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Capítulo 2.
Thousand Sunny
–¡Cómo¡.. P-pero qué ha podido hacer algo así–Nami, incrédula, leía el periódico que Luffy le había entregado. El capitán había reunido a todos en el barco para mostrarles la noticia. Ni que decir tuvo que la mayoría se había sorprendido al escucharle. Usopp temblaba ligeramente al sentir un escalofrío recorrer su espalda de arriba abajo. Cómo era posible que toda una nación entera haya sido destruida, era algo difícil de creer.
–Lo más lógico es pensar que un gran terremoto haya causado este desastre. Aunque teniendo en cuenta que también fue destruido el palacio real, siendo este alzado por la densidad del agua, también existe la posibilidad de un certero ataque por parte de un poderoso animal marino–Dijo Robín dubitativa.
–No lo creo–Intervino Sanji–Allí los monstruos marinos ejercen cómo guardianes de la isla, dudo mucho que uno haya hecho tal cosa.–Luffy se levanto ante la atenta mirada de todos.
–Sea lo que sea partiremos hacía allí de inmediato. Tengo que saber si keimi y los demás siguen con vida.–Habló el capitán con aquella faceta prudente que mostraba en momentos de seriedad.
–Mugiwara-ya mi tripulación está a un par de islas de aquí. No puedo retrasarme más.–Dijo Law sentado en un rincón de la estancia, alejado del grupo.
–Maldición...–Maldijo el de sombrero de paja. Ir a por la tripulación de Torao los retrasaría unos días más.
–Además Luffy, para volver a la isla gyojin necesitamos un recubrimiento. Lo que nos llevaría a volver a un Archipiélago Sabaody infectado de marines.–Explicó la navegante, suspirando resignadamente por los obstáculos que le impedían regresar a la isla gyojin.
–Eso no es todo.–Zoro entró en la conversación. –Para poder acceder a Sabaody antes debemos regresar a Grand Line, para ello nuestra única manera de entrar sería atravesar la Red Line.–En esos momentos Luffy tenía la necesidad de romper cosas. Apretó sus dientes cómo si quisiera hacer sangrar sus encías. Quería saber si sus amigos seguían con vida, necesitaba saberlo. No podía seguir adelante sabiendo que sus amigos podían estar muertos. ¡No! No estaban muertos. Estaban vivos, y por eso quería ir allí. Para ayudarles en todo lo que pudiera. Sus amigos no eran débiles, por eso seguían con vida. Pero claro, no podía pensar con claridad. Tanto Zoro cómo Nami tenían razón. Ir a la isla Gyojin sería cosa imposible sin un recumbrimiento.
–Yo podría construir una ¡Suuuper! Máquina que pueda recubrir el barco.–Luffy miró a Franky con verdadera ilusión. Un halo de esperanza comenzó a crecer.
–¿En serio?.
–Yosh–Franky alzó el dedo pulgar. Luffy se abalanzó sobre el carpintero.
–¡Sugoi! eres el mejor, Franky
–Gracias, Aniki. Pero necesito mínimo dos días para construirla.–Luffy asintió aún agarrado al ciborg. Esperaría lo que fuese, lo importante es que podría ayudar a sus amigos. Sin duda le debía una muy grande a su nakama.
–En ese lapso de tiempo iremos a recoger a la tripulación de Law –Añadió Chopper.
–¿Y que sucede con nuestro plan de derrocar a kaido?
–Eso puede esperar. No puedo ignorar a un amigo caído, yo siempre estaré ahí para tenderle mi mano–Law negó resignado, era de esperarse que dijera algo cómo eso. Así es Luffy, un chico capaz de traspasar su límite a la hora de proteger a sus amigos. Su coraje y su destreza fue el pilar que lo convencío de hacer una alianza con él.
–Sanji-kun, ¿Tenemos lo necesario para partir Ahora mismo?–El rubio asintió–¿Franky?–el ciborg alzó el pulgar.–Pues venga gandules.–La navegante comenzó a dar órdenes a cada miembro de la tripulación.
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Isla Gaviota.
Un chico de unos doce años cargaba a su espalda con un saco. Su contenido era desconocido, pero el sonido que producía era inconfundible. Se trataba de un saco repleto de monedas.
El pre-adolescente era pelirrojo, de estatura media. Su vestimenta consistía en una túnica celeste con una piruleta negra a la altura del pecho. La bolsa era bastante pesada, y el chico de vez en cuando paraba a descansar.
A lo lejos divisó un enorme navío, tanto o más grande que un acorazado de la marine. En sentido contrario a él, caminaba un chico pálido de cabellos largos blancos que cubría parte de su rostro. Vestía con la misma túnica celeste, pero en vez de una piruleta su emblema era una pistola negra.
–Ya no queda más oro, Nee~Shames–El niño soltó el saco para descansar un poco. Sin duda la fuerza no era su mayor virtud. Sin mediar palabra, el pálido agarró el saco, librando al pequeño de cargar con la bolsa.–Gracias Nee~Shames. Aunque seas poco expresivo eres muy bueno Nee~Shames. A que sí Nee~Shames. Oye contestame Nee~Shames. ¿Mataste a los tripulantes del submarino al que hemos saqueado todo este oro?. Eh Nee~Shames... ¿Los mataste?
–No–La voz del chico sonó inexpresiva, cómo si de sentimientos careciera.
–¿Por qué, Nee~Shames? El oso es muy maleducado–Se quejó el pelirrojo. El Pálido ignoró al niño. A veces se preguntaba mentalmente por qué Tesla lo emparejó con este niño bocazas. No aguantaba a los adultos y mucho menos a los mocosos impertinentes.
En lo más profundo del navío, dónde la oscuridad reinaba cada palmo del lugar, encerrados en una celda se encontraban atados la tripulación restante de los Piratas Hearts. Cada uno mostraba heridas bastante leves, especialmente una herida de bala en el brazo de Bepo. El Mink perdía sangre, y el dolor incrementaba por segundo.
–Maldición... Nos barrió cómo si fueramos inútiles.–Penguin se sentía humillado. No sólo había sido derrotado por el pálido ese, también había tenido que suplicar por la vida de sus nakamas cómo si fuera una cucaracha. Ahora necesitaba a su capitán más que nunca.
–Ese desgraciado es un prodigio con las armas de fuego.–Dijo Bepo escupiendo sus palabras.–Pero hay que estar tranquilos, Law nos salvará de esto. A él no lo derrotará un maldito pistolero.
–Tienes razón –Añadió el grandullón.
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Thousand Sunny
La noche había llegado hace horas, sustituyendo los iluminadores rayos de sol por los sombríos destellos de la luna. Bajo la bandera del sombrero de paja se encontraba el espadachín haciendo guardia. La noticia del derrocamiento de la isla gyojin no le había afectado tanto cómo a Luffy, pero en cierto modo sentía pena por Keimi y los demás. Después de todo es el lugar dónde se le declaró a Robin. No tuvo reparos en contarle lo que sentía, él era así, sincero y directo. En cierto modo se sentía apenado por el falso rechazo de Robin, ella quería mantener todo en secreto, y hasta el momento todo bien. Pero no veía inconveniente alguno en contarles a sus nakamas. No comprendía la objeción de la morena.
Gracias a su Kenbunshoku Haki pudo notar la presencia de la morena subir por la escalera. No pudo evitar sonreír al pensar lo absurdo que era sentir mariposas en el estómago. Simplemente era molesto sentir ese cosquilleo incesante al tener cerca a su, ahora, pareja.
La trampilla se abrió, dejando ver la belleza despampanante de la morena. La chica había esperado que Nami se durmiera para poder visitar a su querido espadachín. Era el momento perfecto para pasar un rato junto al chico que rompía todos sus esquemas. Simplemente era el hombre perfecto, no podía buscar un sólo defecto en él. Atractivo, sincero, leal, serio... Simplemente eso es lo que ella busca en un hombre. Le hubiera gustado tener su misma edad, pero las cosas no eran cómo siempre esperas.
–Muy Buenas, Zoro–El espadachín emitió un pequeño gruñido en modo de respuesta. Varonil, eso también pertencia a la rama característica de Zoro.–¿Estás triste por la isla gyojin?–Robin se sentó a su lado, y apoyó su cabeza en el hombro del chico.
–No, la isla es lo de menos. Sólo estoy preocupado por su gente.
–Entiendo–Robin observó la expresión neutral de Zoro. Respiró el olor de acero que tanto le gustaba de él. Era increíble. Aprovechó esos momentos para besarle la mejilla.
Zoro sintió los labios de Robin posarse en su mejilla, tan cálidos y suaves. La observó de reojo y pudo visualizar cierta sonrisa traviesa.
–No es el momento, Robin–La morena suspiró, un poco avergonzada.
–Tienes razón, Lo siento
–No te disculpes–Dijo Zoro posando sus labios en los de Robin. Era extraordinario besar a esta mujer. Cuando acabó el beso, Robin volvió apoyar su cabeza en el hombro de Zoro.–Deberías irte a descansar.
–Estoy bien aquí, Zoro.
To be Continue...
