A la mañana siguiente se despertó muy decidida, bajó a desayunar y el Señor Malfoy ya se encontraba en el comedor tomando café y leyendo el diario.

-Buenos días.- Canturreó con fingida alegría, Draco la miró por encima del periódico, e hizo un asentimiento de cabeza para seguir leyendo, les sirvieron el desayuno y él comió en silencio. –Señor Malfoy, sé que comienza a enfriar, pero me encantaría ir al campo otra vez.- Dijo coqueta.

Draco, que no esperaba esa actitud tan segura en la castaña, levantó una ceja.

-¿Hoy?- Preguntó desentendido, ella asintió efusiva. –No veo el problema.- Murmuró. –Partiremos en una hora.-

Hermione terminó su desayuno y subió alegre, cuando bajó, una hora después, llevaba un hermoso vestido blanco campestre, zapatos bajos, y un sombrero con florecillas, también unos lentes de sol y el cabello suelto en tirabuzones perfectos dándole un aire infantil.

-Señor Malfoy.- Le llamó, él levantó una ceja a modo de pregunta. -¿Podría por favor ponerme el reloj?- La pregunta sonó inocente en sus labios, pero también increíblemente sensual, Draco respiró hondo.

-La creo completamente capaz de hacerlo sola, Señorita Nott.- Masculló saliendo.

Ella se quedó mirando como el rubio se iba, y su expresión inocente cambió a una más severa, ojalá pudiese matarlo de una vez, pensó, y se asustó, porque se dio cuenta que por primera vez en su vida, de verdad había deseado asesinar a alguien.

En el auto, el señor Malfoy no le dirigió la palabra, él se dedicó a mirar por la ventana, y ella a canturrear una canción en alemán, hasta que llegaron, y además de los oficiales que esperaban afuera de la casa, estaban completamente solos, Hermione ni siquiera se molestó en decir nada, subió directamente a la alcoba a ponerse el bañador, Draco salió y comenzó a leer bajo el sol, cuando la vio pasar corriendo a su lado para zambullirse desde el muelle.

-¡Está helada señor Malfoy!- Dijo ella sonriente.

Draco la miraba por encima de sus gafas de lectura, maldita fuera esa mujer, lo volvía loco, toda ella le provocaba cualquier cantidad de pensamientos indecorosos, la odiaba por ello, por un momento pensó en llevársela a un campo de concentración, incluso se le ocurrió simplemente dispararle entre los ojos, pero cuando iba a hacerlo, cuando finalmente se dijo que era una locura sentir aquello por una mujer judía, no pudo, no tuvo la fuerza suficiente para matarla, porque lo volvía más loco el imaginarse sin ella, sin la forma en que reía y canturreaba por doquier.

No podía contar las noches, que sin conocer más que su nombre y su origen, se había encontrado soñándola, anhelándola, pensando si había valido la pena traicionar todo lo que creía para salvarla, pensando si ella pensaba en él, se había sentido iracundo al darse cuenta que ella no le recordaba, incluso el día que se casó pensó en ella, y se burló de sí mismo.

-¡Señor Malfoy! ¡Entre al agua!- Gritó el objeto de sus pensamientos.

Le odiaba.

Pero la deseaba a partes iguales.

La quería escuchar delirar de dolor, o quizá de placer, o ambas.

-¡Señor Malfoy!- Volvió a gritar.

Draco se levantó y salió un rato después con su bañador, para meterse al agua con lentitud y finalmente nadar hasta donde ella se encontraba.

-¡Decidió met…!- No la dejó terminar, la atrajo hacia él con fuerza, se dio cuenta que aunque él llegaba al suelo, ella no, así que la tomó de las nalgas y la besó con fiereza, con fuerza, casi dolorosamente, y la escuchaba gemir, no sabía si era una queja, o un suspiro de placer, pero deseó que fueran ambas, porque nadie lo hacía sentir así y no hacía nada al respecto.

Se besaron hasta quedarse sin aire, él alejó su rostro, pero aún la sostenía, ella le había enrollado las piernas en la cintura, sus pechos pequeños le rozaban el pecho y sus uñas se clavaban en sus hombros desesperadamente.

-¿Ama a su esposa, Señor Malfoy?- Preguntó ella, él le respondió besándola de nuevo, y caminando con ella a la orilla, entró a la casa, sin soltarla, sólo deteniendo los besos para respirar, y la tiró en el sillón.

-Vas a hacer lo que te diga.- Le susurró con voz ronca. La quería a su merced.

Hermione asintió levemente. Estaba asustada, pero si quería vivir, debía hacerlo, estaba completamente expuesta, si Draco Malfoy le decía que saltara, ella debía preguntar ¿Qué tan alto? Si le pedía la cabeza de Tom Riddle en un plato, debía preguntar ¿Con sal o con pimienta? Por lo menos hasta que pudiera asesinarlo, y entonces sería libre, de él, de Scrimgeour, de Nott, de todos.

Sí, valía la pena.

-Quítate la ropa.- Le dijo.

Hermione se levantó, y como si fuese una niña inexperta, se fue quitando el bañador empapado, quedando completamente desnuda al instante, frente a Draco, que sólo estaba parado mirándola, no la tocó, sólo se quedó mirándola, y se quitó su bañador, cuando ambos estuvieron desnudos, Hermione pudo ver como el miembro del hombre crecía, por un momento lo deseó más que nada el mundo, tenía tanto tiempo sin contacto físico.

-Voltéate.- Le ordenó Draco. Hermione le obedeció, y estuvo un rato así, hasta que se dio cuenta que Draco se había ido.

Luna le daba sopa a Theodore amorosamente, mientras le leía el diario, él la miraba sonriente, como si fuese una pequeña niña, pero no lo era y Theodore lo sabía, Luna Lovegood era una mujer, y una mujer muy competente, por cierto, inteligente y maravillosa, él sabía que la quería desde hacía mucho, pero no se atrevía a decirle nada, disfrutaba en secreto ver como la muchacha anotaba todo religiosamente en su libreta, y como se acomodaba las gafas en el puente de la nariz, muchas veces, cuando apenas estaba comenzando a trabajar con ella, la llamaba hasta muy tarde, con una excusa vaga como, necesito escribir una carta urgente, finalmente le pidió que se mudara a su casa, objetando que la necesitaba disponible las veinticuatro horas.

A veces, se sentía egoísta, tenía dos años sin darle vacaciones a la chica, por la única razón de que no creía poder sobrevivir lejos de ella.

-Listo.- Dijo la muchacha.-La señorita Greengrass vendrá en un momento a cambiar tu vendaje.-

Theodore asintió levemente.

-Voy a darme un baño, señor Nott.- Murmuró.

Theodore estiró la mano hacia a ella, que se la tomó con cariño.

-Puedes sobrevivir un rato sin mi agenda.- Se burló.

Theodore esbozó una sonrisa triste. ¿Y sin ella? ¿Podría sobrevivir sin ella? No había mencionado nada del beso, se había dedicado a cuidarle y seguía diciéndole "Señor Nott". Quería curarse de una buena vez, tener su fuerza de antaño y tomarla por la cintura para abrazarla fuertemente, y pedirle que pasara lo que pasara, se mantuviera viva.

La vio salir, con ese contoneo sensual y el cabello largo rozándole el trasero, ese bonito trasero que aún no había tenido oportunidad de tocar.

Hermione volteó, pero no lo vio, así que subió las escaleras, se puso su vestido, y salió, él la esperaba en el auto, el viaje fue incómodo y silencioso, sólo estaba ahí sentado, con esa mueca que ponía, como si algo oliera terrible, y ella miraba por la ventana, con el cabello desordenado y sin sombrero, pero con aire digno, no se sentiría humillada, se negaba.

Al llegar, se bajaron, subió cada uno a su alcoba, y no volvieron a verse, ni ese día ni el resto de la semana.

-¿El Señor Malfoy sigue en casa?- Preguntó ella a la mucama cuando hubo pasado exactamente una semana.

-Sí señorita, pero se empeña en comer en su alcoba.-

Ella asintió levemente. Al parecer, el Señor Malfoy era, contra todo pronóstico, un cobarde incorregible.

-Quizá no debería decir esto.- Agregó la mucama. –Pero la esposa del Señor pasará una semana aquí, llega por la tarde.- Murmuró avergonzada.

Hermione se sintió furiosa, por alguna razón que no alcanzaba a comprender. –Tiene razón.- Dijo severa. –No debería decirlo.-

La muchacha se fue asustada y ella se sintió terriblemente mal, así que se fue pisando fuerte, rumbo al salón de pintura, pero antes de subir, ordenó a una de las sirvientas.

-Lléveme un whisky a la sala de pintura.-

Se sentó a pintar con rabia, frente al espejo, se pintaba a sí misma, sus rasgos finos, su cabello desordenado, tomaba del vaso de vez en cuando, y continuaba, estuvo así muchas horas, pintándose, con la mente en los colores y las formas, hasta que una voz fría rompió su silencio.

-No refleja lo que eres, no sabes captar tu propia belleza.-

No sabía cuánto tiempo llevaba ahí, pero pudo suponer que bastante.

-¿Y usted lo sabe?- Preguntó bruscamente.

-¿Por qué está tan molesta?-

Hermione se tensó. –Usted es un cobarde.- Y ella era una idiota, pensó, acababa de poner en peligro toda la misión, fácil, lo hacía rabiar, él se molestaba, le disparaba, una judía menos, Scrimgeour furioso.

Draco la levantó de la silla tomándola por los hombros, se veía iracundo.

-¿Cómo ha dicho?-

Ya estaba hecho. -¡Es un cobarde!- Masculló. –Me dejó ahí, desnuda, humillada, como una completa ramera.-

Él la soltó con brusquedad.

-¡Y ahora no hace más que esconderse! ¿Qué pretende?- Se acercó a él peligrosamente. -¿Qué quiere de mí?- Le susurró.

-Todo.- Respondió él mirándola fijo, Hermione retrocedió unos pasos. –Usted es una completa tonta ¿Qué no se da cuenta? ¿Qué no soy lo bastante obvio?- La expresión de la muchacha cambió. –La quiero toda, quiero beberla entera.- Por un momento, ella pensó que la iba a besar.

-Entonces bébame.- Murmuró, y sus labios se rozaron.

-No.- Dijo él alejándose un poco. –Porque así como no tengo el valor de asesinarla, tampoco tengo el valor de cogérmela.-

Sonó tan vulgar, tan sucio, que en vez de asustarse, porque él había pensado en matarla, Hermione se sintió dichosa, porque también la deseaba, le echó los brazos al cuello y lo besó con furia, él respondió con la misma pasión, sin embargo, la separó.

-No lo entiende.- Murmuró.

-Tiene razón.- Dijo ella respirando agitada. –No lo entiendo un comino.-

En eso, se escuchó un auto afuera.

-Señor Malfoy, su esposa está aquí.- Dijo un sirviente entrando.

Ambos se miraron fijamente, y él salió con paso agitado, ella se pasó las manos por el cabello. ¿Qué le estaba pasando? ¿Acaso no era profesional? El plan era enamorar a Malfoy, no provocarle. Y ahora su esposa estaba ahí, sólo deseaba que Theodore llegara, que el resto del tiempo pasara, que Draco Malfoy muriera de una buena vez.

Un dolor se alojó en su pecho con ese pensamiento.

Porque iba a morir. Porque ella iba a matarle. Porque ella DEBÍA matarle.

Luna sonrió mientras miraba a Theodore comer, una semana de recuperación era suficiente para que él pudiera alimentarse solo y hablar, así que la enfermera pasaba menos tiempo en la casa, lo que para la rubia era un alivio, pues le había encontrado batiendo las pestañas frente a su jefe.

-¿Ha recibido noticias de casa, señorita Lovegood?- Preguntó picando la carne.

-Sí, justo hoy, Celia me llamó, dijo que la esposa del Señor Malfoy había llegado, que todo estaba de maravilla.-

-¿Y Jean?-

-Muy bien, hace una semana ella y el señor Malfoy volvieron al campo, ha salido de compras, y se ha distraído pintando.-

Theodore asintió levemente.

-¿Y usted?- Preguntó.

-¿Qué hay de mí?-

-¿Se encuentra bien?-

Ella asintió sonriente. -¿Por qué no habría de estarlo?-

-No lo sé, Señorita Lovegood.- Murmuró. –La besé.- Afirmó.

Ella sonrió soñadora. –Precisamente.- Dijo en un tono misterioso. –Es por ello que me encuentro tan bien, Señor Nott.-

Él le devolvió la sonrisa. –Pensé que la había ofendido, me sentía, profundamente avergonzado.- Dijo sincero.

-¿Ofenderme? Me halaga.- La rubia se miró las manos, decidida a decir todo aquello que callaba. –Le quiero, señor Nott.-

-Y sin embargo, no me llama Theodore.- Acotó él.

-Usted tampoco me llama Luna.-

Ambos sonrieron.

-También te quiero, Luna.-

Y tomó su fina y blanca mano para besarla con dulzura.

-Por favor, le suplico, no se aleje de mí.-

-Nunca, Theodore.- Murmuró ella.

Y se acercó para darle un beso, lento, suave, dulce pero firme, y así sellaron un pacto, ella prometió guardar sus secretos, cuidarlo, protegerlo con su amor y su dulzura, y él prometió velar por ella, por su seguridad, por su vida, y ambos juraron amarse, aunque para el momento ninguno de los dos lo sabía, juraron amarse.

-Querida, que bueno que llegaste.- Dijo el Señor Malfoy acercándose a la mujer que atravesaba la puerta, Hermione miraba la escena desde lo alto de las escaleras, y podía decir, muy a su pesar, que aquella mujer era hermosa, de piel bronceada, alta, rasgos finos, ojos verdes, cabello castaño, elegante y hermosa. Bajó hasta que ella fijó su vista en la castaña.

-Te extrañaba, querido, pero veo que estás bien acompañado.-

Draco miró a Hermione y se tensó.

-Querida, ella es Jean Nott, la prima de Theodore.-

La mujer le estrechó la mano con elegancia.

-Panthea Malfoy, pero dime Pansy.-

-Jean Nott… usted puede decirme Señorita Nott.-

La tensión era palpable, Hermione subió las escaleras.

-Cenaré en mi alcoba.- Dijo molesta.

-Es antipática.- Comentó la Señora Malfoy con desagrado.

-Es una niña.- Murmuró Draco molesto.

Era una idiota, una imbécil, bien, Hermione, estabas cavando tu tumba, mejor te das un tiro ya mismo o el señor Malfoy subirá a hacerlo por ti, estaba perdiendo los estribos, esa misión acabaría con su vida, de cualquier forma, la realizara o no, acabaría con su maldita vida.