Esta es una traducción de 'Cuando el tiempo no es suficiente', original de Jinko.
Por supuesto, la única dueña de los personajes y el universo de HP es J.K. Rowling
Capítulo Nueve: Vidar, dios nórdico de la venganza
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Casi nunca peleaba con Rose; era mi mejor amiga y la persona que más quería fuera de mi familia. Cuando sus padres decidieron dejarla ir a Hogwarts, no paraba de hablar sobre toda la diversión que iba a tener allí; saltaba de aquí para allá, excitada porque sabía que iba a disfrutar su vida en el Colegio. Y eso me enfureció.
Yo iba a quedarme atrapado en un colegio muggle y ella iba a aprender las cosas que realmente importaban.
La última vez que me visitó, ese verano, le grité; no dejaba de fanfarronear con sus libros. Todo eso terminó por hacerme explotar.
Aunque sólo tenía once años, yo ya había perdido demasiado. Mi papi ya no estaba, nunca conocí a mi hermanita y nunca tuve una vida normal; y lo único que creí seguro, me fue arrancado.
Sentí que era demasiado para mi.
Odié gritarle de ese modo, pero ella era la única que estaba allí para recibirlo. Cuando terminé, me abrazó; un abrazo como los que me daba tía Hermione, lleno de amor, simpatía y calidez.
Comencé a llorar. No era justo. Voldemort ni siquiera conocía mi existencia y aún así, había destruido mi vida.
Los hechizos iban de un lado al otro, enceguecedores resplandores rojos y azules que iluminaban las frías paredes de piedra de la Sala Multipropósito, y dos alumnos del séptimo año los esquivaban. Con un simple movimiento de la muñeca y sin decir palabra, Harry desarmó a Draco, interrumpiendo la contienda.
-No colocaste una barrera-. Murmuró Harry, levantando la varita de Draco. Scorpius estaba sentado en una esquina alejada, encerrado en una burbuja impermeable a los ligeros hechizos que estaban usando, obra de Harry antes de que comenzaran con el duelo.
-Tú no ibas a matarme-. Replicó Draco, encogiéndose de hombros. –No ví un motivo real para levantar una barrera.
Harry suspiró, lanzándole una mirada por sobre el hombro al adolescente más joven. Scorpius estaba con su papá desde el momento en que se enteró que Blaise Zabini había sido secuestrado por los Mortífagos.
-¿Y qué le estás enseñando a Scorpius con esa actitud?
-Scorpius jamás tomará parte en una batalla, así que no importa.
Draco se acercó a Harry, a buscar su varita. Desde que la noticia del secuestro de Zabini se esparció por el colegio, Draco deseaba entrenar con él. El moreno sabía que trataba de no pensar en su desparecido ex novio, por eso accedió. Agradecía que Scorpius estuviera allí, así era menos tentador...
Harry interrumpió sus pensamientos, cada vez que pensaba en esos besos, sólo lograba desearlos más, y en este momento el Slytherin estaba tan cerca que podía olerlo.
La mano ligera de Draco se cerró alrededor de la varita y la mano de Harry la siguió, aunque sólo fuera para rozarla.
-Potter-. Le advirtió, débilmente, anhelando el contacto que le ofrecía; bajó los ojos y exhaló.
-¿Estás bien?
Draco negó con la cabeza. -Blaise...puede que haya sido un tonto, pero...
Comprendiendo, Harry envolvió sus brazos alrededor de los hombros de Draco, acercándolo.
Sólo estar así, en los brazos de Harry, lo hacía sentirse mejor. Los dedos de Draco se asieron levemente a las ropas de Harry.
Harry miró a Scorpius cuando sintió los ojos del chico sobre ellos y vio que se levantaba de donde había estado sentado leyendo y se dirigía hacia sus padres. No se acercó mucho. En un movimiento demasiado cómico, para la situación, Scorpius intentó abrazar a su papá y rebotó. Aterrizó sobre su trasero, rebotó y se alejó. No pudo evitar reírse.
Ambos, Harry y Draco se unieron a la risa, contemplando cómo la burbuja lo mantenía a salvo de todo lo que había alrededor.
Ciertamente, eso aligeró el humor.
Draco se deslizó de los brazos de Harry, para aproximarse a su hijo extendiendo los brazos para ayudarlo a levantarse; los tres rieron a carcajadas cuando el cuerpo de Scorpius salió disparado contra la pared más alejada y rebotó, para detenerse delante de sus padres.
-Deberían haber hecho estó antes-. Scorpius sonrió ampliamente y corrió hacia la pared más cercana, rebotó antes de entrar en contacto con ella, y pasó rozando junto a Harry.
Esa distracción era justo lo que Draco necesitaba. Se quedó allí, parado, observando las payasadas de su hijo con una sonrisa; entonces, Harry le envolvió los hombros son sus brazos, esta vez desde atrás.
El moreno le dio un beso en la esquina del ojo izquierdo de Draco, atajando una pequeña lágrima.
Draco rió levemente; sus manos subieron y descansaron sobre las muñecas de Harry. –No estás autorizado a besarme.
-¿Ah, no? ¿Está bien que tú me beses, pero no a la inversa?
-Está más que bien-. Admitió Draco, encantado por la manera en que Harry encajaba a su alrededor. Estaban perfectamente hechos uno para el otro.
Harry murmuró, coincidiendo con el comentario de Draco. –Tu hijo va a matarnos.
La risa de Draco aumentó de volumen cuando el brazo de Harry le rodeó la cintura y lo levantó antes de que el cuerpo saltarín de Scorpius los golpee.
-Voy a tratar de traerlo de vuelta-. Murmuró Harry, y apretó los brazos alrededor de Draco. -Iré esta noche, con la Orden. Vamos a intentar...
Repentinamente, Draco comenzó a negar con la cabeza. -No. No lo permito, no voy a dejarte ir.
-Malfoy...Vas a hacerme pensar que te estás enamorando de mi-. Harry rió, apenas. -Si está vivo, lo traeremos de vuelta. Lo prometo.
-Tú también debes volver.
Harry asintió, apoyando la frente en el hombro de Draco.
-Irá bien-. Les dijo Scorpius, acercándose lo más posible. -Él volverá vivo de esta incursión...necesitarán más de lo que tienen preparado para vencer al gran Harry Potter.
-¿Ves? Voy a estar bien.
-Que no se te vaya a la cabeza, Potter-. Exclamó Draco. -Aunque sabes que irá bien, ve como si no lo supieras. No voy a perdonarte si traes un solo raspón.
Harry rió, acercando su boca al oído de Draco. -Puedes examinarme tú mismo, cuando regrese. Te prometo que no voy a tener ni un solo raspón, ni un moretón ni una abrasión, ni siquiera dejaré que me pique un mosquito.
Draco agradeció que esas palabras fueran dichas en un susurro, Scorpius no necesitaba escuchar la invitación de Harry.
-Te tomo la palabra.
-Por supuesto.
Scorpius inclinó la cabeza, fingiendo inocencia. -¿Harry es mi nuevo Papá?- Preguntó con una sonrisa descarada.
Ellos se separaron al instante, marcadamente ruborizados por la insinuación.
Draco no pudo evitar sentirse culpable por estar tan cerca de Harry. -Scorp, ¿podrías dejarnos solos por un ratito?
Los ojos verdes se agrandaron ligeramente y Scorpius accedió. Harry y Draco lo observaron mientras salía de la habitación y se colocaba la capa de invisibilidad. La puerta se cerró trás él.
-¿Qué sucede?- Preguntó Harry, rascándose la nuca. -¿Hice algo malo? Quiero decir, tú te acercaste a mi...
Draco apenas sonrió. -Estoy enamorado del padre de Scorpius...esto no está bien...
Sorprendiéndolo, Harry rió. -Por supuesto que lo que sea que es esto, no está bien. Yo soy un Gryffindor, tú eres un Slytherin. Yo estoy destinado a destruir al hombre al que tu padre aclama como a un dios. Esto está jodido desde el principio-. Estiró la mano y colocó unos cabellos detrás de la oreja de Draco.
-Ni pienses en besarme-. Objetó Draco, dando un paso hacia atrás. Harry rió aún más. -Hablo en serio, Potter. Estoy enamorado del padre de Scorpius, no de ti.
-Esto es puramente físico. Nunca dije nada de enamorarnos; prefiero que te enamores de su padre y no de mi. Lo que pasa entre nosotros no debería llegar tan lejos. Tú terminarás con tu esposo y yo terminaré con el mío.
-Cierto.
-Esto es...
-¿Eléctrico?
Harry alzó una ceja. -Tu eres un sangre pura, no deberías saber qué es la electricidad.
-Tomé Estudios Muggle durante un semestre-. Admitió Draco, encogiéndose de hombros. -¿Por qué tú no los tomas? Tú creciste con muggles...
-Prefiero olvidarlo-. Murmuró Harry, acariciando la mejilla de Draco con sus nudillos.
-Realmente, deberías detenerte-. Sonreía.
-Entonces, ahora que hablamos el tema, ¿deberíamos traer de nuevo a Scorpius?
Había un brillo travieso en los ojos de Draco. -Tu no tomaste nada de esto en serio, ¿verdad?
La sonrisa amplia de Harry era prueba suficiente.
No habían planeado demasiado, pero apenas Severus regresó con la información de la ubicación, la Orden atacó.
Habían discutido si valía la pena rescatar a Zabini o no -cortesía de Ron-, antes de que Severus agregara que varios miembros del cículo de confianza estarían allí, sin Voldemort. Era un botín raro, y la tentación era grande para varios miembros de la Orden. La oportunidad de atrapar a varios Mortífagos sin Voldemort era demasiado buena para pasarla por alto.
El plan que tenían era lo mejor posible, dado el mínimo tiempo con que contaban: una clásica emboscada. De acuerdo al informe de Severus, el Señor de las Tinieblas dejó a Zabini con un grupo de Mortífagos para ser torturado frente a su madre; él nunca había oído nada semejante dentro del Círculo de Confianza, pero eso era lo que estaba pasando.
La manera en que dio la orden, realmente le hacía preguntarse -a Severus-, cuál sería la situación real. Recordaba que Voldemort suspiró antes de hacer un gesto con la mano. Severus se encargó de encadenar al chico y llevarlo al lugar adonde ya estaban presentes los Mortífagos. Eso significaba que tenía menos chance de ser descubierto; la casa ya había sido señalizada previamente por la Orden, y cuando las barreras fueron quebradas, las alarmas se activaron. El Profesor de Pociones no sabía esto, pero la alarma silenciosa se activó en la oficina de Albus en el momento en el que un Mortífago puso un pie en el terreno.
No era parte del comportamiento normal del Señor de las Tinieblas hacer reunir a tantos miembros de su Círculo de Confianza en un solo lugar, sin su presencia. Ese hecho preocupó muchísimo a Severus. No tenía idea de qué era lo que sucedía. Tampoco tuvo oportunidad de pasar un mensaje a la Orden.
Pero, por un breve momento, se quedó solo. Eso fue todo lo que necesitó para desaparecer y que nadie lo notara.
Más o menos media hora más tarde, antes de que comenzara la tortura, trajeron a la madre de Zabini; ella chilló de miedo cuando vio a su hijo, encadenado a la pared. Los ojos del chico la siguieron mientras era sujetada del otro lado del cuarto, desde donde podía verlo a él, perfectamente.
Lucius Malfoy dio la orden de comenzar el tormento.
La mujer gritaba con más fuerza que Blaise, suplicándoles que se detengan; sus gritos fueron debidamente ignorados, y maldición trás maldición golpearon a su hijo.
Con frecuencia, Severus batallaba con sus demonios internos, tratando de decidir qué hacer. Pero aquí, por primera vez en su vida, el ser humano en él, casi le ganó al demonio. Blaise Zabini aún era su alumno, sin importar cómo lo considerara. Sin embargo, debió dejar eso de lado, y lanzar los hechizos al chico, ingnorando sus súplicas.
Sólo esperaba que la Orden llegara a tiempo.
En el momento en que la barrera le fue quitada, Scorpius hizo puchero; y cinco minutos después de la partida de Harry de la Sala Multipropósito, su cerebro se dio cuenta...
-¡Mierda!- Dijo en voz baja, cubriéndose la boca con la mano.
-¿Qué pasa?- Preguntó Draco, desde donde estaba sentado sobre una alfombra, frente a la chimenea, rodeado de varios libros –cortesía de la habitación-.
-¿Qué día es hoy?
-Jueves.
-¿Jueves qué?
-Veintisiete.
-¡A la mierda!- Repitió Scorpius. –Esta batalla no debía suceder tan pronto...está pasando cinco días antes...y si...¿y si no regresa?...
Su padre se le acercó lo más rápido que pudo, al notar su respiración agitada. –Está bien. Va a regresar, me lo prometió-. Envolvió a su hijo con sus brazos, preocupado porque temblaba. –Está bien, Scorp. Potter no va morir tan fácilmente…yo intenté meterlo en serios problemas en más de una ocasión y siempre los esquivó...
Scorpius negó con la cabeza. –Él es humano, sin importar lo que piensen los demás, todavía es un adolescente lanzado a enfrentarse con estas cosas. No es inmortal, papá. No quiero que muera…
-No va a morir-. Reiteró Draco.
La señora Zabini no podía detener sus gritos, pidiendo que cesara la tortura; odiaba ver que sometían a su hijo a semejante sufrimiento. Pero los Mortífagos, entusiasmados, usaron hechizos para aumentar el volumen de los gritos del chico, sonriendo sadísticamente.
Los ojos de Severus se encontraron con los del hombre que se había quitado la máscara: veía la versión joven de esa cara, todos los días.
El padre de Theodore Nott había pasado unos cuantos meses en Azkaban, y desde entonces, se había tornado más y más violento. Los asesinatos que él dirigía, involucraban muchísimo dolor y sangre. Disfrutaba torturando muggles inocentes, y frecuentemente alardeaba sobre sus gritos, cuando era convocado por Voldemort. El viudo sonrió maliciosamente a la señora Zabini y luego se volvió hacia Blaise. Los otros Mortífagos se callaron, habiendo presenciado uno o más de sus ataques.
Desde las profundidades de su túnica, sacó una kris (1), aún con la suciedad de sus previas y numerosas víctimas. A pesar de que su cuerpo estaba golpeado, ensangrentado y quebrado, aún así, Blaise se las arregló para dar un respingo y tratar de alejarse del mago; luchó contra las cadenas, hasta que tuvo delante a Nott.
-¡Aléjate de mi hijo!- Siseó la señora Zabini, pero fue sujetada por los Mortífagos de alrededor.
-Sujétenlo-. Ordenó Nott, señalando a Blaise con la cabeza. El chico trató de luchar contra las manos que lo agarraban, pero no pudo; estaba demasiado débil por la pérdida de sangre y el dolor por tantas maldiciones Cruciatus.
Ellos lo sujetaron con facilidad; el viudo quitó las cadenas de los brazos del chico, forzó uno bajo la rodilla de un Mortífago y el otro bajo una propia. –Asegúrate de que tu madre te escuche-. Susurró Nott, antes de bajar la kris sobre la muñeca de Blaise.
Severus casi debió desviar la mirada, sujetando a la señora Zabini; sintió que su estómago se contraía, al oír los gritos de Blaise. No podía ver lo que sucedía, y debió ocultar su repulsión cuando Nott tiró la mano del chico hacia la derecha. La señora Zabini chilló ante la escena y sus lágrimas cayeron en cascadas por el rostro. Una urgencia de golpear se adueñó de la propia mano derecha de Severus, cuando Lucius Malfoy se colocó delante de la alterada madre. -Esto es lo que ganas siendo una puta-. Siseó, levantándole la barbilla. -Nuestro Señor está comprometido para siempre y su amante quiere que sufras. Es tu incapacidad para mantener las piernas cerradas lo que ha causado esto-. Se acercó para susurrarle. -Tú mataste a tu hijo-. Soltó la cara de la mujer y se dio vuelta para ver qué estaba sucediendo. Varios Mortífagos retrocedieron al ver que la serpiente del Señor de las Tinieblas se dirigía hacia la mano, en el piso, abría las mandíbulas y la tomaba, sin problemas. Luego se deslizó de vuelta en las sombras.
Otro grito de Blaise llegó a sus oídos y la otra mano le fue lanzada a Nagini.
La señora Zabini gritaba histéricamente, balbuceando incoherencias.
Blaise ya no tenía fuerza para vocalizar su dolor cuando Nott seccionó su pie izquierdo con la mortífera kris.
-Quítenle la ropa antes de alcanzárselo a ella-. Ordenó Malfoy. Nott le alcanzó el miembro a un Mortífago cernano que apenas pudo quitarse la máscara antes de vomitar. Otro Mortífago se lo arrebató, quitándole el zapato y la media. Parecía sentirse honrado caminando hasta la serpiente para alimentarla; pero un grito suyo alertó a los Mortífagos, no debían acercarse a Nagini. El hombre dejó caer la pierna, sosteniéndose su brazo derecho, tratando de detener el sangrado de las heridas de la mordida que la serpiente acababa de hacerle.
-Idiota-. Espetó Malfoy; Nott reía en voz baja. -El veneno de Nagini ha sido alterado; estarás muerto en unos pocos minutos.
El -evidentemente- joven Mortífago corrió hacia la puerta más cercana y dejó la habitación.
Los Aurores llegaron rápidamente, Harry iba con ellos. No había tenido tiempo para obtener la licencia, por lo que se vio forzado a aparecerse con Remus en la ubicación indicada por Severus. Harry esperaba, más que nada por Draco, que Zabini estuviera vivo y bien, para llevarlo a casa. Además, esperaba que la información de Severus fuera correcta. Aunque había mejorado en sus habilidades, Harry sabía que no aún no era capaz de vencer a Voldemort.
Moody los condujo a todos por la casa. Era fácil decir dónde estaban -los gritos ayudaban-, ciertamente.
En principio, no tuvieron problemas. El primer piso estaba completamente libre de Mortífagos. Se aseguraron de controlar el piso completo para evitar ataques sorpresivos por el frente. Con rapidez, Tonks bloqueó el flú, para evitar la llegada de otros visitantes. Subieron las escaleras hacia el segundo piso, lo que fue todo un tema, porque la madera crujía ante cada paso y de seguro alertaría a alguien de su presencia. Aunque se sintió perturbado por el pensamiento, Harry se alegraba de que Zabini gritara tan fuerte como para ocultar el ruido de la llegada.
Moody continuaba al frente, siseando maldiciones, hasta encontrarse con el primer Mortífago de la noche. El hombre estaba muerto y en medio de un rápido deterioro, como si algo vil le comiera la piel. Tenía la máscara sujeta con su mano izquierda y la mayoría de su mano derecha y brazo ya no existían. Lo que sea que le afectaba, ya había hecho desaparecer la piel de su mano y cara, por lo que podían ver.
-Madigan-. Murmuró Moody, que apenas pudo identificar al bastardo. -Enciendan el radar, aquí; parece que esto lo hizo la serpiente de Voldemort-. Sus palabras fueron seguras y sin nada de pena.
-Señor Weasley...- Comenzó Harry, recordando la vez que Arthur fue atacado por Nagini.
-El Innombrable alteró su veneno; ahora es ácido para la carne-. Informó Tonks, rápidamente. -Parece que vas a tener que ser extremadamente cuidadoso, Harry.
Harry asintió con la cabeza y continuaron, con las varitas listas. Se acercaron más y más a la habitación; la puerta estaba abierta ligeramente y Harry pudo espiar justo a tiempo para ver que lanzaban al otro lado del cuarto la otra pierna de Zabini. La escena le retorció el estómago. Ese lado de la habitación estaba cubierto de sangre, la pared, el piso, el cielo raso; -no era difícil imaginar cómo había llegado hasta allí, viendo cómo el hombre arrojaba el miembro-.
-Zabini no volverá a casa con nosotros-. Dijo Harry, en voz baja y débilmente. Remus miró por sobre su hombro y lo empujó hacia atrás.
-¿Cuántos viste?
-Había cinco arrinconados en una esquina...no ví al resto.
El mayor de todos iba a mencionar la estrategia pero fue interrumpido crudamente cuando un Mortífago abrió la puerta con manos temblorosas y vomitó en el umbral; al levantar la vista se encontró de frente con varias varitas. Sin pensar, alguien lanzó un hechizo inmovilizador al hombre, lo que alertó a todo el escuadrón de Mortífagos. Se oyó el sonido de alguien desapareciendo, por sobre el bullicio, y la puerta se abrió completamente. Encantamientos, hechizos y maldiciones volaron de un lado al otro del marco de la puerta, los miembros de la Orden se desplegaron y los primeros en caer fueron los cinco que Harry había señalado.
Harry esquivó y zigzagueó entre las luces verdes que le lanzaban; escuchó que los Mortífagos siseaban su nombre y le apuntaban con sus varitas intentando matarlo o atraparlo. Harry usó su magia sin emitir palabras, para contratacar, y así los tomó fácilmente por sorpresa. Rápidamente, los Mortífagos fueron sometidos, aunque la mayoría, al verse vencidos, desaparecieron para evitar ser capturados. Habían sido descuidados en su ataque, usando Avada Kedavra en cada oportunidad; Harry vio caer bajo una maldición de sus propios camaradas, al único Mortífago sin máscara. Hizo su mayor esfuerzo por localizar el bastón familiar de Lucius Malfoy, pero se encontró completamente decepcionado; allí fue que se dio cuenta de quién había desaparecido antes de que alguien lanzara el segundo hechizo.
Una vez que la marea de hechizos cesó y todos los Mortífagos que no fueron capturados desaparecieron de la escena, sólo quedó la Orden con los magos inconscientes y la madre con su hijo. Apenas la soltaron, la señora Zabini se arrastró hasta el cuerpo mutilado del chico, al otro lado del cuarto. Sus balbuceos continuaron, mientras mecía a el cuerpo mutilado de su hijo contra su regazo, como si no notara el mango de la kris, sobresaliendo de su pecho.
Harry suspiró pesadamente, comprobando que todos habían regresado sanos y salvos. Alguien había sido golpeado con la maldición Cruciatus, pero esa era la peor de las lesiones. Sacudió la cabeza, con pesar; la visión del cuerpo de Zabini lo había dejado enfermo; lo primero que hizo al llegar a la Torre de Gryffindor fue vaciar el contenido de su estómago, luego se sintió golpeado por el pensamiento de que debía contarle lo sucedido a Draco y decirle que no pudo salvar a Zabini -su cuerpo no pudo ser arrancado de los brazos de la señora Zabini y no lo trajeron con ellos; ella los culpaba por todo-.
Aunque no iba a admitirlo, estaba levemente preocupado por Severus; el hombre no tenía modo de contactarlos si quedó atrapado en el fuego cruzado, como el padre de Nott. Más tarde, Harry informó la identidad del mago a Moody.
La segunda parada de la noche, y posiblemente la definitiva, era la Sala Multipropósito. Harry tenía que volver a Draco y a Scorpius antes de que acabe la noche. Las puertas lo dejaron entrar de inmediato y sintió que su corazón daba un salto.
En el medio del cuarto había una gran cama con dosel; Scorpius estaba acurrucado bajo las sábanas, con la cabeza apoyada en el regazo de Draco. Draco leía con la más suave de las voces que Harry había oído jamás.
Los ojos de Draco se volvieron hacia la puerta, observando la entrada de Harry. La lectura se interrumpió y el rubio suspiró aliviado, luego se le cortó la respiración al ver que las ropas de Harry estaban manchadas de sangre, aunque no podía ver ninguna herida desde donde él estaba.
-¿Estás bien?
Harry se acercó a la cama, se arrodilló sobre el colchón y se acomodó, sentándose con Draco, sobre las almohadas. Scorpius dormía, pero obviamente le había costado lograrlo y se estiró cuando Harry le pasó una mano por el cabello.
-¿Papá?- Murmuró, agarrando la camisa de Harry. Draco apoyó el libro, se reclinó, descansando la cabeza en el hombro de Harry.
-...Toda esa sangre...me prometiste...
-No es mía-. Murmuró Harry, hundiendo la nariz en el cabello de Draco.
-¿Es de Blaise?
Antes de que Harry pudiera responder, Scorpius se movió contra la cadera de su papá, despertándose. En su estado semi dormido, susurró. -¿Papá?- Apoyándose en los brazos, y dándose cuenta, lentamente, que ambos: Draco y Harry estaban allí. -Volviste-. Parpadeó rápidamente. -Y...y estás cubierto de sangre...¿Estás bien?
-Sí, estoy bien-. Dijo Harry, desacomodándole el cabello. -Fue como tú dijiste-. No pudo evitar sonreír: Draco le tapó las piernas con las sábanas, como una silenciosa invitación a ser parte de la familia.
Harry besó la mejilla de Draco y pasó una mano por el cabello de Scorpius.
Cuanto más tiempo pasaba con estos dos, más se sentía parte de la familia. Harry no sabía mucho de lo que era una familia, pero suponía que debía sentirse así, como la calidez que le producían estos dos en su interior. Tenía que ser así. Eso lo forzó a darse cuenta de que él no iba a ser parte de esta familia, quien fuese el padre de Scorpius iba a ocupar ese lugar.
Draco se acurrucó junto a Harry, casi como si le hubiese leído los pensamientos. No podía negarlo, aunque no tuviera un lugar permanente en esta familia, ciertamente, disfrutaba el tiempo que pasaba con ellos, y no lo cambiaría por nada.
-¿Estás herido?- Preguntó Draco, apoyando su cuerpo completamente sobre el de Harry.
-Qué mal si lo estuviese-. Rió Harry, abrazando a Draco. -...me habrías aplastado...
Draco le sonrió al chico más alto, y se acomodó en sus brazos.
-¿Ni un rasguño?
Harry sonrió, hundiendo la cara en el cuello de Draco. -No recuerdo ninguno.
-¿Y los demás?
-Los miembros de la Orden regresaron bien-. Informó Harry. -Atrapamos a algunos Mortífagos...- Harry sintió que Draco se tensaba. -Él está bien...si te preocupa tu padre...
El rubio miró hacia otro lado. -¿Por qué debería preocuparme mi padre? No podría haber estado allí ni...
Scorpius levantó una ceja ante la mentira evidente de su papá. -Papá, no convences a nadie-. Scorpius gateó hacia arriba y estiró su cuerpo entre las piernas de Harry y de Draco.
Los brazos de Harry se apretaron alrededor de la cintura de Draco. -Tenemos que hablar.
-¿Sobre la sangre de tus ropas?- Preguntó Draco, con una mirada escrutadora.
Los ojos negros miraron hacia la puerta de su habitación privada, cuando Severus oyó que se abría.
-Alguien te lastimó-. Notó Remus, observando al hombre que sabía que se convertiría en su esposo.
-Y yo lo lastimé a él-. Le respondió Severus con una sonrisa maliciosa. Estaba sentado en el borde de la bañera, mirando su reflejo en el espejo, mientras se aplicaba una loción en las heridas de la cara.
-¿Tienes alguna herida peor que éstas?- Remus se acercó, inclinándose a examinar los raspones que le cubrían la cara.
-Sólo unos pocos magullones.
El hombre lobo tomó el bálsamo de las manos de Severus y comenzó a atenderle las heridas. -¿Tú preparaste esto?
-¿Estás tratando de hacer charla?- Contestó Severus.
-Supuse que sería menos incómodo si hablábamos entre nosotros en vez de pasarte las manos por todo el cuerpo en silencio...
Severus ladeó una ceja. -¿Y quién dijo que ibas a hacer eso?
Recibió una amplia sonrisa como respuesta. -Estoy seguro de que hay algunos magullones que no puedes alcanzar tú-. Sus dedos pasaron por el raspón de la mejilla de Severus. -¿Cómo demonios recibiste tantos de estos? Sácate la camisa.
Al principio, el Maestro de Pociones discutió, pero perdió la batalla, dándose cuenta de que no tenía chance contra un hombre lobo apenas después de la luna llena.
-¿Qué diablos te pasó?- Preguntó Remus, mirando la herida de su lado izquierdo. -¿Alguien te tiró contra un tren en movimiento o algo así?
La herida comenzaba justo bajo las costillas y bajaba hasta donde Remus podía ver.
-Estoy seguro de que esta es obra de Moody.
Remus se arrodilló junto a él, juntando el frío gel en sus dedos para aplicarlo sobre la piel lacerada. Severus dio un ligero respingo, siseando ante el contacto. Sintió que la mano de Severus acariciaba su cabello y debió reprimir la sonrisa por la abierta demostración de afecto.
La mano se movió hasta la mandíbula de Remus; la cara fue elevada levemente y Severus tomó sus labios en un beso suave. Cuando se separaron, Remus bajó la vista, repentínamente avergonzado.
-Me alegra que tú no estés herido-. Murmuró Severus, honestamente.
La cara de Remus se sonrojó y se concentró en la herida, más que en lo que decía Severus.
-¿Hasta dónde se extiende esto?- Demandó Remus, observando que la herida pasaba la cintura del pantalón de Severus. Bajó un tanto la tela y no vio el fín de la herida.
-No mucho más abajo-. Le informó Severus, mirándolo; levantó la cara de Remus hacia la suya y lo besó profundamente.
-Estás lastimado-. Objetó Remus, alejándose. Se sonrojó aún más cuando notó que había bajado mucho el pantalón de Severus. –Lo siento.
-Estabas a punto de convertirte en lobo e insistías en que tuviéramos sexo...
Tenía razón.
-Eso fue distinto...yo no estaba sangrando por todas partes como tú ahora...
-No estoy sangrando por todas partes-. Severus sonrió satisfecho, moviéndose y apretando la cara en el cuello de Remus. –Te deseo.
Las palabras sensuales de Severus asombraron a Remus, y se estremeció al sentir que esos labios atacaban la piel de su cuello. No pudo evitarlo, atrajo al Slytherin contra su cuerpo y envolvió los hombros de Severus con sus brazos.
Severus se levantó ágilmente, levantando a Remus con él y saliendo del baño.
El hombre lobo fue conducido rápidamente hacia la cama; no pudo evitar sonreír cuando cayó hacia atrás, llevándose a Severus con él.
Draco mandó a Scorpius a la cama; tenía la sensación de que no iba a ser nada bueno que el chico escuchara lo que Harry iba a decirle.
Se acurrucaron juntos en la alfombra, delante del fuego, lo más inocentemente posible. Harry abrazó a Draco con fuerza, por detrás. Draco usó un brazo de Harry como almohada.
-Supongo que Blaise está muerto.
-Lo torturaron brutalmente-. Admitió Harry, besando suavemente el cuello de Draco. –No llegamos a tiempo.
-Yo quería que viviera...
-Después de lo que le hicieron, es mejor que haya muerto-. Draco dio un respingo. -Ambos, Zabini y el padre de Nott, fueron asesinados por los Mortífagos...
-¿El señor Nott? ¿Por qué fue asesinado por los Mortífagos?
-Creemos que quedó atrapado en el fuego cruzado. Él fue quien torturó a Zabini, obligando a su madre a presenciarlo todo.
Draco giró en los brazos de Harry y lo besó ruidosamente. -Todavía no quiero dormir.
-Entonces sugiero que juguemos ajedrez o algo así...
Kris: espada corta de doble filo, de origen indio.
