N:A: LOS PERSONAJES PERTENECEN A ECHIIRO ODA.


LA ESCUELA primaria de Rafthel era un encantador edificio de ladrillo de dos pisos a una manzana de One Street. Durante nueve meses al año Nami enseñaba a alumnos de segundo, y durante ese tiempo se sentía como en casa en el viejo edificio de ladrillo.

La clase la recibió con los dibujos de colores en el tablón de anuncios y con el aroma familiar a tiza y a niños. Mientras se sentaba a su mesa pensó que en menos de una semana el curso habría acabado, y los dibujos de los tablones se quitarían hasta el curso siguiente.

Los profesores se reunían con los padres de los alumnos dos veces al año. La primera reunión se celebraba antes de Navidad, para comentar las mejoras que debían realizarse y en qué áreas los niños tenían más fallos. La segunda, al final del año académico, se realizaba para hablar sobre los avances que se habían hecho y sobre lo que los padres podían hacer para ayudar a preparase a los niños para el siguiente curso.

Nami miró el reloj y sacó la carpeta de Sugar Smith. Sus padres llegarían enseguida y estarían contentos con los progresos de la niña. Era una pequeña deliciosa, brillante y alegre.

Se reclinó en la silla e intentó no pensar en Luffy. Desde que se fue de su casa se había estado reprochando lo que había hecho. No debía haberle hablado de ello. Lo último que quería era hacer algo que destrozara la preciosa amistad que compartían. Habían ido juntos a la universidad de Orange City, y sólo se habían separado cuando él conoció a Hancock y se casó con ella.

Después de la universidad él había vuelto a Rafthel con su mujer, pero Hancock sólo había durado dos meses en la pequeña ciudad antes de largarse. El tiempo que Nami había estado separada de Luffy había sido el peor de su vida.

No podía dejar de pensar en su idea. ¿Realmente era una locura? No estaba interesada en ningún hombre de Rafthel, y no había mentido al decirle a Luffy que quería tener hijos mientras su madre aún viviera. Cuanto más pensaba en ello más se convencía de que era la solución perfecta para los dos. Confiaba en Luffy más que en nadie, y estaba segura de que su amistad podría resistir un matrimonio de conveniencia.

Sonrió y dejó de pensar en Luffy y en bebés cuando Mihawk y Perona Smith entraron en el aula. La reunión duró sólo cinco minutos y después los Smiths se fueron sonriendo orgullosos tras escuchar las alabanzas de Nami hacia Sugar.

Nami volvió a mirar el reloj y se dio cuenta de que aún tenía quince minutos antes de que llegaran los siguientes padres. Se levantó y se dirigió al gimnasio, donde estaban sirviendo café, ponche y galletas.

Una docena de personas pululaban alCharlieedor de una larga mesa decorada que habían situado en el pequeño gimnasio. Olía a café recién hecho y a dulces horneados. Nami se sirvió una taza de café, agarró una galleta y se marchó. Casi había salido del gimnasio cuando su buena amiga, Perona Smith, se acercó a ella.

—¡Te he estado buscando por todas partes! —Exclamó mientras agarraba a Nami del brazo y la sacaba del gimnasio—. ¿Por qué no me lo dijiste? Creí que era una de tus mejores amigas.

—Y lo eres. ¿Qué es lo que no te dije? —preguntó Nami con curiosidad, antes de darle un mordisco a la galleta.

—Que Luffy y tú estáis comprometidos y os vais a casar.

Nami se atragantó y casi escupió el bocado de galleta. Tomó un sorbo de café y miró a Perona sorprendida.

—¿Dónde has oído eso? —logró decir.

—Me lo contó Nojiko, a quien se lo contó keimi, que lo oyó de Rebeca en el salón de belleza —los ojos de Perona brillaron—. Bueno, ¿cuándo es el gran día? Me gustaría hacerte una gran fiesta. ¡Será tan divertido! Tus padres tienen que estar emocionados.

Nami se sintió mareada y levantó una mano para detener la charla de Perona.

—Tengo una reunión dentro de dos minutos. Hablaremos más tarde.

Entró en la clase y se sentó detrás de su escritorio. Estaba atónita. ¿Por qué Rebecca le estaba diciendo a todo el mundo que Luffy y ella estaban prometidos? Seguramente Rebecca se había equivocado… habría escuchado parte de un cotilleo y lo habría convertido erróneamente en el compromiso.

No era la primera vez que se propagaba un falso rumor en Rafthel. A decir verdad, con sólo dos canales de televisión que se podían ver sin satélite y un viejo teatro que ponía películas antiguas, la gente encontraba mucha diversión en los cotilleos y las habladurías.

Tenía que hablar con Luffy. ¿Y si él escuchaba el rumor y pensaba que lo había comenzado ella por la conversación que habían tenido esa misma tarde? Pero Luffy la conocía lo suficientemente bien como para saber que si quería convencerlo para que llevara a cabo su plan hablaría con él directamente en vez de propagar rumores.

Nami siempre había pensado que los teléfonos móviles eran objetos de lujo inútiles, pero en ese momento deseó desesperadamente tener uno. Tal vez tendría tiempo de colarse en la oficina y usar el teléfono, pensó. Pero en ese momento llegaron los siguientes padres.

Eran las ocho y media cuando terminó la última reunión. Dejó el edificio y corrió hacia el coche, ansiosa de llegar a casa de Luffy y contarle lo del último rumor. Abrió la puerta del coche y dejó escapar un grito de sorpresa al sentir una mano en la espalda. Se dio la vuelta y vio a Edward.

—¡Me has dado un susto de muerte! —exclamó—. Estaba a punto de ir a verte.

—Tenemos que hablar —dijo él—. ¿Qué te parece si vamos al restaurante de Mikino y tomamos un café?

El restaurante familiar de Makino era el local más popular de Rafthel. Nami asintió con la cabeza y los dos echaron a andar en dirección al restaurante, situado en One Street. Como siempre, Nami tuvo que apresurarse para seguirle el ritmo y, como siempre, él llevaba unos vaqueros ajustados y una camiseta.

Nami no pudo evitar fijarse en cómo los pantalones moldeaban las piernas largas y musculosas y se ajustaban a su cintura estilizada.

—¿Has oído el nuevo rumor que circula por la ciudad? —preguntó ella tímidamente.

—Si es el que creo que es, me temo que he sido yo quien lo ha iniciado.

—¿Qué? —Nami se detuvo y lo miró.

—Vamos, te lo explicaré delante de una taza de café —la agarró del brazo y la condujo hacia la puerta del local.

Una pequeña campanilla repiqueteó cuando entraron en el restaurante. Ya era tarde y había pocos comensales. Luffy la condujo hacia la mesa del fondo, donde solían sentarse a cenar. Casi inmediatamente apareció Kuina, la hija adolescente del actual sheriff del pueblo, para tomarles nota.

—Yo sólo quiero café —dijo Luffy.

—Yo también. Bueno, ¿vas a contarme lo que está pasando? —preguntó cuando Kuina se hubo ido.

Él se reclinó contra el asiento de plástico rojo y se pasó una mano por el cabello.

—¿Recuerdas cuando te dije esta tarde que tenía miedo de que alguna aspirante a Miss Vaca Lechera apareciera desnuda en mi cama?

Nami lo miró sorprendida.

—No me digas que… ¿Quién?

—Rebecca Philip, pero no estaba en la cama, sino en la ducha.

—¿Desnuda?

—Como Dios la trajo al mundo.

Dejaron de hablar cuando regresó kuina con dos tazas de café humeante. Cuando volvieron a quedarse solos Nami intentó no reírse.

—Cuéntamelo todo.

—No tiene ninguna gracia. Fue bastante embarazoso.

Ella intentó borrar la sonrisa de sus labios.

—¿Y cómo empezó todo con Rebecca desnuda en tu ducha y terminó con el rumor de que estamos prometidos?

Luffy frunció el ceño y tomó su taza con ambas manos.

—Supongo que tu idea todavía me estaba rondando la cabeza cuando abrí la mampara de la ducha y la vi allí esperándome. Me entró pánico y le dije que estaba prometido. ¿A ti quién te lo dijo?

—Perona Smith. Según ella, Rebeca se lo contó a Nojiko, que se lo contó a Keimi, que se lo contó a Perona —se encogió de hombros—. Ya sabes cómo se propagan estas cosas.

—Sí —contestó abatido.

—Luffy, no es el fin del mundo. Creo que tenemos dos opciones. Puedes decirles a todos que eres un mentiroso o podemos casarnos y llevar a cabo el plan que te conté esta tarde.

Luffy miró fijamente su taza de café. Nami esperó pacientemente, sabiendo que su amigo nunca hacía nada sin haber estudiado antes todas las posibilidades. Tomó un sorbo de café e intentó no fijarse en la longitud de sus pestañas oscuras y en sus atractivos rasgos.

Cuando estaban en el instituto las hormonas de Nami se habían despertado y ella había deseado a Luffy de una manera que no tenía nada que ver con la amistad. Se había quedado noches despierta preguntándose qué sentiría si él la besara apasionadamente en los labios. De repente había sido consciente de su aroma, de sus manos fuertes y de su pecho. Había deseado que la acariciara, apretarse contra él y saborear la calidez de sus besos.

Pero entonces él había empezado a salir con Alvida, una chica con los pechos más grandes que su coeficiente intelectual y con fama de ser fácil.

Nami se había dado cuenta de que no era el tipo de chica que Luffy encontraba atractiva, y se había limitado a pensar en él sólo como amigo. Hasta ese momento, nada le había hecho cambiar de opinión. Lo único que quería de Monkey D. Luffy era su amistad incondicional y un bebé, y deseaba desesperadamente que accediera a realizar su plan.

—Hay una tercera opción —dijo él haciendo que Nami volviera a la realidad. Sus labios se curvaron en una sonrisa, evidentemente satisfecho con lo que se le había ocurrido—. Podemos estar prometidos hasta que termine el concurso, así no me molestarán las candidatas. Después, cuando todo haya terminado, podemos romper.

—De ninguna manera, Monkey D. Luffy —dijo enfadada—. No vas a conseguir lo que quieres a menos que yo también consiga lo que quiero. Si voy a protegerte de las mujeres de esta ciudad, lo menos que puedes hacer es casarte conmigo temporalmente y dejarme embarazada.

Nami tenía esa mirada que Luffy conocía tan bien. Una mirada llena de determinación que le decía que era inútil discutir con ella. Sus ojos cafés habían brillado con la misma mirada cuando le había dicho en el instituto que iba a enfrentarse a Rob Lucci para ser delegada de curso. Luffy había intentado desanimarla, convencido de que no podía ganar a Rob, pero ella había iniciado una campaña con tenacidad y determinación y había vencido.

—Nami, sé razonable —dijo dispuesto a conseguir que recuperara el sentido común—. Si fingimos estar prometidos durante las siguientes seis semanas, mi vida será mucho menos complicada, y al final nadie resultara herido.

—Lo mismo podría decirse si nos casáramos. Luffy, eres mi mejor amigo. Un divorcio no afectaría a nuestra amistad, especialmente cuando nos vamos a meter en ello sabiendo lo que hacemos.

—Pero sabes que no tengo intención de casarme otra vez —le recordó—. Y no quiero un niño.

Ella se sujetó un mechón de pelo naranja detrás de la oreja y suspiró con evidente frustración.

—Eso es lo que te hace tan perfecto. Ya sé que no quieres ser padre, y yo no espero que te hagas cargo del bebé. Soy perfectamente capaz de criar a un niño yo sola, y sigo diciéndote que no sería un matrimonio de verdad. Nada cambiará entre nosotros excepto… —bajó la mirada y se ruborizó ligeramente—. Bueno, tendremos que, ya sabes, tener relaciones íntimas para que me quede embarazada.

Luffy frunció el ceño, bajó la vista hacia su taza de café y luego volvió a mirar a su amiga.

—Sé que deseas fervientemente un bebé, Nami, pero ésa no es la solución —dijo con suavidad.

—Piensa en lo feliz que sería tu madre —dijo ella.

—Eso es un golpe bajo —contestó Luffy. Nami sabía que su madre siempre le estaba dando la lata para que se casara de nuevo y le diera un nieto.

—Muy bien, tú ganas. Olvídalo.

El la miró con recelo.

—¿Qué quieres decir con «olvídalo»? —se había rendido demasiado pronto.

—Pues eso, que olvides todo el plan. Le diremos a todo el mundo que Rebecca te entendió mal y que no estamos prometidos. Yo buscaré otra manera de conseguir lo que quiero.

—¿De qué estás hablando?

Nami fijó la vista en el cartel, justo encima de la cabeza de su amigo.

—Quiero un bebé, Luffy—sus ojos cases volvieron a mirarlo—. Estoy cansada de ser la tía perfecta de todos mis sobrinos. Soy estable económicamente, y emocionalmente estoy preparada para ser madre. Estoy segura de que puedo encontrar a algún donante de esperma en Rafthel, por decirlo así.

—¿Como quién? No puedo creer que estemos teniendo esta conversación.

—No sé por qué te sorprendes tanto. Llevo meses diciendo que quiero tener un bebé.

—Sí, pero creí que era como cuando yo hablaba de tener un Jaguar. Estaría muy bien tener uno, pero en este momento es imposible.

—Pero no es imposible que yo me quede embarazada —protestó—. Sólo tengo que elegir al hombre de Rafthel con el que me voy a acostar.

—¿Como quién? Usopp Stone está loco por ti. Acuéstate con él y tu bebé parecerá pinocho.

Ella se rió.

—Usopp no tiene la culpa de ser tan narizón. Pero tienes razón, no quisiera que mi hijo tuviera su ADN —tomó un sorbo de café y continuó—. También está Shanks Wood. Estoy segura de que a Shaks no le importaría darse un par de revolcones conmigo.

—Sí, claro, quieres su ADN —dijo Luffy secamente—. Si el niño se parece a su padre estará bebiendo cerveza sin parar y tendrá un vocabulario de cuatro palabras que asombrarán al mundo entero.

—¿Por qué eres tan negativo? —preguntó con impaciencia.

—¿Por qué estás tan decidida a hacer eso? —respondió. La conversación estaba empezando a irritarlo.

Ella empezó a retorcer un mechón de pelo entre dos dedos, con un gesto familiar que le dijo a Luffy que se estaba concentrando.

—Luffy, los dos sabemos qué ocurre cuando te crían unos padres de edad avanzada. Hemos hablado de eso montones de veces.

El asintió con la cabeza. Era cierto, había sido una de las quejas que los dos habían tenido. Tanto los padres de Nami como los suyos propios ya eran mayores cuando ellos nacieron, y habían hablado muy a menudo de que sus padres eran mucho mayores que los padres de sus amigos.

—Si espero a que me llegue el amor, a casarme y a quedarme embarazada, ya estaré jubilada cuando mi hijo termine el instituto.

—¿Tu hermana está embarazada otra vez?

Bella se sonrojó ligeramente y Luffy supo cuál era la respuestaJewerly , la hermana de Nami, era como una fábrica de bebés. Había tenido uno al año durante los últimos cuatro años.

—Sí, pero eso no tiene nada que ver con mi decisión de quedarme embarazada —contestó lacónicamente.

Pero Luffy sabía que cuando nacía un bebé en la familia Hikari los deseos de Nami de tener un hijo aumentaban. Antes de que pudiera responder vio que Monet entraba en el restaurante. Estaba muy sexy con unos vaqueros negros ajustados y un top minúsculo de color rosa oscuro. Abrió los ojos de par en par al ver a Luffy, que se preparó para otro enfrentamiento con una candidata.

—Luffy—dijo. Pero su sonrisa se desvaneció al ver a Nami—. Ah, hola, Nami. Entonces, ¿es verdad? ¿Estáis prometidos?

Luffy sabía que esa era su oportunidad para dejar las cosas claras, para decirle a Monet que ese rumor era falso. Pero vio la mirada fanática en sus ojos, una mirada brillante como la tiara del concurso. Tuvo una visión fugaz de su vida en las siguientes seis semanas, una vida llena de estrés gracias a ese estúpido concurso de Miss Vaca Lechera. También pensó en su madre, que casi estaba insoportable con eso de que quería un nieto.

Un matrimonio temporal con Nami resolvería muchos problemas. Con ella no tendría sorpresas, porque la conocía tan bien como a él mismo, y estaba seguro de que nada podría arruinar su amistad, ni siquiera un matrimonio, un embarazo y un divorcio.

—Es cierto —dijo, y vio la sorpresa en los ojos de Nami. Sonrió deseando que ninguno de los dos tuviera que arrepentirse de haber tomado esa decisión.


SE QUE HE TARDADO DEMASIADO LO SIENTO MUCHISIMO MATENME SI QUIEREN

LA PROXIMÁ VEZ INTENTARÉ ACTUALIZAR MÁS PRONTO.

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