Heridas del pasado
Las mentiras tenían piernas cortas y eso… era algo que ella sabía perfectamente, a su alrededor nadie sospechaba del gran secreto que atormentaba a la bella mujer, ocultarlo no era algo que ella deseaba pero las cosas se habían dado y al posponerlo una y otra vez simplemente ya no sabía cómo contarlo.
Desde chica había sido bien educada con la disciplina y amor suficiente para poder tomar sus decisiones de manera correcta, por lo que era considerada una persona idónea para confiar por su veracidad…y ahora eso se había terminado, lo que la ponía en un gran dilema personal y moral en los principios con los que ella se regía.
Nuevamente a la misma hora, con las mismas cosas y con la misma expresión en su rostro partió hacia aquel lugar. El hospital de San Fransokyo era una bella e imponente infraestructura totalmente pulcra por dentro y por fuera pues era bien cuidado por empleados y hasta por los mismos pacientes, desde la baldosas del piso hasta la última cortina de cualquier habitación casi todo dentro del lugar era de un color blanco que con los rayos del sol resplandecía dándole un aspecto casi divino al lugar.
Cass con pasos moderados camino por los extensos pasillos del lugar, intercambio un par de saludos con gente que ya la había visto venir muchas veces para nuevamente emprender rumbo a una de las tantas habitaciones del pabellón norte. Al encontrar la habitación de manera delicada y débil abrió la puerta y con un pequeño dolor instalándose en su pecho miro la placa que tenía el nombre del paciente, que se encontraba arriba de la camilla donde el mismo rebosaba.
-Hola cariño – saludo con una leve sonrisa – espero estés listo para unas largas historias – advirtió carcajeando un poco, mientras iba al sanitario de la habitación y botaba el agua podrida de las flores marchitas del recipiente, lleno de agua en contenedor y puso unas flores frescas que había traído cambiándola por las que ya estaban marchitas.
Ahí echado en la cama estaba el primer y más terrible secreto de la mujer. Tener a un familiar en coma y ocultarlo… definitivamente era una persona horrible. Hasta ese momento se cuestionaba el porqué de sus acciones en el pasado y aunque llegaba a una conclusión con una solución, todo aquello era el pasado y no podía hacer nada para remediarlo. Por treintava vez muchas dudas circulaban en su cabeza y giraban como un carrusel, ella sabía que lo pensaba demasiado pero no tenía a quien contárselo y estaba cargando con aquello sola desde hace un buen tiempo…, a inicios del año pasado no se imaginaba en esa situación cuando Hiro había entrado a la universidad pero había pasado un año desde la muerte de Tadashi, había algo nuevo en el dolor y sentía que otra piedra se le sumaba a aquel peso en su conciencia.
-Hiro está yendo a la universidad – mientras tomaba asiento en una silla al costado de la cama – en las mañanas a veces va a regañadientes – soltó una risa moderada – Gogo y Honey lo regañan por dormirse tarde – acaricio de manera gentil la mejilla fría – pero definitivamente el mi más grande orgullo – medito sus palabras unos segundos dándose cuenta del pesimismo que llevaban – al igual que tú.
El tiempo contando sus anécdotas se hizo muy cortó para la mayor y pronto la hora de visitas se había terminado, debía de volver a casa y hacer la cena para Hiro.
-Mira la hora – observando un aparato incrustado en la pared que indicaba la misma - debo de irme tesoro – con cuidado le dio un suave beso en las hebras azabaches - para la próxima salúdame como es debido ¿si Tadashi?
-¿ya se va? – pregunto un hombre desde el marco en la puerta
-doctor…- mientras se acercó al hombre- el estado de mi sobrino, ¿a mostrado mejoras?
- no - susurro mirando unas hojas electrónicas que salían de su supuesto reloj de muñeca – no a empeorado pero tampoco a mostrado mejora alguna
-entiendo – se acomodó un mechón rebelde de cabello – entonces…, hasta mañana
Todo aquel embrollo se había armado unos meses después a la supuesta muerte de Tadashi, la Tía Cass había recibió una llamada cuando había cerrado el café, un doctor le pidió que fuera personalmente al hospital; un presentimiento se instaló en su pecho inquietándola; al tener al doctor frente a ella y escucharlo pronunciar ¨Tadashi Hamada está vivo¨ hizo que su corazón saltara en su pecho de alegría por unos instantes hasta que el especialista pronunciara ¨pero está en coma y no puedo asegurarle que viva mucho tiempo con lo delicado de su estado¨, esta vez su corazón volvió a latir de manera dolorosa. Ya había sido difícil hacerse a la idea de perder a su querido sobrino, pero perderlo dos veces ya era muy cruel para la mujer, que llego a casa dispuesta a contarle a Hiro, el menor merecía saberlo.
Llego a su casa, preparo la cena y espero a que el menor bajara después de llamarlo un par de veces, pero los minutos corrían en el reloj y el genio no bajaba por las escaleras, sin prisa y totalmente nerviosa fue a la habitación del menor y verlo echado con una sonrisa en los labios hizo florecer un sentimiento maternal en la mujer. ¿debía de decírselo realmente?, Hiro había sufrido más que ella, pero aun así estaba sonriendo y siendo sincera consigo misma no quería ver confundido y preocupado al menor, todo el valor que había reunido de camino a casa se había esfumado con solo ver a su pequeño sobrino unos momentos, tenía que pensar aquello bien, así que tapo al descuidado muchacho que como muchas veces se había dormido destapado y se fue a cenar sola.
El mañana se convirtió en pasado mañana y esto seguía, hasta que en un momento simplemente se resignó a guardar silencio sola, no quería que la sonrisa de Hiro volviera desaparecer y ni pensar en hacer a todo el mundo preocuparse y volver a ver sufrir a todos si no se cumplía con lo deseado.
La tarde de aquel día parecía tranquila así que prefirió ir caminando a casa aunque esta estuviera un poco lejos, Hiro llegaría tarde aquel día por sus clases, asi que no tenia prisa realmente.
-Tia Cass – la mujer mayor se dio media vuelta y se encontró con Go go – Buenas tardes
- Buenas tardes Gogo – respondió amorosamente la mujer – tus clases terminaron temprano
- si, el profesor no vino, asi que solo firmamos una hoja de asistencia y nos fuimos – respondió la joven caminando al lado de Tia Cass
A Cass le gustaba que los amigos de Hiro y Tadashi le llamaran tia Cass, pues sonaría tonto pero sentía que su familia se volvía mas grande y eso de alguna manera le llenaba de emoción y amor, por lo que eso se hizo una costumbre.
-y… ¿Cómo vas con el muchacho que te gusta? – pregunto sonriente
Gogo no esperaba aquella pregunta, pero desde que una vez la mayor había escuchado cierta conversación que había tenido con Tadashi hace mucho, Tia Cass se había enterado que la chica estaba enamorada de alguien, no sabía de quien. Avergonzada y con un leve carmín cubriendo sus ya naturales mejillas sonrosadas volteo la cabeza.
-El es un tonto, la verdad… creo que él nunca se dará cuenta – y así era, la misma Gogo no quería admitirlo en un principio pero ahora que lo tenía claro y lo había aceptado no tenía idea de que hacer para cambiar su situación, su orgullo era el primer obstáculo. – ni siquiera sé cómo me gusta – soltó sonriendo levemente sin darse cuenta, claro que sabía por qué pero nuevamente el orgullo atacaba, con lo que la mayor sonrió enternecida.
-Ya veo, pues espero también ganes esta carrera – le animo – con lo veloz que eres estoy segura que podras
-Gracias – la verdad aquella mujer era tan tierna y amable a veces, en realidad eran momentos como esos en los que podías ver que la marca ¨Hamada¨ se caracterizaba por ser gentil
-¿quieres venir a cenar? – propuso, queriendo olvidarse de sus dudas al menos aquel día
-claro, el ramen instantáneo a veces, me aburre – le contesto aceptando la invitación
Y con un hermoso cuadro de la puesta del sol, ambas chicas caminaron a casa conversando cualquier cosa que vino a sus mentes, pasando un agradable momento de chicas.
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Bueno Amy, espero te guste este capitulo, perdóname por no subirlo ayer en la tarde pero una siestecita me distrajo XD.
Hasta la próxima actualización… :D
