DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa mangaka Rumiko Takahashi, sin embargo ésta es una historia completamente mía y cualquier reproducción total y parcial de la misma es plagio y está penado por la ley.
Este fic participa en el primer gran reto del circulo mercenario, del foro hazme el amor.
Espero que sea de su agrado.
La pareja es BankxKag (la adoración del circulo mercenario).
Puede haber OoC, la verdad no lo sé XD
Un saludito para Pau y AngelO que nos motivaron a escribir, mil gracias.
Shakira- Hay Amores
Hay amores que se vuelven resistentes a los años,
como el vino que mejora con los años,
así crece lo que siento yo por ti.
Hay amores que se esperan al invierno y florecen
y en las noches de otoño reverdecen,
tal como el amor que siento yo por ti.
Condenados (¿Qué tan borracho estás, Bankotsu?)
Cerró la puerta con el pie, y la haló con fuerza hacia él, abrazándola contra su pecho
- Bankotsu, ¿Qué haces?- cuestionó la pelinegra con voz entrecortada.
El moreno sonrió.
La ponía nerviosa.
- Lo que me apetece- susurró tomando la cara entre sus manos y besándola con fuerza.
El beso se estaba prolongando, haciendo mella la falta de aire entre ellos.
El moreno se retiró y la observó fijamente.
Tenía los ojos cerrados y las mejillas sonrosadas. Respiraba agitadamente y tomaba bocanadas de aire con la boca.
Se veía preciosa.
Como un depredador al acecho, acortó la distancia que había hecho al separarse para tomar aire, y la tomó de la cintura con fuerza. Con su mano libre le tomó el mentón y alzándole la barbilla, comenzó a repartir besos suaves por su cuerpo.
Le besó el punto sensible detrás de la oreja, causándole un estremecimiento a la chica. La sintió temblar entre sus dedos.
Sus labios bajaron lentamente a su clavícula, sintiendo el pulso acelerado de la colegiala que estaba bajo sus labios.
Se acercó a su oreja y le susurró despacio con voz ronca, provocando que se le erizaran los pelos de la nuca.
Sonrió internamente.
- Kagome, tú ¿me deseas?- interrogó el moreno.
Observó a la chica que pareció tensarse después de su pregunta.
Después de un tiempo sin responder, la joven asintió con la cabeza lentamente.
El moreno se sorprendió de su reacción, la chica no había dicho ni una sola palabra desde que comenzó a tocarla.
Se pasó una mano por el cabello y se rascó la nuca.
Demonios.
Kagome estaba incomoda.
Y al parecer por su reacción, al borde de lo incomoda.
- ¿Qué pasa, Kagome?- le dijo el moreno, esta vez, sin ocultar su preocupación hacia ella.
La chica levantó sus ojos chocolates.
Estaban empapados en lágrimas.
Mierda.
El moreno resopló frustrado, alejándose de la chica, pensando en que acción había realizado para ofender a Kagome.
Se acercó a la barra de la cocina, y se agachó sacando de la alacena una botella de whisky.
Sacó un riedel, abrió la puerta del congelador y buscó un par de hielos, introduciéndolos en el vaso.
Cuando estaba por vaciar el contenido de la botella, sintió un pequeño agarre a su espalda.
De reojo, observó que era Kagome, que se limpiaba la cara con una mano, y con la otra, halaba a Bankotsu de la camisa.
Tenía los ojos rojos por las lágrimas.
Trató de alejarse de ella, sin embargo, su agarre era firme.
- ¿Qué demonios estás haciendo, Bankotsu?- cuestionó la morena. -¿crees que embriagándote vas a solucionar todo?, ¿verdad?- dijo la chica, esta vez, alzando la voz.
El moreno dejó el vaso en la barra de la cocina molesto, y empujándola con su hombro, salió de la cocina dejando a Kagome de pie tras él, mirándolo fijamente con lágrimas en los ojos.
Se sintió como la mierda, pero sabía que si se giraba a verla, Kagome descubriría más cosas de las que debería.
Suspiró derrotado.
Se dejó caer en el sofá y se tomó la cara entre las manos, frustrado.
Después de unos minutos, sintió el sillón hundirse bajo el peso de la chica.
Se había formado un incómodo silencio, que fácilmente podría cortarse con un cuchillo.
- Bankotsu, yo…- comenzó a hablar la chica, siendo cortada por la voz tajante del moreno.
- ¿Estas incomoda, Kagome? ¿Te sientes incomoda a mi alrededor, no es así?
- No, yo…- comenzó a explicarse la chica, pero fue interrumpida de nuevo.
- No soy ciego Kagome, pero si tan incómoda estás, ¿Por qué no decías nada mientras te besaba? ¿eh? Recuerdo perfectamente que mientras estabas entre mis brazos, ninguna negativa salió de tu boca. Así que no entiendo cuál es el maldito problema- dijo encarándola con voz ronca, esta vez por motivo de su mal carácter que estaba bullendo como cráteres a punto de hacer erupción.
Kagome se encogió en el sillón. Y se recargó en la punta mas alejada de él.
Maldición.
La estaba alejando de él.
Se levantó, y comenzó a acercarse a ella lentamente.
Se sentó a su lado.
Sus muslos se tocaban y estaban codo a codo uno junto al otro.
Lentamente, tomó su mano. Entrelazó sus dedos con los de ella y se limitó solamente a observar el contraste que hacia su mano grande y morena, a comparación de la de la chica que era mucho más clara y pequeña.
La observó de reojo.
Parecía estar perdida en sus pensamientos.
Poco a poco, fue deslizando su mano de la de ella, y procedió a acariciar el punto sensible de la muñeca de la chica.
Tragó saliva.
Se estaba conteniendo de hacer muchas cosas con su mejor amiga.
Su mejor amiga que pensaba que estaba borracho.
Borracho.
Esperen un momento…
¡Borracho!
Era por eso que Kagome no quería que la tocase.
Se reprimió de soltar una carcajada.
La temperamental chica pensaba que sus reacciones de calentura eran producto del alcohol que pensaba que no había salido de su sistema.
Una sonrisa ladina se extendió por su rostro.
Comenzó a hacer suaves círculos con su pulgar en la suave piel de la muñeca de la chica. Seguía observándola. Su expresión no se había inmutado ni siquiera un poco.
Esta vez la sonrisa llegó a los azules ojos.
Probaría el autocontrol de la chica.
Así que, lentamente desplazó su mano por el antebrazo de la joven.
Los vellos del brazo de la chica se erizaban bajo su tacto, sin embargo, la chica lo miraba fijamente sin decir ni una sola palabra.
Bien.
Kagome quería jugar duro.
Por él no había problema, si quería jugar, jugarían.
Siguió acariciándola despacio.
Esta vez, su mano subió a los hombros de la chica.
Estampó sus labios en la mejilla de la chica. Esta vez, la sintió temblar levemente bajo sus brazos.
El moreno no sabía que pensar, su mente trabajaba a toda velocidad, cuestionándose si debería o no arriesgar su amistad por ese momento. Sus sentidos posesivos despertaron. No quería a Kagome con otra persona. La quería para él y solo para él. Y para ello, tendría que decirle lo mucho que la amaba.
Esperen…
¿Amor? ¿Desde cuándo empezó a sentir eso por Kagome?
Apartó sus complicados pensamientos, concentrándose en la suave piel de la chica. Puso una mano en su nuca, acariciándolo suavemente, sus labios se dirigieron a la comisura de los de ella.
Sus alientos se entremezclaban cuando el joven susurró a estrechos centímetros de sus labios.
- Si quieres que me detenga, hazlo Kagome. Dímelo.- decía el moreno depositando un beso en los labios de la colegiala.
Esta vez no había agresividad.
Sabía que conseguiría más cosas por las buenas que a la fuerza.
Su otra mano comenzó a acariciar la cintura de la azabache.
-.-.-.-.
Deseaba como el infierno acabar con esa blusa y esa falda que se interponían en el camino.
Levanta la mirada y la luz de la sala se proyecta en sus ojos.
No quiere que me detenga.
Kagome no quiere que me detenga.
Su estómago dio un vuelco. Santo mierda, se estaba comportando como un crío de trece años. Había estado con decenas de mujeres, y ninguno le había hecho lo que Kagome al darle solo una simple mirada de aprobación.
Era un imbécil.
Pero no importaba.
-.-.-.-.
La tomó de la cintura y la sentó en su regazo. Comenzó a repartir suaves besos por el hombro de la chica.
La escuchó jadear y su entrepierna vibró.
Estaba por acariciarla de nuevo cuando sintió a la chica removerse sobre él.
¿Qué demonios le pasaba?
De repente la realidad vino a él y se sintió asqueado.
Kagome no quería estar con él.
Era un completo misterio lo que le pasaba por la mente. No había dicho nada en toda la noche.
Se sintió estúpido.
Sumó dos más dos y estaba empezando a pensar con la cabeza fría y a hacer conjeturas cuando sintió el peso de la azabache por sobre el suyo de nuevo.
Esta vez, Kagome estaba sentada a horcajadas sobre él y lo halaba del cuello hacia ella.
Estaba a punto de objetar algo, cuando sintió los suaves labios de la chica sobre los de él. Sintió tantas cosas.
Estaba molesto por que se había removido momentos atrás, estaba gozando en grande que la chica lo estuviera besando, estaba confundido por sus sentimientos hacia la morena y estaba furioso pensando que ella podría haber pensado en alguien más.
Pero todo se deslizó fuera cuando la chica comenzó a frotarse contra él suavemente.
El moreno gruñó.
Kagome no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba haciendo.
Cerró los ojos, dejándose llevar por el suave beso de la chica. La tomó de la nuca, acercándola más a él.
Sus labios se entreabrieron, y la lengua del moreno se abrió paso por la boca de la joven. Acarició su lengua despacio, logrando una danza fiera entre ellas de la que no tenían idea de cómo controlar.
Sus más bajos instintos estaban tomando lugar. La habitación comenzó a sentirse más caliente.
La morena acariciaba el pecho de Bankotsu por sobre la fina camiseta gris.
Se mordió el labio.
Le encantaba como se veía el muchacho en ella.
Pero estaba más que segura que le encantaría como se vería el joven sin ella.
Su mente comenzó a divagar y se dio cuenta de que lo que decía Bankotsu tal vez era verdad.
No habia otro lugar en donde quisiese estar.
De verdad pasaba.
Estaba condenada.
Condenada a las suaves caricias del moreno que hacían que su cuerpo temblara de excitación y deseo.
Estaba feliz.
Se dejó llevar y comenzó a desabotonar los botones de la fina camiseta del chico, deshaciéndose de ésta última, exponiendo el fornido y trabajado pecho desnudo.
Tragó saliva.
Eso era lo que siempre había querido. Estar con Bankotsu.
Y ahora se encontraba con los nervios disparándose en su estómago como balas.
Echó a sus estúpidos pensamientos por la borda.
No tenía que preocuparse por tonterías.
Si Bankotsu solo la amaba un momento, que así fuera.
Se preguntaba si el diablo venía a tratar con ella, estaba bastante segura de que cambiaría muchas cosas para estar con Bankotsu.
Tanto, que por más que le doliese, podría alejarse de él si se lo pidiera.
Lo amaba demasiado para retenerlo con ella si no la amaba.
Así que dirigió sus oscuros orbes a las azules de él y se encontró con su mirada dilatada por el deseo.
Comenzó a acariciar el suave pecho del moreno cuando un escalofrío le recorrió la espina dorsal. El moreno estaba acariciándole los muslos por debajo de la falda.
- ¿No creías que serias la única en divertirte, o si?- cuestionó el moreno con una arrogante sonrisa.
Para demostrar su punto, sus manos se dirigieron al suave trasero de la chica, dándoles un apretón.
Se sintió hervir por dentro.
Las sensaciones bullían de su interior rápidamente acabando con todo a su paso.
Los labios del moreno se encontraron con los de ella.
La tomó de los muslos, acercándola más a él y pegándola con su duro cuerpo.
Kagome jadeó.
Sus sexos se rozaban.
Mucho.
Lo único que los separaba era la fina tela de las bragas de encaje de la chica, y el pantalón del moreno.
Bankotsu comenzó a subir las manos posándolas en la cintura de la chica.
Las callosas manos del moreno, recorrían la piel de la azabache por debajo de la blusa.
Tomó el dobladillo de la blusa de la chica y la subió por encima de su cabeza exponiendo la dorada piel de la chica con un sujetador negro.
Su mente grabó a fuego a esa chica que estaba sentada a horcajadas sobre él.
Al rostro suave, las mejillas sonrosadas y los labios hinchados provocado por los labios de él.
Sus labios buscaron a los del moreno, estaban devorándose entre ellos.
No sabían dónde empezaba las manos de uno ni de otro.
El moreno haló la falda de Kagome, exponiendo las largas piernas de la chica.
Sí, se retractaba.
Era ésta la imagen que jamás olvidaría de la colegiala.
O tal vez cambiaria de opinión cuando la viera completamente desnuda.
Sintió las pequeñas manos de Kagome desabrochar su pantalón con parsimonia.
Casi suelta un grito de frustración, pero éste se vió detenido por los labios de la chica y por las manos que bajaban su pantalón.
Se miraron fijamente.
Ambos estaban solamente en ropa interior.
La muchacha se sonrojó al ver que el miembro del chico se encontraba completamente erecto, lo que le causó gracia al joven que le dedicó una sonrisa arrogante.
La posicionó sobre él, logrando que ambos dieran un gemido por la poca ropa que les faltaba para que sus partes íntimas se tocaran.
Bankotsu desabrochó el sujetador de Kagome, y comenzó a amasar y a acariciar los suaves pechos que se encontraban enfrente de él.
Comenzó a hacer círculos sobre sus pulgares sobre el pezón de la chica, logrando que se endureciera y la joven gimiera.
Maldición.
Lo estaba volviendo loco.
Llevó sus labios hacia los pequeños botones rosados y mordió uno de ellos, haciendo que la azabache se arqueara bajo sus manos y se expusiera más a él.
Las manos de la chica se movían lentamente por su pecho enviándole oleadas de puro placer y excitación.
Siguió besándola y con una de sus manos, la acaricio sobre sus bragas.
Dios.
Estaba tan mojada.
Y era por él.
Sólo por él.
Gruñó y comenzó a frotar su pulgar contra el sexo de la joven, haciendo que ella soltara su nombre entre gemidos.
Se sintió en el séptimo cielo cuando escuchó a la chica gritar su nombre.
Se deshizo de las bragas de la chica, y comenzó a introducir lentamente uno de sus dedos, viéndola a los ojos fijamente y observando las pupilas dilatadas de la chica que se cerraban por el placer.
Comenzó a introducirlos y sacarlos en la húmeda cavidad vaginal de la chica. Cada vez mas rápido.
Ambos gemían los nombres del otro, perdiéndose en el mar de sensaciones al que estaban siendo expuestos.
La azabache metió la mano bajo el bóxer del moreno, acariciando toda su longitud, provocando que el moreno soltara un gruñido gutural.
Comenzó a sacar el bóxer del chico y cuando éste estuvo en el suelo, subió sus manos lentamente por las piernas del moreno, que se encontraba sorprendido y más que excitado por la sensualidad que la azabache desprendía.
Bankotsu la haló con fuerza, provocando que el duro miembro del moreno chocara con la húmeda cavidad de la chica.
Comenzaron a frotarse lentamente.
Gimiendo y encendiendo aún más sus cuerpos y la habitación en la que se encontraban.
- Kagome- gruñó el moreno con voz ronca.
- ¿S..si?- respondió la azabache con voz agitada, cerrando los ojos por los roces que le daba el moreno.
- Cabálgame- ordenó el moreno.
La azabache se mordió los labios, sorprendida por la invitación, más bien, la orden que el moreno le había dado.
Empujó al moreno, haciendo que se recostara sobre el reposa brazos del sofá y se colocó sobre él.
Bankotsu la jaló de la cintura hacia él, logrando que su miembro entrara en la mojada vagina de la chica.
Cerraron los ojos. Abrumándose por la sensación de estar en el cuerpo del otro.
Fundidos en uno solo.
Lentamente, la azabache comenzó a moverse sobre el moreno, siguiendo la orden del joven.
Los movimientos comenzaron a volverse frenéticos.
El moreno la sostenía de la cintura levantándola apenas, para volverla a jalar con fuerza, favoreciendo a una dura penetración.
Iban cada vez más rápido en sus embestidas.
Kagome sentía una sensación arremolinándose en sus entrañas.
Estaba bastante segura de que Bankotsu la amaba.
Más le valía al desgraciado que lo hiciera, de lo contrario, su cabeza volaría.
Llegando al clímax, Bankotsu la abrazó y le susurró al oído tres palabras que la dejaron completamente helada.
Con una sonrisa en su rostro, siguió moviéndose hasta que obtuvieron la cumbre del placer, obteniendo como resultado, el orgasmo más devastador que obtendrían de la persona a la que pertenecían.
Acostándose sobre el moreno, ya más relajada, recordó con una sonrisa las palabras que le había dicho el moreno.
"Estas condenada, Kagome"
- . - . -
El moreno abrió los ojos, desperezándose lentamente.
Sintió un dolor agudo en su espalda, y alzó su brazo, encontrándose con la fina tela de la camiseta.
Un momento.
Su camiseta.
Observó a su alrededor, encontrando el motivo de su dolor de espalda.
Había pasado la noche acostado en el sillón.
Y estaba vestido.
Y la más importante, Kagome no estaba.
No había ni rastro de la ropa de la chica, y él estaba solo, vestido.
Se maldijo internamente.
Había sido solo un sueño.
El mejor maldito sueño que había tenido en su vida.
Resopló frustrado, había parecido tan real.
- . - . -
Bankotsu salió de la ducha.
Había tenido que darse una ducha helada para bajarse la enorme erección que el sueño con Kagome le había dejado.
Estaba cruzando el pasillo del salón, cuando un fuerte aroma a panqueques lo golpeó en la cara.
Caminando sigilosamente, fue hasta la puerta de la cocina, encontrándose con Kagome en una camiseta y pantalón de pijama de él, cantando suavemente y haciendo el desayuno.
Sintió que la realidad lo golpeó.
Tal vez no había sido un sueño.
Tal vez Kagome de verdad había hecho el amor con él.
Sin ningún motivo aparente, el corazón del muchacho dio un salto por saber que la chica se había quedado toda la noche con él.
Al ver el pequeño cuerpo enfundado en ropas de él, sintió unas ganas de posesión inmensas.
Sigilosamente, se deslizó a la cocina y se posicionó detrás de la azabache, puso las manos en su cintura y comenzó a besarle el cuello.
- Hmm, ya despertaste- dijo la azabache con voz suave.
- Shh- dijo el moreno, apretando unos de los senos de la azabache que gemía recargándose contra el fornido pecho desnudo del muchacho.
- Bankotsu, déjame hacer el desayuno por favor- dijo la muchacha con suspiros entrecortados que se asomaban fuera de sus labios.
- Prefiero comerte a ti- dijo el moreno con voz ronca, presionando su duro miembro contra el trasero de la azabache.
Kagome se mordió el labio.
- Maldición Bankotsu, es por esto que te quedaste a dormir en el sofá anoche- dijo la chica, separando su cuerpo y amenazando al moreno con la espátula de con la que estaba elaborando los panqueques.
Como por arte de magia, los recuerdos volvieron de golpe a la cabeza del moreno…
-.-.-
- Kagome- gruñía el moreno nombrando a la azabache que se encontraba medio dormida junto a él en el sofá, acurrucada contra su pecho.
- ¿Hmm?- preguntaba la chica entre sueños.
- Aun no he terminado contigo- dijo el moreno con voz ronca.
Los ojos de la azabache se abrieron de golpe.
Como pudo, se deshizo del agarre del moreno, tomó su ropa, y comenzó a vestirse lentamente.
El corazón del moreno se estrujó.
Kagome pensaba irse.
- ¿Qué carajos haces, Kagome?- cuestionó el moreno enojado.
- Vistete, Bankotsu- dijo la azabache con voz seria.
- ¿Qué demonios, Kagome?- cuestionó el moreno, tomando el pantalón y comenzando a introducirlo en sus piernas.
Cuando se vió vestido por fin, se giró a la azabache que lo miraba fijamente.
Kagome se acercó hacia él y poniendo un dedo en su pecho comenzó a golpearlo lentamente.
- ¡Eres un maldito insaciable! ¡DÉJAME DORMIR!- gritó la chica, y salió corriendo.
Aghh.
Había olvidado el maldito humor que Kagome tenía si la despertaban cuando se enojaba.
El moreno la siguió y cuando estaba por entrar a su habitación, esquivó una almohada que venia volando y se estrelló en contra de la pared. Encontró a una manta en el suelo, y levantó la vista a una colérica Kagome que le gritó:
- ¡Espero que duermas cómodo en el sofá, MALDITO NINFÓMANO!
Y le cerró la puerta en la cara, así sin más.
Estaba molesto, pero luego la risa le ganó y retumbó por el pasillo. Soltando una limpia carcajada, tomó la almohada y la manta del suelo.
Con una sonrisa, caminó por el pasillo para dormir en el sofá.
Maldita bruja.
-.-.-
-Ah sí, me gritaste ninfómano- recordó el moreno con una sonrisa arrogante.
La azabache se sonrojó hasta las orejas.
Tomó el plato del desayuno, y lo estrelló en el estómago del moreno.
- Sólo cállate y come- ordeno Kagome, tomando su plato y sentándose en la barra, para posteriormente servir en un vaso la leche que estaba previamente sobre la encimera.
El moreno se sentó y compartieron la comida en silencio.
Era agradable sin embargo.
La muchacha tomó una servilleta para limpiarse las comisuras de la boca y levantó la vista, percatándose de que el moreno la estaba observando.
- Tenemos que ir a mi casa, no dije donde dormiría anoche- murmuró la azabache.
El moreno solo asintió.
Si bien, no había tenido suficiente de la morena, sabía que tenía que reportarse en su casa o su madre movería los infiernos para encontrarla.
Un estremecimiento le recorrió la espina dorsal.
Sabía que Naomi Higurashi, a pesar de ser una madre agradable y amable, cuando estaba enojada era el mismísimo diablo.
Después de comer, se levantaron y lavaron los platos en silencio, compartiendo sonrisas cómplices entre ellos.
Sólo ellos sabían lo que había ocurrido esa noche en ese apartamento, y entre ellos se quedaría.
-.-.-
-Bankotsu Hiba, ¿me podrías decir qué demonios estaba haciendo mi hija en tu apartamento anoche?- cuestionó la Higurashi mayor con una mirada fría, que hizo que ambos jóvenes se alejaran lo mayormente posible del espacio vital de la joven madre, que parecía acuchillarlos a ambos con los ojos.
- Yo…- empezó a balbucear el moreno.
Era la primera vez que estaba nervioso en su vida, aunque había estado en esa casa miles de veces, que hasta era su segundo o tercer hogar.
- Estuve enferma anoche, mamá- se excusó la azabache, salvándolo de responder y de contestar una tontería que podría delatarlos a ambos.
La mujer los miró con ojos de halcón, buscando un indicio de mentira en ellos.
Los jóvenes habían puesto en su cara las expresiones más sinceras que tenían, por lo que la joven mujer se transformó completamente en solo dulzura y les ofreció desayunar.
Salió tranquilamente cantando por la cocina.
Sí, las Higurashi tenían un carácter muy peculiar, pensó Bankotsu.
Se giró para buscar a la morena y la encontró abriendo las puertas del templo en el que vivían y saliendo por ésta al patio.
La siguió y la encontró sentada en el banco de piedra, a los pies del milenario árbol.
Se sentó junto a ella.
- Así que enferma, ¿eh? ¿Se puede saber que enfermedad era esa?- le preguntó el moreno con arrogancia.
Kagome sonrió lentamente y entrelazó sus manos con las del chico. Levantó la vista, para encontrarse con la mirada interrogante de su mejor amigo.
- Simple Bankotsu, estoy enferma de amor.
¿FIN?
¿Qué opinan? ¿Aquí lo dejamos? la verdad es que esperaba escribir mi primer lemon con este reto, y de hecho, quedó así, espero haber superado las espectativas jaja
Espero que les guste y me digan qué les pareció por favor.
Si los comentarios son favorables, escribo la epílogo, ustedes me dicen si quieren éste final ó que continúe.
Muchisimas gracias por los comentarios, me hacen inmensamente feliz... Bueno, aquí vamos:
- Camillavilarg: muchas gracias por haber comentado en el capitulo anterior, me hace inmensamente feliz. Aquí te traigo la continuación, espero que te guste
- AngeelO: Aide de mi corazón, muchas gracias por darte tiempo de leer mi historia y dejar el review, jajaj que tu con tus pervertideses, me dió mucha risa el comentario y gracias, tuve que leer varias veces para ver donde estaba el error, espero que este capitulo lo compense ;)
- rogue85: Pao, muchas gracias por hacer este reto, que nos motivó a tantas a hacer nuevos fics de nuestra pareja preferida, lastima que no puedas votar por ser mediadora, pero dejar el review hizo que me pusiera muy feliz, muchas gracias :)
- Inuroux: querida roux, aquí esta la continuación, espero que te guste :*
- Yuli: Fabi, desde cuando que no leía nada tuyo, no te preocupes, ya llevo como tres hojas de word de Ya no quiero, es un avance, ya que estaba en examenes jaja y tus ruegos son escuchados mujer, aquí está la continuación. Solo espero que te guste :)
- Akane Kou: HOLA! y bienvenida a los fics del circulo mercenario, espero que te haya gustado, aquí está la continuación :)
- Nina Shichinintai: muchas gracias Javi, e igualmente mucha suerte para ti en el reto, aquí esta la continuación, nos leemos :*
Besos y que estén bien.
Linitha-chan*
