Hacía tres semanas que habíamos llegado a Inglaterra y tenía que admitir que este país me generaba curiosidad. Pero lo malo era que no podía caminar libremente por las calles londinenses ya que, según mi padre, podía ponerme en peligro. Al principio tuve muchos enfrentamientos y peleas con mi padre, ya que al ser vampira tenía la suficiente capacidad de cuidarme por mi misma y gracias a mi entrenamiento estaba lista para defenderme ante cualquier ataque. Pero él no había escuchado mis objeciones, así que finalmente me toco resignarme pero con el alivio de que cuando fuera a cumplir mi misión tendría libertad total para investigar y ver parte del mundo mágico. Por ello la única vez que podía salir (a cazar), lo hacía con la compañía de mi padre Armand, Shane y algunos vampiros que pertenecían a la guardia real de la familia.

Una semana antes de la entrada al colegio mi papa llego con un sobre para mí. Por un segundo mire la carta extrañada, pero luego la cogí con avidez y la abrí. En ella decía:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA

Señorita Grey:

Es un placer informarle que ha sido aceptada en el Colegio Hogwarts de Magia, para cursar octavo. Tenemos informado que había estado en otro colegio en el extranjero. Anexado esta la lista del equipo y libros que necesitara para poder iniciar su estudio.

Las clases comienzan el 1 de septiembre. La lechuza que confirme su asistencia debe ser enviada antes del 31 de Julio.

Muy Cordialmente,

Minerva McGonagall

Directora.

Sentí una emoción que me recorrió todo el cuerpo, y levante la vista hacia mi padre. El me miraba serio y frió como era habitual en él, pero note una pequeña chispa de orgullo en el fondo de sus ojos.

-Padre.-Dije.- ¿Cómo saben ellos exactamente dónde estoy y como me llamo?

-El día que llegamos le escribí una carta a la directora, informándole acerca de que habías llegado al país y que querías estudiar en Hogwarts.

-¿Y cómo hiciste para que creyeran la historia de que soy Selene Grey?-Pregunte interesada.

-Lo hice por medio de una carta que tu madre había escrito poco después de que tú nacieras.-Dijo y atisbe dolor en su semblante.

Volví mi vista a la carta, pero está a vez a examinando la lista de materiales, tratando de mitigar la añoranza y la tristeza que sentía. Me concentre en todo lo que me pedían. En mis estudios vampíricos había aprendido cosas elementales de los magos y lo que hacían, pero al ver todas esas cosas me di cuenta de que había muchas cosas que me faltaban por aprender.

-¿Dónde conseguiré todo esto padre?-Pregunte.

-Tranquila te llevare a comprar las cosas mañana.

-Si señor.-Conteste.

Seguí organizando mis cosas, pero con la mente en la carta que me habían enviado. Cada vez me entraba más curiosidad acerca del colegio al cual iba a asistir. Recordaba muy poco las historias que mi madre me había contado de Hogwarts cuando era niña. La mejor noticia que ella pudo recibir antes de morir, era que yo había heredado la magia que ella poseía. Pero hasta ahora nunca se habían manifestado mis poderes de esta manera.

Desde que había llegado a Inglaterra me sentía diferente. Según mi primo era la magia acumulada en mi cuerpo, que trataba de salir. Basta Selene, me dije en mi fuero interno, deja de pensar en eso. Deje esos pensamientos a un lado y me reuní con mi primo en la sala, donde nos quedamos hasta que mi papa volvió con los guardaespaldas.

-Ya está todo listo para mañana.-Lo miramos intrigados y continuo.-Lo primero que debemos hacer es ir al banco de Gringotts, en donde se encuentra la bóveda que tu madre dejo para ti. Después compraremos todo lo que necesites.

-Papa, ¿Es muy importante la varita?-Pregunte.

-Es la forma como el mago hace magia. Sin ella no puede hacer nada. Ahí es donde tenemos una ventaja sobre ellos, ya que al desprenderse de ella se vuelven prácticamente inútiles.

-Tío, ¿Estás seguro de que no puedo ir con mi prima?-Pregunto Shane.

-No lo mejor es que no vayas. Te podrían descubrir fácilmente. Además te necesito para que realices tus propias misiones aquí en Londres.

-Si señor.-Contesto mi primo con resignación. Me levante, me despedí de mi familia y subí rápidamente las escaleras hasta mi habitación.

Al entrar observe lo que en un tiempo había sido la recamara de mi madre. Las imágenes daban a entender que era la habitación de una adolescente. Me gustó mucho cuando la vi el día que llegue, ya que esta era la única casa que mi papa poseía aquí. Era una casa grande de tres pisos con un pequeño jardín. Todo estaba decorado de rojo y de dorado, lo cual me extraño bastante ya que en el castillo Drácula la habitación de mis padres tenían colores obscuros así como el resto del castillo. Pero lo más raro de todo era la imagen de un león en el cobertor de la cama de mi madre.

Sin darle más vueltas al asunto me acosté. Esta era otra ventaja de ser una híbrida, podía dormir. No tanto como un humano pero por lo menos con unas tres o cuatro horas de sueño me recuperaba completamente. Pobre mi papa y mi primo, ya que al ser vampiros puros no pueden dormir. Fue mi último pensamiento antes de caer en un profundo sueño.

Me desperté y mire por la ventana. Aún estaba obscuro. Pase la vista de la ventana al reloj, donde decía que eran las cuatro de la mañana. Me levante completamente recuperada y me apresure a vestirme.

Escuche varias voces que provenían del comedor y baje. Encontré a mi padre hablando con los vampiros de la guardia acerca de lo que iban a hacer.

-Es crucial que se mantengan en la entrada o los magos podrían sospechar al ver a tantas personas.-Dijo y levanto la vista. Sabía que él ya estaba al tanto de mi presencia por mi olor y el leve sonido de mis pasos. Ese era el principal problema por el cual nunca me había podido fugar del castillo, por el oído y olfato de mi padre.

-¿Ya está todo listo?-Pregunte fingiendo desinterés.

-Si ya la guardia está completa.-Caí en cuenta de que no estaba Shane por ninguna parte, así que le pregunte a mi papa.-No te preocupes por el.-Dijo.-Él nos va a alcanzar luego, ya que tiene algo que hacer.

-Entonces lo mejor es que vayamos saliendo.-Resolví mientras me dirigía hacia la puerta, pero uno de los guardias me detuvo.

-¿Adónde vas?-Pregunto mi padre.-No hay necesidad de salir porque adónde vamos se llega por otra parte.-Dijo y me señalo la chimenea.

-¿Qué?-Pregunte acercándome a la chimenea.-Tu debes estar bromeando.-El negó con la cabeza.- ¿Y qué quieres? que me ponga a trepar por la chimenea para poder salir.-Dije con ironía.

-Claro que no, porque no podemos entrar a ese lugar por la puerta principal.-Cogió una maceta que tenía un polvo grisáceo. Por el olor me di cuenta que no era un polvo común.-Esto se llama polvos Flu. Sirve para transportarse de un lado a otro por medio de las chimeneas. Lo único que tienes que hacer es entrar en ella, decir el lugar a donde vas y arrojarlos.

-¿En serio?, ¿Cómo lo sabes?

-Porque aprendí mucho de ellos.-Dijo mi padre con brusquedad.

-Muéstrame como se hace.-Le conteste del mismo modo.

Cogió un puñado de ese extraño polvo y se acercó a la chimenea. Me acerque para poder ver cada paso que el daba y poder imitarlo. Apenas estuvo adentro grito ¡CALLEJÓN DIAGON! Y unas llamas de color verde esmeralda aparecieron y se lo tragaron. Un minuto después ya no había rastro de mi padre.

Mire horrorizada el lugar donde hace un minuto estaba mi padre, pero al escuchar risas voltee hacia los guardaespaldas.

-¿A dónde se fue mi padre?-Pregunte con voz amenazante. Ellos dejaron de reírse y uno me contesto.

-En este momento debe estar en el Callejón Diagon princesa.

Ignore la última palabra ya que no me gustaba que me dijeran así, aun cuando fuera una princesa.

-¿Qué tengo que hacer?-Pregunte. Ellos me señalaron la maceta y me acerque hasta ella. Cogí un puñado del extraño polvo y de forma vacilante entre en la chimenea.

-Ok aquí voy.-Dije.- ¡CALLEJÓN DIAGON!

Apenas solté los polvos sentí como si se hubiera abierto un hueco por la chimenea que me succionaba y no pude evitar soltar un pequeño grito. Lo siguiente que vi fueron muchas chimeneas pasando a gran velocidad, pero debido a mis ágiles ojos pude seguir todos los movimientos que se daban en ellas. Al final salí despedida de la última chimenea, y me topé con la mirada de mi padre.

-Tardaste mucho.-Me dijo severo. Le fruncí el ceño y me levante sacudiéndome el hollín que se había pegado a mi ropa. Luego mire a mí alrededor, era una tienda pequeña llena de artilugios extraños, pero por la ventana podía ver muchas personas pasando de un lado para otro, de forma apresurada.

-¿Dónde estamos?-Pregunte mientras volvía a recorrer la tienda con mis ojos. Aquí y allá veía pedazos de animales, escobas rotas, frascos de cristal con ojos grandes y pequeños. Di un paso hacia la puerta del local, pero mi padre me detuvo.

-Escúchame Selene.-Dijo.-Cuando salgas de aquí te va a resultar muy difícil controlarte, así que quiero advertirte antes.-Lo mire extrañada pero el prosiguió.-Nunca has estado cerca de tantos humanos, por lo que el olor de su sangre tal vez te altere un poco y debes estar preparada.

Cuando termino supe a qué se refería, puede que yo no beba sangre humana pero sabía que el olor era mucho más fuerte que el de los animales. Trague saliva y dije:

-Tranquilo estoy bien, mejor salgamos y hagamos rápido lo que tenemos que hacer.-El asintió y abrió la puerta mientras miraba hacia todos los lados y luego me concedió el paso.

Apenas puse un pie fuera de local, sentí un fuerte ardor en mi garganta. La combinación de olores que había en el aire era tan fuerte que me había desorientado un momento, y tuve que agarrarme a la puerta para no caer. Era increíble la cantidad de esencias que podía haber en ese lugar, pero como mi padre dijo la que me pego más fuerte fue el de la sangre.

Mi nariz y mi garganta bailaban al son de tan exquisita fragancia, ambas pidiéndome a gritos que saciara esta necesidad. Mi padre me agarro y al verme abrió los ojos como platos.

-Selene contrólate, tu ojos han cambiado de color.-Dijo y me giro hasta que quede frente a un espejo. Mi boca quedo abierta al contemplar a la criatura que estaba frente. Los colmillos estaban afuera, los rasgos descontrolados y los ojos rojos y sedientos. Cerré los ojos un momento y me concentre en mitigar esa sensación y poco a poco fui recuperando la compostura. Volví a abrir los ojos y mi imagen ya estaba normal.

-Estoy bien.-Dije.

El me miro dubitativo y me hizo una señal para que empezara a caminar. Yo saque la lista de mi bolsillo y puse todos mis sentidos en el papel mientras mi padre me conducía por la calle. Después de un rato pude levantar la vista de la hoja y ante mi estaba un imponente edificio blanco que tenía un letrero en oro en la entrada, "GRINGOTTS"

-¿Qué es este lugar?-Pregunte sin dejar de admirar el edificio.

-Es el banco de los magos.-Dije mi padre de forma tajante. Entro por la gran puerta blanca y yo rápidamente me puse a su lado mientras unas pequeñas criaturas entraban y salían de pequeños cubículos. No se parecían a nada que hubiera visto antes, eran de baja estatura, con cara afilada y ojos pequeños y saltones.

-Lo que vez Selene son duendes.-Dijo mi padre adelantándose a mi pregunta. Llego hasta uno de los duendes y dijo.-Estoy aquí para reclamar una cantidad de oro que fue retirada hace unos días de la bóveda 554.

El duende miro con desconfianza a mi padre, mientras revisaba un libro que tenía encima de la mesa. Pasados unos segundos extrajo de no sé dónde una gran bolsa, que según el ruido debían haber muchísimas monedas dentro.

-Aquí tiene señor Grey.-Dijo.-Y su llave.-Añadió. Mi padre agarro la bolsa y la pequeña llave dorada que le tendían y me cogió del brazo para indicarme que saliéramos. Aguante su agarre, pero una vez afuera me solté bruscamente y dije:

-¿Qué te pasa?, ahora porque te pones así conmigo.

-No es contigo, pero tenía que sacarte rápido de allí.-Dijo exasperado.-Leí su mente y estaba sospechando algo.-Termino. Lo mire sin sorprenderme ya que sabía del pequeño poder extra que poseía mi padre. De hecho los vampiros pertenecientes a la familia real lo poseían, inclusive yo lo había desarrollarlo, pero a diferencia de los demás yo había aprendido también a como impedir que leyeran los míos.-Terminemos rápido con los materiales.-Y empezamos a caminar.

Después de casi una hora teníamos prácticamente todo lo de la lista, aunque sin quererlo atraíamos mucho la atención de las personas que pasaban cerca de nosotros. Yo puse atención a los pensamientos que pasaban por la mente de estos y descubrí varias cosas que habían pasado últimamente. Celebraciones de triunfos, encarcelamientos, peleas, asesinato, desapariciones, casamientos, entre otras. Este mundo está más mal de lo que creí, pensé. También note muchas miradas masculinas, tanto de jóvenes como personas mayores, pero las ignore concentrándome en lo que debía hacer.

Salimos de la tienda de libros para hacer la última compra del día, La varita. Recorrimos el callejón hasta casi el final, donde había una pequeña tienda con una varita en la puerta.

-Lo mejor es que entres sola.-Dijo mi padre. Asentí y entre. La luz era opaca pero igual podía ver perfectamente todo lo que había a mi alrededor, que no eran más que estantes con pequeñas cajas. Escuche pasos y una respiración que se acercaban rápidamente, hasta que por una puerta apareció un viejo canoso con ojos grandes y pálidos.

-¿Puedo ayudarla en algo señorita?-Pregunto amablemente. Aparte un momento la mirada ya que sentí el olor de su garganta (a pesar de que no oliera tan delicioso), pero en dos segundos ya estaba controlada y alce la mirada.

-Si yo vengo a buscar una varita.-Dije.-Mi nombre es Selene Grey.

-Ya sabía que se me hacía conocida.-Dijo el hombre.-Mucho gusto soy el señor Ollivander.-Me miro un momento.-Si no me equivoco hace ya más de 20 años vino una joven muy parecida a usted que tenía el apellido Grey. Probablemente era su madre.-Dedujo. Abrí los ojos por lo que acaba de decir y trate de cambiar el tema.

-Probablemente. ¿Podría escoger una varita señor?

-Veo que jamás había entrado en una tienda de varitas.-Dijo.-Algo que debe saber señorita Grey es que en Ollivander es la varita la que elige al mago.-Termino de hablar y cogió tres cajas de un estante. Me dio a elegir y escogí la de la derecha, mientras el me describía la varita.

-Acebo y pelo de unicornio, veintiocho centímetros.

Agarre la varita y de ella salieron destellos plateados y dorados. El señor Ollivander sonrió satisfecho y yo pague contenta. Pero antes de irme dijo:

-Usted va a cambiar muchas cosas señorita. Puedo ver la grandeza que lleva en la sangre.

Sin añadir otra palabra regreso a la parte trasera de la tienda. Me quede congelada por unos segundos, tratando de comprender lo que me había querido decir. Cuando supe que no podía más salí de la tienda buscando a mi padre, pero algo me hizo detener abruptamente.