No me di cuenta en qué momento me quedé dormida, solo lo sé porque oigo el fuerte sonido de la alarma junto a la cama, el celular vibra de modo estridente mientras me pongo la almohada sobre la cabeza. Odio despertar temprano, nunca he sido una persona de esas a las que le gusta madrugar. Así que antes de que la cama me consuma me levanto tanteando la mesita en busca de mis lentes. Siento la piel bajo de los ojos hinchadas, probablemente estoy algo deshidratada ante la falta de agua, no me acostumbro a tomar agua embotellada aquí por lo que me he propuesto incorporar el agua de la llave lentamente para no provocarme alguna intoxicación.

Parto a la cocina para mirar que desayunar, pero la verdad no tengo demasiada hambre esta mañana. Estoy desanimada, no se muy bien por qué pero es suficiente para quitarme el apetito matutino, cierro la puerta del refrigerador sin sacar nada y cuando volteo la señora Williams está entrando a la habitación.

-Buenos días querida -saluda sonriendo con amabilidad, lleva una manta tejida a crochet sobre los hombros y el cabello recogido en un moño bajo

-Buenos días señora Williams –respondo devolviéndole la sonrisa mientras me froto los brazos para aumentar el calor.

-¿Qué tal te trató la ciudad ayer? –me pregunta con su acento marcado mientras la veo poner la cafetera.

-Muy bien, no me costó nada tomar el bus hacia la facultad y las clases no han estado nada mal para ser el primer día –respondo atándome el cabello en un moño alto.

-Me alegro, bueno, cualquier cosa que necesites me la haces saber, yo hoy no estaré hasta pasado las 6 por si acaso –camina en dirección a la puerta junto a mi, es una mujer agradable, me recuerda a mi abuela pero una versión más amorosa de ella.

-Muchas gracias señora Williams –ella asiente caminando en dirección contraria a la mía, por mi parte me dirijo al baño.

Tengo la costumbre de lavar mi cabello solo día por medio, así que no tardo en la ducha. Mientras estoy frente al espejo a penas me paso los dedos para tomarme una coleta alta luego de cepillármelo. Pienso en tomar mi computador para estudiar un rato en la biblioteca por la tarde pero me da tanta pereza que me convenzo de que es apenas el segundo día y no es necesario aún.

He quedado de almorzar con Jazz el día de hoy, así que elijo mi ropa pensando en que debo lucir decente, a mi mente viene su rostro sonriente, lo imagino dejándose una barba de tres días mientras asiento mentalmente, se vería muy guapo, es exacto el tipo de chico que Angela amaría. Quizás si viene como prometió hacer podría presentarlos, siempre y cuando esté soltero.

La garganta me escuece, dejar la ventana abierta la noche anterior ha sido la peor decisión, para disminuir la molestia paso camino a la universidad por una farmacia, un poco de jarabe puede ayudarme con eso. El viento helado me eriza los bellos de la nuca, ha sido una buena idea usar una chaqueta de plumas. No estoy segura si aun no termina de salir el sol o es que las nubes son tan oscuras que la ciudad parece estar sumida en sombras. En estos momentos entiendo que inspiró a Conan Doyle a escribir tantos casos policiales, porque mirando el ambiente, esto efectivamente parece un mar de tinieblas.

Cuando entro a la facultad, de alguna forma mi día se ilumina un poco, como si un haz brillante cubriera la escuela. Suspiro involuntariamente, de alivio, si la universidad es algo que hace mi día mas luminoso significa que al menos las elecciones respecto a mi futuro están siendo las correctas.

Confieso que los profesores en este lugar no son del todo mi agrado, cada vez que veo a uno caminar siento que dejan una estela brillante atrás, porque realmente son unas divas, como si por el hecho de tener grandes títulos gracias a sus capacidades intelectuales los hiciera mejores personas. A veces hasta yo lo creo.

Para la clase de algebra me siento en la segunda fila arrinconada hacia una muralla, se que debería conocer gente, pero venga, tengo todo el año para hacerlo, así que me limito a prestar atención mientras como una barra de cereal que he sacado de la despensa por si acaso.

Está por comenzar la segunda clase del día, es un electivo de dibujo que he querido tomar, siempre me han gustado las artes, en especial las visuales. Desde pequeña mi madre se ha dedicado a incentivar mi creatividad, no lo recuerdo para ser sincera, pero ella siempre me comenta que compraba cajas repletas de figurillas para pintar con acrílicos y yo a penas sosteniéndome en los pies pasaba las tardes pintando en el patio de nuestra casa y manchando de colores brillantes la mitad de lo que me rodeaba. Lamentablemente con una lista de prioridades enrome, seguir dibujando no era una de las principales y para estas alturas lo hacía una vez al año cuando el estrés de los exámenes universitarios amenazaba con hacerme perder la cordura.

No se qué es, pero siento un líquido demasiado caliente como para que mi piel lo tolere empapándome las piernas. Salto de modo instantáneo mirándome las piernas al tiempo que una chica grita pidiéndome disculpas y removiendo su mochila buscando algo.

El café caliente se le ha volcado y me ha empapado todo, ella me tiende unas toallitas húmedas, siento que la temperatura del café disminuyendo pero aun me arde la zona. Un par de chicos me preguntan si estoy bien mientras me pongo de pié para ir al baño.

-Lo lamento, de verdad lo siento –dice preocupada la chica, sus ojos miel muestran culpa mientras mueve sus manos nerviosa sin saber que hacer o como ayudar –te acompaño al baño- dice moviéndose rápido junto a mi.

-No te preocupes estoy bien –respondo caminando velozmente para limpiarme.

-Soy muy torpe, no se como me ha pasado –vuelve a justificarse mientras me abre la puerta de los baños de chicas.

-Ha sido un accidente –le respondo para tranquilizarla y me meto a un cubículo para quitarme los pantalones y mirar mi piel. Está rojísima –disculpa ¿Tienes las toallitas húmedas ahí?

-Sí, claro –responde casi al instante y su mano aparece por debajo de la puerta para tendérmelas –soy Alice –me indica –pésima forma de conocernos por cierto.

Me río mientras paso las toallitas por mis muslos, la piel arde, pero está bien dentro de todo, me apuro en decirle mi nombre antes de que piense que estoy molesta o algo.

-La clase está por empezar puedes ir adelante si quieres –le indico mientras salgo a lavarme las manos, el roce contra los pantalones me irrita un poco.

-No te preocupes, te espero –dice sonriendo, su cabello desordenado y corto luce increíble cuando lo sacude mirándose al espejo.

-Está bien –acepto cerrando la llave.

Alice pide disculpas por ambas al entrar, la profesora no muy mayor comienza a hablar de los contenidos del curso, la bohemia le brota por los poros y de algún modo le sienta perfecto, sus pantalones bombacha se mueven ondeando mientras se pasea por la sala, una sonrisa tranquila le cruza el rostro, mientras se sienta sobre la mesa.

No se que es pero incluso estando al final del salón puedo sentir la paz que emana, como si absolutamente nada perturbara sus días, como si solo hubiese felicidad. Y me impacta, apoyo un codo sobre la mesa para reposar mi cabeza en la palma derecha.

¿Puede alguien vivir solo sintiendo felicidad? Me pregunto mientras la profesora mueve sus piernas que cuelgan en la mesa. Lo dudo, pero si se puede vivir tranquila.

La hora se me pasa volando, demasiado rápido para mi gusto, entre lo que habla y lo mucho que intento absorber de su actitud centrada me he olvidado por completo de que Alice estaba junto a mi hasta que la oigo susurrar –Esto es mucho más profundo de lo que esperé.

Asentí volteando a verla sin prestarle demasiada atención.

-El arte es todo –dice la profesora justo cuando sus ojos se encuentran con los míos –y depende de cada uno permitirnos el placer de vivirlo.

La piel bajo las mangas de mi abrigo se eriza –Así que para partir lo que será este semestre les dejaré una pequeña tarea para la próxima clase- oigo a mi compañera suspirar desganada –no quiero nada que implique demasiado trabajo, tranquilos, solo voy a pedirles que escriban en ocho líneas quienes son ustedes.

Frunzo el ceño sin entender.

¿Quién soy?

Alice guarda sus cosas mientras la profesora se despide -¿Tienes clases ahora?

-No, no tengo nada hasta después del almuerzo –respondo levantándome del asiento con ella -¿Tu?

-Sí –hace una mueca como si no le agradara la idea, una novata en la universidad no tiene tan poco interés en las clases así que me aventuro a preguntarle lo siguiente.

-¿De qué año eres? –ella esta tomando agua de su botella y me ofrece, pero niego con amabilidad.

-Tercero ¿Tu? –llegamos al pasillo central donde pretendo dirigirme hacia la biblioteca.

-Primero –me mira de un modo que interpreto como "pareces más grande"- antes estudie un par de años otra carrera –explico a lo que ella asiente.

-Bueno yo debo largarme –dice mirando su reloj de pulsera –nos estamos viendo la próxima clase, prometo no arrojarte café de nuevo –bromea recordándome el incidente de hace un rato.

-Eso espero, de lo contrario tendré que ponerte una orden de alejamiento –Sonríe.

-Bonito acento americana, suerte con tu tarea –da media vuelta sobre sus talones y camina rápido para llegar a tiempo.

Pretendo sacar un libro de algebra para hacer algunos ejercicios por la tarde, así que para esperar la hora de almuerzo me dedico a buscar buenos ejemplares en la biblioteca, aprovecho de revisar mi correo en los computadores de la facultad y luego me dirijo al patio central de la escuela donde Jazz y yo hemos acordamos juntarnos.

Reviso la hora en mi teléfono y son diez pasado la una de la tarde, hemos quedado a la una con quince. Mientras bajo la escalera observo el lugar en busca de su radiante sonrisa entre las decenas de estudiantes que hacen vida social.

Entonces lo veo.

Esta junto Jasper en una banca.

Su cabello desordenado se inclina levemente hacia la derecha mientras unos lentes de sol cubren sus ojos, se ríe despreocupado y sus dientes blancos hacen que el lugar se vea un poco menos oscuro. Me he quedado de piedra a la mitad de la escalera. Es una sensación que difícilmente podría explicar pero el corazón se me ha detenido, el estómago se me ha apretado y los pies pegado al piso.

¿Alguna vez han tenido la sensación de que hay algo que marca una antes y un después? ¿Como si antes de algún evento su vida realmente no tenía sentido?

Pues aquello es precisamente lo que siento en este instante, no tengo idea de quien es aquel chico, no se su nombre, su edad o a que se dedica, no lo había visto en mi perra vida antes de hoy, pero de algo estoy segura.

Me enamoraré de él.

Me llamarán loca, pero es la verdad, lo siento, cada célula de mi cuerpo lo hace y me aterra, porque lo se, porque no puedo evitarlo. Quiero correr escaleras arribas y esconderme en el baño.

Sin entender por qué, veo que me sonríe a mi directamente. Sacudo levemente mi cabeza intentando volver al mundo mientras observo a Jazz ponerse de pie.

Soy tan estúpida, aquel chico debió verme observarlo como si estuviese mirando el mundo por primera vez. Siento la sangre fluir hasta mis mejillas así que para evitarme la vergüenza termino de bajar los escalones mirando el piso hasta llegar abajo justo cuando mi compañero llega a mi lado.

-¿Estás lista entonces? –pregunta un sonriente Jasper. No se qué decir, siento que no recuerdo como hablar, así que en vez de balbucear algo asiento en silencio con una media sonrisa. Me obligo a no voltear para ver al chico al igual que a mantener la boca cerrada para no preguntar nada sobre él. Mi cabeza es una nube de ideas e imágenes, como si hubiesen tomado todos mis pensamientos, ideas y conocimientos para sacudirlas dentro de una batidora –Bella? –abro los ojos para mirarlo perdida, se ríe de mi poca concentración –¿En qué piensas? No has escuchado nada de lo que te dije.

Sonrío avergonzada mientras me busco una excusa –Lo siento, es solo que pensaba en que extraño un poco a mis amigos –suelto lo primero que se me ocurre puede funcionar, las palabras salen torpes y atropelladas. El asiente, su rostro se ha vuelto menos sonriente, compadeciéndome y me siento culpable por mentirle de esa forma –pero no es nada, se me pasará pronto –aseguro sin dejar de retorcerme la cabeza con la sonrisa de ese chico.

-Tengo una idea –dice volviendo a sonreír, alzando sus ojos azules y brillantes hasta mi –el jueves de la próxima semana un amigo está de cumpleaños, puedo llevarte para que conozcas a mi grupo de amigos y salgas de ese lugar solitario en el que pasas tu día –me dan ganas de echarme a llorar, Jazz es tan dulce que mi corazón no lo soporta, hago una nota mental de no permitir que se aparte de mi jamás, la doblo y la escondo en un recoveco de mi corazón -¿Qué opinas?

-Me parece fantástico –acepto sonriéndole de vuelta.

El almuerzo es muy grato, realmente disfruto la compañía de Jasper como la de pocas personas, me genera la sensación de que somos amigos de toda la vida. Me comenta que tiene un hermano que vive con su madre al que ve muy poco, me pregunta si yo tengo algún hermano o hermana, le digo que no aunque siempre desee tener uno. Y no miento, he pasado años de mi vida pensando que si tuviese una hermana quizás no me sentiría tan sola, me he imaginado a una chica de mi altura con cabello liso y piel un poco más oscura que la mía jodiéndome día y noche, pasando las tardes de verano conmigo conversando, riendo, quizás una hermana es lo que me ha hecho falta.

La clase de Física posterior al almuerzo es horrorosa, se que la odiaré, el profesor es un idiota de primera, lo he oído al menos tres veces contestando de manera irónica a preguntas de algunos estudiantes. Observo a Jasper a mi lado tomando nota de los libros que indica el profesor. Lo escucho hablar de su doctorado en ciencias y como su línea de investigación toma la teoría astrofísica, formación de galaxias y honestamente no se que más porque no me interesa.

Trazo flores en el borde de mi cuaderno, sin darme cuenta la imagen de aquel chico aparece de golpe y la respiración se me acelera.

Es la sensación más extraña del mundo, nunca, y cuando digo nunca es nunca, en la vida sentí algo como esto. Como si lo conociera de otra vida, como si mi alma se hubiese alegrado de reencontrarse con él. En estos momentos la reencarnación no se me hace tan estúpida.

Cuando salimos de clase, Jazz me indica que debe pasar a comprar un par de libretas para ejercitar a una librería cercana, me ofrezco a acompañarlo y el no duda en aceptar, probablemente pensando en que de aquí me voy directo a mi arriendo para pasar otra tarde sola. Pero en hacer la compra no tardamos más de veinte minutos. Le indico que uno de estos días podía ir a conocer el lugar donde vivo y podríamos empezar a estudiar para los ejercicios de clase que empiezan a corrernos desde la próxima semana.

Cuando me siento en el bus veo por la ventana a Jazz alejándose y apoyo mi cabeza contra el vidrio.

¿Quién soy?

Recuerdo la tarea de artes, no estoy segura qué contestar. Pienso los treinta minutos de camino a casa qué responder a esa pregunta, pero honestamente no lo se. En cuando llego a la calle Elizabeth Ave apuro el paso. Subo las escaleras corriendo y entro a mi habitación cerrando la puerta de golpe, son casi las seis y probablemente la señora Williams aun no ha llegado, tomo un cuaderno, un lápiz y de un salto llego a la cama que no he hecho esta mañana.

¿Quién soy?

Escribo arriba de la hoja.

Mi nombre Es Isabella Swan, soy estudiante de primero de ingeniería civil en la universidad de Londres. Vengo de

Me detengo y me siento estúpida, tacho todo lo que escribí y arranco la hoja para empezar de nuevo.

¿Quién soy?

No podría responder eso, o sea, podría presentarme, decir mi nombre, mi edad, de donde vengo y lo que hago, pero no quiero solo contestar lo que soy para el resto, o lo que hago por cumplir al mundo, no quiero responder lo que pienso, quiero responder lo que siento, no sería honesta conmigo misma de lo contrario. ¿Qué siento? Vacío, un vacío profundo. Y creo que es precisamente por el hecho de que no se quien soy ni qué quiero. Nunca lo he sabido, pero he fingido conocerme para demostrarle al mundo que tengo habilidades, que puedo ser mejor que cualquiera. Por algún motivo ahora, eso no me hace feliz.

Cierro el cuaderno y miro al techo.

Quizás mi dirección es incorrecta, quizás estoy buscando el camino equivocado. ¿Qué es lo que busco? Me pregunto mientras una pena profunda me llena el pecho. No tengo ni la menor idea, pero juro que lo encontraré cueste lo que cueste.


Bueno, partiré agradeciendo a las lectoras que tengo, porque son lo que me motivan a seguir publicando, Nani yo te amo, no sabes lo feliz que me hizo ver que lectoras antiguas estaban para leerme de nuevo, así que agradezco tu comentario enromemente 3.

les traigo el segundo capítulo de esta historia que como ya he dicho antes, me resulta bastante especial. No se que opinan de ella, por lo que me gustaría pudieran decirme si les agrada, o si le cambiarían algo. A diferencia de la mayoría de los fics que he leído y que he escrito, esta historia se desarrolla muy paulatinamente, y es porque el crecimiento personal es un proceso lento, espero que estos capítulos sirvan no solo como entretención sino que los hagan cuestionarse un poco si su vida es lo que realmente desean, a veces es bueno darnos un tiempo para conocernos a nosotros mismos y amarnos. Por ahora los dejo y espero de corazón que disfruten la lectura. 3 Cambio y fuera.

pd: un review nunca está de más n.n