Esta es una traducción de 'When time isn't enough', original de Jinko

Capítulo 16: Calypso, diosa griega del silencio

Traducción, Dulzura Letal

Draco se puso de costado y se acurrucó bajo las sábanas. Harry y él no hablaban desde el incidente en el comedor, dos semanas atrás. En el momento en el que Scorpius desapareció de sus vidas, Draco se quebró. Había arriesgado todo por ese chico, y ahora ya no estaba. Y peor aún, Harry se rehusaba a reconocer su existencia. Por lo menos, así lo veía Draco.

Hermione lo buscó, para decirle que no lo estaba evitando, sino que la verdad sobre Scorpius había llegado a Voldemort, y Harry estaba haciendo todo lo posible para mantenerlo a salvo –incluso no ir a clases y pasar la mayor parte del tiempo en el campo de batalla, capturando cuanto Mortífago podía-.

Normalmente, Draco se hubiese sentido honrado por ello; el grande y poderoso Harry Potter estaba haciendo todo lo posible para asegurarle su seguridad.

Pero, así y todo, le parecía que Harry lo estaba evitando, y eso lo hacía sentirse terrible.

Su depresión lo mantenía en su habitación la mayor parte del tiempo. No tomaba sus comidas con los otros chicos de Slytherin; ocasionalmente, Theo le traía la cena y algunos bocados, eso era todo lo que comía. Seguía presenciando la mayoría de las clases, pero los profesores comprendían su problema. No era cosa de todos los días, que uno veía cómo su hijo desaparecía en medio del gran salón; y, para Draco, eso fue el equivalente a la muerte del chico. Por supuesto, Albus les explicó a los Profesores lo sucedido, y ellos comprendieron completamente por qué, Draco y Harry no concurrían a clases.

Sin embargo, su conducta realmente le preocupaba a Theo, el adolescente lo cuidaba en todo lo que podía, pero el rubio se marchitaba delante de sus ojos. Al principio, Theo se había enojado muchísimo al enterarse de que Scorpius no era su hijo y Draco lo sabía desde hacía tiempo, pero luego se dio cuenta de por qué no se lo había dicho –nadie debería saber su futuro-.

Aún así, a Draco se le había dado su diario del futuro; conocía, prematuramente, detalles de su vida que nadie debería saber. No era para sorprenderse, entonces, que todo lo que Scorpius trajo consigo, haya desaparecido con él.

Pasaban tantas posibilidades de explicación sobre lo sucedido, por la cabeza de Draco. La primera era la pelea, pero ellos no habían peleado, en verdad, ni siquiera hubo un desacuerdo; así que esa opción no era válida.

Siempre existía la posibilidad de que la poción haya dejado de funcionar, ¡y joder, si Draco no deseaba que eso fuera lo que pasó! Todas las demás, eran malas noticias.

Luego, existía también la chance de que haya ocurrido algo completamente fuera de control que cambió el futuro. Ese rumbo de pensamiento, lo llevaba, por supuesto, hacia su padre. ¿Qué podría haber hecho Lucius que cambiara tanto el futuro? ¿Sería un ataque a Harry que no sucedió nunca en el tiempo de Scorpius? ¿O, tal vez algo contra él mismo?

Lo que fuera, le había quitado a su hijo, y había hecho de Draco, un joven deprimido.

Los estudiantes de Slytherin continuaban considerándolo el demonio en medio de devotos católicos. Las cosas no se veían bien para él, ya que sabían que estaba con Harry Potter.

Bueno, decir que estaba 'con', significaría asumir que salían o dormían juntos, o algo así; cuando en realidad, estaban separados. O, digamos, pasando por un mal momento, porque no se habían comunicado en dos semanas. Debería conmover al corazón de Draco, saber que Harry luchaba con tanto ahínco por él, pero lo único que hacía era recordarle cuán solo estaba.

Más de una vez, sufrió la malicia de los Slytherin. Otra vez, lo empujaban en el salón de clases, sabiendo que su guardaespaldas secreto no andaba alrededor. El acto de desaparición de Harry, les hizo creer que podrían salirse con la suya. Peor aún, Severus sólo pudo imponer disciplina en dos actos, que acabaron con dos expulsiones. Una vez, mientras Draco se inclinaba sobre su caldero, por detrás, alguien le arrojó una poción volátil sobre la espalda. Rápidamente, ésta le quemó la piel y lo dejó con un dolor agonizante. El chico de quinto año, que debería estar en clase de Encantamientos, se defendió diciendo que no tenía idea de qué fue lo que pasó ni por qué estaba allí. Draco tuvo que pasar una noche en la Enfermería, para que Poppy lo curara. A la mañana ya se había ido, no quería quedarse mucho tiempo en un solo lugar.

El otro estudiante, se le acercó de la misma manera, pero en cambio deslizó la mano bajo los pantalones de Draco, agarró su trasero y murmuró lo que le haría si estuvieran solos. Esta vez, fue un chico de sexto año, que debería estar en clase de Herbología, y arguyó la misma historia que el otro. Sin embargo, el acoso sexual no fue tomado a la ligera y el chico fue enviado a su casa, para no regresar a Hogwarts.

Severus se mantuvo vigilante con los estudiantes, cuando andaban cerca de Draco. ¡Dios, quería matarlos a todos por tratarlo de esa manera! pero debía guardar distancia a causa de su posición. Afortunadamente, los actos cometidos por esos dos alumnos no podían ser ignorados, así que los castigó tan severamente como le pareció. Ambos insistieron en su inocencia y le hicieron preguntarse si alguien estaría usando las maldiciones imperdonables en su salón de clases. Llevó la idea a Albus, y el viejo prometió ocuparse, cosa que no conformó a Severus, para nada (pero era lo único que podía hacer en ese momento).

Después de todo, lo que Draco quería, realmente, era a Scorpius y a Harry, de vuelta en su vida.

La espalda, casi estaba curada, aunque todavía había algunas partes que le quemaban como el demonio cuando se duchaba -porque dejó la Enfermería antes del tiempo necesario para recuperarse-.

No obstante, Draco sentía que el otro ataque fue el peor…que alguien lo tocara de ese modo…se estremeció ante el recuerdo. Le quemaba más que la poción en la espalda, era un ardor malo, no el bueno, no el de Harry.

¡Merlín querido, Harry sabía que tendrían un futuro juntos! Draco se acostó sobre su espalda y se cubrió los ojos con un brazo. Harry sabía que él sabía. Sabía que él lo supo desde hacía tiempo. El brazo de Draco se deslizó de delante de los ojos y sus dedos rozaron sus labios. Habían pasado quince días desde que había besado a su futuro esposo. Quince días. Odiaba ese hecho, con pasión. Necesitaba a Harry, más que nada.

Los sueños que tenía no eran suficientes, por supuesto que se despertaba caliente, duro y necesitado, y que siempre atendía los deseos de su cuerpo, pero ciertamente, no era suficiente. Quería sentir esos labios quemando los suyos. ¡Mierda, sólo quería verlo otra vez, aunque fuera de paso!

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Maldiciendo en voz baja, Harry esquivó el cuarto rayo de luz verde dirigido a su pecho. Se había topado con un gran grupo de Mortífagos en los alrededores del Bosque Prohibido. Justo cuando Remus y él regresaban de una larga noche de trabajo, se encontraron con éstos. Albus, Minerva y Hagrid se movilizaron tan rápido como pudieron, después de que las sirenas se activaron en la oficina de Albus, pero los Mortífagos descubrieron a los dos Gryffindor antes de que llegaran. Por suerte, los centauros no se alegraron con la intrusión de sus tierras, y salieron en ayuda de Harry. En toda su vida, Harry nunca había visto tantas flechas volando por los aires, ni siquiera en las películas que vió cuando los Dursley no estaban en casa. Los centauros estaban furiosos.

Por supuesto, esto era bueno para Harry y Remus; los centauros no tenían ningún reparo en destruir a los esclavos de Voldemort –él los consideraba seres inferiores, y gracias a eso, otros clanes habían sido arrasados-. Ah, estaban más que contentos por apoyar a Harry. Además, esa decisión se vio reforzada por la muerte de muchos unicornios, años atrás -era sabido que Voldemort bebió su sangre-. Todos los seres de ese maldito bosque, protegían a las criaturas inocentes y frágiles y disfrutaban completamente si podían destruir lo que las amenazaba.

Pero, entonces, Harry chocó contra algo que podía detenerlo: unos ojos plateados que lo miraban fijamente detrás de la máscara de un Mortífago. Sus pies dejaron de moverse, las maldiciones se detuvieron, su cerebro murió y dejó de respirar. Hacía tanto que no veía a Draco, y aquí estaban esos ojos. Los ojos de los Malfoy.

Sólo que…debía mirar hacia arriba para verlos. Lucius Malfoy.

Enojados, confundidos, con una mirada tan diferente a la mirada amorosa de Draco.

Aún así, familiares. Había un brillo en ellos que Harry nunca pensó que vería en este hombre, en particular. Estaba acostumbrado a verlo en Draco, pero nunca esperó verlo en Lucius: era la misma mirada que tenían los ojos de Draco cuando mencionaba a su familia.

Por un breve momento, los ojos de Lucius se agrandaron y los sentidos de Harry retornaron. Era demasiado tarde, no podía esquivar el haz de luz verde que venía de la derecha. Sus propios ojos, apenas notaron el leve movimiento de la varita de Lucius, y fue arrojado lejos de la maldición.

Escuchó los gritos furiosos del atacante original, que le reclamaba a Lucius su intervención. Harry salió corriendo del área, mientras escuchaba la voz calma de Lucius que demandaba a los Mortífagos que dejaran de usar la Maldición Asesina. Lo que sea que les dijo, los detuvo; desafortunadamente, puso otros pensamientos en sus cabezas, y fue golpeado con la maldición Cruciatus, justo cuando halló a Albus en su línea de visión. Con un chasquido de su muñeca izquierda, cayó al suelo delante la túnica púrpura, la maldición lo atravesó como lava y puntas de hielo unidos; la sintió atravesándole la médula, enroscándose en sus costillas, subiendo por su cuello, y finalmente viajando por sus miembros. Se disipó cuando escuchó que Albus lanzaba un hechizo a su atacante.

Una mano lo ayudó a ponerse de pie, y Harry se halló con la cara contra el pecho de Remus, y con el hombre lobo tratando de conducirlo para ayudar a proteger el Colegio. Varios Mortífagos cayeron, sufriendo ataques de los centauros, por haberle dados sus espaldas a los enemigos inferiores, y centrar su atención en Albus, olvidando completamente a los residentes del bosque.

A pesar del dolor que seguía sintiendo, Harry trató de encontrar a Lucius entre ellos; sabía que el hombre era demasiado inteligente como para ignorar a los centauros, y tampoco iba a hacerlo con la Orden. Y, por sobre todo, Harry intentó convencerse de que el hombre lo había salvado. En algún momento, Lucius lo miró con aceptación en los ojos y lo alejó del Avada Kedavra, a pesar del peligro para su propia vida. Su futuro suegro.

Volvió a la realidad gracias a una peligrosa maldición que le rebanó el muslo, Harry replicó con un hechizo que lanzó al Mortífago por los aires y contra un árbol. No se quedó mirando cuando la figura enmascarada fue derrotada por la gravedad y regresó a la tierra golpeando cada una de las ramas en su camino; en cambio, se volvió hacia el Mortífago más cercano, lo amarró a otro y los paralizó a ambos.

Una Mortífaga logró pasar, y se dirigió hacia el castillo. Varios estudiantes escucharon la conmoción y se sentaron en sus ventanas, a presenciar la escena. Harry vio las siluetas. Se lanzó detrás de la mujer, ignorando el dolor en la pierna izquierda, la hizo trastabillar con un rápido hechizo, y su máscara chocó con los escalones de piedra que estaba subiendo. Velozmente, le lanzó un hechizo paralizante y la levitó hasta donde estaban los otros Mortífagos. Mientras hacía esto, casi ni miró su rostro, dándose cuenta de que le ayudaba; sabía que estaba sentenciando a todos y cada uno de los Mortífagos capturados, a los Dementores, y aunque al principio no lo sentía así, ahora, pensaba que cuanto más lo hacía, más vidas afectaba. El discurso de Scorpius sobre los asesinos que tomaban más que la vida de sus víctimas, le había conmovido. Él estaba haciendo exactamente eso.

Su corazón se aceleró, eso le pasaba cuando pensaba en Scorpius, y era una de las razones por las que incrementó sus intentos en derrotar a los Mortífagos. Habían arruinado la vida de Scorpius, y él no quería que eso volviera a suceder; quería que su hijo fuera feliz, cuando naciera.

Sin embargo, más que nada, quería verlo otra vez. Desde la desaparición de Scorpius, se había distanciado de Draco. Las semejanzas entre los dos eran demasiadas. No sabía cómo había sobrevivido –en el futuro-, con Scorpius cerca. Eran demasiado parecidos como para que no doliera.

Igualmente, extrañaba a Draco. No se habían visto en dos semanas. Honestamente, le parecían dos años, y no podía esperar para verlo de nuevo.

Retornando a la batalla, recordó el corte en el muslo, dándose cuenta de que no era sólo un corte; de hecho, estaba perdiendo mucha sangre y se mareaba. No la sensación de mareo después de una larga sesión de besos con Draco –esa era la dicha-, ésta era nauseosa y no muy agradable. Además, dolía como la mierda.

-¡Mierda!-. Gruñó, antes de caer hacia adelante, arreglándoselas para aterrizar sobre algo suave.

Con la vista borrosa, trató de ubicarse, pero no pudo despegar los ojos de la túnica negra sobre la que había caído.

¡Y, joder, deseaba que fuera Severus el que lo atrapó!

Alguien murmuró algo y sintió que un brazo se movía. Su mente trató de reconocer el hechizo, pero todo lo que captó fue una ilusión. Era un hechizo para crear una ilusión para quienes estuvieran afuera de las barreras creadas por él. Luchó por reconocer la voz, hasta que sintió como si le diera una palmada en la cabeza.

No era la túnica negra de Severus.

-¿Draco comió algo del Gran Salón?

Harry apenas conservaba la cabeza sobre los hombros, ¿y Lucius quería interrogarlo? Sería mucho más efectivo si tuviera unas cuantas gotas más de sangre en el cuerpo. Las piernas se le aflojaron y se desplomó, llevándose a Lucius con él. Allí fue que Lucius notó lo que sucedía, cerró la herida mágicamente y sacó un frasco de entre su túnica.

-Bebe esto, es una poción rejuvenecedora, se mezclará con tu sangre y la multiplicará.

A pesar de que su futuro suegro le estaba ofreciendo una poción que le salvaría la vida, y que más temprano lo había salvado efectivamente, las alarmas saltaron en la cabeza de Harry, forzándolo a negarse a tomarla.

-No-. Murmuró, tratando de sacar la cabeza de donde la tenía, apoyada sobre el pecho de Lucius.

Oyó que le lanzaba un Imperius y sintió su mente aún más nublada. No era un buen signo, estaba demasiado débil como para luchar contra Lucius –no era un secreto que el patriarca Malfoy era legendario con esas jodidas maldiciones-.

Cayó inconsciente.

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Harry se sobresaltó ante el sonido de su nombre. Alguien lo llamaba, no demasiado lejos, pero tampoco cerca como para verlo. Se sentó, rápidamente, siseando por el dolor que seguía latiendo en todo su cuerpo, debido al Cruciatus. No había estado desmayado por mucho tiempo, sin embargo, su pierna había sido curada –un trabajo no muy bueno, debía admitir-, y los huesos de su muñeca parecían correctamente alineados.

Reconociendo la voz de Remus, Harry respiró hondo para responder, pero una mano le tapó la boca, ahogando el sonido.

-No les respondas-. Espetó Lucius, ahora sin máscara. Estaban adentrados en el bosque, en un lugar donde Harry jamás creyó ver a un Malfoy. Concedido, tenía su porción de sueños donde hacía cosas con Draco 'asustado por las criaturas grandes y malas del bosque', pero Lucius nunca estuvo incluído en esos sueños.

Harry echó la cabeza hacia atrás y le lanzó una mirada enojada a Lucius, mientras el hombre ponía un encantamiento silenciador alrededor, para evitar que respondiera a los gritos.

-Es importante que hablemos, Potter-. Continuó Lucius, con la varita en la mano derecha y apuntando al pecho de Harry. Extrañamente, parecía molesto por estar en esa situación.

-Entonces, hable-. Concedió Harry.

-¿Draco comió en el Gran salón?

La pregunta resultó increíblemente extraña para Harry. –Hace dos semanas que no veo a Draco.

-¡Mierda!

La palabra fue siseada, confundiendo a Harry, que no estaba acostumbrado a ver a Lucius tan afectado. El largo cabello rubio que heredaron Draco y Scorpius, estaba libre de su confinamiento habitual y se desparramaba sobre sus hombros, y el hombre mayor verdaderamente lucía como si no supiera cómo reaccionar.

-¿Qué pasa con eso? Creí que estaría contento porque no pasamos tiempo juntos, después de lo que le dijo su hijo-. Harry tomó el camino más rápido, tratando de obtener una reacción de Lucius.

-¿Crees que arriesgaría mi vida por ti como lo hice, si no quisiera que estés con Draco? ¡No seas tonto, Narcissa y yo queremos a nuestro nieto Scorpius!- Hizo una pausa y respiró hondo, para calmarse. Al mismo tiempo, miró alrededor, por si alguien se acercaba lo suficiente.

-¿Cómo es que no pueden vernos?- Preguntó Harry, mirándolo con rabia.

-Solamente alguien más fuerte que yo, puede ver más allá de la ilusión-. Respondió Lucius, con suavidad, antes de quitar la punta de la varita del esternón de Harry. –Alguno de los Mortífagos del Colegio, tiene en su poder un veneno para matar a Draco.

Las palabras le cortaron la respiración a Harry.

-¡N-no!

-Si tiene oportunidad, le pondrá el veneno en la comida y Draco morirá dolorosamente, Harry. No estoy seguro si tiene cura, pero para cuando Draco se dé cuenta de que ha sido envenenado, será demasiado tarde, porque el veneno ya estará en su torrente sanguíneo y habrá destruido sus órganos nobles, más allá de lo reparable. Es un veneno de acción lenta, diseñado para provocar todo el dolor posible. Sólo se entregó un frasco.

-¿Cuándo?- Preguntó Harry, mientras un frío le bajaba por la espalda y algo surgía en su mente.

-Hace quince días.

-¡No, joder, no!- Harry temblaba. -Scorpius...desapareció hace quince días…-.

-Escuché eso y pensé lo mismo, bien puede ser que Draco ya lo haya ingerido, lo que significaría que Scorpius no existirá-. Dijo Lucius, en voz baja. Le habían contado que su nieto estuvo allí, en carne y hueso; y él había interrogado a Severus, logrando que el Profesor confesara que Scorpius había llegado del futuro.

Harry cerró sus puños con fuerza y las uñas se clavaron en sus palmas. Ante el pensamiento de Draco, muriendo, sintió que un fuego le quemaba el estómago; era lo último que querría, y era un hecho altamente posible.

-Tengo conmigo una pequeña porción del veneno, Harry. Tienes que llevárselo a Draco para que pueda analizarlo y crear el antídoto-. Lucius sacó un frasco de uno de sus muchos bolsillos. Tenía algunas gotas, y Harry, en verdad, deseó que fuera suficiente para que Draco lo usara. –Si tienes éxito, puede que Scorpius regrese.

Pensar en eso, hizo que el estómago de Harry diera saltos. Había chances para que su hijo regresara. Le gustaba, le encantaba la idea.

-Draco tiene que vivir-. Exclamó Lucius, con una voz no tan segura como le hubiese gustado a Harry; ¡era tan raro escuchar a un Malfoy, sonar tan débil!

-Ya lo sé-. Harry se movió, para pararse, pero Lucius le tomó la muñeca.

-¡No, no entiendes!- Esos ojos plateados lo miraron con furia. –Narcissa y yo…amamos a nuestro hijo. No podemos imaginarnos la vida sin él…

-¡Prácticamente lo deheredaron!- Espetó Harry. - ¡No hablaron con él porque eligió luchar contra Voldemort!

-Y hemos visto lo errados que estábamos. Los dos queremos a Scorpius en nuestras vidas; a Scorpius y a nuestra nieta. Te hemos aceptado como nuestro hijo. Draco me dijo algo que jamás imaginé. Me hizo comprender lo que pasaba. Ahora, tú eres parte de nuestra familia. Mi hijo y tú, tendrán dos hijos, y tal vez más, si Draco vive más tiempo, esta vez. Mi hijo no tiene permitido morir…tú viste a tu propio hijo, ¿puedes imaginarte lo que sería si muriera...?

La pregunta salió y Harry lo miró con tanta ira que, Lucius estuvo seguro de que el chico hubiese usado un Cruciatus en él, de haber podido.

-Mi hijo está muerto-. Dijo Harry, en voz baja. –Y eso está matándome.

-¿Y así y todo no fuiste a ver a Draco en dos semanas?

Los gritos, alrededor, se acercaban.

-No veo qué tiene que ver eso con nada…lo que estoy haciendo ahora, es asegurarme de que no sea asesinado por Voldemort en diez años.

-Si de pronto, Draco se fuera de mi vida, no querría otra cosa que tener a alguien a mi lado-. Confesó Lucius. –A diferencia de mi hijo, yo nunca experimenté la vida con alguien a quien amara. Él conoce ese sentimiento, y vio cómo su propio hijo desaparecía. Es como tú acabas de decir: puede ser que Scorpius esté muerto. Tú estás ocupándote de cosas, y lo único que Draco puede hacer es sufrir. Probablemente te necesita.

Harry se encrespó ante las palabras de Lucius, porque tenían sentido y nunca hubiese esperado semejante cosa de él.

Como fuera, los que buscaban a Harry se acercaban cada vez más. Lucius se levantó, removió el encantamiento silenciador, la máscara volvió a estar sobre su cara y la capucha sobre su largo cabello platinado, segundos después, también la ilusión se disolvió.

En el momento en el que Lucius desapareció, Harry fue hallado.

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Draco no se sentía muy bien, se había salteado comidas y había perdido unos cuantos kilos de peso. Se preguntó si así se sentiría un padre cuando perdía a un hijo. No quería pensar de ese modo, pero el dolor era tan grande que debía ser así.

Por lo menos, Theo estaba allí, con él. Comían sólo lo mejor de las cocinas, Theo le traía sus platos favoritos, para hacerlo feliz. Era un buen amigo, reflexionó Draco.

Hubo un golpe en la puerta, seguido por la voz de Theo, confirmando que era él. Draco bajó las barreras, facilitándole la entrada. Había fortalecido los hechizos para prevenir la entrada de otras personas. Lo último que necesitaba era que alguien se colara mientras dormía. Ni quería pensar en lo que le harían.

Cada vez que Theo traía una comida, la encogía y la guardaba en sus bolsillos, para que nadie lo viera. Tenía la certeza de que alguien había planeado algo con la comida de Draco. Más de una vez, había visto a Parkinson cerca de la puerta de Draco, esperando a que trajera la comida, con un frasco de algo en las manos. Hasta la había visto jugueteando con la cosa, demostrando su control en la sala común. Cada vez que esa cosa salía de su bolsillo, todos la oían –era como un lazo para controlarlos a todos-. El contenido de esa poción era lo que preocupaba a Theo.

Por supuesto, no le había dicho nada a Draco. El adolescente tenía demasiado en la cabeza como para preocuparse por ese tipo de cosas; así que Theo se encargaba de que todo estuviera bien y nada fuera contaminado. Descubrió que si le pagaba a uno de los elfos domésticos, no tenía problema en mantener el secreto de sus actos y la comida intacta. Aunque los otros elfos no estaban de acuerdo con el elfo solitario, esa ayuda era muy apreciada, y Theo le daba su deseada moneda -por suerte, el elfo no diferenciaba entre el valor de un knut y de un galleon-.

Así, entonces, con las manos en los bolsillos, seguro de que nadie podría manipular la comida, Theo era el único confidente de Draco.

-Gracias-. Murmuró Draco, mirando la comida que tenía delante. Su estómago retrocedía ante el pensamiento de comer, pero, al mismo tiempo, gruñía por la necesidad de llenarse. Draco odiaba tener tanto hambre.

-¿Estás seguro de que Scorpius es el hijo de Potter?- Preguntó Theo, a boca de jarro, y con la naturalidad de quien muerde un sandwich. –Siempre está la posibilidad de que sea mi hijo.

-Él me lo dijo, Theo. Y he visto mi diario, está lleno de palabritas de amor por Harry. Estoy enamorado de él…

-¿Cómo puedes estar tan seguro? Scorpius puede haber fabricado todo eso.

Los ojos grises de Draco se centraron en Theo. -¿De veras quieres ser el padre de Scorpius?

Las palabras causaron un silencio incómodo entre ellos por unos minutos, ni comieron ni hablaron.

-No me disgustaría-. Dijo, con un ligero encogimiento de hombros.

-Theo...

-Lo hiciste parecer tan lógico, Draco. Parecía que éramos uno para el otro-. Interrumpió Theo, intentando poner las cosas claras. –Tiene ojos verdes….

-Son del mismo color de los de Harry, Theo. Harry y él son de la misma sangre. Era completamente obvio, y fuimos demasiado estúpidos como para darnos cuenta tan tarde. Es un Potter. Todo en él grita que es un Potter. No es tu hijo...

Las palabras se interrumpieron porque Theo se inclinó hacia adelante y presionó sus labios contra los de Draco.

Instantáneamente, Draco se separó, sintiendo esa sensación áspera y quemante, acompañada de náusea, que le daba cuando besaba a alguien que no era Harry.

-Hiciste que sonara perfecto, Draco, como si me prometieras esa vida, con Scorpius y Lilith, nuestros hijos.

-Su nombre es Lily-. Objetó Draco. –Mi bebita se llamará Lily.

-Será Lilith Nott.

La voz de Theodore sonó tan enojada que Draco casi se preocupó. -Theo, Scorpius me contó estas cosas. Yo sé con quién voy a casarme…

Theo frunció el ceño y negó con la cabeza. –Me prometiste una familia, apenas perdí a mi padre –él era lo único que tenía-, y entonces, tú estabas allí con Scorpius, y me hiciste creer que íbamos a estar juntos con nuestros hijos. No puedes echarte atrás, ahora.

-Amo a Harry-. Esas tres palabras dejaron congelado a Theo en su sitio. –No fue mi intención alentarte, Theo. Sólo estaba tratando de descubrir quién era eI padre de Scorpius. Cuando pensé en ti, parecía encajar, pero no me enamoré de ti. Luego, lo descubrí, y Scorpius me lo confirmó. Harry Potter es mi futuro esposo, y ambos lo hemos aceptado. Y así…- Los ojos de Draco comenzaron a llenarse de lágrimas. -…y así y todo, Scorpius se fue. No pudimos hacer nada para evitar que nos dejara.

-Y yo siento como si hubiese perdido a un hijo-. Le dijo Theo, con voz áspera. –Siento lo mismo que tú. Pensé que era mi hijo, Draco.

-Pensar y sentir son dos cosas distintas. Harry sintió lo que yo sentí, cada vez que lo veíamos. No es lo mismo contigo.

-¿Por qué? ¿Porque no te enamoraste de mi? Puede pasar.

Draco sacudió la cabeza. –No es un tema abierto a discusión. Harry es mi futuro esposo y mis hijos serán sus hijos. Scorpius llamó 'Papá' a Harry, en más de una ocasión, pero fuimos muy estúpidos y no nos dimos cuenta.

-¿Eso fue antes o después de que empezaste a jugar con mi mente?

El rubio inclinó la cabeza. –Antes.

Con eso, Theo se levantó y fue hacia la puerta. –Yo fui el único que se quedó contigo después de que abandonaste a tu padre y al Señor Oscuro. ¿Cómo pudiste usarme de esa manera? Creí que eras mejor que eso.

-Theo, deja de dramatizar-. Reprendió Draco.

-¿Dramatizar? ¡Me quitaste lo único que quería en mi fututo!

-¡No te quité nada! ¡Apenas tienes dicisiete años, por el amor de Merlín! Porque no tengas hijos conmigo no quiere decir que no puedas amar a los hijos que tengas cuando estés listo.

Ambos saltaron de la sorpresa cuando alguien chocó contra la puerta, gritando.

-¡Theo!- Era un chico de cuarto año. –Atacaron los Mortífagos. Dumbledore los detuvo, pero emboscaron a Potter...escuché que Io tienen.

El corazón de Draco se detuvo allí mismo, sus pulmones dejaron de tomar aire, a pesar de lo mucho que quería respirar.

-Julius se escapó y oyó que todos lo buscaban, pero no pudieron encontrarlo por ningún lado-. Continuó el chico. –Escuchó que el Profesor Snape y Hagrid lo llamaban…Dumbledore supone que lo llevaron al bosque, pero McGonagall piensa que lo llevaron con el Señor Tenebroso.

-Suficiente, Crispin-. Theo suspiró, con lástima por Draco. Entonces fue que el chico lo notó y se tapó la boca con una mano, dándose cuenta de lo que había hecho.

Todo el Colegio sabía sobre Scorpius, todos oyeron cuando los dos llamaron 'hijo' a Scorpius, no hacía falta ser un genio para saber que vino del futuro, por alguna razón. También sabían que Harry había estado evitando a Draco.

El joven Slytherin salió de la habitación.

-Es uno de mis espías-. Dijo Theo a Draco, una vez que la puerta se cerró detrás de Crispin. –Se me acercó en privado y me dijo que se alegraba de que yo no haya seguido al Señor Oscuro. Sus padres están a punto de tomar su decisión, no están de acuerdo con él, pero lo seguirán para mantener a salvo a Crispin y a su hermano. Crispin y Julius son amigos de la infancia; creo que no demasiado diferentes a los gemelos Weasley –nunca pueden dejar de meter las narices en problemas y parecen saber todo lo que sucede en el Colegio-. Observó a Draco, que estaba mucho más pálido que lo usual. –Puedes volver a respirar, dudo mucho que Dumbledore deje que Potter desaparezca con los Mortífagos. Probablemente lo hayan llevado al bosque para ser derrotados por él.

Draco asintió temblorosamente, pero miró a Crispin con enojo, cuando volvió a abrir la puerta. -¡Lo encontraron! Estaba en el bosque, como pensó Dumbledore, lo había llevado un Mortífago…Julius no pudo descubrir por qué. No debe estar ahí afuera, por supuesto, así que tampoco puede ir a preguntarle a uno de los Profesores, y tampoco están por allí los otros alumnos.

-¿Cómo está Potter?- Preguntó Theo, notando que Draco respiraba de nuevo.

-Está bien; tiene un ligero corte en el muslo y está mareado por la pérdida de sangre, pero está bien. Se lo llevaron a la oficina de Dumbledore, rápidamente, para que explique todo. Julius dice que escuchó algo sobre la sala común de Slytherin. Cree que el Profesor Snape está viniendo para aquí para controlarlo…no sé de qué estaba hablando Potter. Julius tampoco pudo escuchar bien, y eso que usó uno de los inventos Weasley. Esos dos son unos genios…-. Se detuvo al ver la mirada de Theo. –Bien...como sea, sólo tiene un cortecito…está bien. Estoy seguro de que todavía funciona para hacer bebés-.

-Eso es todo. Gracias, Crispin.

-Hay más-. Objetó Crispin, esta vez, entró y cerró la puerta trás de sí. Puso algunos hechizos en el cuarto, para asegurarse de que nadie pudiera oír o interferir. –Me pediste que averiguara sobre la poción que Parkinson anda acarreando siempre. Según Bulstrode, es un veneno que alguien dejó en su escritorio, para Draco. Suponen que fue un Mortífago que se coló durante el desayuno…ese día del incidente en el comedor…-. Escogió sus palabras con cuidado. –Cuando todos regresamos, estaba junto a la cama de Lucille McNair.

-¿Lucille McNair...?

-La conocemos como Lucille Shanks, pero resultó ser la hija natural de Walden McNair. Todos sabemos que es un Mortífago, por eso su madre hace que use el apellido Shanks, para prevenir todo el 'culpable por asociación' del Ministerio. Bastante sospechoso, ¿no? puede que no sea una Mortífaga completa todavía, pero está firme en el camino de su padre…-

-¿Lo habré tomado?- Preguntó Draco, suavemente, con un pensamiento repentino en la cabeza.

- No que yo sepa. Cada vez que ella lo saca, sigue lleno como antes. Creo que es porque tú no comiste con nosotros desde que lo tiene-. Crispin se encogió de hombros.

-Tal vez esa es la razón de la desaparición de Scorpius. Voy a morir a causa de esa poción…

-Todavía no lo sabrías, está diseñado para provocar una muerte lenta y dolorosa, de acuerdo a la nota que encontraron con el veneno. Nadie sabe cómo se llama, y aún no se lo han dicho a Snape-. Hizo una pausa y sacó algo del bolsillo, un pequeño trozo de pergamino. Rápidamente, sus ojos marrones lo leyeron. –Julius ya está regresando. Se las arreglaron para capturar a once Mortífagos en total. También al padre de Parkinson; no sabe cuántos capturaron antes; parece que Potter estaba en una redada antes de que empezara el ataque. En verdad, está derribando los planes del Señor Oscuro, ¿no? No deben haber quedado muchos más…

-¿Te fijaste en la sala común?- Preguntó Theo, secamente. –Ese lugar está inundado de futuros Mortífagos.

-Supongo que sí. Como sea, Potter le dio un gran golpe al Círculo de Confianza. Sólo sobreviven unos pocos miembros. El resto fue sentenciado al beso del dementor. Los Carrows, los Lestrange, Snape y Malfoy son los únicos grandes nombres que quedan, y el Señor Tenebroso sólo confía en uno de ellos.

-Muy bien, gracias por eso-. Theo suspiró y miró a Draco. –Asegúrate de no comer nada del comedor, hasta que descubramos lo que está sucediendo. Te seguiré trayendo comida de las cocinas, para quedarnos más tranquilos-.

-Esa podría ser la explicación, Si estoy muerto, Scorpius no puede nacer; y si él no nace, no puede ir al pasado. Por eso mi bebé no está aquí, yo voy a morir…-. Dijo Draco, en voz baja.

-Descubriremos qué poción es y haremos ensayos, ¿está bien?- Theo recogió los platos de la comida. –Vuelve a dormir, podremos volver a hablar en la mañana.

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Por segunda vez, esa noche, Draco fue despertado abruptamente, por alguien en su puerta. Sólo que, esta vez, habían traspasado todas las barreras que colocó. Se sentó rápidamente y tomó su varita, pero no había nadie en la puerta. Ésta se cerró despacio, bloqueando la luz del pasillo, antes de que Harry apareciera, quitándose la capa de invisiblidad de los hombros.

Instantáneamente, Draco se deslizó de debajo de las sábanas, saltó de la cama y corrió junto a Harry.

Antes de que Harry se quitara propiamente la capa, Draco estaba allí, con sus brazos alrededor de su cuerpo, dándole el más apretado abrazo que Harry hubiera recibido nunca.

xxxxxxxxxDulzura Letal, 6 de enero de 2.013xxxxxxxxx