Los personajes de Rurouni Kenshin le pertenecen a Nobuhiro Watsuki.

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El argumento de esta historia le pertenece a Sibreka, a quien escribo este fic por ser la ganadora de la actividad "Los amigos invisibles de Yahiko" del foro Sakabattō.

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Capítulo 3: Final y principio

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Kaoru caminaba de prisa mientras las lágrimas aún no dejaban de correr copiosamente por sus mejillas. Había sido una imbécil, una idiota al dejarse engañar por ese patán. Estaba enfadada consigo misma por haber sido tan crédula y por haberse creído cenicienta conociendo al príncipe azul; definitivamente los cuentos de hadas eran una mierda que volvían estúpidas a las mujeres.

Estaba tan enojada y triste que no se percató que estaba siendo seguida por unos hombres hasta que al pasar por fuera de un callejón la empujaron haciéndola caer al suelo, la rodearon.

— ¿Así que esta es la nueva zorra de Battousai? — dijo uno de los hombres — el señor Yukishiro estará feliz si la llevamos con él

— Es cierto, el ama destruir todo lo que Battousai ha tocado

— ¿De qué demonios hablan? ¿Quienes son ustedes? — Preguntó Kaoru poniéndose de pie y observando a los 4 tipos frente a ella

— ¿Estabas llorando? ¿Acaso Battousai ha sido rudo contigo? — Preguntó en tono burlón uno de los hombres, se acercó a Kaoru y la tomó de la barbilla

— ¡Suéltame! — Gritó quitando con violencia la mano que la tocaba

— Te enseñaré a ser más respetuosa niñita estúpida — dijo el tipo levantando su mano para golpearla. Kaoru cerro los ojos y puso instintivamente sus brazos delante de su rostro para esperar el golpe, no obstante el golpe nunca llegó.

Kaoru abrió los ojos y vio a Sanosuke junto a ella tomando del brazo al sujeto que la había amenazado

— Es... es.. Zanza — dijeron los demás retrocediendo.

Sanosuke lucía molesto. Dio un golpe fuerte al tipo que tenía sujeto del brazo y luego golpeo a a los otros tres sin ningún tipo de contemplación.

— ¿Estás bien, Kaoru? — Preguntó Sano después de haberse encargado de esos tipos.

— ¿Qué significa todo esto? ¿Qué es eso de Battousai y de Zanza? — Preguntó Kaoru mirándolo confusa — ¿Qué tipo de personas son ustedes?

— Kaoru, lo siento

— Me voy, y no quiero volver a verlos jamás.

Kaoru se fue corriendo sin detenerse a escuchar a Sanosuke, quien gritaba su nombre pidiéndole que lo escuchara.

Kaoru no quería regresar a su casa por lo que se fue directamente a la librería, quería obligarse a trabajar para no pensar en lo que había ocurrido con Kenshin, sin embargo, era inevitable que eso ocurriera

— ¡Maldito seas Kenshin Himura! — dijo mientras reorganizaba los libros en la vitrina — te pagaré hasta el último centavo que te debo para no tener nada que ver contigo, patán.

— ¿Puedo pasar, Kaoru? — dijo Sanosuke desde la puerta de la tienda — por favor

— Sanosuke — dijo la chica acercándose a él — siento lo de hace rato, debí haberte agradecido por la ayuda

— No te preocupes, entiendo que estés molesta

— No fui justa, me desquité contigo pero la verdad es que estoy enojada con otra persona

— ¿Entonces, seguimos siendo amigos?

— Por supuesto

— Me alegra oírlo, Kaoru

Sanosuke sonrió y acarició el cabello de Kaoru haciéndola sonreír también.

Las cosas se volvían cada vez más complicadas para Kaoru, de la noche a la mañana perdió su trabajo en el call center y dos importantes pedidos de libros, uno para una cadena de cafés literarios que abriría una nueva sucursal y otra para la biblioteca de un colegio privado, fueron cancelados sin explicación alguna. Sin embargo, pese a que fueron golpes duros, Kaoru no estaba dispuesta a desmoronarse por esta racha de mala suerte, el sólo hecho de recordar lo que le había hecho Kenshin Himura la hacía desear luchar con todas sus fuerzas para no dejar que le arrebatara algo que era tan valioso para ella.

Habían pasado 6 semanas desde que Himura la había llevado a la cama con engaños y faltaban sólo dos para que tuviera que entregar el segundo pago, estaba cansada, durante ese tiempo había estado vendiendo almuerzos, haciendo clases particulares de lenguaje e historia para chicos de secundaria, cuidando niños, paseando perros, cualquier cosa que le diera un poco de dinero. Los únicos momentos en que no pensaba en trabajo era cuando se encontraba con Sanosuke, el moreno la iba a visitar a menudo y solían salir a almorzar o a cenar juntos.

Por otro lado, Kenshin estaba de un humor del demonio. Había obstaculizado de todas las maneras posibles la vida de Kaoru, logró que la despidieran del call center y se aseguró de que no pudiera encontrar un trabajo estable en todo Kanto. Además, hizo que cancelaran pedidos importantes y se encargó de que ninguna empresa se atreviera a comprar en esa librería. Estaba seguro que haciendo todo eso el estado de ánimo de Kaoru menguaría y ella no tendría más opción que volver a él suplicando por su ayuda, dispuesta a hacer cualquier cosa que él le pidiera. Sin embargo, ella se las arreglaba para no tener que volver a pedir su ayuda mientras él se desesperaba cada día más por no tenerla a su lado.

Battousai siempre conseguía todo lo que deseaba y las mujeres no eran la excepción. Cuando conoció a Kaoru pensó que sería una presa fácil que usaría hasta hartarse y luego desecharía, sin embargo, era él quien no podía quitársela de la cabeza, quien no dejaba de recordar la calidez de su cuerpo y la dulzura de sus labios. Anhelaba desesperadamente volver tenerla en su cama, quería con aún más fuerza contemplar el azul zafiro de sus ojos hermosos mirándolo con deseo. Pero ella huía, se mantenía alejada y pese a saber que él mismo había pedido a Sanosuke que se mantuviera cerca de ella para evitar que intentaran lastimarla nuevamente, cada vez que sabía de sus encuentros su cólera aumentaba.

Ahora mismo tenía que tragarse el coraje para evitar saltarle encima a su amigo y estrangularlo al verlo de tan buen humor porque iría en busca de Kaoru.

Sanosuke llegó con anticipación a buscar a Kaoru, Se sentó a esperarla y cuando al fin estaba cerrando la librería le dijo

— Hoy tenga ganas de comer pizza

— ¿Pizza? Esta bien, hace mucho que no como pizza — respondió Kaoru sonriendo, no obstante, justo en ese momento se tambaleo y sintió que sus piernas perdían fuerza, tuvo que sostenerse de Sanosuke para no caer

— ¿Te siente mal? — Preguntó él, alarmado

— No es nada — respondió ella intentando lucir despreocupada — lo que pasa es que estos días he trabajado mucho y no he descansado ni comido apropiadamente

— Si sigues así enfermarás — dijo Sanosuke sosteniéndola de los brazos — estoy seguro que tu padre te amaba más a ti que a esta librería, y preferiría que cuidaras de tu salud antes de que lucharas obstinadamente por conservarla

— Probablemente lo que dices es verdad, pero yo no puedo evitar querer luchar con todas mis fuerzas por este lugar — sonrió — ahora mejor vamos a comer, tengo hambre

— Esta bien — respondió el chico

No obstante, dieron sólo un par de pasos cuando nuevamente las piernas de Kaoru flaquearon, pero esta vez también su conciencia se apagó. Sanosuke alcanzó a sostenerla para que no cayera al suelo. Kaoru se había desmayado.

Sanosuke estaba nervioso, había llevado a Kaoru a una clínica cercana y ahora esperaba mientras era examinada. Cuando al fin lo dejaron verla la encontró llorando sentada en una cama.

— ¿Qué te han dicho, Kaoru? — Preguntó Sanosuke acercándose a ella

— Estoy embarazada — respondió ella abrazándose de él

— ¡Embarazada! — Exclamó Kenshin poniéndose de pie

— Y no sólo eso — respondió Sanosuke — también malnutrida, y eso, junto a lo poco que ha descansado, hizo que su cuerpo colapsara. Estará hospitalizada por dos días

— Debo enviar protección — dijo Kenshin dando vueltas por el despacho — una cosa es que piensen que fue una de las mujeres con las que me divierto y otra diferente es que sepan que espera un hijo mío. Es peligroso que esta información salga fuera de aquí

— Y será difícil que no salga — dijo Sanosuke — Yukishiro ha gastado mucho dinero para enterarse de tus movimientos

— Debo protegerla

— Deberías ir a verla — dijo Sanosuke — esa chica es muy fuerte, pero hace tiempo que está en el borde, pareciera que se desmoronará en cualquier momento y todo ha sido culpa tuya y de tus caprichos.

Kaoru había dormido profundamente, después de llorar un rato y luego reír con las tonterías de Sanosuke, el cansancio de los días de arduo trabajo le pasó la cuenta a su cuerpo.

Estaba sentada en la cama terminando de desayunar cuando la puerta de su habitación se abrió, dejó inmediatamente de comer cuando vio que era Kenshin Himura quien entraba.

— Veo que Sanosuke no tardó en contarte que estoy embarazada — dijo molesta

— No era algo que me pudiera ocultar — respondió él con tranquilidad

— ¿Y qué es lo que quieres? — Preguntó Kaoru mirándolo retadora — yo no te necesito para encargarme de este bebé, así que si eso te preocupada puedes estar tranquilo

— Te equivocas — dijo Kenshin acercándose a ella — ese bebé es mío y cuidaré de él, lo que me tiene intranquilo es tu salud. Sanosuke me dijo que no estás comiendo bien ni descansando apropiadamente y eso, sumado al embarazo, fue lo que te hizo colapsar. — Kenshin tomó las manos de Kaoru, sorprendiéndola — Es mi culpa por poner tanta presión sobre tus hombros.

— No finjas estar preocupado por mí, si te preocupa el bebé ten por seguro que no haré nada que lo dañe, ahora por favor vete — dijo Kaoru alejando sus manos de las de Kenshin

— Lo del bebé fue sólo el empujón que necesitaba para venir a verte — confesó Kenshin — pero la verdad es que no he dejado de pensar en ti y en la noche que pasamos juntos

— No mientas, esa noche no fui más que una prostituta para ti

— Es cierto que quise que así fuera, no te voy a engañar. También esperaba que volvieras a mí dispuesta a entrar en mi cama de nuevo cuando te dieras cuenta de que no podrías pagar lo acordado por segunda vez. Pero haz mostrado más orgullo y determinación de lo que esperaba, y ahora soy yo él que no puede sacarte de su cabeza.

— No volveré a caer en tus mentiras — dijo Kaoru negándose a creer en las palabras que escuchaba

— He querido hasta matar a Sanosuke porque él puede estar cerca de ti

— Por favor vete

— Vendrás a mi casa cuando salgas del hospital

— Claro que no

— Necesito asegurarme de que estés bien

— Sé cuidarme sola

— No te estoy preguntando, es una orden

— No obedezco ordenes de nadie, vete

— Eso lo veremos — dijo Kenshin saliendo del lugar

— Maldito patán engreído — dijo Kaoru apretando sus manos. Sin embargo, al recordar las palabras de Kenshin "la verdad es que no he dejado de pensar en ti y en la noche que pasamos juntos" "y ahora soy yo él que no puede sacarte de su cabeza" no pudo evitar sentir un sentimiento cálido brotando en su interior.

— Buenos días — dijo una hermosa mujer de largo cabello negro entrando a la habitación de Kaoru — mi nombre es Megumi Takani y será la médico encargada de darle el alta

— ¿Ya me puedo ir? ¡Que alegría! — dijo Kaoru suspirando aliviada

— Sí, pero primero pondré unas vitaminas en su suero, cuando este se acabe podrá ir a casa señorita Kamiya

— Gracias — respondió sonriente.

Sin embargo, Kaoru empezó a sentirse repentinamente somnolienta, y sin poder evitarlo se quedó dormida. Kenshin Himura entró a la habitación

— Gracias, Megumi — dijo acercándose a Kaoru, la que estaba profundamente dormida

— Espero que con esto quede saldada mi deuda con la mafia, señor Himura. Yo ya no quiero tener nada que ver con ese mundo

— No te preocupes, Takani. Ya estás fuera.

Cuando Kaoru despertó sintió extrañeza. Recordaba el lugar en el que se encontraba, era la habitación de Kenshin, sin embargo, ella no tenía por qué encontrarse ahí. Aún debía estar en el cuarto que estaba ocupando en la clínica.

— Debo estar soñando — dijo restregando sus ojos

— No lo estás

La voz de Kenshin la devolvió abruptamente a la realidad, miró hacia la ventana y lo vio de pie mirando hacia donde estaba ella.

— ¡Pero qué demonios! — dijo Kaoru levantándose de la cama bruscamente. Lamentablemente tambaleó y tuvo que sentarse

— Te dije que vendrías a mi casa después del hospital

— Me largo — dijo Kaoru poniéndose de pie ahora más lentamente, caminó hasta la puerta e intentó abrirla, pero estaba cerrada. Miró a Kenshin y el le mostró la llave con una sonrisa burlona.

— No dejaré que te vayas, aunque tenga que mantenerte encerrada en esta habitación

— ¡Eso se llama secuestro!

— Llámalo como quieras, pero es la única manera que tengo para cuidar de ti

— No me hagas esto, por favor — dijo Kaoru acercándose — yo debo seguir trabajando en la librería para juntar el dinero que te debo

— Eso ya no será necesario — dijo Kenshin — ordené que se traspasara la librería a mi nombre por incumplimiento de contrato

— ¡Qué! Pero si aún faltan casi dos semanas para que se acabe el plazo

— Pero no puedes certificar el primer pago ¿verdad?

— Eso quiere decir que todo mi esfuerzo fue en vano — miró a Kenshin directamente a los ojos — en realidad tu nunca quisiste devolverme la librería ¿cierto? Sólo querías divertirte a costa mía.

Kenshin no respondió.

— ¡Eres de lo peor! — Gritó Kaoru — te odio

— Aún así soy la única opción que tienes — respondió él tomándola de las manos y aprisionándola contra la pared — desde que decidiste acostarte conmigo me perteneces

— No hables de mí como si fuera un objeto

Kenshin se estaba hartando de la conversación, la aprisionó con aún más fuerza y la besó intensamente pese a la oposición de la mujer. Kaoru intentaba librarse de los labios de Kenshin, pero estos eran tan abrasadores que finalmente cedió al contacto de su boca.

Cuando Kenshin se separó de ella, Kaoru lucía sonrojada y agitada, no obstante, apretó la quijada y abofeteo con fuerza al pelirrojo

— No te atrevas a ponerme un dedo encima nuevamente — amenazó

Kaoru no tenía escapatoria. Después de pasar 5 días encerrada en la habitación de Battousai rogó poder salir y Kenshin la complació, sin embargo, le advirtió bastante amenazadoramente que si intentaba escapar era capaz de encadenarla para asegurarse de que no lo intentaría nuevamente.

Kaoru podía caminar por toda la casa y los jardines, nadie le impedía rondar por donde quisiera, pero ella sabía que estaba constantemente siendo vigilada, aún así, los deseos de escapar estaban siempre presentes. No se conformaba con la vida de cautiva que ese hombre le ofrecía.

Poco a poco comenzó a conversar con las muchachas del servicio, hasta entablar amistad con una de ellas. La soledad de Kaoru, quien ya ni siquiera contaba con Sanosuke para conversar, le hizo confiar rápidamente en la muchacha que le ofrecía compañía y comprensión. Poco a poco comenzó a contarle sus problemas y terminó por confesarle los deseos que tenía de huir del lugar

— Te ayudaré a escapar — le dijo la chica

— ¿Qué?

— Uno de los guardias quiere ser mi novio — sonrió la chica con coquetería — si le digo que te deje salir y le prometo algunos besos probablemente lo hará

— Pero eso les traería problemas

— Nadie tiene por qué saber que te ayudamos

— Muchísimas gracias, amiga — dijo Kaoru abrazando a la chica

Tres días más tarde Kaoru logró salir de la mansión en la que había estado prisionera por los últimos tres meses, sin embargo, no alcanzó a alejarse demasiado cuando sintió su boca y nariz ser cubierta por un trozo de tela, intentó luchar, pero sus sentidos se apagaron lentamente sumiéndose en un estado de inconsciencia.

Cuando despertó, se encontraba atada de pies y manos recostada sobre una alfombra azul. En un primer momento pensó que Kenshin la había descubierto, pero no reconoció el lugar en el que estaba, además, pese a todo, no creía que Kenshin fuera capaz de atarla sin ninguna contemplación y dejarla tirada en el suelo. Le dolían las muñecas y la cuerda que ataba sus pies estaba lastimando su piel.

— Así que ya despertó la zorra de Battousai — escuchó una voz masculina detrás de ella. Se giró y vio a un hombre de cabello blanco sentado en una silla — Pero no te preocupes, no te lastimaré, al menos por el momento — Sonrió.

Kenshin estaba realmente furioso. ¿Cómo era posible que nadie supiera dónde se encontraba Kaoru? Tenía a todos sus hombres buscando por la mansión y los alrededores mientras él daba vueltas por el despacho temiéndose lo peor.

Sus temores se hicieron realidad cuando el joven guardia, el mismo que había dejado salir a Kaoru, se presentó con una nota de parte de Yukishiro.

Battousai:

Es hora de decidir cual de los dos es el verdadero gran jefe de la mafia japonesa. Ven solo y la chica no saldrá lastimada.

E. Yukishiro

— Yo lo llevaré al lugar del encuentro — dijo el guardia traidor.

Kenshin llegó a una de las residencias de Enishi Yukishiro y fue guiado hasta un salón que generalmente era usado para el entrenamiento, un espacio amplio y vació. Cuando entró su mirada inspeccionó el lugar; más de 30 hombres armados ubicados alrededor y en el centro Enishi Yukishiro esperándolo con una amplia sonrisa, atrás de él estaba Kaoru, atada y sentada en el suelo.

— ¡Aoshi! — Gritó Sanosuke alcanzando al hombre de ojos celestes — Kenshin no está, los guardias lo vieron salir en su auto junto a un guardia.

— Probablemente ya sabe donde está la chica Kamiya

— En ese caso debe estar en manos de Yukishiro — dijo alarmado Sanosuke — debemos encontrarlo, Kenshin no puede solo contra todos los hombres de ese bastardo

— Espera — dijo Aoshi sacando su teléfono móvil, marcó un número y espero a que le contestaran — Hannya — dijo en cuanto le contestaron — necesito la ubicación de Battousai, ahora — esperó unos minutos — buen trabajo, gracias Hannya — dijo y luego colgó — ya sé donde está

— ¿Cómo pudo hacer eso? — Preguntó entre sorprendido y asustado Sanosuke

— He puesto un rastreador en su móvil, así puedo localizarlo en cualquier momento — respondió Aoshi — por cierto, en el tuyo también

— Pues cuando quiera huir de ti ya sé que cosa no debo llevar

— Suelta a la mujer — dijo Kenshin enérgicamente — ya has conseguido traerme que es lo que querías, ella no tiene nada que ver con nuestros asuntos

— Es cierto, pero creo que es divertido tenerla aquí. Si me ganas te la llevas, pero si pierdes me la quedo

— ¡No hablen de mí como si fuera un objeto! — Grito Kaoru mientras lágrimas de enojo brotaban de sus ojos.

Kenshin y Enishi eran excelentes espadachines, Kaoru vio con asombro como se enfrentaban emulando a los antiguos samurais, durante muchos momentos no podía saber cual de los dos tenía ventaja, ambos eras diestros y veloces, el metal de sus espadas chocaba con fuerza. Sin embargo, Kenshin comenzó de a poco a hacerse con la ventaja y en un movimiento circular y envolvente logró lanzar a Enishi con fuerza contra la pared. Lo había dejado fuera de combate.

— El señor Enishi no puede perder — grito uno de los hombres armados para luego apuntar su arma a Kaoru y disparar.

Kenshin corrió y alcanzó a protegerla con su cuerpo, recibiendo el impacto en su espalda.

— Kenshin, Kenshin, ¡Kenshin! — Gritó ella sin dar crédito a lo que sus ojos veían, Kenshin cayendo a sus pies y botando sangre por la comisura de sus labios.

Estaba tan abstraída en ese momento que no se percató de que junto al disparo se abrió la puerta dejando pasar a Aoshi, Sanosuke y un buen número de hombres, hasta que fue tomada en brazos por el castaño, quien la sacó del lugar. Por su parte Aoshi se hizo cargo de Kenshin, dejando lo demás en manos de Shikijo.

4 años después.

Kaoru se encontraba en Narita, recién había bajado del avión y volvía a Tokio después de 4 años. Con posterioridad a lo ocurrido con Yukishiro y mientras Kenshin aún se debatía entre la vida y la muerte, pidió ayuda a Sanosuke para alejarse de todo aquello, el moreno la ayudó a irse a Europa donde nació su pequeño hijo y también cursó estudios de bibliotecología. Por mucho tiempo pensó que jamás regresaría a Japón, sin embargo, cuatro años después y llevando de la mano a su pequeño pelirrojo, llamado Kenji, estaba nuevamente en aquel lugar, Tokio, la ciudad de sus mejores y peores recuerdos.

Lo primero que hizo, después de dejar su equipaje en el hotel, fue caminar con Kenji por los lugares que mayores recuerdos le traían. Caminó sin pensarlo hasta donde anteriormente se ubicaba la librería de su padre, esperando encontrar un complejo hotelero 5 estrellas; Sanosuke le había confesado que Kenshin era dueño de todas las viviendas y negocios del sector, había estado comprándolos de a poco porque quería instalar ahí un gran complejo hotelero y centro comercial. Le contó también que ya había tenido enfrentamientos con su padre por este motivo, pero que cuando Kamiya enfermó Himura decidió dejarlo en paz, después de todo, moriría y con la hija sería más sencillo, o eso pensó. Pero Takeda se adelantó y compró primero, lo que lo enfureció. Sanosuke había omitido contarle que ese complejo hotelero con centro comercial incluido era una buena forma de lavar dinero de la mafia, aunque Kaoru no era tonta y después de lo vivido sabía que los negocios de Kenshin no eran siempre legales.

Grande fue la sorpresa de Kaoru cuando nada de lo que pensó ver ahí se encontraba. Todo seguía igual que hace 4 años atrás, incluso la modesta librería llamada "Aroma de papel". Los ojos de Kaoru se llenaron de lágrimas y tomando a su hijo en sus brazos corrió hacia ella y entró.

— Bienvenida — dijo una joven sonriente en cuanto entró.

Kaoru miró a su alrededor, las repisas y los libros, la nostalgia y ese aroma a papel tan familiar la hizo sonreír recordando sus días más felices. Caminó hasta la estantería más cercana y pasó su mano sobre los lomos de los libros hasta que sus dedos se encontraron con otros dedos. Giró y miró al dueño de esa mano que ahora acariciaba sus dedos. Un pelirrojo de ojos color violeta la miraba sonriente. Ella quedó paralizada, sin saber como reaccionar frente a ese encuentro después de largos años.

Kenshin miró al niño en sus brazos largamente y luego volvió a mirarla a ella

— ¿Le gustan mucho los libros? — Preguntó — Los acariciaba con tanta delicadeza que me lo ha parecido

— La verdad es que sí — respondió devolviéndole la sonrisa — mi padre solía tener una librería y me enseñó desde pequeña el valor que tiene un buen libro. Puede ser un buen amigo, ayudarte a reflexionar y a crecer como persona, a desarrollar tu imaginación y a cultivar tu intelecto.

— ¿Qué libro le recomendarías a un hombre interesado en los samuráis?

— ¿Podría ser una novela? Porque en ese caso le recomendaría Caballos desbocados de Yukio Mishima. Aunque como es el segundo libro de una tetralogía debería leer primero Nieve de primavera. Pero ese se trata de amor y tal vez no le interese ese tema.

— Al contrario — respondió mientras sus ojos brillaban con intensidad — tal vez me convendría ahora que lo he encontrado de nuevo. No quiero repetir los mismos errores por segunda vez.

FIN

Gracias por la lectura y sus comentarios. Realmente los aprecio mucho :)