Capítulo 11.

Cuando por fin abriste los ojos te viste recostada en una camilla, en la enfermería de la legión. Te sobaste la cabeza con cuidado y tomaste asiento, suspirando con agotamiento.

–Hola –escuchaste a tu derecha, haciendo que te giraras para ver al castaño de ojos verdes que te sonreía.

–Eren –dijiste sonriendo también, con mayor tranquilidad–. ¿Qué haces aquí? ¿Cuánto llevo dormida? ¿Dónde están Mikasa y Armin…?

–Hey… tranquila, una pregunta a la vez –te reprochó acercándose hasta poder tomar tu mano que reposaba en la camilla–. Te estoy cuidando, que no te parezca raro eso. Hoy es el día de visitas a nuestras familias, así que estás dormida desde ayer en la tarde. Mikasa se fue con Jean para reemplazarte ya que se lo pedí, y Armin debe estar por ahí –respondió a cada una de tus preguntas–. ¿Cómo te sientes?

–Estoy… bien, sí, bien.

–Y… ¿qué fue lo que sucedió?

Tomaste aire y lo dejaste salir en un largo y cansado gruñido.

–Es una larga historia.

–Créeme cuando te digo que tengo tiempo para escucharla –respondió el otro acercando una silla para acomodarse a tu lado y verte con curiosidad.

Sonreíste y negaste con la cabeza, Eren nunca cambiaría, por lo que te resignaste a contarle todo lo que había sucedido hasta ahora. Él asentía al principio curioso, pero en el momento en que tocaste el tema de que tanto Erwin como Hanji y Levi sabían de tu pasado y te lo habían ocultado, se tensó; esto hizo que detuvieras tu historia y levantas una ceja confusa.

–Eren, ¿pasa algo?

El castaño sonrió nervioso y negó con la cabeza reiteradas veces.

–Nada. ¿Por qué? –dijo riendo, lo que aumentó tu sospecha.

–No sabes mentir.

– ¿Desde cuándo?

–Siempre –hubo un silencio corto en que tomaste aire y lo dejaste salir, sabías por dónde iba la cosa–. ¿Hace cuánto?

–No entiendo de qué…

–Responde, ¿hace cuánto lo sabías también? –Tu tono ahora era mucho más serio, casi frívolo.

El de ojos verdes bajó la mirada y soltó un suspiro largo.

–Hace algunas semanas.

– ¿Qué tanto sabes?

–Solo que no te contarían sobre tu pasado. O eso fue lo que me dijo Hanji… más o menos.

– ¿Qué te dijo específicamente?

– [Nombre]…

–Eren –le interrumpiste, tomando aire para relajar tu tono de voz–. Necesito saberlo.

El joven meditó un par de segundos, jugando con sus manos.

–No me dijo nada relevante, [Nombre]. Por favor no te alteres, te pondrás mal –murmuró con timidez, agachando la cabeza.

Suspiraste con algo de fastidio, el joven tenía razón, no debías excederte, ya suficiente tenías con la situación actual como para empeorarla.

–Bien, pero espero que no vuelvas a ocultarme nada.

El de ojos verdes asintió como un niño regañado, sonreíste enternecida y le despeinaste el cabello con poca delicadeza. Aquello hizo que te viera y notara tu cambio, lo cual le relajó de nuevo.

–Y… ¿qué has descubierto?

La pregunta te tomó fuera de base, era cierto que tenías planeado contarles a Eren, Mikasa y Armin, pero aún no sabías cómo.

–Pues… –Te rascaste la nuca, sería una noticia que lo golpearía–. Para empezar, al parecer antes de conocerlos a ustedes, estuve viviendo con Levi en la ciudad subterránea y…

–Espera, espera… ¿lo rumores son ciertos? –Exclamó sorprendido y con tono alto.

–Shhh… Eren…

–Lo siento.

–Sí, lo son –suspiraste–. Pero no es la parte más sorprendente.

– ¿No? ¿Entonces cuál?

–Antes incluso de estar en la ciudad subterránea, tuve una familia sanguínea, que se desintegró gracias a los deseos de mi padre por ir a ver el exterior de los muros…

El castaño tragó saliva, más ansioso y curioso que antes, viéndote con una intensidad que delataba las ganas que tenía de saber lo que querías decirle lo más pronto posible.

–Adelante –te alentó, acercándose un poco más al borde de la silla.

–Es complicado… –echaste la cabeza para atrás y gruñiste–. Solo un miembro de mi familia sanguínea vive hoy en día, y está muy cerca de mí todo el tiempo.

– ¿Hanji? –dijo con tono bajo pero sorprendido, examinando los alrededores para ver que no hubiese nadie escuchando.

– ¿Qué? No… –Te mordiste el labio y apretaste las manos en un puño–. El comandante Erwin.

– ¿¡Eres una Smith!? –Gritó esta vez sin prestar atención a nada, golpeaste su frente haciendo que se quejara y te viera confundido.

– ¡Diablos Eren, ¿cómo debo decirte que seas cauteloso?! –Le regañaste con un grito igual o más fuerte al del castaño.

–Eso dolió… –dijo sobándose el lugar golpeado–. Ya, lo lamento…

–Bien… Escucha, aún no recuerdo mucho, pero recuperé ciertas memorias y pude confirmar que, en efecto, es mi hermano mayor.

El de ojos verdes hizo silencio un momento y empezó a examinar la habitación.

–Y… em… ¿por qué te abandonaron?

Sonreíste con melancolía, aún te dolía un poco.

–Porque mi vida corría peligro, y mi madre sabía que para ella no había escapatoria, pero para mí sí, porque la policía militar no me conocía aún. Nadie realmente.

Ese había sido uno de los tantos flashes que habías visto en tus memorias.

–Mami… ¿por qué no puedo salir como mi hermano lo hace?

La mujer de cabellos largos e idénticos a los tuyos se tensó y dejó de preparar la cena por un momento, manteniendo la vista en la ventana.

–Bueno… es un poco difícil de entender, princesa… –se giró hacia ti y se agachó hasta estar a tu altura, poniendo uno de tus mechones tras tu oreja. Sonriendo–. Hay gente mala fuera de la casa… y… no es apropiado que salgas.

– ¿Y cómo es que a mi hermanito no le hacen nada?

–Porque él es más grande. –Tu madre vio tu gesto inconforme y soltó una carcajada–. Te prometo que cuando crezcas, te dejaré salir.

–Está bien…

– ¡Madre! –Interrumpió el rubio de pronto, abriendo la puerta de par en par–. ¡La policía militar hará revisión de hogares!

El rostro de la mujer empalideció.

– ¡Pronto Erwin, sube al estudio de tu padre y guarda todos sus libros en el pequeño cuarto bajo el suelo de la sala! –le ordenó, luego volteó hacia ti mientras el chico desaparecía por las escaleras–. [Nombre], te ocultaré por un minuto, ¿vale? No pasará nada.

–Pero, ¿quiénes son la policía militar?

–Son los tipos malos de los que te hablé, corazón. Y no pueden saber de ti.

Bajaste la mirada y viste tus dedos tensos, apretándose entre sí con ansiedad.

–Era una buena mujer.

El castaño permaneció en silencio un buen rato, solo esperando a que te calmaras un poco.
Soltaste un suspiro pesado y levantaste la mirada hacia él, sonriendo sin sonreír.

–Así que… ¿qué ha sucedido mientras estaba dormida?

–Pues… –El menor se quedó pensativo, subiendo un poco la mirada para analizar los pocos acontecimientos, buscando algo importante–. Al parecer el capitán Levi y el comandante Erwin tuvieron una pelea bastante fuerte… nunca los había visto tan molestos. Hanji tuvo que intervenir.

–Dios… no puede ser –te apretaste el tabique, la situación no podía estar peor. Levi, a quien considerabas muy cercano (ya no sabías hasta qué punto) estaba enojado con nadie más que tu hermano sanguíneo. A quien, aunque aún no querías como uno, aspirabas a tomarle cariño. Y un inicio así, no era conveniente.

Tu acompañante se mantenía confundido, sin decir palabra.

– ¿Qué más sucedió? –Indagaste de nuevo, tomando aire.

–Nada más. Hanji decidió que solo te cuidaríamos Mikasa, Armin y yo, porque Levi y Erwin se mantenían en constante choque, y en caso de que despertaras, no sería bueno para tu estado de salud y estrés verlos en un ambiente tan incómodo.

–Ya veo… Hanji se preocupa bastante, ¿eh?

–Sí, dijo que sentía que te conocía de casi toda la vida –respondió el castaño sin mucho interés.

Sonreíste, de seguro tu hermano se había encargado de contarle sobre ti mientras estaba en la milicia, o eso pensabas.

– ¡[Nombre]! –Escuchaste un chillido, viendo a la nombrada científica entrando con rapidez–. Oh Dios, qué bueno que estés a salvo.

–Hola Hanji –dijiste con una sonrisa cálida, frotando tus manos un poco. Empezabas a sentir el frío de la habitación.

– ¿Cómo te sientes pequeña? –Preguntó con rostro preocupado, sentándose en otro asiento junto a Eren.

–Mucho mejor. No creo que haya sido algo grave, quiero decir…

–De hecho, tengo una hipótesis –te interrumpió levantándose de golpe.

Soltaste una risa, esa era ella, no había nada que hacerle.

–Supongo que eso es bueno.

–Lo es –empezó, viéndote con ojos llenos de emoción–. Verás, estás sufriendo lo que decidí llamar sequía de lagunas. Creo que se lo expliqué a Eren en algún momento.

El castaño asintió para confirmar.

– ¿Y qué es eso, Hanji? –Preguntaste ahora curiosa. Si se trataba de una explicación a lo que estaba sucediéndote, y era acertada, te facilitaría mucho todo.

–Bueno, concluí que el cerebro es como un bosque, donde cada espacio verde es un recuerdo –dijo ella levantando el dedo índice. Asentiste–. Cuando se sufre algún evento traumático o golpe que consiga borrar algunas de esas memorias, es como si les llenaras de agua. Lo que genera lagunas.

–Ya veo…

–Espera, ya viene la mejor parte –sonrió la mujer, haciendo que rieras–. Ahora que tu cerebro recibe estímulos para recordar, hace grandes esfuerzos para "secar", las dichosas lagunas, lo que hace que se agote y te desconecte del mundo de forma temporal.

Parpadeaste asombrada, sonaba muy convincente a tu parecer.

– ¿Y qué tipo de estímulos recibo?

–Revelaciones de secretos, apariciones de personas que fueron importantes… no sé, hasta algún sentimiento que despierta por alguien que conocías de antes puede ser un factor.

Hiciste silencio y miraste tus dedos entrelazados, pensativa.

– ¿Hay alguien que sepas que estuvo en tu pasado, y por quién sientas algo?

–No veo qué pueda tener eso de importante. –Esquivaste la pregunta, pasando la mano por tu pecho con disimulo.

–Oh, claro que lo es.

– ¿[Nombre]? –Intervino Eren con voz suave, mirándote–. No debes decirnos si no te sientes cómoda.

–No es eso –aclaraste tomando aire–. Solo no hay nadie.

Hanji te miró con sospecha y decidió no indagar más. Al parecer solo ella había notado tu leve sonrojo.

Claro que había alguien, solo que aún no querías admitirlo.