Esta es una traducción de 'When time isn't enough', original de Jinko.
Por supuesto, cumplo en recordarles que la única dueña de los personajes y el universo de HP es J.K. Rowling, y enormes gracias por todos los reviews!
Capítulo Trece
Eris, Diosa griega de la discordia
Ir a una escuela pública muggle fue una pesadilla. A diferencia de Rose y de Hugo, yo aprendí en casa hasta mis ocho años. No tuve otros amigos, sólo ellos dos, no sabía cómo actuar en público; y cuando caí de cabeza en esa vida, en lo único que podía pensar era en volver a casa y esconderme en mi cama.
Nunca pensé que la gente podía ser tan prejuiciosa contra los homosexuales. Aunque mi padre me dijo que los mantuviera en secreto a él y a mi papá, en el momento en el que me hice de un amigo, le conté que yo tenía un papá y un padre que se amaban mucho, pero que mi papá ya no estaba con nosotros. Él pensó que era algo muy raro. A la mañana siguiente, su padre encontró al mío en la puerta de la escuela y pelearon, dijo que no quería que sus hijos tuvieran contacto con algo tan asqueroso.
Ya no me permitieron hablar con ese chico, y nadie más quiso ser amigo de un pequeño fenómeno como yo.
Las reuniones de padres con la maestra siempre fueron terribles. Mi padre nunca se presentó y cada año me interrogaban; yo les decía que desde que mamá murió, mi padre se pasaba todo el tiempo en el trabajo, para mantenernos y para mantener la cabeza ocupada. Fue peor, ellos pensaron que él me descuidaba, y una vez, exigieron que se presentara o llamarían a la policía. Tuvo que comportarse y aparecer allí, como los demás padres.
Los estudiantes temían decir cosas cuando yo andaba cerca, nunca mencionaban a sus madres, y nunca decían la palabra que empezaba con 'g'. Parecía como si todo el curso tuviera prohibido usar la palabra 'gay', cada vez que ocurría, especialmente como insulto, todos me miraban a mi.
Jamás quise ir a la escuela; me quejaba con mi padre por lo inútil que me resultaba. ¿Por qué tenía que aprender todo eso si después iría a Hogwarts?
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No era frecuente ver a Theodore Nott recorriendo los pasillos sin Draco Malfoy a su lado; desde hacía un tiempo, eran casi inseparables.
Una quincena después de que Draco tuviera ese momento caliente con Potter en la Sala Multipropósitos, a una semana de Navidad, Scorpius estaba encantado. Sin emabargo, una vez, Theo salió solo, y se encontró con algo que temía.
Rápidamente, Pansy Parkinson se estaba convirtiendo en la maldición de todos en Hogwarts; siempre andaba con Crabbe y Goyle, ladrando órdenes como la perra pug que era. Los estúpidos descerebrados que alguna vez dedicaron sus vidas a servir a Draco, acataban todas y cada una de las órdenes que salían de su boca.
Esa semana, Theo y Draco la sufrieron. A Theo sólo podía provocarlo y molestarlo, en cambio, para Draco ordenó sufrimiento físico. Se aseguró de que no pudiera caminar una vez que esos dos terminaran con él. Theo tuvo que cargarlo hasta la Sala Multipropósitos, que se transformó con rapidez en el cuarto de operaciones, cada vez que Draco era la víctima.
El más alto de los dos era intocable, todavía no les había dado la espalda a los Mortífagos, además, su padre había caído como un Mortífago exitoso. A diferencia de Draco, con quien podían jugar libremente.
Y, por cierto, ellos amaban jugar. Le daban tiempo para curarse -sin ayuda de Madam Pomfrey, por supuesto-, antes de regresar a golpearlo tanto como la última vez.
Scorpius no tenía permitido andar con ellos. Suponían que se enojaría y trataría de interponerse. Él lo sabía y estaba más que furioso porque no lo dejaban detenerlos y lo único que podía hacer era expresar su ira. Sus dos padres le prohibieron acercarse a Pansy.
Naturalmente, esa orden podía ser pasada por alto si ella intentaba algo en la clase de Pociones. Cada clase, los mismos empujones y golpes de hace semanas, volvían a repetirse; y sorprendentemente, los mismos síntomas que sufrió Theo, se presentaban en los que tocaban a Draco.
Creyeron que se trataba de algún tipo de escudo y se quejaron con Severus. Sabiendo cuál era su papel en estas cosas, Snape hizo caso a los estudiantes Mortífagos y realizó varias pruebas en el adolescente, para ver si existía algún escudo que causara esas lesiones, cada vez que alguien lo chocaba 'accidentalmente'. Todos estuvieron presentes para ver los resultados, y terminaron más que molestos porque todos fueron negativos. Después sugirieron que debía ser algún tipo de poción, así que Severus revisó el cuarto de Draco, con Pansy presente, pero no encontró nada que pudiera causar esa reacción.
Aún así, cada vez que alguien entraba en contacto con Draco, perdía la sensibilidad en los brazos, sin importar con qué brazo lo haya tocado.
Lo malo fue que Draco prohibió a Scorpius que lo siguiera; porque con él se hubiese podido deshacer de los Slytherin. Pero, no, él no quería exponerlo a semejantes cosas.
-Nott-. Espetó Pansy, con las manos en las caderas, e intentando una de las sonrisas maliciosas de Draco. Theo puso los ojos en blanco y suspiró con fuerza.
-¿Qué quieres, recordarme lo patético que soy?- Preguntó, tratando pasar junto a ella, pero los dos chicos enormes le cortaron el paso. -¿O vas a levantarme la mano, voluntariamente?
La cara de la chica pareció contraerse, pensando. -Tú sabes que nunca te lastimaríamos, Theo. Eres demasiado valioso para el Señor Oscuro, por tu estirpe, eres un gran soldado para él, ¿cierto?
Esa voz casi lo estremeció. Desde la muerte de Blaise, muchos se preguntaban sobre el futuro marido de la bruja. Desafortunadamente para Theo, al parecer era el siguiente en la fila, a pesar de su propio casi 'compromiso' con una estudiante de sexto año.
-Mi estirpe no tiene nada que ver con eso. Tú eres demasiado cobarde como para atacar a alguien cuyo padre fue famoso por tortutar a quien carajo quisiera, no era nada parecido a Lucius Malfoy, él hacía lo suyo y sólo seguía órdenes cuando eran directas. Yo soy igual, Parkinson. Atacando a Draco como lo haces, sólo pruebas lo cobarde que eres en verdad.
-Eso es una estupidez-. Dijo ella, desdeñosamente. -Malfoy se merece todo lo que le cae encima. Si fue tan idiota como para darle la espalda al Señor Tenebroso, entonces no puede arruinarse más. Además, es absolutamente inservible. Un marica como él no puede dar hijos, y esa es una de las cosas más importantes para un Mortífago: cuanto más apoyo podamos ofrecer a nuestro Señor, mejor.
-Eres una enferma, ¿sabes? Draco fue el más inteligente de todos nosotros; él supo cómo y cuándo salirse de todo esto. Yo no voy a asesinar inocentes para la causa de un loco-. Dijo Theo, mordazmente. -¿Acaso te has olvidado de lo que mi padre le hizo a Blaise? Él fue tu prometido, ¿o no?
-La madre de Blaise debía aprender su lección, por eso él ya no está con nosotros…pero eso no importa. Malfoy y tú andan demasiado juntos, y su relación con Potter es repugnante-. Levantó la nariz al aire, con la obvia esperanza de parecer elegante y poderosa. En cambio, recordaba aún más a un esponjado pug.
-Su relación con Potter es pura especulación-. Desestimó Theo, aunque sabía que allí había algo. Había visto los chupones que Potter dejó marcados en Draco. El del cuello era particularmente lindo y púrpura. Además, había visto al rubio sin camisa, después de una ducha, y tenía otro –descolorido y pequeño por el paso de los días-, en el pecho.
Parkinson no se convenció. –Todos han visto el chupón que tiene en el cuello, y todos los vimos en clase de Pociones.
Theo sonrió con malicia. -¿Y cómo sabes que no fui yo el que le hizo esa marca?
Eso pareció tomarla por sorpresa. -¿Te acuestas con él?- Claramente no lo había pensado. –Eso no es posible. No eres su tipo…
-Soy hombre...en verdad no hay otro tipo…sin embargo, lo último que supe fue que, ciertamente, los Gryffindor no eran su tipo.
Parkinson lucía ultrajada. Con unas pocas palabras, Theodore se las había arreglado para contrarrestar cada una de sus asusaciones sobre el rubio.
-Bien. Quédate con tu putito. Te estaremos observando, y puedes estar seguro de que esto llegará hasta el Señor Oscuro y él querrá tu cabeza por asociarte con ese traidor.
Descaradamente, Theo se paró frente a ella, sonriéndole con desprecio. –Mejor que él se quede con mi cabeza antes de que me dé tu mano.
Con un gruñido y ladrándoles órdenes a sus lacayos, giró sobre sus talones y se alejó de Theo.
Él casi dio un salto al escuchar, detrás suyo, la voz de Scorpius. No pudo evitar reír por sus palabras.
-Entonces, ¿siempre fue una perra?
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La nieve comenzó a caer con fuerza. Faltaba una semana para Navidad, la mayoría de los alumnos ya habían sido enviados a sus casas. Sólo permanecían unos cuantos, los que no querían regresar por seguridad y los que no eran bienvenidos en sus hogares.
Naturalmente, eso significaba que Harry y Draco permanecían allí, porque no eran bienvenidos.
Hermione, Ron y Theo sabían que era muy riesgoso que viajaran a sus casas, y por eso, también ellos se quedaron. Difícilmente otros Gryffindor escogieran lo mismo, excepto por Ginny y Neville. La mayor parte de los Slytherin ya habían partido hacia sus hogares, para ser participantes voluntarios en cualesquiera planes sus padres los involucraran. Los Ravenclaw y los Hufflepuff andaban por aquí y por allí, pero en realidad, nadie les prestaba atención; todos tenían otras cosas en sus cabezas.
Como por ejemplo, un picnic.
Si hubiesen estado en primavera, instantáneamente todo estaría bien. Desafortunadamente, a Scorpius se le había metido en la cabeza que el invierno era la mejor estación para ese tipo de cosas y había usado sus grandes ojos para su beneficio; con una expresión en la cara que ningún Malfoy debería poner, suplicó –otro rotundo 'no' para un Malfoy – hasta que sus padres accedieron.
Concedido, no le tomó demasiado convencer a Draco. Todo lo que debió hacer fue decirle que él estaba dispuesto a pasar todo el tiempo patinando en el hielo, mientra ellos dos -Draco y Harry-, podían quedarse acurrucados bajo una manta.
Fuertemente ruborizado, Draco aceptó, pero sólo si Scorpius convencía a Harry.
De allí la mirada de cachorrito que le mostró al Gryffindor.
Inicialmente, Harry se había opuesto a la idea, pues seguía con las palabras de Arthur en la mente. De hecho, se había mantenido a distancia de esos dos, como nunca. Y por alguna razón, eso pareció molestarles a Hermione y a Ron.
Sin que Harry lo supiera, ellos comenzaron a construir su relación y decidieron no decírselo, para que en caso de que no resultara, ese hecho no causara una grieta en su amistad. Y ahora, que Harry parecía haber perdido el interés en los rubios y volvía a andar con ellos mucho más que antes, casi de repente perdían su privacidad y se ponían cada vez más nerviosos. Por eso, cuando Harry mencionó el picnic, ambos lo apoyaron con entusiasmo. Otra vez, la confusión lo golpeó con fuerza. Sin embargo, un segundo ataque de súplica de Scorpius fue demasiado para el moreno y accedió a irse de picnic con los Malfoy.
Naturalmente, Harry fue encargado de la comida y esas cosas. De acuerdo a lo que decía Scorpius, Dobby lo siguió después de Hogwarts, convirtiéndose en el elfo doméstico de la familia. Lo primero que hizo Scorpius cuando entró con Harry a la cocina, fue abrazar al pequeño elfo. Asombrado por la reacción del rubio, el elfo les preparó lo que querían, antes de mandarlos afuera –aún ligeramente perturbado-.
-¿Crees que podrías enseñarme a volar en escoba?- Scorpius preguntó a Harry, caminando junto al lago con sus padres, y cargando la pesada canasta de comida.
-¿Tu padre no te enseñó?- Preguntó Harry, a su vez, levantando una ceja en dirección a Draco. -¿Sabes que es buscador, no?
-Tú también lo eres, y yo siempre quise aprender del mejor.
Draco empujó al otro rubio, jugando, y lo observó tambalearse para mantener el equilibrio. –Yo soy el mejor, niño, no Potter. Ni por asomo.
-Seguro. Por eso Gryffindor siempre le ganó a Slytherin-. Harry sonrió con malicia, y su mirada se detuvo más de lo que debía en Draco.
-Yo te dejo ganar.
-No me imagino que tu padre se alegre demasiado por eso.
-Como sea-. Scorpius suspiró pesadamente, interrumpiendo la discusión. –Era muy chico para que mi papá me enseñara, y mi padre no quería verme sobre una escoba por miedo a que me lastimara. Por eso, esperaba que tú pudieras ensañarme, Harry. Siempre quise aprender; no necesito ser increíblemente bueno como tú o mi papá; sólo quiero elevarme en el aire, quiero aprender a volar. Parece algo tan divertido-. La expresión de su cara era de dicha; la idea de elevarse en el aire fue una aspiración de los muggles desde siempre; por haber sido criado casi completamente en un entorno muggle, Scorpius conservaba esa mentalidad. –La gente con la que crecí apenas podría imaginarse algo así, pero si aprendo a hacerlo, ya no tendré necesidad de imaginarlo.
Harry desacomodó el cabello de Scorpius. –Te entiendo. Me pasaba exactamente lo mismo, pase todos esos años como muggle, hasta descubrir que había tantas cosas increíbles que podía hacer. En verdad, la primera vez que volé fue para atrapar a tu papá. El pendejo le robó la recordadora a Neville y la arrojó hacia el Bosque Prohibido, tuve que lanzarme a atraparla. Sorprendentemente, sus brazos de mariquita resultaron buenos para arrojar cosas-. Sonriendo brillantemente, Harry miró a Draco, para mostrarle que no lo decía para herirlo. A cambio, Draco cerró la distancia entre ellos mientras caminaban y le tomó la mano. –Te enseñaré, pero sólo si tu papá está de acuerdo.
Por primera vez, Scorpius no llevaba la capa de invisibilidad. Lo decidieron debido a que casi no había gente en el colegio, y nadie andaba por los terrenos. Ante las palabras de Harry, giró con rapidez, sonriendo como el chico más feliz de los alrededores. -¿De verdad?
-Bueno, honestamente creo que tu papá debería ser quien te enseñe...
Scorpius volvió los ojos hacia Draco, suplicándole en silencio.
Si Harry Potter no fuese el padre de Scorpius, probablemente tendría reparos en que otro hombre le enseñara algo tan importante a su hijo, pero como era Harry, Draco no veía nada malo en ello, y sabía que Scorpius pensaba lo mismo.
-Me parece bien-. Respondió Draco, encogiéndose de hombros.
-¿Estás seguro?- Preguntó Harry, con despreocupación y con sus dedos aún entrelazados con los de Draco.
-Sí, pero eso no significa que soy menos jugador que tú.
Harry rió, súbitamente no deseaba nada más que envolver su cuerpo alrededor de Draco y besarlo con fuerza. Era algo tan típico del temperamento de Draco decir algo así, aunque todos supieran que Harry lo doblegaba en cuestión de talento.
Con rapidez desechó ese pensamiento, tener en su mente palabras como 'doblegar', no era una buena idea;especialmente cuando estaba tan cerca de Draco.
Desde esa vez en la Sala Multipropósitos, los sueños comenzaron a golpearlo duramente, las imágenes eran mucho más vívidas que antes. Unos meses atrás, sus sueños eran sobre él, obteniendo placer de Draco. Ahora, eran sobre saciar el placer de ambos; soñaba con complacer a Draco antes de quitarse su propia ropa, soñaba con hacerle el amor, no con tomarlo a la fuerza. Casi temía pensar en lo profundo que estaba calando todo esto en él.
Su mano apretó la de Draco, se la llevó hasta la boca y besó el dorso, dulcemente.
¡Merlín, se estaba enamorando de este chico!
Llegaron al árbol escogido por Scorpius, y no tuvieron más remedio que observar cómo el más joven de los Malfoy organizaba todo. Primero puso una manta, colocó la comida en el medio y después una segunda y tercera mantas contra el árbol. Draco fue el primero en deslizarse bajo una de ellas. Harry lo siguió, atrayendo al rubio lo más posible. Ambos sabían que en el momento en que Scorpius se alejara sobre el hielo, ellos tendrían que luchar por controlarse.
Scorpius se acomodó junto a su papá, antes de alcanzar el termo de chocolate caliente.
-¿Extrañas el quidditch?- Preguntó Scorpius, buscando conversación. Draco debió renunciar al equipo, era obvio a quién estaba dirigida la pregunta.
-Sí, un poco. Pero es mejor así. No quiero ni pensar con cuanta frecuencia me lanzarían bludgers-. Se acurrucó contra Harry, sintiendo que el adolescente más alto envolvía un brazo alrededor de su cintura. –Potter no puede estar en todos lados para protegerme.
-Cállate- Lo amonestó Harry, divertido. –Yo no soy tu caballero, aunque tú sí que eres una damisela en peligro, un poquito, ¿no?
-¡Ah, tu humor me parte de risa!- Respondió Draco, cínicamente. –Apuesto a que Potter echa de menos la competición.
-Quisiera haberlos visto jugar uno contra el otro-. Admitió Scorpius, con cierto capricho, siempre había querido ver volar juntos a sus padres trás la misma snitch. Tomó otro sorbo de chocolate caliente y se dedicó luego a las galletas de Dobby. –Extraño la comida de Dobby.
-Me lo imaginé-. Sonrió Harry, contando el modo en el que Scorpius reaccionó hacia el elfo doméstico, a pesar de que le había suplicado que no le contara a su papá.
No pasó mucho, antes de que Scorpius tuviera el estómago lleno y se dirigiera al hielo. Para asombró de los dos, transformó sus zapatos, agregándoles dos cuchillas, con una varita que sacó de su bolso.
-Creí que eras prácticamente un squib-. Dijo Draco, secamente, mirando la cara sonriente de su hijo.
-¿Y de dónde sacaste eso?- Preguntó Harry, mirando la varita que Scorpius tenía en la mano.
-Puedo hacer unas cuantas cosas, papá-. Scorpius sonrió. –Y esta es una varita indetectable del futuro. Ni siquiera ha sido hecha, todavía. Está bien-. Hizo un gesto descuidado y se alejó tambaleándose.
Ahora que la manta quedó libre, Harry la extendió sobre su regazo y el de Draco, disfrutando el calor extra. –Es un chico loco-. Murmuró, besando la mejilla de Draco.
La sonrisa de Draco quedó escondida rápidamente cuando se acurrucó contra el hombro de Harry. –Me alegra que hayas venido. Creo que estoy enamorándome de ti, Potter.
El brazo que rodeaba la cintura de Draco apretó más y Harry besó con insistencia la mejilla de Draco, y luego sus labios se desplazaron hacia su boca, besándolo suavemente.
-¿Esto no le molestará a Scorpius?- Preguntó cuando se separaron. Draco se encogió de hombros.
-No tiene problemas, siempre y cuando termine junto a su padre.
-¿Las cosas no van bien con Nott?
La mano de Draco volvió a encontrar la de Harry y entrelazó sus dedos. -Theo no es su padre.
-¿Y tú cómo lo sabes?
-Quema, ¿recuerdas?
-Entonces, ¿el padre de Scorpius soy yo?
-¿Te molestaría?
Esos dedos apretaron. –Me molestaría si no lo fuera-. Harry se separó de Draco para acomodarse. Se acostó de espaldas, aún tapado por las mantas, e invitó a Draco a su lado. El rubio aceptó, por supuesto, deslizándose y acurrucándose junto a él.
-¿Aunque eso signifique que debas casarte conmigo?
Harry rió, abrazándolo. -Puedo imaginarme un destino peor, Malfoy.
-Draco-. Harry levantó una ceja ante la corrección. -Mi nombre es Draco.
-Tú sigues llamándome por mi apellido.
-Y ahora, tachemos eso, Harry.
Amó el sonido de su nombre saliendo de esa boca, le recordó ese episodio caliente y su sangre corrió hacia una dirección no tan inocente.
Draco se levantó sobre un codo, para mirar no sólo a Harry, sino también a Scorpius, en el lago. El chico era tan grácil, como debía ser todo Malfoy.
-Parece que su padre lo llevaba a patinar bastante-. Mencionó Draco, señalando a Scorpius con la cabeza. -Supongo que es algo bueno, por lo menos allí se divertirían-. Sus ojos reposaron en Harry. -¿Te gusta patinar sobre el hielo?
-Nunca lo hice-. Respondió Harry, aunque su mente estaba un tanto distraída por la mano de Draco, que se deslizó bajo su camisa. -¿Necesitas un revolcón, no?
-Sí-. Dijo, y se inclinó juntando su boca con la de Harry.
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Hermione sonrió brillantemente als sentir que un par de brazos la abrazaban por el medio, compartiendo el calor de su cuerpo con el que estaba detrás.
-Eso sí que es descarado de parte de esos dos-. Murmuró Ron, en la oreja de Hermione, al ver a Harry y a Malfoy bajo un árbol, por una de las ventanas del castillo. -Y además, enfrente del chico.
-No creo que estén haciendo nada-. Argumentó ella.
-Sí, pero están actuando como si fuese Harry el que se casará con Malfoy-. Hermione hizo una pausa. Por la cercanía, Ron pudo sentirlo. -¿Qué pasa?
-Scorpius me dijo quién es su padre.
-¡Merlín, querido! ¿En qué se metió Harry?- Preguntó Ron, comprendiendo. -¿Será el marido de Malfoy? Eso es...ni más ni menos que una locura...
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-¿Sabes que lo dejaremos marcado mentalmente, no?- Murmuró Harry, ahogando un gemido cuando sintió que Draco chupaba su cuello con fuerza.
-Usa un cuello alto-. Replicó Draco, lamiendo la marca que acababa de hacer. -Además, no creo que le importe.
-¿Por qué no?
-Bueno, si realmente eres su padre, como creemos, entonces todo va como debería, ¿no?-. Volvió a presionar sus labios contra los de Harry en un beso muy rápido, y volvió a mirar a Scorpius. El chico estaba en su propio mundo. -¿Cuántas son las chances de que nos casemos, de todos modos? Somos demasiado diferentes como para que funcionemos juntos, ¿verdad?
Los brazos de Harry rodearon a Draco e hicieron que el cuerpo del rubio se curvara alrededor del suyo; descansó la cabeza sobre el pecho. -Cuando era niño, ni soñaba en que alguien me amara o quisiera casarse conmigo. Los muggles que me criaron me odiaban; mi primo me golpeaba en cada oportunidad que tenía, ya fuera enfrente de mi tío, en la casa, o en la escuela. Mi tía me forzaba a hacer jardinería y a cocinar; y si hacía algo mal, mi tío me encerraba en mi armario. Así que la idea de tener una familia que me amara era extraña para mi.
La mano de Draco se apoyó en la cadera de Harry. ¿Alguna vez respondiste a los golpes?
-Era tres veces más grande que yo.
-No dijiste que tu tío te atacara...
Harry rió, besando la frente de Draco. -Mi primo era del tamaño de una ballena adolescente, Draco. No podía responderle, lo único que podía hacer era salir corriendo. Pero, bueno, tu familia tampoco es la familia más cariñosa que hay.
-Sí, lo es-. Exclamó Draco, con voz suave, mirando a su futuro esposo y padre de su hijo. -Te tengo a ti y a Scorpius, y somos tan cariñosos como nos es posible.
Esas palabras le cortaron la respiración a Harry. -No tienes permitido decir ese tipo de cosas-. Decidió Harry, después de un rato. -Me detienes el corazón cuando lo haces.
-Y no queremos que eso pase justo ahora, ¿no?- Pinchó Draco, bajando la mano hasta el cierre de Harry. -Ese es el plan real del Señor de las Tinieblas; quiere que yo te mate con mis proezas sexuales y mis palabras amorosas y agradables.
-Bueno, no uses ninguna de esas proezas sexuales mientras Scorpius nos tenga a la vista.
Suspirando profundamente, Draco quitó la mano y volvió a colocarla a salvo, sobre la cadera. -Tenemos que encontrar una mejor oportunidad para esto.
-Un picnic de invierno con la familia puede que no lo sea.
Draco rió con suavidad, besando ligeramente el cuello de Harry. -La Familia.
Apretando sus brazos alrededor del cuerpo de Draco, Harry hundió la nariz en el cabello rubio. Verdaderamente, no había nada mejor que el tiempo que pasaba con estos dos hombres.
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El frío no era problema para Remus y Severus; porque habían pasado unas cuantas horas, juntos, en la cama de Remus. Tonks había salido por unos asuntos y volvería ese día, así que allí estaban aprovechando lo más posible, antes de que ella regresara.
Remus se deslizó, separándose del cuerpo de su amante, completamente saciado, y sudoroso, y pegajoso. Se pegó a un lado de Severus y sus manos permanecieron en la piel del hombre. Había perdido la cuenta de cuántas veces este hombre lo había llevado al paraíso, ida y vuelta, en las horas pasadas. Severus pasó un brazo sobre los hombros de Remus, acercándolo, y recibió un beso tierno sobre el hombro.
-Te amo-. Murmuró Severus, suavemente, sus dedos recorrieron el cabello húmedo de sudor de Remus. -No me importa lo que haya dicho Scorpius. Déjala. Odio la idea de que alguien que no sea yo pueda reclamarte.
-Lo sé-. Una mano tomó la mano libre de Severus y entrelazó sus dedos. -Me encargaré de eso.
-Bien-. El brazo de Severus se tensó y volvió a colocar a Remus debajo suyo, mientras sus bocas se amoldaban en la danza familiar. Sabía que nunca tendría suficiente de este hombre -lo deseaba constantemente, con una ferocidad que no hubiese creído que pudiera sentir un hombre a su edad-. Remus era tan bueno para él; estaban hechos uno para el otro, y ambos lo sentían en cada momento que pasaban juntos. El fuego crecía y crecía.
Severus apenas presionaba sus caderas contra las de Remus, cuando la puerta se abrió y una valija chocó audiblemente contra el piso de mármol. Los dos levantaron la vista rápidamente, para encontrarse con Tonks, parada en la puerta, mirando asombrada la escena. La predicción de Scorpius se había hecho realidad.
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Era muy raro que hubiera algo que le revolviera el estómago a Lucius Malfoy. Así que cuando su estómago se retorció por lo que tenía delante, supo que era algo muy, muy malo.
Sentado despreocupadamente en su sillón habitual, estaba el Señor Oscuro, haciendo que el mueble gastado pareciera el más regio de los tronos; vestido con su túnica elegante y con una expresión de absoluta satisfacción en el rostro. Eso no era nada nuevo, ni nada para preocuparse: estaba sentado frente un fuego vivo que calentaba el aire helado que los rodeaba. Era un día normal de su señor.
Sin embargo, existía una ligera diferencia.
Lucius nunca antes había visto a esa criatura, por lo menos, así lo creía.
Apoyada sobre un brazo del sillón, estaba tal vez, la más espantosa y a la vez la más hermosa criatura que haya visto jamás. Era humanoide, claramente femenina, y estaba sentada en el sitio de privilegio que Voldemort sólo concedía a su serpiente. Su cara era deslumbrante, sus ojos amarillos brillantes miraron a Lucius; tenía la boca cerrada, labios llenos y rojos y la más pequeña de las narices. Y allí terminaba lo típico de su belleza; sus mejillas estaban cubiertas de pequeñas pecas, que bajaban por la mandíbula y la barbilla. Lucius las observó fijamente y dedujo que se trataba de escamas, que seguían bajando y pasaban el borde de su ropa. El cabello comenzaba bastante más abajo de la línea usual en los humanos, y caía en mechones pesados, pasando los hombros y sobre la espalda. Parecía completamente intrigada por él, acariciándolo con sus extrañas manos -al parecer diminutas, hasta que descubrían sus garras letales-. En las muñecas comenzaban las escamas; debajo de una larga falda, asomaban las piernas, finas y también cubiertas por escamas. Virtualmente, no tenía pies -que Lucius pudiera ver-.
Se le hacía difícil sentarse, por eso estaba apoyada contra el respaldo del sillón; el movimiento causó que abriera la boca, permitiéndole ver dos largos colmillos que reflejaron la luz del fuego.
-Tiempo atrás-, comenzó Voldemort, pasando una mano por las largas ondas del cabello de la criatura, -conocí a la criatura más hermosa. Tenía ocho años, los más increíbles ojos que haya visto, Lucius. Amarillos, ¿puedes creer que existiera una niña con semejante color de ojos? Me dejó sin respiración; yo era muchos años mayor, y aún así, no pude sacármela de la cabeza y casi diría que sentía timidez como para acercarme a ella-. Rió, pensando en su comportamiento, y continuó. Ella notó que él hablaba, pero no parecía comprender nada. En cambio, él le tomó la mano y le besó la palma. -La encontré aquí, en Inglaterra, pero ella no entendía ni una palabra de inglés. Intenté con cuanto idioma imaginable, pero no me respondió. Y entonces, cuando estuve a punto de darme por vencido con la comunicación oral, ella siseó. Era una hablante de pársel, como yo. Esa preciosa niña hablaba el lenguaje de las serpientes. Creo que me enamoré en ese mismo momento.
-¿Mi...mi señor?- Preguntó Lucius.
-Silencio, esclavo. Mi historia es importante-. Lucius inclinó la cabeza, obediente. -No pasó mucho tiempo hasta que descubrí que mi pequeño amor era el experimento de un loco; había nacido serpiente y alguien la usó para aumentar sus habilidades, conviertiendo a mi bella niña en humana con hechizos tan imperdonables que no podrías imaginarlos-. Despejó la cara de la criatura, acomodándole el cabello y ella se apoyó sobre su hombro. -Durante años, me suplicó que volviera a convertirla en su forma original. Era demasiado tortuoso para ella tener piernas y brazos-. Besó tiernamente la frente de la criatura. -¡Me tomó tanto tiempo poder hacerlo! Pero, lo logré. Ha estado a mi lado todo este tiempo, esta hermosa mujer siempre ha estado a mi lado.
-Nagini-. Comprendió Lucius, con la boca seca, mirando a la mujer apoyada sobre el Señor de las Tinieblas.
-Sí, ese el nombre de esta maravilla. El mes pasado me pidió que la transformara, por lo menos por unos días, y yo nunca he sido capaz de negarle nada. No es una transformación perfecta, pero aún así, es hermosa.
Realmente, Lucius sintió que se le revolvía el estómago. El hombre tenía un reptil por amante. -Si no le molesta que pregunte, mi señor, ¿por qué me mandó a llamar?
La cara de Voldemort, instantáneamente perdió la expresión enamorada.
-Escuché rumores sobre tu hijo. Dicen que está involucrado, sexualmente, con Harry-. Usó el nombre con cariño, como si se tratara de un amigo cercano. -Como puedes imaginarte, no estoy contento con eso, exactamente. ¿Qué es lo que harás para arreglar ese tema?-
El rubio no hallaba palabras. Su relación con Draco había quedado destuída desde que no quiso ser marcado. De hecho, no habían intercambiado ni una palabra desde entonces. Era bien sabido entre los Mortífagos que Draco había pedido ayuda a Dumbledore, aunque nadie conocía el por qué. La razón se había debatido sin cesar entre sus padres, pero no habían llegado a nada.
-¿Lucius?- Presionó Voldemort.
-Narcissa y yo lo hemos discutido varias veces, y no hay mucho que podamos hacer, excepto desheredarlo...
-¿Y por qué no lo han hecho todavía?
-Mi esposa está muy apegada a nuestro hijo y no quiere que yo tome ese camino.
Los ojos rojos lo miraron con furia. -Tú estás a cargo de tu familia, ¿verdad? No debería ser tan complicado para ti tomar la iniciativa y desheredar a tu hijo.
Lucius bajó la cabeza, otra vez. -Sí, mi señor.
-¿Y qué pasa con su relación con mi enemigo?
El estómago de Lucius se retorció. La idea de su hijo involucrado con Harry Potter era aterradora.
-No he hablado con mi hijo desde hace meses, mi señor. No puedo estar seguro de que esa relación exista...
-Harry Potter sería un extraordinario yerno, ¿no te parece? Me imagino que tu hijo heredará un singular legado, como nuestro querido Harry. Además, cualquier niño criado por ambos podría ser increíblemente poderoso. Por mucho que me desagrade tu hijo, seré de los primeros en admitir que el chico es fuerte para su edad-. Suspiró profundamente. -Sus habilidades en Pociones son prometedoras. Es una lástima que tengamos que perderlo a causa de sus hormonas.
-Traté de enseñarle mej-
Un simple movimiento de mano de Voldemort hizo que el hombre cerrara la boca inmediatamente. -Has fallado como padre, Lucius.
Eso fue todo lo que dijo Voldemort sobre el tema, y despachó al rubio.
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Tomados de la mano, harry y Draco se le unieron a Scorpius sobre el hielo. Como Harry nunca antes había patinado, Draco lo guiaba y lo estabilizaba.
-Es como caminar, Harry. Un pie delante del otro.
La sonrisa en el rostro de Scorpius se hizo más amplia, cuando oyó que su papá llamaba a su padre por su nombre.
-Sí, pero la diferencia es que no tenemos absolutamente nada de fricción, puedo sentir que las cuchillas se deslizan cuando me muevo-. Respondió Harry, un tanto cauteloso, tratando de deslizarse por los alrededores. -Te odio, Malfoy, de verdad-. Sin embargo, la sonrisa en la cara lo contradijo.
-Es una cosa más para aprender. No hay nada malo en eso.
-Hay algo enormemente malo si puedes tropezarte y rebanarte los dedos con una cuchilla-. Discutió Harry.
Draco rió suavemente y le apretó la mano. -¿Y si tú te haces cargo, Scorp?
Scorpius sonrió, regresando y tomando la mano libre de Harry.
