Decidió desayunar en su alcoba, no se atrevía a mirar a la esposa del Señor Malfoy, esa mujer no tenía la culpa de nada, viéndolo con perspectiva, ella era la víctima en esa situación, así que comió, se bañó y vistió, pero no bajó, simplemente se pasó la mañana leyendo en su cama, cuando se aburrió, pidió que le subieran la comida, almorzó, y fue a la sala de pintura, donde pasó la tarde, se fue a dormir sin cenar, e hizo eso los tres días siguientes.

Finalmente, no pudo escapar más del Señor Malfoy, porque al no verla durante cuatro días, él entró a su habitación sin tocar, ella estaba en bata de dormir, y leía sentada en la cama.

-¡Señor Malfoy!- Se indignó cerrando el libro. -¿No sabe tocar?- Preguntó.

-¿Por qué no ha salido de la alcoba?- Murmuró molesto.

-No puedo mirar a su esposa.- Aceptó. –Siento que la he ofendido en muchos sentidos.-

Draco sabía que ella no se refería a la ácida bienvenida, sino a los eventos posteriores a ese, y asintió levemente, comprendiendo el punto de la castaña.

-Bueno, señorita Granger, mañana bajará a desayunar con nosotros, mi esposa se va en dos días, y no le gustaría que dijera que la prima del Señor Nott es una anfitriona muy maleducada.- Hermione percibió ese tono de amenaza en su voz.

-Mi primo llega pasado mañana, bien podrá disculparme con ella.-

Draco Malfoy negó. –Usted no me entiende, no es una petición, es una orden.-

Hermione se tensó, él se había sentado en la cama, así que ella asintió decidida.

-Perfecto.- Dijo saliendo.

-Señor Malfoy.- Le llamó.

Él se dio la vuelta.

-Un placer verle.-

Draco esbozo una sonrisa que por primera vez pareció eso verdaderamente, y ella se la devolvió.

Y como lo prometido es deuda, a la mañana siguiente bajó, con su vestido más bonito, el cabello impecable y un maquillaje ligero, desprendiendo un olor a caramelo, ellos ya estaban ahí, y una figura nueva que no había visto el día de la llegada de la Señora Malfoy.

-Buenos días.- Saludó cordial. –Señora Malfoy, quería disculparme, el día de su llegada fui muy grosera, me encontraba pasando por un mal momento.

Pansy sonrió con superioridad. –Tranquila, señorita Nott.-

-Jean.- Afirmó Hermione.

-Jean…- Repitió la mujer. –Ella es mi prima, Tracey Davis.-

Hermione saludó a la nueva figura, era una muchachita de cabello negro y liso, piel pálida, enormes ojos verdes y una nariz pequeñita que le daba un aire místico y angelical, sonrió con timidez y le ofreció una mano que Hermione estrechó con delicadeza, era extremamente delgada, y tenía dedos largos y finos.

-Un placer, señorita Davis.-

-Llámeme Tracey, por favor.- Pidió.

Ella se sentó y comieron en silencio.

-La señorita Davis se quedará más que yo en Nott Manor.- Dijo Pansy como quien no quiere la cosa.

-¿Ah sí? ¿A qué debemos el honor?- Preguntó Hermione para complacerla.

-En el partido decidieron que es tiempo de que el Teniente de el ejemplo de la noble familia alemana.- Hermione enarcó las cejas, poco sorprendida. –Y nadie mejor que la Señorita Davis, cuya familia es muy adinerada y poderosa. ¿La aprueba?-

-Lamentablemente.- Dijo Hermione con suficiencia. –Necesito conocer a la Señorita Davis.- Le sonrió. –Pero puedo pensar que seremos grandes amigas.-

La señora Malfoy soltó una risa elegante y no se habló más del tema.

A pesar de compartir las comidas con ellos, Hermione no bajó más, se fue a dormir con un peso en el estómago, ansiosa, pues al día siguiente al fin volvería Nott.

Luna anotaba cosas en su libreta en la puerta de la casa, Astoria ayudaba al Señor Nott a bajar las escaleras, pero éste le decía que se encontraba perfectamente, y que su bastón era ayuda suficiente, se despidió de ella en la entrada, y subió al auto, finalmente, Luna también lo hizo.

-Volvemos a casa.- Dijo Theodore con un suspiro.

-Recuerde, se cayó por las escaleras.- Comentó la rubia.

-Sí, señorita Luna.- Se burló él.

Ella sonrió y le miró con ternura, él le devolvió la mirada.

-¿Qué sucede?-

-Es usted muy guapo, Señor Theodore.- Murmuró.

Él sonrió ampliamente. –Es usted muy hermosa, Luna.-

Se dieron un beso suave y lento.

-¿Qué pasará ahora?- Preguntó ella. –Lo había olvidado, pero la Señora Panthea debe estar en casa… con su prima.-

Ambos se miraron con preocupación y tristeza, él sabía desde el principio a qué se debía la visita de la Señorita Davis, se comenzaba a rumorear, que el Señor Nott no tenía esposa porque tenía otras preferencias, por lo tanto, era deber del partido acallar esas acusaciones, y él sabía que debía aceptar a la Señorita Davis, pues aunque su hermosa asistente era una mujer capaz, no era alemana, sino francesa, y aquello disgustaba a Tom Riddle, por lo tanto, la Señorita Davies, con sus finos rasgos, su piel pálida y su jugosa herencia, encajaba aún más en el concepto.

-Es algo que debo hacer.- Susurró Theodore.

Luna Lovegood asintió con una sonrisa triste, miró por la ventana y no volvió a hablar en todo el viaje, ella conocía su puesto, y sabía también cuál era el de su jefe. Por un momento ella deseó no estar ahí, no haber salido nunca de Francia, haber muerto en algún momento, y él deseó volver a ser un soldado, o que la Señorita Davies no se enamorara de él, que se enamorara de otro, de cualquier otro.

Y mientras más se acercaba a su casa, su miedo crecía.

-Llegamos.- Murmuró Luna viendo las puertas abrirse frente a ella después del largo viaje.

Se bajaron del auto, ella entró con paso firme y saludó a Hermione besándola en ambas mejillas, a Pansy, Draco y Tracey, con un asentimiento de cabeza, y los cinco vieron a Theodore entrar apoyándose en un bastón.

-¡Señor Nott! ¿Qué le ha pasado?- Preguntó Pansy escandalizada.

Él sonrió y le restó importancia. –Me he caído, algo menor.-

Pansy lo besó en ambas mejillas, la señorita Tracey hizo una leve reverencia, Draco Malfoy le dio un abrazo, y Hermione le echó los brazos al cuello.

-Debes explicarme todo esto.- Susurró en oído.

Draco Malfoy sabía la condición de su amigo, pero además de su doctor, enfermeras y Luna, era el único.

-Vamos a comer, estoy hambriento.-

Todos se sentaron a la mesa, Luna vio que sólo había cinco platos y captó inmediatamente, así que con una leve sonrisa, entró a la cocina, a comer en la mesa del servicio, porque eso era a fin de cuentas, servicio. Theodore la siguió con la mirada, y quiso pedirle que se quedara, pero no se atrevió a expresar nada, por miedo a que se notara la urgencia de su voz.

-¿Qué tal el viaje?- Preguntó Draco.

-Muy placentero.- Mintió él.

-Lamento que no llegaras antes, Theodore, mañana es mi partida.-

Él hizo una mueca. –Lamentable.- Murmuró.

Comieron en silencio, Hermione lanzaba miradas a Theodore de vez en cuando, que revolvía la comida con tedio, Draco Malfoy parecía absorto en sus cavilaciones y Pansy charlaba animosamente con Tracey, cuando terminó, se levantó.

-Si me disculpan, estoy algo indispuesta, subiré a mi alcoba.- Murmuró.

Todos asintieron, Theodore se levantó tras ella, no le pareció necesario decir nada, cuando estuvieron arriba, él le hizo una seña para que lo siguiera a su despacho.

-¿Qué tienes?- Preguntó ella una vez adentro, él se sentó cansado en la butaca.

-Es una enfermedad del corazón, es degenerativa y viene de familia.- Explicó. –Nadie debe saberlo.-

Ella negó.

-¿Estás bien?-

-La operación fue un éxito, el doctor me garantiza unos años de vida.-

-¿Y su futura esposa lo sabe?-

-Sí.- Dijo él mecánicamente. –Perdón, no, no lo sabe.- Murmuró.

-Me refiero a Tracey, no a la Señorita Lovegood.-

Theodore se tensó.

-¿Qué sabe?-

-Nada.- Murmuró ella. –Soy observadora.-

Él asintió levemente.

-Eso tampoco puede saberlo nadie.-

Ella negó.

-Tengo algo que contarte.- Susurró con vergüenza.

-Adelante.-

-Ya sé de dónde me conoce el Señor Malfoy.- Susurró, y ante la mirada turbada del muchacho, se dispuso a contarle como la había encontrado.

-¿No sabe que eres agente?- Preguntó, ella negó segura. -¿Tampoco sabe que no eres mi prima y que estoy al tanto de que eres judía?- Ella negó igualmente. –Podemos lidiar con esto por un mes más.-

Hermione asintió levemente.

-¿Cómo te encuentras?- Preguntó ella con más confianza.

-Ya dije que bien.- Murmuró él.

-Físicamente.- Acotó la muchacha. –Pero ¿Y tu corazón?-

Theodore la miró profundamente avergonzado, pero también triste.

-Hermione.- Susurró, y ella se sentó en el brazo de la butaca y le tomó la mano entre las suyas. -¿Nunca ha querido pertenecer sólo a usted misma?- Preguntó.

-Constantemente.- Le dijo ella con los ojos cristalizados.

-Prométame una cosa.- Le pidió Theodore. –El día del golpe, usted se irá inmediatamente, y se llevará a la Señorita Lovegood.- Hermione asintió lentamente. –Y la va a proteger.- Le susurró.

-Usted se irá con nosotras.-

Él negó. –Yo tengo otra misión.- Murmuró. –Prométamelo.-

-Lo prometo.- Susurró Hermione pensando qué sería tan peligroso, para que aquella mueca de desesperanza se posara en su rostro.

-Confío en usted.- Dijo él, y le besó la mano. –Créame, confío en usted.-

Hermione también confiaba en él.