Nuevamente: nada más que la traducción me pertenece...todo lo demás es de Rowling y de Jinko

Capítulo 6: Crom-Cruaich, Dios Celta del Sacrificio

Odiaba a mi escuela con pasión, pero mi padre nunca lo comprendió. Él nunca me escuchó cuando le contaba cómo me trataban los otros niños.

Yo era un excluído.

Tenía un pequeño grupo, pero nunca fuimos aceptados por nuestros pares. Todos eran ovejas y nosotros queríamos encontrarnos a nosotros mismos sin la presión de la popularidad.

Por esas razones, la mayoría de los chicos de la escuela me detestaba. Eso nunca afectó mi asistencia a clase, pero mis calificaciones siempre fueron pobres en todas las asignaturas. Lo único que lograba hacer mejor que el promedio era economía doméstica- allí cocinábamos-, y para mi, la cocina muggle era como hacer pociones y esa clase me resultaba muy fácil.

Pero, odiaba la vida de escuela, estaba rodeado de muggles que tenían una madre y un padre en alguna parte; si estaban juntos o no, era irrelevante. Algunos habían perdido uno de sus padres, como yo, pero ninguno tenía dos padres varones y ninguno tenía dos madres.

Yo no encajaba allí y todo lo que aprendía no me servía para nada.

¿Cómo podía servirme la Trigonometría en un duelo contra Mortífagos?

Pero, mi padre no me escuchaba, porque para él, si yo estaba en esa escuela, estaba lejos de los Mortífagos, y permanecería en su vida, no lo abandonaría como Papá y Lily.

Después de oír que Rose y Hugo hablaban sobre sus temores por las MHB, dejé la escuela. No pude soportarlo, los exámenes muggles no valían la pena. Les dije a mis maestros que me iba y no regresaría. Ellos llamaron a mi padre. Él les dijo que yo no iba a dejar la escuela. Discutimos, nos gritamos hasta que lo amenacé con irme y dejarlo. Le dije que iría a vivir con tío Sev o a vivir a las calles del Callejón Diagon.

Nunca lo vi tan pálido.

Acordamos que dejaría esa escuela inútil, pero él estaba más que enojado conmigo.

Recién después de su muerte, comprendí que no era enojo, era miedo. Tenía miedo de perderme.

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Sabía qué era lo que había hecho, sabía qué tipo de vida había elegido. Ahora, era enemigo de muchos, a los que, alguna vez, había llamado camaradas.

-¿Por qué mierda hiciste algo así?- Siseó Blaise, acorralando a Draco, camino a la biblioteca.

Draco había esperado esto desde hacía rato.

-Esto no te afecta, Blaise- Respondió Draco, débilmente. Blaise era uno de los pocos con los que no quería pelear.

-¿Qué no me afecta, Draco? El Señor de las Tinieblas ordenó mi matrimonio con Pansy, antes de que acabe el año. Ella era tuya; crecimos sabiéndolo; tuviste mucho tiempo para prepararte...yo tengo poco más de unas semanas...

-Únete a mi, entonces- Ofreció Draco. El pensamiento de perder a Blaise del modo en que se lo describió Scorp, era demasiado doloroso.

-¿Estás loco? Tus padres tienen suerte, no los han tocado estos días. Tú tienes suerte de que no haya ordenado a ninguno de nosotros...

-Cambia de bando, Blaise. Por tu propia seguridad, por favor.

El chico de piel oscura se quedó helado ante la súplica de Draco.

-¿Qué es lo que sabes?

Draco debió recordarse a sí mismo cuán profundamente involucrado estaba Blaise, antes de revelarle la existencia de Scorpius. En el momento en que el Señor de las Tinieblas descubriera al chico, se lanzaría sobre él, era demasiado talentoso como para que Voldemort lo dejara pasar.

-No puedo decírtelo, debes confiar en mí...

El adolescente más alto, interrumpió las palabras de Draco acercándosele. –No puedo confiar en alguien que no me habla.

-Blaise...

-Tal vez es por eso que lo nuestro no funcionó-. Murmuró Blaise, apoyándose en el rubio. –Siempre fuiste terrible con la comunicación, nunca pudiste decirme qué era lo que querías, a menos que se tratase de sexo. Eras el perfectito Malfoy, cada vez que querías algo para sentirte mejor, lo tomabas. Pero, cuando era algo importante para otros, podía esperar.

-No estás siendo justo con esto.

-Si soy justo o no, no importa ahora. ¿Qué es lo que sabes?

Draco negó con la cabeza, pensarlo nomás, era doloroso. –No puedo decírtelo.

El rubio dio un respingo cuando sintió un par de manos sobre sus caderas. –No hagas esto, Blaise, por favor- Susurró Draco, sabiendo exactamente qué seguiría. Sus intentos por empujar al chico más fuerte no funcionaron y un par de labios cubrieron los suyos. Los ojos de Draco se mantuvieron abiertos todo el tiempo, y los pensamientos lo asaltaban a miles de kilómetros de velocidad; el fuego que sentía, apenas unos meses atrás, estaba completamente ausente. No había nada allí, aunque fuera un beso, no había nada...ni siquiera parecido a una caricia de Potter...Y se sintió enfermo, sólo pensar en besar a alguien que no podía ser el padre de Scorpius lo golpeó en el estómago y le produjo náuseas.

Lo único que pudo hacer fue morderlo, haciéndolo sangrar.

-¡Mierda, Draco!- Espetó Blaise, separándose de él. -¿Acaso Dumbledore te ha hechizado? ¿ por eso haces esto?

-Eso quisiera- Murmuró Draco, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Necesitaba sacarse esa sensación desagradable de los labios para bajar la náusea.

-Tu madre y tú tienen que alejarse del Señor de las Tinieblas. Eso es todo lo que puedo decirte.

Una mano se levantó y se cerró con fuerza alrededor de un brazo de Draco. Nuevamente, a eso le faltaba lo que Potter le hacía sentir.

-¿Estás amenazando a mi madre?

Antes de que Draco pudiera responder, una tercera voz se les unió. -¿Es así?

Ambos giraron para ver cómo se acercaba Theodore Nott, girando su varita entre los dedos, como el diestro baterista de una banda de música.

-Theo- Reconoció Blaise, y volvió una mirada dura a la cara de Draco.

-No es una amenaza, y tú lo sabes- Exclamó Draco, enderezándose orgullosamente.

Theo rió con crueldad, levantando la mano hasta la barbilla de Draco. A pesar de su esfuerzo, estaba atrapado entre dos de los magos más fuertes de la casa Slytherin. Tomando la delantera, Theo empujó a Draco contra la dura pared de piedra, sonriendo maliciosamente cuando escuchó al rubio expresar su dolor. –Me sonó a amenaza, querido Draco. ¿Quién sabe a dónde te llevará este tipo de amenazas?

Esta vez, Blaise quiso objetar. –No es necesario…yo manejo esto.

-Tu madre merece más que las amenazas de este traidor. Puede que los Slytherins no seamos reconocidos por nuestra lealtad, pero eso no significa que no exista. Somos fieles; y él quebró esas reglas, maldiciéndonos a todos.

-Estás exagerando, Theo.

Esta vez, el chico bronceado lanzó una mirada asesina a Blaise, aflojando el apretón que tenía sobre el cuello de la camisa de Draco. –Sal de aquí, Zabini. Si no eres suficientemente hombre como para hacerte cargo de él, yo sí lo soy.

-¿Hacerte cargo...qué quieres decir? ¿Te contactó el Señor de las Tinieblas?

-No, pero ya es hora de que le demos lo que quiere; quiere terminar su vida con los Mortífagos. Es simple, como eso es lo único lo que conoció en su vida, entonces su vida debe terminar.

Los ojos de Draco se agrandaron. Suponía que Theo era uno de sus amigos; habían pasado años en los mismos dormitorios, pareciendo más hermanos que compañeros de colegio. Theo había pasado más de un verano en la Mansión Malfoy, y Draco siempre lo había apoyado cuando los asuntos de su padre habían salido a la luz. Del mismo modo, Blaise había sido siempre bienvenido a la Mansión cuando su madre tenía algún nuevo cortejante y necesitaba salir de su casa.

Aún así, aquí estaban, discutiendo su muerte frente a él, como si su amistad no significara nada...como si su vida no valiera nada.

-Sal de aquí, Blaise, no vas a aguantar verlo después de que haya hecho justicia...

Con una mirada preocupada, el chico de piel oscura lo dejó con Draco.

Los ojos grises se concentraron en el moreno, Theodore se adelantó, guardó la varita en el bolsillo, mirando al rubio con desprecio.

-Theo, ¿qué estás haciendo?- Draco trató de que su voz sonara firme y se esforzó en mantener un tono ligero. Sin esperarlo, no pudo esquivar el puño que golpeó contra su mejilla izquierda, provocando un crujido horrible.

Draco golpeó contra la pared, y se deslizó hasta el suelo de piedra. La fuerza del golpe lo dejó mareado, pero no tenía tiempo para recuperarse, Theo lo tomó por el cuello y lo levantó.

-Nos destruiste a todos- Siseó, apretando su cuerpo, con fuerza, contra la pared. Cadera contra cadera, casi íntimamente, Theo gruñó sus palabras furiosas. –Tú estabas destinado a ser nuestro Potter- Lanzó un golpe contra el abdomen del rubio. –Nuestro salvador-. Una rodilla se levantó contra la entrepierna de Draco. –Si tú hubieses hecho tu parte, todos estaríamos a salvo y ninguno de nosotros seríamos importantes para él-. Sus manos tomaron la cabeza de Draco y la forzaron hacia abajo, mientras la rodilla volvía a levantarse, rompiéndole la nariz. –Todos esperábamos que lo hicieras, pero tú eres un maldito egoísta que sólo quiere salvarse a sí mismo.

Arrojó al suelo el cuerpo completamente golpeado de Draco y se le tiró encima, sentándose, con las piernas a cada lado. Lo primero que hizo a continuación, fue abofetear al rubio y observar cómo luchaba por recobrarse, con la sangre cayéndole por la garganta, desde la nariz rota; trataba de luchar, pero el adolescente más fuerte, lo sujetó por las muñecas, escupiéndole la cara.

-Nos condenaste a todos. No puedes salirte como lo hiciste y que salir bien librado. Todos esperábamos en ti, como ellos esperan en su maldito San Potter- Theo bajó la cabeza hasta el pecho Draco. –Estamos todos muertos por tu culpa. Él nos va a obligar a pelear. Tú eras el único que le importaba, eras el único prometido. Sólo a ti te había puesto Lucius en el pedestal del Señor de las Tinieblas, ahora todos estamos malditos, condenados a la que era tu vida.

-Lo que yo hice...

-¡No queremos escuchar tus excusas egoístas!- Objetó Theo, abofeteando a Draco otra vez. -¡Eres detestable! ¿Tienes alguna idea de cuántos de nosotros moriremos en esta guerra? No, ¡tú piensas sólo en ti!

Manteniendo las muñecas de Draco sujetas con una mano, Theo comenzó a golpearle la cara con todas sus fuerzas; golpe tras golpe, hasta dejarla hinchada, ensangrentada, con numerosos cortes y raspones.

El cabello de Draco quedó teñido por el rojo de la sangre y los nudillos de Theo quedaron cubiertos por ella.

-Ni siquiera mereces que desperdicie mi magia.

El cuerpo de Theo se puso rígido y levantó la mirada, alguien se acercaba. Apoyó una mano en la cara de Draco y se separó del rubio, aplicándole una patada rápida a un lado.

-¿Nott? ¿Malfoy?

Draco giró hacia un lado, tratando de ocultarse de la vista de Potter que se dirigía hacia ellos.

Theodore se lanzó directamente al moreno más pequeño, tomándole la barbilla con la mano, antes de que tuviera oportunidad de sacar la varita. El chico de ojos verdes gimió cuando sintió el líquido cálido y pegajoso, la sangre de Draco, en contacto con su piel. El Slytherin sonrió maliciosamente, y, provocándolo, burlándose, continuó manchando la cara de Potter con sangre.

-Lo tenemos, no hay nada que tú puedas hacer para detener esto. Él pagará por lo que ha hecho-. Prometió Nott, antes de alejarse, viendo la varita que sostenía Harry.

Harry se apresuró a llegar al lado de Draco, y se arrodilló para evaluar el daño.

-Vete, Potter-. Gruño Draco. –Esto no es asunto tuyo.

Por lo que Harry podía observar, Draco se torcía de dolor y había sido golpeado tan duramente que no podía ver.

-Te pegó una terrible paliza- Observó Harry, suavemente, dando un respingo cuando Draco trató de sentarse. –Quédate acostado. No sabemos qué es lo que te hizo, puede ser que tengas algo roto.

-¿Mi dignidad, tal vez? Déjame, ya te lo dije.

-Voy a ver la extensión del daño...

-Te dije que me dejes solo- Espetó Draco, logrando sentarse. Su respiración era trabajosa, como si los pulmones fuesen demasiado grandes para su pecho.

La varita de Harry se movió sobre el torso del rubio. –Te rompió unas cuantas costillas, puedo arreglarlas con facilidad...

-¿Y por qué mierda querrías hacer algo así?

Por un momento, Harry se encontró a sí mismo mirando a los ojos al rubio, esos ojos hinchados. –Scorpius se va a preocupar por ti- Adujo, apartando la mirada. Se concentró en la varita que tenía en la mano, y en los detalles de las lesiones. –Sólo unos cuantos raspones y hematomas, aquí-. La varita siguió hasta la cara de Draco. –Tu nariz está completamente aplastada.

-Jamás lo hubiese sospechado.

Harry se puso a trabajar: detuvo el sangrado y arregló la nariz de Draco hasta que quedó exactamente igual que antes.

-No puedo respirar- Dijo Draco, débilmente, sintiendo que le apretaban las costillas.

Harry asintió con la cabeza, fijando la varita en los huesos rotos. –No soy muy bueno arreglando huesos, puedo arreglarlos de modo que te resulte cómodo, pero no completamente. Vamos a tener que ir a Pomfrey ...

-No. Pomfrey, no, ningún profesor.

-No soy lo suficientemente bueno como para sanarte completamente...

-Scorp puede hacerlo...Sólo necesito bajar a las mazmorras, pero con estas costillas…

Harry aceptó, hizo lo mejor que pudo con los huesos. -¿Por qué te golpeó?

Draco respiró hondo por primera vez después del ataque. -¿Y tú qué crees?- Mientras hablaba, Harry trabajó en la cara hinchada del rubio.

-Sobre lo de anoche...

-Ni una palabra, Potter-. Dijo Draco. –No quiero que lo de anoche se repita nunca más. No sé qué hechizo me lanzaste...

-Tú me hechizaste...pajero.

Draco ahogó una exclamación. Harry tenía razón. Si no fuese por las manchas de sangre, seguramente se le notaría el rubor. Sí, se había hecho una paja pensando en Harry, antes de ir a la cama.

-¿Por qué habría de hechizarte? Soy capaz de obtener al hombre que quiera por mí mismo, no necesito recurrir a la magia.

-Sí, por eso Nott está tan enamorado de ti- Se burló Harry. Si hubiese podido, Draco le hubiese lanzado alguna mirada iracunda.

-Te odio, ¿sabes?

-Anoche no parecía que me odiaras.

-Te golpee la cara con una puerta, pero puedo imaginarme que pienses que estaba coqueteando contigo.

-Cállate-. Sugirió Harry, reduciendo la hinchazón lo más posible. Finalmente pudo ver el par de ojos grises que lo habían afectado realmente la noche anterior. – ¿Puedes caminar?

-Sí.

Harry se levantó y le ofreció la mano a Draco, quien casi la rechazó, pero se arrepintió y la tomó. Quería sentir otra vez esa electricidad increíble. Draco aceptó la mano, sintiendo que los dedos le rozaban la palma. Y, como esperaba, sintió en su piel, esa increíble sensación.

Harry lo atrajo a directamente a sus brazos, a pesar de que esa no había sido su intención original. Al principio, sólo quería levantarlo; sin embargo, se encontró abrazando al rubio y con sus manos apoyadas adonde terminaba la espalda de Draco, apenas sobre la cintura de sus pantalones. Las manos de Draco reposaron sobre el pecho de Harry y la punta de sus dedos le rozaron la piel.

-¿Estás bien?- Preguntó Harry, suavemente, luchando para no acariciar el cabello manchado de sangre que apenas le llegaba a la nariz.

-No podemos estar así- Afirmó Draco, apoyando la frente en el esternón de Harry. –Nos odiamos.

-Sí, nos odiamos completamente; por eso es que esto se siente tan jodídamente bien.

-Jodídamente bien.

Las manos de Harry se movieron, una hacia el cabello de Draco y la otra hacia abajo, pero acto seguido, la sacó de allí. No estaba bien tocar a Malfoy tan íntimamente. Aún así…esto era algo perfecto.

-¿Qué pasa entre nosotros?- Preguntó Harry, acariciando la sien y la oreja de Draco con su nariz.

-No lo sé; y te juro que no me gusta...Seguramente esto le molestaría a Scorpius...

-El hecho de que tú seas tú, me molesta.

La mano de Harry comenzó a deslizarse al trasero de Draco y se quedó allí, descansando tranquilamente.

Draco respondió mordisqueando suavemente la piel del cuello de Harry. Por lejos, era la experiencia más erótica de Harry. Y podría haber sido mucho mejor, si Draco no estuviese sangrando. Así que, resignado, Harry se alejó, gimiendo cuando el cuerpo de Draco intentó volver a acortar la distancia entre ellos.

-Necesitamos buscar a Scorpius para que pueda ayudarte-. Parecía que Draco se había olvidado del ataque del que había sido víctima.

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Scorpius golpeó a Harry en el momento en que abrió la puerta y vio a su papá cubierto de sangre. No fue un golpe demasiado fuerte, pero fue un golpe.

-¿ En qué mierda pensabas cuando le hiciste esto?- Comenzó Scorpius, al instante. -¿Estás loco? ¿Lo hiciste mierda y después me lo traes? ¡No puedo creerlo!

-No fue él, Scorp- Objetó Draco, observando cómo su hijo buscaba en su mochila. –Él evitó que Theodore me mate.

-¿Evitó? La mayoría de las personas diría, 'me salvó'- Murmuró Harry, haciéndose camino entre las trampas mortales de la habitación de Scorpius. –Este cuarto es ridículo, ¿sabes?

-Es gracioso, mi papá y tú piensan lo mismo- Exclamó Scorpius, sacando la poción que buscaba. –Esto detendrá el sangrado y te quitará el dolor-. Sacó otra poción. –Esta es para la inflamación y los cortes. ¿Algún hueso no está cómo debería estar?

-Sí, tiene costillas rotas- Le dijo Harry. Y otra poción salió a la luz.

-Esto te ayudará.

Draco las tomó todas, tranquilamente, antes de abrazar a Scorpius. –Gracias- Susurró. Por fin podía respirar sin dolor. Cuando se volvió hacia Harry, el moreno se sintió más que feliz al ver que su cara estaba intacta.

-¿Y yo no recibo un 'gracias'?- Preguntó Harry.

-Tú me toqueteaste- Acusó Draco. –Tuviste la mano sobre mi culo durante quién sabe cuánto tiempo, maricón.

La cara de Harry se tornó roja, bajo la mirada inquisitiva de Scorpius. -¿Toqueteaste a mi papá?

De repente, el Gryffindor se sintió sobrepasado: dos Malfoy contra un Potter, no era una cosa buena. –Bueno, esas cosas pasan, verás...

-A diferencia de ustedes, yo llegué a los quince sin ningún interés en nadie, así que, en verdad no sé cómo pasan esas cosas.

Draco gruñó, apoyándose contra la pared. –Mi hijo de quince años es virgen. Nunca pensé que llegaría el día…

Suspirando y con una pequeña sonrisa, Harry se adelantó a tranquilizar a Scorpius. –Yo fui virgen hasta los dieciséis, no escuches a este promiscuo. Mierda, apenas había besado a alguien a tu edad.

-Ni siquiera sé si soy heterosexual o gay… todavía no besé a nadie- Admitió Scorpius, y una franja rosada cruzó sobre su nariz y mejillas.

Harry rió. –Yo me dí cuenta hace una semana. No hay apuro en ese campo. Debes experimentar unas cuantas cosas antes.

-No le mientas a mi hijo, Potter- Espetó Draco, acercándose y pasando sus brazos por los hombros de su hijo. –Yo no necesité experimentar nada, siempre supe que no me atraían las mujeres- Sonrió maliciosamente a Harry. –Así que...¿cuánta experiencia necesitaste para darte cuenta?

-Esa pregunta es bastante personal, Malfoy.

El rubio apenas sonrió. -¿Sólo una vez?

-Basta. No sonrías.

Draco rió y el estómago de Harry se contrajo; ciertamente, tenía una sonrisa maravillosa.

-¿La chiquita Weasley no resultó buena?

Harry no pudo evitar su propia sonrisa. -¿Por qué, crees que tú eres mejor?

Casi inmediatamente, la cara de Scorpius comenzó a arder. En realidad, no quería ser testigo del coqueteo de sus padres.

Los brazos de Draco dejaron los hombros de Scorpius, y dio un paso hacia Harry. –Yo que soy mejor, Potter. Cada hombre con el que me acosté, me dijo que soy excelente en la cama.

Scorpius se tapó los oídos con las manos. –No necesito saber eso...no necesito saberlo...

Su voz los trajo de vuelta a la realidad; otra vez se habían dejado llevar por las hormonas.

-Lo siento- Dijo Harry, con la cara tan colorada como su corbata de Gryffindor.

-Sí- Coincidió Draco, pasándose una mano por el cabello. –Realmente no sé porqué sigue pasándonos esto.

No había mucho más que decir, sin embargo, Scorpius se las arregló para lucir un tanto pagado de sí mismo.

-No quiero que te lastimen más, papá- Exclamó Scorpius, escapándose por la tangente y logrando que siga la charla. -¿No sabes pelear?

-En verdad, no quise pelear, Scorp. No es fácil ir en contra de todo lo que has conocido, incluyendo a los amigos y la familia.

-Tal vez deberías ir a las clases del ED, con Harry.

Ambos ignoraron el resoplido de Harry.

-Prefiero que me golpeen todos los días, antes de unirme a su alegre banda de idiotas- Siseó Draco.

-Eso puede ser arreglado, ¿sabes?- Preguntó Harry.

-Tú cállate- Reprendió Scorpius. –Bueno, si no quieres ir a las clases, ¿por qué no organizas algo con Harry? Algún entrenamiento físico a cambio de clases de apoyo en Pociones, sé que Harry no aprobó Pociones en su último año.

Los ojos de Harry se entrecerraron, mirando a Scorpius; y la sonrisa de Draco apareció nuevamente. –No tengo nada en contra de esa idea- Adimitió, mordazmente. – Me encantaría darle una paliza a Malfoy con su consentimiento.

La sonrisa del rubio creció. –Tal vez ese es el motivo por el que tu único intento con el sexo falló tan horriblemente. Me imagino que eso no fue del gusto de la chiquita Weasley.

-Estás enfermo, Malfoy. ¿Todo tiene que ser sexo para ti?

Draco se encogió de hombros, mientras observaba la poción que Scorpius había dejado filtrándose. –Tú eres el que hace que lo que dice suene pervertido.

-Papá- Gruñó Scorpius, antes de apartar al otro adolescente de los largos tubos que tocaba.

-No entiendo por qué haces tanto lío con las Pociones; la mitad de estos pasos no son necesarios.

-Mezclé el método con técnicas de química muggle. Descubrí que eso incrementa la potencia en las dosis mínimas.

-Esta basura muggle no debería ni acercarse a semejantes pociones. Lo que creamos en nuestros calderos debería ser perfecto. No veo cómo esas pociones… no saldrían manchadas con esa muggle...

Se interrumpió al ver la mirada de Scorpius. –Yo tengo sangre muggle. Mi abuela fue nacida de muggles.

Draco se adelantó para abrazar al Scorpius, pero los brazos de Harry llegaron primero. Rápidamente, Harry atrajo al rubio contra su pecho, apoyando la barbilla en el hombro de Scorpius desde atrás.

-No hay nada malo en eso, estoy seguro de que tu padre lo sabe. Tú eres perfecto a sus ojos.

-¡Ey!, él también es perfecto a los ojos de su papá- Argumentó Draco, tomando un brazo de Scorpius para separarlo del moreno. –Es mi hijo, Potter, no tuyo.

-¿Sí? Pues, yo no quiero que se sienta mal por ser quién es.

Draco entrecerró los ojos, sin embargo, pasó una mano por el cabello de Scorpius. –La única razón por la que puede sentirse mal es si tiene que seguir aguantando tu presencia.

-Ah, qué ingenioso-. Provocó Harry, acercando más a Scorpius. –Nosotros somos descendientes de muggles, yo lo entiendo más que tú.

-Te engañas a ti mismo, Potter. No hay modo de que lo entiendas mejor que yo. Consíguete tu propio hijo y deja al mío.

Bajando ligeramente la cabeza, Scorpius se zafó de los brazos de Harry y se dirigió hacia la cama. –Ustedes pelean más ahora que cuando…sean adultos, ¿saben?

-¿Nos has visto interactuar?- Preguntó Draco, un tanto asombrado. –Hubiese creído que no tendríamos nada que ver uno con el otro.

-Se convertirán en buenos amigos después de este año, papá. Toma las clases con Harry, no quiero ni pensar en lo diferente que sería el futuro si ustedes no fuesen amigos. Los hijos de Harry no hubiesen nacido, eso es seguro. Nunca te hubiese pedido la poción si se detestasen tanto como parece.

Harry miró con sorpresa a Scorpius. –Entonces, ¿no tuve a mis hijos con una mujer? ¿Son como tú?

Scorpius asintió con la cabeza. –Somos los únicos en el mundo que tienen el ADN de dos hombres. Tú te casaste con un hombre y tuviste dos hijos con él, como papá. ¿Van a ponerse de acuerdo con las clases y la tutoría?

-Estás decidido a que eso pase, sin importarte si debes forzarnos a hacerlo, ¿verdad?- Preguntó Draco, con una gruñido familiar en la voz.

-Soy un Malfoy- Replicó Scorpius, en el mismo tono.

-Mierda- Susurró Harry, de pronto, encaminándose a la puerta. –Tengo una reunión con el ED...Hermione y Ron van a matarme- Salía corriendo, pero giró hacia Draco. –Ven a la Sala Multipropósito en dos horas, así empezamos, ¿sí?

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