Disclaimer: Tanto Dragon Ball Z como Naruto no me pertenecen, son obra de Akira Toriyama y Masashi Kishimoto respectivamente, pero mi imaginación me dio para juntarlos en una situación que nunca de los nunca va a ocurrir T.T... solo en mi cabeza.

He aquí algunas aclaraciones:

-letra normal- Diálogos

-letra cursiva- Pensamientos y contenido de flashback (lo especificaré)

-letra en negritas- Anuncio del Flashback.

Hola, hola, gente bonita. Seguro se pregutarán ¿y ahora? Karin publicó muy pronto, ¿no? XD La verdad trabajé muy duro para poder publicar el viernes, pero por culpa de los deberes tuve que publicar hasta ahora. La razón es muy sencilla, una lectora me recordó a través de su comentario que el 31 de octubre el fic cumple un año y que guardaba la esperanza de que ese día actualizara, pero por falta de tiempo, publico hoy 2 de noviembre, que es una fecha aproximada al aniversario. Así que Anna, a pesar de que no pude publicar el mero día, te agradezco enormemente que te hayas dado cuenta de ese detalle que a mí se me pasó por completo. Mil gracias. Este capítulo va por ti.

Ahora, sin más que decir, los dejo con la actualización de hoy.


La historia de Vegeta, un saiyajin orgulloso de pertenecer a una raza de élite, nacido en la cuna principal de la familia gobernante, prodigio indiscutible de entre los pequeños monos de su edad e incluso más poderoso que los guerreros con años de experiencia; frío, soberbio, un alma solitaria con deseos de matar e imponer su sagrada voluntad sobre seres menos privilegiados que él, satisfecho por el potencial que su padre y los demás seres de otros planetas le juraban en el futuro, sucesor del Rey Vegeta, cruel y despiadado como le dicta su naturaleza, Príncipe de la raza más sanguinaria del universo entero, sediento de poder … y más. La historia de Vegeta es un relato que no puede ni debe caer en oídos de cualquiera.

La elección de palabras que Trunks utilizó para terminar de derribar el rasgado telón del pasado de su padre fue meticuloso, al punto de intentar aminorar al máximo el probable impacto que provocaría en el corazón de la pequeña princesa saiyajin, sin embargo, aunque lo desease, no existían palabras dulces y suaves capaces de contar el actuar desalmado y siniestro de un genio del combate amante de la destrucción, del caos y del sufrimiento ajeno.

No solo Bra, que permanecía poco menos que al punto del colapso, sino todos los ninja presentes escuchaban completamente horrorizados la suave y avergonzada voz del primogénito de semejante tirano, reparando muy poco en la reacción de la segunda hija del sujeto en cuestión, centrándose cada uno en su propio sentir. Algunos de ellos, específicamente las kunoichis, se sorprendieron a sí mismas temblando de la impresión, sudando copiosamente de manos y pies, con los ojos desorbitados y la mandíbula hasta el suelo de escuchar tal cosa que en su temprana vida jamás creyeron posible. Los ninja más analíticos no encontraron lógica alguna en el discurso, cuestionándose insistentemente a manera de defensa si siquiera podía existir un solo ser con tales características de personalidad que le llevaran a la inminente destrucción de la vida entera de los planetas simplemente por capricho o diversión. Los shinobi más afables y sentimentales se hallaban empuñando con impotencia y total desasosiego sus puños al punto de hacerse daño con las uñas, evidenciando el caldo de emociones en el estómago que le generaba escuchar al amable Trunks hablar de su padre.

Ninguno de ellos se comparaba con la víctima directa de tan hirientes palabras. La pequeña peliazul no sabía qué decir. Su caprichosa y voluntariosa cabeza no daba crédito a lo que sus oídos escuchaban atentamente. Simplemente, ese Vegeta del que le hablaba su hermano, no coincidía en lo absoluto con su malhumorado padre.

¿Qué harías si te dijeran que tu padre es un asesino?

La búsqueda de las Esferas del Dragón en Namekusei fue solo una pequeña probada de lo que el saiyajin fue capaz. Matar a tantos pobladores inocentes, pacíficos y hospitalarios para complacer su ambición de poder era imperdonable. La manera tan fría y despojada de remordimiento alguno que Vegeta tuvo para asesinar con dolo uno a uno de los simpáticos hombres verdes era imposible de creer. Monstruos como él y como Freezer no tenían derecho a la vida eterna. Ni siquiera a la vida misma.

Y sí, entre los asesinados a manos de Vegeta se encontraba Zabón, el padre de Zahira. A aquel poderoso soldado de clase alta a la derecha del Gran Freezer, responsable de varios monstruosos actos también, le llegó la hora después de cometer el garrafal error de subestimar al Príncipe de los Saiyajin después de haberse recuperado del borde de la muerte. Con suma facilidad Zabón fue derrotado y enviado al Otro Mundo, pero antes de que aquel suceso se concretara, vivió la peor de las humillaciones cortesía del afanoso Vegeta.

Pero su despiadado acto de arrebatar vidas inocentes y no tan inocentes sin distinción no fue lo único de lo que se le acusaba en esa charla al pelinegro genio en el combate. Su ambición desmedida de poder, totalmente enfermiza, psicótica e inentendible para todo aquel que carece de la sangre más poderosa del universo en sus venas, llevó a un peligro contundente a la Tierra en más de una ocasión. El Androide Cell y su perfeccionado cuerpo fue uno de los tantos errores que Vegeta cometió por culpa de su orgullo de saiyajin y su gigantesco amor por las batallas y el poder. Dejarse controlar por Babidi y así brindarle poder al huevecillo donde se encontraba durmiendo el poderoso Majin Boo con tal de enfrentarse a su némesis sin importarle las consecuencias, fue otro acto absurdo e irracional consecuencia de su sed de superioridad.

Nadie ahí se atrevió a interrumpir al avergonzado saiyajin de cabello lavanda en su relato. Incluso cuando éste concluyó, las opiniones sarcásticas, análisis profundos y acertados, rabietas influenciadas por emociones desbordadas y expresiones de sorpresa, brillaban por su ausencia. Cada uno, petrificado en su sitio, se olvidó repentinamente del basto y extenso vocabulario que poseía, porque las palabras exactas para describir su actual estado se habían esfumado.

–¿Có-cómo es…? –intentó hablar la hija de Bulma después de un breve silencio. Sus lágrimas corrían a cántaros sobre su bello pero desencajado rostro, haciendo evidente su consternado estado de ánimo –¿Cómo es que… tú…? ¿Cuándo te enteraste de… todo esto?

–Mi madre me lo contó poco tiempo después de lo ocurrido con Majin Boo –respondió el pelilila que no apartó la mirada de ella ni un solo instante.

–¿Ma-Majin Boo? ¿Te refieres a ese gordito rosado que siempre está con Mr. Satán? –el saiyajin simplemente asintió.

La peliazul sonrió pequeña y dolorosamente para sí, burlándose de sí misma por lo ignorante que resultaba ser de la vida de su padre, de los Guerreros y de la Tierra. Ella no sabía a qué se refería Trunks con lo "ocurrido con Majin Boo". Para ella, ese Majin Boo no era más que la mascota desagradable, irritante y de cociente intelectual bajo del fanfarrón artista marcial que se adjudicó en más de una ocasión el título de Salvador de la Tierra que les pertenecía al papá de Goten y al suyo, aunque al último lo ponía en tela de juicio. Jamás le interesó saber del pasado de nadie, ni siquiera de su mismo padre que tanto decía amar.

En ese preciso instante, la saiyajin se dio cuenta de lo desinteresada y egoísta que había actuado para con los demás todo ese tiempo. Con unos cuántos años más de experiencia encima se habría ocupado más por el descubrimiento que acababa de hacer de sí misma, pero como no poseía esos años ni esa experiencia, su atención se volcó nuevamente hacia la reciente noticia, evadiendo así un excelente análisis sobre sí.

–Papá es cruel –susurró la saiyajin decepcionada con un hilo de voz que alcanzó a ser escuchado solamente por su hermano.

Trunks caminó y acortó unos cuántos pasos que ponían distancia entre él y su hermana. A decir verdad, el chico guerrero pocas veces se veía orillado a mostrar afecto hacia los demás, aún si se trataba de su propia familia, así que en lugar de abrazar a su hermana fuertemente, se limitó a poner una mano en su hombro para hacerle saber que estaba con ella y le entendía.

–Ahora entiendo por qué Zahira me odia tanto. Mi papá mató a su papá y por su culpa mucha gente inocente ha muerto sin poder ser revivida con las Esferas del Dragón. ¿Te imaginas cuántas familias han llorado por su culpa? –los ojos azules de la guerrera se cerraron con impotencia, al igual que sus puños –¡¿Te lo puedes imaginar, Trunks?! ¡Porque yo sí! ¡Si algo les llegara a pasar a ustedes, yo me moriría de dolor! Yo no podría soportarlo, pero ahora… –la guerrera hizo una pequeña pausa por culpa de su entrecortada voz que no la dejó continuar.

Los shinobi, que antes se encontraban estupefactos por el terrorífico pasado del saiyajin, desde hace mucho se habían centrado en la conversación de los híbridos, aún despojados de poderes verbales que les permitiera incluirse en el diálogo para brindar su punto de vista. Mejor; de lo contrario sus palabras no habrían sido de ayuda para la guerrera.

Aún con su mano en el hombro de la princesa, Trunks no dijo una sola palabra. Él miraba serio a su pequeña hermana llorar y luchar por contener esas lágrimas que se rehusaban a hacerle caso. Entendía muy bien lo que ella estaba sintiendo en ese momento, pues justo eso mismo pasó él cuando su madre le confesó el pasado de su padre, sin embargo, hubo un factor importante que hacía diferente el momento entre los dos hermanos.

Trunks experimentó el dolor de la muerte de su padre.

Después de la amarga noticia que le dio el señor Goku al pequeño saiyajin y la inmensa alegría que le provocó verlo nuevamente con vida, fue suficiente para saber que no quería vivir en un futuro sin su orgulloso padre, fuese como fuese, simplemente lo quería vivo.

–¡Lo odio! –las violentas palabras que su hermana escupió con furia sumado al arrebatado gesto de librar su hombro del agarre de Trunks, lo sacaron de sus recuerdos para fijar sus ojos celestes en ella. No solo él; Kakashi, Sakura y Naruto también la miraron sorprendidos por lo que sus oídos captaron. Ino podía entenderla, casi sentía el mismo repudio al pensar en ese despiadado ser, aunque aquello le hiciera sentir levemente culpable al tratarse del padre de Trunks. El resto quizá no entendía la gravedad en las palabras de la saiyajin. Odiar a un padre era prácticamente un Tabú, pero al escuchar la historia, ¿qué más se podía esperar? Todo era muy confuso.

–Bra-chan, no… –ni siquiera el rubio impulsivo tuvo el valor para completar su frase.

¿No deberías decir eso? ¿No deberías odiar a tu padre? ¿No llores? ¿No, qué?

–No sabes lo que dices… –fueron las pasivas palabras de Kakashi las que completaron la frase sin rumbo del ninja.

–¡Por supuesto que sé lo que digo! –respondió arrebatada la guerrera dirigiéndose al peliplata –¡No puedo creer que papá nos haya mentido todo este tiempo! ¡Siempre ocultando sus verdaderas intenciones tras una maldita máscara! ¿Salvador del Universo? ¡Por favor! No es más que un repugnante mercenario espacial que quizá esté esperando el momento indicado para conquistar la Tierra y venderla al mejor postor. Yo ya no sé ni quién es mi propio padre –concluyó su decepcionado discurso con menor fuerza que cuando empezó, sintiendo su corazón ser atravesado por esas mismas palabras que lanzaba. Ni siquiera ella misma podía creer que estuviese hablando así de su amado padre, pero eso era justo lo que estaba haciendo –O dígame, Kakashi-sensei, ¿usted podría perdonar que su padre fuese como el mío? ¿Podría perdonar que cometiese siquiera uno solo de los actos tan graves que él cometió?

El experimentado ninja respondió con un sabio silencio. Lo que la dolida guerrera esperaba era una respuesta que le reafirmara que lo que estaba diciendo y sintiendo era totalmente correcto, pero él no le daría lo que ella quería. Y Trunks tampoco.

Durante el discurso de su hermana, el saiyajin permaneció en absoluto silencio sin intención de persuadirla ni mucho menos, limitándose solo a observarla con un gesto estoico. Sakura, quien estaba a un lado del guerrero, no pudo evitar voltear y levantar un poco su rostro para mirar con una expresión empática a los sentimientos de Bra al chico, preguntándose por dentro la razón por la cual él no hacía nada para tranquilizarla. Ella deseaba hacerlo, pero algo dentro le impedía acercarse a la furiosa saiyajin. ¿Qué le diría? "¿Tranquila, Bra?" ¡Já! De gran ayuda serían sus palabras.

–Por supuesto que no –se respondió a sí misma la guerrera –Usted es quien no sabe lo que dice. Déjeme adivinar; su padre fue un héroe que murió luchando por Konoha y por proteger a toda su gente y ahora es recordado como un gran hombre, ¿cómo cree que será recordado mi padre en un futuro? ¡Ni siquiera ha muerto y el universo entero ya lo odia y a nosotros también por ser sus hijos! ¿Se da cuenta de eso? Nosotros heredamos los errores que los saiyajin cometieron en el pasado, y por su culpa, ahora ustedes también están en peligro.

Los actos sanguinarios y cavernícolas que una raza espacial cometió en su pasado a varios cientos de universos de distancia, había alcanzado al Mundo Shinobi. Nuevamente un escalofrío recorrió la espina dorsal de los ninja más jóvenes del grupo, al punto de evidenciarlo con un ligero perlado en su sien que en algunos corría por el costado de su rostro.

Tiene que estar mintiendo –pensó el Uchiha con los ojos tan abiertos que amenazaban con salir de su lugar –No existe nada en este mundo… No. No existe nada en este universo como lo que acaba de decir este sujeto –sus ojos pronto abandonaron la sorpresa y se entornaron con rabia hacia la figura del mitad extraterrestre que miraba el suelo con el ceño fruncido. Sentía un mar de sensaciones en la boca del estómago difícil de describir, pero que sin duda le quemaban por dentro, y sus ojos al igual que sus empuñadas manos no lo podían disimular.

Pero existía, para su desgracia. Por más que quisiera y se empeñara en negarlo, ya había comprobado por sí mismo el increíble poder que guardaban otros seres ajenos a su mundo de por sí bastante podrido.

–Hn –rió de lado cerrando sus ónix –No tiene caso negarlo, pero… –al abrir nuevamente los ojos, de nuevo los fijó en el saiyajin que continuaba en la misma posición, como si él también estuviese metido en su cabeza –No importa cuán poderosos creen que son los saiyajin, nadie es invencible. Encontraré la manera de poder enfrentarme a ellos, debo descubrir sus puntos débiles.

–Tienes razón –habló después de mucho tiempo el pelilila, captando de nuevo la atención de su hermana que dejaba de sollozar para escucharlo –Mi padre no fue el único que cometió errores. Su padre, el Rey Vegeta, Broly, Raditz, Nappa, incluso Bardock, el padre del señor Goku, cometieron actos irreparables. Te digo esto porque no mereces vivir por más tiempo en la oscuridad de la ignorancia, y porque eres una saiyajin; pero eso no significa que tengas el derecho de juzgarlos y ser tan dura con ellos. Mi padre ha cambiado, él ama a su familia y pelea por el bien de nosotros y de la Tierra. Sus sentimientos son sinceros y la prueba de eso es que tú conoces al nuevo Vegeta –el chico hizo una pausa suavizando sus facciones al observar en los ojos de Bra un pequeño brillo en sus enrojecidos ojos. Nuevamente se acercó a ella y le puso su mano en el hombro –Tú no lo sabes, pero durante la batalla contra el temible Majin Boo, nuestro padre murió.

–Lo mejor hubiera sido que permaneciera muerto –dijo la resentida princesa entornando sus ojos hacia Trunks, pero el Briefs no dijo nada al respecto, él continuó su relato.

–Ese día, mi padre luchó como nunca lo había visto pelear en el pasado. Mi madre me contó acerca del orgullo que siempre caracterizó a mi padre, pero cuando se enfrentó a Boo, lo que vi en él no fue orgullo, sino un gran deseo de protegernos a mamá y a mí de esa poderosa amenaza. Bra, ese día mi padre me abrazó por primera vez. En ese entonces no lo entendí, pero ahora sé perfectamente que me dejó inconsciente para que yo sobreviviera junto con Goten mientras él daba su vida por la Tierra… y así fue. Cuando el señor Piccolo me contó ese detalle, mi admiración por él creció mucho más, y cuando me enteré de su pasado, lo único que yo pensé en ese momento fue en agradecerle a Freezer por haber protegido a mi padre como lo hizo y por haberse enfrentado a él poco tiempo después. Si todo eso no hubiera sucedido, tú y yo no estaríamos aquí justo ahora.

–¡¿Y qué te hace pensar que eso me importa?! –rugió la imprudente adolescente escuchando únicamente a sus emociones.

Una leve pero revoltosa ventisca sacudió el cabello de todos los presentes, producto de la ligera alza de ki que expulsó la guerrera en su rabieta.

Bra todavía no era plenamente consciente de todo el poder que poseía, por lo que el guerrero saiyajin decidió dejar de provocarla y nuevamente guardó silencio, endureciendo sus facciones nuevamente. Pero eso no aminoró el carácter de la fémina, por el contrario, enfureció a causa del silencio de su hermano, lo cual le recordaba que para él, ella no era de tomarse en serio.

–¡Te hice una pregunta, Trunks! –en esta ocasión, la arena acompañó al viento con unos cuántos granillos que revoloteaban alrededor de la princesa, alrededor del guerrero y algunos otros alcanzaban a fluctuar por donde estaban los shinobi.

Los ojos de los ninja miraban alerta los granos de arena que no caían nuevamente al suelo, sino que permanecían flotando por el aire desafiando la ley de la gravedad. Un acto sencillamente sorprendente, y todos ellos sabían a qué se debía.

–¡¿Qué te hace pensar que eso me importa?! –repitió entre dientes la pregunta –Siempre fue lo mismo, todos ustedes jamás me tomaron en serio. Papá en su maldita cámara de gravedad encerrado todo el día, mamá y tú en Capsule Corp y a mí que me lleve el demonio, ¿no? Te lo diré una vez más, hermanito –soltó lo último en tono sarcástico –¡Ojalá mi padre hubiera permanecido muerto! ¡Ojalá no lo hubieran revivido con las Esferas del Dragón! ¡Ojalá ese tal Freezer lo hubiera eliminado en el pasado!

Gradualmente, el ki de Bra continuó elevándose mientras más hablaba y más expresaba su enfurecido humor. La arena comenzó a hacerse un poco más densa a la vista de los ninja que, de pronto, comenzaron a sentir un casi imperceptible temblor.

–¿Sienten eso? –preguntó Sakura mirando el suelo y observando cómo los granos de arena que no estaban flotando se movían como si estuviesen danzando sobre el suelo.

–Yo-yo también lo siento –respondió Ino que miraba el suelo. La chica decidió levantar su vista y fijarla en Trunks buscando una respuesta mientras el temblor iba en aumento, pero él solo miraba completamente serio a su hermana que seguía elevando su energía –¿Qué demonios significa esto? –ni su pregunta formulada en alta voz logró hacer que su compañero de equipo le hiciera caso.

–¡Bra, tienes que tranquilizarte! –dijo el jounin mientras intentaba avanzar hacia la guerrera cubriendo con sus brazos su rostro. La ventisca que su ki provocaba había aumentado de tal manera, que era casi imposible ver lo que tenía enfrente.

–¡Por su culpa ahora tengo a una maldita fenómeno siguiéndome la espalda para enviarme directamente al Otro Mundo! ¡No lo puedo perdonar, Trunks! ¡No puedo!

Los temblores continuaron su curso, intensificándose cada vez más mientras se podía observar el cabello de los ninja y de los guerreros danzar violentamente al compás del viento que Bra provocaba sin ser capaz de meditar sobre lo que provocaba a su alrededor.

–¡Que poder tiene la hermana de Trunks! –comentó el Akimichi con serias dificultades para mantener el equilibrio.

–¡Y eso que no la viste pelear contra esa mujer! –reafirmó Naruto sosteniendo al castaño por detrás para evitar que saludara la inconsistente arena del desierto –Bra-chan tiene unos poderes asombrosos.

–Esos saiyajin son unos verdaderos monstruos –río con ironía el Nara bien parado en su sitio, pero no menos sorprendido que el resto.

–¡Tienes que decirle algo a tu hermana, Trunks! ¡Eres el único que puede tranquilizarla! –gritaba la Yamanaka sosteniendo su largo cabello rubio que se había liberado de su atadura y ahora le causaba problemas.

Sakura, Sasuke y Shikamaru miraron al guerrero que no se inmutaba en lo absoluto por el gran poder que desataba su hermana. Solamente su cabello lila y sus ropas se removían con furia, pero el resto de él se encontraba erguido despojado de la ferviente necesidad de cubrir sus ojos de la arena, algo que ellos estaban más que obligados a hacer si querían continuar mirando lo que ocurría a su alrededor.

Al ver que el saiyajin la había ignorado por completo, Ino decidió tomar la situación en sus manos. Quizá ella sabía demasiado poco de Vegeta, pero si lo que el pelilila le dijo cerca del lago alguna vez era cierto, entonces eso debía funcionar.

–¡No importa cómo hayan sido las cosas, Bra! ¡Sé que tú aún amas a tu padre y estoy segura de que él también te ama a ti! ¡Me lo puedo imaginar buscándote por cielo, mar y tierra, amenazando a cualquiera para que le diga dónde estás!

Esas palabras simples y aparentemente carentes de fuerza lograron hacer que la pequeña saiyajin redujera su furia. Pronto los temblores dejaron de sentirse y la arena regresaba a su lugar, aunque unos cuantos granos continuaban flotando en el aire. Trunks volteó su rostro a un lado aun con un gesto serio para mirar a la rubia sonreír gentilmente a la guerrera. Ino sabía que había hecho un excelente trabajo, pero aún quedaba un poco más por hacer.

–Estoy segura de que él no descansará hasta encontrarte, y cuando eso suceda, podrás hablar con él y hacerle saber lo que sientes ahora. Créeme, yo soy la que más te apoya para que le digas a tu padre unas cuántas cosas –guiñó su celeste ojo en complicidad con el propósito de hacerle saber que ella apoyaba sus sentimientos.

–No me interesa volver a verlo –respondió la peliazul con un quebrantado tono de voz. Dicho esto, la fémina expulsó su ki, rodeándose de un aura azulada y salió a toda velocidad sin rumbo, cerrando los ojos con fuerza mientras se le escapaban rebeldes lágrimas que dejaba atrás.

–¡Bra! –nombró el jounin que se reprendía mentalmente por no haber anticipado ese movimiento. A pesar de todo, la situación con Zahira y la cercana junta con los Kages continuaba su curso, y ella junto con Trunks eran de vital importancia –¡Sasuke! ¡Naruto!

Sin perder ni un segundo, el rubio corrió al lado del azabache que activaba su chakra púrpura dispuesto a despegar, pero la repentina presencia del pelilila frente al Susano'o los frenó en seco.

–No tiene caso que vayan –habló el guerrero extendiendo sus brazos en cruz para evitar el avance de ese extraño fenómeno, mirando a ambos con un gesto severo.

–¡Apártate de ahí, Trunks! ¡Si tú no quieres ir tras tu hermana, yo sí lo haré! –Sasuke deshizo su invocación y el rubio, en un parpadeo, se rodeó del chakra de Kurama dispuesto a emplear su máxima velocidad. De esta manera se libraría del Briefs y podría alcanzar a la peliazul.

No contó con que la diferencia entre los poderes de Bra y Trunks sería abismal. Naruto no fue capaz de cruzar la línea imaginaria que había pintado el saiyajin ni siquiera llegando al tope de su velocidad. Simplemente seguía viendo la rígida mirada del hermano de Bra a pesar del desplazamiento inhumano que realizaba.

Maldita sea, no puedo librarme de él –pensaba irritado el shinobi rubio mirándolo con el entrecejo fruncido.

No tiene caso que lo intentes, Naruto –habló desde el interior la siniestra voz del Biju más problemático de los nueve –Puedo sentirlo desde aquí… ese chico tiene un poder incluso más grande que el de Kaguya. Tú solo no podrás enfrentarte a él.

–Lo sé –Kurama soltó un leve ruido de sorpresa. El ninja más testarudo de la historia le estaba dando la razón –Y aun así, no dejaré que Bra-chan vaya más lejos.

Hn –rió el zorro de lado pensándose ingenuo al creer que ese mocoso se quedaría de brazos cruzados. Sin duda, ese era Naruto Uzumaki.

–¡Naruto, ya basta! –intervino la pelirrosa reprendiendo a su compañero –Este no es el momento indicado para que haya un enfrentamiento –Sakura abandonó su dura expresión, suavizándola para dirigirse al callado guerrero –Trunks, no entiendo por qué dejaste que Bra se fuera. Con la noticia que le diste, quién sabe qué es lo que ella pueda hacer.

–La frente de marquesina tiene razón –habló Ino recibiendo una fugaz mirada de reproche de la médico –¿Y si esa tal Zahira se llega a topar con tu hermana? O peor aún, ¿qué tal si Bra va en busca de ella? No sabemos qué es lo que pueda pasar. No lo entiendo, un día estás al borde del colapso por la preocupación y al otro día tratas a tu hermana como si no te importara, ¿se puede saber qué ocurre contigo?

–Ella estará bien –les respondió sin apartar su vista del cielo justo donde vieron a la guerrera partir –En estos momentos lo mejor será dejarla sola. El verdadero trabajo de un guerrero saiyajin comienza justo ahora para ella.

–Como si eso fuera tan fácil –resopló con ironía la Yamanaka cruzándose de brazos.

–No es por ofender, Trunks, pero acabas de decirle a tu hermana que su padre es un asesino despiadado. Si me lo preguntas, no creo que lo mejor sea dejarla sola.

–Choji tiene razón –reafirmó el Uzumaki molesto por la decisión aparentemente despreocupada que tomó el pelilila –Bra-chan está demasiado confundida como para pensar con claridad, lo último que podemos hacer es dejarla sola. Ella no está sola, y si tú no piensas actuar como un verdadero hermano, entonces lo haré yo.

Trunks apartó su vista del cielo y la puso en Naruto, el ninja rubio compañero de su hermana que le recordaba ligeramente al padre de su mejor amigo. A decir verdad, su trato con él se reducía a un par de ocasiones en las que coincidieron, no más; pero los relatos que Shikamaru, Ino y Choji le contaron acerca del ninja impredecible, cabeza hueca y héroe de Konoha ya le habían creado una percepción de él, pero… jamás pensó que esos relatos fueran tan verídicos como lo que veía ahora.

–Yo no sé cómo sean las cosas en la dimensión de donde provienes –continuó hablando con determinación aquel ninja que logró llamar la atención del pelilila –Aquí, en el Mundo Shinobi aquellos que rompen las reglas son considerados basura, pero… ¡aquellos que abandonan a sus compañeros son peor que basura! –concluyó chocando su puño contra la palma de su otra mano, dotándole de énfasis a la frase final.

Kakashi sonrió completamente orgulloso de su crecido subordinado. El cambio que se produjo en el interior de Naruto con cada paso que daba, con cada técnica que aprendía, con cada enemigo al que se enfrentaba y con cada compañero que protegía, fue maravillosamente inspirador para todos. No había shinobi en el planeta Tierra que no creciera gracias a la poderosa influencia de Naruto Uzumaki, el jinchuuriki de Konoha al que alguna vez odiaron.

Sakura, Shikamaru, Ino y Choji también se vieron contagiados por las palabras que Kakashi alguna vez les enseñó y que Naruto las había acogido como una regla de oro. Si bien, en el mundo de Trunks y Bra había seres endemoniadamente poderosos, ellos tampoco tenían las cosas nada fáciles. En un mundo retacado hasta la coronilla de odio, venganza y sed de poder, la calidez de la amistad y el amor era lo único que podía luchar contra las adversidades.

Para Sasuke, las palabras de Naruto no fueron vacías. Si el Uchiha fuera de muchas palabras, él mismo habría contado su historia con el rubio, dejándole claro a Trunks que ese irritante ninja sentimental no mentía. Él jamás abandonaba a un amigo, y mucho menos a alguien que considerara como un hermano. No obstante…

–Tú no eres su hermano, Naruto –Ino y Shikamaru se apartaron para que todos pudieran mirar al azabache que se encontraba detrás de ellos fuera del círculo que rodeaba al saiyajin –Ella estará bien. Lo que importa ahora es llegar a Konoha y prepararnos para el ataque que esa mujer tiene planeado. Si seguimos desperdiciando el tiempo en estupideces, lo único que ocasionaremos es perder todo por lo que hemos trabajado.

–¡Sasuke! ¿Cómo puedes decir eso? –reprendió molesto el rubio por el discurso aguafiestas de su amigo. Todo el ímpetu que había ganado con su determinación, Sasuke lo echó a perder –Bra-chan es un miembro del Equipo Kakashi, debemos ir a buscarla para asegurarnos de que nada le pase.

–¿De qué nada le pase? –preguntó el azabache con ironía arqueando una ceja –Kakashi, ¿cuándo darás la orden de dirigirnos a Konoha?

El ninja exANBU miró al pelilila preguntando con los ojos si debían averiguar el paradero de la peliazul o continuar. Trunks asintió con la cabeza, indicándole a Kakashi que debían partir rumbo a la Hoja.

–Es hora –ordenó Kakashi desapareciendo de un salto.

Los demás ninja miraron tristes al rubio antes de saltar también y desaparecer en el acto.

–Pero… –fue todo lo que el rubio pudo protestar antes de sentir una mano en su hombro que le hizo callar y voltear a mirar al dueño.

Trunks le sonrió ligeramente a Naruto, mientas que él le devolvía una mueca de desagrado.

–Puedo ver que eres diferente al resto.

–¿Si? Puede ser –respondió el rubio causando que el guerrero riera por lo gracioso del gesto –¿Se puede saber qué es tan gracioso?

–Percibo una energía muy diferente a tu ki en tu interior. Es algo con una cantidad de poder que supera por mucho el promedio de los ninja. También puedo saber que eso que percibo en ti no todos lo tienen, pero tampoco eres el único que lo posee. Pude sentir la misma energía en el Kazekage. Sea lo que sea, estoy seguro de que has logrado dominarlo.

–¿Qué? ¿C-cómo puedes saber eso? –preguntó sorprendido el ojiceleste llevando su mano al abdomen.

–La energía que habita en tu interior y la tuya se han sincronizado de una manera asombrosa. No es un poder que se encuentre dormido en tu interior, porque logré ver y sentir que puedes acceder a él cuando lo requieras –ese poder ya lo había sentido en él, pero lo sintió más fuerte cuando el rubio intentó dejarlo atrás para alcanzar a Bra –Tampoco estoy diciendo que se hayan mimetizado, porque consigo sentir una clara diferencia entre ambas energías. A decir verdad, no estoy muy seguro de lo que ocurre, pero sé que esa energía y tú han encontrado el equilibrio.

Hmhmhmhmhm –rió Kurama mostrando una gigantesca sonrisa colmilluda –Vaya, vaya, este chico no es igual que tu compañera de equipo, ¿eh? Será interesante ver todo lo que tiene, ¿no lo crees, Naruto?

–Ya lo creo –contestó sonriendo de lado el Uzumaki con crecientes deseos de enfrentarse al hermano de Bra –Aun así –regresó al tema –No comprendo por qué dejaste ir a tu hermana de esa manera.

Antes de responderle, Trunks soltó un pesado suspiro, descargando con él toda la tensión que le generó hablar de su padre. Con un leve movimiento de su cabeza le indicó a su acompañante que debían emprender marcha hacia la Aldea, y mientras iban corriendo para alcanzar al resto, continuaron hablando.

–Si Bra es capaz de recordar los sentimientos que el pasado de mi padre le provocaron, es posible que logre alcanzar la transformación de Súper Saiyajin.

–¿Q-qué? ¿Para alcanzar esa transformación, es necesario que pase por todo esto?

–Así es, Naruto. El padre de mi mejor amigo Goten estalló en furia cuando Freezer mató a su mejor amigo. De esa manera, él pudo lograr transformarse en Súper Saiyajin y derrotarlo. Mi padre logró alcanzar la transformación debido a la impotencia que sintió cuando el señor Goku se transformaba delante de sus ojos. Y finalmente, Gohan, el hermano mayor de Goten, alcanzó ese estado entrenando con su padre en una habitación especial.

–Entiendo. Según lo que dices, son los sentimientos fuertes los que provocan esa supuesta transformación, ¿no es así?

–De alguna manera, el estruendo de las emociones facilita el despertar del poder interior que se encuentra dormido. Y cuando despierta, ocurre lo que llamamos la trasformación de Súper Saiyajin.

–Pero, ¿qué hay de esa habitación que mencionaste? ¿Es algo que ustedes inventaron para transformarse rápidamente?

–¿Qué? ¿Te refieres de la Habitación del Tiempo?

–No lo sé, dijiste que alguien entrenó en una habitación especial.

–¡Oh, claro! ¡Gohan!... Pero te equivocas, nosotros no la inventamos. La Habitación del Tiempo es un lugar sagrado donde puedes obtener los resultados de todo un año de entrenamiento con pasar solo un día dentro.

Los ojos del rubio se volvieron dos perfectas líneas rectas horizontales que hacían juego con sus marcas de jinchuuriki en las mejillas. Su dedo índice rascaba un costado de su rostro y una gotita de sudor resbalaba por el otro.

–Ammmm… jejeje –rió nervioso posando una mano en la nuca despreocupadamente, todo eso aún en camino siguiendo a los demás –Perdona, Trunks, pero no entendí muy bien lo que dijiste, ¿podrías repetirlo?

–¿Mmm? Sí, claro… en otras palabras, un día terrestre equivale a todo un año de entrenamiento en la Habitación del Tiempo, de manera que cuando sales, pareciera que transcurrió en ti un año, cuando en realidad estuviste solamente un día. Por ende, tus poderes han aumentado considerablemente, exactamente como si hubieses entrenado un año en la Tierra, con la diferencia de que fue solamente un día.

–¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?! ¿OBTENER RESULTADOS DE UN AÑO EN SOLO UN DÍA? ¡ESO ES IMPOSIBLE! ¡ALGO COMO ESO NO PUEDE EXISTIR REALMENTE! Esto… esto es alguna clase de broma, ¿no es así?

–No, no lo es. La habitación se encuentra en la Torre más alta del Planeta, llamada la Torre Karin. Ahí vive el maestro Karin, quien te da de beber del agua ultrasagrada si consigues escalar la Torre sin ayuda de ninguna técnica especial. Y más arriba, al final de la Torre, se encuentra el Templo Sagrado de Kami-sama, donde vive el dios de la Tierra. Es en ese Templo donde se encuentra ubicada la Habitación del Tiempo.

–¿Y has entrado a esa Habitación del Tiempo? –preguntó intrigado el hijo del Cuarto corriendo a la par del saiyajin.

–A la edad de siete años me vi forzado a entrenar en esa Habitación junto con Goten para enfrentar a Majin Boo. El ambiente es muy diferente justo cuando pones un pie adentro. La Habitación del Tiempo se compone de dos partes. La primera es donde se encuentra la cocina, el baño y las camas, es decir, todo lo necesario para vivir un año entero. Luego, está el área de entrenamiento. El lugar es totalmente blanco e inmenso, tanto, que si no eres cuidadoso, podrías perderte para siempre. La gravedad está aumentada diez veces en comparación a la de la Tierra y la temperatura puede subir hasta 50° en el día y disminuir hasta -40° por la noche. Realmente es una experiencia única.

–No lo puedo creer, ¿cómo es que puede existir un cuarto con todas esas características?

–Se dice que dentro de la Habitación del Tiempo hay una dimensión completamente diferente a la nuestra, es por eso que las características dentro de ésta, son increíbles.

–¡E-es totalmente asombroso lo que me dices! Ahora entiendo por qué eres tan fuerte, Trunks –alabó Naruto con estrellitas brillando en sus pupilas al ver al guerrero, quien se rascó la nuca nervioso –Si yo tuviera la oportunidad de entrar en esa Habitación, estoy seguro de que obtendría los poderes suficientes para derrotar a Zahira por mí mismo. Quizá con dos o tres días dentro hasta sería capaz de derrotar a tu padre.

–Puede ser –rió ligeramente el saiyajin –Solo que hay un pequeño problema con eso.

–¿Ah, sí? ¿Y cuál es? –preguntó el Uzumaki infiriendo que el saiyajin le diría algo como que le sería imposible derrotar a su padre.

–Es imposible permanecer más de dos días dentro de la Habitación.

–¡Já! Yo nunca me doy por vencido, ¡de veras! Si yo digo que puedo permanecer ahí por tres días seguidos, entonces lo haré. Yo jamás retrocedo a mis palabras, ese es mi camino ninja.

–No, no lo digo por eso. La entrada y la salida de la Habitación del Tiempo es la misma. Si alguien llegase a permanecer más de dos días ahí dentro, la puerta desaparecería y jamás volvería a salir.

–¡¿En serio?! ¿Y eso por qué?

–No lo sé –respondió encogiéndose de hombros –Mr. Popo, el guardián del Templo Sagrado y de la Habitación del Tiempo, nos lo dijo.

–¡Vaya! Ya veo, ¿y has conocido a alguien que se haya quedado encerrado para siempre?

–No. Hasta ahora no ha ocurrido eso. Como lo acabo de explicar, la entrada y la salida es la misma. Si alguien hubiese quedado encerrado, entonces nadie habría podido ingresar a la Habitación, porque la puerta habría desaparecido por completo.

–Sí, eso es cierto –rió nervioso el rubio, pero pronto el semblante triste se apoderó de su rostro al recordar nuevamente a su amiga saiyajin –Dime, Trunks, si Bra-chan entrenara en la Habitación del Tiempo, ¿crees que sería necesario que pasara por ese dolor del que hablas para que se transforme en Súper Saiyajin?

–Entrenar bajo las condiciones que la Habitación del Tiempo ofrece sin haber recibido un entrenamiento previo no es recomendable. En cualquier caso, es imposible acceder a ella estando nosotros en esta dimensión. Lo mejor será regresar a Konoha y comenzar con nuestro entrenamiento. Dudo mucho que el tiempo que Zahira le dio a Bra se extienda demasiado.

–¿Y qué pasará si Bra-chan no regresa a tiempo? No sabemos dónde está ni qué está haciendo ahora. Si ella no regresa…

–Lo hará, no te preocupes –sonrió de lado el hijo de Vegeta tranquilizando al rubio que, de alguna manera, se sintió contagiado por la seguridad que mostraba el saiyajin.

–Tú eres su hermano, debes conocerla mucho mejor que nadie de nosotros.

El guerrero simplemente asintió y devolvió su vista al frente, apresurando el paso para alcanzar al resto y colocarse del lado de la rubia que ya los había sentido, mientras que Naruto corría al lado de la pelirrosa.


Surcando de manera desesperada el cielo, casi como queriendo huir de la verdad tan dolorosa que le provocó la reciente charla con su hermano mayor, Bra se dirigía a un lugar desconocido y muy lejano de Konoha. ¿Qué más daba a dónde fuera? Cualquier parte donde ella quisiera aterrizar no era su hogar.

Después de llorar ininterrumpidamente mientras volaba a su máxima velocidad, la guerrera se ocupó casi descuidadamente de aterrizar en un lugar solitario cuando los efectos del cansancio físico y emocional hicieron estragos en ella.

El lugar donde decidió tomar un descanso, efectivamente, estaba desolado. La princesa aterrizó en la montaña de piedra más cercana al mar, donde sus entristecidos ojos pudieron captar el bello atardecer de tonalidades naranja y amarillo en el cielo. Las olas, intranquilas, chocaban con los montículos de roca sólida que había en medio de un mar de arena, salpicando el níveo rostro de la peliazul que perdía su vista celeste en la nada. Su cabello, largo y azul, danzaba al compás del viento que parecía reflejar perfectamente el estremecimiento que su corazón experimentaba en esos momentos. Nada de ese maravilloso paisaje podía distraerle de la penumbra que había en sus ojos.

Los recuerdos de su alegre infancia de pronto se remolinaron en su mente. Su madre, su hermano, Krillin, Yamcha, Ten Shin Han, Chaoz, el temible señor Piccolo, del amable dios de la Tierra, Número 18 con la pequeña Marron, la señora Milk, sus guapos hijos Gohan y Goten, el primero acompañado de su bella esposa Videl y la pequeña Pan, quien se convertiría en poco tiempo en una de las personas más importantes de su vida, el rival de su padre conocido por él como Kakarotto, pero por todos los demás como el muy querido Goku, y, finalmente, en un rincón del inmortal cuadro que la peliazul rememoró, estaba el frío, distante y solitario Vegeta.

A pesar de lo que todos decían del Príncipe de los Saiyajin, ella sabía que no tenían el privilegio de conocerlo como ella lo conocía. Cuando la llevó por primera vez a la escuela en el auto a regañadientes, porque prefería levarla volando a utilizar "esa chatarra inútil", o cuando por casualidad se enteró de su primera cita y le armó todo un escándalo a su pretendiente, humillándolo con las peores palabras que conocía y el chico jamás quiso saber de ella, o cuando le obligó a afeitarse el bigote con unas simples pero directas palabras, y cuando lo vio afeitado, no pudo evitar el impulso de abrazarlo y besarlo en la mejilla por haber accedido a su simple capricho. Esos y otros momentos más inundaron la mente de la mitad saiyajin que no pudo evitar que de nuevo las lágrimas corrieran por su rostro hasta perderse en el mar.

Quizá no lo conocía tan bien como pensaba y lo que los demás opinaban de él era totalmente correcto.

Un sentimiento tan calcinante como el sol que amenazaba con convertir en cenizas su pecho surgió con la idea anterior. Sus ojos, antes tristes y decepcionados, se entornaron con furia. Sus manos, las que momentos antes ocupó para cubrir su rostro y secar sus lágrimas, ahora se empuñaban a sus costados. No había necesidad de palabras, ella sabía perfectamente lo que estaba sintiendo en ese instante.

Así permaneció muchas horas más hasta que el hermoso cielo cedió a las estrellas y a la tranquilidad de la noche.


Vamos, concéntrate –hablaba consigo mismo para darse ánimo mientras ejecutaba con limpieza su labor –Ya falta poco, puedo sentirlo –una vez que sus grandes ojos se abrieron para mirar los resultados, pudo ver siete círculos perfectamente acomodados en un pedestal brillando con excelso fulgor. Sus manos, posadas sobre los valiosos siete círculos, dejaron de emanar su extraño brillo dorado y se apartaron, colocando un domo de cristal impecable para cubrir esos objetos.

La habitación, totalmente oscura, se encontraba iluminada solamente por los siete pequeños soles del pedestal, hasta que la luz cesó, todo volvió a su habitual oscuridad. Unos insistentes pasos hacían eco en el lugar, hasta que estos se hacían cada vez más cercanos y, cuando salieron a la luz del día, se detuvieron, inspeccionaron su objetivo, y comenzaron a sonar nuevamente.

–¡Señor Piccolo! ¡Señor Piccolo! –corría apresuradamente fuera del Templo Sagrado la figura adolescente del dios de la Tierra gritando en busca del mitad Kami –¿En dónde está, Señor Piccolo? ¡Por fin lo he logrado!

Meditando a las afueras de la Sagrada instalación, flotando en el aire en posición de flor de loto, se encontraba el experimentado guerrero Nameku despidiendo una fluctuante y resplandeciente energía azulada alrededor de él. Relámpagos intranquilos serpenteaban la atmósfera incontables ocasiones mientras el ki del hombre verde continuaba incrementándose a niveles insospechados. La meditación y un poco de agua era el único sustento del mitad dios que se negó a vivir en su aburrido planeta natal, y en cambio, prefirió la batalla y la intranquilidad que ofrecía el Planeta Tierra.

–El Señor Biccolos se ancuentra entrenandos en ese lugar –señaló el amable Mr. Popo con su índice el lugar donde se hallaba entrenando la mente el hombre verde.

Antes de avanzar hacia él, el pequeño Dende miraba sorprendido el nivel que el anterior dios había alcanzado con su arduo entrenamiento diario, y a pesar de eso, podía sentir aún el gentil ki de Nail. Un par de mariposas amarillas revoloteaban alrededor del nameku sin percibir algún tipo de peligro a pesar del aura que despedía. El control de sus poderes era tan magistral, que incluso buscando expulsarlos al máximo se encontraban bajo su control total e impedía que los bellos seres alados sufrieran daño a pesar de la cercanía. Al aún inexperto dios de la Tierra le costó trabajo salir de su asombro antes de dirigirse con precaución hacia su antecesor.

–Disculpe que lo moleste, Señor Piccolo –se inclinó con reverencia el adolescente, ganándose la mirada de soslayo del mayor.

–Dende, tú eres el dios de la Tierra, no es necesario que hagas este tipo de cosas.

–S-sí, lo lamento mucho Señor Piccolo –se disculpó nervioso haciendo nuevamente una reverencia por su falta, cayendo pronto en cuenta que lo había hecho de nuevo –Eh… este… jejeje –rió nervioso con una mano en su nuca.

El guerrero nameku soltó un suspiro pesado dispuesto a dejar pasar el suceso.

–Estoy seguro que no viniste a interrumpir mi entrenamiento para disculparte tantas veces seguidas.

–No, por supuesto que no –respondió Dende recobrando su seria postura; la postura de un dios –¡Lo he buscado para informarle que por fin he podido restaurar las Esferas del Dragón! –contó emocionado, sabiendo que la noticia alegraría a sus amigos.

–Bien hecho, Dende, eres un chico muy hábil. Justo como se espera de un dios –sonrió amable Piccolo suavizando el semblante que la mayor parte del tiempo se encontraba rígido.

–Gracias, Señor Piccolo, pero… acelerar el proceso de recuperación de las Esferas del Dragón después del último deseo no resultó tan bien como esperaba –dijo el pequeño hombre verde bajando la mirada.

–¿A qué te refieres con eso?

–Verá, a pesar de que las Esferas ya recuperaron su apariencia original, su energía es muy débil todavía. Me temo que Shen Long aún es incapaz de cumplir nuestros deseos.

–Ya veo. Aun así, el que hayas conseguido proporcionarle a las Esferas del Dragón tanta cantidad de energía para hacerles recobrar su apariencia es un gran avance –el hombre verde se acercó a la joven deidad posando su mano en el hombro de éste para darle ánimos –¿Cuánto tiempo estimas que le llevará a las Esferas del Dragón recuperarse por completo?

–Para que Shen Long cumpla los tres deseos que originalmente cumple, llevará alrededor de tres meses.

–Entiendo. Eso es la mitad del tiempo que le lleva normalmente a las Esferas recuperarse con solamente haber cumplido un deseo. Te felicito, Dende, has hecho un excelente trabajo.

–Lamento mucho no haber podido hacer más por el señor Vegeta y la señora Bulma. La desaparición de Trunks y Bra nos ha tenido muy preocupados a todos, en especial a la señora Bulma.

El inteligente nameku sonrió de lado cerrando sus ojos como si en su mente estuviese escondido un valioso secreto que solamente él sabía. A Piccolo Daimaku, un guerrero con una inteligencia superior a la de cualquier humano, e incluso a la de un saiyajin, no se le escapaba ningún detalle. Él sabía perfectamente cómo se encontraba el orgulloso Príncipe con la desaparición de sus hijos, en especial de su débil y consentida hija, aunque éste trabajase duro en esconder sus emociones.

¿Quién diría que el soberbio y frío Príncipe de los Saiyajin criaría a una fábrica de berrinches y caprichos sin control?

Al parecer él, Bulma, y por supuesto Goku, eran los únicos enterados de la realidad de Vegeta.

–No te preocupes. Yo me encargaré de avisar el avance de las Esferas del Dragón a Bulma y a los demás.

–¡Gracias, Señor Piccolo! –sonrió completamente agradecido el joven dios con el guerrero por evitarle el vilipendio que seguro habría sufrido por parte de la irritable mujer del Príncipe por la noticia.

No es para menos. Poco más de tres semanas habían transcurrido ya desde la desaparición de los retoños Briefs, y aunque de retoños ya no tenían nada, para Bulma, eran todavía unos bebés. La cosa habría sido mucho peor para la hermosa directora de Capsule Corp de no ser por la increíble fortaleza psicológica que había desarrollado gracias a la vida tan emocionante que llevó en su juventud. Aun así, la situación se tornaba complicada debido al desconocido paradero de los jóvenes saiyajin.

Si tan solo supiera dónde están mis hijos… –pensaba desde su laboratorio la mujer más bella e inteligente del planeta sosteniendo su entristecido rostro en su mano recargada en el escritorio, donde habían cientos y cientos de planos, dibujos e instrumentos de medición.

El guerrero nameku visualizaba desde las alturas la ruidosa y repugnante Capital del Oeste. Sentía que sus nervios estaban a punto de destrozarse cada vez que visitaba tan problemática ciudad conglomerada de humanos ruidosos y superficiales. Nada que ver con su amado Templo Sagrado, lleno de paz, tranquilidad y espiritualidad. Quizá la
Montaña Paoz podría ser su segundo lugar predilecto, pero con la ruidosa e histérica mujer de Goku viviendo en tan pacífico lugar, tenía suficiente para no querer visitar ese territorio seguido.

El hombre verde descendió de los cielos en el amplio y verde jardín de la vivienda de los Briefs. Avanzó por el camino construido con piedras hasta la entrada principal e ingresó. Fue sorprendente para él mirar el lugar que reflejaba el estado de ánimo de los habitantes. Donde antes había una excelente iluminación, gente por todos lados, una apurada genio científica hablando por teléfono sin parar, un Príncipe rugiendo por comida, un joven primogénito sentado en la sala bajo torres interminables de papel y una adolescente pintando sus uñas o midiéndose kilos de ropa; había una sala vacía, a media luz y silenciosa.

–¡Qué sorpresa encontrarlo por aquí, Señor Piccolo! –el guerrero miró hacia el pasillo topándose con la sonrisa de un jovial pelinegro –Pensé que no le gustaba frecuentar la Capital del Oeste.

–¡Goten! –saludó extrañado el guerrero. Solamente se había ocupado en sentir el ki de Vegeta, sin importarle si alguien más estaba en la Mansión –¿Qué haces aquí?

–Mi madre me pidió que viniera a visitar a la señora Bulma y a apoyarla en todo lo que necesitara, pero ha estado encerrada en su laboratorio todo el día sin dejar que me quede ahí con ella. Esto es muy aburrido –suspiró cansado el segundo hijo de Goku.

–Ya veo –fue todo lo que dijo el nameku.

–Sí. Parece que le ha afectado mucho la desaparición de Trunks y Bra.

–¿Y tú cómo estás?

–¿Yo? Bien, gracias –rió el joven Son antes de captar, por la mirada de su mentor, a qué se refería –¡Ah, ya! Usted se refiere a la desaparición de ellos, ¿no es así? –Piccolo ni siquiera se dedicó a responder tan estúpida pregunta, así que el azabache continuó –Bueno, a decir verdad extraño mucho a Trunks. No imagino la razón por la cual desapareció llevándose a su hermana consigo. De hecho, también la extraño un poco. Recuerdo que ella siempre me recibía alegre cuando venía a visitar a Trunks, pero estos días que he venido a ver a la señora Bulma, simplemente me ofrece de comer con una sonrisa y desaparece. Créame, Señor Piccolo, daría lo que fuera por conocer el paradero de esos dos y traerlos yo mismo.

–Por el momento eso es imposible. Ni siquiera sabemos qué fue lo que ocurrió con ellos

–Sí, lo sé. Al menos es un alivio que no estén muertos. Mi padre y el señor Vegeta dijeron que Enma Daioh-sama no los vió en el Otro Mundo, así que eso significa que están vivos.

Majunia asintió compartiendo el mismo alivio que su antiguo pupilo. Aunque no tan fuerte como el lazo que compartía con Gohan, Piccolo apreciaba a los dos pequeños niños que tantos dolores de cabeza le causaron durante su batalla contra Majin Boo.

–Pero la pregunta aquí es saber dónde están metidos los hijos de Vegeta –Goten y Piccolo voltearon a la puerta principal para mirar a sus dos amigos recién llegados.

–¡Krillin! ¡Yamcha! ¡Qué gusto verlos! –saludó alegre el azabache.

–Vinimos a visitar a nuestra vieja amiga, aunque aquí también viva ese bárbaro de Vegeta –respondió el exguerrero jugador de baseball visiblemente resentido por el cruel desenlace en su destino. Si no hubiese sido tan estúpido como para serle infiel a su hermosa novia en su juventud, quizá el lugar como "esposo de la gran Bulma Briefs" habría sido suyo, no de ese miserable saiyajin.

–¿Sigues con eso, Yamcha? –se burló el envejecido mejor amigo de Goku riendo por el rencor que aún le guardaba a Vegeta –Ya pasó mucho tiempo, deberías superarlo de una buena vez.

–Es fácil para ti decirlo. Te casaste con una hermosa mujer androide y tienes una preciosa hija. En cambio yo acabo de romper con mi novia –se quejó el jugador cruzándose de brazos.

–Basta ya de tonterías –calló el namekiano –Tengo noticias de Dende, vine a buscar a Vegeta y a Bulma. Díganles que estoy aquí.

Krillin miró a Yamcha, el pelinegro miró al hijo de Milk y él, bueno, se percató de que los tres presentes depositaron su mirada en él.

–Bien, bien, ya entendí –a regañadientes, Goten se perdió en el pasillo que llevaba al laboratorio de Bulma, para posteriormente visitar la Cámara de Gravedad situada en el jardín, esperando que el saiyajin no lo matara ahí mismo por interrumpir su sagrado entrenamiento.

Pocos minutos transcurrieron antes de escucharse el repiqueteo de un par de tacones que presurosos corrían por el pasillo hacia la sala donde se encontraba el portador de las noticias del Templo Sagrado. Bulma dejó ver su aun bello, pero entristecido y levemente arrugado rostro suplicante por escuchar buenas noticias de sus hijos.

Mientras tanto, en el jardín de la imponente Capsule Corp, caminaba el joven Son por el verde pasto hacia la Cámara de Gravedad.

–¿Y ahora qué le diré al señor Vegeta para que no se moleste conmigo? –reflexionaba el azabache con una mano en la barbilla hasta que se detuvo frente a la máquina que inventó Bulma –¡Señor Vegeta! ¡Señor Vegeta! –tocó la puerta de metal sin obtener respuesta del interior –Que extraño, no siento elevado el ki del señor Vegeta. ¡Ya sé! Seguramente ya habrá terminado su entrenamiento y está a punto de salir. ¡Qué suerte! Así no se molestará conmigo de nuevo.

Al pasar un par de minutos sin que nada ocurriese, Goten se vio en la penosa necesidad de volver a tocar la puerta, temeroso por los resultados que de ello pudieran provocarse.

–¡Señor Vegeta! ¡Vamos, señor Vegeta, responda!

–¡Largo de aquí, insecto! –se escuchó la malhumorada voz del Príncipe Saiyajin desde dentro de la nave.

–Se-señor Vegeta, no me diga eso. Tengo algo muy importante que decirle.

–No me interesa escucharte. Si Bulma no quiere abrirte de nuevo la puerta, entonces tírala y déjame en paz.

–No, no es eso. Verá, aquí está el Señor Piccolo y dice que tiene un mensaje muy importante de Dende. Vino desde el Templo Sagrado especialmente para hablar con usted y con la señora Bulma. Imagino que son noticias de Trunks y Bra.

–¡¿Qué?! –el pelinegro abandonó su posición de loto en el centro de la Cámara con la Gravedad aumentada 2400°, apagó la gravedad hasta que ésta volvió a la normalidad y abrió la puerta.

Goten, quien miraba su celular, volvió su vista a la puerta que se abría.

–Vaya, que bueno que ya salió, señor Vegeta.

–¡¿Me quieres explicar por qué demonios no mencionaste que Piccolo estaba aquí, maldito mocoso?! –regañó Vegeta con sus manos amenazadoramente arrugando el cuello de la camiseta del azabache.

–Tran-tranquilícese señor Vegeta. Estoy intentando hablar con usted de eso, pero no me respondía y…

–Cállate, mocoso ¡No me estorbes! –el saiyajin experimentado soltó agresivo el cuello del hijo de su némesis y se dirigió rápidamente a la sala de su casa. Goten se levantó y lo siguió, guardando su distancia.

–¡Al fin llegas, Vegeta! ¡Piccolo está aquí para decirnos algo que por fin pueda darnos una pista de dónde se encuentran nuestros hijos y parece que a ti no te importa! –reprendió furiosa la peliazul mayor debido al retraso de su marido. Yamcha se reía por lo bajo pensando en que si Bulma lo hubiese perdonado, seguramente no habría motivos que la hicieran enojar. Ella sería plenamente feliz a su lado.

–¡Qué escándalo, mujer! ¿No te basta con todos los gritos que das durante el día?

–Vamos Vegeta, Bulma… no peleen –sonó la familiar voz del Salvador del Universo.

–¡Papá! ¿Qué haces aquí? –preguntó el menor de los Son.

–¡Hola, Goten! Vine a visitar a Bulma y a Vegeta, pero no creí que todos estarían en este lugar. Me da mucho gusto verlos, chicos.

–A nosotros también nos da mucho gusto verte, Goku –saludó Krillin siempre gustoso de encontrarse con su mejor amigo, sobre todo por el tiempo en el que pasaba el azabache más fuerte sin comunicarse con el resto.

–Escuchen todos –cortó el nameku –Tengo un mensaje de Dende…

Todos callaron para poner atención a todo lo que el guerrero verde les diría. Las esperanzas depositadas en el famoso mensaje del dios de la Tierra pronto transformaron sus ilusionados rostros en lágrimas, cólera y desesperación. Definitivamente, eso no era lo que esperaban escuchar.

–¿Más tiempo? –susurró la genio sosteniendo su cansado cuerpo en el del aún fuerte Yamcha.

–Dende calcula aproximadamente tres meses antes de que Shen Long pueda salir a cumplir nuestros deseos –habló calmado Piccolo cruzando sus brazos.

–¡¿Y se puede saber por qué diablos les toma tanto tiempo reparar esas malditas Esferas?! –preguntó con su característica agresividad el saiyajin hijo del Rey.

–Vegeta tiene razón –intervino con nuevos bríos la mujer peliazul reincorporándose –Se supone que las Esferas del Dragón están listas cuando recuperan su aspecto original, ¡no entiendo por qué ahora salen con que les falta más tiempo!

–Tranquilízate, Bulma –calmó Krillin –No tienes por qué alterarte de esa manera. Ya encontraremos otra solución.

–Cállate, Krillin. No quiero imaginarme cómo estarían tú y número 18 si su pequeña hija fuera la desaparecida.

–Basta, Bulma, Krillin no tiene la culpa de lo que está ocurriendo. No tienes que desquitarte con él –defendió a su amigo el jugador de baseball sosteniendo fuerte el brazo de la peliazul.

–¡Tú eres el menos indicado para hablar, sabandija! ¡Y tú…! –habló el Príncipe dirigiéndose a Piccolo –¡Aún no has respondido la pregunta!

–Por si ya lo han olvidado, a las Esferas del Dragón les toma un año entero recuperarse después de cumplir los tres deseos, y tan solo seis meses si se pide solo uno. Dende ha hecho todo lo posible por reducir esos seis meses y ha logrado hacerlo en la mitad del tiempo.

–¡Es impresionante, Señor Piccolo! Sin duda Dende es el mejor dios que ha tenido la Tierra –la alegría del joven Son fue mal vista por el resto de los presentes que no entendían por qué se impresionaba el hijo de Goku –Bien, de acuerdo. Me callo.

–Deberán ser pacientes y esperar a que transcurran esos tres meses –sentenció el guerrero verde.

–Solo… solo necesito saber dónde están –habló débil la dolida Briefs –Si tan solo pudiera saber dónde están, yo misma encontraría la manera de traerlos de regreso ¡No hay nada que yo no pueda hacer, y tú mejor que nadie lo sabe, Piccolo! Ustedes decían que era imposible encontrar las Esferas del Dragón justo después de que Shen Long las esparciera sobre la Tierra, ¿y qué hice? ¡Una semana! Me tomó una semana diseñar e integrar al Radar del Dragón un rastreador que captara la débil energía de las Esferas y así pudimos reconocerlas de entre todas las piedras comunes.

–En tres meses sabremos dónde están –habló impoluto el nameku causando que la Briefs derramara más lágrimas.

¡Maldita sea! ¡Esto no puede estar sucediendo! –sin querer escuchar nada más, Vegeta se envolvió de una poderosa aura azul y salió disparado por la ventana, desordenando a su paso la pulcra y ordenada sala.

–¡VEGETAAAAAA! –gritó Krillin inútilmente, el Príncipe ya se había alejado lo suficiente.

Nadie se atrevió a decir nada más. La desesperación tomaba control de la inteligente Bulma Briefs y del orgulloso Vegeta que no hallaban la manera de conocer el paradero de sus hijos.

–Perdónenme –habló Yamcha después de un largo rato de silencio, donde lo único que se escuchaba era el sollozo de la mujer del saiyajin –Por mi culpa… ¡Por mi culpa no podemos disponer de las Esferas del Dragón en un momento tan importante como éste! –el exguerrero empuñó sus manos con rencor hacia sí mismo mientras hablaba entre dientes –Jamás debí pedirle un deseo tan tonto como ese a Shen Long. No… no debí pedir ese collar de perlas para esa maldita mujer. ¡PERDÓNENME, POR FAVOR!

–No te culpes tan duro, Yamcha –habló el gentil Goku –Nosotros no teníamos idea de que algo como esto ocurriría. Debemos ser pacientes y saber esperar, ¿de acuerdo, Bulma? –el saiyajin avanzó hasta quedar enfrente de su mejor amiga.

Al ver la mirada determinada de Goku, pero al mismo tiempo tan cálida y amable, no resistió más y se lanzó a llorar en su pecho.

–¡Goku! –lloraba con fuerza la dueña de Capsule Corp –¡Por favor, Goku, que nada malo les pase a mis hijos!

–No te preocupes Bulma, Trunks es muy fuerte y estoy seguro de que cuidará muy bien de su hermana. No llores.

–Mi pequeña niña –el azabache pudo sentir el frágil cuerpo de su mejor amiga estremecerse cuando él mencionó a Bra indirectamente. Nadie tenía duda de la supervivencia de Trunks, tampoco de que él se haría cargo de su hermana con el alma, pero para Bulma fue difícil pensar en su princesa, carente de cualquier habilidad de defensa, estando perdida –Yo… yo deseo con todo mi corazón que se encuentre bien. Goku, prométeme que nada malo le va a pasar a Bra –susurró sin fuerza la genio antes de caer rendida entre los brazos de su mejor amigo. Estaba tan cansada, que no le habría importado caer estrepitosamente al suelo.

–Estarán bien, te lo prometo –aun cuando su querida amiga no lograra escucharlo, el saiyajin de clase baja se atrevió a asegurárselo.


El sonido de unos pasos enterrándose en la arena muy cerca de ella la puso en estado de alerta en un abrir y cerrar de ojos. La guerrera no supo en qué momento había bajado del montículo de roca y se había recostado en la suave arena, perdiéndose en un profundo sueño, pero esos pasos pronto la sacaron de su reconfortante siesta y la pusieron en guardia.

Las huellas plasmadas en la arena evidenciaban la larga caminata que el usuario había recorrido hasta llegar a la mitad saiyajin, la cual no apartaba su vista de aquella silueta que no lograba reconocer, a pesar de que el Sol se encontraba brillando en lo alto del cielo.

El viento era tranquilo a comparación con el del día anterior, meciendo grácilmente algunos de los mechones azules de la saiyajin y también del cabello negro del sujeto que caminaba en dirección a Bra. Las olas del mar apenas mojaban la rivera y pequeños animalejos caminaban presurosos por ahí.

En cuanto el sujeto estuvo un poco más cerca, la saiyajin entrecerró sus ojos celestes buscando agudizar su sentido para captar el rostro de aquella persona, sin embargo, el cuello largo de su capa tapaba la mitad del mismo, haciendo imposible que la chica lo reconociera.

–¿Sasuke? ¿E-eres tú? –preguntó sorprendida la fémina sonriendo ligeramente, pero pronto esa sonrisa se desvaneció cuando la persona se detuvo apenas la escuchó hablar –No… no eres Sasuke. ¿Quién rayos eres tú?


Hasta aquí el capítulo de hoy. ¿Qué les pareció? Para ser honesta no pensaba incluir todavía al universo de DB en el fic, pero lo hice por una razón, y esa es que, de alguna manera, Bulma piensa más fuerte en Bra que en Trunks. En parte esto se debe a que sabe que ella es mucho más débil que él, pero la otra razón es para que se vea que quizá Bulma presiente (aún sin saberlo) que Bra no está pasando por un buen momento. Ustedes saben, una madre es una madre, y así se las gastan ellas cuando se preocupan por sus hijos. Otro de mis propósitos es que se vea que aún no saben nada de ellos por culpa de Yamcha XD jajaja y bueno, Dende, como todo un dios, está trabajando a marchas forzadas para solucionar ese asuntillo.

Así como ese capítulo en el que estaba algo insegura por la reacción que le puse a Bra al encontrarse por primera vez con Zahira y si a ustedes les gustaría o no, si estarían de acuerdo o no (y debo decir que me tranqulizó mucho leer puros comentarios postivos), en esta ocasión también estoy algo preocupada por un detalle similar, solo que esta vez no diré cuál es y esperaré a que lleguen las críticas. Si nadie menciona eso, quiere decir que no hubo ningún problema XD.

Y lo más importante, ¡¿quién está con Bra?! ¿Estará en peligro? ¿Es un enemigo? ¿Debería huir o enfrentarlo?

Reviews

valeria: Hola! Aquí está la conti, algo pronto gracias a una lectora bonita que me recordó el aniversario, así que a quien hay que agradecerle es a ella jajaja. Por fin se disiparon las dudas, Bra sabe la verdad y Trunks se lo dijo lo mejor posible, pero el desenlace es inveitable. Ese Sasuke es un loquillo, siempre queriendo todo el poder para sí, y aunque no envidia las habilidades de los saiyajin (que todavía no las ha visto como Shikamaru y su equipo) no quiere quedarse atrás de ellos. Espero que la actualización te haya gustado y me dejes saberlo. Un beso.

Ester: Muchas gracias por dejarme saber que mi historia te gusta. Aquí está la conti y prometo no abandonarla. Saludos

Made 07: No esperes más, aquí está la continuación y la reacción de Bra, que como ya vimos, cuando se enoja no se da cuenta de lo que provoca a su alrededor :P Espero que te haya gustado, porque si no me suicido X/ jajaja ok no, pero sí espero que haya llenado tus espectativas.

Anna: Otra vez muchas gracias por tu comentario y tu valioso recordatorio. Espero que aún sigas esperando la conti :D Besos.

Chicos, muchas gracias a todos por su apoyo, sin él, en serio que este fic habría sido abandonado desde hace mucho. Cuidense y nos estamos leyendo por aquí.