Esta es una traducción de 'When time isn't enough', original de Jinko.
Por supuesto, la única dueña de los personajes y el universo de HP es J.K. Rowling
Capítulo ocho: Afrodita, diosa griega del amor
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El Director me odiaba. También odiaba a mi padre. Siempre decía que mi mala disposición se debía a la falta de madre. La primera vez lo dijo, mi padre le respondió que, originalmente, yo tuve dos padres y ninguna madre, y eso pareció hacer que el imbécil me odiara aún más.
Cuanto más tiempo pasaba en la escuela, peor se hacían las ofensas. Las detenciones por llegar tarde se convirtieron en detenciones por no hacer la tarea, por faltar a clases, por desobedecer a los maestros, por maltratar a otros estudiantes. Mi primer suspensión llegó cuando golpeé a un compañero de clase después de que expresó sus puntos de vista homofóbicos.
¡Mi padre se molestó tanto!, pero no me oyó cuando yo le dije lo mucho que odiaba la escuela.
Sólo tenía unos cuantos amigos, los que faltaban a clases conmigo. Por unos meses, eso era todo lo que hacíamos. Aún así, mi padre me obligaba a ir. Éramos detestados por el resto de la escuela, éramos los rechazados, con los que nadie quería hablar. Yo actuaba como si eso no me molestara... pero ellos parecían tan felices, hablando de lo bien que pasaban sus fines de semana.
Yo nunca pude llevar a mis amigos a casa, era muy riesgoso, siempre existía el riesgo de un ataque a mi padre.
¡Detestaba tanto a Rose y a Hugo por sus vidas en Hogwarts! Yo sufría con esos idiotas, pero ellos amaban sus vidas.
Realmente, no podía soportar quedarme allí, día tras día.
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-¡Arriba!
Harry gruñó, acurrucándose en su almohada. Lo último que quería hacer era ir a la clase de Pociones. Malfoy y Snape en la misma habitación, y él se moriría si Snape se enterara de la tensión sexual existente entre ellos.
-Mira, no me importa si no vas a clase, pero Hermione te va a destrozar, y tú lo sabes- Continuó Ron, sacudiendo los hombros del moreno. –Vamos, a este paso vas a perderte el desayuno.
-No voy a ir.
Las manos se detuvieron por un momento. –Ella va a matarte y después va a matarme a mi, por dejarte hacer eso y todo lo demás.
-Ese es un golpe bajo, compañero- Gruñó Harry, girando. Se puso los lentes, y levantó la vista hacia el pelirrojo. -¿Cómo podría ir, Ron? Lo besé-. Las últimas palabras fueron siseadas, para que los otros tres no pudieran oirlo. Aún estaban allí, preparándose para las clases.
Las calificaciones de Ron no eran tan altas como para que entre a la clase de Pociones Avanzadas; aún así, él y los alumnos de menor nivel compartían el salón con los avanzados, pero con el mínimo de ayuda de Snape.
-No creo que él tenga voluntad de hacerlo público, Harry. Debe estar tan disgustado como tú.
De repente, las manos de Harry golpearon la almohada contra su propia cara. –Yo no estoy disgustado por eso-, admitió débilmente. –Quiero más.
Ron retrocedió un paso. –Levántate antes de que necesites una ducha fría.
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Scorpius suplicó a su Papá que lo deje presenciar la clase de Pociones; hacía tanto que quería ver a su tío Sev en acción, y ahora tenía la oportunidad de ver al famoso Profesor de Pociones hacer magia en el salón de clase.
Draco accedió, pero le pidió que se mantuviera alejado de la mayoría de los Slytherin, sin importar que tuviera puesta la capa de invisiblidad; lo último que necesitaba era que el chico tuviera algún encuentro con la gente que más lo odiaba en ese momento. Scorpius estaba más que excitado por la noticia.
-Podría ayudarle a Harry a aprobar una poción, por una vez.
Draco giró los ojos. –Lo dudo, es una pérdida de tiempo.
El adolescente más joven rió, tapándose con la capa de invisiblidad. –Vamos, quiero conseguir un buen asiento.
-Es demasiado temprano- Objetó Draco, pero vio que la puerta se abría y oyó los pasos en el suelo. –Estúpido mocoso.
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Era algo muy raro que Harry fuera temprano a clase de Pociones; en verdad, Hermione lo había llevado a la rastra cuando supo que no quería ir. Lo dejó comer sólo unos mordiscos y se lo llevó, a tirones, por todo el camino hasta las mazmorras, mucho antes de lo necesario.
Estaban a unos corredores de distancia del salón, cuando Scorpius chocó con ellos, cubierto con la capa.
-¿Scorpius?- Preguntó Harry, mientras el rubio se quitaba la capa que le cubría el cuerpo.
-Papá me dijo que espere aquí afuera hasta que lleguen los otros estudiantes- Gruñó Scorpius. -Él está hablando con Blaise Zabini sobre algo...no sé qué...pero los dos parecen muy enojados.
Harry maldijo por lo bajo y salió en dirección a donde venía Scorpius. Dio vuelta la esquina, justo a tiempo para ver cómo Zabini empujaba a Malfoy contra la pared de piedra, antes de forzar el beso.
Por una vez en su vida, Harry sintió ira posesiva.
Malfoy luchó contra el beso, forcejeando con todas sus fuerzas, pero su cuerpo ligero difícilmente hacía mella en el cuerpo mucho más grande de Zabini. El chico más alto movió las manos por el cuerpo de Malfoy y apretó sus caderas, juntándolas.
Fue entonces, que Zabini sintió el cosquilleo de la varita de Harry contra la base de su cráneo y soltó a Draco.
-Atrás, Zabini- Siseó Harry, viendo que Draco se deslizaba y salía de la caja que había creado el cuerpo de Zabini.
-Esto no tiene nada que ver contigo, Potter- Clamó el Slytherin, levantando las manos, a la defensiva.
-Tiene razón- Confirmó Draco, pero se colocó detrás de Harry, de todos modos.
-Te estaba forzando, ¿qué esperabas, qué no reaccione?- Preguntó Harry.
Hubo una exclamación ahogada proveniente del otro chico. -¿Te estás acostando con él, Draco?- Preguntó Zabini, suponiendo que esa era una excusa razonable para la reacción de Harry. -¿Es...es por eso que lo hiciste? Tu padre va a matarte, lo sabes...
-No estamos haciendo nada- Objetó Draco, sientiendo un breve estremecimiento, como si Harry le besara la mano otra vez. Anhelaba el contacto. –Me conoces bien, como para creer en la posibilidad de que yo pueda tener cualquier relación con un Gryffindor, y menos con el Niño Dorado.
-¡Explícame entonce por qué lo hiciste! No puede ser que arriesgues todo por nada, no tiene sentido...
-Theo no quiso oír mi explicación y tú no quieres creer la que trato de darte.
-¿Por qué él está protegiéndote?
Los ojos grises lanzaron una mirada a Harry. –No lo sé...tal vez se enamoró de mi o algo así.
Harry debió forzar su autocontrol para no girar y maldecir a Draco por semejante acusación; pero no pudo evitar el rubor que le cubrió la cara.
A pesar de su queja, los dedos de Draco rozaron los dedos de Harry. El estómago de Harry hizo un saltito –en el buen sentido- y bajó la varita. –Atrás, Zabini. Eso es todo.
El adolescente más alto se alejó de Harry, pero giró y miró lascivamente a Draco. –Te veré en clase.
En el momento en que entró al salón de clase, Scorpius salió de su escondite. -¿Qué pasó?- Demandó, quitándose la capa. -¿Te lastimó?
-Estoy bien- Aseguró Draco, metiéndose la mano desobediente en el bolsillo. –Ponte la capa, estaremos en un gran problema si alguien te ve.
Scorpius puso los ojos en blanco y se tiró la capa encima de la cabeza. –Ya verás si vuelvo a pedirle a Harry que te salve la vida...
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Ron se les unió justo al comienzo de la clase, perdiendo unos cuantos puntos por su tardanza. Apenas se encogió de hombros, mirando a Harry y a Hermione, antes de tomar su asiento al final del salón, con los estudiantes de Pociones básicas, mientras Snape trabajaba con los estudiantes avanzados al frente.
Harry se alegraba porque él y Hermione siempre eran puestos a trabajar juntos. Con Ron en la parte de atrás del salón, no se separaban, y eso menguaba las oportunidades de terminar pegado a Malfoy. Aunque ahora eran más cercanos, aún así, no sería bueno que se vieran forzados a trabajar juntos. De hecho, era altamente probable que la situación se tornase demasiado incómoda, ahora que tenían una relación... No quería ni imaginarse cómo sería.
Sin embargo, la mayor parte del tiempo trabajaban individualmente. Mala suerte para Harry, eso significaba que podía cometer más y más equivocaciones, y ser el único culpable.
-Ahora me tienes a mi- Escuchó que susurraba la voz de Scorpius, cuando él gruñó ante la complejidad de la poción. Harry no pudo evitar la pequeña sonrisa que le cruzó la cara. Rápidamente, se encontró con los ojos de Malfoy y le sonrió, diciéndole, sin palabras, que Scorpius estaba allí para ayudarle. Malfoy sólo sacudió la cabeza, sonriendo suavemente.
La poción de hoy era individual, Harry fue a buscar sus ingredientes, como todos los demás. Asombrosamente, los Slytherin no lo empujaron, para quitarlo del camino, sino que centraron su atención en Malfoy, empujándolo de un lado al otro y apretándolo contra los estantes. En el momento en que Snape levantó los ojos, cesó el menos que amigable comportamiento, pero al momento en que la cabeza bajó, continuó. El Profesor de Pociones no podía hacer nada; se pondría a sí mismo bajo sospecha si detenía las acciones; aunque Harry lo sabía, la situación lo enfurecía, de todos modos. Sin embargo, la ira no se limitaba a los dos miembros de la Orden. Harry sujetó a Scorpius justo a tiempo, antes de que el chico corriera a ayudar a su papá; lo hizo sutilmente, pero bajó la vista cuando sintió que algo frío y redondo se deslizaba en su mano.
-Pon unas cuantas gotas de esto sobre sus ropas- Escuchó que Scorpius susurraba, mientras él examinaba la botella: era una esfera completa, nada más que con un pequeño pico, obviamente, por donde caían las gotas. Estirándose lo menos sospechosamente posible, dejó caer unas gotas en el hombro de Nott. Mientras juntaba los ingredientes, observó de cerca la reacción del chico alto. Para cuando regresó a su escritorio –y Malfoy estaba seguro en el suyo-, Nott se acercó a Snape, quejándose por la pérdida de sensación en su brazo derecho. Por lo que Harry pudo oír, no podía sentir nada más allá del hombro. Snape lo mandó a su cuarto, con una poción que sacó de su escritorio.
Scorpius apenas podía contenerse.
-¿Los gemelos Weasley no habrán participado en tu crianza, no?- Murmuró Harry; y oyó que el rubio ahogaba su risa.
-¿Puedes imaginarte a mi papá, dejándolos acercarse a mi?
Harry ahogó sus propias risas. –Creo que tendría un ataque al corazón sólo viéndolos cerca de ti-. Los ingredientes comenzaron a alinearse solos, encima de la mesa de trabajo de Harry, claramente era obra de la mano de Scorpius. Los ojos verdes repasaron las instrucciones en el libro y le dio una mirada escéptica al aire, delante suyo. –Se supone que hay tres pasos antes de agregar esas raíces- Intentó reacomodar los ingredientes, pero Scorpius lo forzó a retroceder la mano.
-Yo sé lo que estoy haciendo.
Dándole al rubio el beneficio de la duda, y sabiendo que los iban a descubrir si seguian comunicándose, Harry cedió y cumplió exactamente las instrucciones de Scorpius.
Más de una vez, Snape se acercó a ellos, levantando una ceja, viendo cómo se desarrollaban las cosas.
-Potter, ¿dónde está el señor Malfoy?- Preguntó, observando cómo Harry agregaba el último ingrediente.
Harry giró, mirando a Malfoy, unos cuantos escritorios a su izquierda. –Justo allí, señor.
-Usted sabe lo que...- Pero su frase fue groseramente interrumpida por el perfecto sentido de la oportunidad de Neville y sus errores: su caldero producía burbujas que rebasaban los bordes y caían a la mesa, amenazando con destruir el escritorio donde Neville trabajaba con Ron. Antes de que Snape pudiera reprender a Harry por su respuesta, debió correr a lidiar con el incidente.
Harry lo siguió con la mirada, pero cuando volvió hacia su caldero, sus ojos se encontraron con unos ojos grises que lo miraban fijamente. Esos ojos lo observaban con todo detalle, como esa noche junto al cuarto de Scorpius. Sintió que se estremecía, desde la punta de sus orejas al último nervio de los dedos de sus pies; y el estremecimiento bajaba por su cuerpo y se detenía en el medio, en dirección a su entrepierna.
Los dientes de Draco capturaron su labio inferior, de un modo tan sensual que Harry tuvo que arrancar sus ojos de allí, antes de que las sensaciones que corrían por su cuerpo causaran una reacción que, realmente, no quería tener.
Otra vez, no.
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-¿Dónde demonios está Scorpius?- Preguntó Harry, mirando alrededor de la habitación, sin encontrar al adolescente.
Draco suspiró profundamente, pasándose una mano por el cabello. –El Profesor Snape lo retuvo después del número que hicieron ustedes dos; está quitándole todas las pociones peligrosas. Me sorprende que no los llevara con Dumbledore, después de lo que hicieron. Podrían haber dañado seriamente el brazo de Nott.
-¿Y? No debería haberte empujado así.
Harry casi da un paso hacia atrás cuando Draco dio un paso hacia él. Raramente observaba cómo caminaba Draco, pero ahora, esas caderas se movían de una manera que le producían ese estremecimiento, otra vez.
-Tampoco deberías haber tratado a Blaise de ese modo.
-No voy a quedarme sentado, dejando que te moleste. Ustedes terminaron...
-Ese no es asunto tuyo.
Harry sintió que todo su cuerpo ardía, después de las palabras de Draco. -¿No es asunto mío? ¿No fuiste tú el que me recriminó cuando yo dije que no éramos amigos?
Después de eso, la boca de Draco se secó. -¿Estabas celoso?
Incómodo, Harry se paró a la defensiva. –No estaba celoso...
-¿Posesivo, entonces?
Eso sí dio en un nervio. Sí. Lo enfureció que Zabini pusiera sus manos y sus labios sobre su rubio.
Draco tomó el silencio de Harry como un sí, y suspiró otra vez. Se adelantó otro paso, notando el ligero retroceso de Harry.
-Detente- Demandó Draco, y Harry le obedeció. Se acercó al moreno hasta que estuvieron uno pegado al otro.
-¿Qué estás haciendo?- Murmuró Harry, débilmente, encantado por lo cerca que tenía al rubio. Sus manos subieron, para sujetar las caderas angostas que lo tentaban con cada paso que daba Draco. No pudo evitar que una de sus manos liberara la camisa blanca del uniforme, de los pantalones de Draco, y se deslizara por sobre la piel suave que había debajo. -¿No dijimos que...?
-Sí, lo hicimos, y por eso tengo que sacarte de mi cabeza...
-¿Qué tienes que...?
La pregunta de Harry fue interrumpida, cuando Draco se paró de puntas de pie y juntó sus labios.
Instantáneamente, Harry se derritió, sus ojos se cerraron y apretó a Draco contra su cuerpo, envolviendo sus brazos en el rubio, con fuerza. Los brazos de Draco subieron, alrededor del cuello de Harry, y lo besó más profundamente.
Era lo más explosivo que Harry jamás había experimentado. Inclinó la cabeza, gimiendo, cuando sintió que los labios de Draco apretaban los suyos. Demasiado rápido, Draco comenzó a soltarse del abrazo de Harry y sus manos le recorrieron el pecho para separarse de él. El beso terminó con un gruñido de queja de Harry.
Draco, por otro lado, se estremeció y apoyó la cabeza contra el hombro de Harry. –Muy bien- Murmuró, lamiéndose los labios. -...eso fue...ahora se terminó...-. No podía encontrar las palabras en su cabeza. –Ahora que lo hice, voy a poder concentrarme en otras cosas...
-Al demonio con eso- Siseó Harry, atrayendo a Draco contra su cuerpo, rápidamente. –Sólo lograste que quiera más.
Draco empujó débilmente contra el pecho de Harry. –Scorpius va a llegar pronto...
-No me importa.
Una mano de Harry subió hasta la nuca de Draco y juntó sus labios, otra vez, en un beso más desesperado; apenas tuvo que pedir permiso, le fue concedido al momento en que Draco sintió que trataba de separarle los labios. Estaban profundamente entrelazados, amando cada segundo. El moreno jamás imaginó que su enemigo supiera tan jodídamente bien, ni que sentirlo entre sus brazos estuviese más allá de cualquier sueño, así y todo: allí estaba, y era la absoluta perfección.
Harry nunca se sobresaltó tanto en su vida como cuando la puerta de la Sala Multipropósito se abrió.
-¡Ay, Dios mío! ¡Lo siento tanto!
Ambos escucharon la voz de Scorpius, pero se separaron antes de que él pudiera verlos.
-No te preocupes- Insistió Harry, pasándose la lengua por los labios, sin poder evitarlo. Un tanto avergonzado, levantó la vista hacia el rubio mayor, que le daba la espalda. Draco se acomodaba la ropa, apresuradamente, para volver a su acostumbrado perfecto estado, y trataba de arreglar el cabello, adonde sabía que Harry lo había despeinado.
-¿Papá?- Scorpius se quitó la capa de invisibilidad.
Draco se pasó la mano por el cabello antes de girar y enfrentar a su hijo. –Lo siento-. Dijo, con la cara más que colorada.
-¿Estás bien?
-Sí…sólo un poco...
-Supongo que no es algo de todos lo días...interrumpir los besos de mi papá con otro hombre...
Draco ahogó una exclamación. -Tú...ay, no...tu padre...
-Está bien-. Scorpius sonrió brillantemente, se adelantó hasta su papá y lo abrazó con fuerza. –Mi padre y tú no estarán juntos hasta dentro de bastante tiempo. ¡Adelante! ¡besa todo lo que quieras al Gryffindor! Eso no me afecta para nada. Me alegra ver que tú y Harry se llevan tan bien, de verdad.
Draco puso los ojos en blanco. –No sé de qué estás hablando.
-Estoy casi seguro de que Harry tenía su lengua en tu garganta…
Ambos estudiantes se sonrojaron intensamente. Harry se aclaró la garganta.
-¿Estás listo para comenzar el entrenamiento?- Preguntó, mirando a Draco.
El rubio apenas asintió; le alegraba dejar esa conversación.
-¿Yo también puedo?- Preguntó Scorpius, esperanzado. Ambos: Harry y Draco descartaron la idea con prontitud. -¿Por qué no? Yo puedo pelear junto a ustedes. Quiero decir, yo tengo el espíritu de lucha en mi ADN. Mi padre y mi papá son grandes luchadores...
-Tu papá no es un gran luchador; si lo fuera no estaría aquí-. Apuntó Harry.
Draco se burló. –Estoy aquí porque Scorpius me pidió que busque ayuda. Yo no te necesito, Potter. Soy completamente capaz de pelear por mi mismo.
En el momento en que los ojos de Harry hicieron contacto con los de Draco, ambos desearon no haberlo hecho; sus estómagos se llenaron de mariposas y otras criaturas voladoras... y no por primera vez ese día.
Una tosecita nerviosa de Scorpius los trajo de nuevo; giraron para disculparse, pero lo encontraron señalando algo, detrás de ellos. -¿Alguien quiere explicar eso?-
Harry quiso morirse. –Ese no fuí yo- Clamó, mirando a la super lujosa cama con dosel que había del otro lado del cuarto.
Rápidamente, el Slytherin negó haber sido el culpable. La cama desapareció tan rápido como había aparecido, y fue reemplazada con equipo de entrenamiento.
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-Parece que Harry y el señor Malfoy se están acercando cada vez más-. Dijo Remus a Severus, inclinándose sobre las notas de clase del Profesor de Pociones.
-El chico está ayudando- Replicó Snape, arrancándole las notas de las manos. –Yo podría haberte llevado la poción. Faltan unos diez minutos.
Remus se encogió de hombros, empujando cariñosamente a Severus, al pasar a su lado para mirar dentro del caldero burbujante. –No es molestia; después de todo, ya terminé de corregir mis papeles.
-¿No deberías estar con tu pareja?- Su voz sonó como ácido y enojó al hombre lobo, que espetó. -Nymphadora tuvo que trabajar esta noche. No le agrada andar cerca en luna llena.
-¿Entonces me cargas con tu compañía?
Estaban en la oficina de Severus, y él trabajaba en varias pociones al mismo tiempo.
Remus lo buscó por su compañía; y para verlo trabajar en algo que Severus amaba tanto -había una gracia especial en él, cuando se concentraba en las pociones-. Podía trabajar en múltiples preparaciones con facilidad, sin perder ningún paso. Todo le salía perfectamente. Y, al mismo tiempo, todo era completamente natural: un ingrediente era cortado de un modo para la poción de la izquierda; la misma sustancia era preparada de otro modo para el caldero de la derecha. Trabajaba con los cuchillos eficientemente, usando las finas hojas como extensiones de su cuerpo, eran como brillos de plata en la escasa luz.
-Realmente, haces que preparar pociones se vea como un arte, ¿sabes?- Preguntó Remus, acercándose al Slytherin, por detrás.
Por primera vez en mucho tiempo, Severus sintió que su cuerpo respondía a la presencia de otra persona. Si sus sospechas eran correctas, el hombre lobo era su futuro esposo, (y no podría haber pedido a alguien mejor). El Gryffindor era un hombre inteligente, virtualmente capaz de todo. Su tiempo con Potter y Black le había enseñado a ser adaptable, a hacer todo lo necesario para obtener lo que quería. Sumado a la naturaleza del lobo, gruñendo cerca de la superficie; todo eso lo hacía un hombre apasionado –potencialmente, era el hombre con quien pasaría el resto de su vida-.
Severus tuvo la acertada sospecha de que el lobo estaba siendo apenas contenido, al sentir que Remus se estiraba para alcanzar algo del escritorio. Para eso, la mano de Remus se deslizó entre el cuerpo y el brazo de Severus. El Profesor de Pociones contuvo la respiración cuando vio que algo plateado-la hoja de un cuchillo-, desaparecía en la mano del hombre lobo.
-¿Y qué planeas hacer con eso, Lupin?- Murmuró Severus; a quien le resultó difícil levantar la voz más allá de un murmullo ronco; y se maldijo mentalmente por su propia reacción ante los movimientos del otro. El lobo estaba muy cerca de la superficie, especialmente a esas horas, una noche de luna llena.
-Sólo estoy mirando.
Severus sintió un aliento caliente en la nuca, y su cuerpo reaccionó aún más. El elemento plateado apareció y él escuchó cómo rasgaba su camisa.-Es tan filoso como parece-. Evaluó Remus.
-Necesitas la poción o a tu mujer.
Remus rió cruelmente. –Puede que ella sea mi mujer, pero no es mi pareja-. Deliberadamente, el hombre lobo se paró de puntas de pie y le susurró al oído.
Severus decidió que ya estaban más allá del coqueteo. –Dame el cuchillo, Lupin.
El hombre lobo obedeció, deslizando el cuchillo en la mano de Severus. Sin embargo, le tomó la mano y la llevó hasta su boca. Cuidadosamente, mordisqueó la ajada piel de la mano de Severus, asegurándose de no lastimarla. -¿Por qué estás actuando de modo diferente conmigo?- Preguntó Remus, mientras con la otra mano separaba la tela que había rasgado en la camisa.
-Yo no soy el que está tratando de intimidarte- Replicó Severus.
Remus lamió donde había mordido. –No estoy tratando de intimidarte en lo más mínimo, Severus. Puedo olerlo.
-¿Oler qué? Si crees que es miedo, no...
-Sé que no es miedo. Es mucho más tentador que el miedo-. La mano que no sujetaba a Severus, rodeó el cuerpo y se dirigió hacia la parte de adelante, bajo la cintura; sus dedos danzaron rápidamente sobre el cierre de los pantalones, y frotaron suavemente cuando encontraron lo que querían.
-¡Bastardo!- Siseó Severus, con un nudo en el estómago; el hombre lo estaba tentando de la manera más cruel.
La única respuesta fue una risa, y los dedos se retiraron.
-Te dije que era algo más tentador- Finalmente le soltó la mano. –Creo que en alguna parte hay una poción que se está quemando.
Las manos de Severus volvieron a la vida en cuanto el hombre lobo retrocedió, aunque descubrió que ya echaba de menos la calidez que Remus le proveía. Se apresuró a corregir la poción arruinada, agradecido porque no se trataba de la 'Poción Matalobos'. Escuchó que la puerta de atrás se abría, y notó que Remus había entrado a su habitación privada. La poción casi se había arruinado, así que se tomó su tiempo para arreglarla. Para cuando estuvo asegurada, siguió a Remus a la habitación, dándole a su camisa rasgada la menor de las miradas.
Lo que encontró, casi lo hace tirarse de los cabellos: el maldito hombre lobo estaba acostado de espaldas sobre la cama, con la piernas colgando a un lado, leyendo la carta que Scorpius había traído con él.
-¡Dame eso!- Ordenó Severus. En realidad, sin esperar que el ex-Merodeador lo escuchara.
-¿Esta es la carta que te dio Scorpius en la oficina de Albus?- Preguntó Remus, volviendo a colocar la carta sobre la mesa, sin quitar lo ojos de Severus.
-Sí.
-¿Lo sabes desde hace tanto tiempo? ¿Sabes desde entonces sobre nuestro futuro juntos?
Severus suspiró ligeramente, acercándose a la cama. Se arrodilló junto a Remus, alcanzando la carta. Cuando se enderezó, se dio cuenta lo cerca que estaban, e inmediatamente se reprendió a sí mismo: lo último que necesitaba era llevar al límite al ya provocado lobo.
-Tenía mis sospechas... ¿Tú cómo lo descubriste?
-Scorpius me lo dijo.
Severus asintió, comprendiendo, finalmente. -¿Cuánto hace?
-La primera noche.
Una ceja negra se elevó. -¿Lo sabes desde la primera noche? Eso no...¿Y por qué demonios discutes mi decisión de mantenerlo secreto, si tú lo sabes desde el mismo momento?
-Bueno, él no debería habérmelo dicho...
Severus estrujo la carta. La guardaba sólo por las palabras sobre Remus, y ahora que el hombre lobo sabía, no había razón para guardarla, sólo por su ansiedad.
-¿Todavía estás con esa mujer, verdad?
Remus se encogió de hombros, de un modo en que Severus sólo pudo calificar de sexy. Lucía tan sensual, sobre su cama, para él.
-Scorpius dijo que ella debe atraparme engañándola contigo, para que nuestra relación se termine...él quiere que sea como fue en su tiempo.
-Las cosas no terminaron demasiado bien en su tiempo, si la memoria no me falla.
Remus se levantó, de modo que sus caras quedaron separadas apenas. –Realmente, quiero que suceda esto-. Admitió Remus, suavemente.
Severus sintió que su boca se abría, por un segundo, y bajó la vista. –Ahora no- Dijo, con suavidad, deseando, más que nada, tener al hombre lobo retorciéndose de placer en su cama.
-¿Por qué no?- Siguió apoyado en una mano, mientras con la otra, desabotonó el primero de los botones de Severus. Velozmente, el Profesor de Pociones empujó la mano. Sin rendirse, Remus comenzó a soltarle la ropa...
-Esta noche hay luna llena...
-He tenido sexo en luna llena, antes que hoy, Severus- Sonrió Remus, satisfecho, desabotonando el segundo...-El truco es terminar antes de que salga la luna.
-¿Estás pensando coherentemente?- Demandó Severus, quitando la mano de Remus de su camisa; pero la mano regresó. Para que el otro comprenda su razonamiento, Severus le tomó la muñeca y lo apretó contra la cama. Hubo un brillo de triunfo en los ojos del lobo. –No estoy inciando el sexo...
-Yo lo inicié, en verdad-. Replicó Remus, y su mano libre acarició la mejilla de Severus antes de desabrocahar el tercer botón. La mano fue sujetada por la otra mano de Severus, quien rápidamente juntó ambas muñecas en una mano, sobre la cabeza de Remus.
-Esta noche no- Reiteró, aunque no tuvo mucho éxito. Teniendo sujetado al Gryffindor, su cuerpo reaccionó con más fuerza que nunca.
-Entonces, ¿me estás provocando?
-No creo que nuestra relación deba comenzar así.
-¿A quién le importa?- El lobo en Remus resultaba increíblemente interesante, parecía convertirlo en un ser con un marcado acento sexual. –Por lo que sabemos, puede que haya comenzado así en el tiempo de Scorpius.
Severus bajó sus labios hasta los de Remus, le dio un beso casto, separándose un momento después. Esa era la primera vez que oía gruñir a Remus y que el lobo surgía físicamente por un momento.
-Hay chicos de primer año que besan mejor, Severus.
La mano libre acarició los labios de Remus antes del segundo beso, urgente y violento por la desesperación de Remus, pero corto.
-¡Severus! Si no haces más …
-¿Qué harás, Lupin?- Severus se sentó y sintió que su varita vibraba en el bolsillo. Una alarma: la poción matalobos estaba lista. Se levantó, liberando al Gryffindor, que inmediatamente lo sujetó y lo atrajo, juntando sus bocas, uniendo sus lenguas en una danza que casi hizo que Severus se sometiera a los deseos de ambos. Sin embargo, se forzó a separarse y a dirigirse a la oficina, antes de que Remus pudiera lamentarse. Severus regresó, momentos después, con la poción.
-Tómala y vuelve con tu mujer.
El lobo trató de discutir la orden, un brillo rojo le cruzó la mirada, pero el hombre ganó, y con una mano temblorosa, Remus demostró cuán fuerte era, comparado con el ser salvaje de su interior.
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Albus apoyó la frente en su mano. Acababa de recibir las noticias.
Un estudiante había sido raptado por Voldemort. Lo habían llevado hasta el Bosque Prohibido, con promesas de un lugar en el círculo de confianza; y fue recompensado con un brutal secuestro. Los Mortífagos habían golpeado a Blaise Zabini, antes de desaparecerse con su cuerpo ensangrentado.
Albus agradeció al centauro responsable por la información, antes de llamar a una reunión a todos los miembros de la Orden.
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