Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Agradecemos su apoyo hacia el fic, sus reviews son muy valiosos para nosotros. Por eso, muchas gracias a quienes se han tomado la molestia de dejar sus opiniones en los capítulos pasados: uchihinata-20, kuroi, Minecraft, Sarielfi, AliEla, sylverd, Shinku Nightray, Flor-VIB412, Akemi2503, Sara-ttebanex3, Nana, wichipown, jfdjdjdj, Guest de Feb 2 y Guest de Feb 10. ¡Muchas gracias!
Y sin más, los dejamos para que lean tranquilamente.
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OPERACIÓN KAKAHINA
Capítulo 4: Yamato
La noche cayó deliberadamente en Konoha, llenando de sombras la aldea ninja. Parecía ser una noche tranquila. No había mucho ruido, solo los curiosos grillos cantaban sus sonatas nocturnas de manera elegante mientras un muchacho rubio estaba acostado en el suelo; muy entretenido por cierto, rayando profusamente un par de nombres que correspondían a Shino Aburame y Kiba Inuzuka los cuales se encontraban escritos en una hoja blanca correspondiente a la lista de prospectos para Hinata Hyuga. Neji lo observaba irritado mientras estaba de pie a un lado suyo.
―Por ahora, empezar con los miembros de los nueve novatos no nos ha dado buenos resultados –pronunció el castaño, pensando detenidamente en la situación.
―Sí, Shino es raro y Kiba está loco. Hinata-chan jamás podría amarlos –se enfadó Naruto, rayando más el nombre de sus amigos.
Neji frunció el ceño y una venita saltante apareció en su sien izquierda. El rubio estaba empezando a romper la hoja.
―No es eso, idiota. Los dos son buenos para ella, tengo que aceptarlo –dijo con reticencia –Ella los ama en verdad, pero no de la manera que nos interesa.
El rubio lanzó un suspiro de cansancio.
―Hacer de cupidos no es fácil –se quejó, dando después un bostezo largo – ¿Entonces qué sugieres?
El traslúcido fantasma Hyuga entrecerró los ojos, analítico.
―Bien, si ya intentamos con amigos de su círculo social, estaría bien intentar con alguien que la merezca y que sea maduro.
―Mnn… a ver, a ver –Naruto le dio una mirada profunda a la lista –Tengo a… Genma, a Yamato…
―¿Yamato? –lo pensó un momento, sujetándose la barbilla con los dedos –Mnn, me gusta.
―¡¿QUÉ?! –gritó con fuerza, con los ojos saltones viendo a Neji –¡¿Por qué demonios no me dijiste que eras gay?! ¡De haberlo sabido no lo habría puesto en la lista de Hinata-chan!
La venita saltante de la frente de Neji ahora parecía un volcán en erupción que se llevaría todo a su paso.
―¡Que me gusta la idea de escoger a Yamato-taicho, estúpido! –gritó enojado, explicándose.
―Oh –Naruto rió nerviosamente y se rascó la nuca –Sí, a mí también me gusta la idea –dejó en paz la lista y se acostó boca arriba, con los brazos detrás de la cabeza en una posición relajada, mirando el cielo nocturno –Bueno, ¿y qué hacemos?
Neji resopló enfadado, pero logró controlarse milagrosamente.
―Primero tenemos que ver si Yamato-taicho está en Konoha. ¿Dónde vive?
―¿Y cómo voy a saberlo? –el rubio se encogió de hombros.
―Fuiste su compañero de equipo.
―Pero nunca fui a su casa. De hecho ni siquiera sé si tiene una, con eso de que maneja el elemento madera su casa puede estar en cualquier parte… o incluso podría vivir en una casa por una semana, luego se aburre y cambia de dirección… y se hace otra casa…
―Naruto, cállate y vamos a buscar de nuevo a Konohamaru antes de que mueras dos veces –la figura traslucida de Neji comenzó a caminar.
Naruto se levantó del suelo y lo siguió.
―¿Y yo por qué habría de morir dos veces? –preguntó, confundido.
Neji no le contestó, solo siguió caminando.
―Quiero Ramen.
―Naruto –se quejó Neji, gruñendo.
―Me callo, me callo.
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Kakashi estaba ojeroso, eran las diez de la noche y aún no había terminado de firmar todos los papeles que le había dejado Shizune; su secretaria. Se rascó la nuca, advirtió con curiosidad a ese jovencito castaño que pululaba de nuevo en su oficina.
―Esto ya me empieza asustar –musitó el Hokage al tener a Konohamaru frente a su escritorio, preguntándole si acaso Yamato tenía alguna misión –Konohamaru, ¿estás seguro que no eres algún tipo de fan acosador mío?
El muchacho Sarutobi puso los ojos en blanco.
―Que no –respondió con fastidio.
―¿No hubiera sido más fácil ir a buscar a Yamato a su departamento? –el peliplateado alzó una ceja, viéndolo con extrañeza.
―No, porque no sé dónde vive –contestó el joven con obviedad.
Kakashi lanzó un suspiro de cansancio.
―Está bien, terminemos con esto. Pero luego no quiero verte por aquí en por lo menos un mes, ¿de acuerdo?
―De acuerdo, Hokage-sama –asintió.
―Bien –abrió un cajón del escritorio y sacó unas carpetas llenas de hojas, comenzando su búsqueda del estatus de Yamato.
―¿No sería mejor revisar en la base de datos de la computadora? –opinó Konohamaru mirando el artefacto que tenía el Hokage sobre su escritorio, a un lado.
Kakashi levantó la vista hacia él.
―Si con eso consigo que me dejes de acosar, adelante –le indicó con la mano que podía tomar su ordenador, a fin que él no sabía nada de tecnología, de hecho, estaba peleado con ella.
Konohamaru se tronó los dedos y comenzó a teclear velozmente, encontrando con que, en efecto, Yamato no tenía misión en esos momentos, es decir, que estaba en Konoha. El joven Sarutobi recogió mentalmente la dirección de Yamato. Vivía en el viejo edificio de veteranos shinobis.
―Vaya, sí tenía casa –se rió Naruto mirando la información con sus propios ojos.
―Finalmente –dijo el Sarutobi con fastidio–Ahí lo tienen, ahora, ya déjenme dormir en paz –Kakashi vio que Konohamaru se quejó hacia la nada. Ladeó la cabeza buscando al interlocutor del muchacho pero no encontró nada, lo cual se le hizo muy extraño –Gracias, Hokage-sama. Buenas noches –le sonrió y se fue directo hacia la puerta, saliendo.
Kakashi se quedó pálido.
Konohamaru no solo lo acosaba, sino que también hablaba solo.
―Los chicos de hoy dan mucho miedo –sintió un escalofrío recorrer su espalda y mejor se apuró a terminar los papeles para volver a casa pronto.
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En aquella oscura noche, por los callejones solitarios de la aldea, el frío era perceptible, helaba los huesos y las sombras asustaban sigilosamente. Los perros aullaban al ver las ánimas de los espectros de Konoha. Era una villa de shinobis después de todo, los ninjas muertos abundaban en la Hoja. Naruto y Neji estaban caminando por la calle Kuroshinzou donde la leyenda del hombre de la capa blanca se hacía presente. El rubio temblaba, aunque trataba de disimularlo, y caminaba muy pegado al lado de Neji.
―Estás invadiendo mi espacio personal –le espetó el castaño con el ceño fruncido. "Este chico es un incordio", pensó, "de haber sobrevivido a la cuarta guerra, yo mismo me hubiera encargado de que no se quedara al lado de Hinata-sama".
―Es "La calle" –musitó Naruto haciendo énfasis en el nombre del sitio que transitaban –El señor de la capa blanca se aparece aquí.
―No seas ridículo, Naruto, un fantasma no puede estar asustado de otro fantasma. Por favor, dime que no eres una gallina.
―¡Nadie me llama gallina! –gritó, pero sin alejarse de Neji.
El Hyuga empequeñeció los ojos en señal de intolerancia.
―Pues entonces aléjate de mí –lo empujó bruscamente.
Naruto emitió un quejido pero se sorprendió al sentir que su espalda chocaba contra algo, y era raro, porque básicamente él era un fantasma y nada podía lastimarlo.
―Naruto, ten más cuidado –le dijo la voz de un anciano.
El rubio se le quedó viendo a Neji con los ojos abiertos a su máxima expresión. El pálido Hyuga tenía los ojos más abiertos de lo normal, como impresionado, lo cual indicaba que había alguien detrás de él. Vio el rostro del chico Byakugan y éste miraba por detrás del hombro de Naruto en un estado de incredulidad. El Uzumaki volteó hacia atrás con miedo y temblando nerviosamente.
―Yo –saludaron los dos Sarutobi con una sonrisa, mientras que el otro ninja de aspecto serio y con ojeras prominentes solo daba un asentimiento de cabeza.
Naruto soltó un fuerte grito de terror y luego se cayó de bruces, siguió gritando mientras señalaba con un dedo a los tres shinobis al frente y después se arrastró sin levantarse hacia donde estaba Neji.
―Son… son… son… -balbuceaba el Uzumaki.
Neji, un poco más recuperado de la impresión, se cruzó de brazos.
―Buenas noches, Sandaime Hokage-sama, Asuma-sensei, Hayate-sensei –les dio una respetuosa reverencia.
―Una lástima que hayas tenido que morir para salvar a los otros, Naruto –exclamó el tercero acercándose. Naruto lo vio bien. Definitivamente era Sandaime con su capa de Hokage y su pipa humeante.
―¡Viejo! –sonrió Naruto, recuperándose del susto.
―Fuimos a tu funeral –agregó Asuma con una media sonrisa.
―¿Cuál es el asunto que tienen que resolver? –preguntó el ex Hokage.
―Ah, bueno, verá, Neji y yo estamos consiguiendo alguien especial para Hinata-chan –sonrió con actitud –¡No podemos irnos a descansar sin antes asegurarnos de que ella encuentre al guardián de su corazón, ttebayo!
―Está bien que sea Hinata –dijo Asuma –Pero no se metan con Kurenai, soy celoso –amenazó.
―Descuide, Asuma-sensei. No tiene por qué preocuparse –le aseguró Neji.
―¿Nos quieren ayudar a conseguir al afortunado dueño del corazón de Hinata-chan? –preguntó el ojiazul emocionado.
El viejo Sarutobi rió ante tal ocurrencia.
―No, son cosas de jóvenes. Lo harás bien –siguió caminando. Poco después Asuma y Hayate lo siguieron.
―¿Pero cómo sabrá que lo haré bien? –frunció el ceño, sin comprender.
El tercero lanzó una risita cómplice.
―Yo siempre te estoy observando, hijo*.
Lentamente, como si de vapor se tratara, los tres espectros de la Hoja fueron desapareciendo en la lejanía.
―Espero que los encontremos en otra ocasión –Naruto estaba feliz de haberlos visto una vez más. Volteó a ver a Neji, éste parecía ensimismado, viendo por donde habían desaparecido los demás fantasmas –. ¿Neji?
―Me pregunto si él estará también en Konoha… —musitó, hablando en voz alta descuidadamente.
―¿Quién? –levantó una ceja.
Neji se sobresaltó al ver que se había quedado pensando en voz alta.
―Nadie. Continuemos –reanudó la marcha sin esperar a Naruto.
―Oye, espera…
Más adelante, la música alegre y el olor a enervante empezaron a acercarse. Sin darse cuenta, en la esquina de esa calle estaba un bar conocido y frecuentado por donde curiosamente el destino les presentó al capitán Yamato saliendo del recinto dando tumbos graciosamente y hablando solo.
―¡¿Es este el esperpento que sugeriste, Naruto?! –se ofendió Neji, con el nervio trastocado y la venita de su frente palpitando.
―¿Eh? –Yamato volteó hacia ellos. Los jóvenes fantasmas se quedaron mudos. Yamato parecía escudriñarlos con la mirada.
―No nos ve, ¿verdad? –susurró Naruto, nervioso –¿Verdad que no nos ve?
―Cállate –siseó el castaño.
Yamato frunció el ceño y luego, bajo la penumbra de la luna, hizo una mueca espantosa de terror que logró sacar un fuerte grito de Uzumaki Naruto como en los viejos tiempos. Yamato se rió, divertido, y luego siguió caminando descuidadamente.
―¿Por qué hizo eso?
―¡Él tiene esa manía! –chilló el rubio protegiéndose detrás de Neji – ¡Sus caras de miedo! ¡Estoy seguro que nos podía ver!
―Deja de hacer tus dramas, idiota. Tú eres el fantasma, no Yamato. Hay que seguirlo, vamos.
―¡No! ¡Yamato-taicho no! ¡Rotundamente no! –lloriqueaba Naruto dramáticamente –Asustará a Hinata-chan y le provocará un infarto y luego morirá, y se encontrará con nosotros y… ¡Oye qué buena idea! –sonrió, pero su alegría fue interrumpida cuando Neji le dio un coscorrón en la cabeza – ¡Ouch! ¡Me dolió! Recuerda que estamos en el mismo plano, Neji –lamentó, sobándose rápidamente.
―Yamato-taicho –escucharon una voz preocupada. Hinata estaba en el callejón oscuro. En seguida, la muchacha cruzó la calle y se pasó el brazo del Jonin por encima de sus hombros, sirviéndole de muleta –Está bien, le ayudaré a regresar a casa. Ya es tarde para que ande solo.
―Pero si soy chunin, Hina-san…
―Usted es Jonin –lo corrigió Hinata con un tono dulce, sonriendo levemente ante la ocurrencia del hombre –Vamos, despacio, no quiero que se vaya a caer.
―La princesa Hyuga está llevándome a casa, no se aproveche de mí, lindura.
Hinata se rió. En otro momento seguramente estaría sonrojada, o alejándose de aquél hombre. Pero aquél comentario le había dado risa. Yamato era muy divertido, y decía tales disparates que, como estaban solos, se permitió reír levemente.
―Claro que no, Yamato-taicho –le prometió.
Cuando daban vuelta en una esquina casi chocaban contra alguien, pero Hinata pudo mantener el equilibrio por los dos.
―Hinata-chan –escuchó que alguien la llamaba.
―¡Hokage-sama! –se sorprendió al verlo –Disculpe, yo… -ella no sabía el motivo, pero de pronto se puso nerviosa y sintió que sus mejillas se coloreaban.
―Tengo una cita con una linda chica –farfulló Yamato a duras penas –Y se llama Haedana. Y… -miró a Hinata y parpadeó un par de veces – Tú no eres Haedana… eh… ¿Quién soy yo? ¿Dónde estoy? –miró para todos lados –¿Con quién estoy casado? –decía con voz altibajos.
Kakashi se rió ante el desconcierto de Yamato. Hinata, al verlo así, sonrió también.
―Se vuelve muy entretenido cuando se pone ebrio –declaró Kakashi con cierta diversión, acercándose al castaño –Permíteme ayudarte –le dijo con caballerosidad y tomó el otro brazo de Yamato para que Hinata lo soltara.
―Gracias.
―Tranquila, lo llevaré a su departamento, puedes volver a casa –le aseguró el peliplateado.
―Ah, no, yo… ayudaré –resolvió –Además la casa de Yamato-taicho queda cerca de la mía.
—¡Ella sabe dónde vive el taicho! –se sorprendió Naruto. Neji lo calló, tapándole la boca.
―De acuerdo –aprobó Kakashi –. Entonces vámonos.
―Sí.
―Yo… yo soy el rey de Konoha.
―Sí, Yamato, eres el rey de Konoha –le concedió Kakashi.
Entonces empezaron a caminar los tres con pasos algo lentos. La noche estaba tranquila y la luna iluminaba muy bien el camino.
—Esto… ¿Has estado bien? –preguntó el Rokudaime Hokage, intentando romper el silencio frío entre ellos.
—Uhm, sí, des… descuide. Estoy ocupándome de algunas cosas. Muy pronto Ino-san y yo daremos clases en la academia. Ella sobre… artes femeninas, yo sobre ikebana.
—Eso suena muy bien. Apuesto a que serás una gran maestra.
—B… bueno, eso espero –sonrió. Sin poderlo evitar, tuvo que elevar sus manos y jugar con sus dedos. No sabía por qué, si el dueño de ese tic no estaba presente. No desde hace algunas semanas. Acusó al hecho de que había visto llorar al mismo Hokage en persona, hace varias lunas atrás, tal vez por eso estaba nerviosa, porque habían compartido un momento demasiado íntimo.
No volvieron a hablar durante el resto del trayecto, pero el silencio ya no era incómodo.
—¡Woooow! –gritó Naruto al ver la mansión donde vivía Yamato. En verdad había puesto todo su arte del Mokuton en su propia casa. Era hermosa y totalmente de madera oscura, con algunas figuras de animales, incluso una fuente de madera –Diablos, si hubiera sabido esto le habría pedido a Yamato-taicho que remodelara mi departamento. Piénsalo Neji, Hinata viviría en un palacio de madera.
—No tengo nada qué pensar, ¡Hinata-sama no vivirá en el palacio de un plebeyo! Es madera, no mármol, Naruto.
El muchacho puso los ojos en blanco, pareciera que no pero los Hyuga eran muy delicaditos por lo visto.
—Además ese mequetrefe gusta del sake.
—No siempre lo hace, baka. Además, ¿no te acuerdas cuando en el cumpleaños de Lee estabas tan ebrio que besaste a…?
—Naruto –lo detuvo terminantemente –Lo que pasó en el cumpleaños de Lee se queda en el cumpleaños de Lee.
El rubio se encogió de hombros.
—Yamato siempre deja un repuesto de la llave debajo del tapete –mencionó Kakashi. Hinata se apresuró a buscarlo y pronto abrieron la puerta principal.
El recibidor era hermoso, con figuras talladas delicadamente. Luego pasaron a la sala donde una imponente estatua de Hashirama ocupaba la mayor parte de ese espacio, casi con veneración. Había alrededor de él muchas velitas blancas, aunque no encendidas.
—Practicante del Hashiraismo –Naruto entrecerró los ojos –Neji, esto me huele a que Yamato es uno de esos locos religiosos.
Por otro lado, Kakashi cargó a Yamato como si fuera una doncella, para transportarlo más fácilmente. Hinata observó la facilidad con la que el Hokage levantó al capitán, como si fuera una pluma. "Qué fuerte es", pensó, admirándolo.
—Listo –regresó Kakashi poco después –. Es tarde. Debería acompañarte a casa.
—Sí, gracias.
Salieron del palacio de madera asegurándose de cerrar muy bien, y después continuaron caminando por la calle nocturna.
—Debo preguntar, ¿qué hacías caminando sola por el callejón Kuroshinzou? Es peligroso, ¿sabías eso?
—Sí, lo lamento. Fui a visitar a Naruto-kun y Neji-niisan. Me quedé dormida y se me hizo tarde. Tomé un atajo para llegar más pronto a casa.
—Esas visitas nocturnas al cementerio se te están haciendo costumbre, ¿verdad?
—P… perdón.
—La próxima vez puedes decirme que quieres ir. Yo te puedo acompañar –le ofreció gentilmente.
—Pero usted es el Hokage.
—Eso no importa. Después de las diez estoy libre haya terminado mi trabajo o no. Y por lo visto tú eres una chica nocturna, ¿cierto?
—Etto… -no supo qué contestar.
—Ah, no me malinterpretes –agregó Kakashi inmediatamente, sintiéndose un idiota.
—Pues la mayoría de las noches tengo insomnio, así que sí, c… creo que soy nocturna –sonrió inocentemente. No había captado el doble sentido.
Kakashi también sonrió bajo su máscara.
—Bien, llegamos –anunció el caballero.
—Sí, gracias por acompañarme, Hokage-sama.
—Kakashi-sensei se oye mejor.
—Pero… ehm… de acuerdo, Kakashi-sensei.
—Buenas noches –dijeron al unísono.
Hinata entró a la mansión Hyuga y Kakashi prosiguió su camino.
Mientras tanto, Naruto estaba acostado boca abajo con la lista de los prospectos y un lápiz en la mano, rayando profusamente el nombre de Yamato-taicho hasta casi romper parte de la hoja, cosa que desesperaba a Neji.
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La mañana era fresca y el sol aún no había salido. Hinata se preparó un bento muy temprano aquél lunes por la mañana. Sonrió amablemente cuando salió de su casa y al cerrar el portón se sorprendió al ver una especie de carta blanca en el suelo. Con curiosidad, se apresuró a levantarla y vio que tenía su nombre. Lo abrió y encontró tres cupones para una comida gratis en Ichiraku. Ella levantó las cejas y volteó a su alrededor, con la esperanza de buscar a quien le había obsequiado eso. Después, se encontró una pequeña nota dentro que decía, "Hinata-hime, lamento que haya tenido que encontrarme en tan vergonzoso estado, de verdad lo lamento, no suelo beber muy a menudo. Solo tengo un par de dudas, ¿Cómo pudo cargarme hasta mi habitación usted sola? ¿Y por qué me dejó todo el cuerpo rayado con marcador permanente?".
Hinata abrió grandes los ojos y se dio cuenta de lo que había pasado.
―¡Kakashi-sensei! –gritó al viento el nombre del culpable, preocupada.
¡Ahora la tacharían de bromista y pesada!
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Su primera clase había sido todo un éxito. Sus alumnas habían sido unas niñas bien ordenadas y algunas ya traían el talento nato del Ikebana. Hinata estaba sentada en el pasto fresco resguardada bajo un frondoso árbol. Se dedicaba a juntar las pequeñas hojas que habían tenido que arrancar de algunas flores y las estaba poniendo en una caja de cartón cuando, de pronto, vio un par de pies a un lado suyo. Curiosa, levantó la vista y se encontró con un ninja de cabello castaño.
―Yo –saludó gentilmente.
―¡Oh, Yamato-taicho, q-quisera explicarle…!
―Tranquila, tranquila –se rió levemente el shinobi y se sentó a un lado de ella, con una rodilla flexionada donde puso el codo en un gesto casual –Ya supe que no fuiste tú. Esta mañana me llamaron para una misión y el Hokage me explicó todo. Realmente pensé que habías sido tú, Hinata-hime.
―No, yo… lo siento –bajó su cabeza hacia la caja de cartón.
―No es tu culpa, Kakashi-senpai siempre me hace ese tipo de bromas. Uhm, ¿eres maestra ahora? –señaló un arreglo floral muy bonito que estaba al lado de la peliazul.
―Sí –sonrió.
Se quedaron un momento en silencio.
―Lo siento por mi aspecto de ayer –dijo Yamato, de repente –. ¿Sabes? Si tuviera a alguien a quien proteger, estaría en mis cinco sentidos el resto de mi vida, de eso no hay duda.
―Estoy segura de eso, taicho. Nadie duda de su capacidad.
Yamato sonrió de medio lado, sin verla.
―Me alegra que digas eso.
Se quedaron callados por unos minutos, viendo el cielo claro y escuchando el sonido del viento corriendo entre el césped y las hojas de los árboles.
―Casi son las nueve, se me hace tarde para la misión –se levantó.
Hinata se apresuró a incorporarse también.
―Yamato-taicho –le extendió el arreglo de flores –Para usted.
―¿Para mí? –se sorprendió –. ¿No soy yo quien debería darte flores como disculpa por lo de ayer?
―No veo por qué tenga que disculparse –musitó con un tono cándido y las mejillas sonrosadas.
Yamato aceptó el arreglo floral.
―Cuide de usted, Yamato-taicho –le pidió.
―Lo haré –asintió –Cuide de usted también, Hinata-hime.
De un salto, el shinobi ascendió por las ramas de los árboles, alejándose.
Hinata terminó de recoger sus cosas en un pequeño maletín y se apresuró para encontrarse con Ino y Shino, pues habían quedado de ir a almorzar los tres juntos en Ichiraku para festejar su primer día de maestros. Además, Hinata iba a pagar la cuenta, tenía tres cupones de comida gracias al amable Yamato.
*"Yo siempre te estoy observando": Es una frase de un omake de Naruto, donde sale Sandaime y Hayate visitando a Naruto en la noche. Es muy divertido, deberían de verlo.
Espero que les haya gustado. Quise hacer una participación especial del tercero, Asuma y Hayate :) Ojalá haya sido de su agrado.
¡El capítulo pasado fue escrito por el querido Aspros!
¿Y en esta ocasión? ¿Quién seré yo? ¡Hagan sus apuestas! ¡Pero háganlas! ¡Quiero ver nombres!
Nos vemos...
