Esta es una traducción de 'Cuando el tiempo no es suficiente', original de Jinko.
Por supuesto, cumplo en recordarles que la única dueña de los personajes y el universo de HP es J.K. Rowling
Capítulo Tres: Angerona, Diosa romana del silencio
Recuerdo la mañana del décimo aniversario de la muerte de mi Papá. Fue apenas unas semanas después de mi cumpleaños número quince. No fue diferente a otros años. Mi padre estaba listo para ir al cementerio mucho antes de que yo saliera de la cama. Se fue antes de que terminara mi desayuno, pero eso no me molestó; yo sabía cuánto le gustaba tener su tiempo a solas con Papá.
Cuando llegué allí, estaba acurrucado entre las tumbas de Papá y de Lily. No podía dejar de llorar. No podía culparlo, no podía imaginar cómo sería perder al amor de su vida y a su hija. Me acomodé a su lado, asegurándome de no estar sobre ninguna de las tumbas de los miembros de mi familia, y lo abracé. No paraba de temblar; pero eso era algo normal.
Siempre detesté ver a mi padre en ese estado. Lloraría hasta que no le quedaran lágrimas, y caminaría pesadamente hasta la casa, en vez de aparecerse. Yo usaría el flú, del mismo modo que lo hice para llegar.
El cementerio Malfoy no estaba muy lejos de la mansión, y tenía su propia casa conectada. Yo lo visitaba sólo tres veces al año. Había un cuidador para las sepulturas. Nunca supe qué tan seguido lo visitaba mi padre.
Ese día, regresar a casa le tomó una eternidad. No era su costumbre dejarme esperándolo así, sabía cómo me desagradaba, cuánto me preocupaba. Cuando llegó, fue directamente a la cama.
Una semana más tarde, se había ido.
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Harry pensaba lo mismo que Malfoy, lo que acababa de pasar no era normal. La falta de animosidad entre ambos era más que extraña. Estuvieron juntos y no pelearon ni una vez; hasta había prometido esconder ciertos hechos que involucraban a Lucius Malfoy.
-Estoy condenado-. Murmuró para sí mismo, llegando al séptimo piso. Sabía que Hermione y Ron estarían esperándolo en la sala común.
En una situación muy similar al bombardeo que sufrió la noche anterior, Harry se encontró a merced de las preguntas de Hermione. Naturalmente, ella quería saberlo todo sobre el mandado de Harry, sobre el chico Scorpius que le consumía el pensamiento.
-¿ Qué mandado te encomendó Snape?
- Sólo me pidió que lleve a Scorpius para que se encuentre con Malfoy-. Respondió tranquilamente, De inmediato, deseó poder retornar a las mazmorras.
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Draco abrió sus ojos asombrados cuando vio la habitación de Scorpius. Inmediatamente notó que era del mismo tamaño que la oficina de Severus, y tenía apilados más libros de los imaginables. Había una pequeña cama en una esquina, y por todo el cuarto, se conectaban un equipo de química muggle y uno de elaboración avanzada de pociones. Tuvo que esquivar y agacharse entre las bombas, frascos y cánulas.
-¿De dónde sacaste todo esto?- Preguntó Draco, mientras Scorpius se agachaba para alcanzar la cama. Parecía que había estado allí toda su vida. -¿ Tu cuarto en la mansión es así?
Scorpius se rió. – Mi padre me la hizo difícil.
- No imaginé que Severus fuera capaz de prestarte todo esto, en el poco tiempo que llevas aquí...
- No, traje todo conmigo-. Dijo Scorpius señalando su bolso. – Aunque, sólo lo básico.
Los ojos grises de Draco recorrieron la habitación; se sentó sobre el borde de la cama, junto a Scorpius. –Sí, lo básico, obviamente.
Poniendo los ojos en blanco por el comentario sarcástico de su Papá, el chico tomó el único libro que había sobre la cama. – Este es tu diario de trabajo. No puedo dejar que lo veas, porque nombras a mi padre unas cuantas veces. Allí está cada poción en la que alguna vez hiciste un ajuste. Así es como te volviste tan bueno en pociones.
Draco levantó una ceja. - ¿Eso tiene escrito el nombre de tu padre?- Preguntó, haciendo un movimiento ágil para tomar el libro forrado en cuero. Scorpius apenas lo levantó, alejándolo. -¿ Y por qué demonios eres tan alto ?
- Mi padre es bastante alto, es más alto que yo. Y por lo que él me contaba, el abuelo tampoco era bajo. Él acostumbraba a provocarte, diciendo que tú heredaste la altura de tu madre-. Comenzó a hojear el diario, hasta que encontró la poción que buscaba. Manteniendo el libro lejos del alcance de Draco, leyó los ingredientes. – Esta es la poción que me dio la vida, por así decirlo. No creo que hubiese nacido si no fuese por ustedes dos.
- Me convertí en un tonto romántico.
Scorpius rió otra vez. –Tú eres el que quería proteger al que te quitó la virginidad.
El rubio de más edad levantó una mano para juguetear con una de las conexiones frente a su cara. -¿ Por qué nunca fuiste sorteado ?
- Mi padre quería mantenerme a salvo, así que fui a escuelas muggle. Él sabía que yo lucía demasiado 'Malfoy' como para pasar inadvertido, así que me inscribió en una escuela pública muggle. Hace unos meses atrás, fue la primera vez que puse un pie en Hogwarts.
Draco frunció el ceño. – No lo debes haber disfrutado, para nada.
- Esa fue la única pelea que ustedes tuvieron. Tú querías que yo fuese feliz, mi padre quería mi seguridad.
- Seguramente yo también quería tu seguridad...
- Así es. Sólo que...tú te dabas cuenta que mi felicidad era importante para mi vida. Realmente me sorprendió que mi padre pensara de esa manera, después de cómo fue tratado todos esos años…-. Scorpius interrumpió lo que estaba diciendo y sonrió brillantemente a su Papá. – Estoy tan contento de verte otra vez. ¿ Estás de acuerdo, verdad ?. Ser un sirviente de Voldemort no es una idea inteligente. Si continúas entregando tus pociones, yo hablaré con mi padre en este tiempo, y no naceré. ¿ Me crees ?
La mandíbula de Draco hubiese caído con semejante amenaza, si no fuera un Malfoy. – No lo harías…estás amenazando tu propia vida.
- Sí, lo haría. Y tú, no solamente perderías a tu familia, sino que nunca estarías con la única persona de la que te has enamorado de verdad.
-Eres un Malfoy oculto cuando Potter anda cerca. Probablemente se moriría del susto si alguna vez te ve actuar de este modo-. Los ojos grises volvieron a entrecerrarse, observando al chico. – Voy a tratar de no entregar mis pociones, pero no puedo prometerte nada.
-Tienes que prometérmelo, Papá; prométeme que no vas a darles ninguna poción diseñada para hacer el trabajo de captura. Si lo hicieras…si se las dieras, ganarían la guerra. No debe pasar. No dejaré que pase, es demasiado terrible. Morirían todos.
Draco se acercó a su hijo, abrazándolo. Notó cuán pálido se había puesto, sólo pensando en el futuro, en las cosas que podían suceder. El chico alto, se envolvió a sí mismo alrededor del cuerpo consolador de su Papá.
- Y…y tú…y Lily…yo los vi…
Esta vez, las lágrimas cayeron; comenzó a temblar con tanta fuerza en los brazos de Draco; que Draco sintió que su corazón se quebraba por su niño. Lo abrazó contra su pecho, lo más cerca posible. Lo último que quería era que su niño sufriera alguna forma de dolor o infelicidad.
- Mi padre también murió…No voy a regresar-. Prometió Scorpius. –No quiero regresar a un mundo donde todos han muerto. Es horrible. Lo odio. Me quedaré aquí el resto de mi vida contigo y mi padre. No voy a perderlos a los dos, no otra vez.
Draco sólo lo calmaba y lo mecía con él.
A decir verdad, los Malfoy nunca tuvieron este problema. Criados como las piedras perfectas, la mayoría de los Malfoy tenían razones para dudar de su habilidad de producir lágrimas, y más aún, de su habilidad para quebrarse y llorar como Scorpius. Draco no recordaba la última vez que había llorado. Lucius, hacía ya mucho tiempo, había detenido cualquier atisbo de emoción. Puede que Narcissa no haya tenido la misma infancia estricta y anti emocional, pero en el momento en que se casó, adoptó los conductos lagrimales de acero de los Malfoy.
Desafortunadamente, venían con lo que se esperaba de la familia Malfoy. Draco no habrá tenido mucho porqué llorar mientras crecía, pues le habían dado absolutamente todo lo que quiso, pero sabía que había perdido invaluables lecciones de cómo ser un buen padre, debido al estado de carencia de emociones que sus padres esperaban de él. Nunca compartió un momento como este con sus padres. Draco no podía imaginar al gran Lucius Malfoy abrazando a su hijo mientras lloraba por su familia y sus amigos muertos. Ciertamente, Narcissa tampoco lo hubiese hecho. El hogar de los Black puede haber sido un lugar con más sentimientos – si creía en los rumores sobre Sirius Black y a Andrómeda Tonks-, pero ella no fue capaz de pasarle ese estilo de vida a su único hijo.
Cuanto más pensaba en Scorpius, más le gustaba la idea de pasarse al lado bueno. Si se rebelaba contra su padre, se ataría a una vida con amor. Eso era algo inaudito para la familia Malfoy. Sus padres nunca se amaron; su matrimonio fue arreglado en el momento en que nació Narcissa. Afortunadamente, a él no le arreglaron ningún compromiso. En cambio, decidieron que el Señor de las Tinieblas elegiría a su esposa, de entre una larga lista de hijas de Mortífagos. Lucius accedió, feliz, a ese acuerdo; como todos los Mortífagos con hijos. Habría una segunda generación. Draco no sabía mucho sobre muggles, pero una vez oyó que su padrino comparaba esa situación con la de una religión. Eran alentados a procrear, para generar más seguidores. Por supuesto, Draco no escuchaba pavadas de muggles, pero le pareció gracioso que el Señor de las Tinieblas fuese comparado con una religión muggle.
Pero, si lo que decía Scorpius era verdad, entonces Draco se casaría por amor; crearía este niño con ese hombre porque querían un hijo, no porque se vieran forzados por una orden del Señor de las Tinieblas o por las costumbres Malfoy. Él sería capaz de traer un hijo al mundo bajo las circunstancias que él eligiera; a pesar de lo que pudieran decir de él; y Draco Malfoy le daba la bienvenida a la idea de enamorarse. Quería experimentar la vida que sus padres no tuvieron. Quería un matrimonio con amor; quería amar a sus hijos.
Scorpius continuaba sollozando, temblando con fuerza en los brazos de Draco, mientras su Papá pensaba en todo eso.
El abrazo se estrechó, y Draco le prometió a su hijo que todo saldría bien.
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La sala multipropósito era visitada frecuentemente. El ED ya no se reunía en secreto. Cualquiera que quisiera aprender algún hechizo podía entrar a la clase por esas puertas. Harry estaba a cargo de dos clases a la semana. Una, mayormente los sábados- a menos que hubiese partido de Quidditch; además le habían prohibido ir a Hogsmeade debido al peligro que eso significaba; y la otra los miércoles por la noche – desde el final de las clases hasta cinco minutos antes del toque de queda-. Esas clases tranquilizaban a los estudiantes que pensaban que la guerra era inminente.
Todos estaban contentos con Remus como Profesor. Era bueno, seguía el programa del año; sin embargo, apreciaban las clases extra porque los ayudaban a pulir los hechizos. Los más jóvenes, de los primeros años, estaban mejor preparados, ahora que estaban en contacto con hechizos más poderosos. A veces, Remus se les unía en las clases, para enseñarles algún hechizo especialmente difícil para Harry. Luego, también incluyeron a Hagrid quien trajo alguna criatura de vez en cuando, para aprender a luchar contra ellas. Hasta Severus participó una vez que Remus lo 'arrastró' con él para que lo asista en un duelo.
Harry, Ron y Hermione pasaban las noches de sus martes y jueves, estudiando extra para esas clases. Debían dominar los temas antes de poder enseñárselos a los demás.. Para ello, sólo Hermione tenía permiso de Remus y de Minerva, para tomar cualquier libro de la Sección Restringida cuando quisiera, con la única condición de que debía estar sola.
Los domingos practicaban un tiempo más, con maldiciones dolorosas, para ayudar a Harry. A diferencia del resto del ED, él sabía sin lugar a dudas, que los utilizaría en el futuro. No planeaba defenderse de algún ataque al azar; para él, cualquier ataque significaba luchar por su vida. Además, estaba decidido a acabar con Voldemort.. Después de todo lo que le había hecho, Harry no sentía más que odio por el hombre, y había aceptado lo que implicaba la profecía para él: debía matar voluntariamente a otro ser, para salvar al resto del mundo mágico, y tal vez al muggle.
Esta vez, estaba aprendiendo algunos hechizos simples de primeros auxilios. Trabajaban en pares, uno recibía heridas simples y el otro las curaba. Remus estaba con ellos, por si acaso.
La pareja de Harry era Ron; que estaba sentado, incapaz de ver cómo Harry trabajaba sobre él. El pelirrojo estaba golpeado, irreconocible: ambos ojos hinchados y cerrados, su labio inferior inflamado y ensangrentado; tenía un largo corte sobre su mejilla izquierda, que manaba sangre. Eso fue lo primero que atendió Harry. El primer hechizo cerró la herida; el segundo limpió la sangre y le permitió ver mejor. El tercero coloreó de verde las pecas de Ron.
Remus levantó una ceja ante el error de Harry. No estaba concentrado, para nada, ya lo había notado. Ahora, durante una de las tareas más fáciles, fallaba. Por sobre el hombro de Harry, corrigió el hechizo y se ganó su atención. Ron levantó la vista hacia Harry, quien se volvió hacia Remus.
- ¿Qué pasó?- Preguntó Ron, notando un brillo extraño en la mirada de Harry; estaba en otro mundo, observó. Saber que sus heridas estaban siendo tratadas por alguien distraído, lo ponía nervioso, como mínimo; así que se alegró cuando Remus terminó la tarea y lo envió a unirse a un grupo de tres, para seguir practicando.
Harry se levantó y dejó la Sala, con Remus a la par; llamando la atención a unos pocos- Ginny y Hermione-. La habitación se modificó ligeramente, y apareció una segunda puerta.
- Supongo que querían hablar en privado-. Dijo Ginny, antes de que Hermione le limpiara un corte sobre la frente. -¿Qué pasa con él?. Estuvo distraído toda la mañana. La única vez que pareció remotamente interesado fue cuando se fue a hacer lo que le pidió Snape.
Hermione suspiró profundamente, acomodando la nariz de Ginny en su lugar. – Es demasiado complicado como para explicártelo ahora. Está sucediendo algo y él, realmente no nos está contando nada. Creo que conoció a alguien especial.
Ginny sonrió débilmente. -¿Por casualidad es un chico?
El par de ojos marrones se volvieron hacia ella, asombrados. -¿Qué quieres decir con eso?
La pelirroja miró alrededor, buscando algún oyente indeseado. –Una de las razones por las que cortamos, es porque la única vez que estuvimos juntos fue un desastre. Tuvo muchos problemas con eso. Hace como dos meses me dijo que el creía que eso pasó así porque soy mujer.
-¿ Harry es gay?- Le salió un murmullo siseado.
- Aún no está seguro, pero parece que sí-. Ginny señaló la puerta con la cabeza.
- No lo sé-. Continuó Hermione, con un poco de escepticismo. – Cuando dije que conoció a alguien especial, no quise decir eso. Es un niño el que tuvo en la cabeza toda la noche.
-¿ Un niño?- Los ojos de Ginny se mantuvieron en la puerta. –Si tú lo dices.
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Harry sabía por qué Remus lo sacó de la habitación, pero eso no significaba que supiera qué decirle al respecto. Para ser honesto, realmente no creía que pudiera decir nada. Se estaba centrando en cosas que no deberían preocuparlo, a pesar del hecho de que lo hacían. Debería concentrarse en lo que estaban haciendo en este momento.
El hombre lobo se sentó, apoyándose contra la pared del pasillo, mientras Harry iba y venía, tratando de recoger sus pensamientos. Cuando se cansó del silencio de Harry, decidió sacar su propia pregunta. -¿ Malfoy te hizo algo cuando Severus te envió con él; o fue Scorpius?
- Yo...siento algo cada vez que lo veo-. Admitió Harry, débilmente. – Los ví juntos, y fue como ver a Fred y a George; se conocen tan bien...son padre e hijo...
-¿ Y?
Harry hizo una pausa y se volvió hacia Remus. –Fue increíble, Remus. Scorpius conoce el trabajo de Malfoy perfectamente. Aunque Malfoy ya está muerto hace años, Scorpius aún sabe todo lo que puede saber sobre su estilo. Trabajaban tan bien juntos, era como si estuvieran uno en la mente del otro.
-¿Y?- Repitió Remus. - ¿Y eso, cómo se supone que te excusa por haber hechizado de verde la cara de Ron? .¿ No te concentras por qué tú no conociste a tu padre perfectamente?. ¿ Quieres lo que ellos tienen?. ¿ Qué es?
- Scorpius está constantemente en mi mente, Remus. Es como si se hubiese adueñado de ella. Hermione y Ron creen que me hechizó o algo así, pero yo no lo creo...no puedo concentrarme.
- Tienes que hacerlo, Harry. En este momento, tu mente debe estar en mejorar tus habilidades.
Harry se pasó una mano por el cabello. -¿Y si no puedo vencerlo?. No pude hacerlo veinte años en el futuro. No soy lo suficientemente fuerte.
- Por eso debes entrenar con mayor rigor. Estoy seguro de que Scorpius cambió la opinión de Draco sobre los Mortífagos. Es un chico inteligente, él encontrará la manera de detener lo que puede suceder. Estarás bien.
Los ojos verdes se pusieron en blanco. -¿ Cómo sabremos si es suficiente?. De seguro, Malfoy no puede ser un factor decisivo en esta guerra. No puedo imaginar que sus pociones sean tan poderosas.
- Si él es tan bueno como para ser aprendiz de Severus, entonces, sí, son poderosas. Severus nunca tomó un aprendiz porque nadie pudo superarlo. Si eligió a Draco, entonces debe haber visto un potencial grandioso en él
- Eso suena más que un tanto arrogante.
- Así es como funciona con los aprendices en el mundo mágico-. Dijo Remus, fríamente. – Pero, eso no importa. Draco cumplirá su misión y tú también. La tuya es asegurarte de que quede un mundo vivible para otros como Scorpius y su pequeña hermanita. Pero, siempre te ayudaremos, Harry. No lo olvides. Ron, Hermione, Severus, Albus, yo mismo, hasta Scorpius; todos queremos ayudarte; pero tú debes concentrarte y hacerte fuerte.
Harry gruñó. No necesitaba que se lo recuerden. Seguro, los demás lo ayudarían con las luchas más fáciles, pero él debía tomar voluntariamente la vida de alguien para que el resto permanezca feliz y a salvo.
Entonces, las palabras de Remus lo golpearon...
- ¡Scorpius no va a participar en ninguna pelea!. ¡Ni siquiera tiene varita!. Él, como Snape, debería estar lejos del campo de batalla.
Remus rió. –Un Mortífago necesita grandes habilidades en batalla, Harry. Severus será necesario en el campo de batalla, tanto como yo.
El joven Gryffindor resopló. –Sí, porque fue tan bueno en defenderse contra los Merodeadores en su época.
De la garganta de Remus siguieron las carcajadas. –Los Merodeadores éramos increíblemente maliciosos, probablemente esa fue la razón por la que es tan bueno en los duelos. Además, eso pasó hace mucho tiempo.
- ¿ Antes de que se convierta en un Mortífago asesino de muggles, quieres decir?
Harry observó que Remus sacudía la cabeza, cansadamente, los mechones de cabellos amarronado cayeron sobre sus ojos. -¿Aún no confías en él?
- Nunca lo haré-. El humor cambió, y Harry se dejó caer contra la pared, junto a Remus. - ¿Y...quién es el tipo con el que vas a casarte?- No pudo evitar la sonrisa ante el insano color rojo de Remus.
- N-no es as-asunto tuyo, Harry.
- Seguro que no. Entonces...¿crees que usarán la poción de hacer bebés de Malfoy?-Eso oscureció más el semblante de Remus. -¿ Lo conozco?. Quiero decir, voy a tener que conocerlo para aprobarlo. No creo que puedas sacarle las manos de encima, ahora que sabes que eso sí va a funcionar.
- Eres un pendejo-. Murmuró Remus, empujando a Harry en broma. -¿Y tú?. Te casarás con un tipo. Yo no...
-¿Eso dijo Scorpius?
-No pareces muy asombrado por la noticia-. Observó el hombre lobo, llanamente.
Esta vez, fue la cara de Harry la que enrojeció. –Sí, una mano se desarregló el cabello, mientras intentaba encontrar las palabras. – Supongo que eso pasa cuando...cuando ya sabes que...qué es lo que eres.
-¿Gay?
- Sí, eso.
-¿Y, cuánto hace que tienes esa información, y por qué yo no estaba enterado?
Harry le lanzó una mirada avergonzada y enojada. – Como si tú pudieras decir algo. Yo no sabía que tú eras gay, tampoco.
Remus rió nuevamente. –Para mi es diferente. Yo no fui criado por muggles. Los magos comprendemos que el amor puede ser encontrado en medio de razas, géneros, mezclas...Aceptamos ese tipo de cosas. Me sorprende que nunca vinieras a quejarte conmigo sobre eso.
Harry gruñó, atrayendo sus rodillas hasta el pecho. –Supongo que sé desde que intenté acostarme con Ginny, meses atrás. No te conté porque no estaba seguro de qué era lo que me pasaba. Quiero decir, los muggles matan por cosas así, y fue hace mucho.
- Las brujas fueron perseguidas, y terminaron siendo mejores de lo que se pensaba.
- Lo sé.
Remus desarregló más el cabello de Harry, ya maltratado por él mismo. –Entonces, ¿cómo supiste?
La cara de Harry se puso tan roja que Remus pensó que nunca lo había visto, sin la ayuda de un hechizo. – Como te dije, traté de acostarme con Ginny.
- Ahh.
- No funcionaba. Así que, sí...fin de la historia, gracias.
Remus asintió con la cabeza, con simpatía. – Por supuesto-. Se quedaron sentados en silencio por un rato. -¿Te gusta algún chico?. ¿ O sólo lo sabes después de ese incidente?
Harry apoyó la frente sobre las rodillas. –Me atrae un chico. Y es sólo porque es jodídamente hermoso. Me atrae su cuerpo, nada más. Nunca voy a disfrutar estar cerca suyo, menos una conversación con él. No me gusta como persona.
- Supongo que eso te ayuda a probarlo.
Asintió. – No puedo evitarlo, es tan atractivo. Nadie debería ser tan atractivo. Y su piel, debería ser ilegal. Por lo que sé, él es gay, así que eso debería alentarme, pero no estoy enamorado de él ni nada, y nunca vamos a llegar lejos porque él es una persona horrible...
- ¿ Draco?- La pregunta no obtuvo respuesta. – Lo buen mozo le viene de familia.
- Demonios...sí.
- Fantásticos genes. Narcissa no es desagradable a la vista, tampoco.
- Parece que tuviese algo maloliente bajo la nariz, eso no es atractivo en lo más mínimo-. Objetó Harry, mirando a Remus con gran asombro.
- Tú también lucirías así si estuvieses casado con Lucius Malfoy.
- Quizás.
- Aparentemente, hay mucho que considerar para ser un Malfoy.
Harry no pudo contener una risa fría. – Sí, y Scorpius se perdió todo el entrenamiento. Malfoy va a sorprenderse cuando vea lo diferente a él que es Scorpius. Trabajan igual en el laboratorio de pociones, pero sus personalidades son muy distintas. No puedo evitar preguntarme cómo será el padre de Scorpius, que crió aun niño tan inteligente y diferente.
- Necesitas sacarlo de tus pensamientos.
- Es mucho mejor que pensar en su Papá, eso me distraería más.
- Concedido. O podría ser peor. Podrías sentirte atraído por Scorpius.
Harry tembló, y Remus lo agradeció. Lo último que quería, realmente, era ver a Harry encaprichado con su propio hijo, sin saberlo. –Scorpius es diferente, cada vez que lo miro me siento raro, como si él fuera la persona más importante del mundo para mi, pero al mismo tiempo, sé que no es ese tipo de sentimientos. No quiero que lo lastimen, jamás; ni que sepa lo que es perder a alguien cercano… aunque ya pasó por eso. Siento como si fuese su guardián, o algo así. Sólo que ...tú me viste anoche. Realmente necesité protegerlo cuando sugirió que podía ayudar en la lucha. Eso no sucederá mientras yo tenga alguna influencia en la Orden.
Remus se encogió de hombros. – Podríamos traerlo a algunas clases del ED, para fortalecerlo un poquito.
Harry sacudió la cabeza. – Eso nunca sucederá. Él no tiene permitido acercarse a nada que lo lleve a pensar que es lo suficientemente fuerte como para pelear contra los Mortífagos.
- Eso es algo que deben decidir su padre y su Papá, y como tú dices que nunca te enamorarías de Draco, no puedes ser el padre de Scorpius. Él dijo que sus padres se aman muchísimo.
- No creo que Malfoy pueda enamorarse de nadie-. Especuló Harry. –Me parece que el amor no es algo que esté en el Libro de Instrucciones de los Malfoy. Escuché que le decía a Scorpius que Lucius lo mataría si no hacía lo le pedía. A Narcissa, por lo visto, tampoco parece importarle.
- Narcissa fue entrenada por Lucius para ser una perfecta Malfoy, cuando se casaron. Por empezar, cualquier mujer que permite que la usen como una incubadora para un heredero varón, no tiene alma. Estoy seguro que así la veían los Malfoy.
Harry gruñó, otra vez. Su fascinación con esos dos varones Malfoy se estaba complicando. - Como sea, la única razón por la que Malfoy salió en la conversación es porque él es la única prueba de mi sexualidad. No quiero hablar más de él, en caso de que alguien nos escuche. No estamos en lugar privado.
Remus sonrió ampliamente. – Verdaderamente, no. Tal vez deberíamos dejar esta charla para un mejor momento.
- No. Mejor no traigamos más a consideración esa cabeza excesivamente rubia.
- ¿Estás concentrado?
- Menos que cuando dejamos la sala.
Remus suspiró, empujó a Harry, juguetonamente, otra vez. – Eres patético. Piensa en alguna chica y baja la cabeza de las nubes.
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Severus se apretó el puente de la nariz, corrigiendo uno de los trabajos que había mandado a sus alumnos del séptimo año. Debido a las pesadas exigencias de los exámenes, sólo unos pocos estudiantes habían pasado con lo necesario para alcanzar su clase. A la cabeza de la clase estaba Draco Malfoy; el chico estaba un tiro más adelante que Hermione Granger, Ernie Mcmillan y Terry Boot; que eran los primeros en sus casas; sin embargo, Draco realmente lo había sorprendido. Como Jefe de Casa, era función suya informar a los estudiantes sobre las carreras elegidas, y en lo que necesitaban para lograr sus objetivos. Al principio, Draco admitió que no esperaba vivir lo suficiente como para establecerse con un trabajo; era consciente de los peligros en los que su padre lo había arrojado y ya había aceptado, al parecer, su muerte temprana. Casi un mes más tarde, retornó al escritorio de Severus y le confió que no quería ser un Mortífago, sino un Maestro de Pociones.
Como si la elección fuese suya, Severus le indicó exactamente lo que debía hacer; le dio una lista de libros y de teorías para estudiar, y tres meses después, Draco regresó por más. El heredero Malfoy lo hizo con frecuencia, a veces con sus propias pociones, para ver si eran aceptables a los ojos de Severus. Cuanto más trabajaba Draco, cada vez más, Severus reconocía el potencial que poseía para convertirse en su aprendiz.
En una tradición antigua, un mago sólo podía aceptar un aprendiz capaz de superar las habilidades del maestro. Sólo así, podía ser recompensado con el título de 'Maestro', y alcanzar la meta.
En todos sus años como Profesor, Draco Malfoy fue el primero con el conocimiento y la voluntad como para despertar el interés de Severus. Esos pensamientos habían surgido apenas dos meses atrás.
Sin embargo, la llegada de Scorpius Malfoy-Potter revolucionó su mente. Si el chico era capaz de crear una poción que cambiara el ADN de un embrión, tenía ilimitadas posibilidades por delante. Ni siquiera Severus, había imaginado, jamás, que una poción semejante podía ser patentada. Sólo el mejor de los mejores podría crearla, y ahora, realmente se sentía más que intrigado por el potencial de Draco.
La edad de Scorpius también era una declaración de las habilidades de Draco; sólo una poción poderosa podía enviar a alguien veinte años en el tiempo; y sólo un poderoso Maestro de Pociones podría diseñarla. Cierto que parecía que él y Scorpius habían trabajado en ella, pero era Draco quien había comenzado.
El pergamino que sostenía se deslizó de su mano y cayó sobre el escritorio, mientras seguía pensando. Scorpius admitió que él había tomado a Draco como su aprendiz. Severus buscó sobre el escritorio, el trabajo de Draco. Debían identificar las diferencias entre dos ingredientes similares. Aún no había leído el de Draco, guardando el mejor para el final, pero ya sabía que recibiría la mejor calificación; había tomado en serio cada una de sus palabras en su esfuerzo por mejorar. No era el más prolijo en su redacción, ese título era de Granger, pero era agradable de leer y realmente comprensible- lanzó una mirada de furia a lo que Potter llamaba ensayo-. Además, el de Draco siempre valía la pena, frecuentemente le ofrecía puntos de vista que Severus nunca había notado o considerado.
El trabajo retornó a la mesa, y otro pensamiento golpeó a Severus. Algo que nunca había considerado, se lo había escrito a sí mismo en esa nota. Decía que debía mirar hacia los que normalmente jamás miraría, para encontrar la felicidad. En el primero en que pensó fue en Lupin. El hombre lobo estaba en su mente noche y día, y sabía exactamente por qué. Comenzó a sentirse atraído por el otro Profesor en el tercer año de Draco, cuando Lupin enseñó en Hogwarts por primera vez. Como sea, esa atracción fue rápidamente descartada como un momento de locura, cuando descubrió a Lupin escabulléndose aquella noche, en la Casa de los Gritos. Inicialmente, pensó que el hombre lobo no había cambiado para nada, y comenzó a sentirse mal consigo mismo.
Ahora, Lupin estaba de vuelta en su vida, y Severus sentía que esa llama regresaba a su pecho, urgiéndole a actuar sobre esas emociones que había reprimido durante cuatro años. Caminó hacia la mesita de noche y tomó la nota, releyéndola por la que le pareció la millonésima vez, ese día. La realidad lo golpeó con fuerza, golpeó la nota contra la mesa y la arrugó bajo la mano. El maldito hombre lobo andaba con esa tipa torpe- así se refería a Tonks desde el primer mes de este semestre, cuando se dio cuenta que sus sentimientos por Lupin eran mucho más fuertes de lo que había creído originalmente- estaban felizmente comprometidos para casarse y tener un montón de bebés peludos en el futuro. Miró con furia el papel, y luego puso los ojos en blanco ante su propio comportamiento infantil. Dejó la carta y regresó a su silla, para ser interrumpido por un golpe en la puerta.
Arrojándose la túnica sobre su ropa más informal, Severus dejó sus habitaciones privadas y se dirigió a la puerta de su oficina.
-Estoy ocupado-. Dijo a Draco, que tenía abrazados unos libros contra su pecho. – No te presté ningún libro últimamente…
-Scorpius trajo los suyos. Su bolso está encantado con esos hechizos que lo expanden, cortesía de la sangre sucia…- Recibió un golpe agudo en la parte de atrás de la cabeza. -¡Scorp!
La cabeza de Scorpius apareció bajo la capa invisible. –La mayoría de mis amigos, en mi tiempo, son muggles, muchas gracias. Si quieres decir algo al respecto, vive lo suficiente para conocerlos la próxima vez-. Siseó, antes de sonreírle a su 'tío'.
Severus puso sus ojos en blanco y se hizo a un lado para dejarlos pasar. – Parece que te adaptas bastante bien a la paternidad-. Comentó cínicamente.
-Estoy seguro de que me hubiese causado gracia si hubiese sido una buena Draco, empujando a su hijo hacia adentro de la habitación. – Este chico tiene la mayor cantidad de libros sobre pociones que he visto en mi vida. Tu colección da lástima comparada con la suya.
- La mayoría de los libros que tengo provienen de su colección, Papá-. Dijo Scorpius. –Y algunos son de la biblioteca Malfoy, de las dos, la de aquí y la de Francia; y también metí mano en la biblioteca Black y Hermione robó algunos de la Sección Prohibida después de que cerraran el colegio…- Contaba con sus dedos mientras hablaba. – El tío Sev me llevó a todos los mercados mágicos, buscando los buenos libros. Así encontramos ese-. Señaló el grueso libro que tenía Draco entre sus brazos.- En ese aprendía a extraer… hizo una pausa, mirando a su Papá. – No me estás escuchando.
Draco le sonrió y le pasó los libros a Severus. – Son asombrosos.
-Estoy seguro que sí-. Replicó Severus, sentándose detrás del escritorio. -¿Qué hacen aquí?
-Él quería mostrarte mis libros-. Scorpius se quejó, cruzando los brazos mientras se hundía en una de las pocas sillas de la habitación. – Realmente lo entusiasmaron.
-Además, quiero mostrarte las pociones que terminé anoche y hoy-. Las extrajo de entre su túnica y se las alcanzó. -¿Estás bien?
Severus se masajeó las sienes. –No es asunto tuyo.
-Normalmente tiene esa mirada cada vez que yo hago algo estúpido-. Mencionó Scorpius, a su Papá. Draco no puedo evitar la risa.
- Mis momentos estúpidos reciben el mismo tratamiento.
Draco observó a Scorpius con detenimiento, sintiendo que una sensación cálida se esparcía por su pecho. La sentía cada vez que lo veía, sabiendo que él había creado esta vida. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, no pudo evitarla, estaba totalmente atrapado, y debió esforzarse por quitarle los ojos al cielo que era su hijo.
-Fue mi propia estupidez, esta vez-. Admitió Severus, antes de sacar una poción del cajón de arriba de su escritorio y tomarla instantáneamente.
-Ah, esa es otra cosa que me hiciste prometerte-. Comenzó Scorpius. –Me dijiste que debía quitarte la costumbre de tomar pociones para el dolor de cabeza.
Severus lo miró con enojo y arrojó el frasco de nuevo en el cajón. Había algo que no le gustaba de este chico. Y creía que sabía de qué se trataba.
-¿Hice algo que te ofendió?- Preguntó, luciendo verdaderamente preocupado. –Porque no quise hacerlo.
-¿Tú sabes lo que escribí en la carta?
-Sólo lo que me contaste anoche…¿dice algo de Moony?
Allí estaba.
Otra vez, el chico comprendió. – Ay, mierda…
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