Capítulo 2: Since I've been loving you.

"It really makes life a drag,

I don't think that's right.

I've really, really been the best of fools,

I did what I could."

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Enredó sus piernas a la cintura de él, mientras soltaba pequeños suspiros de cada vez en cuando. El joven la sostenía por el trasero, apretujándolo constantemente, al mismo tiempo que trazaba un camino de saliva de su cuello hasta el comienzo de sus pechos, y de regreso.

Hundió sus las yemas de sus dedos en los cabellos negro azabache, cuando sintió que la boca de él regresaba a devorar un poco más la suya. Un escalofrío la inundó, al percibir de pronto una de las traviesas manos del chico desviarse hacia su falda, y cómo este comenzó de pronto a juguetear con su clítoris.

Gimió levemente, y Sasuke al fin optó por recostarla en la gran cama. El chico mordió suavemente sus pechos, deleitándose, insaciable. Sakura no hacía más que dejarse llevar.

Siguió haciéndola vibrar con todos esos enloquecedores jugueteos en su entrepierna, y finalmente entró en ella en una estocada fuerte y rápida. Se detuvo un minuto, para que ambos se acostumbraran a la sensación. Quedaron suspendidos en las puertas del cielo y entonces él comenzó el vaivén, primero lento e incluso paciente, y posteriormente frenético y apasionado.

Así era el sexo con Sasuke Uchiha. Cada gota de sangre en su interior parecía emanar un sensualismo innato, acompañado de una pasión irresistible y delirante.

Mucho antes de que comenzaran a salir, Sakura ya había escuchado varios rumores descabellados sobre cómo era su esposo en la cama. Había oído de todo, desde lo dotado que estaba, hasta lo bien que podía hacer ciertas cosas. Algunos eran sólo eso, rumores; pero con el tiempo ella había podido descubrir la veracidad de algunos de ellos. Si bien en realidad Sasuke nunca había sido del tipo mujeriego, ella sabía perfectamente lo que Kakashi llevaba a hacer a sus dos alumnos en sus "noches de hombres".

El hecho de ser ella la única que recibía esas atenciones del Uchiha, la había hecho feliz durante mucho tiempo. Bastaba con mirar su sonrisa, o incluso como algunas veces no podía caminar bien. Era la envidia de toda la población femenina de la aldea, aunque en realidad eso no era del interés de Sakura, pero sentía que era una manera de asegurarse de que dejaran en paz a Sasuke.

Desde la primera vez que lo habían hecho, se había vuelto algo de casi todos los días. Se deseaban mutuamente, de eso no había duda; el joven shinobi nunca desaprovechaba la oportunidad para hacerla suya, y cuando alguno salía a alguna misión y pasaban todas esas semanas sin verse, el reencuentro recompensaba cualquier longitud de tiempo.

Estar desnudos, cuerpo a cuerpo, era la sensación más placentera y maravillosa del mundo.

Sin embargo, con el tiempo, ella sentía que faltaba algo. No tenía ninguna clase de queja acerca de las habilidades de Sasuke, ninguna; excepto una que quizá no era totalmente relacionada con el sexo: la capacidad de amar.

Le había tomado meses aceptar que ellos no hacían el amor, simplemente tenían sexo. Le había dolido hasta lo más profundo de su corazón, reconocer que su gran amor no la tomaba con cariño y devoción, sino con simple y llano deseo pasional. A pesar de que trató de convencerse a sí misma de que por algo ella era la única que podía tener a Sasuke así, terminó dándose cuenta de que, probablemente, ella había terminado por ser uno de los caprichos obsesivos y sin sentido del chico.

Los besos tenían pasión, pero no le decían nada; las caricias eran placenteras, pero carentes de devoción y fascinación; se entregaban en cuerpo, pero no en alma.

Ambos tocaron el cielo y bajaron de él, completamente agotados. Él siguió unos minutos más besando sus pechos, dejándoles marcas. Salió de ella y se acostó en la cama, dispuesto a disfrutar de un bien merecido sueño. Se acomodó las sábanas hasta la cintura, y se recostó dándole la espalda a Sakura, sin decirle ni una sola palabra.

Y es que siempre terminaban así.

Sabía perfectamente que Sasuke no era de muchas palabras. Pero nunca, en el casi año y medio que llevaban juntos, le había dicho ni una sola palabra mientras estaban en la cama. Ni siquiera la primera vez, cuando ella soltó un quejido de dolor, se detuvo para preguntar si dolía; sencillamente continúo hasta que ella se acostumbró.

Cuando acababan, las primeras veces ella susurraba un "te quiero", lo cual sólo era respondido con un nada claro "Hn.". Y su amante siempre le daba la espalda. No había ni un pequeño beso, ni caricias, ni dormir abrazados o cerca; cuando él concluía, se recostaba y le daba la espalda, y ahí terminaba todo.

Observó la ancha espalda del joven. Tenía algunas gotas de sudor aún, y se movía despacio, a compás de su respiración. Tuvo la ligera tentación de acariciar su espalda, pero sabía que eso lo haría que él se moviera un poco más hacia adelante, alejándolo un poco más de ella. Sonrió con melancolía. En esos momentos en que se unían para ser uno solo, su Sasuke-kun estaba más lejos de ella que nunca.

No podía entender cómo es que ella lo amaba, a pesar de que tantas cosas confirmaban que el amor era ciego. Quizá nunca había interpretado correctamente aquello, el amor podía ser ciego en cuanto a belleza física, pero también lo era cuando se trataba de almas.

O podía ser, tal vez, que era una masoquista pura. Toda su vida sabiéndose ignorada, y aún así, reservándose esperanzas en su corazón. Diciéndose que estaba bien, porque él, cómo nadie, merecía ese amor. Repitiéndose hasta el hastío, que aquellos que eran más difíciles de amar, eran quienes lo necesitaban más.

Pero, ¿qué había de ella? ¿No merecía que, por lo menos, el sentimiento fuera recíproco? Era una mujer y sabía no podía cambiar a absolutamente nadie. Amaba a ese bastardo tal y cómo era, para bien o mal; no pretendía cambiarlo, y sin embargo ella deseaba que todo fuese diferente. No quería una vida color de rosa, no anhelaba que su marido fuese un romántico empedernido, no señor, ella sólo esperaba poder saber que él moriría por ella, tal y como ella lo haría por él.

Se incorporó levemente para quedar sentada en la cama, con la espalda sobre la cabecera. Observó su cuerpo desnudo. Tenía pequeñas marcas en sus senos, y unas ligeramente más grandes en los hombros. A veces le intrigaba el por qué su esposo se empeñaba tanto en dejarle marcas por todas partes; por qué se aseguraba de dejar alguna huella de que lo habían hecho. Cerró los ojos con resignación, sabía que él nunca dejaría de ser un orgulloso, que, secretamente, se las ingeniaba para pregonar a todo el mundo sus logros.

Acarició el anillo que llevaba en el dedo anular de su mano izquierda, y decidió que era hora de imitar a su acompañante, y dormir. Se recostó sobre su almohada, mientras sus manos llevaban hacia sus hombros las suaves sábanas blancas; quedándose nuevamente del lado donde podía apreciar con todo su sufrimiento, como él le daba la espalda.

Se preguntó qué pensaría Sasuke sobre tener relaciones con ella, qué sentiría, qué le provocaba el pensarlo. Se preguntó si durante todos esos meses, habría ido a acostarse con otras u otra. Se preguntó por qué la había elegido a ella, para el papel vacío de ser su esposa. Se preguntó por qué quería que fuese precisamente ella, quien tuviese un hijo suyo.

Si, un hijo. Ella sabía perfectamente que su esposo quería restablecer su clan, y la declaración por parte de él —o más bien, orden—, no la había tomado por sorpresa, ella sabía que pasaría.

Sakura había aceptado tener un hijo de Sasuke Uchiha. Lo había aceptado por su propia voluntad, sin ni una mínima intención de saber por lo menos, si podía contradecir lo que su marido le estaba pidiendo.

Pero no estaba aceptando por el capricho de él, de eso estaba totalmente segura. Aceptó porque ella quería un hijo.

Por supuesto que como toda mujer, ella había fantaseado con lo de ser madre. Y ciertamente ella no pudo resistir la tentación, sabiendo que estaba en la edad ideal para comenzar a procrear. No había podido resistirse a aquella oportunidad, pues sabía que si decidía dejar a Sasuke y buscar a alguien más, tardaría años, y además, para su desgracia, amaba al Uchiha y le sería difícil olvidarlo.

Tener un hijo, para ella, era un triunfo por donde lo viera, porque sabía que si permanecía casada, tal vez ella no recibiría atenciones, pero su esposo siempre vería que a su primogénito no le faltara nada, y ella sería feliz con eso; y por otra parte, si pedía el divorcio, con tan sólo mencionar el nombre del joven, le darían la custodia a ella, y su maestra la apoyaría con su salario del hospital. Era, sin duda alguna, un gana-gana para ella y no lo iba a desaprovechar. Después de todo, si no podía ser feliz como esposa, estaba segura de que lo sería como madre.

Esa era la razón que los había llevad a la cama aquella noche. Después de que Sasuke lo dijera, ella había abierto un poco su boca, dudosa; para finalmente decir "sí quiero". Y él, después de dejar salir una mueca de satisfacción, la había llevado al estilo nupcial hasta casa, sin ganas de perder ni un solo segundo.

Dio la vuelta sobre su lugar, sin poder dormir, a pesar de que se sentía fatigada. Los próximos días el Uchiha estaría de vacaciones, y le esperaban muchas y largas sesiones de sexo. De repente se puso nerviosa, ¿qué sentiría cuando finalmente estuviera embarazada? ¿Y si ya lo estaba? Arrugó sus labios, divertida y sintiéndose tonta por su nueva paranoia. No se arrepentía de su decisión, pero ahora que podía pensar más detenidamente, miles de preguntas la invadían.

Dio media vuelta una vez más, sacudiendo su cabeza para ahuyentar todas las preguntas de su cabeza. Sin embargo, eso pareció hacerlo peor.

¿Cómo sería Sasuke durante su embarazo? ¿Se comportaría más atento? Bufó, estaba pensando en imposibles. Tímidamente, sacó una de sus manos de las sábanas, y tomó un mechón del cabello de él. Pensó en cómo sería todo su embarazo. Todo el mundo se alegraría, recibiría felicitaciones de sus padres y todos sus amigos, y tal vez hasta un comentario de Naruto lamentándose por apenas tener novia, mientras que Sasuke ya iba para padre. Sasuke. Se preguntó si él estaría contento, o sólo sería un "logro" más para él. No lo sabía, porque ahora que lo pensaba, no sabía exactamente cómo era él, cuando estaba contento. Sabía distinguir de cuando estaba tranquilo a cuando estaba molesto o serio, e incluso algunas veces le había pillado esa mirada perdida que ponía, cuando pensaba en sus padres o Itachi. También había visto esa media sonrisa que dejaba salir por un segundo, cuando alguna de las tonterías de Naruto le hacía gracia —aunque eso sería algo que nunca admitiría—.

Así que, de alguna manera, se podría decir que nunca había visto al Uchiha estar feliz —o al menos, no de una manera abierta—. Estando con ella, usualmente sólo componía alguna que otra mueca. El día de su boda, le encontró relajado y algo serio, pero no sabía si eso podía interpretarse como una manera de ser dichoso.

Acarició otro mechón de cabello, con cuidado de no perturbar el sueño de su esposo. Sucediese lo que sucediese, esperaba que Sasuke, su futuro hijo y ella, pudiesen ser felices de alguna forma.

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Abrió lentamente los ojos, sintiéndose aún algo cansado. Se levantó un poco, para quedar sentado en la cama. Se talló un poco los ojos, y al bajar su mano se encontró con la de Sakura, que había quedado justo sobre su almohada. La miró, aún estaba profundamente dormida. Apartó la mano lentamente y se incorporó, necesitaba una buena ducha.

Un agradable escalofrío le pasó por la espalda, cuando sintió las calientes gotas de agua sobre su rostro y posteriormente, sobre el resto de su cuerpo. La noche anterior había sido muy buena. La afirmativa por parte de Sakura, le había puesto de buen humor.

Últimamente ella había estado muy rara, no parloteaba todo el día como antes, no mostraba su enorme sonrisa, ni se la pasaba llamándolo "Sasuke-kun"; por lo que se temía que ella se negará a lo de tener un bebé, y entonces él tendría que actuar por las malas. Sin embargo, él no tenía por qué preocuparse, ya que había reemplazado los anticonceptivos de Sakura, con simples tabletas, sin sabor ni efecto —lo que le había costado media hora de soportar a una fastidiosa enfermera, para que le hiciera el favor—. No tenía ningún impedimento para que ella pudiese quedar embarazada.

Salió del baño y se colocó la ropa interior, para poder secarse el cabello con la toalla. Se quedó observando a la chica, ajena a todo lo que estaba pasando, sumergida en el mundo de los sueños. Recorrió su blanca piel con la mirada, sintiéndose complacido al notar las pequeñas marcas que había dejado en sus hombros y pechos. Detuvo la mirada en su vientre, pensando en el futuro.

Le gustaba hacerlo con ella, su cuerpo le era agradable y a decir verdad, ella era apasionada, lo que creaba una química muy satisfactoria en la cama. Pero, desde hacía unos meses, la joven médico se comportaba sumisa, estaba ahí y a la vez no. Eso le molestaba, pues no resultaba lo mismo, ella no era la misma y resultaba muy fastidioso. Le molestaban sus lagrimeos, insultos y esa maldita actitud sumisa.

Esperaba que pronto, cuando estuviese en cinta, eso la alegrara y volviera a tener algo de lo que hablar y sonreír todo el tiempo.

Se sentó en la cama, al lado de ella. A pesar de que él siempre despertaba antes que Sakura, nunca la había observado mientras dormía. La imagen le recordaba al día que había abandonado Konoha, y la había dejado en una banca. Se preguntó por qué Sakura se aferraba tanto a él, si no lo conocía en lo absoluto; aunque seguramente si ella supiese de aquella pregunta, respondería con alguna sarta de cursilerías.

Se puso de pie, pero pronto sintió como ella le tomaba de la mano.

—Buenos días —Saludó con voz bajita y adormilada. Sasuke suspiró. Había despertado y había fingido seguir dormida, para sentir como la miraba. Sakura nunca dejaría de soñar con que él la quisiera.

—Buenos días —Dijo, sin voltearse a verla. Ella no habló más, pero su agarre seguía ahí. Él levantó su otra mano, y quito la de la joven, tratando de no parecer grosero. —Necesitas desayunar —le indicó. Sakura asintió, desilusionada ante el rechazo de él.

Se levantó de la cama y se fue a duchar. Cuando salió, su esposo ya tenía preparado el desayuno. Esbozó una pequeña sonrisa, era raro que Sasuke cocinara, aquello quería decir que después de lo de ayer, él sería más amable —después de todo, Sasuke había sido criado para ser un hombre educado—.

—Hoy no irás al trabajo. —Ordenó el chico, Sakura pronto se retracto de lo que acababa de pensar— Tenemos mucho que hacer —Y sabía perfectamente a qué se refería.

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Notas: La canción es Since I've been loving you, y es de Led Zeppelin, se las recomiendo mucho más en la versión en vivo.

Eeeen fin. He aquí el segundo capítulo, creo que no me ha salido tan malo como pensé, espero que sea de su agrado. Ya sabemos un poco más de la vida del matrimonio Uchiha, y de cómo ve Sasuke las cosas. Les esperan muchas sorpresas, espero no ser demasiado predecible jajajá.

Muchas gracias por la respuesta que hubo para el primer capítulo, en verdad no me lo esperaba, y me puse muy contenta. Gracias por sus reviews, favs, y follows. Nos seguimos leyendo.

Pudin.