.
—Ya… es solo que… necesito tiempo. Solo unos días.
Respiré hondo y miré a mi amigo fijamente. Me gustaría entender lo que sentía, pero no iba a hacerlo nunca porque sería capaz de suicidarme antes que enamorarme de cualquier mujer. No tropezaría dos veces con la misma piedra.
¡TAN TAN TAAAAAAAAN! Hola :D Aquí os dejo otro capítulo de esta historia. He decidido que en vez de subir un capítulo por semana subiré uno cada tres días (siempre y cuando los tenga a punto, claro), así la espera no se hará tan larga, ¿qué os parece? Además, como ya dije, mi idea inicial es que la historia no supere los 10 capítulos, y si lo hace no superará los 15, así que tampoco os voy a hacer esperar demasiado.
Pero bueno, ¿cómo veis la cosa? De momento no está pasando mucho porque ya sabéis que me gusta introducir a los personajes y enrollarme como las persianas, pero dentro de poco las cosas se van a poner buenas, buenas ;) Espero que os haya gustado este capítulo y que me lo digáis con vuestros reviews comentándome lo que opináis sobre este Jasper tan... peculiar y sobre esta Alice a la que aún no conocemos mucho.
Además quería agradeceros vuestros reviews y alertas iniciales, me alegro mucho de que os gustara el primer capítulo y espero que me acompañéis hasta el final de la historia. ¿Nos leemos el sábado? Vosotros decidís :D
XoXo
