Esta es una traducción de 'When time isn't enough', original de Jinko

Traducción de Dulzura Letal

Capítulo 18: Hathor, diosa egipcia de la felicidad

Mi padre y papá nunca peleaban, siempre fueron una pareja cariñosa. A veces, tenían ligeros desacuerdos, pero nada exagerado -como cuando decidieron a qué colegio iría-, pero nunca tuvieron una pelea verdadera.

Hasta que una noche, fue completamente diferente.

Mi padre dijo que no quería que yo fuera a Hogwarts, que no lo permitiría hasta que Voldemort muriera. Papá no estuvo de acuerdo.

-Quiero el divorcio.

Las palabras me confundieron, tenía cinco años y no sabía lo que significaban. Deben haber sorprendido a mi padre, porque hacía unos ruidos como si quisiera decir algo, pero no supiera qué.

-Me llevaré a Scorpius y a Lily lejos de aquí, Harry. Encontraré un lugar donde estén a salvo: en Australia o en Nueva Zelanda, o por allí. Hallaré algún lugar lejos de aquí y el peligro.

-Están a salvo.

-No están a salvo. Si lo estuvieran, podrían ir a donde quisieran. Scorpius apenas ve el mundo exterior; tiene cinco años y estuvo una sola vez en el Callejón Diagon. Eso no es normal para un niño mago.

-¡Mira quiénes son sus padres, Draco...nunca será normal! No entiendo qué es lo que quieres con el divorcio, no necesitamos divorciarnos para hacer felices a los niños. Solo aguanta un poco más, venceré a Voldemort y entonces podremos ser una familia feliz, juntos.

-Has estado luchando contra él durante años…no vamos a ser felices…Deberíamos haberlo sabido antes de casarnos…Lo sabíamos, pero lo ignoramos. Nuestros hijos no disfrutarán sus vidas, no pueden crecer aquí, es demasiado peligroso y no es el tipo de vida que se merecen.

Parecía que mi padre luchaba por encontrar las palabras.

-¿Quieres que nos divorciemos porque no quiero que Scorpius vaya a Hogwarts? ¿Es eso, verdad? ¡Cómo me conforta y me consuela saber que esa es la extensión de tu amor por mí!

-¡No te atrevas a cuestionar mi amor por ti, Harry!

Antes que esa noche, jamás había oído que mi papá le gritara a mi padre de ese modo.

-Estoy hablando del bienestar de nuestros hijos. No deberíamos haber tenido hijos, no deberíamos habernos casado.

-¡No digas semejante cosa! –Mi padre también gritaba-. Lily y Scorpius son nuestros bebés, son nuestro todo.

-No podemos darles las vidas que necesitan. Para hacerlos felices tenemos que ponerlos en peligro, y para mantenerlos a salvo tenemos que sacrificar su felicidad. Tú, más que nadie deberías saberlo. –Mi papá suspiró profundamente-. Veré a Raquel en la mañana.

-¿Para hacer qué? Lily nacerá en unas semanas, ¿qué es lo que harás?

-Haré que ella la críe.

-¡Jamás dejaré que hagas eso! ¡Lily es nuestro bebé! ¿Qué es lo que te pasa?

-Tengo miedo. –Al parecer, papá no quiso decir esas palabras-. Me aterroriza que Scorpius y Lily no sean felices. Los dos crecimos temerosos e infelices, no quiero que nuestros hijos sufran.

-No quieres que sufran, ¿y vas a separar a esta familia? Draco, eso no tiene sentido. Solo…vamos a la cama, estamos agotados y no pensamos con claridad. Hablemos de esto en la mañana, ¿sí, mi amor?

Luego, oí que se movían, alejándose de la puerta.

Cundo desperté, mi papá había salido; mi padre me dijo que había ido a ver a Lily.

Más tarde, descubrí que había ido a hablar con mi madre sustituta. Mi padre nunca me dijo por qué, pero ese día, mi papá fue secuestrado y asesinado.

Mi padre nunca se perdonó a sí mismo por haber peleado con él.

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Harry despertó sintiéndose más cálido que de costumbre. Sentía que todo su cuerpo resonaba placenteramente, se sentía renovado y feliz. Tenía a Draco entre sus brazos, todavía dormido. Sonriendo, observó la cara de su amor: el chico era mucho más lindo a esta corta distancia; ante ese pensamiento, contuvo la risa, para no despertarlo. No podía dejar de pensar en lo que habían hecho la noche anterior: le había hecho el amor a Draco, había admitido que lo amaba.

Ahora, estaban juntos, después de tanto tiempo separados, y verdaderamente, estar en brazos de Draco era el paraíso.

Sin embargo, le molestaba que, al parecer, Draco supo desde el principio que él era el padre de Scorpius; y se preguntaba qué tanto eran los sentimientos de Draco y qué tanto su conocimiento.

-No siento mi brazo.

La voz de Draco, cargada de sueño, hizo que Harry se diera cuenta de que el brazo del rubio se había colado, torcido, bajo su cuerpo, en algún momento de la noche. Además, que Draco estaba despierto, a pesar de tener los ojos cerrados.

-Entonces, ¿por qué lo pusiste allí abajo? -Harry sonrió, se inclinó para besarlo y se movió, para dejar que Draco quitara el brazo; después, lo abrazó más.

-Ahora estoy cómodo.

-Increíblemente parecido al hombre de las cavernas, si me preguntas.

-No te pregunto.

Harry no pudo evitar reír por la conducta mañanera de Draco. Obviamente, al Slytherin no le agradaban las mañanas.

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Cuando Remus abrió los ojos, esa mañana, halló a su amante mirándolo desde arriba, en la cama.

-No más –gruñó el hombre lobo, poniéndose de lado. Severus se pegó a él, inmediatamente, y pasó la mano por el cabello castaño que amaba.

-No soy el demonio sexual que insinúas.

Remus rio, desde dentro. -¿No? Díselo a mi trasero. Estoy dolorido porque parece que tú no puedes pasar una noche sin tenerme dos veces.

Severus se encogió de hombros, sin darle importancia. –No es mi culpa.

-Ah, ¿es mía? Por lo que sé, se supone que los hombres de nuestra edad no tienen un deseo sexual tan grande como el tuyo.

Riendo, Severus atrajo a Remus de modo que junto sus caderas.

-No diré nada más –objetó Remus, dándole una palmada por sobre el hombro-. Vé a darte una ducha fría o algo.

-Prefiero tenerte a ti.

Remus puso los ojos en blanco, pero se relajó en brazos de Severus.

-Entonces, el próximo fin de semana con salida a Hogsmeade, será-

-Severus, no podemos planearlo –argumentó Remus-. Necesitamos proteger a los estudiantes.

-Quiero casarme contigo –dijo Severus, con firmeza-, y voy a casarme contigo.

-Estás actuando como un niño.

-El Señor Oscuro me hubiese contactado si planease una trampa para los chicos. Sabe que Potter tiene prohibidas las salidas. Además, lo más probable es que ataque a Albus. Si todos los profesores están protegiendo a los chicos en la salida, ¿quién evitará un ataque a gran escala sobre el castillo? Él lo haría, después de lo que paso anoche; no es de los que se toman demasiado bien, perder semejante fuerza.

Remus se apretó contra Severus y juntó sus labios brevemente. –Ve a darte una ducha fría –repitió, suavemente-. Quiero desayunar.

Severus gruñó, pero se dio vuelta y salió de la cama. Se encaminó al baño, sin molestarse en ocultar de su futuro marido, su evidente excitación. Dejó la puerta abierta, para que Remus pudiera ver todo, abrió el grifo de la ducha y sonrió satisfecho cuando el vapor del agua caliente humedeció el cuarto.

-Te dije una ducha fría –dijo Remus, rodando sobre la almohada de Severus.

-Pensé en hacerme cargo de una mejor manera.

La idea de Severus masturbándose, fue suficiente para que Remus saliera de la cama y se metiera bajo la lluvia caliente de la ducha, con él.

-Necesito una capa de invisibilidad.

Los ojos verdes brillaron al ver que una aparecía, a su derecha. Se la colocó sobre la cabeza y se dirigió al pasillo, pero en el momento en que salió de la habitación, sintió que la capa desaparecía.

-Bueno…¡mierda!

-¡Malfoy!

-¡Ay, la mierda!

Seguían distrayéndose; cada vez que Draco se movía, Harry solo quería abrazarlo y mantenerlo en la cama. No tenían idea si Draco había tomado el veneno o no, pero Harry lo trataba como si lo hubiera hecho; y cada vez que Harry tocaba a Draco, volvía a encenderse el fuego que terminaba rindiéndolos enredados en la cama de Draco, media hora más.

-De veras, necesito identificar el veneno –murmuró Draco, en el pecho de Harry. Su cuerpo entero dolía. Harry gruñó algo ininteligible y rodeó la cintura de Draco con sus brazos. El pobre moreno estaba exhausto. Ninguno estaba acostumbrado a la maratón de sexo en la que participaron, ambos estaban agotados. Draco dio un respingo, tratando de maniobrar la salida de los brazos de Harry.

-¿Adónde vas?

-A vestirme. Necesito descubrir esto, Harry. Puedo hacer una poción que me diga si tengo alguna toxina en el cuerpo, pero tengo que salir de la cama para hacerla.

Harry protestó, completamente descontento, pero soltó a su rubio.

Con una mueca de dolor, Draco apoyó los pies en el piso frío y se paró. Nunca había visto a Harry ponerse los lentes con semejante rapidez.

-Pervertido.

El moreno apenas le sonrió.

Dolorido, Draco se puso un par de vaqueros –por tercera vez en el día-, y se encaminó a su escritorio de pociones. Tenía tres escritorios en el cuarto –una de las ventajas de tener su propia habitación-; uno estaba cubierto con utensilios para hacer pociones, el otro, con libros, pergaminos, plumas y tinta de varios colores, y el otro era su mesa de luz.

Harry se apoyó en un codo, para observar cómo se movía Draco. Siempre le había intrigado lo elegante que podía ser cuando preparaba pociones.

-¿Sabes cuál debes hacer para ver si estás bien? -Draco asintió, mientras tomaba algunas cosas que Harry nunca había visto antes-. ¿Y tienes todo lo que necesitas?

-Por supuesto que sí. Abre el baúl que está bajo la cama y alcánzame algunas hojas de menta, ¿sí?

-Son verdes, ¿cierto?

Unos ojos grises, para nada divertidos, giraron para ver la amplia sonrisa de Harry.

Harry le guiñó un ojo, antes de deslizarse de debajo de las sábanas. Sin cuidado por su completa desnudez, se agachó para buscar debajo de la cama. Podía sentir los ojos de Draco, recorriendo cada milímetro de su piel. Cuando volvió junto a su amor, con las hojas verdes en la mano, no pudo evitar envolverse alrededor del rubio.

-¿Quién es el pervertido ahora?

-Vístete.

-¿Estás seguro?

-¿En verdad quieres poner mi vida en peligro, Harry?

Con un beso casto en la sien de Draco, Harry obedeció, regresando a donde fuera que hubiera tirado sus ropas la noche anterior.

-¿Hay algo más que te gustaría que hiciera?

-Puedes sentarte allí, luciendo bonito. Yo puedo hacerlo solo, y conociéndote, joderías todo.

-No deberías decir 'joder', me aparecen sucias imágenes en la mente -Harry no pudo evitar la risa, porque el rubio le arrojó algo por sobre el hombro.

-Jodido…

-Otra vez.

-Cállate.

Draco se concentró más en su trabajo y las sonrisas disminuyeron. Le salía con completa fluidez, aunque con una falla chiquitita: sus movimientos eran más lentos que lo usual, pero Harry se dio cuenta de que era porque no estaba cómodo de pie.

-¿No tienes algo para quitarte el dolor? –preguntó Harry, casi inocentemente, desde su sitio, en la cama. Casi rio al ver que las puntas de las orejas de Draco se ponían rosadas-. Lo siento, si te duele-

-Está bien; solo es un recordatorio de que había pasado mucho tiempo sin hacerlo.

Harry resistió la tentación de agarrarlo y empujarlo de nuevo a la cama, para volver a acostumbrar su cuerpo. Pero, tenía algo más en mente.

-Ey, ¿cuánto hace que sabes sobre nuestra relación?

La espalda de Draco se tensó. –No hace mucho.

-¿Desde cuándo? ¿Antes de Navidad?

-Sí, lo supe antes. Desde el día que nos encontramos en la Sala de los Menesteres, para las lecciones después de la primera pesadilla de Scorp.

Harry había temido esto. -¿Sabías antes del pícnic?

Draco asintió con la cabeza. –No quise decirte nada.

-Ese fue uno de los días más maravillosos que pasé, y tú sabías…

-Tampoco significa que lo afectó de alguna manera, yo tenía estos sentimientos antes de descubrirlo; solo me ayudó a aceptarlos. –Sin pensar, agregó los siguientes ingredientes, como si hablar con Harry no lo distrajera. No necesitaba instrucciones, se las sabía de memoria.

-¿Cuántas veces te han envenenado? –preguntó Harry, lentamente, observando con qué eficiencia se movía Draco.

Draco le sonrió. –Hace unos días, Theo creyó que él había sido envenenado. Sabíamos qué era lo que tramaba Parkinson, así que empezamos a tomar todo tipo de precauciones. Esta es la tercera vez en la semana que hago la poción –dejó escapar un suspiro-, estoy tan cansado. –El movimiento se detuvo y volvió a suspirar pesadamente-. ¿Puedes pasarme el set de cuchillos que está en el baúl?

-Tienes un set completo de cuchillos relucientes.

-Esos son para plantas. Ahora necesito los que son para carne.

Harry gruñó, volvió a buscar en el baúl de Draco y lo halló. Cuando se lo alcanzó, envolvió a Draco con sus brazos firmemente. Eso no detuvo los movimientos del rubio. El sonido de la hoja sobre el cuero, como siempre, estremeció a Harry, pero el cuchillo de plata lucía asombroso; miró los ingredientes sobre la mesa. –Solo tienes plant-

Las palabras se interrumpieron cuando Draco se tajeó su propio dedo, y dejó que varias gotas de sangre cayeran en la poción burbujeante. Intrigado, observó las vueltas de la sangre, hasta que notó que la poción cambiaba, y pasaba de su verde original a un color perlado. -¿Qué significa?

-Significa que estoy limpio, no hay veneno en mí.

Harry jamás había oído mejores noticias, tomó la muñeca de Draco y se llevó la piel lastimada a la boca. Una vez que paró la sangre, comenzó a prestarle atención al cuello de Draco.

-Señor Malfoy...Señor Potter...¿están allí?

Ambos se sobresaltaron al oír la voz en la puerta.

-¿Quién es? –siseó Draco, apoyando la cabeza en el hombro de Harry, encantado con la manera en la que Harry atendía a su cuello.

-Mi nombre es Julius Blackthorn, señor. Soy amigo de Crispin. Tengo…

Draco se soltó de los brazos de Harry con otro suspiro profundo y se dirigió a la puerta. En el momento en que la abrió, los hechizos cayeron y algo lo empujó físicamente. Inmediatamente, Harry se armó con su varita, tomándola de debajo de la almohada de Draco y le apuntó al moreno que había caído encima de Draco.

Luego se detuvo.

-¿Scorpius?

El antiguo adolescente rubio lo miró con una sonrisa brillante. -¡Papá! –se separó del papá tirado en el piso y saltó al abrazo de su padre.

-¿Scorp? -preguntó Draco, sentándose y mirando asombrado al par. -¿Qué demonios le pasó a tu cabello?

-Concéntrate en lo importante, Draco –gruñó Harry, antes de separarse del chico-. ¿Qué pasó contigo? ¿Cómo regresaste? ¿Adónde fuiste?

-¡Aquí está mi padre, el que recuerdo tan amorosamente! –Scorpius sonrió, mirando la cara de su padre-. Siempre haciendo un millón de preguntas sobre mi seguridad.

-Scorpius...

-¿Qué mierda le pasó a tu cabello? –Repitió Draco, acariciando los mechones marrones-. No me gusta. Cámbialo de color.

-Eso es culpa mía –aceptó Julius, desarreglando su propio cabello color arena-, cuando lo encontré, pensé que iban a acosarlo si lo veían, así que lo disfracé usando mis técnicas especiales. Debería saber que no iba a tener la suerte de confundir a sus padres. –Con un rápido movimiento de la varita de Julius, la ilusión fue removida y el Scorpius de siempre quedó mirándolo-. Soy bastante bueno con los disfraces, así es como consigo toda mi información. Eso fue lo que hice la noche en que invadieron los Mortífagos, me disfracé con la apariencia de alguien más, para que si me descubrían, pudiera escaparme y lo culparan a él.

-Sí, está bien, como sea –murmuró Draco, pasando las manos con el cabello rubio platinado de Scorpius-. Estás aquí. –Abrazó a su hijo y, de repente, Scorpius se ruborizó.

-¿Qué interrumpí? –Preguntó, dándose cuenta de que sus padres no tenían puestas sus camisas.

-Nada. Recién nos levantamos –dijo Harry, dejando a Scorpius con la boca abierta-.

-¿Desaparezco y ustedes dos empiezan a tener sexo? Realmente saben cómo hacer que su hijo se sienta importante, ¿no?

-No es así, mocosito insolente.

-¿Y qué más íbamos a hacer? –Preguntó Draco, abrazando otra vez a su hijo e ignorando el bufido irónico de Scorpius-. No importa, ahora que estás de vuelta. Lo importante es que estás aquí.

-Hace años que los sorprendí haciéndolo.–Scorpius sonrió, juguetón, y Draco casi se ahogó con aire.

-Seguramente no seremos tan estúpidos…

El adolescente más joven rio a carcajadas. –No serán estúpidos, solo muy calientes.

-No necesito escuchar eso de mi hijo –murmuró Harry, antes de mirar enojado al Slytherin que seguía en la puerta-. ¿Algo más?

-No, lo siento, señor. Ya me voy. –De ese modo, Julius desapareció, con la suficiente gentileza de cerrar la puerta.

-No tenías que ser tan malo con él, Papá. Me hizo un gran favor, cuidándome.

-Cambió el color de tu cabello –argumentó Draco, inseguro de poder superarlo; nunca, nunca quería volver a ver ese color en la cabeza del chico-. ¿Y qué fue lo que pasó contigo?

Scorpius tembló visiblemente. –Estuve atrapado en algún lugar…podía verte, a ti y a Papá, pero no estaban juntos. Él estaba peleando contra los Mortífagos, y tú…te quemaron y te tocaron…-Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas-. Y entonces vi que el abuelo colocaba un frasco de algo al lado de la cama de alguien…y dejó una nota que decía que era una poción para envenenarte, pero no quería hacerlo y lo obligaron...por eso no se lo dio a Parkinson. –Se interrumpió, notando lo heridas y enojadas que se veían las caras de Draco y de Harry-. Y seguí pasando entre ustedes tres, y entonces vi que papá moría envenenado, y vi a mi viejo tío Sev muriendo, apenas después de que me tomé la poción para viajar en el tiempo…sin parar, una y otra vez. Vi que Papá lloraba, y no había Lily…era tan extraño.

Harry se adelantó y lo abrazó. –Está bien.

-Y volví cuando el abuelo te dio la muestra, Papá. Me desperté en el comedor y me las arreglé para correr hasta la Sala Multipropósito, pero no pude ir más lejos, no quería que nadie me viera. Sé que algunos de Slytherin salen por la noche, así que tampoco podía ir a las mazmorras, y no sabía la contraseña de la sala común de Gryffindor. Y, por mucho que lo intentara, la habitación no me dejaba salir bajo una capa de invisibilidad porque desaparecía cada vez que pasaba por la puerta…Creo que desaparecí porque papá iba a morir. –Los ojos verdes observaron a Draco por sobre los hombros de Harry-. Y creo que volví porque ahora estás a salvo, puedes hacer el antídoto ahora que tienes una muestra del veneno.

-Entonces, este es un muy buen signo -Harry sonrió con un gesto lleno de amor.

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Remus sintió cómo sus ojos se abrían desmesuradamente y se quedaba con la boca abierta. Severus y él habían decidido pasar el día en sus habitaciones, corrigiendo los últimos trabajos que habían asignado. Hacía un momento, había ido al baño, y cuando regresó a su escritorio, lo esperaba un fino anillo de plata.

-Dijiste que querías un anillo. Te compré uno, así que ahora, ¿vas a casarte conmigo? –preguntó Severus, desde su propio escritorio, sin molestarse en mirar al hombre al que le acababa de hacer la pregunta.

-Idiota –siseó Remus, levantando el anillo y tirándoselo a Severus por la cabeza-. ¿Estás tratando de matarme? ¿Me das un anillo de plata? –Vio que Severus giraba para mirarlo de frente. El maestro de pociones se acercó, le tomó la muñeca y llevó la mano hasta sus ojos, notando los dedos enrojecidos, como si se hubiese quemado.

-Lo siento –dijo, suavemente. Remus casi resopló. Por supuesto que Severus no iba a pedirle perdón en voz alta; pero bajó la cabeza y le besó las puntas de los dedos, allí donde estuvieron en contacto con la plata.

-No me di cuenta, solo pensé que te quedaría bien.

-Estoy seguro de que me vería irresistible, ampollado y quemado.

-Siempre eres irresistible, mi amor –Severus tomó los labios de Remus, cortando cualquier respuesta que hubiera dado.

Severus siseó, de manera parecida a Remus, y se separó de su futuro esposo, apretando el tatuaje odiado con la mano, sintiendo la quemazón en su carne y en sus huesos.

-Hace bastante tiempo desde la última vez que te llamó -afirmó Remus, preocupado. Este momento siempre era temido; nunca sabían si Voldemort llamaba a Severus porque lo había descubierto, o se trataba de una llamada normal. De cualquier modo, siempre estaba en peligro, y Remus odiaba la situación.

-¿Puedes avisarle a Albus? -preguntó Severus, agachando la cabeza para volver a besar a Remus.

-Lo haré.

Los ojos marrones de Remus siguieron a Severus hasta que salió de la habitación, después se dirigió a la chimenea.

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Draco gruñó cuando volvieron a llamar a la puerta.

-¿Quién es? –Demandó.

-Crispin, señor.

El rubio abrió la puerta y le lanzó una mirada enojada. –Estás interrumpiendo –señaló hacia el juego de ajedrez en el que estaba participando con Scorpius. Harry lo había sugerido, porque no entendía ni pío de las conversaciones de los rubios y estaba cansado de las propiedades de las hojas y espinas y tallos...

-Disculpe, pero creí que le gustaría saber que todos los Mortífagos han sido llamados por el Señor Oscuro. –Tenía una pequeña sonrisa satisfecha en la cara, pues sabía que la información era altamente intrigante-. Julius y yo controlamos, y todos los Mortífagos conocidos en Slytherin se fueron hace quince minutos, hasta el profesor Snape se fue, y los demás profesores están reunidos en la oficina de Dumbledore. –Miró a Harry-. Supongo que en cualquier momento lo van a llamar ¿no? La Orden del Fénix no puede hacer mucho sin el chico prodigio.

Harry parpadeó repetidamente, mirando al chico de cuarto año. -¿Y tú qué sabes de la Orden?

-Lo sé todo –sonrió, orgulloso-. Julius y yo hacemos que los gemelos Weasley parezcan principiantes.

Esta vez, Harry sonrió con suficiencia. –Tienen mucho que aprender. A su edad, ellos habían recobrado un mapa que muestra a todos en Hogwarts, de la oficina de Filch. –Observó que el chico prácticamente babeaba-. Y antes que ellos, los merodeadores…

-Bendecidos sean –suspiró, Crispin. La atención de Harry se había concentrado en Scorpius, y el chico levantó la vista rápidamente.

-¿Sabes quiénes son los Merodeadores? –preguntó Scorpius-.

-Más legendarios que el mismísimo Salazar. Encontramos un mapa que debe haber sido el prototipo del que ustedes tienen. Tiene la ubicación de los pasajes secretos, y por eso hemos podido ir a Hogsmeade desde segundo año. Moony, Wormtail, Padfoot y Prongs han sido mi mayor inspiración desde hace dos años. Es una lástima que no hayan dejado nada más que mapas…Julius y yo hemos tratado de encontrar algo más sobre ellos, pero no hemos hallado nada.

Harry sonrió ampliamente. –Te diré un secreto que ni siquiera los gemelos conocen. –Crispin entró al cuarto y cerró la puerta-. Moony, Wormtail y Padfoot nunca tuvieron hijos, pero Prongs sí se casó y tuvo un hijo. Sorpresivamente, su hijo y su nieto están en Hogwarts en este mismo momento.

-¡Puta madre! –Acusó Crispin-. ¿Cómo lo sabe?

-Y sé aún más: Padfoot fue asesinado hace unos años, él era el padrino del hijo de Prongs…y prácticamente todos los días, vemos a Moony.

-Nunca pudimos descubrir en qué años estuvieron aquí…¿cómo sabe todo esto?

Scorpius suspiró pesadamente. –En realidad, a Moony le quedan unos pocos días de soltería. Se va a casar el domingo.

Ambos, Harry y Draco, ahogaron una exclamación y se giraron hacia su hijo. -¿Qué carajos…? –Preguntó Harry.

-¿Por qué Severus no me dijo nada?

El chico rubio rio. –Creo que el tío Remus, todavía no lo sabe. Por lo que recuerdo, de lo que me contó el tío Severus, casi lo obligó, le compró un anillo de plata y todo…Me contó que tío Remus le tiró el anillo y lo llamó idiota. Y bueno, en serio, ¿qué clase de idiota le da un anillo de compromiso de plata a un hombre lobo?

-¿¡Qué!?

Harry desvió la mirada hacia Crispin. -¿No era que sabías todo?

-Bueno, por supuesto que sé que el profesor Snape se está acostando con el profesor Lupin, pero no sabía que iba a haber boda…siempre pensamos que solo era calentura…Esperen…¿Remus Lupin es Moony? –Se quedó con la boca abierta-. ¿Usted es el hijo de Prongs? ¡Merlín!...nació para la grandeza, ¿no es verdad?

Desde entonces, Harry se arrepintió de haberle contado esas cosas a Crispin. Inmediatamente, se acordó de los hermanos Creevey, solo que Crispin lo admiraba por ser el hijo de su padre, no por él mismo, que era un cambio bienvenido.

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Severus apareció en la sala del trono de Voldemort e hizo una reverencia profunda, junto al resto de los Mortífagos. Lo primero que notó fue lo llena que estaba la sala. Era muy raro que llamara a todo el grupo, pero eso era lo que había pasado.

-Mis fieles –saludó Voldemort, con los ojos brillantes, observando las cabezas inclinadas ante él-. Los he llamado el día de hoy porque nuestras filas están mermando rápidamente. La Orden del Fénix nos está destruyendo. Los que han sido apresados nos delatan, Dumbledore nos rastrea y encuentra nuestros escondites –hizo una pausa y resopló pesadamente-. ¡Somos más que él y su Orden! ¡Deberíamos ser nosotros los que los aniquilan! ¿Qué sucede, mis sirvientes? ¿Qué es lo que está pasando?

Nadie se atrevió a contestar. El Señor Oscuro estaba de muy mal humor –razonablemente-, y nadie se ofreció a hacer oír su voz, porque si alguien lo hiciera, lo más probable era que acabara muerto, inmediatamente.

-¿Debo suponer que hay algunos espías entre nosotros, vendiendo a los compañeros Mortífagos por una sentencia suave, o que mis fieles son débiles? Señorita Parkinson –ladró el nombre, repentinamente-, ¿cómo va su pequeño proyecto?

Se oyeron unos movimientos y Parkinson se adelantó. –Desafortunadamente, mi Señor, no ha tomado una comida en el comedor…no he tenido oportunidad…

Los gritos sonaron en la sala, mientras Voldemort la torturaba por sus errores. Varios Mortífagos dieron un respingo ante sus gritos y chillidos, pero Severus no fue uno de ellos. Casi agradecía que la bruja fuera tratada de ese modo, después de todo lo que le hizo a Draco, lo merecía.

Voldemort la liberó de la maldición y suspiró profundamente. –Por lo que he me han dicho, Draco Malfoy es el amante de nuestro querido Harry. ¿No quiere que Harry sufra por lo que ha hecho a mis Mortífagos? ¿Cuántos de mis leales sirvientes tendrán que perder el alma por su culpa? Lo menos que podemos hacer es quitarle el querido, ¿no le parece?

Ella asintió fervientemente, aceptando lo que sea que dijo su Señor, a pesar del hecho de que su cuerpo seguía retorciéndose de dolor.

-La próxima vez que la vea, quiero alabar un trabajo bien hecho –continuó, empujándola con el pie-. Si no, morirá.

Con eso, volvió su atención al resto de los Mortífagos: quedaban algunos, y varios no habían aparecido con la llamada; además, varios parecían desaparecidos, pues estaba seguro de que la Orden no había capturado a tantos.

Abrió la boca para comentarlo, pero sus palabras fueron interrumpidas por un grito súbito. Inmediatamente supo de quién se trataba y corrió hacia la habitación contigua, ignorando a los Mortífagos, preocupado por la creatura que acababa de fritar.

-Severus, ven conmigo.

Obedeció, corriendo detrás del Señor Oscuro. Las puertas dobles se abrieron con fuerza, y Severus casi se quedó helado por lo que vio: Bellatrix estaba de pie, sobre una criatura pseudohumana, ambas cubiertas de sangre mientras Bellatrix continuaba apuñalando lo que pudiera alcanzar, un brazo o el sofá donde Nagini estaba sentada.

Voldemort no perdió tiempo y la detuvo, lanzándole una maldición Cruciatus. Lestrange cayó al suelo, retorciéndose y en un ataque de llanto, sintiendo la ira que causó. –Nagini -exhaló Voldemort, arrodillándose junto a la serpiente que chillaba. De inmediato, empezó a evaluar las heridas que cubrían su cuerpo, comenzando por el abdomen.

-¡Severus! –Siseó, girando para ver de frente al maestro de Pociones-. Dame las pociones que traigas contigo y puedan ayudarle.

Severus lo hizo, alcanzándole varias pociones analgésicas, para detener hemorragias y para reparar el daño en los órganos internos. El Señor Oscuro las tomó sin cuestionar por qué su vasallo las llevaba consigo, reconociendo su propia costumbre de descargar la ira con sus esclavos.

-Bebe esto, mi amor –dijo, en inglés. Nagini entendió las palabras y bebió cada una de las pociones que le alcanzó; llorando y con una mano sosteniéndose el abdomen con cuidado-.

La serpiente siseó a su amante, ambos ignoraron a Bellatrix, que seguía bajo la maldición Cruciatus. Severus observó que Voldemort la escuchaba con atención, y su mano cubrió la de Nagini, mientras ella hablaba y lloraba con más fuerza a medida que la historia continuaba.

Voldemort maldijo cuando terminó, y giró para dirigirse a Severus. –Fíjate si está embarazada.

La orden asombró a Severus, pero levantó la varita y apuntó al abdomen de la serpiente, por sobre las manos que lo cubrían. Murmuró el hechizo y sintió la vibración de la varita, luego la punta se puso azul. –Está esperando. –Nunca había visto una mirada de alivio semejante en la cara de su señor.

Voldemort se levantó, besando rápidamente a Nagini, luego volvió su atención a Bellatrix. –Atacó a Nagini cuando se enteró del embarazo. La tonta estaba convencida de que ella iba a ser mi amante.

-¿Qué le gustaría que hiciera con ella, mi Señor? –Preguntó Severus, sabiendo que Bellatrix no iba a escapar al castigo por el ataque. Por lo hecho, estaba casi seguro de que iba a torturarla hasta la locura, como a los Longbottom.

-La quiero lejos. Dásela a Dumbledore.

Severus hizo una reverencia y levitó a la mujer, cuando Voldemort levantó la maldición.

-¿Algo más, mi Señor?

-Quiero que mantengas vigilados a los estudiantes y me digas quiénes son lo suficientemente fuertes para la batalla.

-Sí, mi Señor.

Xxxxxxxxxxxxxx Dulzura Letal, 27 de junio de 2015 xxxxxxxxxxxxxxx