Disclaimer: Tanto Dragon Ball Z como Naruto no me pertenecen, son obra de Akira Toriyama y Masashi Kishimoto respectivamente, pero mi imaginación me dio para juntarlos en una situación que nunca de los nunca va a ocurrir T.T... solo en mi cabeza.

He aquí algunas aclaraciones:

-letra normal- Diálogos

-letra cursiva- Pensamientos y contenido de flashback (lo especificaré)

-letra en negritas- Anuncio del Flashback

Hola! Me tardé un poquito en subir este cap, lo siento, pero no tenía internet y pues... no había manera, además de estas fechas tan especiales y los preparativos, etc, pero ya estoy de vuelta y les cuento que ya estoy escribiendo el siguiente capi, que espero poder subir en estos días :D. Sin más que decir, los dejo con la lectura.


La reunión con el Kazekage más joven de la historia tenía lugar en la sala de juntas de la Aldea de la Arena. Todos se encontraban alarmados y profundamente desconcertados por la cantidad de reportes de personas desaparecidas que se habían levantado en las últimas semanas.

-No. No hay registro alguno de que estas personas hayan abandonado la Aldea. Nuestra seguridad es demasiado rigurosa y ningún aldeano puede salir sin que sea detectado –mencionaba el mentor de los hermanos Sabaku No, Baki.

-Kankuro y yo comandamos el Escuadrón de Búsqueda y nos movilizamos por toda la Aldea, pero no encontramos rastro alguno de las personas –reportó Temari.

-También organizamos un pequeño grupo de chunin para buscar por los alrededores, pero tampoco se encontró evidencia de que hayan pisado fuera de Suna –completó el reporte Kankuro.

Todos tomaron un momento para procesar la información que hasta ahora habían obtenido de los distintos grupos que se encargaban de hallar solución al problema. Gaara permanecía callado escuchando a sus compañeros hablar y dar sus hipótesis. Entre más lo pensaban, paradójicamente, se hacía más claro y más confuso a la vez.

-¡No pudieron simplemente desaparecer! –se escuchó la fuerte voz de Baki. Se negaba a creer que la tierra se los hubiese tragado así, sin más.

-Temari, redobla esfuerzos. Reúne a los mejores shinobi de tipo sensorial y salgan de nuevo a buscarlos. Kankuro, toma algunos jounin y dedíquense a buscar la posible causa de las desapariciones –habló por primea vez el Kazekage.

-Hai –ambos hermanos asintieron y con esto se dio por finalizada la reunión.

Los miembros salían poco a poco murmurando todavía sobre el tema. Pronto los hermanos Sabaku No se quedaron solos en la sala, pero ninguno hablaba. Temari pensaba en la posibilidad de que algún shinobi fuese responsable de las desapariciones para algún sucio objetivo, pero ya de eso se encargaría su hermano marionetista, el cual consideraba el mejor para esta tarea, mientras ella se encargaría de devolverle a esas familias preocupadas sus queridos miembros desaparecidos. Gaara pensaba en poner lo mejor de su parte para llegar a la respuesta y deseaba con todas sus fuerzas que los desaparecidos se encontraran con vida. Esta Aldea, su querida Suna, le había dado demasiado al brindarle la oportunidad de ser su Kazekage y estaba dispuesto a no defraudarlos.

El sol arrojaba sus imponentes rayos con fuerza, lo que obligaba a sus habitantes a usar turbantes y túnicas largas para protegerse de su furia, sin contar con las ventiscas de arena que de vez en vez se formaban; a pesar de ello, encontraban la Aldea de la Arena un lugar perfecto para vivir. La historia los respaldaba y les daba una seguridad ciega en sus líderes que, generación tras generación no los defraudaban, muy por el contrario, sobrepasaban sus expectativas. Y en esta ocasión se encontraba al frente de la Aldea el Quinto Kazekage: Sabaku No Gaara, el jinchuriki del Ichibi que solía ser el arma definitiva, inestable y peligrosa que seguro llevaría a Suna a su extinción. Pero en lugar de eso, la llevó a una estable y fructífera alianza con la Aldea de la Hoja. Sí, el Kazekage seguro se encargaría de resolver ese misterio y todos estarían tranquilos de nuevo.

El caluroso clima de la tarde pronto se vio sustituido por la fría y oscura noche que caía sobre la Arena. La misión de búsqueda de los aldeanos y de la causa de su desaparición tendría que aguardar hasta la luz del día siguiente. Gaara ingresó a su habitación visiblemente cansado y se dispuso a dormir un poco. Desde la extracción de su Biju tenía mayor disposición para conciliar el sueño sin el temor de que el Shukaku se apoderara de su cuerpo y su razón.

Temari también buscó por todos los medios poder cerrar los ojos y dormir lo que su cuerpo necesitaba, pero sus problemas personales y laborales no la dejaban conseguir el tan anhelado sueño. Miró el reloj que estaba en el buró al lado de su cama y miró la hora. Bufó molesta por no poder dormir. Miró de nuevo el reloj, pero en esta ocasión se fijó en el calendario. Habían pasado ya cinco meses desde que el shinobi con el que había comenzado a salir envió una carta al Kazekage diciendo que gestionaría los trámites necesarios para residir en una Aldea lejana a Suna. Cuando su hermano menor le dio la noticia, la usuaria de chakra tipo viento no mostró emoción alguna, puesto que ella era una kunoichi que jamás se encariñaba con nadie que no fuera de su propia familia. Definitivamente no era un ser despiadado y frío en su totalidad gracias a la influencia de su hermano menor. Ella amaba a Gaara y a Kankuro, sin duda alguna, lo que le impedía ser una persona sin sentimientos, pero el sufrir por otro que no fuera uno de sus hermanos estaba en la categoría de lo absurdo. Apenas llevaban saliendo algunos meses y, aunque la cosa parecía ir en serio, ella estaba dudando si realmente quería formar una vida al lado del apuesto jounin. Nunca supo la razón por la cual el ninja decidió dejar Suna, pero poco o nada le importó. Aun así, ese día en especial lo recordó y supo que aquella sería la última vez que pensaría en él.

Kankuro había abandonado todo intento de dormir y en lugar de ello se puso a reparar y a limpiar un poco sus cuatro marionetas predilectas. Todas ellas, hasta el momento, le habían servido de maravilla. Karasu, Kuroari, Sanshouo y, para finalizar, el cuerpo de Sasori mismo eran sus favoritas, sobre todo ésta última, quien elogió sus habilidades y lo reconoció como un genuino Maestro Marionetista durante la Cuarta Guerra Ninja después de ser revivido por el Edo Tensei.

Los primeros rayos del sol inundaron la Arena y despertó a sus habitantes. Las indicaciones del Kazekage habían sido claras y todos estaban trabajando en ello. Baki y Kankuro buscaban pistas que les indicara que podían acercarse al origen de la tragedia. Temari dividía y equilibraba de la mejor manera posible a sus ninjas para comenzar de nuevo la búsqueda. Las horas pasaron y ninguno de los equipos lograba llegar a su objetivo. La noche de nuevo llegó y Temari agrupó a sus shinobis, pero no todos llegaron al punto de encuentro.

-¡Gaara! –gritó la rubia al mismo tiempo que irrumpía en la oficina de su hermano menor sin previo aviso.

-¿Qué pasa, Temari? –contestó con su típica voz serena.

-¡Dos de los grupos de ninjas del Escuadrón han desaparecido!

-¡¿Qué dices?! –intervino Baki.

-¡Hace más de dos horas que los llamé para el reporte final y no llegaron!

-Tenemos que buscarlos –sugirió Kankuro.

-¡Ya lo hice! Es-es igual que con los aldeanos, ¡parece que se los ha tragado la tierra!

-¿Qué demonios está pasando? –se preguntó Kankuro.

-¡¿Qué vamos a hacer, Gaara?! No sólo los aldeanos, también los shinobis están desapareciendo. Esto es inaudito –se lamentaba la rubia –Si esto sigue así... ¡pronto nos quedaremos sin ninjas!

-Calma, Temari, estás exagerando. Sigue buscando –ordenó Gaara. Temari asintió tristemente y abandonó la oficina.

-No servirá de nada, Gaara, lo sabes. Necesitamos ayuda –sentenció Baki.

-Lo sé –contestó el pelirrojo.


-¡Dame un tazón grande de ramen para empezar, viejo! –Naruto convenció a sus compañeros de que el mejor lugar para comer era, sin duda alguna, Ichiraku Ramen.

Bra había sugerido ir al restaurante al que había ido con Kiba y Shino la vez anterior, ya que el lugar era maravilloso y el precio sencillamente una ganga. Sasuke realmente no estaba muy interesado en sugerir algún restaurante, él solo estaba esperando que se decidieran pronto para saciar su hambre, incluso si se decidían por el ramen. Sakura tampoco parecía estar dispuesta a meterse en la discusión que sostenían Naruto y Bra en la elección del restaurante, sólo sabía que estaba del lado de la guerrera en ir a otro lugar y no a Ichiraku, que siempre comían ahí.

La princesa saiyajin estaba acostumbrada a variar en sus alimentos gracias a los empleados de su mamá, que eran chefs altamente profesionales y calificados para preparar un menú diferente cada día. Al llegar a Konoha tuvo que bajar considerablemente sus estándares, no porque la comida fuese de más baja calidad, sino porque el dinero que obtenía con su trabajo no le permitía cubrir su capricho, así que decidió darle la razón a Naruto. La decisión había sido tomada.

-A mí me da un tazón mediano, por favor –Sakura cuidaba su alimentación y siempre pedía un tazón chico, pero su batalla con Bra y su leve enfrentamiento con Ino la habían dejado hambrienta, así que con un tazón mediano tendría más que suficiente.

-También uno grande –a Sasuke no le gustaba el ramen, pero tenía que comer algo, así que decidió dejar de lado su gusto y disponerse a saciar su hambre. Estaba pensando seriamente en pedir a lo mejor dos más, todo dependía de qué tan de humor se encontrara para competir contra Naruto. Estar de nuevo en la Aldea le hacía inevitable recordar sus competencias con Naruto. Ahora, ambos habían crecido y eran unos hombres hechos y derechos, pero... sus competencias infantiles jamás pasarían a la historia.

-Y yo quiero uno grande, ¿o no hay un extra grande? –el anciano parpadeó un par de veces ante la pregunta de la chica. Era inusual que una niña pidiese un tazón extra grande de ramen.

-No, sólo hay grande –le dijo con una gota de sudor resbalando por su cabeza.

-Mmmm… de acuerdo –dijo la peliazul un poco decepcionada –Deme un tazón grande de ramen.

-¡En seguida preparo sus órdenes! –anunció el amable hombre y se dispuso a preparar lo más rápido posible el pedido, siendo ayudado por su joven hija Hayame.

Mientras esperaban que la orden fuera preparada y entregada, Naruto hablaba con Sasuke sobre quién sabe qué cosas, porque el Uchiha parecía no prestarle demasiada atención a la cháchara de su mejor amigo rubio. Por otro lado, Sakura comentaba su punto de vista del encuentro con Bra, quien se encontraba sentada junto a ella. La guerrera había sido más rápida que la ninja médico y le había ganado el asiento al lado derecho de Sasuke, y Naruto ya estaba sentado al lado izquierdo del mismo, así que no le quedó más remedio que sentarse al lado de Bra. Preferible estar junto a ella que al lado de Naruto.

-Me sorprende el rápido avance que has tenido en estas dos últimas semanas que no nos vimos, Bra. Has progresado increíblemente.

-¿Tú crees eso? –por supuesto que la Briefs estaba consciente de lo poderosa que se había vuelto, pero ella todavía no alcanzaba su objetivo principal de convertirse en Súper Saiyajin, así que el arduo entrenamiento con su hermano no había terminado.

-Definitivamente. Debo confesarte que me costó mucho trabajo darte ese último golpe. ¿Puedo preguntar qué fue lo que hiciste?

-En serio me dolió ese golpe, tú también eres demasiado fuerte, Sakura –la princesa trató de devolver el halago a la pelirrosa –Bueno, en realidad sólo me dediqué a entrenar con mi hermano Trunks. Él es un experto en artes marciales y me pasó un poco de sus conocimientos en las peleas, eso es todo –minimizó.

-Perdón que insista, pero no me parece que haya sido solo un poco de conocimiento. La manera en que te desenvolviste fue la de una persona que tiene gran experiencia en el combate y… -la médico pensó con cuidado sus palabras antes de pronunciarlas –antes de esas dos semanas tú no tenías ni un poquito de experiencia en batalla.

-Creo que estás dejando de lado un factor importante, Sakura. Mi hermano Trunks es un excelente maestro y justo ahora puedes corroborarlo conmigo –listo, seguramente con ese argumento su compañera dejaría de insistir. Además de la arrogancia de su padre, Bra había heredado la astucia de su madre.

-Sí, pero el maestro no es lo único que interviene en la formación del estudiante. Si tu hermano es un excelente maestro como dices, tú también eres una excelente alumna, por lo que veo –lejos de ser un halago, Sakura estaba insinuando algo más y la guerrera era plenamente consciente de ello.

-¿Qué quieres decir? –fingió ignorancia.

-Seré directa contigo. Estoy segura de que te dejaste vencer, Bra. Tú eras capaz de esquivar ese golpe y por alguna razón decidiste recibirlo.

-No, yo…

-¡Aquí tienen su orden, chicos! –interrumpió sin intención el anciano.

-¡Qué bueno! ¡Me estoy muriendo de hambre! –el momento perfecto para terminar la conversación había llegado gracias a la interrupción del delicioso aroma y excelente pinta que tenía el tazón grande de ramen frente a todos.

Tomaron sus palillos, los separaron y los acomodaron en su mano dispuestos a hundirlo en el delicioso ramen. Hasta Sakura había decidido dejar la conversación para después y disfrutar de sus sagrados alimentos, pero…

-¡ESPEREN! –detuvo de un grito el ninja rubio.

Los tres voltearon a verlo con ojos llenos de rencor.

-¡Ahora qué quieres, Naruto! ¿Qué no ves que tenemos hambre? –le regañó la Haruno.

-Sí, ya sé. Es solo un momento, de veras –se disculpó con su compañera y después dirigió su vista al pelinegro -¿Qué te parece si apostamos, Sasuke?

-¿Apostar? ¿Qué quieres apostar?

-El que coma menos tazones grandes de ramen paga la cuenta del otro, ¿qué dices? –Naruto tenía demasiada hambre y poco presupuesto, así que la genial idea de apostar con su mejor amigo y que él pagara la cuenta era espléndida, de esas pocas ideas que se le llegaban a ocurrir.

-Me niego.

-¡Anda, Sasuke! ¿Acaso tienes miedo de perder ante mí?

-Espero que tengas suficiente dinero para pagar, Naruto –accedió el Uchiha. El tonto de Naruto sabía muy bien en dónde golpear para hacer que Sasuke considerara sus locas ideas y, gracias a su insistencia, el rubio sería derrotado.

-¡Ay no! Aquí van de nuevo con sus tontas apuestas –Sakura los conocía de sobra y le parecía patético el que ambos quisieran competir literalmente en todo.

-Esperen, chicos. Yo también me uno a su apuesta –se escuchó la voz femenina de Bra.

-No, espera un minuto, ¿estás hablando en serio? –preguntó Haruno –Si tú pierdes tendrás que pagar lo que ellos dos consuman además de lo que tú consumas, ¿sí estás consciente?

-Claro que lo sé, ¿pues por quién me tomas? -dijo levemente ofendida la guerrera -¿Verdad que me puedo unir a su apuesta, Sasuke? –el portador del Sharingan estaba pensando que la ardilla de la Briefs no le giraba correctamente.

-¿Estás segura? –esta vez preguntó Naruto.

-¡Que sí! ¿O por qué no me quieren en su apuesta? –Bra se estaba impacientando.

-No, por nada, ¿tú también te quieres unir a la apuesta, Sakura-chan?

-¡Ni loca!

-¡Entonces está decidido! El perdedor pagará el consumo de los tres. ¡Comencemos! –como grito de guerra, Naruto indicó que la apuesta había dado comienzo.

Sin querer pronunciar más palabras, Naruto, Sasuke y Bra comenzaron a atacar el contenido del enorme platón. Sakura, Hayame y el anciano quedaron atónitos al observar a los tres arrasar con su comida. La pelirrosa conocía el enorme estómago de sus compañeros y las grandes cantidades de comida que le cabía al estómago de cada uno, pero ver a su compañera comer como ellos le sorprendió demasiado. Ninguna mujer que ella conociera comía de la manera en que ella lo hacía, yendo a la par de esos dos. Aun así, estaba segura de que no aguantaría por mucho tiempo el ritmo de sus dos amigos, así que casi sintió lástima por ella y por todo lo que tendría que pagar.

Los dueños de Ichiraku no tuvieron mucho tiempo para contemplar la graciosa escena de los tres, ya que nuevamente se vieron presionados para preparar más ramen a medida que los clientes iban pidiendo. La ventaja la llevaba claramente la princesa, pero sólo la médico podía darse cuenta de ello, ya que los otros dos por el momento se encontraban con su cabeza hundida en el tazón.

-¡Viejo, otro tazón!

-¡Otro tazón, por favor!

-Deme otro.

-¿Ya está listo el otro, nee-chan?

-¡Quiero otro, por favor!

-El siguiente.

-¿Me puede dar más, por favor?

-¡El siguiente, viejo!

-Otro.

La pirámide que cada uno iba acumulando era increíble. A esas alturas era imposible ver quién llevaba la ventaja. Sakura todavía no se terminaba su tazón mediano y sus tres compañeros ya llevaban una torre demasiado grande.

-Viejo… dame más.

-¡Quiero otro, por favor!

-…otro.

-¿Me das otro, por favor?

-…Viejo…

-…más…

-¡El siguiente, por favor!

-…Nee-chan…

-¡Otro más por favor!

-…más…

-¿Me puedes dar más, por favor?

-…

-¡Quiero más, por favor!

-¡El siguiente, por favor!

-¡Otro más, por favor!

-¿Me da otro, por favor?

Hace diez tazones atrás Naruto y Sasuke habían dejado de pedir, pero Bra parecía no tener fondo. Ella seguía y seguía pidiendo comida como si todavía no hubiera llegado a su límite.

Sakura tenía la mandíbula desencajada completamente y sus ojos parecían dos enormes platos blancos y extendidos que no podían apartarse de la vivaz guerrera que comía de una manera exagerada. Naruto apenas podía verla comer sin sentir que su estómago pronto devolvería todo lo que había ingerido hasta ahora. Sasuke se encontraba completamente atónito ante el comportamiento de la peliazul. Estaba seguro que su hermano había vuelto a la vida y lo había sometido a uno de sus acostumbrados Genjutsus para jugarle una broma pesada o algo así. Esa tal Bra Briefs era un estuche de monerías y se sentía con la curiosidad de resolver el misterio que la cubría.

-¡Quiero más, por favor!

-Lo siento, niña. Te acabas de terminar todo el ramen que tenía para el resto de la tarde –anunció el viejo.

-¡¿SE TERMINÓ TODO EL RAMEN?! –Naruto y Sakura no pudieron controlar su boca y soltaron a gritos esa frase al unísono. Sasuke logró controlar su asombro y permaneció callado, pero no por eso menos sorprendido, sus ojos negros se ensancharon tanto como sus párpados le permitiesen.

-¿Quiere decir que ya no hay más? -dijo con voz decepcionada la princesa saiyajin. Ella aún no había saciado por completo su apetito, pero era claro que ya no podía seguir comiendo más.

-Lo siento, pero los contenedores están completamente vacíos -contestó amablemente Hayame.

-Entiendo. Entonces ¿quién ganó? -Bra dirigió su vista a sus compañeros para finalizar la apuesta.

Silencio absoluto.

-¡¿Estás hablando en serio?! -Sakura fue la primera en reaccionar -¡Voltea a ver los tazones y dime quién ganó la apuesta! -le dijo apuntando claramente su torre de trastes sucios que sobrepasaban en gran manera a la torre de los otros dos.

-¡Tienes un estómago gigantesco, Bra-chan! -Naruto no sabía cómo se sentía al respecto, jamás había visto nada parecido.

-¿En dónde guardas tanta comida? -quiso saber la pelirrosa. Después de ver la cantidad enorme de comida que su compañera era capaz de comer se sentía, ¿cómo decirlo? ¿Celosa? Sí, se sentía celosa de ver que una mujer comiera de tal manera sin preocuparse en lo más mínimo por su peso y su figura, y la figura de Bra era envidiable a pesar de todo -Maldita sea, y yo preocupándome tanto por hacer dieta -pensó.

El carraspeo del dueño los sacó un momento de sus cavilaciones y los obligó a mirarlo.

-Bien, muchachitos, ¿quién va a pagar la cuenta?

-¡Es cierto! -recordó Naruto -Sakura-chan, cuenta los platos de cada uno.

-¿Y por qué yo?

-Es claro. Eres la única que no participó en la apuesta -dijo Sasuke.

-Muy bien, de acuerdo -no aceptó porque Sasuke se lo haya pedido indirectamente, ¿o sí?

-Gracias, Sakura-chan.

-Veamos -la ninja médico se dirigió primero a contar los tazones de la torre de Naruto -Uno, dos, tres, cuatro –tomaba uno a uno los trastes y los colocaba al lado, formando una nueva torre –Cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez. Te comiste diez tazones de ramen, Naruto.

-¡Genial! ¡Supera eso, Sasuke! –el azabache sonrió de lado y soltó una pequeña risa de arrogancia.

-Contemos los tuyos, Sasuke-kun –dijo la pelirrosa y comenzó –Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis –Sakura tomaba los tazones en su delicada mano y los pasaba lentamente a la nueva torre que formaba, aumentando con ello el suspenso. Naruto tragó saliva sonoramente y Sasuke no apartaba la vista de los platos que su compañera contaba –Siete, ocho, nueve...

Todo estaba decidido.

Según la apuesta, el perdedor debía cubrir los gastos de los tres participantes, lo cual era aún más terrible de lo que sonaba gracias a la pequeña y glotona guerrera que alternaba sus grandes ojos azules entre el rubio y el pelinegro.

-Diez. Diez tazones de ramen comiste también, Sasuke-kun.

-¡Aaaahhh! ¡Empatamos! –dijo Naruto decepcionado.

-¡Cuenta los de Bra! –sonó la voz de Sasuke casi como una orden.

-Bien –Sakura caminó unos cuantos pasos hasta quedar frente a la torre de tazones que la guerrera había dejado. Contempló la pila de platos y comenzó a contarlos –Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce... ¿qué acaso esta torre no tiene fin? –pensó asombrada Sakura –diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte... –y los platos seguían y seguían. Entre más avanzaba Haruno, más y más grandes se hacían los ojos de los presentes –veintiocho, veintinueve, treinta, treinta y uno, treinta y dos y treinta y tres.

-¿Treinta... treinta y tres? ¡¿Estás segura de eso, Sakura-chan?! –Ninguno lo podía creer. Naruto sólo pensaba en lo flaca que su ranita se volvería después de esta apuesta.

-Sí, estoy completamente segura, Naruto -tan segura como que 2+2=4, pero tampoco podía creer lo que sus ojos y su lógica le decían -¿Entonces quién va a pagar?

-Pues... -se quedó pensando el rubio por unos minutos.

-Nos dividiremos la cuenta –respondió el Uchiha.

-Bien, aquí tienen –el dueño de Ichiraku les extendió la cuenta.

Los cuatro se apresuraron para ver el monto total de su chistecito. La cantidad era inimaginable.

Sasuke sacó su dinero, lo contó y puso su parte en la barra sin ningún problema. Naruto sacó su ranita y discretamente comenzó a contar el contenido de ella, al notar que el dinero que tenía era insuficiente incluso sólo pagando la mitad, apareció repentinamente al lado de su compañera pelirrosa y le dijo algo al oído.

-¿Me prestas dinero, Sakura-chan? –le dijo algo apenado.

-¡Naruto! ¿Cuánto necesitas? –le preguntó molesta, pero también en voz baja cuidando la discreción con la que le había hablado su amigo.

-La mitad –le contestó sin pudor alguno.

-¡¿QUIERES QUE TE PRESTE LA MITAD DEL DINERO?! –era demasiado. Esta vez no pudo ser discreta y delató al rubio.

-Sssshhh, guarda silencio, Sakura-chan.

La guerrera escuchó que su ahora amigo Naruto estaba en problemas por su culpa, se rió nerviosa poniendo una mano atrás de su cabeza, recordando con ese gesto a Goku.

Los cuatro caminaban alejándose de Ichiraku. Sasuke avanzaba con los ojos cerrados completamente relajado, Sakura miraba molesta a Naruto por haberle hecho pagar a pesar de no haber participado en la apuesta, Naruto caminaba cabizbajo por la pérdida del dinero que tanto trabajo le costó ahorrar y Bra iba sintiéndose satisfecha de haber comido tanto. A espaldas suyas, el anciano cerraba su negocio y se marchaba feliz con su hija por haber terminado más temprano de lo usual.


El equipo Asuma se desplazaba rápidamente por los árboles para poder llegar en el menor tiempo posible a Suna, donde se había requerido con urgencia su ayuda.

Flashback

-Los he mandado llamar para darles una misión en la Aldea de la Arena –comenzó a hablar la Hokage –El Kazekage y los ninjas han estado enfrentando una situación bastante extraña. Desde hace varias semanas atrás, algunos aldeanos han desaparecido sin explicación alguna y eso ha alarmado a la Aldea, pero la situación se ha tornado demasiado complicada al desaparecer incluso varios chunin y algunos jounin.

-¿Que han desaparecido ninjas de la Arena, dice? Esto es increíble –habló Shikamaru.

-Así es –afirmó Tsunade.

-Y dígame, ¿le han informado cuál es el avance que han tenido hasta ahora? –preguntó el joven pelilila.

-Dicen que no han podido encontrar la causa ni a los desaparecidos –en esta ocasión respondió Shizune.

-Por eso es que ustedes son la mejor opción para ayudar a nuestros hermanos de la Arena. ¡Equipo Asuma! Su misión es apoyar en la búsqueda de las personas y encontrar la causa de tal acontecimiento, además de ponerse a disposición del Kazekage para lo que él les ordene –sentenció autoritaria la Godaime.

-¡Hai!

Afuera de las instalaciones de la Torre Hokage, Shikamaru daba las últimas indicaciones antes de partir.

-Muy bien, ya oyeron a la Hokage. Vayan a preparar su equipaje y nos veremos en la Puerta Principal en treinta minutos.

-¡Bien! –dijeron Ino y Choji al mismo tiempo. Trunks sólo asintió y los cuatro se dispersaron.

La princesa Tsunade los observó desde el ventanal de su oficina todo el tiempo hasta que se separaron.

-¿Está segura que el equipo Asuma es la mejor opción? –cuestionó Shizune –Naruto parece ser el más indicado para esto, ya que puede encontrar fácilmente a los aldeanos si entra en el modo Sennin.

-Eso lo sé muy bien. Elegí al equipo Asuma porque el cerebro de Shikamaru puede ayudarles en gran medida a resolver la incógnita y poner a Ino y Choji a trabajar eficientemente. Trunks también los puede localizar y encontrarlos fácilmente gracias a su capacidad de sentir el ki. Además –la Hokage acercó el dedo pulgar a su boca y mordió ligeramente su uña cubierta de esmalte rojo –Quiero ver qué tan eficiente puede ser un saiyajin.

Fin del flashback

-Si continuamos con este ritmo, en tres días llegaremos a Suna –habló Shikamaru.

-¿En tres días? –preguntó sorprendido Trunks.

-Sí, ¿no te parece genial? Somos lo demasiado rápidos como para llegar en tan sólo tres días –alabó Ino al equipo entero.

-Sí, me parece muy bien –le dijo cortésmente el guerrero -¿Tres días? Eso es demasiado tiempo. Si tan sólo pudiera volar, ya habríamos llegado a ese lugar.

-Pronto comenzará a oscurecer. Busquemos un lugar para acampar y mañana reanudaremos la marcha –indicó el líder del equipo.

-No es por desobedecer tus órdenes, Shikamaru, pero creo que podemos avanzar todavía mucho más si continuamos con este ritmo –sugirió el guerrero. La desaparición de aquellas personas lo tenía un poco nervioso y deseaba llegar ahí pronto para impedir que más personas corrieran peligro. Ese era su instinto protector, el mismo que Goku tenía por la humanidad.

-En primer lugar, no son órdenes. Ya te había dicho anteriormente que no me gusta mucho la idea de ser el líder del equipo. Para mí, Asuma sigue siendo el que nos guía, a pesar de ya no estar físicamente con nosotros. En segundo lugar, no podemos ayudar a la Aldea de la Arena si llegamos agotados o nos ocurre algo por lo mismo. Lo prudente es descansar, porque nosotros sí somos humanos y tenemos que reponer energías.

Trunks se tensó ante las últimas palabras que salieron de la boca del Nara. Los otros dos estaban atentos a su conversación y pusieron cara interrogante por lo mencionado.

-¿A qué te refieres cuando dices que "nosotros sí somos humanos, Shikamaru? –preguntó su redondito amigo.

-Nada, Choji. Es un decir –mintió el pelinegro –Este parece ser un buen lugar –se detuvo al instante y los demás imitaron su acción –Haremos caso a lo que dice Trunks y no levantaremos nuestras carpas, sólo usaremos saco de dormir para no perder tiempo recogiendo todo mañana.

-Muy bien –dijo Choji.

-Estoy de acuerdo –hizo saber la rubia.

-Yo me encargaré de traer la madera y hacer la fogata, Trunks -el amante de las sombras dirigió su vista al mencionado –Tú encárgate de traer algo de alimento para todos. Asegúrate de traer suficiente para ti –bromeó.

-En seguida traeré algo y no te preocupes, traeré todo lo que necesita mi estómago –le dijo siguiendo la broma.

-Iré contigo –dijo de repente la Yamanaka –Con todo lo que traerás estoy segura de que no podrás tú solo.

-No te preocupes, Ino, te aseguro que no tendré problemas –trató de persuadirla el guerrero. Le encantaba la compañía de Ino y su extraña forma de ponerlo nervioso, pero iría de caza y seguramente su compañera se lastimaría si no tenía las debidas precauciones y él quería evitar a toda costa que saliera herida. Además, era lógico pensar que el poderoso guerrero aguantaría el peso de todo lo que llevara en sus fortalecidos y musculosos brazos.

-No te estoy preguntando si quieres que te acompañe, te estoy afirmando que voy a hacerlo. Andando –se adelantó la rubia.

Trunks no tuvo más remedio que aceptar que la voluntariosa kunoichi lo acompañara. Había tratado a muchas mujeres en Capsule Corp y a otras tantas en fiestas donde acompañaba a su mejor amigo Goten, pero ninguna con la seguridad y determinación que la ninja mostraba siempre que se requería. La única fémina que conocía con tanta seguridad en sí misma como la que mostraba la rubia en frente suyo era Pan, la nieta del hombre más fuerte del universo. Ella también era tan segura y confiada como todos los saiyajin a la hora del combate, pero a diferencia de la Yamanaka, Pan no se preocupaba más de la cuenta por su apariencia y, sin embargo, era atractiva. Pero la pequeña Pan era eso, una pequeña niña a la que él le había tomado un gran afecto, como el de un amigo, como el de la sobrina de su mejor amigo, como la mejor amiga de su hermana, sólo eso. Y ahora que pensaba en ellos, se dio cuenta de que realmente extrañaba a ese par de amigos suyos. También estaba seguro de que su hermana Bra los extrañaba tanto como él.

Estaba tan metido en sus pensamientos que apenas pudo reaccionar a la voz chillona de Ino que hacía más de un rato lo estaba llamando.

-¡Tierra llamando a Trunks! ¿Me escuchas?

-¿Eh? Sí, perdón, ¿me decías algo? –preguntó algo apenado el saiyajin.

-¿Qué tu mamá no te enseñó a escuchar atentamente cuando una mujer te está hablando? –expresó molesta.

-Claro que lo hizo, disculpa mi distracción.

-¿Pues en qué estás pensando que te tiene tan absorto? –inquirió curiosa Ino. Meterse en la cabeza del guerrero era algo que deseaba hacer con todas sus fuerzas. Quería descubrir todos los secretos que su reservada personalidad guardaba con tal recelo que ninguno hasta ahora podía descifrar la enigmática personalidad del hombre frente a ella, pero encerró esos deseos bajo llave en ese mismo instante. Invadir de esa manera la privacidad de la gente no era algo que ella hiciese como si nada, ya que sus habilidades sólo las usaba para el trabajo, no como hobbie. Tenía otros trucos bajo la manga para enterarse de lo que ella quisiera sin recurrir a sus jutsus mentales.

-Pensaba en mis amigos y en mis padres. Han pasado ya casi tres semanas desde que desaparecimos y, a decir verdad, los extraño demasiado.

-¿Crees que estén tratando de buscarlos?

-Por supuesto –el pelilila alzó su rostro hacia el firmamento y cerró los ojos sintiendo la brisa chocar contra sus mejillas, como tratando de imaginar la reacción de sus seres queridos –Seguramente mi madre ha de estar hecha un manojo de nervios al no poder encontrarnos a mi hermana y a mí, pero también está segura de que nos cuidaremos el uno al otro, así que por ese lado está tranquila. Papá se ha de sentir desesperado al no poder encontrar el ki de su pequeña princesa. Claro que él es un guerrero demasiado reservado y no muestra sus emociones ante los demás, pero yo sé que él la ama y se siente angustiado por no poder encontrarla.

-¿Y qué hay de ti? ¿Acaso no le importas? –salieron de sus imprudentes labios las palabras. Trunks abrió sus ojos y los posó en los celestes de su acompañante.

-¿Yo? ¡Claro que le importo! Mi padre, Vegeta, es una persona que piensa que mostrar los sentimientos es un signo de debilidad. Él solamente vive para volverse más fuerte y es lo único que exterioriza; pero mi madre, Bra y yo sabemos que en el fondo es un ser que ama a su familia y que no dudaría ni un segundo en dar la vida por nosotros. La diferencia es que a mí me entrenó en las artes marciales y sabe a la perfección que sé cuidarme solo, pero él no sabe que mi hermana ahora es fuerte y también puede cuidarse ella sola, aunque por supuesto sigo estando muy al pendiente de ella.

-Sé lo que debes sentir ahora al extrañar a tus padres –Ino bajó su semblante y su voz bajó de volumen. El saiyajin la miró detenidamente con semblante preocupado, pero no dijo nada, solo se acercó a ella y puso su mano en su hombro en señal de empatía –Mi madre murió cuando yo nací. Fue duro crecer sin ella, sin sus consejos ni su cariño, pero mi padre me cuidó, me amó y me protegió de tal manera que pude salir adelante sin mi madre.

-¿Y qué pasó con tu padre? –quiso saber el guerrero.

-Él murió en la Cuarta Guerra Ninja junto al padre de Shikamaru –Ino no pudo evitar que sus ojos se inundaran de lágrimas al recordar el momento en el que sus padres se despidieron de ellos y las emotivas palabras que les dedicaron. Trunks aún tenía con vida a ambos padres gracias a las esferas del dragón, pero supo perfectamente lo que Ino sintió al perder a su padre, ya que él perdió al suyo cuando Vegeta enfrentó solo a Majin Boo. Él era muy pequeño en ese momento, pero sintió el dolor y la sed de venganza contra aquel malvado ser rosita que tuvo la osadía de quitarle a su padre.

-Sé cómo te sientes –le dijo con total sinceridad.

-Claro que no lo sabes –la rubia limpió las rebeldes lágrimas que resbalaron por sus mejillas –Tus padres están vivos y esperan deseosos el momento en el que regreses a casa con ellos. Aunque no los conozco, puedo imaginar que tu madre correrá y los abrazará con tanto amor que no querrá volver a soltarlos nunca más, y tu padre sentirá aliviado su corazón y jurará que pondrá a entrenar a su pequeña hija para que él pueda sentirse tranquilo si alguna vez llegase a faltar, además te hará jurar que nunca la dejarás sola –la voz de la rubia sonaba entrecortada, deseando ser ella la que viviera ese cuadro que se formó dentro de su cabeza.

Los labios de Trunks se separaron ligeramente. Su compañera había descrito muy bien a Vegeta y a Bulma a pesar de hablarle muy poco de ellos. La rubia prosiguió.

-Por eso puedo saber que no has tenido un dolor tan grande como el mío. Yo perdí a mi mamá, a mi papá y a mi sensei. Son pérdidas irreparables –termino de hablar, no porque ya no le quedasen más palabras, sino porque su quebrada voz le impidió continuar externando su dolor.

Era lógico que ella pensara que él no había sufrido pérdidas tan grandes como las que hace unos momentos había descrito debido a la falta de información sobre su vida, pero la realidad era distinta. La realidad era cruelmente distinta a la que ella pensaba. Él no sólo había sentido el dolor de perder a su padre, también había experimentado la vida de guerrero a una edad temprana y había cargado con la enrome responsabilidad de proteger a la humanidad entera de una amenaza tan poderosa. Y para cerrar con broche de oro, él había experimentado en carne propia la muerte. Sí, la misma muerte había llegado para ponerle fin a su existencia cuando Kid Boo hizo estallar la Tierra en miles de pedazos con el Señor Piccoro, Gohan, Goten y él inconscientes. El seguir respirando hasta ese momento se debía a la fortuna de saber de la existencia de las maravillosas Esferas del Dragón, ya que sin ellas, él no habría podido estar justo en ese momento.

-Te equivocas, Ino. Yo también he sentido el dolor que tú sientes en varias ocasiones y he cargado con responsabilidades tan grandes como las que tú cargarás como futura cabeza de tu clan, es solo que nuestras experiencias son completamente distintas y no podemos alcanzar a comprender lo que cada uno ha pasado.

-Tienes razón, Trunks. Discúlpame, me dejé llevar por el dolor –se disculpó la fémina. Limpió sus rosadas mejillas e intentó normalizar su respiración.

-Se hace tarde. Yo me encargaré de cazar algún animal que ronde por estos lugares. Quédate aquí, por favor, no tardaré.

-Yo también iré a cazar algo. Te veo aquí en cuanto termine.

-Preferiría que esperaras aquí. Ya ha oscurecido y no se ve muy bien por causa de los árboles y no quisiera que algo malo te pasara. Te aseguro que no tardaré nada.

Ante esas palabras, la rubia sintió que algo en su corazón se movió. Shikamaru y Choji eran sus amigos de toda la vida y era natural que ellos mostraran su preocupación por ella en incontables ocasiones. Los unía la historia entre los clanes Nara, Yamanaka y Akimichi. Pero ahora, frente a ella, la voz que escuchó, los ojos que vio, la boca que pronunció esas palabras y el rostro que vio, no pertenecía a ninguno de sus amigos de infancia. Ese chico de cabellos violetas no tenía más de tres semanas de conocerla y ya la protegía como si fuese su amigo de siempre. La ninja médico entendió que la preocupación que el guerrero profería cada vez que ella se encontraba en peligro la enamoraba más y más de él.

-Trunks, deja ya de protegerme tanto, ¿quieres? Antes de que tú llegaras a este lugar yo ya hacía este tipo de cosas, siempre he sido una ninja independiente.

-Lo sé, no fue mi intención ofenderte, te pido disculpas si eso ocurrió. Lo que intento decir es que me ofrezco para hacer este encargo, así que no tienes que molestarte.

-No me quedaré con los brazos cruzados mientras tú te encargas de todo. Iré a recolectar frutos y hierbas para complementar.

-De acuerdo, pero no vayas muy lejos.

-Sí, sí, lo que digas –dijo la de ojos azules mientras se alejaba dándole la espalda en señal de desinterés y fastidio ante la insistencia del guerrero.

El pelilila continuó caminando por el hermoso bosque en busca de un animal grande para cazar. No muy lejos, un río lo bastante profundo para que muchos peces habitaran en él se apareció frente a Trunks. Sin pensarlo dos veces, se quitó la chaqueta azul claro distintiva de Capsule Corp, dejando a la vista sus bien formados brazos que aguantaban 50 veces su propio peso. Luego prosiguió con su camiseta negra que en un par de segundos logró sacarse, exhibiendo su bien trabajado abdomen y sus pectorales hinchados por el arduo entrenamiento. Se concentró un poco para detectar el ki de su compañera, al sentir su energía espiritual un poco lejos de él, se quitó el cinturón dorado y lo colgó en la rama de un árbol cerca del río. Después, desabrochó el botón de su pantalón y antes de sacárselo, se quitó las sandalias distintivas de un shinobi. Era la única pieza de su atuendo que cambió en su llegada, ya que las forradas botas que siempre usaba le serían estorbosas para moverse en ese lugar. Posterior a haber dejado sus pies descalzos y sentir el pasto haciéndole cosquillas, se quitó el pantalón, quedando únicamente en bóxers. Sus fuertes y torneadas piernas sintieron la fría brisa de la noche, pero aun así, continuó con su labor. Cualquier mujer se hubiese derretido cual chocolate en pleno sol al admirar el cuerpo varonil del guerrero. Es más, si Ino hubiese pensado que el guerrero se dedicaría a pescar, ella se habría quedado escondida detrás de un árbol para contemplarlo.

El guerrero Z observó a un gran pez navegar por el río y se metió al agua fría de un clavado, divirtiéndose como niño con juguete nuevo. Su vida adulta como Director General en Capsule Corp a veces era tan estresante que le hacía olvidar que la vida se trata de disfrutar al máximo de pequeños momentos, así que se dedicaría a divertirse ahí como pez en el agua. Después de un buen tiempo, salió de ahí con tres enormes peces sobre sus hombros.

Los dejó en la orilla del río y salió completamente del agua, sintiendo de lleno el aire gélido que se colaba por cada poro de su piel desnuda. Su cabello lila había crecido considerablemente en las tres semanas que llevaba ahí. Ahora lo tenía hasta los hombros y el agua escurría por él, deslizando pequeñas y juguetonas gotas que trazaban su camino, algunas por los fuertes brazos, llegando a sus grandes manos, a sus dedos y encontraban su fin cayendo en picada hasta el suelo. Otras se escabullían por su cuello, mojando su pecho, su abdomen y llegando hasta el inicio de sus bóxers. Sus piernas también se encontraban cubiertas de ese líquido vital que escurría a través de ellas hasta llegar a sus pies y terminaban su recorrido mojando el pasto. Para apresurar el secado que hasta ahora el aire estaba tratando de hacer, Trunks tomó su cabello, hizo una coleta y escurrió el exceso de agua en él. Pasó sus manos por sus torneados brazos para apresurar el recorrido del agua fuera de él, y lo mismo hizo con su pecho, su abdomen y sus piernas. Se vistió con rapidez y cargó sobre su ancha y masculina espalda los peces que atrapó y se dirigió al lugar donde se encontraría con Ino.

Pocos minutos después, alcanzó a vislumbrar la atractiva figura femenina de su compañera de equipo que llevaba sus delgados brazos repletos de frutos y algunas hierbas verdes que recolectó. Al mostrar su rostro bajo la luz de la luna, el guerrero pudo ver un ligero sonrojo que adornaba sus mejillas. La chica no dijo nada, sólo se apresuró a caminar y reunirse con los demás.

La velada pasó de lo más sencilla. Trunks y Choji disfrutaron a más no poder del festín que el guerrero había llevado para deleite de ambos, mientras que Shikamaru e Ino comieron muy poco a comparación de los otros dos. Por supuesto, Trunks le ganó a Choji por mucho, sintiéndose de nuevo derrotado éste último.

-Me encargaré de hacer la primera ronda de vigilancia –dijo Shikamaru.

-Yo me haré cargo de la segunda ronda, si gustan –se ofreció el guerrero.

-Bien, esta noche Trunks y yo haremos la guardia, la siguiente noche serán Choji e Ino.

Todos afirmaron y se acomodaron en sus bolsas de dormir. El Nara se sentó en un árbol alto y se acomodó para poder vigilar la primera mitad de la noche. Pasadas unas horas, el pelinegro bajó su mirada y la puso en sus tres camaradas que yacían dormidos. Por unos instantes, un sentimiento de calidez inundó su corazón. Pensó que esos chicos de ahí abajo lo eran todo para él. Eran sus colegas, sus compañeros, sus amigos, sus hermanos, eran su familia. En el poco tiempo que llevaba de conocer al chico de rara cabellera violeta, se había dado cuenta que era completamente de fiar. Daba miedo pensar que quizá las cosas pudieron ser diferentes y que en lugar de haber aparecido en Konoha, hubiese aparecido en cualquier otro lugar que lo convirtiera en una amenaza para ellos. Afortunadamente no había sucedido aquello. Y no había sucedido aquello no por el hecho de haber caído en manos de la Hoja, sino por el hecho de haber sido educado de la mejor manera.

-Ahora recuerdo que habló de un tal Goku y de sus intervenciones para salvar la Tierra en incontables ocasiones. Así como lo describe Trunks, suena a un Naruto de otro planeta y de otra dimensión –reflexionó Shikamaru –Además de eso, también habló de su padre y de lo orgulloso que es, algo así como un Sasuke sintiéndose el príncipe de los Uchiha –rió ante tales pensamientos.

Echó una última mirada al guerrero y lo sintió un ninja de Konoha. Y para Shikamaru era un gusto dar la vida por un ninja de Konoha.

Las horas transcurrieron y el turno del pelinegro llegó a su fin. Trunks despertó justo en el momento en el que Shikamaru descendía del árbol para despertarlo. Intercambiaron un par de palabras en voz baja para no despertar a los otros dos y el Nara se metió en su saco para dormir.

El Briefs encontró cómoda una roca enorme muy cerca del campamento. Se sentó sobre la roca y alzó su mirada al cielo, buscando el astro menor que engalanaba la noche con su redondez tan brillante como el mismo sol. Esa era una noche de luna llena, la cual iluminaba el paisaje nocturno, regalándole una vista maravillosa. El guerrero pensó que era muy afortunado de haber nacido sin cola, ya que esos momentos serían devastadores si la tuviera en existencia. Gracias a Dende eso no había sucedido, así podía disfrutar de la belleza del astro en el firmamento sin temor alguno. A pesar de no tener cola, no podía negar que era un auténtico saiyajin debido a la atracción que sentía por la luna, como sus antepasados que ante ella se transformaban en monos gigantes y sacaban su instinto salvaje. Se permitió olvidar al mundo entero en ese momento para observar la brillante esfera y agolpar sus recuerdos en la mente.

Unos ojos azules permanecían insistentemente en la figura del guerrero. Ino podía ver el perfil de Trunks y se dedicó a escudriñar cada parte de él, encontrándolo aún más atractivo bañado de la luz de la hermosa luna. Y hablando de baño, su mente trajo de nuevo aquella escena en la que, sin querer, la rubia había invadido la privacidad de su compañero. Pero ¿cómo poder evitar quedarse embobada observando el perfecto cuerpo del ojiazul empapado y sin nada más que sus bóxers? Imposible.

Sencillamente eso era imposible.

-Él tuvo la culpa por haberse tardado más de la cuenta –se excusó para sí misma en su mente –Si hubiera llegado a tiempo, no habría tenido que ir a buscarlo. ¡Oh, vamos! ¿A quién quiero engañar? Fue perfecto que se haya tardado tanto tiempo y que yo tuviera que buscarlo. Gracias a eso, pude ver algo que quizá nunca jamás pueda volver a ver. Ese hombre será solo mío. No me importa que tenga que irse, estaré a su lado el tiempo que se quede aquí.

La Yamanaka era plenamente consciente de que el chico de ojos bellamente azules no pertenecía a Konoha, lo cual entristecía su semblante, pues él había logrado meterse en su corazón sin previo aviso y, quizá, sin saberlo. A pesar de ello, la rubia nunca retrocedía si de conquistar a un hombre se trataba, así que emplearía todo lo que tuviese a su favor para hacer de la estancia de Trunks algo inolvidable.

El tiempo transcurrió sin detenerse y los primeros rayos del sol iluminaron los huecos que los árboles no lograban cubrir con sus hojas. Todos se levantaron y estiraron sus adormecidos músculos.

-Buenos días a todos –dijo cortésmente el saiyajin.

-Buenos días, Trunks –la primera en responder fue la alegre Ino.

-No serán buenos días sin antes haber desayunado.

-Tranquilo, Choji. Comerás después, ahora tenemos que reanudar el viaje –le calmó su mejor amigo.

-No te preocupes, Choji, pude conseguir pequeñas frutas y las puse en este saco para que vayamos comiendo en el camino –Trunks ya estaba acostumbrado al estómago del Akimichi, un poco parecido al suyo.

-¡Uhu! ¡Muchas gracias, Trunks! Eres un excelente amigo –le dijo al mismo tiempo que le quitaba el saco y hundía su gran mano para comenzar a comer.

-¿Listos? –indicó el líder holgazán –Continuemos.

En un abrir y cerrar de ojos, los dos días restantes pasaron y al fin pudieron llegar al inicio del desierto. Trunks no creyó que, literal, la Aldea fuera de arena. Un ninja de la Arena los esperaba ansioso y, al verlos, no perdieron tiempo en habladurías, se encaminaron pronto a atravesar el gigantesco desierto hasta llegar a la Aldea.

Cuando llegaron, el ninja los encaminó a la oficina de Sabaku No Gaara, Kazekage de la Arena, donde estaba acompañado de sus dos hermanos mayores, Sabaku No Kankuro y Sabaku No Temari.

-Pase –dijo Gaara al escuchar que llamaban a la puerta.

-Los ninjas de la Hoja han llegado, Kazekage-sama –advirtió el chunin una vez que ingresaron a la pieza.

-Así que la Hokage creyó que era buena idea enviar al holgazán a un trabajo de mucha acción –se burló Temari contenta de ver a su amigo pelinegro.

-Muy graciosa, mujer –le contestó a modo de saludo el Nara.

-Y dime, ¿tu sombra se encargará de encontrar a todos los desaparecidos?

-Aunque lo dudes, eso vinimos a hacer.

-Eso quiero verlo –finalizó la rubia.

-Basta, Temari –tranquilizó el pelirrojo, tornando la atmósfera con un aire más serio –Creí que enviarían a Naruto para localizar el chakra de los aldeanos –se cuestionó Gaara, también esperanzado de estrechar la mano de su primer amigo.

-Tsunade-sama creyó que el más indicado para ese trabajo es Trunks –dijo Shikamaru poniéndose al lado del saiyajin, presentándolo ante los hermanos del Desierto –Él es un chico bastante especial, ya verán que con su ayuda podremos dar con ellos.

-Mucho gusto, mi nombre es Trunks Briefs.

-¿Y este chico quién es? No tiene apariencia de ser un ninja. Eso lo puedo saber con ver su atuendo tan distinto al de nosotros, aunque quiera aparentarlo por traer sandalias shinobi y su bandana de Konoha en el brazo izquierdo –comenzó a analizar al guerrero la rubia de cuatro coletas, fijando sus ojos verdes sin recato alguno, cosa que advirtió el guerrero y, al igual que con la rubia de una coleta, se sonrojó ante la insistente mirada –Aunque debo reconocer que es muy atractivo –ante esas palabras, la ninja de la Arena lo vio de arriba abajo con una sonrisa coqueta en sus labios.

-¿Trunks, eh? Mucho gusto, mi nombre es Sabaku No Kankuro, hermano y consejero del Kazekage, Sabaku No Gaara –se presentó el castaño y presentó a su hermano menor, respectivamente.

-Y yo soy Sabaku No Temari, encargada del Escuadrón de Búsqueda. Si estás aquí para ayudarnos, entonces tú y yo trabajaremos juntos –le dijo aún con la sonrisa dibujada en su rostro.

Estas palabras no sonaron para nada agradables a los oídos de la Yamanaka, quien dirigió una mirada fulminante a la otra rubia, pero que ésta ignoró completamente, ya que no lograba despegar sus verdes en los azules del guerrero.

-Antes que nada, queremos escuchar un informe detallado de lo que ha ocurrido hasta ahora –pidió el Nara, obligando a las féminas a mirarlo y dejar de lado lo anterior.

-En las últimas cuatro semanas ha desaparecido una considerable cantidad de personas civiles en la Aldea –comenzó a dar el reporte el marionetista -Hemos tratado de dar con su paradero, pero nos ha sido imposible. Pero, la última vez que se reportaron desapariciones, dos grupos de shinobi del Escuadrón de búsqueda también se esfumaron.

-Esto quiere decir que la amenaza a la que nos enfrentamos es realmente poderosa si los shinobi también son víctimas de este fenómeno –analizó Shikamaru.

-¿Cuántos ninjas son en total los que ya no están? –preguntó el guerrero.

-Los equipos de búsqueda son integrados exactamente igual que los demás. Si un equipo es de máximo cuatro ninjas, eso quiere decir que son ocho los ninjas que se han reportado ausentes –contestó Temari, obviando la respuesta.

Los shinobi de Konoha se detuvieron a analizar la situación. Nunca antes se había presentado algo parecido, por lo que se hallaron frente a algo desconocido, pero que tenían que resolver lo antes posible para evitar que más víctimas cayeran en aquel extraño suceso.

-Está por oscurecer –mencionó el Kazekage de repente, rompiendo el gran silencio que se formó por algunos minutos.

-Es hora –dijo el hermano mayor de Gaara –Algo que hemos descubierto al analizar la situación es que todos han desaparecido mientras oscurece y a lo largo de la noche. Se ha advertido a toda la población que a esta hora nadie puede estar en las calles de la Arena.

-¿Qué? ¿Y por qué no lo mencionaron antes? Tenemos poco tiempo para organizarnos –dijo Shikamaru –Nuestra prioridad en estos momentos es proteger a la población. Trunks, tú definitivamente estarás con Temari en su Escuadrón por la mañana, pero por ahora necesitamos que te concentres en el ki de todos y estés al pendiente de ello. Si detectamos a tiempo las presencias que están desapareciendo, podremos impedir que lo sigan haciendo y probablemente demos con el origen. Kazekage-sama, por favor disponga a todos los shinobi para que patrullen toda la Aldea y, les pido de la manera más atenta, que no vayan solos. Siempre, en todo momento, debe haber al menos un ninja más acompañándolos. Ino, tú estarás en el Escuadrón Médico por si hay algún herido.

-Espera, Shikamaru. Soy un ninja sensorial, es mejor que también vaya a patrullar las calles y detectar si algún chakra comienza a desvanecerse –alegó la rubia. Su argumento era totalmente válido, pero también quería estar en la misma tarea que Trunks, y si le asignaban en su mismo equipo, estaría aún mejor. No quería dejarlo con la otra rubia, que había visto ya sus intenciones con el guerrero.

-Sé que eres la mejor detectando chakra, pero eres mucho más útil en ninjutsus médicos. Aquí tienen bastantes ninjas sensoriales y Trunks puede solo con la tarea, en cambio, una de las discípulas de Tsunade puede hacerse perfectamente cargo de la dirección de los médicos –puntualizó el pelinegro.

La Yamanaka no tuvo más remedio que hacer caso al Nara. Si tenía una tarea diferente a la del guerrero no importaba, iba a dar lo mejor de sí para que la misión fuese resuelta de la mejor manera y que su príncipe lila la viera lucirse. Shikamaru tenía su confianza puesta en Trunks, tal y como Asuma la tuvo en Shikamaru en su momento. Si decía que él podía solo con la tarea, confiaría también. Después de todo, ella misma había visto las asombrosas habilidades del hijo mayor de Vegeta.

-Shikamaru –llamó Gaara –Estás a cargo de dirigir a los ninja de la Arena. Eres como tu padre Shikaku solía ser. Tengo mi confianza puesta en ti.

Al usuario de las sombras le sorprendió lo dicho por el pelirrojo. No por la confianza del Kazekage, sino por la mención de su difunto padre. Movió su cabeza de un lado a otro tratando de disipar los tristes recuerdos. Este no era el momento de ponerse sentimental.

-Le mantendré informado de lo que suceda –respondió Shikamaru como gesto de agradecimiento.

Los hermanos mayores de Gaara salieron de su oficina seguidos de los ninjas, y guerrero, de Konoha. En la parte superior de la Torre Kazekage reunieron a todos los ninjas disponibles y se organizaron. Se hicieron dúos y se distribuyeron por toda la Aldea, mientras que los ninja médicos aguardaban en puntos estratégicos por si algún grupo requería de su asistencia.

-Puedo sentir hasta la más mínima energía que hay en la Aldea, solo necesito concentrarme para poder percibir alguna anomalía, ya que las presencias de personas comunes es más difícil de detectar –pensaba el saiyajin mientras cerraba los ojos para mayor concentración.

-Veo por qué Shikamaru tiene tanta confianza en ti. Te tomas esto muy en serio –dijo Temari a su lado. La rubia había encontrado la oportunidad perfecta para conocer al nuevo integrante del equipo Asuma y no la desaprovechó en lo absoluto –Ahora que recuerdo, ese holgazán dijo algo muy extraño sobre lo que éste chico podía hacer.

-Claro. Todos aquí debemos tomarnos la seguridad de la gente muy en serio, ¿no crees?

-¿A qué se refirió Nara cuando dijo que te concentraras en el ki de todos? –ignoró el comentario anterior por completo.

-¿Eh? Bueno, verás. Tengo la capacidad de percibir la energía espiritual de las personas, lo que me permite saber su ubicación, su nivel de poder, entre otras cosas.

-¿Energía espiritual puramente? ¿Estás bromeando, verdad? –se sorprendió la rubia.

-No, no, en lo absoluto. Hablo completamente en serio. Ustedes le llaman chakra, ¿no es así?

-Te equivocas. El chakra surge de la combinación de la energía física que hay en nuestro cuerpo y de la energía espiritual que controlamos con entrenamiento, eso es lo que los ninjas sensoriales pueden sentir. Pero tú me estás diciendo que la energía espiritual solamente es lo que sientes. Eso es imposible.

-Bueno, me es posible. Es por eso que debo concentrarme más de lo habitual. Como tú misma lo dijiste, sólo con entrenamiento se incrementa la energía espiritual, así que me cuesta más trabajo sentir el de los aldeanos normales.

-¿Acaso me estás diciendo que me calle? ¿Insinúas que te distraigo o que te estorbo? ¿Es eso? No eres nada caballeroso –se ofendió Temari.

-No, no quise decir eso. No me malinterpretes por favor –el guerrero intentó por todos los medios disculparse con su compañera de vigilancia. No entendía por qué unas simples e insignificantes palabras podrían llegar a ser una bomba atómica en la mente de una mujer, pero era mejor hacer algo al respecto si no quería tenerla de mal humor toda la noche –Discúlpame, por favor –le insistió el guerrero, aún sin entender de qué se estaba disculpando exactamente.

La rubia sonrió triunfante. Era tan sencillo hacer que un hombre se disculpara sin saber por qué razón y eso le divertía.

-Está bien. Pero con una condición.

-¿Cuál? -¿acaso todas las mujeres eran así de ventajosas? Nunca las comprendería.

-Que después de resolver este asunto me invites a salir, ¿qué te parece? –le dijo muy segura de sí misma. Temari, la ninja de la Arena, era una mujer directa, coqueta y demasiado fuerte. Ser la hermana del Kazekage era de gran ventaja, pero no necesitaba de ello, con ser ella misma le bastaba.

-¿Salir? Sí, como digas –cedió con tal de calmar el carácter de la ninja.

-Bien, dejemos de lado la charla y concéntrate en tu trabajo. Iré a patrullar por los alrededores –le indicó la fémina dándole la espalda.

-No, espera. Recuerda que no puedes ir sola. Te acompañaré.

-¡Ay, pero qué amable! -le dijo con ironía –No necesito que seas mi niñera, puedo cuidarme sola.

Y de nuevo escuchaba esa misma frase, ¿qué acaso todas las mujeres de ese lugar eran así de orgullosas? No pudo evitar pensar de nuevo en su pequeña amiga pelinegra. Pan era la única que le decía eso cuando mostraba preocupación por ella, argumentando que era lo suficientemente poderosa como para necesitar de su protección y, en ese lugar, parecía que pensaban de la misma manera.

-Esta es una situación sumamente delicada. Ninjas poderosos han desaparecido y ni siquiera sabemos cuál es la causa de ello, así que te pido que me dejes acompañarte.

-Ah, ya entiendo. Tienes miedo de quedarte sólo, ¿no es así? –se burló la de ojos verdes.

-No, no es eso. Si uno corre peligro el otro puede apoyar o informar a Shikamaru. Insisto, voy contigo.

-De acuerdo, señor preocupón –una parte de ella se sintió diferente y rara ante la insistencia de su compañero. Preocuparse por alguien que acababa de conocer no era nada normal. Algo tenía ese chico que le atraía.

De repente, Trunks sintió que el ki de un ninja se desvanecía lentamente.


Hasta aquí llegó el capítulo, qué les pareció? Parece que las cosas en Suna no están nada bien, qué estará pasando? Podrá nuestro guapísimo guerrero descubrirlo? Tal parece que Trunks está tirando rostro por todos lados jajaja ya atrapó también a la rubia de la Arena. Cómo le hará Ino para defender lo suyo? Y aún mejor, qué hará Trunks en medio de una pelea de fuertes y hermosas kunoichis? Seguro envidiará el estoicismo de Vegeta.

bulmiita tiny: Hola! Espero que todo esté bien y que las cosas se hayan resuelto :D Te diré que me divertí escribiendo el capítulo anterior y éste también, sobre todo en la parte donde Sasuke se queda con el ojo cuadrado :P Me tardé un poco en actualizar, pero aquí está y espero que te guste. Te mando un fuerte abrazo!

Por favor, dejen sus reviews y háganme saber su opinión, que siempre será bienvenida y la apreciaré con todo el corazón. Disfruten de la comedera de estas fechas y que la dieta inicie en enero. Nos leemos por aquí. Sayo...