Esta es una traducción de 'When time isn't enough', original de Jinko

Capítulo quince: Hades, dios griego de la muerte

No sé cuantas veces borraron el incidente de mi memoria, pero siempre se las arregló para volver a mi.

Ocurrió el día después de que tío Sev me dijo que papá había muerto, y que no regresaría. Mi padre lloraba demasiado como para decirme nada.

Todos trataron de consolarme, pero era obvio que mi padre necesitaba más ayuda. En ese entonces, yo no entendía lo que era la muerte, lo único que sabía era que papá no regresaría y no iba a poder terminar el libro que estaba leyéndome.

Esa mañana, sin embargo, cuando mi padre estaba sentado a la mesa, llorando, yo encontré una caja en el vestíbulo. Me llegaba hasta las rodillas; era una simple caja de cartón, cerrada, con su tapa plegada.

Como hubiese hecho cualquier niño de mi edad, la abrí.

Y allí es cuando se niebla todo. La abrí, y recuerdo que mis manos lucharon con los bordes, metí una mano y mis dedos rozaron algo tan suave... Era como papá, eso fue lo primero que pensé. Lo que fuera, me recordó al cabello de papá. Y también lo parecía.

Cuanto más tocaba, más húmeda se ponía la caja. La sensación de cabello suave, pasó, hasta que sentí algo frío. Necesité mis dos manos para sacar lo que había dentro de la caja.

Gracias a mi memoria alterada, todo lo que me quedó, fue una imagen de la cara de mi papá, seguida por mis gritos. No puedo recordar lo rápido que mi padre llegó a mi lado, me levantó y me abrazó. No tengo idea de cuánto tiempo, pero sé que yo seguí gritando por mi papá hasta mucho después de que mi padre me cargó por las escaleras, diciéndome que me calmara y me concentrara en él. Tenía las manos mojadas y el trasero frío, sentado en un banco en el baño y él me lavó las manos y los brazos. Me sacó la camisa y la quemó con un hechizo, luego lavó mi cuello y mi barbilla. Yo no me había dado cuenta de que me los había ensuciado, pero cuando alejó el paño, estaba rojo.

Mi padre siguió besandome la frente, diciéndome que todo iba a estar bien. Pero, algo me decía que no era así. Me ardían los ojos de tanto llorar y mi garganta...debo haber estado llorando por un muy largo tiempo.

Me acostó en su cama -la que compartía con papá- y me acurruqué junto a la almohada de papá, luego, con una poción, me hizo dormir mágicamente.

-xx-

Después de eso, cuando bajé, no pude encontrar la caja. Había algo dentro, y yo quería verlo.

Hallé al Tío Severus y a mi padre, hablando en la sala; mi padre estaba acurrucado en un rincón, sostenía algo contra su pecho y se mecía. Tío Severus no estaba contento.

-Tienes que entregármelo-. Le dijo a mi padre; él lo miró y lloró.

-Pero ella es mi bebita-. Replicó mi padre, temblando con más fuerza. –Es mía y de Draco...

-Es un cadáver, Harry.

Lo que fuera que mi padre sostenía, lo abrazó con más fuerza contra su cuerpo. -¡Es Lily!

Después, no recuerdo mucho más.

Cuando empecé a soñar sobre esto, mi padre me llevó a un doctor y él me borró la memoria. Eso sucedía, al menos, una vez al año. Mi padre no quería que yo recordara nada de eso. La cosa era, sin embargo, que había olvidado las imágenes principales o los hechos, pero recordaba los sentimientos. Mi padre me oía gritar en medio de la noche, me sacudía para despertarme y me cargaba hasta su cama. Esas eran las únicas veces que dormía con él.

Pero, cuando él murió, y volví a tener esa pesadilla, le pregunté al tío Severus,y finalmente, él me contó la historia completa.

Voldemort envió esa caja a nuestra casa. Nunca supieron cómo llegó, o cómo pasó las barreras protectoras, pero él la envió.

Había dos cosas dentro de la caja. Lo que yo toqué y saqué de esa caja sangrienta fue la cabeza de papá, y cuando mi padre me encontró, yo la estaba abrazando, llorando y gritando -y el frente de mi camisa estaba cubierto de sangre-.

La segunda cosa, era de lo que hablaba tío Severus. Voldemort arrancó a mi hermanita del útero y le rompió el cuello frente a mi papá; luego, envió su cuerpo a casa, con la cabeza de mi papá. Hicieron la prueba de ADN y todo eso, y lo que abrazaba mi padre, era el cadáver de Lily.

Cuando mi padre murió, no quedó nadie que me consolara después de la pesadilla.

-xxx-

Scorpius despertó sobresaltado, gritando y temblando.

-xx-

A diferencia de su contraparte, Harry no estaba acostumbrado a que se treparan a su cama, así que, cuando sintió que el colchón se hundía, apuntó al intruso con su varita.

La dejó caer, rápidamente, cuando se encontró con un par de ojos esmeraldas mirándolo fijamente.

-¿Scorpius?- Siseó, un momento antes de que el rubio adolescente lo tacleara, forzándolo a acostarse en la cama, y segundos después, Scorpius se quebró, sollozando sobre su hombro.

Velozmente, Harry aseguró su privacidad con varios encantamientos silenciadores y para que nadie pudiera traspasar las cortinas.

-¿Qué pasa?- Susurró, abrazando con fuerza a su hijo. Scorpius no pudo darle ninguna información, sólo lloraba aferrándose a la camiseta del pijama de Harry. –Está bien, está bien.

Harry los meció a los dos, con movimientos consoladores, recorriendo con sus manos los brazos y la espalda de Scorpius.

-¿Es tu papá?¿Le pasó algo a tu papá? ¿Está bien?

El rubio seguía sin poder decir nada.

-¿Fue una pesadilla? Por favor, Scorpius, háblame. Estoy preocupado por tu papá.

Scorpius asintió con la cabeza y sus sollozos se hicieron más fuertes.

Harry exhaló, aliviado. Se había preocupado, realmente, por la salud de Draco. Envolvió sus brazos alrededor del chico, sabiendo exactamente cómo se sentía. Él luchó durante años con sus propias pesadillas y su pasado, tal como debió hacer Scorpius, por eso no lo sorprendía que también las sufriera.

Y sea lo que sea, sobre lo que haya sido la pesadilla, debió ser infernal.

-Sé que, probablemente, no quieras hablar sobre ella; yo tampoco, nunca quise hablar sobre mis pesadillas. Todos querían que les contara, pensando que me ayudaría, pero yo sé que no es así como funciona. La única manera de que te sientas mejor es con tiempo, ¿verdad? Supongo que la vida no ha sido fácil para ti. Tu padre no parece haber sido el más compresivo de los padres y perdiste a tu papá siendo muy pequeño-. Acarició el cabello de Scorpius hacia atrás, esforzándose muchísimo por consolar al chico. –Puedes volver a dormir, Scorpius. Estoy aquí, y todo estará bien...bueno, en algunas horas iremos a desayunar y veremos a tu papá.

-¡No!

Scorpius se sacudió violentamente, objetando.

-¿Fue una pesadilla sobre tu papá?- Preguntó Harry, suavemente. Sintió que el otro adolescente se tensaba. –Entonces, no lo veremos hasta que estés preparado-. La manera en que las manos de Harry jugaban con el cabello de Scorpius, comenzó a calmarlo. No era diferente a cómo solía tratarlo su padre.

-Hace unos años, yo perdí a alguien a quien amaba-. Continuó Harry. -Y no quise hablar de eso. Pensándolo bien, probablemente actué como un pendejo cuando pasó. No quería admitir que él ya no estaba. Supongo que eras demasiado pequeño cuando murió tu papá, como para darte cuenta de lo que estaba pasando...

-Él no murió-. Interrumpió Scorpius. -Lo mataron. Fue asesinado. Hay diferencia entre morir y ser asesinado. La muerte es algo natural, pero el asesinato es algo imperdonable. Se arrebata más que una vida cuando se asesina, se arrebatan las almas de los que amaban a esa persona. Después de que mi papá fue asesinado, la mitad del tiempo, mi padre sentía que no podía respirar. Los asesinos arrebatan todo...y cuando te lo devuelven...- Las palabras de Scorpius se quebraron y comenzó a llorar con más fuerza.

Fue entonces, que Harry se dio cuenta de que la pesadilla no era sólo un sueño. Lo que sea que soñó, también lo vivió.

Solamente pudo preguntarse, qué sería eso que 'le devolvieron'.

-Los asesinos merecen ver las caras de todos lo que han lastimado, merecen que le quiten las almas. Voldemort debería ser torturado hasta el final de los tiempos, debería ser forzado a sentir lo que se siente cuando se pierde a alguien que se ama. Debería conocer el dolor y el sufrimiento...¡mis padres nunca merecieron pasar por lo que él les hizo!

Era la primera vez que Harry veía tan perturbado a Scorpius, estaba demasiado acostumbrado a verlo sonreír. Estas lágrimas, por cierto, no cuadraban con el adolescente rubio, pero Harry sabía por lo que estaba pasando el chico. ¿Cuántas veces, él mismo deseó no ser quién era? Y, si Scorpius, en verdad, era su hijo, entonces el pobre chico debía sentirse igual, sólo por quiénes eran sus padres. La combinación de Harry Potter y Draco Malfoy no sería pasada por alto por Voldemort. De seguro, querría apoderarse de la vida del hijo creado por su enemigo mortal y por el traidor.

Eso le recordó la vez que Scorpius admitió que él había sido un secreto para el mundo mágico. Voldemort nunca descubrió su existencia. Supo de Lily por pura casualidad, un espía vio a Draco en el mundo muggle. En cambio, Scorpius había sido forzado a estar fuera de la mirada pública, para mantenerlo a salvo. Si hubiese ido a Hogwarts, todo el mundo hubiese sabido quién era, también Voldemort. Para Harry, era lógico mantenerlo fuera de la atención pública.

Pensándolo bien, Harry dio un respingo. Si él era el padre de Scorpius, había sido un idiota absoluto, por lo que le hizo. El chico odió esa vida, no se le permitió hacer nada de lo que quiso. Sus amigos muggles no tenían permitido visitarlo, y raramente lo dejaban salir de la casa. Además, odió su vida en la escuela, y todo a causa de su padre sobreprotector. Seguro que su padre hizo lo correcto, protegiéndolo. Pero, no lo dejó ser feliz... De seguro, Harry pensó que él se hubiese arrepentido, como sin duda, se arrepintió el padre de Scorpius, hasta el momento en que Voldemort lo asesinó.

Harry exhaló profundamente, estuvo tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Scorpius había dejado de llorar. Su cuerpo dejaba salir unos sollozos muy suaves, pero estaba profundamente dormido, aferrado a la camisa de dormir de Harry como si fuera su escudo.

Los brazos de Harry sostenían a Scorpius contra su pecho y lo miraba.

-xx-

Quería evitar las acusaciones que cargaban esos ojos. Puede que su matrimonio haya sido arreglado, pero había algunas cosas que Lucius no quería despertar en su esposa.

Una de ellas, era su ira.

Emocionalmente, ambos nunca fueron una pareja amorosa. De hecho, normalmente Lucius pensaba que ella era una mujer demasiado insulsa. Quiso dinero y obtuvo dinero. Él la dejó gastar dinero y murmurar, y hacer todos los cocteles y fiestas que quiso, la mantuvo alejada de sus negocios y ella lo mantuvo lejos de sus amigos. Así era el arreglo. Lo único en lo que los dos tenían algo que decir, era con respecto a su hijo.

Lucius agradeció que los dos, Narcissa y él, fueran fértiles -les tomo un solo intento y ella terminó encinta-.

Aunque Lucius no fuera para nada romántico en la cama, ella sí lo era, por eso, la vida sexual de la pareja era inexistente. Sólo estuvieron juntos una vez, la noche de bodas. Narcissa insistió en que tuvieran la boda de sus sueños, y que ese día involucrara la consumación de la unión. Lo que ella no sabía era que su marido tenía la intención de dejar su semilla en ella sólo esa vez, y así terminar con todo, antes de que ella cumpliera sus sueños.

Ah, cómo se había burlado, años después, de lo rápido que él acabó, especialmente cuando volvía a su casa después de una de sus tantas aventuras. Esas aventuras nunca le molestaron a Lucius.

Mierda, si él se involucró en varias, a través de los años. En público y en las fiestas de Narcissa, actuaban como el matrimonio perfecto, pero la verdad era que dormían en cuartos separados en la mansión y mantenían sus propios compañeros sexuales, con los que nunca se cruzaban. Excepto por una vez, una de las compañeras de una noche, de Lucius, se rehusó a irse antes del desayuno y bajó a saludar a Narcissa y a gloriarse de la buena noche que había pasado. Por supuesto, eso trajo a colación la noche de la concepción de Draco, y causó que la mujer -mucho más joven que Narcissa-, volviera a jactarse. Esta vez, sobre la resistencia de Lucius, y Narcissa se enfureció.

Sin embargo, Draco nunca supo nada de eso, cuando estaba en su hogar, Lucius mantenía los pantalones puestos y Narcissa juntaba las rodillas. Eran la imagen de la fidelidad, hasta se retiraban juntos a las habitaciones de Lucius, pero Draco no tenía la menor sospecha de que Narcissa usaba la chimenea del cuarto, para volver al suyo.

Las novedades de la traición de Draco los alteró a ambos. Narcissa sabía que pronto su hijo iba a ser blanco de los Mortífagos, y Lucius sabía que quedaría mal ante su amo por haber criado a semejante decepción para la causa.

Aunque, oír el lado de la historia de parte de Draco, cambió las cosas para Lucius. Su hijo sabía que iba a ser padre, sabía del hijo que estaba destinado a tener con Harry Potter.

Y, ahora que Lucius lo sabía, Narcissa también lo sabía. Lo discutieron en el estudio de Lucius: la idea de que serían abuelos era natural, por supuesto que su hijo debía reproducirse. Era la costumbre de los Malfoy, cuando llegaba el momento apropiado, producían un heredero. Sólo que ellos eran quienes le elegirían la esposa a Draco, no se suponía que él opinara nada al respecto, como tampoco lo hicieron Lucius y Narcissa. Simplemente, esa era la costumbre de los Malfoy, desde generaciones antes de Draco.

Scorpius. Ese era el nombre de su futuro nieto; era su propio segundo nombre, habían llamado al niño con su nombre. El niño era la razón por la que su hijo estaba en su contra.

Instantáneamente, Narcissa lo quiso. No quiso nada más que acelerar el paso de los años para poder ver a su único nieto, y quería ver a la niña que su amo iba a asesinar.

Lucius también lo quería.

Aunque el niño será parte muggle, porque será el hijo de Harry Potter. Sus nietos serán hijos de Harry Potter. Tal vez, esa era su peor pesadilla. Lucius hubiera preferido que su hijo se acostara y procreara con un squib o un muggle -podían ser desheredados o negados-, pero Draco declaró que amaba al Chico Dorado de Gryffindor. Su hijo estaba enamorado del enemigo de su señor, lo había admitido.

Los ojos de Narcissa seguían quemándolo.

-Bueno, ¿que sugieres que hagamos?- Preguntó Lucius, pasándose la mano por la nuca.

Era raro que los dos se pusieran de acuerdo en alguna cosa. Narcissa era una seguidora, cuando se trataba de tomar grandes decisiones, como esta, ella escuchaba a Lucius. Pero, cuando el involucrado era Draco, se complicaba un poco.

-No quiero seguir a una criatura que va a matar a nuestro hijo y a nuestra nieta-. Declaró Narcissa. -No quiero hacerlo. Quiero a mi hijo, lo traje al mundo, Lucius. Es importante para mi, así como todos los hijos que tenga, sin importar quién sea el otro padre.

Lucius asintió con la cabeza, coincidiendo con su esposa. -Nuestro hijo es nuestro futuro...

-¡No me digas semejante mierda, Lucius! No quiero oír que es nuestro fururo, que tenga un hijo o no, no es lo que hace valiosa su vida. Eso no lo hace más hijo nuestro y no debería ser el motivo por el que lo amemos.

El hombre se apoyó en el respaldo de su silla y suspiró profundamente. Detrás suyo, el fuego crepitaba, bañándolos en una luz que hacía parecer oscura la etérea piel de los dos. -No deberías cuestionar mi amor por mi hijo, Narcissa. Draco significa todo para mi, y sus hijos...mis nietos...

-No podemos seguir al hombre que hará daño o matará a nuestra familia.

-Soy consciente de eso-. Se masajeó la frente, repentinamente sintiendo el peso de sus años. -No podemos darle la espalda al Señor Oscuro, seríamos aislados, como lo fue Draco los meses pasados. Quiero prevenir cualquier ataque, si es posible...

-¡Más te vale que arriesgues tu vida por él, Lucius! Quiero a esos nietos, sabemos que tendrá dos bebés, y quiero que Draco sea feliz. Si ama a Potter, tanto como te dijo que lo ama, debemos asegurarnos de que eso suceda.

Ese pensamiento le daba dolor de cabeza a Lucius. Cuando a él lo forzaron a casarse con Narcissa, no estuvo contento con su familia. Sabía que Draco lo odiaría si le hiciese lo mismo, especialmente cuando ellos ya sabían que él amaba a alguien.

El ardor en el brazo, interrumpió sus pensamientos. Dió un respingo, como si fuera algo nuevo para él, y levantó la vista hacia su esposa. Narcissa nunca fue marcada, las mujeres quedaban asociaciadas por matrimonio, no había necesidad de marcarlas, ellas eran las incubadoras de los futuros Mortífagos. Sólo las más ávidas recibían la marca, y Narcissa no se contaba entre ellas.

-Probablemente sea él, quejándose porque Draco se niega a ser amigable-. Comentó Narcissa, maliciosamente. –Dale un saludo de mi parte, cuando vayas arrastrándote hasta él...No puedes permitirle que termine con la vida de nuestro niño. Draco te suplicó que le dieras diez años, ¿verdad?

Lucius negó con la cabeza, se puso de pie y tomó el largo trago de whiskey que había dejado a un lado, luego apareció adonde lo esperaba su amo.

-xxx-

Severus se estaba acostumbrando a esta rutina; deslizarse de entre los brazos de Remus se le estaba haciendo más fácil. Cada vez que sentía el pinchazo en el brazo, se las arreglaba para salir de la habitación sin despertar al hombre lobo.

Desde que Tonks los sorprendió juntos, en la cama, Remus se mudó a las habitaciones de Severus. Nadie hizo ningún escándalo por ello, aunque, una mañana, desde un rincón oscuro de su salón de clase, Remus vio al duplicado de Draco sonriéndole con malicia. Tonks fue la única que sufrió algún tipo de conmoción por las actividades extracurriculares de Remus con Severus, y se quejó por varias semanas. Rápidamente fue trasladada para trabajar como el ojo del Ministerio sobre políticos muggles. Por supuesto, no estaba abandonando su lugar en la Orden, pero no podía tolerar más la vida en Hogwarts. Ni siquiera se molestó en pedirle explicaciones a Remus, y eso a él le vino muy bien, el mismísimo día después del episodio, se mudó con Severus y ahí se terminó el asunto.

A medida que trasncurría el mes, Voldemort pareció ponerse más y más ansioso. Cuanto más avanzaba la transformación humana de su serpiente, más se alteraba.

Severus notó que no iba tan bien como esperaba, no estaba seguro si Voldemort lo hacía por su amante o si era para probarse a sí mismo que era mejor que el hombre que lo había logrado originalmente. Se decía que el hechicero marchito había sido Dumbledore, lo que apoyaba la teoría de Severus. Sin embargo, tenía que admitir que la relación el Señor Oscuro y Nagini era algo más allá de lo retorcido; y ahora que ella tenía una forma más humanoide, su interacción también era más humana. Le revolvía el estómago pensar que alguna vez, siguió a un hombre que se había enamorado de un animal.

Ahora, moviéndose casi mecánicamente, Severus se vistió y se preparó para salir, pero se detuvo cuando vio que los ojos de Remus lo seguían. Aparentemente, había despertado a su amante.

-Regresa a salvo-. Dijo Remus, con suavidad. Severus tuvo que luchar contra la sonrisa que amenazó con aparecer en su boca.

Amaba a Remus, lisa y llanamente. Y escucharlo preocuparse por su salud, le conmovía de una manera que jamás creyó que fuera posible. Sí, ya una vez le había dado una flecha de cupido, pero esta vez era recíproco. Remus lo amaba tanto como él lo amaba, y eso le llenaba el estómago de mariposas y todo lo demás. Se arrodilló sobre la cama y presionó sus labios en los de Remus. –Por supuesto que lo haré-. Prometió, pasándole una mano por el cabello despeinado. Siempre se las arreglaban para hacer el amor, como sea. Así eran ellos dos.

Severus salió, dejando a Remus con el rostro preocupado y sabiendo que tenía una razón para regresar -esa era una diferencia que valía un mundo-. Tiempo atrás, era sólo un espía. Ahora, tenía un amor al que retornar, alguien que lo extrañaría si muriera. Imaginarse a Remus en su posición, le dejaba claro que debía regresar, cueste lo que cueste. No podría vivir si le quitaran a Remus. No tenía idea de cómo Potter pudo soportarlo; diez años eran una cantidad infernalmente larga de tiempo para vivir sin su amor. Puede que a Severus no le agradara el Gryffindor, pero tenía que admirar la fortaleza del chico en el futuro.

-xx-

Era una nueva sensación para él, y una a la que no esperaba acostumbrarse aún: despertar con alguien entre los brazos fue una cosa extrañísima para Harry, especialmente por la sopecha de que esa persona era su propio hijo. Gruñó levemente, preguntándose por su brazo, no sentía el antebrazo derecho porque tenía la cabeza de Scorpius apoyada en el codo.

-Bulto pesado- Rió, empujando al rubio. Scorpius apenas gruñó, se movió por el brazo de Harry, y se detuvo en la muñeca. Eso causó que Harry, directamente, lo echara de la cama.

-¡Bastardo!- Siseó Scorpius, al aterrizar, aún protegido por las cortinas. Notó lo rojo de la habitación y giró para ver que Harry lo observaba con una ceja levantada.

-¿Perdón?

-Discúlpame...pero no deberías haberme tirado, ¿sabes? Estuve muy alterado anoche...- Se interrumpió, sin querer entrar en el tema.

Harry pasó una mano por su cabello. -¿Qué te parece si vamos a desayunar, mm? Apuesto a que tu papá debe estar realmente preocupado por ti.

La cara de Scorpius se arrugó, tal vez, de la manera más adorable que Harry haya visto, mostrando lo mucho que lo desaprobaba. -Ha estado sobre mis espaldas desde que le contó sobre mi al abuelo. Le mintió en cómo supo de mi existencia, y ahora anda todo cauteloso. Viene a verme cada mañana cuando me despierto y cada noche antes de que me duerma. Y el lío ni siquiera fue mi culpa, fue todo culpa suya.

Harry rodó y se levantó de la cama, tomando al chico por el antebrazo y ayudándolo a ponerse de pie. -¿Y cómo fue que entraste aquí?

-Tía Hermione me dice la contraseña cada vez que cambia, para que pueda entrar cuando yo quiera-. Dijo, encogiéndose de hombros.

-Ah.

Dicho eso, Harry halló la capa de invisibilidad y la puso sobre los hombros del adolescente, antes de empujarlo fuera de las cortinas.

En el momento en que Scorpius se enderezó, sintió que su estómago se retorcía. Algo volvía a estar mal.

-xx-

Lucius miró la poción que tenía en la mano. Probablemente, poción no era la palabra correcta, sino veneno. Diseñado para llevarle una muerte lenta y dolorosa a quien lo ingiriera. Voldemort le dio el frasco, para que lo use con su hijo. El Señor de las Tinieblas se interesó en la manera en que pudo entrar y salir del castillo sin siquiera una maldición lanzada en su contra, por lo que le dio la tarea de volver a entrar para entregar el veneno a un estudiante y matar a Draco.

Le tomó toda su voluntad, no arrojar la maldita cosa contra el suelo de mármol. Se suponía que iba a ser el verdugo de su propio hijo, y eso lo estaba desgarrando por dentro.

-xx-

-Tal vez debería llevarte a ver a Snape-. Sugirió Harry, masajeando la espalda de Scorpius, que vomitaba en un sitio oculto del corredor.

-No-. Discutió Scorpius, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Estaba contento porque seguía allí, porque había desaparecido al menos dos veces, desde que dejaron la torre. -No. Estaré bien.

-¿Bien? Vomitaste cuatro veces en este pasillo, eso no está bien, Scorpius.

-Quiero ver a papá, ¿sí? ...cuando llegue voy a estar bien. Después de esa pesadilla, sólo quiero verlo y abrazarlo.

Harry suspiró, moviendo la varita para limpiar el desastre. -Esta bien. Vamos a desayunar. Qué bueno que es sábado, ¿no?

Scorpius volvió a deslizar la capa sobre su cabeza, camino al comedor, con la intención de mantener el estómago controlado hasta ver a su papá.

No necesitó buscar demasiado para encontrarlo, Draco se acercó a Harry, con la expresión más preocupada que se le haya visto.

-¿Scorpius...?

-Está bien-. Le dijo Harry, viendo que el cuerpo de Draco se desinflaba. -Anoche tuvo una pesadilla y fue a buscarme...

-Ese no es tu lugar, Harry-. Siseó Draco, de pronto. -Deberías haberme avisado de inmediato...me preocupé tanto cuando fui a verlo, esta mañana.

-¿Y qué esperabas, que hiciera todo el camino hasta las mazmorras con él, que apenas pudo contarme que tuvo una pesadilla? No quería hablar sobre ella, ni ser mimado, sólo quería que alguien lo abrazara.

-¿Y tuvo que hacer todo el camino hasta la torre de Gryffindor para encontrar a alguien que lo abrace?- Draco hizo una pausa cuando escuchó un sollozo contenido, contra su pecho. -Realmente me preocupaste, Scorp. Algunos Slytherin hablaban de una visita sorpresiva que tuvieron anoche, y tuve miedo...

-¡Basta de pelear!- Sollozó Scorpius, causando que ambos interrumpieran lo que fuera que iban a decir. -Es-está pasando otra vez, papá, no peleen más.

-¿Qué está pasando?- Preguntó Harry. -¿Scorpius? ¿te sientes mal de nuevo?

-¿Te sentiste mal?- Unos ojos grises, preocupados, se volvieron hacia Harry. -Se pone así cuando peleamos...empieza a desaparecer y se pone mal...creemos que es porque no nacerá si seguimos...- Repentinamente, Draco se detuvo, dándose cuenta de qué era lo que estaba admitiendo.

-En-entonces, ¿yo soy su padre?

Aunque no había muchos en el comedor, eran bastantes lo que los estaban viendo hablar. Ya hacía tiempo que se habían esparcido los rumores de que pasaba algo entre ellos, pero nadie tenía pruebas. Ahora, estaban allí, hablando sobre algo que nadie comprendía y que llamaba la atención de varias personas.

-¿Estás desapareciendo, Scorp?- Preguntó Draco, ignorando a Harry.

-Sí-. Se oyó la respuesta, amortiguada por el pecho de Draco y por la capa. Otra vez, Draco miró a Harry.

-Tienes que quererlo como hijo nuestro, Harry. Es nuestro bebé...

-¿Qué quieres decir con desapareciendo? ¿cómo demonios puede desaparecer?- Demandó Harry.

-Eso no importa en este momento...

-Importa si es lo que le está pasando a mi hijo.

Draco casi cayó hacia atrás, sintiendo que Scorpius chocaba contra él. -Basta de pelear-. Su voz tembló, como si estuviera a punto de llorar. -Por favor, se está poniendo peor...nno veo a mis brazos...desparecieron.

Ese fue el límite para Harry, agarró la capa, y sin importarle que estuvieran en el comedor, se la quitó.

Albus se levantó, en la mesa de los profesores, casi anonadado -descubrir a Scorpius, era tal vez, lo último que esperaba de parte de Harry-. Seguido porque el cuerpo entero de Scorpius se veía casi translúcido, como si desapareciera.

-¡Potter!- Siseó Draco, tratando de cubrir a su hijo, pero Harry se negó a devolverle la capa.

Sin embargo, el Gryffindor, tenía dificultades para respirar. Scorpius desaparecía delante de sus propios ojos.

-¿Cómo lo detenemos?- Le preguntó suavemente a Draco.

-Normalmente se detiene si dejamos de pelear, Harry...

-Estaba sintiéndose mal mucho antes de que nos viéramos, hoy.

El rubio parecía perdido. -Entonces, no lo sé...

Todos los ojos estaban puestos en los tres. Era un giro inesperado en los hechos, ver a un traslúcido doble de Draco Malfoy, parado en medio de los dos antiguos enemigos. Los primeros en moverse hacia ellos, fueron Ron y Hermione, quienes trataron de guiarlos fuera de la vista pública, no necesitaban que esa información llegase a los periódicos o a los Mortífagos. La vida de Scorpius estaba en peligro, desde el momento en que fue revelado.

Lo peor, era que seguía desapareciendo a medida que pasaba el tiempo.

-Tienes que quererlo como nuestro hijo-. Dijo Draco, suavemente a Harry. -Tú sabes que es nuestro niño, siempre lo supiste...

La tercera persona en moverse, Theo, se detuvo al escuchar las palabras suaves.

-Lo sé...lo quiero-. Replicó Harry, tratando de abrazar al chico. -Es nuestro hijo.

-¿Y yo?

-Tú eres mi amor, mi futuro esposo. ¡Yo lo sé y lo he aceptado, Draco...! ¿Por qué sigue desapareciendo?

No había ni trazas de calma en la voz de Harry.

Scorpius no recordaba ni una vez en la que Harry estuviera tan confundido. Su padre siempre tuvo el control en su vida, siempre supo qué hacer para mantenerlo a salvo.

Ahora, no había respuestas, no podían guardar a Scorpius en una caja de cristal, porque no sabían la razón por la que estaba en peligro. Desparecía y, al parecer, no había nada que pudieran hacer.

-Papá-. Sollozó Scorpius, de pronto, y desapareció.

Antes de que pudieran darse cuenta, se quedaron mirando a un espacio vacío.

-xx-

Lucius observó el frasco apoyado sobre la mesita de noche. No sabía a qué chico de Slytherin pertenecía, pero esperaba que no fuera un Mortífago. Lo deseaba con todo el corazón. El hombre no tenía idea de la conmoción que estaba ocurriendo en el comedor, lo único que sabía era que debía hablar con Draco. Tenía un segundo frasco en el bolsillo, ese contenía una gota pequeña de la poción. Con suerte y con el talento de su hijo, podría ser analizada y servir para elaborar un antídoto, antes de que ingiera la poción infernal.

Dulzura Letal, 2 de febrero de 2012