Capítulo 7

Habían pasado dos semanas de los últimos acontecimientos, Eren se había hecho cargo de todas las pesadillas que tuvieses, al punto de pedir que se les permitiera a Armin y él compartir habitación con Mikasa y contigo. Cosa que se les permitió a regaña dientes del sargento, pues había sido una autorización directa de Erwin, y no podía entrar a debatir eso.

–Buenos días –saludaste a Armin con cautela, cuidando no despertar ni a la pelinegra, ni a Eren, quienes se habían desvelado para poder garantizarte un buen descanso en lo que estaba dentro de su alcance.

–Veo que tuviste una buena noche –sonrió el rubio, terminando de arreglar su cama.

–Sí –dijiste estirándote–. Todo fue gracias a este par –dijiste señalando a los dos durmientes.

Tu amigo sonrió asintiendo y movió la cabeza hacia la puerta, indicando que sería mejor que ambos salieran de la habitación y los dejasen dormir otro poco, pues dentro de un par de minutos más tendrían que entrenar y se verían obligados a despertarlos.

Saliste primero y esperaste al rubio, quien dejó cerrado con cuidado y caminó a la par contigo hasta las afueras del castillo. Allí estaba Sasha, quien por raro que sonara, se había vuelto un poco más cercana a ti debido a tus pesadillas, pues se había mantenido siempre comprensiva y apoyándote.

– ¡[Nombre], que bueno verte! A ti era a quien buscaba –Levantaste una ceja desconcertada y sonriente, siendo jalada por la chica patata hasta un pequeño grupo conformado por Jean, Connie y ella.

– ¿Qué sucede, Sasha? –Indagaste viendo hacia el rubio que había quedado atrás, haciéndole señas silenciosas para que se acercara, a las que el chico obedeció.

–Verás, Jean y yo hicimos una apuesta hace poco… –empezó Brauss, soltando una risita algo nerviosa, aunque con ella no se sabía, también reía así cuando estaba cerca de algo que le gustaba comer–. Acerca de ti…

– ¿De mí? –Los miraste a ambos y notaste como el "cara de caballo" hacía la vista a un lado.

–Sí…, reté a Jean a que te confesara algo frente a nosotros, él aceptó pidiendo que te llamara… y ahora que estás aquí… –la joven alzó el tono mirando al más alto, quien bufó y te miró ahora con una determinación impresionante.

–Bueno… [Nombre]… –Al castaño cenizo le costaba y podías notarlo, por lo que guardaste silencio y te mantuviste paciente–. Yo… quería preguntarte algo…

–Claro Jean, dime –insististe de manera poco notoria, ayudándolo un poco.

–Mañana… mañana nos darán el día libre, para poder visitar a nuestras familias y eso… –el sonrojo en las mejillas del muchacho aumentó de manera considerable, lo que te pareció un tanto adorable–. Y mi madre quiere que la vea… y ha estado presionando acerca de mis relaciones con las chicas y eso… pues…

– ¡Díselo de una vez! –Chilló la castaña de coleta, sacudiendo al pobre.

– ¡Quería saber si podrías fingir ser mi novia en frente de ella! –dijo finalmente, apretando los puños y quedándose rígido, con los ojos cerrados muy fuertemente.

–Jean…

–Si no quieres está bien…

–No, no –le interrumpiste, soltando una risita–. Claro que lo haré, para eso están los amigos.

Todos quedaron boquiabiertos, mirando tu sonrisa tranquila, sin un ápice de broma o vergüenza.

– ¿Segura? Mi madre no es…

–De seguro es una mujer agradable –dijiste palmeando el hombro del más alto–. No te preocupes, igual es solo una vez, ¿no?

–S-sí –admitió el castaño cenizo desviando la mirada, aún avergonzado.

–Vaya Jean –dijo de pronto Connie, con una risotada–. En verdad nunca creí que lograrías algo como esto… ¡Por fin tienes tu primera cita!

– ¡Haré que te tragues lo que dijiste, enano! –Sentenció Krischtein empezando una persecución tras Springer, quien no dejaba de reír corriendo como si no hubiese un mañana.

Les dedicaste una mirada a Sasha y Armin antes de que soltaran su risa y continuaran con lo suyo.

Erwin, por su parte, se encontraba en su oficina llenando varios papeles y viéndote de vez en cuando por la ventana. Debía admitirlo, te prestaba, a veces, más atención de la debida, pero era entendible y completamente esperable en su condición.

–Hola –saludó Hanji entrando a la habitación con su actitud de siempre, siendo recibida por una leve y amable sonrisa del rubio, quien le indicó tomara asiento–. Supongo que ya sabes que le conté a Eren, ¿no? Como me lo pediste.

–Sí, me di cuenta –declaró apoyando sus codos en el escritorio y cruzando sus dedos para apoyar su mentón en ellos–. Aunque me preocupa que le diga a alguien.

–Vamos… no creo que el chico lo haga –le alentó la mujer de pelo caoba, rascando su nuca–. ¿De qué le serviría?

–Tal vez no quiera que su amiga se entere que él guardó también el secreto… tal vez no quiere que lo odie…

Ante esto último, la científica guardó silencio y bajó la cabeza, suspirando.

–De todos modos, comandante, no nos queda nada más que esperar.

–Tienes razón, pero de todos, creo ser quién más quiere que recuerde pronto.

–No creo eso, Erwin…

El nombrado levantó su mirada seria hacia la mujer, quien le observaba sin un ápice de mentira.

–Recuerda que alguien más hizo parte de su pasado… Alguien muy importante, y que aunque no quieras admitir, es más cercano a ella que nosotros.

El comandante se levantó de su escritorio y caminó hacia la ventana, viendo a los jóvenes platicarte con calma de cosas amenas o irrelevantes de sus vidas.

Prestó mucha atención a tus gestos y esperó, viendo como de pronto un hombre de estatura baja aparecía desde la puerta del enorme castillo y todos se formaban frente a él. El pelinegro de menor estatura te miró y pareció pedirte algo, a lo que asentiste e ingresaste corriendo a la fortaleza de piedra.

–Ese alguien puede ayudarla a recordar mucho más rápido –continuó Hanji, ubicándose al lado del rubio, ambos vieron como salías de nuevo junto a Eren y Mikasa–. Y sabes que pasó más tiempo a su lado que tú.

Erwin no comentó nada ni hizo alguna clase de gesto o sonido delatador, solo volvió su vista hacia su sitio de trabajo y tomó asiento, tan pronto como lo hizo, el pelinegro, desde afuera, levantó la mirada y se giró encontrando los ojos de la científica, quien al notarlo se alejó debido a la mirada sombría que le estaba dedicando.

Ambos sabían que era cierto, que había un tercero en todo esto, una persona mucho más involucrada en tu pasado que ellos.

Esa persona era consciente de ello, y te guiaba despacio y de manera segura por un camino que te permitiera recordar sin mucho sufrimiento, ganándose tu confianza.

Levi.

–Sargento… ¿le pasa algo? –Indagaste mirándolo algo preocupada, se veía distante, y tenía un par de ojeras bajo los ojos.

–Nada. Vuelvan al entrenamiento –demandó el mayor volviendo la vista hacia ti. Sonreíste por una razón que desconocías y asentiste obediente, yendo con tus compañeros para continuar dando las diez vueltas al campo que les había indicado el pelinegro.

El sargento suspiró con cansancio y pesadez, mirando el cielo con una nostalgia que solo podría verse si prestabas suficiente atención.

–Sé que falta poco… –murmuró de pronto, como si hablara con alguien–. Pero la espera es desesperante.

– ¿Qué es lo que estás haciendo, mocosa? –Inquirió Levi mirándote con desaprobación, cruzado de brazos.

–No puedes llamarme mocosa. Solo nos llevamos dos años de diferencia, eso no es nada –alegaste sacándole la lengua. En ese momento, tú tenías seis, y él apenas ocho, pero según su punto de vista, seguías siendo la pequeña.

–Tch, igual eres una mocosa.

–No seas tontarrón. Ambos somos niños todavía.

El pequeño pelinegro se quedó callado y te miró unos segundos, solo suspirando.

–Como sea…

–Jah, ¿ya viste? No pudiste seguir peleando porque sabías que era cierto.

– [Nombre], empiezas a enfurecerme –alertó el mayor, enarcando una ceja.

–Ya, solo volvamos a casa, ¿sí? –Dijiste tomándole la mano para correr con unas cuantas risas hacia el sitio que conocían como hogar.

Aunque claro, la vida en el bajo mundo no podía ofrecerles nada mejor de lo que tenían en su corta edad.

De nuevo te miró, ahora con mayor nostalgia y un deje de afán, observando minuciosamente cómo corrías a la par de aquel chico titan mientras reías por sus comentarios tontos.

Estaba celoso de ese mocoso, pero gracias al mismo castaño podía asegurar que durmieras bien mientras él no podía verte.


Hola de nuevo.

Sé que las hice esperar una eternidad, y la verdad es que no tengo excusas válidas para eso TT-TT lo siento.

Bueno, no sé, espero que les haya gustado. Me quedó súper corto (joder, ¿qué no puede salirme algo larguito?), pero fue con amor xD.

¡Déjenme sus reviews, me animan mucho!