Capítulo 14.

–Psst… –una mano movió con intensidad el cuerpo de un pelinegro que descansaba sobre una cama improvisada en el suelo–. Levi despierta.

–Mmnh –se quejó intentando quitarse de encima a la molesta niña mientras se giraba para darle la espalda.

Soltaste un suspiro pesado y te acomodaste el cabello tras la oreja. No había forma de despertarlo cuando él no quería abrir los ojos aún.

Le diste la vuelta a su cuerpo y abriste su párpado derecho, exponiendo su iris azul y su pupila, la cual se redujo con una rapidez que le causó molestia al recién levantado.

–Maldición, [Nombre], ¿qué quieres ahora? –Se quejó sentándose con molestia, apenas acostumbrándose a la luz.

Sonreíste y tomaste sus manos con cuidado.

–Bueno… –Apretaste los dedos inconsciente y te mordiste el labio–. Hay algo que quiero decirte desde ayer, y logré que Isabel y Farlan se fueran un rato para eso. ¡No podía esperar más!

Levi enarcó una ceja con aparente indiferencia y suspiró.

–Pues adelante.

– ¿Adelante qué? –Dijiste como si no fuera obvio.

–Di lo que sea que ibas a contarme.

Tragaste seco y te rascaste la nuca.

–Sobre eso… quería que fuera en un lugar que sé que te gustará.

De nuevo una mirada indescifrable y un silencio largo.

Te examinó de pies a cabeza y vio que estabas arreglada, tal vez de hacía ya varios minutos, por lo que pensó que en verdad era importante, eras demasiado perezosa para hacer algo así sin que él u otra persona te regañara.

–Espérame afuera.

Asentiste al borde de un grito lleno de regocijo. Te pusiste en pie y saliste caminando como si nada, pero apretando el puño contra la falda larga que llevabas puesta, sin dejar de morderte el labio y sobarte el brazo como acostumbrabas.

Estabas muy ansiosa. Llevarías a Levi fuera de la ciudad subterránea, y le mostrarías tu reciente descubrimiento, y entonces sería perfecto, mientras él miraba el paisaje, podrías soltar todo lo que te habías guardado hasta ese entonces.

¿Qué podría salir mal?

–Ya está. Vamos –escuchaste desde la puerta de la casa que compartían con la pelirroja y el de cabello cenizo.

Tu sonrisa se amplió aún más y le tomaste la mano desmesuradamente, jalándolo lejos y llegando en un parpadeo a las escaleras de salida.

El pelinegro miró sorprendido y no queriendo pensar que en verdad lo llevarías allí, pero mientras cavilaba ya lo llevabas hacia esa luz mucho más intensa que la que pudiera filtrarse en el subsuelo debido a las alcantarillas.

Salieron y aun así no te detuviste, continuabas corriendo con un ánimo impactante.

–Oye… [Nombre]… ¡[Nombre], espera! –El pelinegro te detuvo y trajo contra sí de un tirón evitando que una carroza te llevara por delante. Oíste la infinita cantidad de groserías que soltó el conductor y soltaste un simple "lo siento". No prestaste atención del sermón que te dio el pelinegro y continuaste a paso rápido. Más pendiente de todo, pero no menos emocionada–. Maldición, ¿a dónde me estás llevando?

–Ya verás. Es hermoso –te limitaste a decir. Viste tu objetivo en la lejanía y aceleraste el paso hasta que te hallaste corriendo con Levi a cuestas, abriéndote paso entre la gente.

No lo soltabas, y no lo soltarías hasta que llegaran.

Aparecieron en un campo abierto con un enorme roble que de seguro planeaban talar debido a que sus ramas rozaban el muro.

La entrada estaba prohibida, más aun así, y cuidando que no los vieran, entraron debido a que le indicaste que era allí a donde querías ir.

Corrieron el último tramo y llegaron dando bocanadas enormes de aire.

–Está bien, ¿qué era eso que querías decirme?

–Aún no. –Reíste y sacaste un equipo tridimensional de debajo de las ramas del árbol. Era de las tropas estacionarias. A saber qué borracho la había dejado ahí–. Ten.

El recibió el aparato y te miró interrogante.

–Úsalo para subir. –Le aclaraste empezando a escalar el árbol. Ya sabías cómo y por dónde hacerlo para no cansarte tanto y llegar más rápido.

Él se quedó estático mirando el objeto que aún tenía navajas afiladas y parecía usado hace poco.

– ¿Cuántas veces lo has usado para subir? –Te preguntó poniéndoselo como si nada.

–Eso no importa. Apúrate, ya llegué y tú aún estás abajo.

Silencio, un silencio que no te molestó. Siempre era así.

Te sentaste en la rama más gruesa y sonreíste al ver que las pequeñas hendiduras que habías dejado en el muro aún estaban allí, debido a que el árbol las tapaba y nadie podría verlas. Seguiste subiendo con ayuda de las mismas, y tan pronto iniciaste la segunda escalada Levi llegó a la rama más gruesa y te miró.

–En serio, ¿qué planeas?

–Nada malo. Sube.

Él negó con la cabeza y te tomó de la cadera, evitando que continuaras, y dejándote dependiendo de si te soltaba o no para caer.

– ¡Levi! Estamos muy alto… ¡bájame!

– ¿Te preocupó eso para subir?

Te mordiste la lengua. "De subida no podía ver la altura en la que estoy" pensaste con una sensación de vértigo en el estómago.

Tu mirada se posó en él, quien te sujetó con más fuerza. En esa época, tú estabas en tus recién cumplidos doce, y él en sus catorce años.

Lucía mucho mayor y superior.

–O-oye… –Tartamudeaste con un temblor ridículo en los labios–. ¿Qué planeas?

–Subir.

No te dio tiempo a responder, apretó tu cuerpo más contra sí mismo y con una sola mano manejó el equipo de maniobras, logrando llegar en menos de nada a la cima del muro.

–Bien, estamos donde querías, ¿no?

Ni siquiera había visto el paisaje, eso te desilusionó por completo.

Te bajó con cuidado después de tu deprimido asentimiento y soltó un suspiro.

–En serio, [Nombre], ¿qué es lo que te sucede? –Inquirió poniéndote una mano en el hombro. Fijaste la vista en el árbol que se mantenía en pie más abajo y negaste sin decir nada.

De repente sentiste su tacto en tu mentón, obligándote a verlo. Sus ojos eran demasiado intensos, te devoraban el alma.

–No… no es nada –te soltaste de su agarre con disimulo y caminaste hasta el borde del muro que daba al exterior. Ese era el último de los muros. Sina. Más allá no había nada que los enjaulara, era un hermoso paisaje. Y el amanecer era muchísimo más lindo ahora que él estaba para escucharte.

Te sentaste dejando tus pies suspendidos en el aire, con la tentadora posibilidad de saltar y sentir que volabas. Sería suicida, pero lo valdría.

Levi tomó asiento a tu lado y te miró un rato, luego fijó su vista en aquello que veías con nostalgia y algo de pesar.

–Parece que fuiste más rápida que yo.

Lo miraste incrédula, ¿a qué se refería con eso?

–También quería traerte aquí –dijo con voz tersa, girando su vista hacia ti, algo en sus ojos era más cálido, como si te diera libre entrada a los espacios inexplorados de su mente–. También quería confesarte algo aquí… Pero parece que ya conocías el lugar.

No supiste qué decir, esa era la razón por la que no se había deslumbrado, porque ya lo había hecho, estando solo, y queriendo que tú le acompañaras.

¿Por qué tú y no Isabel o Farlan?

Conocías el porqué de haberlo traído, pero no conocías las razones tras lo que había dicho el pelinegro recién.

–Pues… –soltaste un suspiro satisfecho y sonreíste viendo hacia adelante, el cielo ya se veía más celeste y menos naranja–. Ya estoy aquí, dímelo.

Esta vez fue él quien te miró incrédulo. Mucho menos que tú, pero de igual forma incrédulo.

– ¿No querías decirme algo también?

–Puede esperar.

Una brisa pasó moviendo el cabello negro de tu acompañante, permitiéndote relajarte mucho más de lo que estabas. Ambos se miraban y no decían nada, no se movían o se delataban con ojeadas.

–Bien. –Dijo Levi irrumpiendo el silencio, acercándose apenas–. Lo que tengo que decirte, no necesita de una sola palabra.

– ¿Cómo es eso de que no…?

–Cállate.

Y te besó.

Fue un movimiento sagaz y silencioso. Tomó tu rostro por el mentón y lo trajo contra el suyo, plantando sus labios con cuidado sobre los tuyos.

Él solo quería que fuese especial, significativo. Era el primero para ambos, lo sabía, y ya que lo que hacía era confesarse, prefería que fuese así.

Te sonrojaste con intensidad al tiempo que lo veías fijo, él tampoco había cerrado los ojos, solo que los tuyos permanecían abiertos con más sorpresa de la que esperabas poder reflejar.

Se separaron despacio y sentiste tu pecho retumbar, mientras tu estómago experimentaba un vértigo impensable.

–Levi…

–Ahora, ¿qué era lo que querías decirme?

Volteaste a verlo de nuevo, su vista estaba fija en el horizonte, y en sus mejillas se veía un tierno sonrojo apenas notorio. Aún con su expresión estoica, era adorable.

–Y-yo… –ahora que lo contemplabas, no habías pensado cómo decirle lo que sentías. Lo habías planeado la noche anterior, tenías todo un discurso, pero todo se había borrado.

Tragaste seco e hiciste que girara su rostro hacia el tuyo, lo pensaste un par de segundos, y luego de dirigir tu mirada desde sus ojos hasta su boca repetidas veces, con inocencia, te atreviste a besarlo de nuevo.

Esta vez cerraste los ojos con fuerza, avergonzada, hasta que sentiste que correspondía y te sujetaba por la cintura con cuidado, acercándote lo que quedaba de distancia entre ambos.

Te abrazó con posesividad y se separó de ti, colocando su frente contra la tuya.

–Así que…

–Es mutuo –sonreíste, acariciando sus mejillas con toda la delicadeza que eras capaz de tener.

Rozó la comisura de tus labios con los suyos, demandando un tercer beso. Entrecerraste los ojos y volviste a sentir un cosquilleo recorrer tu espina dorsal al tiempo que se juntaban de nuevo.

Sentiste la calidez de su lengua pidiendo entrada, la cual le concediste al instante.

No fue nada apasionado ni demandante. Era paciente contigo y tu timidez. Además, él tampoco sabía cómo hacerlo del todo bien, por lo que aprendía contigo.

Eso solo incrementó tu momentánea, y al parecer duradera, felicidad.


Oooow, me alegra mucho, mucho que les esté gustando la historia.

La verdad es algo vieja, la tenía archivada de hace tiempo y me atreví a publicarla a ver qué pasaba.

Bueno, son solo 16 capítulos y un epílogo, así que, ya saben, el final anda cerca (?)