Mientras caminaba por la enorme estación de trenes de King Cross, custodiada por dos vampiros encubiertos, pensaba en los acontecimientos ocurridos en la última semana. Desde el dia en que llegue del callejón Diagon me había puesto en la tarea de averiguar todo lo que pudiera sobre el mundo de los magos, leyendo los libros que había comprado. Era increíble la cantidad de hechizos que albergaban. También había aprendido varios hechizos simples, y se me daban muy bien. Pero principalmente me entrene en mi control, ya que mi padre teme que no pueda contenerme ante tantos humanos. Por eso, y solo por eso, me dejo salir esta semana, para que me acostumbrara al olor de la sangre humana. Esto hizo que mi semana fuera más interesante, ya que pude conocer un poco de este país, aunque también fue difícil y un tanto dolorosa. Obviamente no lo conseguí del todo, pero al menos podía disimularlo bien. No contento con ello mi padre mando a elaborar una poción que anulaba mis poderes e instintos de vampira durante un lapso de tiempo. ¿Podre en verdad estar sin mis poderes?, me pregunte.

-Llegamos.-Dijo uno de mis guardias sacándome de mis pensamientos. Mire hacia donde me señalaban. En frente de mí estaban los andenes con los números nueve y diez, pero en ninguna parte se veía el número nueve y tres cuartos. Recordé las indicaciones de mi padre y voltee hacia los "guardaespaldas".

-Tu padre manda a decir que se comunicara contigo apenas llegues, y que hablo con la directora acerca como iba a ser tu estadía.-Contesto el más alto. Hice un rápido asentimiento con mi cabeza, dándole a entender que ya lo sabía y les di la espalda.

Cogí mi carro y por primera vez en mi vida hice un poco de fuerza para poder empujarlo hasta el muro que dividía las estaciones. Cuando estaba a punto de estrellarme lo atravesé, apareciendo en otra estación. Detuve el coche y sin inmutarme, aparentemente, mire la gran locomotora escarlata que estaba ante mí.

Observe por un momento a las familias que, emocionadas, ayudaban a sus hijos a subir al tren, hablaban entre ellos, usaban sus varitas y mostraban sus mascotas. Una vez más me extraño la ropa que usaban, ya que todas eran túnicas y de los colores más extravagantes que se puedan encontrar. Empecé a caminar entre los magos, sorprendida de lo poco perceptivos que eran, ya que no notaban la presencia de un ser de la noche.

Cuando llegue al final del tren (entre más apartada mejor), me di la vuelta una vez más, analizando el ambiente al cual tendría que acostumbrarme pronto. Pero mientras indagaba acerca de estas raras y fascinantes criaturas, sonó un silbido proveniente del tren y las despedidas se volvieron más efusivas. Alarmada me acerque a la última puerta que se encontraba al final y sin pensarlo aborde con mi equipaje.

Al estar casi al final aún quedaban varios compartimientos libres, asi que me acomode en el más alejado, y solo pude respirar tranquila cuando cerré la puerta detrás de mí. Tal vez esto sea más complicado de lo que pensé, me dije.

Acomode mi equipaje y mire por la ventanilla. El tren ya había comenzado a moverse y lo último que vi fue una numerosa familia de pelirrojos, que extrañamente se me hizo familiar. Negué con la cabeza ante esa posibilidad y me senté. Con los músculos tensos decidí probar una vez más si la poción era efectiva, y respire lentamente por la nariz. Los olores de mis pertenencias y de los asientos eran los únicos que lograba percibir. Aliviada mire por la ventana dejándome absorber por el bello paisaje.

Luego de un rato me aburrí y saque unos de los libros que había traído que era la historia de Hogwarts. Hasta ahora no había podido leerlo por todo el entrenamiento, pero este momento era perfecto para empezar. El tema que más me interesaba era el de las casas, ya que según esto me pondrían en una de ellas apenas llegara y que necesitaba ciertos requisitos para pertenecer a cada una de ellas. Interesante, ¿será que una semivampira y semibruja cumplirá con alguno de los requisitos?, pensé de forma irónica.

Inconscientemente me toque la garganta, un poco incomoda por la cantidad excesiva de sangre que había tomado la noche anterior. No importaba que me hubieran fabricado una poción, igualmente no me iba a arriesgar a estar cerca de las personas sin saciar mi sed. Por ello había organizado una improvisada salida nocturna, donde cace a cuanto animal se me cruzara. A consecuencia de ello no sentía hoy ni hambre ni sed, lo cual podría despertar alguna sospecha.

Aparte de la incomodidad, sentí un extraño retorcijón en la boca del estómago. Hambre no debía ser, asi que descarte esa opción. Deje mi libro en la silla y saque mi maleta. Aparte de mis cosas y la poción (que ocupaba un considerable espacio en mi maleta), no había nada de comer para calmar esta sensación. En alguna parte de este tren debe haber comida, deduje, ya que al haber tantos humanos sería ilógico que no hubiera nada comestible.

Guarde mis cosas rápidamente y me asome por la puerta corrediza. No había ninguna alma a la vista, aunque al tener privados mis ultra sentidos, bien podría haber alguien por ahí. Tampoco podía usar la lectura de mentes aunque una vez que pasara un poco la poción, sería prácticamente el único poder que tendría. Arriesgándome salí con rapidez al pasillo. Saque rápidamente mi pose de serenidad y camine a lo largo del estrecho corredor.

Al pasar por los compartimientos, veía a niños, niñas y jóvenes, todos hablando del castillo, de vacaciones o conversando con una palabra bien rara. Quidditch. No tenía idea de lo que significa, pero guarde ese término en mi memoria para poder buscarlo más tarde.

En algunas ocasiones los pasajeros miraban justo cuando pasaba por enfrente de ellos, y en sus caras aparecían muecas que los hacían ver aún más raros. Cuando se hizo más seguido note un leve sonido en el fondo de mi cabeza, producto de las voces mentales que circulaban a mí alrededor. Miraba hacia ambos lados sin saber si debía mostrarme enojada, serena, fría o ignorarlos por completo. Al final opte por ignorarlos y continúe mi camino sin distraerme.

Casi al principio del vagón vislumbre un gran carro, repleto de comida y con una señora rechoncha atendiendo. Me acerque cuando ella entraba en uno de los compartimientos (que extrañamente era más grande que los demás), y quede detrás de ella. Mire los dulces que exhibía tratando de recordar si había comido alguno de esos antes.

-Deme de todo.-Escuche una voz fría que arrastraba las palabras. La cara asustada de la señora apareció ante mí rápidamente.

-Hola encanto, ¿Se te ofrece algo?-Pregunto con amabilidad y ¿Alivio?

-Sí, quisiera saber que son estos…

-A ver vieja gorda ¿no ve que pedimos primero?-Me interrumpió una voz chillona de chica.

La señora volvió a asustarse y cogió lo solicitado y se dio la vuelta para entregar la comida. Cuando termino se alejó un poco y pude tener una visión completa de la gente que ocupaba el compartimiento.

Eran seis jóvenes, (4 chicos y dos chicas), que estaban relajados en sus asientos, con gestos que iban desde la indiferencia total hasta el deprecio más evidente. Uno de los chicos de la ventana volteo levemente hacia donde me encontraba y, con un golpe a dos de sus compañeros, me señalo.

-Vaya que tenemos aquí.-Dijo el moreno que estaba junto a la puerta.-Hola linda no te había visto antes, ¿Eres nueva?-Pregunto con coquetería. Antes de que pudiera contestarle todas las miradas se posaron en mí. Las únicas que se mostraban enojadas eran las chicas que no tardaron en decir:

-¿Qué estás haciendo Blaise?, no sabías que no es bueno hablar con corrientes como esta.

-No te atrevas a decirme corriente.-Amenace mientras me giraba hacia una chica con tez moreno y pelo negro.-Porque si hay alguien corriente en este tren serás tú. Aparte de creída, egocéntrica y chillona.-Termine con una sonrisa fría.

Un movimiento casi imperceptible llamo mi atención en ese momento. Uno de los chicos que miraba hacia la ventana giro levemente hasta que sus ojos se encontraron con los míos. Eran de un color gris parecido al de la plata, que reflejaban dureza e indiferencia. Levanto la ceja derecha y me recorrió completamente con la mirada, para luego centrar su atención nuevamente en la ventana.

Sin decir nada más, salí de ahí me dirigí hacia la señora, cogí lo primero que vi y lo pague. Regrese a mi compartimiento en menos tiempo del que había usado antes y comí lo que había comprado, sin preocuparme de lo que era mientras afuera se hacía de noche.


DRACO P.V.O

¿Podía alguien tener tan mala suerte?, ¿Acaso existía algún hechizo que te maldijera de por vida?, me pregunte mientras veía por la ventana. No era posible que una vez más estuviera en el tren de camino a ese insoportable lugar que se hacía llamar colegio. Durante y después de la guerra mi vida se convirtió en un completo infierno. Aunque ya no estuviera el Señor Tenebroso, siempre seria clasificado como mortifago, y mi apellido estaría siempre repudiado por toda la comunidad mágica. Inconscientemente pase mi mano por mi antebrazo izquierdo, sobre la marca tenebrosa que estaría ahí durante toda mi vida (o lo que queda de ella).

Por culpa de todo esto ahora mis padres se encontraban en Azkaban. A mí también me hubieran llevado, de no ser porque no tuvieron las pruebas suficientes para inculparme. La mansión, las empresas y toda la herencia de los Malfoy ahora me pertenecía. Pero antes de poder renunciar a todo me había llegado una carta de Hogwarts, donde prácticamente me obligaban a volver. Y aquí estaba de camino a mi último curso, con mis ya dieciocho años.

-¿Qué te pasa Draco? Te noto muy callado.-Dijo Pansy.

-Que no te sorprenda eso Pansy.-Intervino Zabini.-Tu sabes ya como es el.

Ignore la nueva pelea que se iba a formar entre estos dos y despegue la vista de la ventana. En el compartimento se encontraban: Theodore Nott, Astoria Greengrass, Blaise Zabini, Gregory Goyle, Pansy Parkinson y yo. Éramos los únicos mortifagos que habíamos quedado libres. Como a todo el mundo la batalla nos había dejado secuelas, pero tratábamos de no mostrarlas. Por mi parte no cambiaría, seguiría siendo el príncipe de Slytherin, orgulloso y arrogante.

-Draco ¿Por qué no salimos de aquí y nos vamos a otro sitio más divertido?-Me susurro Astoria al oído. Una sonrisa de medio lado apareció en mi rostro al reconocer la insinuación en su tono de voz.

-Tal vez luego.-Dije sin mirarla.

-¿Se les ofrece algo del carrito?-Nos preguntó la señora del carrito apareciendo por la puerta. Incluso sin leerle el pensamiento pude adivinar el terror en su cara al hacer esa pregunta. Le conteste despectivamente y esperamos. Luego de unos momentos nos entregó los dulces y empezó a retirarse. Cogí una rana de chocolate y volví a ver hacia la ventana.

-Vaya que tenemos aquí.-Escuche la voz de Blaise.- Hola linda no te había visto antes, ¿Eres nueva?-Pregunto.

No puse interés en la conversación, hasta que escuche los pensamientos de Zabini y de Nott. Ambos se comían con la mirada a una chica que parada ante nuestra puerta, nos miraba con interés y sospecha. Me resulto imposible la imagen que proyectaban sus mentes, ya que aparte de mí mismo no había visto a nadie con tanta perfección. Pero antes de que pudiera verla con mis ojos Pansy la insulto. Como todos los de este colegio, probablemente se enojaría y se marcharía diciendo que los de Slytherin eran de lo peor.

Pero su respuesta me sorprendió, ya que no sentí la intimidación en su voz, sino determinación y amenaza. Me gire un poco hasta encontrarme con la mirada de la extraña. Al parecer los demás no estaban ciegos, ya que se veía igual que en sus mentes. Me encontré con sus ojos, que tenían un color dorado ocre. Jamás pensé que existirían otros ojos con un iris tan único como los míos. No me detuve ahí y la mire de arriba abajo, pero luego perdí el interés y mire hacia el paisaje.

-¿Quién se cree que es esa estúpida?-Dijo Pansy con furia, mientras los demás se reían. Con disimulo forme una sonrisa burlona, por lo ridícula que había quedado.- ¿No sabe con quién está hablando?

-Tal parece que no, por lo que te dijo.-Dijo Theodore entre risas.

-Cállense.-Dije fastidiado y en el acto me obedecieron.-Ya hay que cambiarnos.

Ya puestas las túnicas con el símbolo de Slytherin esperamos a que el tren se detuviera. Cuando lo hizo cogí mis cosas y camine con mi garbo habitual hasta bajar a la estación, en donde la mayoría de estudiantes me lanzaron miradas de miedo y rabia. Sin detenerme continúe mi camino con los demás pisándome los talones hasta llegar a los carruajes. Mire por un segundo los enormes caballos negros, recordando la muerte de Dumbledore.

-Draco.-Me llamo Blaise. Aparte mi vista y entre al carruaje.


SELENE P.V.O

El tren comenzó a detenerse mientras afuera el cielo nocturno brillaba debido a las estrellas. Las contemple un momento sintiéndome más serena, ya que la obscuridad era el mejor ambiente para mi especie. Me puse la vestimenta de los magos y espere hasta que finalmente el tren se quedó quieto. Escuche los cientos de pasos y de voces que recorrían el pasillo, y espere hasta que todos hubieran salido.

Cuando deje de escuchar esos sonidos abrí la puerta de mi compartimento, mire nuevamente hacia ambos lados y salí. En la estación ya casi no quedaban estudiantes, excepto por algunos niños que estaban saltando emocionados alrededor de un gigante que trataba de calmarlos. Levanto la vista hacia mí y en menos de lo que creí posible, se me acerco. Instintivamente retrocedí y adopte mi postura defensiva. Él se detuvo a unos pasos y dijo:

-Hola ¿Es usted Selene Grey?

-¿Por qué pregunta?, ¿Quién es usted?-Pregunte a mi vez con desconfianza.

-Mi nombre es Hagrid profesor de cuidado de criatura mágicas y guardián de las llaves y terrenos de Hogwarts.-Dijo con amabilidad, pero aun asi no deje de estar en guardia.

-¿Qué es lo quiere?-Pregunte en tono frio.

-Solo venía a traerte un mensaje de la directora McGonagall. Tranquila no te va a pasar nada.-Dijo. Sin perderlo de vista me enderece y espere a que continuara.-Ella dijo que subas a los carruajes y que cuando llegues al colegio ella estará en la entrada esperándote.

-De acuerdo.-Dije.

Camine hasta donde él me dijo y vi un carruajes jalado por dos caballos esqueléticos, grandes y negros. Intrigada me acerque hasta donde estaban y alargue mi mano. El caballo bufo desconfiado por mi mano, pero luego de unos segundos su hocico choco contra mi palma abierta. Sorprendida lo acaricie un rato hasta que recordé que debía subir.

Apenas me senté el carruaje empezó a moverse rápidamente, y ante mis ojos apareció un enorme castillo, tan grande como el mío que estaba en Transilvania. Al estar sola me permití mostrarme sorprendida y emocionada, porque no sabía lo que me esperaba pero eso solo aumentaba mi ansiedad.

Cinco minutos después estuve frente a la entrada de Hogwarts, sus enormes puertas chirriaron y permitieron el paso del carruaje hasta una escalera en donde se encontraba una mujer. Vestía una túnica larga y obscura y su rostro se mostraba serio pero con una pequeña sonrisa en la comisura de los labios.

-Usted debe ser la señorita Grey.-Dijo apenas me baje. Asentí con la cabeza y mire nuevamente hacia los caballos.

-¿Qué son esos caballos?-Pregunte.

-Son Thestrals.-Dijo.-Son unas criaturas mágicas que solo pueden ser vistas por aquellos que han visto la muerte.

Sin despegar la vista del caballo, pasaron por mi mente muchos asesinatos perpetrados por vampiros que yo vi, a pesar de no haberlos cometido. Sangre, cadáveres y gritos llenaron mis ojos y mis oídos. Me parte del caballo horrorizada y con lágrimas en los ojos pero me recompuse antes de que me descontrolara y terminara haciendo algo que me pudiera descubrir.

-No se preocupe, no hay porque asustarse.-Me aseguro. Si viera lo que yo acabo de ver no diría lo mismo, dije en mi mente.-Por favor sígame.

Moví mi cabeza varias veces, intentando sacarme esas imágenes de mi cabeza y la seguí, dirigiendo una última mirada hacia el thestral. Sus ojos lechosos me miraron profundamente, como si quisiera decirme algo.

Volví la vista hacia el vestíbulo del castillo, el cual conducía a una enorme puerta y por otra parte a unas escaleras. La profesora se detuvo, pero antes de decirme algo aparecieron tres chicos por la puerta, corriendo apresurados. La directora los miro severa y dijo:

-Señor Potter, Señor Weasley y Señorita Granger, ¿Qué hacen ustedes fuera del comedor?

-Directora McGonagall esto tiene una explicación.-Dijo la chica con pelo castaño y revuelto. Ya he visto a estos chicos antes, me dije, ¿Pero dónde?

-Lo que pasa es que al haber tantos niños nuevos, se nos dificulto coger un carruaje.-Dijo el chico moreno y de ojos verdes.

-¿Esperan que me crea eso?-Dijo la profesora.

-Es la verdad.-Dijo el chico más alto y pelirrojo.

-No tengo tiempo para ponerme a hablar con ustedes.-Dijo.-Entren y acomódense en su mesa.

Al pasar los tres dirigieron su mirada hacia mí y se detuvieron. Yo los mire tratando de recordar si los había visto antes, pero no lo conseguía.

-¡Rápido!-Los apresuro la profesora y les abrió la puerta. Dejaron de mirarme para mirarse entre ellos y obedecieron.

-Bueno señorita Grey. Ya que usted es nueva le debemos hacer la selección de su casa. Por favor espere aquí hasta que la llame ya que primero van los más pequeños.

Apenas termino de decir eso, aparecieron por las escaleras de la entrada veinte niños con los rostros enrojecidos y temblando de la emoción. Me aleje de la puerta que se abrió para dejarles paso. Con ellos se fue a profesora McGonagall y la puerta se cerró y me quede completamente sola.