Allí va el segundo capitulo :3

Lo primero que pensó al ver al vampiro acercarse por la larga alfombra roja a donde estaba él, portando aquella niña inerte en sus brazos, es que traía un cadáver.

Pero cuando el espeluznante ser colocó el cuerpo delante suyo, percibió que aquella pequeña no estaba muerta, simplemente inconsciente.

Y el hecho de haber descubierto no por verla respirar, si no por el estar sintiendo los latidos de su corazón expulsando sangre y recorriendo esta las venas vívidamente, le aterraba.

Nunca se había alegrado tanto de ver sangre fresca corriendo como el agua limpia y pura de una cascada derramando su caudal en movimiento sobre el cauce del río. Le llamaba, y la simple idea de sentir esa extraña atracción le provocaba escalofríos.

- Muy bien. Adelante, toda tuya- dijo aquella vampira de pelo rosa que lo contemplaba desde su gran trono, demasiado alto para la estatura de la chica.

Aunque el ambiente seguía siendo tenso, por algún motivo que escapaba a su entender, Mika se sentía más tranquilo una vez el vampiro encapuchado había abandonado la sala, dejando a los dos solos, ella sentada, y el tirado en el suelo con el cuerpo de la niña yaciendo sobre el suelo a sus pies.

- Venga, ¿No me digas que no te estás muriendo de hambre?- apremió la vampira.

Mika sintió la necesidad de tragar saliva. De repente sin saber por qué, la boca se le había hecho agua. Pero intuía el motivo. Disimuladamente, se pasó la lengua de nuevo por los dientes, con la inútil esperanza de que sus caninos volvieran a ser como siempre, y que todo aquello se redujera a una terrible pesadilla. Ya estaba pensando en Yuu y en su familia cuando sintió un filo cortar su lengua. No, ya no había familia, ya no estaba Yuu, y lo único que si que había eran aquellos desdichados colmillos que delataban su nueva identidad.

La del pelo rosa, impaciente, se había levantado de su silla para arrimarse al rubio. Con delicadeza, le acarició la cabeza, tal vez para calmarlo, pero lo cierto es que la reacción del chico fue ponerse más nervioso. Apartó su cara de las manos de la chica y también se alejó del cuerpo tirado, aún queriendo hacer de todo menos separarse de él.

La vampira empezaba a cansarse. Con un resoplido, cortó el paso a Mika y lo obligó a dejarse tocar el pelo. El chico, angustiado, cerró los ojos con fuerza, deseando, una vez, que aquello no estuviera pasando.

- Eh... Que no te voy a hacer daño, relájate un poco- escuchó decir a la chica. Pero sus palabras le sonaron frías y distantes, aunque tentadoras.- Si no comes, morirás ¿De acuerdo? ¿No sientes que estás a punto de caer desmayado?

Mika recordó la desagradable sensación de tener los dientes de aquella chica clavados al cuello, succionando su sangre gota a gota, sintiendo cómo, sorbo a sorbo, su conciencia lo iba abandonando. No, se negaba a caer desmayado de nuevo, era incómodo.

- En ese caso, bebe- dijo la chica, leyéndole los pensamientos. Y tratando de convencerlo, retiró los cabellos que tapaban el limpio y apetitoso cuello de la niña. Inmediatamente, Mika notó cómo todo su cuerpo se enzarzaba en sacudidas. Quiso apartar la vista y resistir, pero aquel cuello le resultaba tan... ¿necesario?

- ¡Me niego!¡No quiero convertirme en uno de los vuestros!¡Malditos!- dijo echándose un paso atrás.

La vampira comprendió que no había nada que hacer con él. Era demasiado testarudo. Pero le emocionaba en cierto modo que la pusieran a prueba. No esperaba que aquel chiquillo fuera tan duro emocionalmente, cualquier otro ya habría cedido. Sonrió. El odio a los vampiros era tan fuerte... era increíble. Pero aquel chico tenía que comer para seguir con vida. Si no, todo habría sido en vano.

- Tienes una alternativa- dijo, fijándose en cómo el niño abría los ojos como platos, entre sorprendido y aliviado. Antes de seguir explicando, arañando su antebrazo, dejó que un hilillo de sangre empapara su piel y se derramara en el suelo. El niño no podía apartar los ojos y por un instante tuvo claro que ella iba a ganar, que el chico al final desistiría ante los instintos de supervivencia.

Pero para su sorpresa, el chico se mantuvo quieto, aunque temblando con violencia, rehusándose a enseñar siquiera los dientes.

- ¡NO PIENSO BEBER SANGRE! ¡NO QUIERO SER UN MONSTRUO COMO VOSOTROS!

El chillido dejó paso a unos sollozos que el niño trató de controlarse. La vampira lo miró, rendida, y, asintiendo, se dio la vuelta y se dirigió hacia su trono.

Antes de subir la primera escalera que la llevaba a su silla, sintió como algo la agarraba del brazo por detrás bruscamente, le resultó tan imprevisible que le hizo estremecerse al sentir el cálido contacto de las manos del chico sobre su piel. Un segundo después, el niño ya estaba bebiendo de la herida que ella misma se acababa de abrir. Pero aunque lo hacía con ansia, sus ojos parecían avergonzados, y su ceño permanecía fruncido con odio, tal vez, hacia sí mismo, mientras saciaba su incontrolable hambre.

Ella, satisfecha, se acuclilló ante él, dejándole hacer y alimentarse con avidez. Mientras el chico se esforzaba por apartar la mirada de los ojos de la vampira, esta le empezó a acariciar la cabeza.

- Así es muy bien... ahora me perteneces, serás mi perro, y me rendirás obediencia por el resto de la eternidad.

...

- Probablemente no quieras decírmelo, pero... ¿Cómo te llamas?- dijo la del pelo rosa mientras leía un libro en una habitación que parecían ser sus aposentos.

Como se esperaba, no obtuvo respuesta.

El chico llevaba un buen rato sentado en una silla de madera, con los codos sobre sus rodillas, ocultando el rostro y sin parar de tiritar.

Ella comprendía que era duro para él, pero no se ablandaría ni un poco por una criatura así. Era parte del plan y ya estaba. Al fin y al cabo, seguía siendo un simple humano, un serafín.

- Yo me llamo Krul, encantada de conocerte- dijo con un tono cínico.

Pero el rubio no se inmutó.

- ¿Te gustan los libros? Puedes leer todos los que quieras, al fin y al cabo, tendrás que tener algún entretenimiento. ¿No?

De nuevo, solo se escuchó el silencio.

- Está bien- Krul se encogió de hombros y siguió con la lectura. Por el rabillo del ojo vio que el rubio seguía sin mover un dedo.

...

Habían pasado tres días desde que Mika estaba allí sentado sin moverse del sitio, ni para ducharse, ni para dar una vuelta, ni si quiera para comer.

Aquel día, Krul decidió que le llevaría ella misma la sangre para que le resultara más sencillo y agradable de beber, en vasitos o copas, como si fuera vino o algún tipo de refresco. Había empezado a advertir de que el chico se iba a negar a beber de ella una vez más, así que lo más apropiado sería llevárselo en recipientes.

- Hola cachorro. Te he traído la comida. Seguro que tienes hambre ¿Cierto?

Le tendió el vaso con el contenido rojo, pero el rubio no le hizo caso alguno, si no todo lo contrario, ignoró por completo la ofrenda.

Krul se quedó sorprendida, y reparó entonces que el chico había dejado de temblar, aunque seguía con la misma postura que había adoptado hace tres días. ¿Eso era...decisión?

- ¿No piensas beber, en serio?- lo volvió a intentar, esta vez arrimñandole la boca del vaso a la boca, pero el niño la rechazó sin ni siquiera apartar la mirada.

La chica, decepcionada y curiosamente alarmada, se apartó de él, llevándose consigo la copa, queriendo darle un castigo, como una madre hace con su hijo cuando este se niega a cenar.

Antes de salir de la habitación, la ronca voz del rubio le llenó los oídos.

- Beberé cuando tenga tanta hambre que seré capaz de succionarte hasta la última gota de tu cuerpo

Krul se volvió al chico, conmovida. Se encontró cara a cara con la mirada sombría del chico, que la miraba con odio contenido, y con ojos sedientos de venganza.

Pero a Krul un simple niño no le iba a hacer dudar ni un dedo.

- Como quieras. ¿Y después de eso, qué harás?

- Me mataré.

Krul dejó escapar una risilla ante la convicción de las palabras. No sabía ni lo que decía.

- No tienes ni idea. - y dejó la puerta entreabierta después de irse, por si el perro quería salir a tomar el aire.

...

El esperado ataque tuvo lugar dos días después. El chico tenía tanta sed que no podía aguantarse. Había perdido incluso el control sobre su propio cuerpo, y ya no podía más, necesitaba beber, necesitaba comer, tenía que tomar sangre.

Cuando ese día Krul entró en su alcoba como de costumbre, se encontró a su humano retorciendose sobre si mismo, soltando alaridos como un perro herido a la vez que arañaba las paredes hasta hacer sangrar las uñas.

- Vaya. ¿Dónde está toda esa determinación que mostraste el otro día, señor arrogante?

El rubio la miró al escuchar su voz. Sus pupilas estaban encogidas hasta límites insospechados, y parecían que el ojo se le fuera a salir de la órbita. Pero lo peor de todo eran los bruscos temblores que sacudían el cuerpo del niño, que desencajaban su espalda y sus extremidades, y que lo hacían parecer de todo menos un humano.

Pero Krul no le temía. Se había encontrado cara a cara con vampiros muertos de hambre miles de veces. La única diferencia es que a este no podía matarlo.

Así que cuando el niño se le abalanzó al cuello haciéndola caer hacia atrás, ella se limitó a sonreír, y apretó la cabeza del chico contra ella mientras él bebía sin compasión y de forma descontrolada.

- Has llegado a tus límites ¿Eh?- dijo al notar que poco a poco, la succión se iba ralentizando, y que los músculos tensos del niño agarrándola se iban relajando.

A los pocos minutos, el niño se incorporó, volviendo en sí y mirándola con horror. Reparó en la escabechina que había provocado en el cuello de Krul, y se dejó caer hacia atrás, abrumado.

- ¿Qué...?

- Apuesto a que no tenías intención de ser tan bestia- empezó ella, mientras se limpiaba un poco la herida con la manga de su camisa- O si tenías intención... me da a mi que no es lo mismo pensarlo que hacerlo.

Mika empezó a temblar de nuevo, esta vez aterrado de él mismo. ¿Cómo había sido capaz de hacer algo así?. Aunque odiara a los vampiros... él nunca habría sido capaz de volverse tan monstruoso como ellos...

- Eh, eh... no te atarantes... No pasa nada por darse cuenta de cosas de estas...

- Perdón

- No seas ingenuo. Soy tu enemiga. Tú me odias, no te disculpes o será un problema para ti.

Realmente Mika no sabía muy bien el sentido de aquellas palabras. ¿Acaso estaba pensando en él? ¿O lo decía solo por puro egoísmo...? ¿O sencillamente se estaba riendo de él? No lo sabía, no tenía nada claro. Eran demasiadas cosas que pasaban demasiado rápido y no podía con todas por más que se esforzara.

- Mátame...- susurró.

- ¿Eh?

El niño alzó la vista para sostenerle la mirada a su dueña, que lo contemplaba incrédula. Él se puso a llorar, angustiado. No quería seguir viviendo, pero no era lo suficientemente fuerte para matarse, no ahora, aunque podría intentarlo... pero no, quería que lo hiciera ella. No podía más, y así tendría una razón para odiarla aún más desde el otro lado.

- ¿Te crees que soy tan tonta de concederte semejante alivio?- replicó Krul, indignada.- Si quieres morir, hazlo tú mismo, aunque no podrás. Pero yo no soy un genio de los deseos ¿Te queda claro?

Aquellas palabras martirizaron tanto a Mika que sintió ganas de tirarse por la ventana. Pero ¿Por qué no era capaz de hacerlo?

Y por tercera vez que estaba con ella, Krul pareció leerle los pensamientos:

- No puedes hacerlo porque tienes a tu familia esperándote fuera. Tienes todavía un motivo que te ata a la vida, y por ello, no serías capaz de hacerlo. Y sabes que me odiarías si te matara porque eso significaría quitarte la oportunidad de reunirte con él ¿Entiendes? Tienes un hermano, perro, y tienes que verlo- las ultimas palabras se deslizaron como hojas cayendo en otoño sobre los oídos del rubio, que bajó la vista, atorado.

Krul le apartó los pelos del flequillo y le obligó a mirarle a los ojos.

- Vive, aunque te odies, vive, porque encontrás a ese alguien que te querrá seas lo que seas.

Al niño le recorrió un escalofrío al escuchar aquellas palabras, y Krul hizo lo mismo, como azorada por lo que estaba diciendo.

Se apartó de él, dejándolo tirado en el suelo, mientras el chico le daba vueltas a la cabeza.

Y volvió a pensar en Yuu, y al hacerlo, sintió que algo cálido y chispeante se despertaba en su interior.

Si Krul lo había dicho para convencerlo y conseguir así sus propósitos, no lo sabía. Pero le daba igual. Tenía ya una razón para seguir con vida, y aunque tuviera que compartir sus días con aquellos repugnantes chupasangre, lo resisitiría, porque el volver a verlo lo merecía.

- Bueno y a todo esto- la voz de Krul volvió a sonar sobre sus pensamientos- ¿Me dirás tu nombre ya o no?

Mika sonrió por motivos que no lograba a alcanzar, y tomando aire, recitó su nombre completo.

Algo cortito no? Si les gusto reviews plis :3