Bueno, la sociedad se enorgullece de presentarles el tercer capítulo de los probablemente más de quince capítulos de esta historia. Un poco tarde, pero de igual manera, esperamos que lo disfruten mucho.

Conocen la dinámica: ¿Quién seré yo?


OPERACIÓN KAKAHINA
Capítulo 3: Kiba


Konohamaru gruñó frustrado, maldiciendo por primera vez a quien consideró su ejemplo a seguir por varios años. Abrió un ojo y desde su posición, recostado sobre su cama y cubierto por una delgada frazada, observó al par de fantasmas que seguían discutiendo los fallos de su última incursión, omitiendo el hecho de que él podía escuchar cada una de las maldiciones del rubio y las negaciones del castaño.

Así habían estado las últimas seis horas, debatiendo los pros y contras del siguiente objetivo: Kiba Inuzuka. Claro que no se habían sentado a charlar de buenas a primeras; de hecho, fue la insistencia de él y el buen sentido común del Hyuga, que ahora estaba ahí y no en el territorio de los domadores de perros espiando como acosadores al futuro líder de dicho clan. Sin embargo, eso no evitó que Naruto continuara insistiendo en repasar un protocolo imaginario que él mismo se hubiera creado en cinco minutos para no repetir las fallas que se cometieron con el Aburame.

Y todo aquello estaba bien, se estaban esforzando mucho en sus planes y estaban poniendo todo de sí mismos por una buena causa. ¡El bendito problema era que no lo dejaban dormir!

—No me agrada Kiba.

—A casi nadie le agrada, pero ese no es un buen motivo para sacarlo de la lista. Es su compañero de equipo y proviene de un buen clan.

—No basta con eso para que sea un buen candidato, Naruto.

—A él le gusta Hinata.

—No, él está obsesionado con ella, desde niños, siempre lo supe. Incluso cuando tenía resentimiento hacia Hinata-sama, sabía que la quería.

—¿Y eso no es bueno?

—No lo es jefe —dijo Konohamaru desde su cama. —No se la razón, pero sé que la obsesión es mala.

—Hasta el mocoso sabe más que tu —se burló Neji con presunción.

—Hey, yo nunca fui bueno para estas cosas —replicó Naruto. —Yo soy más un hombre de acción.

—O sea, un idiota. Konohamaru —llamó ignorando el berrinche del rubio. —Tú y tu equipo son nuestra única conexión con este mundo; sin ustedes, nosotros solo podemos observar.

—Sí, pero ¿a qué viene eso?

—Son gennins y tienen misiones. Obviamente no podrán ayudarnos siempre, sin embargo, si realizan únicamente misiones de rango C…

—Estaremos todo el tiempo en la aldea y podremos ayudarlos cuando estas terminen.

Neji asintió, contento de que Konohamaru no fuera tan lento como Naruto. Durante un tiempo tuvo miedo de que su única ayuda en esta difícil encomienda fuera Naruto y un clon de este, solo que más pequeño.

—Hay un pequeño problema con eso Neji-san —dijo Konohamaru desde su cama, de nuevo cubierto por las sabanas. Sabía que no debía temer, Neji como fantasma no podía hacerle ningún tipo de daño, pero cuando su sabana le fue arrebatada de las manos y el rostro del castaño se materializó frente a él, supo que había otros tipos de daño.

Konohamaru saltó y movió tan rápido que incluso Iruka se habría sorprendido. Un par de metros alejado del fantasma, Konohamaru se sostenía el pecho en un vano intento de calmar los latidos acelerados de su corazón. Neji daba más miedo vivo o muerto.

—Explícate —ordenó el castaño.

—Bueno —observó a ambos fantasmas, uno lo observaba con cierta diversión en el rostro y el otro parecía dispuesto a maldecirlo por mucho, mucho tiempo. —¡Habíamos tenido muchas misiones de rango D y ya estaba aburrido! Pedimos misiones más importantes y el Kakashi-sama por fin nos prometió una misión de rango C fuera de la aldea…

—Kakashi-sama —repitió Naruto entre risas ante la mirada fúrico del castaño. —Nunca imagine que alguien lo llamaría así.

—Naruto, concéntrate. —Pidió Neji con los brazos cruzados y observándolo severamente. —Si se van de misión no podrán ayudarnos —tomó asiento sobre la cama y observó a sus dos compañeros. —Necesitamos evitar que los manden a esa misión.

—¿Cómo? —preguntó mirando del castaño y después al rubio en busca de apoyo. —No puedo simplemente rechazarla.

—A mí no me mires —dijo Naruto desviando su mirada hacia la pared. —Sabes que necesitamos tu ayuda.

—No te la ha pedido aun Konohamaru. Puedes inventarte algo como que no estás listo o quieres entrenar más.

—No servirá —dijeron Naruto y Konohamaru al unísono.

—¿Por qué?

—Kakashi-sensei sospechara de que Konohamaru rechace la misión que tanto pidió.

—Naruto —llamó Neji mirándolo sin creerle una palabra. —Rechazara una misión de rango C, no está encubriendo un golpe de estado contra la aldea. Creo que tiene cosas más importantes que hacer, que estar creando conspiraciones.

Los tres se miraron unos a otros esperando alguna otra idea. Konohamaru al ver el pequeño reloj en la mesa de noche se resignó a la idea de dormir y se dispuso a levantarse para comenzar el nuevo día; después de todo ya estaba por amanecer y aunque nunca jamás se levantase a aquellas horas, bien podía aprovechar el día.

—Sigan pensando chicos, yo voy a desayunar algo —dijo Konohamaru dirigiéndose a la pequeña cocina del departamento. —Ustedes —volteó, preguntándose si sería educado invitarlos a desayunar —… olvídenlo.

Caminó hacia la cocina y sacó la única caja de leche que quedaba en el refrigerador ante la atenta mirada lavanda y la divertida azul. Ya había contado a sus nuevos compañeros de habitación que la independencia, pese a que era dura, había forjado su carácter y aunque no se manejaba muy bien viviendo solo, hacia su lucha.

—Veo que eres igual a Naruto —dijo Neji dando un vistazo al refrigerador y negando con la cabeza al verlo vacío. —Tu sentido de la responsabilidad no es muy grande.

—¡Ey! ¿Cómo sabes eso? —preguntó Naruto con el ceño fruncido.

—Tus hábitos higiénicos y alimenticios eran de conocimiento general, Naruto; no deberías sorprenderte.

—Es difícil vivir solo, ¿sabes? —dijo Konohamaru.

—Cierto, Kakashi-sensei vivía igual.

—Como sea, iras a presentarte ante el Hokage ¿no es así? —preguntó Neji y Konohamaru asintió. —El plan es que pidas misiones de rango D, inventaremos algo en el camino. Mientras tú y tu equipo realizan la misión, Naruto y yo nos dividiremos la tarea de conseguir información.

—¿Información? —preguntó Naruto. —¿Qué no simplemente íbamos a intentar juntarlos?

Neji negó con la cabeza. —Ante el fallo pasado, primero obtendremos información del candidato; veremos si es apto de ser pareja de Hinata-sama.

—¿Y después de eso? —preguntó Konohamaru sorprendido por la seriedad con la que el antiguo genio de los Hyuga manejaba tal tema. —Suponiendo que sea apto.

—Primero deberíamos calificarlo. Después nos encargaremos de crear "encuentros" —respondió Neji haciendo énfasis en la última palabra.

—¿A qué te refieres con "encuentros"? —preguntó Naruto sentándose al lado de Knohamaru. Alargó la mano e intentó tomar la cuchara con cereal sin éxito. —Maldita sea, ni siquiera eso puedo hacer.

—La conquista se basa en "encuentros"; mientras más "encuentros" halla, es más probable que surja una relación de amistad y, de haberla ya, puede que crezca.

—¿Estás diciendo que la conquista depende de cuantas veces se vean? —preguntó Konohamaru dejando su desayuno y cansado de ver como Naruto desistía de tomar la cuchara y comenzaba a intentar tomar el cereal directamente.

—No es lo mismo un "encuentro"

—¡Deja de decirlo así!

Naruto se sorprendió por el grito pero tan rápida como llego su sorpresa, se fue. Habiendo fallado en tomar la cuchara y posterior el cereal, su concentración se enfocó en meter la cara dentro del pequeño plato ante la mirada asqueada del menor.

—Bien —dijo Neji, pasando por algo la interrupción y mirando con cierta repulsión al rubio. —No es lo mismo que interactúen a que solamente se vean. La conquista es directamente proporcional al número de encuentros.

—Ey, hemm —llamó Naruto, esta vez ya rendido ante la idea de comer. —¿Seguimos hablando de Hinata-chan?

—Neji —Konohamaru lo observó dudoso, con una sonrisa pícara naciendo en la comisura de los labios. —¿Desde cuando eres un experto en conquistas?

Neji volteó la mirada y se alejó de la cocina. Konohamaru se levantó tras él y lo siguió, dispuesto a averiguar el porqué de aquella seguridad del castaño al hablar si jamás se le había conocido algún romance. Naruto, mirando con duda hacia ambas partes, también se levantó con la intención de seguirlos, giró su vista al plato y pese a estar muerto, sintió aquella imperiosa necesidad de comer. Regresó una vez más a su lugar y metió la cabeza en el plato por segunda ocasión sin lograr algún resultado.

En la sala, Neji observaba fúrico a Konohamaru, pensando en alguna opción para callarlo.

—Si todo el mundo sabía que Tenten se moría por ti, pero nunca fue tu novia.

—Eso no es de tu incumbencia —respondió pensando cómo es que sabía todo aquello si el apenas se había dado cuenta poco antes de su muerte.

—Si tu seguridad no viene de la experiencia —continuó Konohamaru ganándose la atención del castaño y del rubio que acababa de entrar. —Entonces la obtuviste de otro lado.

—Eso no te incumbe. Concentrémonos en lo importante; tenemos que hablar con Hokage-sama para que no les otorgue esa misión.

Konohamaru lo observó suspicazmente, intentando desvelar aquel misterio que rodeaba al Hyuga. Sin embargo también sabía que la misión era más importante aún, más adelante tendría tiempo para saciar su curiosidad.

—Bien —concluyó. —Es muy temprano, Kakashi-sama no se presenta en su oficina hasta las diez de la mañana.

—Podríamos buscarlo.

—No servirá. Si buscas a Kakashi-sensei no lo encontraras nunca —replicó Naruto. —Sera mejor si solo lo esperamos en su oficina, aparecerá.

—Supongo que tienes razón, fue tu sensei a fin de cuentas.

Los tres asintieron decididos a iniciar el día como mejor pudieran, con las esperanzas puestas en la misión y dispuestos a dar todo de sí para completarla.

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Llegó como siempre un par de horas después del horario estipulado. No es que fuera algo que le preocupara en demasía, después de todo, el Hokage no tenía un horario fijo de trabajo (ventajas de ser Hokage), por lo que bien podía llegar cuando se le diera la gana, sin embargo, últimamente el trabajo se le había estado acumulando en el escritorio y no faltaba mucho para que Shizune comenzara a reclamarle su falta de desempeño.

Tampoco es que sus regaños fueran su razón para trabajar, si era sincero, lo que quería evitar era que lo estuvieran persiguiendo; interrumpiendo sus visitas al monumento a los caídos o sus apacibles lecturas a la luz del sol cerca del lago.

Atravesó el umbral de la ventana y como cada día, la siempre amable y sonriente Shizune se hallaba ahí acomodando libros en los estantes, papeles en el escritorio y otras cosas que el desconocía o no tenía el suficiente interés para averígualas.

—Hokage-sama, ¿hasta cuándo se quitara esa maña de llegar siempre tarde? —reclamó ella al verlo entrar con esa desfachatez característica. —No da un buen ejemplo a las nuevas generaciones.

—Lo siento Shizune-san, no sabía que capa ponerme que combinara con el sombrero.

La aludida lo miro resignada, negando con la cabeza el descaro del nuevo Hokage y preguntándose ¿cómo y por qué había aceptado de nueva cuenta el puesto de secretaria?

—¿Y el sombrero? —preguntó ella sabiendo de antemano la respuesta.

—No me gustó como se veía, me veo mejor sin el ¿verdad?

Kakashi dio por terminada la conversación y avanzó hasta el escritorio donde tomó asiento. Cogió uno de los tantos documentos frente a él y se dispuso a leer. Era su mejor defensa contra los reclamos de Shizune a quien agradecería siempre que aceptara su oferta para ayudarlo en el puesto. No existía nadie mejor y que Tsunade optara por pedirle a ella que se quedara para no ver a la aldea de la Hoja caer, había sido toda una suerte.

Apenas llevaba unos meses en el puesto y pese a que no era un trabajo que requiriera gran desempeño físico, si requería el intelectual. Afortunadamente él tenía mucho de ambos, pero eso no evitaba que su jornada laboral se tornara aburrida y predecible, leyendo documentos oficiales, pedidos de clanes, reuniones con el consejo, firmar papeles que Shizune le entregaba (ya que ella se encargaba de analizar los documentos que en no quería comprender), delegar misiones, pagar misiones, aguantar shinobis revoltosos, entre muchas otras cosas.

Su vida había dado un drástico giro que, aunque él sabía que era un candidato fuerte para el puesto, no creyó que sucedería. Vamos, tenían que estar realmente desesperados para considerarlo a él como aspirante al puesto de Hokage. Y no es que fuera a hacer alguien demasiado irresponsable, no dejaría que su amada aldea entrara en guerra o que los negocios cayeran en la banca rota por no saber manejar un poco la economía del mercado actual.

Bueno, siendo sincero, no tenía ni la más remota de que hacer en muchas situaciones. Desde pequeño fue entrenado por su padre para ser un shinobi, su madre había inculcado más sentido común (cosa que salvó su vida en incontables ocasiones) y sentido de responsabilidad que enseñanzas en sí. Posteriormente vino la academia y muerte de sus padres, su encierro en una vida de oscuridad de la que fue rescatado por Minato-sensei y Jiraiya-sama, la muerte del primero y de sus queridos amigos de los que aprendió tanto. Su ascenso hasta jounnin y Anbu, las horribles misiones que tuvo que realizar, su tiempo como sensei, la muerte de a quién pudo considerar como su segundo padre a manos de Aatsuki y la guerra. Y ahora, en tiempos de paz, donde su vida no tenía que ser más que un viejo recordatorio y tal vez, siendo muy positivos, un modelo a seguir, permanecía aquí, intentando hacer algo que jamás siquiera intento hacer.

Aquella vida cubierta de sombras y dolor, repleta de muertes por doquier no lo había preparado para lidiar con el aumento del coste del arroz o los tratados de paz y comercio con las otras aldeas.

Pero aquí estaba, como una maldita broma, sobreviviendo y observando a todos los demás morir frente a él sin poder hacer algo. Esforzándose por mantener una aldea ninja, obligándose a olvidar aquello que lo caracterizaba y aprender cosas con las que jamás estuvo familiarizado.

Si, tuvo que leer en secreto varios libros mediante el uso indiscriminado de sus clones para no llevar a la aldea a la banca rota o simplemente para no hacer el ridículo frente a los demás líderes y señores feudales. Pero lo que lo estaba matando lentamente era el estar encerrado en esa oficina, donde el recuerdo de las personas que fallecieron en la guerra invadía su mente a cada momento.

Y cada vez que eso sucedía, se sentía la peor escoria del mundo. ¿En qué clase de mundo los jóvenes mueren y los viejos viven? La muerte de Naruto había sido un duro golpe para su alma; no solo había fallado nuevamente en proteger a un ser querido, sino que también falló al recuerdo de su maestro y su esposa. Cada vez que pisaba el cenotafio, podía sentir claramente la mirada de decepción en los rostros de Minato-sensei y Kushina-san, en los rostros de su padre, de sus amigos, por volver a fallar una vez más.

Pero también era realista, sin importarle el peso de su maldición, tenía que guardar todo aquel sufrimiento por su nuevo puesto; tragarse todo aquel dolor que pugnaba por salir a través de los gritos, los golpes o técnicas de destrucción que conocía. O al menos así había pensado hasta hace un par de días, cuando la persona menos esperada le pidió llorar.

Algo inaudito.

Hinata Hyuga. Aquella silenciosa y tímida chica que veía a lo lejos en el equipo de Kurenai, siempre observando fijamente a Naruto con el perene sonrojo en las mejillas, se había acercado a él en un acto del que no le creía capaz y había hecho lo que nadie en mucho, mucho tiempo hizo.

Lo embistió en lo que parecía el abrazo más extraño y no por eso más grande que jamás nadie le diera. Cayeron al suelo y mientras el permanecía sentado ella se hincó frente a él, le sostuvo el rostro y pronto lo envolvió contra su pecho para susurrar a su oído: "No solo yo amaba a Naruto-kun, cada uno lo hacía a su modo y quizás usted aun no desahoga su dolor debidamente. Creo que llegó el momento ¿No lo cree?"

Por unos cortos instantes no entendió nada, ni siquiera el momento o la situación en la que se hallaban. Pero como si fuera por arte de magia, sus palabras liberaron un torrente de sentimientos que desbordaron en forma de lágrimas a través de sus ojos. Primero una y luego otra, todas escapando a la libertad después de tantos años, cargadas con momentos de sufrimiento y dolor oculto tras aquella eterna mascara de indiferencia.

Y lo que imagino como un atardecer en soledad hablando con los fantasmas de su pasado se convirtió en un momento que había traspasado toda frontera imaginable. Ahí, frente al monumento de los caídos, ella dejo de ser Hinata Hyuga y el Kakashi Hatake; dejaron de ser heredera y Hokage, convirtiéndose únicamente en una mujer y un hombre entregados a un dolor que necesitaba salir del corazón.

Pudieran llamarlo sentimental o cursi, pero para alguien como él, tal contacto había sido excepcional a un grado que ni siquiera sabía cómo describir.

Y anhelar aquel contacto y cercanía, lo asustaba un poco por las consecuencias que aquello traería.

—¿Kakashi-sama? —llamó Shizune.

Kakashi alzó la mirada sacado de sus pensamientos y asintió en su dirección.

—Disculpe, lo note pensativo, bueno, más de lo normal.

Él sonrió en respuesta y dejando la respuesta al aire decidió dejar de pensar en aquel suceso que estaba seguro, no volvería a repetirse jamás y no por que no se fuera a encontrar con Hinata en ese sagrado lugar, sino porque después de haberse despedido, se dio cuenta de la vergüenza que debió dar; un hombre en la treintena llorando en los brazos de una chica. Ya había hecho el ridículo suficiente para toda una vida.

Unos golpes llamaron a la puerta y el observó intrigado a Shizune que respondio alzando los hombros al no saber quién era a esas horas. La azabache abrió la puerta y Kakashi suspiró con algo de resignación al ver al pequeño Konohamaru entrar a la oficina.

Observó la torre de papeles que se hallaba en su escritorio y después a la segunda torre que reposaba ajena a su sufrimiento en el escritorio de Shizune. Volvió la mirada al gennin y no pudo evitar intentar recordar con que pierna se había levantado ese día.

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—Buenos días Kakashi-sama —saludó Konohamaru entrando al recinto. Detrás de él, los dos fantasmas entraron a paso tranquilo.

Era una suerte que ya hubiera memorizado su hora de entrada y fuera el primero en la fila para hablar con él. La idea de postergar su misión de clase "C" para un futuro desconocido no le terminaba de agradar, pero si quería ayudar a su jefe y al odioso Hyuga tenía que hacerlo. Por eso mismo habían salido al amanecer de su pequeño y cómodo hogar, pasaron a desayunar un poco de Ramen (donde Naruto maldijo mil veces a Madara por terminar con su vida y así no poder probar el delicioso manjar) y lo terminaron esperando sobre el monte de los Hokages desde donde podían observar cuando el peligris entraba por la ventana.

—Buenos días Konohmaru. Me sorprende verte tan temprano —respondió Kakashi mientras buscaba algo en uno de los cajones del escritorio. —Supongo que vienes por tu tan esperada misión…

—Eh, disculpe Hokage-sama —interrumpió Konohamaru ganándose la atención del peliplata. —Pensé sobre eso y la verdad…

—Vamos, dile que no estás listo —susurró Neji a su oído como si previera que Kakashi pudiera escucharlo.

—No te va a creer nada —dijo Naruto sentado sobre el escritorio.

—La verdad… ¡Udon está enfermo! —gritó en medio de la desesperación. —Sí, Udon tiene mucha diarrea y dudo que pueda estar listo para una misión fuera de la aldea.

Neji lo observó sorprendido. Si lo pensaba bien, no era una excusa tan enrevesada y bien podía ser creíble. Aunque la mirada incrédula de Shizune y el Hatake frente a ellos le indicaba que no se había tragado tal mentira, era bastante obvio a decir verdad; todo el lenguaje ccorporal de Konohamaru gritaba a leguas que estaba mintiendo.

—Bien, supongo que no hay otra opción —concluyó el Hokage. —Se mantendrán con misiones de rango "D" hasta que su compañero se encuentre apto. ¿Alguna cosa más?

Los tres aludidos se sorprendieron un poco al notar que no había más preguntas, que les creyó toda la mentira a la primera. Naruto se levantó feliz del lugar y salió junto con Konohmaru hacia el pasillo. Detrás de ellos, Neji continuo mirando a quien era el líder de la aldea, preguntándose qué tan crédulo o confiado era el peliplaeado.

—¿En verdad le creyó? —preguntó Shuzune desde donde estaba.

Neji observó a Kakashi sonreír y negar suavemente con la cabeza. —No es cuestión de creer o no la mentira, sino saber que hay algo más importante.

Y como si Kakashi fuera capaz de verlo, sonrió una vez más en su dirección dándole un asentimiento de cabeza, como si lo alentara a completar aquella misión. Asintió en respuesta y salió de la oficina aceptando para sus adentros que Konoha no podía tener mejor líder.

—Ey Neji, iremos a ver a Kiba —llamó Naruto desde las escaleras. —Konohamaru se reunirá con Udon y juntos convencerán a Ebisu mientras nosotros vamos a por Kiba.

Los tres asintieron y se separaron dando saltos a través de los tejados de la aldea. Mientras se movían a través de los techos de las casas, Naruto se preguntaba con gracia como no atravesaban aquellos objetos sólidos y si a las personas. "Seguro es una ley de los fantasmas para no entrar a los baños femeninos o algo así"

—¿Cuál es el plan Neji? —preguntó Naruto al aterrizar cerca del territorio Inuzuka.

—Observarlo. Quiero ver como es en su casa antes de llevar a cabo encuentros con Hinata-sama.

—Ya veo. Bueno, entremos.

Naruto saltó el pequeño muro que funcionaba como separación ignorando las advertencias de Neji. Cayó en medio de un gran patio donde se vio rodeado por al menos cinco grandes perros y una kunoichi apenas tocar el suelo.

Observó todo con vacilación, intentando permanecer quieto ante todas aquellas narices que olfateaban el aire cercano a él e ignorando el aspecto algo salvaje de aquella kunoichi que centímetro a centímetro se acercaba a su rostro.

—Naruto —llamó Neji apenas alzando la voz. —¡Fuiste demasiado precipitado!

—¡¿Cómo iba a saber que pueden verme?!

Neji permaneció sobre el muro, notando como las bestias oteaban el aire a su alrededor, intentando percibir aquel olor o presencia que los puso en alerta, acercándose y alejándose de Naruto, lo mismo que hacia la kunoichi, observando a todos lados en búsqueda de aquella misteriosa presencia.

—No pueden verte —susurró dejándose caer y probando su teoría cuando los perros giraron la cabeza en su dirección y se lanzaron hacia el para olfatear a su alrededor. —Perciben nuestra presencia por sus agudos sentidos, nada más.

Naruto dejó escapar un suspiro aliviado al poder moverse una vez más. Sonrió y comenzó a caminar hacia la mansión de los Inuzuka en busca de Kiba cuando la aparición de otra kunoichi perteneciente al clan y de apariencia más normal hizo aparición cerca de donde se encontraba.

—Hana, no te muevas —ordenó la kunoichi de aspecto salvaje. —Sientes esta presencia, ¿no es así?

—Por eso vine madre —respondió la aludida mirando hacia los lados. —Pude sentirla desde el otro lado de la casa.

—Es sorprendente la agudeza de sus sentidos —elogió Neji pasando al lado de las mujeres que sintieron un escalofrió a su paso. —Aunque no sirven de mucho contra fantasmas.

Mas sin embargo, ambos fantasmas se vieron detenidos cuando un lobo del tamaño de un hombre se posicionó frente a ellos gruñendo y mostrando los colmillos. —¡Detente ahí! —rugió el enorme animal.

Todos permanecieron estáticos ante la orden. Los fantasmas por la sorpresa (y algo de miedo) y las mujeres por la aparición del líder de los ninken, Kuromaru.

—Seas lo que seas, no eres bienvenido en esta casa —habló de nuevo ante la sorpresa de Naruto que no se esperaba que el perro hablara.

—Dijiste que no podían vernos.

—Dije que podían sentirnos.

—Entonces, ¿qué hacemos?

—Avanzar —respondió resuelto el castaño dando un titubeante paso. —Aunque nos sientan, no pueden hacernos nada y debemos encontrar a Kiba.

Naji dio un paso al frente y el gran lobo frente a él volvió a gruñir. Se maldijo mentalmente por aquella inseguridad. Sabía que no le haría nada, ¡no podría hacerle nada! Pero esa presión de chakra que emanaba del gran can le erizaba los vellos de la piel.

—Quizá si tú te quedas aquí, yo podré entrar por otro lado —sugirió Naruto a sus espaldas.

Neji negó sin decir más. Podría ser una idea fiable, pero la kunoichi que se hacía llamar Hana mencionó sentir la presencia desde el otro lado de la mansión. Si se separaban lo único que harían sería poner a todo el clan en alerta. Permanecer ahí sin hacer nada era una pérdida de tiempo, intentar intercambiar ataques resultaría inútil para todos.

—La única manera es adentrarnos a la fuerza —concluyó poniéndose en una posición de ataque. —A mi cuenta.

—¡¿Qué?!

—¡Ahora!

Neji se lanzó hacia delante con Naruto a sus espaldas directo hacia las fauces del gran can y todo se volvió en cámara lenta. Kuromaru al sentir la presencia amenazante venir en su dirección soló pudo hacer lo único que a su cerebro le pareció la acción más coherente: abrir el hocico y esperar morder algo.

Pero sus colmillos no alcanzaron nada sólido y cuando aquella presencia amenazadora disminuyó dejando notar otra más pequeña, los sentidos de todos se pusieron en alerta.

—¡Entraron a la casa! —gritó Tsume Inuzuka a su hija y fiel amigo. —¡Formación de defensa!

Y el infierno se desató cuando a lo lejos y de todas partes de la mansión, los aullidos de diferentes clases de perros se escucharon en resonancia de guerra.

—¡Neji eres un idiota! —gritó Naruto corriendo por los pasillos. —¡Nos están siguiendo!

—Cálmate Naruto —dijo Neji disminuyendo la velocidad de sus pasos. —De cualquier manera teníamos que entrar y ahora estamos aquí.

—Podríamos haber esperado hasta que Kiba saliera.

—¿Crees que no lo pensé? No tenemos ni la más remota idea de si la razón por la que estamos aquí es por Hinata-sama, todo lo que tenemos son especulaciones. No sabemos nuestras habilidades o debilidades, ¡ni siquiera sabemos si tenemos tiempo! ¡No sabemos nada!

Naruto permaneció a su lado, pensando en la gran cantidad de cosas que su compañero había cavilado y el pasó por alto. Ciertamente no tenían certeza de nada; bien podían estar ahí por cualquier otra razón pero la voz y el llanto de Hinata les dio una pista, y su corazón le decía que estaba haciendo lo correcto.

—Descuida Neji —Naruto colocó su mano sobre su hombro y lo apretó dándole fuerzas. —Tanto tú como yo sabemos porque estamos aquí.

El castaño asintió, agradeciendo en silencio el apoyo del rubio. —Aprovechemos esta oportunidad para saber cómo actúa Kiba ante las amenazas. La pareja de Hinata-sama debe ser muy hábil para defenderla.

—Ey, Hinata-chan sabe defenderse.

—Lo sé, pero eso no evitara que quiera que su pareja sea igual.

—Se acercan por ambos lados —dijo Naruto a lo que Neji asintió. —Movámonos entonces.

Ambos comenzaron a correr por un pasillo mientras escuchaban gritos y ladridos viniendo de todas partes intentando alejarse, sin embargo parecía que los Inuzuka y el ninken se habían multiplicado. Cada vez que doblaban en una esquina se encontraban con un nuevo equipo al que intentaban esquivar causando nuevas maldiciones y gritos a sus espaldas.

—Naruto, por aquí —dijo el castaño tomando a su amigo del brazo y metiéndolo a la habitación abierta para cerrar la puerta de un solo golpe.

—Ey, ¿cómo hiciste eso? —preguntó el rubio lo que causó una mirada confundía en el Hyuga. —Cerrar la puerta; atravesamos los objetos sólidos, ¿recuerdas?

Neji adoptó una pose pensativa mientras recordaba una de las escenas de la mañana cuando simplemente atravesó la sabana de Konohamaru para sacarlo de la cama y ahora, pudo sentir la madera debajo de sus dedos y mover una pesada puerta de la habitación.

—Sinceramente no lo sé —confesó. —Las veces que ha ocurrido, lo hice sin pensar.

—Entonces, ¿dices que podemos mover las cosas si omitimos el hecho de estar muertos?

—Pienso que es más complicado. Estuvimos saltando de tejado en tejado y jamás los atravesamos. Puede que necesitamos concentrarnos mucho para atravesar las cosas, pero solo son teorías.

—No lo entiendo muy bien, pero ¿te imaginas que pudiéramos posesionar a alguien?

Neji observó a su rubio amigo pensando si se estaba volviendo un espíritu maligno o algo por el estilo cuando la puerta de la habitación fue destruida en pedazos y lo que parecían dos tornados de color negro entraron en su dirección. Por sentido común esquivaron el doble colmillo, no querían probar si eran solidos contra técnicas ninjas que podían destrozar rocas en un instante.

Pronto aquella habitación quedo convertida en caos. Con fragmentos de madera volando por todos lados y un enorme cráter en donde dos siluetas se mostraban amenazantes. Neji y Naruto cayeron fuera del cráter y observaron conmocionados el tamaño de este y a Kiba y Akamaru gruñendo amenazantes en su dirección.

—No creo que adentrarnos en la mansión a la fuerza haya sido buena idea —dijo Naruto observando como los rasgos faciales del Inuzuka poco a poco abandonaban su humanidad y se convertían en los rasgos de una bestia.

—Nunca había visto a Kiba así —respondió Neji observándolo fijamente. —Puede que lo subestimase.

—No sé quiénes son pero no saldrán de aquí en una pieza —amenazó Kiba apuntando hacia arriba, donde ninguno de los fantasmas se encontraba.

—Aunque si lo ves ahora, es gracioso que amenace a una pared.

—Vamos Naruto, tenemos que seguir moviéndonos —ordenó Neji ignorando la última burla del rubio. —Tengo un plan.

Naruto no necesitó más, asintió y ambos saltaron hacia el lugar donde antes se hallaba la puerta de madera. Inmediatamente detrás de ellos, Kiba comenzó a realizar su doble colmillo destruyendo gran parte del pasillo por donde corrían.

—Lo tenemos casi encima —exclamó Naruto al mirar hacia atrás. —¡Aquí sería buena idea poder atravesar las paredes o responder con alguna técnica! ¡Lo que sea!

—No tenemos chakra, técnicas ni nada. Aguántate.

—¡No escaparan!

Corrieron a través de numerosos pasillos, esquivando no solo los ataques de su antiguo amigo sino también los de otros integrantes de la familia. Numerosas paredes y puertas habían sido destruidas en la carrera gracias al doble colmillo de Kiba, mientras delante de él, Neji sonreía triunfante ante la realización de su plan.

—¡Naruto! —llamó en medio de la vorágine. —¡La salida!

Y en un último salto, ambos salieron hacia el patio en medio de una tormenta de madera y tierra a su alrededor. Neji tocó el suelo primero y al observar su situación no pudo sino sonreír complacido. Naruto cayó a su lado, de repente asustado al ver a todo el clan Inuzuka, humanos y canes, rodeándolos en un cumulo de gruñidos e intento asesino.

—Definitivamente no fue buena idea meternos así.

—Calma Naruto —dijo Neji volteando a ver hacia atrás, a donde todas las miradas de furia se dirigían. —No nos miran a nosotros.

—¿Qué?

Naruto observó a su compañero y después a los demás shinobis y kunoichis dándose cuenta que, efectivamente, nos los miraban a ellos (o hacia donde se supone se hallaban) sino un poco más atrás, a donde estaba Kiba.

—¡Pequeño cachorro estúpido! —se alzó la voz de la matriarca a través de todo el complejo destruido.

Y mientras, detrás del asustado Kiba los últimos pedazos del ala oeste y sur de la mansión caían con estruendosos sonidos, Neji y Naruto pensaban que su amigo era igual de idiota que en el pasado.

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Abandonó el recinto de los Hyuga poco antes del atardecer pensando que así tal vez se libraría de muchas preguntas por parte de sus familiares y amigos. En silencio atravesó los grandes patios de la mansión e intentando evitar ser vista salir de la mansión saltó sobre el muro hacia la calle en un grácil movimiento que pocos pudieron notar.

Avanzó a través de las calles de la aldea con su destino ya preestablecido, como cada día desde aquel suceso que le arrebatara a su querido primo. Desde entonces, todos los días visitaba el cenotafio para rendir honores a quien salvara su vida en el pasado, para agradecerle y simplemente para charlar con quien fue su más grande confidente.

Habita tomado esa costumbre ya que, por mucho que hubiera madurado después de la guerra, los cambios que se veían en su hogar y la aldea la sobrepasaban y necesitaba hablar con alguien. No es que no tuviera amigos o amigas con quienes poder hablar, pero con Neji siempre había sido diferente; él la escuchaba sin sacar conclusiones apresuradas, siempre en silencio hasta el preciso momento donde necesitaba una palabra de aliento o algún consejo, siempre apoyándola. Y sentía que visitándolo, recobraba un poco de aquella gran relación que tenía con su querido primo.

Aunque debía admitir que su hora preferida era al anochecer. Cuando la oscuridad cubría el lugar y podía llorar sin miedo a que nadie más pudiera observarla y tacharla como alguien débil. Y la razón por la que su costumbre cambiase de la noche a la mañana tenía nombre y un rostro oculto debajo de una máscara.

Debido a su encuentro hace un par de días, lo había evitado como los gatos al agua. Aun se sonrojaba mucho cuando aquel recuerdo llegaba a su mente. Porque fue un total atrevimiento de su parte para con el Hokage de la hoja; lanzarse contra él, prácticamente taclearlo y después abrazarlo así había sido una total falta de respuesta que merecía no solo ser despojada de su rango de kunoichi sino tal vez prisión o algo peor.

No sabía a ciencia cierta de dónde sacó aquel valor para hacer tremenda tontería, pero cuando las emociones le embargaron el pecho, no pudo resistirlo. Para ella, Kakashi-sensei siempre fue un ejemplo del shinobi perfecto; fuerte, inteligente, increíblemente versátil, no por nada estaba en el libro Bingo y ahora era Hokage. Pero también sabía que para llegar a donde ahora se encontraba, había pasado por cosas muy dolorosas, su mirada distante lo decía a gritos, aunque intentara ocultarlo tras esa mascara de indiferencia.

Kurenai-sensei les enseño mucho bajo su tutela y una de las cosas que pudo aprender es a ser observadora. Y se enorgullecía mucho de su capacidad. Gracias a eso pudo descubrir muchas cosas de la gente que le rodeaba, como aquel orgullo secreto que su padre le profesaba o el miedo de su pequeña hermanita a ser solo una sombra de su hermana mayor, e incluso el doloroso pasado de un gran héroe como lo es Kakashi-sensei.

Así que, en ese momento, verlo tan abatido y tan roto, le rompió el corazón. Aquel que se debía mostrar imperturbable como un pilar frente a la personas, se ocultaba en las noches para sufrir en soledad por las seres queridos que había perdido. No lo pudo resistir, quiso ayudarlo, verlo como aquellas pocas veces pudo observarlo y por eso corrió hacia el en un acto tan impropio de ella.

Porque sabía que Kakashi Hatake era una persona así. No necesitaba saber mucho para conocerlo del todo. Muchos sabían poco de él y nadie sabía más de lo necesario; nadie sufría y él podía vivir en paz al saber que nadie lloraba por su culpa. Se encerraba en sí mismo y no dejaba que se acercaran, porque no quería compartir su dolor, guardándose sus problemas y sufrimiento, dejando entrever una máscara de tranquilidad e indiferencia que solo aquellos que le apreciaban podían notar.

Definitivamente era una persona admirable, tener tal endereza, tal convicción… en una idea tan errónea.

Le dolía recordarlo así, tan roto y a la vez tan fuerte, capaz de sobrellevar el liderazgo de una aldea sobre sus hombros, sin el apoyo de nadie; únicamente con la entereza de dar lo mejor de sí para las futuras generaciones. Kakashi-sama era en verdad, alguien admirable.

—¡Ey, Hinata! —gritó una voz a sus espaldas sacándola de sus pensamientos.

Ella volteó la mirada y observó como Kiba llegaba hasta ella montado sobre Akamaru. —Hola, Kiba-kun —saludó, pero se sorprendió un poco al ver un poco el estado de su amigo. Kiba se encontraba con varios hematomas y pequeños cortes por todo el cuerpo, como si recientemente hubiera salido de una pelea. —¡Kiba-kun! ¿Estás bien? —preguntó preocupada.

—Oh, ¿esto? No te preocupes, no es nada.

—…¿Seguro? —volvió a preguntar ella al notar que este cojeaba un poco.

—Y ¿a dónde te dirigías, Hinata? —cuestionó intentando cambiar de tema. —No me digas que de nuevo vas a ir… oh disculpa, no quise decir eso.

Hinata sabía que su amigo no lo había dicho con intención pero aun así, el recuerdo de su querido primo le dolía mucho. La idea de olvidarlo era prácticamente imposible por ahora y dudaba que en algún futuro eso fuera a ocurrir.

—…no te preocupes… Kiba-kun —dijo ella desviando la mirada un poco dolida por el comentario. —No pasa nada.

Kiba la observó dudoso, preguntándose si era buena o mala idea el acompañarla. No es que odiara aquel lugar, pero la sensación de estar ahí era demasiada pesada, algo como una pesadumbre aplastante que le apretaba el pecho y le impedía respirar.

—Y… ¿puedo acompañarte? —preguntó él finalmente. —No tengo nada que hacer por ahora.

Hinata por un momento se sintió insegura a contestar con una afirmación. Pero al no hallar una razón suficiente asintió y mientras caminaban escuchaba a su amigo hablar de muchas cosas que estaba segura, ella debía escuchar y poner atención.

Ambos comenzaron a avanzar y Hinata se obligó a poner atención al monologo de su amigo, preguntándose en silencio si había sido correcto dejarle acompañarla. A fin de cuentas, ese momento era solo para dejar salir su dolor sin que nadie pudiera tacharla de débil o que le reclamara por no dejar descansar a sus seres queridos por su sufrimiento.

Pronto llegaron al claro donde el monumento se alzaba orgulloso, como todos aquellos hombres y mujeres que merecían tener sus nombres tallados en la roca para siempre. Se acercaron unos pasos y permanecieron en silencio, cada uno con sus propios sentimientos y pesares.

Hinata, como siempre, pedía perdón por no haber sido más fuerte, por no haber podido ayudarlos cuando se necesitó, por ser una carga desde su nacimiento. Tantas cosas que le oprimían el corazón y se le atoraban en la garganta.

—¿Todavía no piensas salir? —preguntó en medio de todo aquel silencio llamando su atención.

Ella le observó sorprendida, sin darse cuenta que unas pequeñas lágrimas comenzaban a asomarse en sus ojos. —…¿Eh?... Oh, disculpa… —intentó responder volviendo a desviar la mirada. —Lo siento, Kiba-kun, pero… aun no me siento lista.

—Hinata…

Y ahí volvía nuevamente al tema. Estaba cansada que todos intentaran hacerla sentir mejor cuando no podían ayudarla, ni siquiera entendían como se sentía. Todos creían comprender su dolor, pero nadie lo hacía; querían que superara aquel vacío que dejo la muerte no solo de su más grande amigo y confidente, sino también la perdida de la persona que más amaba y que había sido su ejemplo a seguir.

—No tienes que sufrir sola, ¿sabes? —dijo posicionándose frente a ella. —Puedo ayudarte, Hinata.

Ella alzó la mirada y por primera vez notó aquellos orbes negros. Él la tomó por los hombros y la acercó hasta a su pecho para abrazarla. Hinata se sorprendió un poco más al verse rodeada por los masculinos brazos de su amigo. Sabía que el quería ayudarla, pero ni el, ni Shino, ni nadie más en la aldea podía.

—Hinata yo… —comenzó a decir en medio del abrazó pero se detuvo. —Podemos ayudarte —dijo finalmente a lo que ella entre sus brazos asintió un poco.

Pasaron unos cuantos minutos en esa misma posición hasta que el llanto de ella disminuyó. Se separaron un poco y el sintió alivio al verla un poco más tranquila. Él la quería, desde hace mucho tiempo notó esa tracción que sentía hacia su compañera de equipo que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en algo más; algo que desconocía y le daba miedo descubrir, porque ella no sentía lo mismo por él, nunca lo había sentido y probablemente nunca jamás lo sentiría.

Era difícil, doloroso, pero sabía muy bien que no debía enojarse con ella por eso, menos ahora cuando se hallaba tan dolida y confundida. Seria deshonroso aprovecharse de su estado y jamás se lo perdonaría. Lo mejor que podía hacer era ayudarla y apoyarla cuando le necesitase, como su amigo y compañero de equipo, nada más.

—¿Quieres que me quede contigo? —preguntó el después de unos cuantos minutos.

Ella negó con la cabeza. No había necesidad para que su amigo se quedara ahí con ella si lo único que haría sería verla llorar. Además, no quería que la viera así, tan débil.

El asintió en silencio y comenzó a caminar, obligándose a no voltear en todo su camino. Era difícil, doloroso, pero era la decisión de ambos; la de él, dicha desde hace mucho tiempo y la de ella, establecida sin saberlo desde mucho antes de conocerse.

Hinata pronto notó la presencia de su amigo a la lejanía. Observó una vez más aquel fiel recordatorio de la perdida y el dolor, acariciándolo con los dedos y sintiendo la fría roca bajo su tacto. Así habían sido sus tardes y noches desde aquel fatídico día: fríos, desprovistos de vida y aquella calidez que la presencia de Neji y Naruto traían a su solitaria vida. Perdió la esperanza desde ese entonces, entregándose al olvido, deseando desaparecer para siempre. Sus amigos la habían apoyado todos esos días, visitándola, conversando, haciéndole olvidar por pocos minutos su dolor, pero al final del día y rodeada de aquella infinita soledad, los recuerdos y el dolor volvía tan fuerte como antes, partiéndole el corazón y el alma entre el llanto en esas noches de desvelo.

Muchos le aconsejaron olvidarlo, dejarlo ir y por un momento ella también lo quiso, también lo deseo con todas sus fuerzas pero no podía, no sabía cómo hacerlo y era en esos momentos cuando más maldecía su debilidad, por hacerle sentir tanto dolor, tanto sufrimiento. Como deseaba ser como los demás, ser tan fuerte y tan frio, capaz de olvidarse de las pérdidas y seguir adelante, capaz de perdonarse sus propios errores y volver a tener una esperanza para vivir mejor.

—…por favor…—susurró entre llantos, sintiendo en su propia voz una súplica a la noche que ya había caído sobre ella. —…duele… ya no quiero…sufrir.

Quería olvidar, quería arrancarse del corazón aquel dolor que le provocaba deseos de morir entre convulsiones de tristeza y soledad. Pero era difícil, prácticamente imposible para alguien como ella, tan débil, tan patética; condenada a vivir y ver morir a las personas que amaba por su propia debilidad.

—…¡Déjenme! —gritó a la nada entre temblores causados por el llanto. —Déjenme ir…

—No deberías decir eso.

Ella volteó sorprendida por la voz y cuando reconoció a la persona que se encontraba a sus espaldas solo pudo desviar la mirada. Ni siquiera para guardar su dolor era buena, tenía que preocupar a los demás e incluso el propio Hokage la había visto así… tan patética.

—¿Acaso los quieres olvidar? —preguntó el acercándose hasta ella. Estiró un brazo hacia la gran piedra negra y la tocó con sus dedos.

Ella bajó la mirada. Aun no olvidaba aquel momento donde le faltó el respeto en aquella noche hace un par de días. Si era sincera consigo misma, no esperaba que él se volviera a presentar después de tal escena.

—Creo que desear que te dejen no es lo correcto —dijo el después de un par de minutos. —Olvidarlos seria lo peor que podríamos hacer por ellos, ¿no crees?

Ella no supo que responder. Sabía que Kakashi-sensei había sufrido mucho cuando joven, pero para ella no existía otra forma de sobrellevar tal dolor que olvidándolo. Sin embargo, si observaba bien los ojos negros del peliblanco frente a ella, notaba algo diferente a la tranquilidad de todos los días; un brillo distinto que opacaba su mirada y le estrujaba el corazón.

—Yo… yo solo —intentó decir ella, pero aun aquella presión que sintiera al llorar se negaba a abandonar su garganta. Alzó la mirada y lo observó mirando fijamente el monumento, preguntándose si era posible que el pudiera sentirse igual. —Quiero… que deje de doler.

Kakashi sonrió despacio debajo de la máscara y ella lo alcanzó a notar. —El dolor no es malo en absoluto —susurró él, acariciando de nueva cuenta la piedra y cerrando ambos ojos. —Te dice todos los días que el amor es real.

Aquella aclaración la dejo asombrada. No solo afirmaba que el había perdido seres queridos, sino también que aun después de tantos años, aceptó aquel dolor y lo hizo parte de si, de cada uno de los días de su vida.

—Aquí descansan los nombres de cada uno de mis amigos —continuó el mirando fijamente a la nada. —Olvidarlos sería un insulto a todo lo que me enseñaron. —Y ahí la observó a ella sonriendo tranquilamente y dejándose mostrar como seguramente contados lo vieron alguna vez. Roto, con cicatrices en cada parte de su alma, pero con una fuerza incomparable dada por los recuerdos y enseñanzas de las personas que amaba. —Prefiero vivir por ellos, transmitiendo las enseñanzas que ellos me dieron y haciendo de este, un mundo donde nadie tenga que despedirse de las personas que ama.

Y ella lloró. Frente a él, sin importarle si pensaba mal de ella o la graciosa cara que mostró al notarla llorando. Pero era imposible no hacerlo, sabiendo que existían personas así, tan fuertes y decididas, que sin que nadie pudiera notarlo o creerlo, luchaban por un mundo mejor, a su manera y logrando, poco a poco los corazones de los demás.

—…lo siento… —susurró ella limpiando sus lágrimas y comenzando a formar una sonrisa en su rostro.

Kakashi Hatake no era Naruto ni tampoco Neji. Pero era igual o más grande que ellos dos, brillando poco y despacio para que aquellos que perdían la luz pudieran notar que aún una luz tan pequeña podría transmitir una inmensa calidez. Kakashi brillaba con luz propia y al igual que su alumno, tenía el poder de trascender en las personas.

El negó con la cabeza y le sonrió de nueva cuenta. —Mejor hablemos con ellos, sé que nos podrán escuchar.

Ella asintió más feliz que antes; aun sentía ese dolor y opresión en el pecho producto del dolor, pero ahora era más soportable, más tranquilo y despacio, como cada una de las palabras de aquel hombre a su lado.

CONTINUARA

Bien, tercer capítulo listo. Ya saben, el capítulo anterior fue hecho por RukiaNeechan felicidades a aquellos que lograron desvelar el misterio.

¿Ya saben quién soy yo?