Disclaimer: Basado en la novela de Jojo Moyes "Me before you", adaptación al universo de Star Wars propiedad de Disney y Lucasfilm. Sin fines de lucro.
Nota de la autora: Agradezco infinitamente a quienes leyeron el primer capítulo, este va dedicado en especial a Rafaela Montecristo, LadyWitheRose y Omar2 que se tomaron la molestia de dejar review. A quien conoce la historia como Rafaela, me gustaría decirles que pueden esperar una sorpresa al final.


Dos años después

Rey

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Me gusta creer que puedo llegar desde la puerta de mi casa hasta el café de Maz en unos catorce parsecs. Incluso doce si acelero lo suficiente. Doy vuelta a la esquina y puedo ver el edificio alto y oscuro construido en piedra, parecido mucho más a un castillo que a una cafetería con un bar clandestino en el sótano y que ha estado ahí, según lo que algunos dicen, por un par de siglos. Otros aseguran que Maz lleva en el negocio mucho tiempo más.

A mi espalda el sol comienza a rebasar la línea de las construcciones. Algunos niños pasan corriendo junto a mi speeder y es imposible saber si van al centro educativo o simplemente juegan. Es poco probable que estén huyendo, como Finn a esa edad. Los dos fuimos huérfanos pero él tuvo mucho menos suerte que yo. La Nueva República había prohibido del todo los esclavos humanos, pero esas las leyes no llegaban más allá del borde exterior donde el dinero y el poder eran los verdaderos gobernantes. Finn había nacido en un planeta que comerciaba con personas y por años ni siquiera tuvo un nombre pues a los esclavos sólo se les asignaba un número. Su accidentado camino a la libertad inició cuando se metió de contrabando en una nave de carga, apretujado entre cajas de provisiones. Nunca supo de sus padres, si alguna vez tuvo o no una familia, si acaso fueron vendidos como tantos otros... Aunque existía también la posibilidad de que hubiese sido entregado por ellos mismos.

Mi familia al menos tuvo la precaución de dejarme a las puertas de un buen hogar y aunque los Kenobi me hicieron mantener por algunos años la esperanza de que quizá mis verdaderos padres volverían por mí, cuando se hizo obvio que no lo harían, ellos me adoptaron. E hicieron lo mismo por Finn luego de que yo lo traje a casa, asustado y hambriento. No era del todo raro que un fugitivo terminara de Takodana después de todo.

Ese día estaba comenzando como cualquier otro. Casi todas las personas que yo conozco detestan las mañanas del lunes pero a mí no me molestaban. Dejo el speeder a salvo afuera del castillo de Maz y enciendo una enorme tetera inmediatamente después de cruzar detrás de la barra. La primera parte del día es divertida, pues los clientes son individuos adormilados que se maravillan ante su plato de desayuno y comienzan charlas casuales y animadas en bajos murmullos. El menú incluye toda clase de aperitivos, incluso algunos crudos pues no se restringe la entrada a nadie sin importar su especie. Incluso los androides son bienvenidos.

Me gustaba ver a los viajeros turistas que sólo se detenían por provisiones, luciendo siempre un poco fuera de lugar y a los habituales contrabandistas con gesto rudo. Ni siquiera esa caza-recompensas que siempre recalcaba que estaba emparentada con el legendario Bobba Fett y discutía por el cambio al menos una vez a la semana, lograba irritarme.

Vi triunfar y fracasar tratos comerciales entre las mesas del café y del bar subterráneo al que comenzaban a llegar un poco después de la puesta de sol, una variedad de clientes incluso de mayor diversidad que los que frecuentaban el lugar durante el día. Era un sitio de visita casi obligado en el planeta para extranjeros y algo casi familiar para los locales. Y todos compartían unas palabras conmigo, bromas o comentarios sobre las tazas de infusiones humeantes o elegantes vasos de licores.

Y aunque a mí me gusta mi empleo, algunas veces no puedo evitar sentir que quiero algo más. Tal vez comenzar en la escuela de mecánica en Coruscant, pues desde pequeña me gusta arreglar cosas: desde mi speeder que de hecho salvé de un basurero de chatarra, hasta el androide doméstico de Madre. Posiblemente si consiguiera otro trabajo reuniría lo suficiente para viajar.
No es una decisión fácil, pues además de lo apegada que estoy al castillo, yo le agrado mucho a Maz Kanata; casi tanto como a ella le agrada el abuelo Ben. Algunas veces él se pasa por el café y ellos dos comparten muchas horas de charla.
Pero el verdadero reto sería dejar de lado a mi familia. Sé que ellos preferirían que me quedara en Takodana, donde mi seguridad está asegurada, pero a veces siento que simplemente no pertenezco a aquí.

Cuando vuelvo a casa después del trabajo hay una atmósfera cargada, que percibo incluso antes de asomarme al salón. Padre y el abuelo están inclinados sobre un holotransmisor. Incluso Madre y Finn lucen un poco pálidos. Debe ser muy algo serio. "Ayudame Obi Wan Kenobi, eres mi última esperanza" escucho esas palabras que provienen de la imagen femenina del holograma, antes de que la proyección se extinguiera.

No necesito preguntar para que Padre me ofrezca una resumida explicación a tan inusual escena. La ex Jefa de Estado, Leia Organa Solo quiere que el abuelo viaje al planeta Naboo para un asunto de suma importancia y con urgencia. Él quiere ir, pero el resto de la familia está insegura pues aunque Ben Kenobi parece fuerte como si tuviera varias decenas de años menos, lo cierto era que probablemente no estaba en su mejor forma. Comenzaron a enlistar las razones por las que ninguno de mis padres podía acompañarlo y era bastante obvio que Finn no podía salir del planeta sin documentación falsa, la cual era increíblemente costosa.

Antes de que a alguien se le ocurriera una mejor solución que dejar ir al abuelo en solitario, me sorprendo incluso a mí misma, pues no lo pensé ni por dos segundos: Me pongo de pie y anuncio con una determinación completamente inusual en mí: — Yo lo acompañaré.


Siéntanse libres por favor de opinar si les agrada la narración en primera persona o no, pues con gusto puedo cambiarla en el siguiente capítulo. Gracias por leer :).