Capítulo 1


Nami Hikari ni siquiera habría pensado en ello si no hubiera visto desnudo a Monkey D. Luffy , su mejor amigo y confidente.

Durante las últimas semanas se habían encontrado cada día en el estanque de Luffy para nadar un rato por la tarde. Pero ese día era más pronto de lo normal, porque no había habido colegio, sino citas con los padres de los niños. A las dos Nami había tenido una reunión con los padres de sus pequeños alumnos, y su trabajo había terminado pronto.

Se había puesto el bañador en los vestuarios del colegio y después había conducido hasta la casa de Luffy.

La camioneta granate de su amigo estaba aparcada frente a su atractivo rancho blanco, pero en vez de entrar en la casa se dirigió a su oficina, situada en el granero. Luffy era el único veterinario de la pequeña ciudad de Rafthel y casi siempre se le podía encontrar en el granero, haciendo papeleo con el ordenador o cuidando a algún animal.

Pero tampoco estaba allí, así que Nami fue hacia el estanque que durante las últimas semanas les había proporcionado algo de alivio ante el calor inusual de la primavera. Al acercarse oyó chapoteos, pero los arbustos de zarzamoras le impedían ver el agua.

Rodeó los arbustos y se quedó helada al ver a Luffy. Estaba de pie en un pequeño embarcadero de madera, le daba la espalda y era evidente que se había estado bañando sin ropa.

El sol de la tarde jugaba con sus hombros amplios y bronceados y con su cintura delgada, mientras acentuaba la musculatura de su trasero y de sus piernas. Nami ahogó un grito y se escondió tras los arbustos, sintiendo que el corazón le latía a toda velocidad. Siempre había sabido que Luffy tenía un buen físico, pero nunca se había dado cuenta de que era tan atractivo.

«Ya basta», se dijo. Era Luffy… Luffy, su mejor amigo, el que le había sostenido la frente cuando ella había vomitado a los dieciséis años por beber demasiado licor de endrina. Luffy, su confidente, el que había escuchado todos sus miedos cuando le habían diagnosticado cáncer a su madre un año atrás, una enfermedad que afortunadamente estaba remitiendo.

Muy bien, eso le había servido para recordar que Luffyno sólo era su mejor amigo, sino que también era un hombre. Respiró profundamente para recobrar la calma y gritó:

—¡Hola, Luffy!, ¿estás ahí?

—Nami… espera un momento, no estoy presentable.

—Tú nunca lo estás —contestó ella esforzándose por conseguir el tono burlón que siempre había marcado su amistad.

—Muy bien. Ya puedes venir —Nami rodeó los arbustos y lo vio de pie en el embarcadero, pero esa vez llevaba unos pantalones cortos vaqueros—. Has llegado antes —dijo mientras se sentaba en el borde, metiendo los pies en el agua.

Ella se acercó y se sentó a su lado.

—Hemos tenido reuniones con los padres todo el día y he terminado pronto. Tengo que volver esta tarde para ver a otros padres que trabajan por la mañana.

¿El pecho de Luffy siempre había sido tan ancho y siempre había tenido la cantidad perfecta de vello oscuro en el centro? ¿Por qué no se había dado cuenta antes?

—¿Has hablado con los padres de Tai Teach sobre sus problemas de comportamiento?

Nami frunció el ceño.

—Según su madre no tiene problemas. Es atrevido y está lleno de vida.

Luffy se rió y se le formaron unas pequeñas arruguitas junto a sus ojos de color negro.

—¿Le dijiste a la señora Teach que el pequeño Tai tiene todas las papeletas para ser un delincuente de primera?

Nami recogió las piernas contra el pecho y las rodeó con los brazos, evitando mirar a su amigo.

—Sólo tiene siete años, hay tiempo para salvarlo.

He decidido dedicarle más tiempo y esfuerzo, aunque no esté en mi clase el año que viene.

Con el rabillo del ojo vio que Luffy sacudía la cabeza.

—Tienes mucha más paciencia que yo, Nami. Algún día serás una madre estupenda.

Sus palabras le produjeron una punzada de dolor. ¿Cuándo?, quería gritar. ¿Cuándo tendría la oportunidad de ser madre? Tenía veintinueve años y no salía con nadie.

—Vamos —Luffy se levantó ágilmente y le tendió una mano—. Nademos un poco para quitarnos la frustración de encima.

Ella dejó que la ayudara a levantarse, se quitó la camiseta y se metieron juntos al estanque.

Durante una hora estuvieron haciendo carreras en el agua y haciéndose ahogadillas. Normalmente Nami se relajaba mucho, pero ese día era diferente, porque había visto a Luffy desnudo. Por primera vez se dio cuenta de que el sol le arrancaba destellos en su cabello azabache y de que al sonreír sus labios se curvaban de una forma muy sensual.

Había sido su mejor amigo desde el instituto, y nunca había pensado en Luffy como en un hombre… solamente había sido Luffy. Pero tenía que enfrentarse al hecho de que era un hombre increíblemente atractivo, y eso la hacía tener extraños pensamientos.

—Ha sido estupendo —dijo Luffy tumbándose de espaldas sobre el embarcadero.

—Sí —contestó Nami mientras se volvía a poner la camiseta—. ¿Cómo te ha ido el día?

—Horrible —contestó sin dudar—. Mi vida se ha convertido en una pesadilla desde que hace dos noches anunciaron en la reunión local que soy el juez del concurso Miss Vaca Lechera.

Miss Vaca Lechera era un concurso de belleza anual que se celebraba el cuatro de julio.

—¿Una pesadilla? ¿Por qué?

Él se puso de lado y se apoyó en un codo.

—¿Tienes idea de cuántas jóvenes y madres hay en esta ciudad? Tengo la nevera llena de guisos sospechosos que me han enviado desde el día de la reunión.

Nami se rió.

—Eso no es tan malo. Yo preferiría comer uno de esos guisos sospechosos antes que cualquier cosa que tú prepararas.

—Ja, ja, muy graciosa —contestó secamente mientras se sentaba—. Lo digo en serio, creo que la situación se va a descontrolar. Nefertari Vivi trajo a su gato esta tarde. Pensaba que el pequeño Duqui estaba deprimido, y se pasó la siguiente media hora explicándome por qué debería ser Miss Vaca Lechera. Ayer Tashigi me hizo una interpretación dramática en medio de la tienda de comestibles.

—El concurso es muy atractivo, no sólo por la tiara y las apariciones en público que hay que hacer durante todo el año, sino porque la ganadora también se lleva un coche, ¿no?

—Sí, un descapotable rosa, y también hay un premio en metálico de mil dólares. Todas las aspirantes de la ciudad ya están dando signos de la locura de Miss Vaca Lechera.

—Y supongo que este año es peor, porque la anterior ganadora consiguió llegar a Hollywood —una amiga de una amiga había enviado una foto de Kalifa, la última Miss, a una agencia de modelos de California. La joven había aparecido recientemente en varios anuncios de televisión.

—No, eso tampoco ayuda.

—Y eso que aún queda más de un mes para el concurso.

—No me lo recuerdes —gruñó Luffy—. En este momento podría haber una aspirante en mi cama, deseando usar sus artimañas femeninas para ganar la corona. ¡Maldito Zoro Roronoa!

Zoro Roronoa, que vivía en una finca cercana a la casa de Luffy, era un atractivo ranchero que en un principio había sido elegido el juez del concurso, pero había dimitido al casarse dos semanas antes.

—El otro día conocí a su esposa —dijo Nami—. Robin. Es muy agradable, y va a abrir una tienda de ropa de bebé en el antiguo almacén de Main.

—Todavía no puedo creer que Zoro haya dejado la hermandad de los solteros —dijo Luffy sacudiendo la cabeza—. El año que viene sugeriré al comité del concurso que escojan a un hombre casado para que sea el juez.

La idea que había empezado a germinar cuando Nami vio a Luffy desnudo comenzó a tomar forma.

—Es una pena que no estés casado ahora. Además de ser uno de los hombres más codiciados de la ciudad, ahora también eres poderoso. Una combinación embriagadora.

—Tú misma lo estás diciendo —recogió el reloj de pulsera, que había dejado en el embarcadero, y lo echó un vistazo—. Tengo que volver. Debo examinar a un par de animales.

Ella asintió con la cabeza, se levantaron y comenzaron a andar hacia el rancho. Nami no podía dejar de pensar en Luffy… tenía pensamientos muy peligrosos. Intentó desesperadamente concentrarse en el paisaje que la rodeaba, en cualquier cosa menos en lo que estaba pensando.

—Sé cómo resolver el problema de las mujeres que te asedian —dijo finalmente sin darse tiempo a cambiar de idea sobre lo que estaba a punto de sugerir.

—¿Cómo?

—Cásate conmigo.

Luffy dio un resoplido.

—Sí, claro, arruinar mi vida por un asqueroso concurso de belleza.

—Muchas gracias —contestó Nami , incapaz de evitar la punzada de dolor que sintió al escucharlo.

Luffy debió de haber notado el dolor en su voz, porque se detuvo y le tomó las manos. Aunque la había tomado las manos mil veces antes, en esa ocasión a Nami se le aceleró el pulso.

—Nami, ya sabes que no lo he dicho a propósito. Sabes lo que pienso del matrimonio. Nunca más —la soltó y siguió caminando.

Nami corrió para alcanzarlo.

—Pero esto sería diferente. Porque no sería para siempre.

Luffy volvió a detenerse y la miró confuso.

—¿De qué estás hablando?

—Sería un matrimonio temporal que nos beneficiaría a los dos —se preguntó si su amigo era consciente de lo atractivo que estaba con el cabello húmedo y peinado hacia atrás.

El la observó como si se hubiera vuelto totalmente loca.

—No es que me lo esté pensando, pero dime, ¿qué tipo de beneficio nos aportaría ese matrimonio?

—A ti te quitaría de encima la avalancha de aspirantes. Ninguna mujer aparecerá en tu cama si eres un hombre casado.

—¿Y tú que sacarías de eso?

Ella dudó un momento.

—Estaríamos casados hasta después del concurso Miss Vaca Lechera y… hasta que me dieras un bebé.

—¡Por Dios! ¿Te has vuelto loca? —se dio la vuelta y echó a andar, y Nami tuvo que correr otra vez para alcanzarlo.

—Sólo sería un matrimonio temporal —continuó ella—. Nos casaríamos como amigos y nos divorciaríamos como amigos. Tú te libras de las solteras ansiosas de conseguir la corona y yo me quedo embarazada.

—No quiero hablar de esto, es una locura —habían llegado al coche de Nami, aparcado frente al granero, y él se apoyó en el guardabarros delantero—. Nami, no soy el hombre apropiado para lo que estás pensando.

—Luffy, eres el único hombre en mi vida.

El la miró con algo de lástima.

—Cariño, algún día encontrarás al hombre perfecto, te casarás y tendrás muchos niños. Date tiempo.

—¡Ya casi no queda tiempo! —exclamó—. Y ya conoces mi historial cuando se trata de encontrar al «señor perfecto». Apesta.

—Eso es porque eres muy exigente.

—Luffy, piénsalo. Quiero que mi madre conozca a mi hijo antes de que sea demasiado tarde.

El la miró alarmado.

—¿Ha vuelto el cáncer?

—No, pero no le han garantizado que no vuelva a aparecer. Sabes cuánto deseo un bebé, Luffy. Por favor, piénsalo. Eres mi mejor amigo, ¿no puedes hacer esto por mí?

Luffy estaba atónito. Estudió el rostro de la que había sido su mejor amiga desde que tenía uso de razón, y le pareció ver a una desconocida.

—Nami, sabes que después del desastre con Hancok juré que no me volvería a casar.

Ella agitó las manos con desdén.

—Hancok era una trepa con la cabeza vacía que no te merecía.

El sonrió.

—En eso estoy de acuerdo contigo.

—Sólo sería un matrimonio temporal —repitió—. Y después no te pediría nada. Tú dame el bebé y después me marcharé feliz.

Luffy se acercó a ella y le puso una mano en el rostro.

—Nami, sabes que haría cualquier cosa por ti. Cuando estábamos en quinto le di una paliza a Arlong porque te insultó.

Nami sonrió ligeramente.

—Por lo que yo recuerdo, Arlong te hizo picadillo.

—Vale, puede que tengas razón, pero lo hice por ti. En el instituto toleré que me vistieras de etiqueta para llevarte al baile. Haría cualquier cosa por ti… excepto esto —dejó caer la mano.

Ella se encogió de hombros y le dedicó la sonrisa traviesa que a él le resultaba tan familiar.

—Sólo era una idea.

Luffy se relajó.

—¿Qué planes tienes para esta tarde?

—Tengo reuniones con los padres hasta las ocho.

Y tengo que presentar las notas finales antes de que acabe la semana y la escuela cierre por vacaciones de verano. Seguramente empezaré a trabajar en ellas esta noche. ¿Y tú?

—Probablemente comeré un poco de uno de esos guisos sospechosos y me acostaré temprano. Tengo una cirugía de castración mañana a las siete.

—¿Te parece si vemos una película mañana por la noche? —sugirió Nami. Las noches de los viernes solían pasarlas juntos, saliendo a cenar o yendo al viejo teatro de la ciudad.

—¿Qué tal si alquilamos una? Podemos verla aquí. Haré palomitas.

Ella asintió con la cabeza y se acercó a la puerta del coche.

—Suena bien. ¿Sobre las siete?

—Perfecto —dijo mientras la veía meterse en el coche. El sol hacía brillar su cabello naranja y con ondas.

La despidió con la mano y sonrió al ver que se alejaba. Después metió las manos en los bolsillos y frunció el ceño. ¿Qué le había pasado para proponerle una locura semejante?, se preguntó mientras se dirigía al granero para hacer una revisión a los animales que tenía a su cargo.

Ni Nami ni él habían tenido suerte con los romances, pero tenían una relación de amistad absolutamente maravillosa, y Luffy nunca haría nada que la pusiera en peligro. Y nada podía arruinar las cosas más que un matrimonio.

Veinte minutos antes le habría dicho a cualquiera que Nami Hikari era la mujer más segura que conocía. Era brillante, lógica y tenía los pies en la tierra. Pero eso había sido antes de que le hablara de matrimonio y del embarazo. Luffy pensó que tal vez ese ataque de locura se debía a que al final de ese año cumplía los treinta.

Salió del granero y entró en la casa por la puerta trasera hasta la amplia cocina que casi nunca usaba. Como soltero que era, la mayoría de sus comidas eran de microondas o del restaurante local. Sólo disfrutaba de comidas de verdad cuando su madre o Nami se apiadaban de él y le cocinaban algo. Pero en ese momento lo último que quería era cenar. Sólo deseaba darse una ducha y tomarse una cerveza fría.

No había bromeado al decirle a Nami que había tenido un día horrible. No sólo había tenido que enfrentarse a varias madres de posibles aspirantes, sino que había tenido que sacrificar al viejo perro de unos amigos.

Se dirigió al dormitorio y se quitó los zapatos. Después entró en el baño y se quitó los pantalones cortos, que aún estaban húmedos. Los arrojó al cesto de la ropa sucia, sacó una toalla del armario, abrió la mampara de la ducha y gritó sorprendido.

En la ducha había una mujer morena, desnuda.

—Hola, Luffy, pensé que tal vez te gustaría que te frotara la espalda.

—¡Por Dios, Rebecca! ¿Qué estás haciendo aquí? —Luffy no sabía si taparse con la toalla que tenía en la mano o taparla a ella. Finalmente se la enrolló en la cintura y sacó otra del armario para Rebecca.

La chica la agarró, pero en vez de envolverse con ella la dejó caer.

—He pensado que podría enseñarte alguna de mis habilidades que no podré mostrarte durante el concurso.

Luffy gruñó y le dio la espalda rápidamente.

—¿Quieres salir de mi ducha y vestirte? ¿Qué diría tu madre?

—Mi madre quiere que sea Miss Vaca Lechera.

Luffy volvió a gruñir y salió del baño. Sacó unos vaqueros de un armario y se fue al salón, donde se los puso.

Un momento después Rebecca apareció en la puerta del dormitorio. Se había puesto el vestido con el que aparentemente había llegado, pero había dejado desabrochados varios botones superiores que casi dejaban al descubierto su abundante pecho.

—Siempre he sentido algo por ti, Luffy —dijo con voz seductora mientras se acercaba a él.

¿Acaso todas las mujeres de Rafthel se habían vuelto locas?, se preguntó él retrocediendo.

—Me siento halagado, Rebecca, pero tienes que irte a casa. Esto no está bien.

—¿Qué hay de malo? Los dos somos adultos, y los dos somos libres y estamos solteros.

—Yo no —contestó Luffy.

Rebecca se detuvo.

—¿Tú qué?

La conversación con Nami todavía le resonaba en la cabeza, y se agarró a ella desesperadamente.

—Quiero decir que… me acabo de comprometer con Nami Hikari.

Rebecca frunció el ceño consternada y empezó a abrocharse los botones.

—¿Por qué no lo has dicho antes, Luffy? Sabes que yo no le robaría el novio a nadie. Tengo mis principios —echó la cabeza hacia atrás y se dirigió a la puerta. La abrió y se giró para mirarlo con una tímida sonrisa en los labios—. Espero que no tengas esto en cuenta en el concurso. Quiero decir, cuando he dicho que siempre te he encontrado muy atractivo. Y ahora sé de verdad lo atractivo que eres.

Luffy sintió que se ruborizaba pero, afortunadamente, la chica no esperaba una respuesta y desapareció. Se dejó caer en el sofá y esperó a que su corazón recuperara el ritmo normal. Había estado bromeando al decirle a Nami que seguramente encontraría a alguna candidata en su cama, pero no se le había ocurrido que la atractiva Rebecca le estuviera esperando desnuda en la ducha.

Hablando de duchas… Se levantó del sofá, cerró con llave la entrada principal y la trasera y se dirigió al baño otra vez. Cuando estaba bajo el chorro del agua caliente se dio cuenta de lo que había hecho. Rebecca y su madre eran dos de las mayores cotillas de Rafthel, y le había dicho a la joven que estaba prometido con Nami.

Cerró los grifos rápidamente y, aún mojado, se puso unos vaqueros y una camisa. Tenía que avisar a Nami, decirle lo que había pasado antes de que se enterara por otras personas.


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