Capítulo 2
Mirajane usaba faldas largas y anchas –conjunto a un buen escote que dejaba poco a la imaginación-, que no hacían resaltar las formas de sus piernas en contexto alguno. Pero aun así, ella notaba que cuando iba a dar, pedido tras pedido, las miradas de los hombres se dirigían con descaro a su trasero, y de ahí era difícil que se desvíen. La antigua Mirajane, solía retarlos al momento –"Mírame a los ojos desgraciado, mi culo no quiere ser observado por alguien como tú"-, y este nuevo personaje más dulce, inocente, y… perdido en un mundo imaginario hecho de quién sabe qué, solo crearía con sus labios carnosos una sonrisa, y diría: "Querido, mis ojos están aquí".
Ese día, como era usual, su retaguardia fue víctima de miradas indiscretas, pero Mirajane en este caso no tomó atención a este hecho –sea para ofenderse, o sentir esa pizca de vanidad, por ser deseada-. Estaba ocupada… estaba distraída. Su mente no paraba de confabular en su contra, creando una sonata continua, que remarcaba solo una frase repetitiva.
Botó un suspiro. Hubiera deseado no hablar con Lucy ayer. También deseaba, no haber corrido hasta la casa de Erza, y una vez en la puerta, quedarse solo ahí, varada, sin saber qué hacer, cómo lograr su cometido, cómo… cómo irrumpir en la obra, si hace mucho fue sacada del reparto.
Era obvio que más tarde –ya recobrada su compostura-, se fue. A su casa. Había fingido una linda sonrisa para sus hermanos, y les había informado que tanto Natsu como Gray, fueron sacados de su encierro, y dejados sanos y salvos en su casa. También informó la "buena" nueva a sus hermanos, y hasta tuvo que aguantar el sinsabor, que vivió al llamarla –a ella. Ella, que no sabía nada, pero estaba sonriendo desde la otra línea-, y felicitarla por la criatura que vendría.
Sintió un nudo en el pecho. No entendía la rapidez de los hechos, cuando Erza se casó, no se le pasó por la mente, el ver a sus vástagos tan rápido. No quería ni pensar en los rasgos que tendrían. Si es que acaso, el niño ese, tendría los rasgos de Jellal, o los de su madre, o si en el peor de los casos, sería una combinación perfecta de ambos progenitores. Sus ojos traidores vieron el pastel de fresa, y pensó, que tal vez era el momento perfecto de insistir en sacarlo del menú. Ellos le recordaban a Erza, y en fin, ella al estar embarazada ya no…
— Mira, sírveme más.
Sus ojos se posaron en Cana. Cana, que apenas y se podía sostener de pie. Y aun con eso, insistía en tomar más. Hizo una mueca con los labios. Una mueca bonita, que era agradable a la vista de cualquiera. Hasta a los de Cana.
— Ya estás mal. ¿No sería bueno terminar por hoy?
Cana aun estando ebria supo dar una sonrisa, muy propia de ella. De esas con ese grado de descaro magnificente, y dominio absoluto.
— No, yo creo que no.
-o-
Esto era asqueroso.
.
Los labios de la castaña, estaban revestidos del sabor a alcohol, y un poco a tabaco. Asimismo, Mirajane, estaba muy consciente de que hace casi nada la chica, había botado su estómago en el escusado. Y hasta el olor corporal que desprendía, no era muy agradable, ya que era una mezcla clara de sudor, y un perfume muy cargado, y… aun así la empujó contra lo que tenía en sus espaldas.
La empujó, e hizo que se sentase en el escusado –que estaba cerrado-, para luego acomodarse en sus faldas y tomar el control. Tocar, dejarse tocar, e intentar imaginar en ese preciso momento estar con otra persona. Pero fue imposible. No encontraba semejanzas en una con otra. Se imaginaba a las manos de Erza más ásperas, y calientes, su respiración más descontrolada, y las caricias más fogosas.
Posó su frente en el hombro de Cana, cuando el libido solo murió, y sintió a las lágrimas predispuestas en los ojos. Hace tiempo que no tenía sexo, por autocompasión. Hace mucho que no intentaba cambiar las cosas, e imaginar a otra persona. La anterior vez, que se había acostado con Cana fue fenomenal, aun cuando la chica había pasado por su primera experiencia con una mujer.
— ¿Estás bien Mira?
Quería reírse de sí misma. Su nivel de patetismo, llegaba a tal punto, que una persona alcoholizada, se daba cuenta de su bajón. Y lo peor, es que esta caída, no tenía razón para ser.
Erza iba a tener hijos. Ella se casó, y habría que ser muy imbécil para hacerse la idea, de que ella no le abriría las piernas a él. Y hasta por la historia compartida, de ese orfanato en que vivieron, y su búsqueda de un hogar, se podía asumir que ellos crearían su nidito de amor, con aquello que tanto desearon en infancia.
E… igual con todo, no había caso. Erza no estaba interesada en coños. Había más posibilidades de ver a Natsu –el seudo-hermano menor de Erza-, metido entre las sábanas de la pelirroja, que ella.
Mirajane lo sabía todo. Lo sabía muy bien. Y aun así seguía el nudo en el pecho. Los sentimientos de ese día tan lejano, aun presente en su ser. Que estúpida se sentía. Si al menos fuera del todo la bobalicona Mirajane, este pesar sería aceptable, pero como no…
Sonrió de la forma dulce que ya venía ensayando desde hace tanto, pero se dio el placer de fruncir su nariz, en gesto de disgusto.
— Este lugar es un asco. No quiero hacerlo aquí.
-o-
Al final acabó metida en la casa de Cana. Había dicho que la llevaría a casa, que tras acompañarla al baño, se dio cuenta que ella no podía más, y que le resultaba simplemente peligroso dejarla irse sola. Obviamente en Fairy Tail, le creyeron, trajeron a una de las clientes –no sabía cuál exactamente-, como su reemplazo en la barra –como si fuera lo más normal del mundo-, y le dijeron que se vaya sin cuidado. Mirajane les hizo caso, sin dudarlo.
De ahí, bueno, tuvo un poco de toqueteo descarado en el taxi, algo de acción en la sala de Cana, y nada de nada una vez llegaron al cuarto de ella. Resulta que la castaña al final sí que había tomado de más, y que el sueño ya le había agarrado presa una vez puso su cuerpo en algo tan mullido como el colchón. Y ella dormía de forma tan profunda, que no hubo caso alguno en intentar despertarla, y hacer que continúen las cosas.
Mirajane después, tuvo que resignarse y solo dejarla ser. Se levantó de la cama, y fue a la cocina a hacer algo de cena –una doble ración por si Cana despertaba-, y comió en silencio en el comedor sopesando la opción de quedarse o ir a su casa.
Por una parte sabía que si no se acostaba con Cana no había caso en quedarse, en sí, no eran ni muy amigas, y menos algo similar a una pareja –además cabía la posibilidad de que Gildartz, dé una visita sorpresa a su hija-, como para hacerlo, pero por otro lado, no le apetecía ir a su casa. Lisanna, por más que había perdido interés en casarse lo más antes posible, aun estaba loca con la idea de la maternidad, y ya había dicho en la mañana que compraría lana, para hacer algo para el bebé que venía. Y francamente, algo le decía que sí veía al menos un pequeño zapatito tejido por su hermana, ella tendría que hacer algo, para que sus manos dejen de escocer, por sus ganas de darle una bofetada.
El último bocado de su plato, lo comió con suma lentitud, porque para ella ese era el ultimátum, para su decisión. Ir a su casa, o quedarse aun si no valía la pena. La incomodidad, o el sabor amargo de lo nunca obtenido. Era un decisión difícil, pero cuando tragó lo que estaba en su boca, se dio cuenta que no había caso en quedarse en esa casa.
Salió del lugar con pasos rápidos, y fue en dirección a su propio hogar, pero una vez llegando a este, no fue más que al garaje y sacó su auto, con ninguna otra intención que dar una vuelta. Ya era de noche, y las luces de los faroles se encontraban prendidas en la calle, los transeúntes ya no tenían la misma edad que en la mañana, y la Mirajane de ahora no encajaba bien con la oscuridad, ni menos con el hecho de que se pasó un semáforo en rojo. Pero… no importaba, ella creía que sería más grato que un policía le dé una infracción, a estar tan enfocada en algo que no le atenía.
Erza estaba embarazada, y un día aparecería con su estómago hinchado frente a ella, y le diría que sienta a su bebé, que ya estaba pateando, que… ya nacería. Ese día iba a llegar, y Mirajane –como siempre-, no tendría razón para quejarse, y es más, debería tener la obligación de desearle lo mejor para el niño, para el trabajo de parto, para su matrimonio, y… esto era una mierda.
Mirajane tomó un respiro, queriendo calmarse y pensar con calma. En cosas tales como que… tal vez esta era una señal, a fin de cuentas ahora este hecho le decía, que ya deje de soñar en una historia imposible, con una mujer que siempre estuvo fuera de su alcance. Tal vez hasta era su señal para un nuevo comienzo y… miró por el rabillo del ojo, un auto que tenía un modelo familiar para sus ojos.
Por instinto, ella siguió al automóvil, hacia donde sea que se dirigía, intentó recordar dónde es que lo vio antes. La mayoría en Fairy Tail no tenía uno, ya que muchos no sabían conducir, tuvieron problemas con sus tantas infracciones, lo chocaron, o en el caso más deprimente, tuvieron uno, pero sus amigos lo hicieron trizas al estar tras el volante. Y Mirajane que sabía de todos los modelos que ellos tenían, podía dar su cabeza, a que ese que le llamó la atención no era uno de esos. El modelo que veía era sobrio, un modelo compacto, con una reluciente pintura azul, y si supiera de marcas o algo así, ella hubiera especificado mejor lo que veía, pero como no, Mirajane solo podía decir, que era un lindo automóvil, que le era familiar, pero no sabía por qué.
Y no lo fue, hasta que recordó esa conversación vacía que tuvo con Erza. Conversación que versaba acerca de que Jellal había comprado un auto, recién salido del paquete, y por el cual, había rogado a Erza, no excederse al estar tras el volante. Un lindo transporte había dicho Erza, y esa vez que Mira le dio una simple mirada, había estado de acuerdo… Justamente ese era el vehículo que seguía.
Dándose cuenta de ese hecho, decidió desviarse para la próxima esquina, en sí, en ese momento seguro parecía atemorizante, siguiendo a su "amiga", cuando estaba frustrada por su embarazo, y… simplemente tenía que irse para otro lado, antes de que venga el mismo impulso de la noche anterior, que le tentaba a golpear a Fernández, por hacer lo que ella nunca pudo. Pero entonces cuando estuvo cerca del lugar donde desviaría la dirección, vino otra vez el semáforo pintado de rojo. Esperó detrás del automóvil de la "familia" Fernández –sentía un amargo sabor en la boca, sabiendo que Erza Scarlet, ya no era tal-, imaginando el rostro de ambos sentados al lado de otro, las miradas curiosas, el… niño en el vientre…
No se dio cuenta del cambio del color del semáforo, hasta que escuchó el sonido de las ruedas del vehículo de su delante, y Mirajane no se llevó mayor susto en su vida, que cuando otro automóvil sin premeditación alguna, impactó contra Jellal, y… Erza.
Me tardo milenios y solo vengo con esto…
Lo siento, juro, pero juro que lo siento, quería hacer esta historia desde hace tiempo, y a pesar de que le prometí a Micheelle que lo continuaría para Junio –Julio, Agosto-, al final siempre le fallaba y me sentía de lo más culpable por mi irresponsabilidad. Este episodio está dedicado a Micheelle juro que te agradezco tu interés por la historia, y también juro que no la dejaré, y eso va para con todos los que me lean, espero no haberlos ofendido con mi demora, en serio.
En lo demás, aquí empieza la verdadera trama, y se podría decir que el personaje de Erza ya está desbloqueado, porque habrá narración desde su punto de vista. En lo demás… releí mis antiguos episodios, y me di cuenta que necesitan ser editados, no tengo beta, así… que no me queda más que hacerlo por mí misma, a pesar de que luego seguro tenga que hacerlo de nuevo, porque seguro tengo monstruosos errores. Gracias por los comentarios, y… ¿A alguien le gustó el episodio?
