Los personajes de Rurouni Kenshin le pertenecen a Nobuhiro Watsuki.
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El argumento de esta historia le pertenece a Sibreka, a quien escribo este fic por ser la ganadora de la actividad "Los amigos invisibles de Yahiko" del foro Sakabattō.
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Capítulo 2: Felicidad y caída.
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Takeda ya se imaginaba contando el dinero que Kenshin Himura le daría por esa librería, no sabía la razón por la cual estaba tan interesado en ella, pero había sido un acierto comprarla. Lo que le dio a Kaoru no se comparaba con lo que obtendría en apenas 30 minutos más. Su chofer manejaba hasta el edificio donde se encontraría con Himura, mientras él no podía evitar una gran sonrisa en el rostro.
La intención de Takeda nunca fue la de tener una librería exitosa, a decir verdad, los beneficios que obtuvo durante el tiempo en que fue su dueño se debían exclusivamente al trabajo de Kaoru. Él la compró simplemente porque sus informantes descubrieron que Kenshin Himura; conocido con el apodo de Battousai en el submundo de la mafia nipona, ofrecería dinero por ella, la razón no la sabía y tampoco le importaba, sólo quería el dinero que ese hombre le podía entregar.
Cuando Takeda llegó fue inmediatamente llevado a la oficina de Kenshin Himura, quien lo invitó a revisar los términos del contrato de compra-venta y luego brindó con él al dar por terminado el traspaso de la propiedad. Kanryu Takeda se fue contento, sintiendo el peso de los billetes dentro de su maletín negro.
En cuanto Takeda salió de su despacho, Kenshin sonrió maliciosamente
— Aoshi — dijo, y un hombre vestido de negro salió de las sombras — ya sabes lo hay que hacer
Las miradas de los dos hombres se cruzaron y Aoshi, después de un gesto afirmativo, salió por la puerta que minutos antes había cruzado Takeda.
…
Kaoru estaba nerviosa, pero feliz, se encontraba con Sanosuke esperando a Kenshin en la oficina del castaño. Él era un hombre simpático y le hablaba animadamente lo que ayudaba a calmarla un poco. Sanosuke le servía un refresco cuando la puerta de la oficina se abrió, era Kenshin Himura con los documentos del traspaso.
— Buenos días, Kaoru — dijo al entrar
— Buenos días señor Himura — dijo ella poniéndose de pie
Kenshin le sonrió y ella se sonrojó, la verdad es que era un hombre muy guapo y no podía evitar sentirse atraída e intimidada en su presencia.
Se sentaron en una mesa redonda que había en uno de los extremos de la oficina y Kenshin le entregó a Kaoru la carpeta con los documentos.
— En esta carpeta están las condiciones del traspaso de la librería a tu nombre. Si estás de acuerdo sólo debes firmar — dijo el pelirrojo
Kaoru leyó atentamente sin hacer ningún gesto o comentario hasta que terminó
— ¿Alguna duda? — Preguntó Kenshin al verla dejar de leer
— Los montos de las cuotas son muy elevados y los intereses bastante altos — dijo en voz baja
— Claro, quiero recuperar pronto mi dinero — respondió tranquilamente el pelirrojo — sin embargo, creo que no es una cifra imposible de alcanzar, además, tienes dos meses para reunir el monto
— Si me atraso inmediatamente pierdo la librería
— Puedo ser flexible en eso, pero lógicamente si no puedes pagar finalmente la librería será mía
Kaoru se entristeció un poco pensando las posibilidades que tenía de cumplir las condiciones que Himura le imponía.
— Tienes otra opción — dijo Kenshin mirándola directamente a los ojos
— ¿Otra opción? — repitió Kaoru confusa
— ¿Recuerdas lo que dije en mi casa? — Preguntó sonriendo — sé recompensar muy bien a quienes se portan bien conmigo. Podrías considerar hacer eso — dijo mientras pasaba sus dedos sobre los labios de Kaoru, que lo miraba perpleja, sin poder reaccionar a las palabras de Kenshin. — ¿Qué me dices? — Preguntó el pelirrojo
— ¿Quién demonios piensas que soy? — Preguntó al fin irritada y poniéndose de pie — eres un... eres un... bastardo
Kenshin rió divertido.
— Puedes tomarlo como una broma — dijo sin quitar su sonrisa del rostro — ¿Firmarás? — Preguntó extendiendo una pluma. Kaoru la tomó y después de sentarse firmó.
Kenshin le ofreció una copa de vino para celebrar, no obstante, Kaoru la rechazó y salió rápidamente del lugar.
— ¿Sintiendo compasión por la muchacha, Sanosuke? — Preguntó Kenshin mirando al moreno que lucía preocupado
— Es una chica dulce e ingenua. No es como Takeda o los otros hombres con los que tratamos, no puedo evitar pensar que no deberíamos jugar sucio con ella — respondió Sanosuke
— No te preocupes tanto, Sano. Es cierto que la recompensaré si decide portarse bien conmigo — Kenshin bebió un poco de vino — sin embargo, tendrás que asegurarte de que no consiga el dinero para pagarme. Quiero que no tenga más opción que recurrir nuevamente a mi generosidad — sonrió
…
Dos días después Kaoru miraba la televisión mientras desayunaba, las noticias decían que habían encontrado el cuerpo de un hombre flotando en el río rodeado de dinero en mal estado por la humedad. Ese hombre había sido identificado como Kanryu Takeda.
— Kanryu Takeda — repitió Kaoru dejando caer el pan dulce que tenía en sus manos. Sus ojos muy abiertos delataban la sorpresa que este hecho le causaba — no puede ser — murmuró
…
5 días más tarde, Sanosuke se presentó en la librería poco antes de la hora de almuerzo
— ¿Como estás? — Preguntó sonriendo a Kaoru
— Bien — respondió la chica devolviéndole la sonrisa — ¿Y usted?
— Muy bien — sonrió — pero esas ojeras me dicen que no ha estado descansando apropiadamente — dijo señalando el rostro de Kaoru
— Lo que pasa es que he conseguido un trabajo nocturno en un call center, no es nada pesado, pero no he podido dormir mucho los últimos días
— ¿Un call center?
— Sí, como debo juntar bastante dinero y la librería aún no ha recuperado la popularidad que tenía con mi padre
— Ya veo, entonces la ayudaré ¿Qué libros le recomendaría a un hombre que nunca ha leído uno?
Kaoru rió y luego guió a Sanosuke a través de la librería mostrándole unos cuantos libros que el castaño compró
— Muchas gracias por su compra — dijo sonriendo Kaoru al entregarle la bolsa con los libros
— Ya es hora de almuerzo, ¿vamos a comer algo?
— No es necesario, pero muchas gracias
— Claro que es necesario, dormir y comer mal no le hacen bien a nadie, vamos, acompáñame
— Esta bien — Kaoru sonrió.
Sanosuke la llevó a una cafetería cercana y compraron un almuerzo ligero.
— Realmente te estás esforzando mucho — dijo Sanosuke
— Sí, la librería significa mucho para mí y ahora que he podido recuperarla, haría cualquier cosa por conservarla
— ¿Cualquier cosa?
— Sí
— Ya veo
Terminaron el almuerzo mientras mantenían una charla amena. Sanosuke la llevó de regreso a la tienda y se despidió agradeciendo los libros que llevaba.
Tres días más tarde Kaoru recibió otra visita, ahora era el pelirrojo el que se presentó delante de ella.
— Señor Himura — dijo sorprendida al verlo
— Un buen amigo me recomendó esta librería — sonrió — dijo que además de los libros se puede encontrar grata compañía para almorzar.
…
Los dos meses pasaron rápidamente. Kaoru trabajó muy duro, tanto en la librería como en el call center, se notaba cansada por el esfuerzo y la falta de sueño, pero estaba feliz porque había logrado reunir el dinero que necesitaba para pagar la primera cuota del dinero que debía a Kenshin, además, la esperanzaba saber que si seguía un tiempo más de ese modo la librería volvería a ser completamente suya.
Era tarde, pero sonreía mientras cerraba las cortinas de la librería para regresar a casa, esa noche estaba libre y podría descansar. No obstante, cuando se puso de pie vio a Sanosuke recargado contra un auto. Le sonrió, sus visitas se habían vuelto usuales y ella empezaba a considerarlo un buen amigo. Kenshin también la había visitado algunas veces y aunque ella siempre se ponía muy nerviosa en su presencia cada vez que aparecía no podía evitar sentirse feliz.
— Kaoru — saludó alegre Sanosuke — he venido para que vayamos a celebrar
— ¿Celebrar?
— Claro, me dijiste que tienes el dinero acordado, tenemos que celebrarlo
Kaoru sonrió ante la propuesta y aceptó ir con Sanosuke. Él la llevó a un bonito restaurante de estilo francés. Pidieron vino junto a la comida y conversaron animadamente. Sanosuke era experto en contar anécdotas que mantenían divertidas a las personas y Kaoru realmente se sentía en confianza con él.
Después de la cena Sanosuke la llevó hasta su casa.
— Gracias por la cena, Sanosuke — dijo Kaoru para después bajarse del auto
— Nos vemos — respondió Sanosuke. Hizo partir el auto y Kaoru se despidió de él con la mano en alto.
Cuando el auto desapareció de su vista sacó las llaves de su casa y entró, al prender las luces toda la alegría que sentía en ese momento se esfumó. Su pequeño departamento en el primer piso estaba desordenado, habían dado vuelta y roto todas sus cosas. Las lágrimas de impotencia se agolparon en sus ojos cuando de pronto recordó el dinero.
— ¡No puede ser! — Se dijo así misma mientras corría a su dormitorio para comprobar lo que ya sabía; no quedaba ni un centavo de todo el dinero que consiguió con tanto esfuerzo.
Cayó de rodillas al suelo, sus ojos abiertos no dejaban de llorar. ¿Dé qué había servido tanto esfuerzo? ¿De qué había servido que Kenshin Himura le hubiese devuelto la librería si no sería capaz de retenerla?
— Kenshin Himura — dijo en un susurro — tengo que hablar con él.
Kaoru secó sus lágrimas y volvió a salir. Corrió por las calles de Tokio sin importarle nada más que llegar a la mansión en la que antes ya había estado.
…
— La piedad no te queda bien, Sanosuke — decía Kenshin al teléfono mientras miraba por la ventana del despacho que tenía en su mansión.
— No seas estúpido — respondió el moreno desde el otro lado de la línea — sabes lo que pienso de todo esto
— No debiste encariñarte tanto con la muchacha — replicó Kenshin
— Es una buena chica, y me siento un patán por haber ordenado que robaran su casa — dijo Sanosuke
— Señor Himura — dijo entonces un hombre vestido de negro desde la puerta — una señorita llamada Kaoru Kamiya insiste en verlo
— Sanosuke — dijo sonriendo — ella está aquí — hubo silencio al otro lado de la línea — hablamos después
Kenshin colgó y miró al hombre que había anunciado a Kaoru
— Hazla pasar
— Como ordene
Cinco minutos más tarde Kaoru entraba al despacho. Estaba temblando, mezcla del frío, la impotencia y la ansiedad que la situación le causaba. Kenshin se dio cuenta del mal estado en que se encontraba, su rostro pálido y sus ojos rojos la hacían parecer frágil y temerosa. Sin embargo, pudo apreciar su belleza mejor que nunca, esa belleza que florecía en la adversidad y que se mostraba sin mascaradas ni disfraces. Algo bastante difícil de ver.
Kenshin se acercó a ella y acarició su rostro
— Estás muy fría — dijo sacando a Kaoru del estado de schok en que se encontraba.
— Han robado mi casa — dijo mirándolo a los ojos mientras lágrimas enormes caían de sus ojos — no sé que hacer, me robaron el dinero que tenía para usted
Kenshin secó las lágrimas que corrían por las mejillas de Kaoru
— Realmente me esforcé tanto para conseguir ese dinero — dijo sin poder evitar aferrarse a la camisa de Kenshin — no quiero perder la librería, por favor, no quiero
Kenshin abrazó a Kaoru con ternura y acarició su cabello
— ¿Tan importante es ese lugar para ti? — Preguntó él sin soltarla
— Crecí en ese lugar, entre los libros y las estanterías, mi padre me contaba cuentos y me dejaba dormir en un sofá que ponía junto a la vitrina. Amo ese sitio, los recuerdos que me trae y los sueños que crecieron ahí. Haría cualquier cosa para no perderlo
— ¿Cualquier cosa? — Preguntó Kenshin separándola de si y mirándola directamente a los ojos. Kaoru no sabía distinguir que había en esos ojos dorados que la miraban fijamente. — Entonces — prosiguió Kenshin — permíteme cuidar de ti — Kenshin tomó el rostro de Kaoru con sus manos y la besó.
Kaoru se sintió sorprendida por ese beso, al principio no supo como reaccionar, pensó en apartarlo, pero él la abrazaba con fuerza y cualquier intento de huir resultaba vano. Además, ese beso le gustaba, no podía negar que el pelirrojo le atraía y ese beso era exquisito.
Se rindió a los labios de Kenshin y se dejó atrapar por la pasión que él le imponía.
Después del beso Kenshin la tomó de la mano y la guió fuera del despacho, caminaron hacia una escalera de mármol ubicada cerca de la entrada y comenzaron a subir. El corazón de Kaoru comenzó a latir desenfrenadamente, pero no era capaz de poner en orden los pensamientos que la asaltaban, y su cuerpo simplemente obedecía a la guía de Kenshin sin que ella pudiera detenerse a reflexionar sobre lo que estaba a punto de ocurrir.
Cuando entró a la habitación de Kenshin se sintió mareada y tembló. Kenshin la abrazó nuevamente, besó su frente y acarició su cabello, el aroma de Kenshin tranquilizó a Kaoru, quien se aferró a su cuerpo buscando sentirse protegida. Kaoru siempre fue una muchacha fuerte y eso era lo que le permitía estar aún en pie: Crecio sin una madre, su padre enfermó dejándola huérfana y con muchas deudas por pagar, luchó por su librería hasta el punto de pasar días sin dormir más que una hora y alimentándose precariamente. Pero era sólo una chica de 19 años que necesitaba expresar su fragilidad y sentirse cuidada por alguien más, y ahí estaba Kenshin, abrazándola, acariciándola con suavidad y prometiéndole que todo estaría bien.
Simplemente quiso creer que eso era verdad.
Dejó de pensar y se entregó sin reparos al hombre junto a ella, imaginándolo como un héroe que la salvaba cada vez que se encontraba perdida, como un príncipe que extendía su mano para darle fuerza y amor.
Pero no fue sólo eso, también la desbordó de pasión y placer.
Kenshin sonrió cuando el cuerpo de Kaoru delató su virginidad. Su deseo se acrecentó al saberla inexperta y añadió ternura a su ímpetu buscando hacer de la experiencia algo satisfactorio para la mujer junto a él y cada gemido, cada movimiento del cuerpo de Kaoru, sus caricias inexpertas y su mirada tímida pero anhelante, le confirmaban que lo estaba logrando.
…
Kaoru despertó cuando los primeros rayos de sol se colaron por la ventana. Kenshin estaba junto a ella, observando su rostro, ella se ruborizó al tenerlo tan cerca y recordar lo que hace algunas horas habían hecho. Kenshin sonrió y besó su frente
— Buenos días, Kaoru
— Buenos días, Kenshin
Kenshin se puso de pie y Kaoru pudo observar, ahora con luz natural, su cuerpo delgado pero bien modelado y marcado.
— Vamos a darnos un baño — dijo él extendiendo su mano
Kaoru la tomó y salio de la cama, caminaron al baño y se metieron juntos a la ducha. Mientras al champú escurría por el cuerpo de Kaoru, Kenshin la acorraló contra una de las paredes y comenzó a besar su cuello mientras sus manos la abrazaban y recorrían sus senos, su abdomen y su sexo. Kaoru no opuso resistencia y se dejó embriagar nuevamente por la pasión de Kenshin; se entregó y lo recibió. Alcanzó la felicidad nuevamente en los brazos de él.
…
— Kenshin — dijo Kaoru algo intimidada por el porte del salón en el cual desayunaban. Nunca había comido en una mesa tan grande ni había sido servida por diferentes empleados
— Dime
— Sé que los términos del contrato son muy claros, pero si me das algo de tiempo, aunque los intereses se eleven yo prometo poder pagarte lo que te debo, y...
— Kaoru — la interrumpió Kenshin — ya no es necesario que pienses en eso
— Pero yo...
— Con lo que has hecho es más que suficiente
— Lo que he hecho — repitió Kaoru sintiendo confusión
Kenshin sonrió, se acercó a Kaoru y tomó su barbilla. Se miraron a los ojos y él dijo
— Estabas dispuesta a cualquier cosa por no perder la librería ¿no es así? Lo de anoche y esta mañana fue una exquisita muestra de lo serias que eran tus palabras
Kaoru sintió como esas palabras se incrustaron dolorosamente en su corazón.
— Entonces — dijo mientras las lágrimas se anidaban en sus ojos — simplemente me compraste, ese es el significado de lo que ocurrió entre nosotros
— No deberías llorar — dijo Kenshin — después de todo te traté bien y lo disfrutaste
— Me voy — dijo Kaoru poniéndose de pie, no tenía fuerza ni siquiera para gritar o pelear con Kenshin, se sentía asqueada, mareada y con nauseas, necesitaba salir de ahí
— ¿Acaso no fue más agradable que dos meses sin dormir trabajando por una miseria en ese call center?
Kaoru caminó hasta la puerta del comedor, le costaba, pero hizo el esfuerzo de no demostrarlo. Apretó los puños y sin voltear a verlo dijo:
— Espero no volver a verlo, señor Himura. Si necesita algo de mí por favor envíe a Sanosuke.
— Volverás a mí, Kaoru
Dijo Kenshin con tranquilidad mientras la veía marchar.
…
Gracias por la lectura.
